El tamaño de las partículas es ínfimo y de plásticos muy comunes, como polietileno y acrílico. Se detectaron trazas de micropartículas de plástico en 6 de cada 10 muestras de semen de
hombres sanos ...
Un informe cuantifica los límites climáticos, naturales
y de contaminantes que aseguran el mantenimiento seguro y justo de la
civilización.Un amplio grupo de científicos identificó en 2009 nueve lí...
Aquí van las razones
geográficas y socioeconómicas por las que el río más largo y caudaloso
del mundo nunca tendrá una estructura que sirva para cruzar de orilla a
orilla.Cuando vemos en algún doc...
El 43,7% de loretanos no tiene acceso al servicio de agua potable o
tratada. Es el mayor déficit en todo el país, según el INEI, y afecta
principalmente a la niñez de las zonas rurales de la región...
Perú se ubica en la
escala de desigualdad por encima de México. El informe señala que el 1%
de la población más rica del mundo concentra entre el 25% y 30% de los
ingresos totales de su país...
15 Oct 2022 undefined comments comments comments comments comments comments
Al principio de su historia, el planeta rojo habría
sido probablemente habitable para los metanógenos, microbios que viven
en hábitats extremos de la Tierra.El Marte noáquino habría sido un hábitat...
La astrofísica del Centro de Astrofísica Harvard &
Smithsonian en Cambridge, detalló que se trata de un fenómeno
completamente nuevo ya que “estamos observando la evolución estelar en
tiempo r...
El dispositivo podría suministrar energía
constante a una amplia variedad de aparatos electrónicos alimentándose
de la transpiración humana.Investigadores de la Universidad de Massachusetts Amherst...
Ada Yonath, Premio Nobel de Química 2009, hizo una dura advertencia a la comunidad científica internacional y la humanidad.
Humanidad en alerta. Ada Yonath, científica de origen israelí y Premio Nobel de Química 2009, advirtió durante una entrevista con el diario El País que si los laboratorios no crean nuevos medicamentos contra las bacterias, los seres humanos solo vivirán hasta los 50 o 60 años. "La
longevidad se disparó gracias a los antibióticos, en la mitad del
pasado siglo. Evitó las muertes de quienes no habían cumplido los 50.
Antes de esa edad murieron Mozart o Kafka", dice la científica durante la entrevista. Sin embargo, Ada Yonath critica que en los últimos 20 años solo se han desarrollado tres nuevos medicamentos.
"No es nada. El último de ellos, uno completamente nuevo, ya tenía
resistencias al año de usarse. Las grandes compañías han dejado de
hacerlos, pero deben continuar en ello. La longevidad es algo
fantástico, pero puede ser detenida por cosas estúpidas", agregó. Según recogió el diario El País, más de 33 000 europeos mueren al año a causa de microorganismos resistentes que han sabido sortear los efectos de los medicamentos. Artículo tomado de: La República (Perú)
No hay consenso en la comunidad científica sobre si los virus son o no organismos vivos.
Los
virus plantean un problema a los biólogos porque no tienen células, por
lo que no forman parte de ninguno de los tres grupos principales de
seres vivos.
Responder a esta pregunta no es trivial puesto que no hay consenso en la comunidad científica sobre si los virus son o no organismos vivos.
En ocasiones se habla de ellos como estructuras al límite de la vida.
Pero vayamos a lo que sí son con toda seguridad: agentes infecciosos que
necesitan de un organismo vivo para multiplicarse, es decir, parásitos.
No son células pero infectan a todo tipo de organismos vivos: animales,
plantas, hongos, bacterias y protozoos, ¡hasta se han encontrado
parasitando a otros virus! Son tan pequeños –100 nanómetros de media o
lo que es lo mismo, una milésima parte del grosor de un cabello- que no
pueden observarse con el microscopio óptico, solo cuando se inventó el
microscopio electrónico, en 1931, que es capaz de ver objetos
minúsculos, pudimos tener una imagen de ellos. Al observar al
microscopio electrónico los virus extraídos de un organismo infectado se
pudo comprobar que aparecían múltiples partículas. Cada una de esas
partículas víricas era extraordinariamente sencilla, estaba formada por
una cubierta hecha de proteína y llamada cápside en cuyo interior se
protege el material genético que puede ser ADN o ARN. En algunos tipos
de virus las partículas tienen también un envoltorio lipídico, es decir
formado por lo que normalmente llamamos grasas, que roban de las
membranas de las células que infectan.
1)
El virus de la gripe se une a una célula epitelial diana. 2) La célula
engulle el virus mediante endocitosis. 3) Se libera el contenido del
virus. El ARN vírico se introduce en el núcleo, donde la polimerasa de
ARN lo replica. 4) El ARN mensajero (ARNm) del virus sirve para
fabricar proteínas víricas. 5) Se fabrican nuevas partículas víricas y
se liberan al líquido extracelular. La célula, que no muere en el
proceso, sigue fabricando nuevos virus.CNX OpenStax, CC BY
Un virus puede existir como ente
individual pero en cuanto entra en un organismo vivo, si es competente
para multiplicarse, o como decimos los biólogos para replicarse, lo hará
en muy poco tiempo creando múltiples copias de sí mismo. Así que cuando
en ciencia nos referimos a un virus que infecta un organismo no
hablamos de una sola de esas partículas sino de una población de
partículas. Sobre si son o no inmortales la respuesta no es obvia. Para
ser mortal -o inmortal en este caso- un organismo debe, primero, estar
vivo y, tal como decía antes, no está del todo claro que los virus lo
estén. Es verdad que los virus tienen estructura genética,
evolucionan por selección natural y se reproducen creando réplicas,
aunque no idénticas, de sí mismos pero no están compuestos de células y,
según la teoría celular, esas son las estructuras básicas de la vida
así que sin ellas no podría considerarse que un virus sea un ser vivo.
Hay otro argumento más en contra de considerarlos seres vivos, los virus
no tienen metabolismo propio, necesitan las células de los organismos
que infectan para replicarse.
Pero volvamos sobre la cuestión
inicial. Una partícula de virus tiene una existencia muy corta fuera de
un ser vivo pero cuando entra en un hospedador empieza a replicarse a un
ritmo fortísimo. Sabemos, por ejemplo, que en un individuo infectado
por el virus del VIH o de la hepatitis C puede haber entre 10.000
millones y 100.000 millones de virus. Su vida media es de 6 a 24 horas
pero como se replican tan rápido esas poblaciones enormes están en
continua renovación. Y eso quiere decir que nunca estamos hablando de un
solo virus sino de poblaciones de virus en equilibrio que en virología
se conocen con el nombre de cuasiespecies víricas. Así que la respuesta a
la pregunta de si son inmortales es que si estamos hablando de un solo
virus o partícula vírica, por supuesto que no es inmortal, está claro
que desaparece. Pero dado que realmente no podemos hablar de un solo
virus sino de una población de virus esa sí podría no desaparecer nunca
si a la muerte de su hospedador se hubiera transmitido ya a otro
huésped. No será exactamente la misma entidad porque se replica en copias que no son idénticas
pero a menos que evolucione tanto como para convertirse en otro virus
diferente seguirá siendo el mismo virus. En mi opinión no hay nada
inmortal pero lo más cercano a la inmortalidad sería ese conjunto de
mutantes que sin parar de replicarse van poco a poco cambiando en el
tiempo para seguir manteniéndose ellos mismos y en condiciones óptimas
podrían perdurar indefinidamente. Ello sucedería hasta el momento en que
no tuvieran ningún ser vivo al que parasitar, entonces desaparecerían.
Así
podría resumirse la fórmula revolucionaria de una nueva tecnología,
"barata y renovable", presentada esta semana en la 256ª Reunión y
Exposición Nacional de la Sociedad Química de Estados Unidos.
Se trata de baterías hechas de papel y alimentada por microorganismos que, según sus creadores, podrían ser utilizadas para suplir energía en
áreas remotas del mundo o en regiones con recursos limitados donde
artículos cotidianos como enchufes eléctricos son un lujo.
Entre sus elementos más llamativos también se encuentra que las
baterías solo se activan cuando entran en contacto con agua o saliva y
que una tecnología, llamada liofilización, permite su almacenamiento
duradero sin que pierdan sus propiedades o se degrade.
El equipo
de investigadores de la Universidad de Binghamton, en el estado de Nueva
York, que trabaja desde hace años en este campo, explicó durante la
conferencia que las pilas de papel se puede usar una sola vez y luego
desechar y que, actualmente, tienen una vida útil de cuatro meses.
No obstante, anunciaron que continúan trabajando para mejorar la carga
electrónica de la batería (actualmente pueden generar la energía
necesaria para alimentar un diodo de luz y una calculadora) y en la
supervivencia y el rendimiento de las bacterias, lo que permitiría una vida útil más larga del dispositivo.
"El rendimiento energético también necesita mejorarse aproximadamente 1.000 veces para la mayoría de las aplicaciones prácticas", aseguró en un comunicado de prensa Seokheun Choi, el encargado de la investigación.
De acuerdo con el experto, esto podría lograrse apilando y conectando varias baterías de papel a la vez.
Choi
anunció, además, que el equipo ya solicitó la patente para la batería y
que está buscando socios en la industria para su comercialización.
Pero ¿cómo funcionan estos dispositivos?
El profesor asistente Seokheun Choi lleva trabajando
cinco años en baterías de papel y energía generada por bacterias.
Los poderes del papel
Desde
hace años, los investigadores han desarrollado biosensores desechables a
partir del papel, que se utilizan generalmente para el diagnóstico de
enfermedades o para la detección de contaminantes en el medio ambiente.
El
funcionamiento de estos dispositivos se basa generalmente en reacciones
químicas que provocan un cambio de color, lo que permite conocer la
presencia o no de ciertos contaminantes o condiciones de salud.
Sin embargo, la sensibilidad "eléctrica" de estos dispositivos es limitada y se agota muy rápido.
"El papel tiene ventajas únicas como material para biosensores: es económico, desechable, flexible y tiene una gran superficie. Sin embargo, los sensores requieren una fuente de alimentación", explicó Choi en la presentación de sus baterías.
Para
superar esta barrera, el equipo de la Universidad Binghamton creó una
especie de celdas imprimiendo capas delgadas de metales y otros
materiales sobre una superficie de papel.
Luego, colocaron "exoelectrógenos ", que son un tipo especial de bacteria que puede transferir electrones fuera de sus células.
En 2015 el astrobiólogo alemán Dirk
Schulze-Makuch viajó junto con un equipo internacional de investigadores
a uno de los sitios más inhóspitos de la Tierra: la zona más seca del
desierto de Atacama, en Chile.
Su objetivo era saber si existía vida en el lugar más árido del planeta más allá de los polos.
Y, entonces, llovió...
Ese excepcional evento que ocurre una vez por década permitió a los investigadores registrar una explosión de actividad biológica y, que incrementó sus esperanzas de que haya vida en Marte.
Según el estudio que publicó el equipo de Schulze-Makuch este lunes en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS),
en Atacama existe una comunidad de bacterias resistentes que pueden
pasar décadas en estado latente, sin agua, para luego reactivarse y
reproducirse con la lluvia.
"Otros
investigadores habían logrado encontrar organismos moribundos cerca de
la superficie y restos de ADN en el pasado", dijo Schulze-Makuch al
periódico de la Universidad Estatal de Washington, donde es docente. "Pero —continuó— esta es realmente la primera vez que alguien es capaz de identificar una forma de vida persistente en el suelo del desierto de Atacama". Schulze-Makuch incluso dio un paso más y afirmó: "Creemos que estas comunidades microbianas pueden permanecer latentes durante cientos o incluso miles de años en condiciones muy similares a las que pueden encontrarse en un planeta como Marte y luego volver a la vida al llover".
Luego de la visita de 2015, los investigadores regresaron a Atacama para tomar muestras en 2016 y 2017. En
esos viajes descubrieron que, ante la creciente ausencia de humedad,
aquellas comunidades microbianas que se habían activado por la lluvia
comenzaban a retraerse de forma gradual hacia el estado de latencia. En otras palabras, estas comunidades "han evolucionado para adaptarse a las severas condiciones", dice el estudio de PNAS.
¿Vida en Marte?
"Nuestros nuevos descubrimientos tienen importantes repercusiones en la búsqueda de vida en Marte", escribió este lunes Schulze-Makuch en la revista de divulgación científica Air & Space. "Ese planeta solía ser mucho más húmedo de lo que es ahora, pero
incluso hoy en día hay eventos ocasionales que podrían proporcionar
humedad a microorganismos latentes", agregó.
Hace miles de millones de años, Marte tenía océanos y lagos donde es posible que existieran formas simples de vida. Además,
en los últimos años, distintas investigaciones han afirmado que en hoy
en día en la superficie de Marte podrían existir minerales en estado
hidratado, corrientes de agua salada y hasta tormentas de nieve
nocturnas. "Al igual que en las áreas más secas de Atacama, cualquier microbio en Marte podría reactivarse al entrar en contacto con suficiente humedad", escribió el investigador alemán.
"En ese caso, el planeta puede no estar tan sin vida como alguna vez pensamos". Fuente: BBC Ciencia
Confirman que unos restos fosilizados de 3.500 millones de años hallados en Australia son de origen biológico.
Unos restos microscópicos descubiertos en unas rocas de 3.500 millones de años constituyen los fósiles más antiguos conocidos así como la prueba directa de vida en la Tierra más temprana hallada hasta fecha.
Así lo ha confirmado un equipo de investigadores de las universidades
de Wisconsin–Madison y California, en Los Ángeles (UCLA). En un estudio
publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences,
estos científicos, coordinados por el paleobiólogo James William
Schopf, de esta última institución estadounidense, y el profesor de
Geociencias John W. Valley, de la primera, describen once especímenes microbianos pertenecientes a cinco taxones diferentes –en estos se agrupan organismos que presentan un cierto parentesco entre sí–. Según estos expertos, es posible relacionar sus características
morfológicas con las huellas químicas características de la vida. Aunque
algunos ejemplares son, en esencia, similares a algunos microbios que
aún pueden encontrase en la actualidad, otros son bacterias
y arqueas –un tipo de microorganismos unicelulares– pertenecientes a
especies ya extinguidas. En todo caso, vivieron en una época en la que
el oxígeno aún no se encontraba de forma significativa en la atmósfera. A partir de su análisis, los investigadores pudieron constatar que entre los microorganismos,
cada uno de unos 10 micrómetros de ancho –un cabello humano tiene el
mismo grosor que ocho de ellos–, se encontraban bacterias fototróficas,
que aprovechan la radiación solar para generar energía, arqueas
productoras de metano y gammaproteobacterias, que oxidan este gas, un
compuesto que según algunos modelos teóricos tuvo una importante
presencia en la atmósfera primitiva. “Este tipo de estudios sugiere que la vida podría ser un fenómeno muy común en el universo”,
afirma Schopf. “Pero, sobre todo, la presencia de estos microbios en la
Tierra hace 3.500 millones de años indica que se habría desarrollado en
nuestro planeta mucho antes de esa fecha; si bien nadie sabe cuánto
antes. Además, confirma que incluso la vida más primitiva puede
evolucionar y dar origen, en este caso, a microorganismos más
avanzados”. El propio profesor Valley que ha participado en este ensayo
llevó a cabo un estudio en 2001 en el que probó que hace 4.300 millones
de años ya existían océanos
en nuestro planeta. “No tenemos pruebas de que en esa época hubiera
vida en la Tierra, pero eso no quiere decir que no se diera”, concluye
Valley. Lea el artículo completo en: Muy Interesante
Un estudio analiza el mecanismo que conecta la absorción de grasas, la microbiota intestinal y el ritmo circadiano y que puede explicar enfermedades como la obesidad.
Las alteraciones en el sueño gatillan la obesidad...
Cada persona tiene en su estómago más de un kilo de
microorganismos, la mayoría bacterias, de 1.200 especies distintas. Esos
seres han hecho de nosotros sus hogares y nos han transformado. Se sabe
que esos microbios desempeñan un papel clave en la extracción de
energía de los alimentos que ingerimos y que las diferencias entre los
ecosistemas bacterianos de cada uno de nosotros pueden explicar por qué
con una dieta similar unas personas engordan más que otras. Experimentos
con ratones estériles, artificialmente desposeídos de estos
microorganismos, han mostrado que acumulan menos grasa corporal que los
normales.
Un artículo reciente publicado en la revista Science añade información sobre el modo en el que estos okupas
determinan nuestro metabolismo, porque, además de extraer energía de la
comida, también ayudan a que absorbamos las grasas que después
incorporamos al organismo. Además, vinculan estos procesos con el reloj
circadiano, una especie de departamento de logística del cuerpo que los
sincroniza con el ciclo de los días y las noches. Un reloj bien afinado
permite que el cuerpo sepa cuándo tiene que prepararse para dormir,
despertarse o comer, o que la piel sepa si es de día y ha de preparar
recursos para reparar los daños que le producirá el sol. Así, se ahorra
energía al no tener que estar siempre alerta para desarrollar estas
tareas. Cuando este reloj interno, regulado por una red de genes
y proteínas que se apagan y se encienden dependiendo de las señales que
reciben del entorno, se ve distorsionado por un sueño irregular, hay
más riesgos de problemas como la obesidad.
Los autores del trabajo estudiaron el papel de la proteína
nfil3, que desempeña una función clave en la absorción de lípidos y la
acumulación de grasa corporal, y su relación con la microbiota y los
ciclos circadianos. Para conocer qué combinación de efectos es necesaria
para que el cuerpo absorba más o menos lípidos de la comida, el equipo,
liderado por Lora Hooper, de la
Universidad de Texas, realizó varios experimentos con ratones con
distintos niveles de expresión de la proteína nfil3 y con presencia o
ausencia de microbiota. Lo que comprobaron es que la acumulación de
grasas cuando se da a los animales una dieta rica en grasa requiere
tanto la expresión de NFIL3 como la presencia de los microorganismos
intestinales. Como se había observado en experimentos anteriores, cuando
se suprimía la microbiota de los ratones seguían delgados pese a la
dieta alta en grasas.
“Lo más importante de este estudio es que ayudan a entender
un mecanismo que explica la regulación de la absorción de lípidos y el
papel de la microbiota en esa absorción”, explica Yolanda Sanz, investigadora del CSIC y coordinadora del proyecto europeo MyNewGut,
una iniciativa financiada con 9 millones de euros por la Unión Europea
para estudiar las bacterias intestinales. “Se habla mucho sobre la
capacidad de la microbiota para extraer energía de la dieta, pero menos
de la absorción de lípidos y en la magnitud de su efecto, y es lo que
hace este trabajo”, añade.
En el cuerpo humano habitan diversas
especies de bacterias (la mayoría), virus, hongos y protozoos. Este
conjunto se llama microbioma humana.
Y pone en cuestión la
mismísima definición de qué y quiénes somos. En nuestro organismo hay
diez veces más células de microbios que células humanas propias. El
genoma humano tiene entre 20.000 y 25.000 genes, pero la microbioma
humana con la que cargamos como especie alcanza unos ocho millones de
genes, cientos de veces más.
La ciencia está descubriendo cada
vez más cuánto este ecosistema que nos habita determina cómo funciona
nuestro cuerpo, influyendo en alergias como asma, problemas metabólicos y
condiciones como la obesidad, además de contribuir a la consolidación
de nuestro sistema inmune y hasta influir nuestros estados de ánimo.
Es una suerte de huerto, de granja, que si logramos entender, cuidar y aprovechar puede trabajar cada vez más a nuestro favor.
Esta nota pertenence a la
serie de BBC Mundo "Microbioma: el huerto humano", dedicada a los más
recientes desarrollos en el campo de estudio de la microbioma humana, el
conjunto de bacterias, virus, hongos y protozoos que habitan dentro de y
sobre la superficie de nuestro cuerpo y cuyo rol es clave para el
saludable desarrollo de nuestra vida.
Inocular a bebés recién nacidos por cesárea con
fluidos vaginales de la madre podría prevenir ciertas enfermedades,
entre ellas alergias como el asma. Esta es la hipótesis detrás de un
experimento que se está llevando a cabo en Puerto Rico y que tiene en
vilo a toda la comunidad de científicos que trabaja en el estudio de la
microbioma humana y su relación con la salud.
Esa hipótesis está basada en la
evidencia de que el pasaje del bebé por el canal de parto de la madre lo
inocula con bacterias que son beneficiosas en la formación de su propia
microbioma y el desarrollo de su sistema inmunitario. "Las vaginas de las mamás cambian durante el embarazo, y todas convergen hacia aumentar los Lactobacillus y Bifidobacterias",
explica a BBC Mundo la microbióloga venezolana María Domínguez Bello,
quien está a cargo del experimento y es investigadora de la Universidad
de Nueva York. Esas bacterias cumplen una serie de funciones.
Por un lado, ayudan a digerir la lactosa de la leche, que es lo único
que toma el bebé durante la mitad del período total de lactancia; y "la
leche materna promueve el crecimiento de microbios beneficiosos en el
bebé", agrega Lita Proctor, coordinadora del Human Microbiome Project (Proyecto Microbioma Humano) de Estados Unidos. Por el otro, y esto es clave, como el sistema
inmune del bebé nace "completamente ingenuo, tolerante a todo", dice
Domínguez Bello, reconoce a estas bacterias como amigas y no las ataca.
Imagen de la Tierra captada por satélites de la NASA. | Efe
'Sólo los microbios en algunos lugares serían capaces de soportar el calor'
Las condiciones de habitabilidad de la Tierra durarán por lo menos
otros 1.750 millones de años, según concluyen astrobiólogos de la
Universidad de East Anglia, en Reino Unido. Los resultados de su
investigación, publicados este jueves en la revista 'Astrobiology', revelan el tiempo de habitabilidad en el planeta Tierra, sobre la base de nuestra distancia del sol y temperaturas a las que es posible que el planeta tenga agua líquida. El equipo de investigación observó las estrellas en busca de
inspiración y, mediante el uso de planetas recientemente descubiertos
fuera de nuestro sistema solar (exoplanetas), como ejemplos, analizaron
el potencial de estos planetas para albergar vida. El director del estudio, Andrew Rushby, de la
Escuela de Ciencias Ambientales de la Universidad de East Anglia, ha
detallado que se ha utilizado "el concepto de zona habitable para hacer
estimaciones". "Es la distancia de la estrella de un planeta en la que
las temperaturas son propicias para tener agua líquida en la superficie", ha precisado. "Hemos utilizado los modelos de evolución estelar
para estimar el final de la vida útil habitable de un planeta por la
determinación de cuándo dejará de estar en la zona habitable. Estimamos
que la Tierra dejará de ser habitable en algún lugar entre 1.750 y 3.250
millones de años. Después de este punto, la Tierra estará en la zona
caliente del sol, con temperaturas tan altas que los mares se evaporarán. Habrá un evento de extinción catastrófica y terminal para todas las vidas", ha indicado.
"Por supuesto, las condiciones de los seres humanos y otras formas de vida complejas se volverán imposibles mucho antes, algo que está acelerando el cambio climático antropogénico.
Los humanos tendrían problemas con incluso un pequeño aumento en la
temperatura y, cerca del final, sólo los microbios en algunos lugares
serían capaces de soportar el calor", ha adelantado el experto.
"Mirando hacia el pasado una cantidad similar de tiempo, sabemos que
hubo vida celular en la tierra. Tuvimos insectos hace 400 millones de
años, los dinosaurios hace 300 millones de años y plantas florecientes
hace 130 millones de años. Los seres humanos anatómicamente modernos
sólo han existido durante los último 200.000 años, lo que supone que se necesita un tiempo muy largo para que se desarrolle la vida inteligente", prosigue. A su juicio, la cantidad de tiempo habitable de un planeta es muy
importante porque informa de la posibilidad de evolución de la vida
compleja, que es la que probablemente requiera más un período de
condiciones de habitabilidad. "La medición de habitabilidad es útil
porque nos permite investigar la posibilidad de que otros planetas
alberguen vida y comprender que la etapa de la vida puede estar en otro
lugar de la galaxia", ha señalado. Tras apuntar que gran parte de la evolución es cuestión de suerte, ha
indicado que se sabe que complejas especies inteligentes como los
humanos no podían existir después de sólo unos pocos millones de años,
ya que a los hombres les ha costado evolucionar un 75% de toda la vida
útil habitable de la Tierra. "Creemos que es probable que haya una historia similar en otro lugar", ha explicado. Los astrónomos han identificado casi mil planetas
fuera de nuestro sistema solar, algunos de los cuales fueron analizados
por este equipo de expertos, estudiando la naturaleza evolutiva de la
habitabilidad planetaria con el tiempo astronómico y geológico. "Comparamos la Tierra con ocho planetas
que se encuentran actualmente en su fase habitable, incluyendo Marte.
Encontramos que los planetas que orbitan estrellas de masa más pequeñas
tienden a tener zonas de vida más habitables", ha relatado. Uno de los planetas sobre el que aplicaron su modelo fue Kepler 22b,
que tiene un tiempo habitable de entre 4.300 millones y 6.100 millones
de años. Otro es Gliese 581d, un planeta que puede ser cálido y
agradable durante diez horas durante todo el tiempo que nuestro sistema
solar ha existido, con un espectacular tiempo habitable de entre 42.400
millones hasta 54.700 millones de años.
Mudanza a Marte
"Hasta la fecha, no se ha detectado un planeta como el terrestre.
Pero es posible que haya un planeta habitable, similar a la Tierra, a 10
años luz, que está muy cerca en términos astronómicos. Pero llegar a él
tomaría cientos de miles de años con la tecnología actual. Si alguna
vez necesitamos movernos a otro planeta, Marte es probablemente nuestra mejor apuesta,
ya que está muy cerca y se mantendrá en la zona habitable hasta el
final de la vida del Sol, unos 6.000 millones de años a partir de
ahora", ha concluido.
Cuando la gente piensa en bacterias o microorganismos, en general, lo
normal es imaginarlos estáticos creciendo como manchas o colonias sobre
placas de cultivo, casi como si fuesen plantas microscópicas. En otros
casos se piensa en el flagelo, esa alargada estructura a modo de látigo
que casi todo el mundo asocia a los espermatozoides, incluso algunas
personas nombran los típicos movimientos de los protoozos. Sin embargo
la realidad es bastante más compleja y variada.
Hace unos meses realicé un vídeo también para Naukas
en el que se apreciaba el movimiento de bacterias vistas a 100x, que
aparentemente estaban inmóviles sobre una placa de cultivo. He usado
bastante ese vídeo para explicar en distintos eventos de divulgación que
los microorganismos no son seres inmóviles, que interactúan con el
medio que les rodea, hoy vengo a contar de una forma sencilla algunas de
las distintas formas de moverse que poseen los microorganismos. Si os pregunto cuántas formas de moverse tienen los organismos
macroscópicos (los que se ven a simple vista) quizás me respondáis
simplificando que tres: volar, nadar y caminar/correr. Sin embargo con
las bacterias como decía antes las cosas se complican un poco y podemos
hablar de hasta, ¡6 formas distintas de movimiento! Que se produzca uno u
otro movimiento no sólo depende de la especie que observemos, también
depende de otros factores como la humedad y la concentración de
nutrientes en los medios de cultivo. Swarming Este es quizás el más conocido de todos ellos, pues es el que mejor
se observa en cultivos de agar sólido. Cuando colocamos una pequeña
cantidad en alguna zona de la placa las bacterias comienzan a extenderse
formando una fina capa que termina cubriendo toda la superficie, lo
hace creciendo por oleadas. Para que esto ocurra, toda la colonia debe
colaborar como si de un enorme enjambre perfectamente coordinado se
tratase.
El fenómeno ocurre en tres fases: diferenciación, migración y
consolidación. Las tres fases coinciden con lo que en el vídeo parecen
ser “oleadas de avance” Lo primero que vemos es como la colonia
bacteriana comienza a hacerse más densa lo que indica que aumenta el
número de individuos que se preparan para lanzarse a explorar lo
desconocido. Pero antes de lanzarse estas bacterias deben prepararse, y para ello sufren drásticas modificaciones de su aspecto. Lea el artículo completo en: NAUKAS
El mal uso o uso excesivo de antibióticos ha creado una creciente resistencia a estos fármacos.
Nos estamos acercando a una era
"postantibióticos" en el que las operaciones rutinarias serían
imposibles y lesiones tan simples como un rasguño podrían ser letales,
advirtió la Organización Mundial de la Salud.
Por lo menos ese fue el mensaje de Margaret
Chan, directora general de la OMS, durante una conferencia de expertos
en enfermedades infecciosas que se celebra en Copenhague, Dinamarca. La funcionaria expresó que la
resistencia humana a los antibióticos está provocando que los
medicamentos disponibles actualmente en el mundo sean inútiles. Esto, dijo, está marcando el fin de la era de la medicina segura. Los antibióticos, que fueron descubiertos hace
más de 60 años, son una familia de poderosos medicamentos que se
utilizan para combatir infecciones de bacterias y otros microbios. Estos compuestos se convirtieron pronto en el
cimiento de la medicina moderna y hoy no podemos imaginar lo que era
vivir en un mundo sin ellos, cuando la gente no moría por una lesión o
durante una operación quirúrgica, sino por la infección o serie de
infecciones que invadían las heridas. Pero debido al mal uso de estos compuestos y la
creciente resistencia de las bacterias a ellos, pronto estos fármacos no
serán efectivos, advirtió Margaret Chan. "Una era postantibióticos significa, en efecto, el fin de la medicina moderna como la conocemos" expresó la directora de la OMS. "Y cosas tan comunes como una infección de garganta o un rasguño en la rodilla de un niño podrían nuevamente volver a matar".
Desafíos "enormes"
En su discurso la funcionaria elogió los
esfuerzos que se están llevando a cabo para contrarrestar la resistencia
antimicrobiana.
"Una
era postantibióticos significa, en efecto, el fin de la medicina
moderna como la conocemos. Y cosas tan comunes como una infección de
garganta o un rasguño en la rodilla de un niño podrían nuevamente volver
a matar."
Margaret Chan
Pero advirtió que será en los países en
desarrollo -los principales afectados por enfermedades infecciosas-
donde las circunstancias y las prácticas están creando enormes desafíos. "Muchos países están incapacitados por la falta
de infraestructura, incluidos laboratorios, diagnósticos, confirmación
de calidad, capacidad de regulación, monitoreo y control sobre cómo se
obtienen y utilizan los antibióticos" dijo Chan. "Por ejemplo, las píldoras antimaláricas se
venden individualmente en los mercados locales. También abundan
antibióticos falsos o de baja calidad. En muchos países, la industria
farmacéutica es la principal fuente de información para lo que recetan
los médicos". Si las actuales tendencias continúan, agregó, "es fácil predecir el futuro". "Algunos expertos dicen que estamos regresando a la era preantibióticos. No. Esta será la era postantibióticos".
Sin antibióticos, cirugías que hoy son de rutina podrían ser mortales.
La advertencia de Chan coincide con la
publicación de un informe de varios grupos estadounidenses de expertos
en enfermedades infecciosas que están urgiendo a las autoridades
sanitarias y políticos de todo el mundo incrementar los esfuerzos para
mejorar el uso de los antibióticos actuales y promover la investigación
de nuevos medicamentos. Las organizaciones, que incluyen a la Sociedad
de Epidemiología de Asistencia a la Salud (SHEA), la Sociedad
Estadounidense de Enfermedades Infecciosas (IDSA) y la Sociedad
Pediátrica de Enfermedades Infecciosas (PIDS) presentan una serie de
iniciativas nacionales que, dicen, son necesarias para asegurar el
impacto de los antibióticos en las infecciones y prevenir la
resistencia. Por ejemplo piden el establecimiento de
programas "para la administración antimicrobiana" para ayudar a los
médicos a decidir si es necesario recetar un antibiótico o cuál es la
mejor opción de tratamiento. La actual resistencia de las bacterias a estos
fármacos ha sido causada principalmente por el uso excesivo o el mal uso
de estos medicamentos.
"Con
los pocos antibióticos que actualmente están en proyecto en la
industria farmacéutica, debemos tomar los pasos necesarios para
conservar nuestra reserva actual de estos fármacos y asegurar que
nuestros hijos tendrán acceso a estos medicamentos salvadores de vidas"
Dr. Christopher Harrison
Y muchas veces son los médicos quienes los prescriben excesivamente. "La administración de antibióticos es un
componente crítico para ofrecer un cuidado de calidad" afirma el doctor
Neil Fishman, principal autor del estudio. "La administración efectiva mejorará los
resultados, conservará los recursos limitados y limitará el surgimiento
de la resistencia" agrega. Los expertos están pidiendo también a los
gobiernos que incrementen las iniciativas de investigación para el
desarrollo de nuevos antibióticos. Tal como expresa el doctor Christopher Harrison,
otro de los autores del informe, "con los pocos antibióticos que
actualmente están en proyecto en la industria farmacéutica, debemos
tomar los pasos necesarios para conservar nuestra reserva actual de
estos fármacos y asegurar que nuestros hijos tendrán acceso a estos
medicamentos salvadores de vidas".
La Administración de Alimentos y
Fármacos (FDA) de Estados Unidos está pidiendo a la industria ganadera
restringir el uso de antibióticos en animales en un esfuerzo para
combatir la creciente resistencia de las bacterias a estos medicamentos.
Los antibióticos se están usando frecuentemente con fines no médicos, para promover el crecimiento y la digestión.
Según el organismo, la nueva iniciativa intenta
promover "el uso juicioso" de los compuestos antimicrobianos para
proteger a la salud pública. Se calcula que 70% de los
medicamentos antibióticos que se suministran en Estados Unidos son para
los animales destinados al consumo humano. Y muchas veces el uso de estos fármacos no está
dirigido al tratamiento de infecciones, sino para promover el
crecimiento de los animales o mejorar su resistencia a enfermedades. Según la FDA este "uso excesivo" está
contribuyendo significativamente a la resistencia que las bacterias han
desarrollado a estos medicamentos. Recientemente la Organización Mundial de la
Salud declaró que la resistencia humana a los antibióticos está
provocando que los medicamentos disponibles actualmente en el mundo sean
inútiles.
Según la organización, estamos enfrentando "el fin de la era de la medicina segura".
Uso juicioso
Ahora la FDA está pidiendo a veterinarios,
ganaderos y productores de animales "que usen juiciosamente los
antibióticos médicamente importantes" en los animales productores de
alimentos, limitando su uso al combate de enfermedades o problemas de
salud. Tal como explicó a BBC Mundo la doctora Nora
Mestorino, profesora de medicina veterinaria de la Universidad Nacional
de La Plata, en Argentina, "un uso irracional de los antibióticos es
cuando se utilizan cuando no es necesario, o se usan en dosis muy bajas o
en tiempos muy cortos con los cuales no se atacan todas las bacterias". "Entonces cuando un grupo de bacterias queda
vivo comienza a implementar diferentes mecanismos para defenderse de ese
compuesto químico. Es un proceso lógico de supervivencia que provoca la
multiplicación de esas bacterias".
"Controlar
el avance de esta resistencia es una tarea conjunta y una
responsabilidad compartida tanto de la industria farmacéutica, el
productor y el consumidor, que debe saber exigir calidad en el producto"
Dra. Nora Mestorino
Estas bacterias posteriormente transfieren sus
mecanismos de defensa y resistencia e incluso pueden transferirlos a
otros microorganismos y a otras especies de bacterias y al medio
ambiente. "Es decir, se produce una transferencia de la resistencia del animal, al medio ambiente y al hombre" agrega la investigadora. "Esto ha provocado que los microorganismos
desarrollen multiresistencias, es decir mecanismos de resistencia a
diferentes grupos antibacterianos y esto está haciendo muy difícil poder
contar con un antimicrobiano eficaz".
Iniciativa voluntaria
La FDA está proponiendo lo que llama una
iniciativa voluntaria para no usar los antibióticos con propósitos de
producción, es decir, para mejorar el crecimiento o la eficiencia
alimentaria en un animal. Los antibióticos, dice, deben estar disponibles
para prevenir, controlar y tratar enfermedades en los animales de
consumo humano bajo la supervisión de un veterinario. Los críticos afirman, sin embargo, que una
iniciativa voluntaria no es una medida suficientemente firme para
enfrentar la creciente resistencia a estos medicamentos. Muchos creen que se necesitan regulaciones más firmes o incluso una prohibición sobre el uso excesivo de estos compuestos. Tal como dice a BBC Mundo la doctora Mestorino
"en países europeos se han implementado en los últimos años programas
para tratar de contener el avance de la resistencia y han prohibido
algunos compuestos promotores de crecimiento". En países de América Latina, dice la científica, se está trabajando para limitar este uso excesivo de antibióticos. "En Argentina por ejemplo se están haciendo
bastantes esfuerzos en este aspecto, principalmente para los productos
de exportación dirigidos a países con legislaciones más firmes". "Todavía hace falta trabajar más para tener un
mejor control en los productos de uso nacional, y lo mismo ocurre en
otros países de América Latina". "Pero controlar el avance de esta resistencia es
una tarea conjunta y una responsabilidad compartida tanto de la
industria farmacéutica, el productor y el consumidor, que debe saber
exigir calidad en el producto" dice a BBC Mundo la doctra Mestorino.
La bacteria habita en los llamados "ojos de agua" del salar de Uyuni, en Bolivia.
Una bacteria de Bolivia
especialmente prolífica en la generación de polímeros podría ser clave
en la fabricación plásticos biodegradables y no tóxicos para el
organismo humano.
El bacilo, de una cepa hasta ahora desconocida, fue bautizado como Bacillus megaterium uyuni S29 y la descubrieron en uno de los llamados "ojos de agua" del salar de Uyuni, en el sur del país.
La bacteria boliviana demostró ser
muy productiva, capaz de generar un polímero de propiedades térmicas que
lo hacen más fácilmente procesable que el producido por otras
bacterias, y que podría ser muy útil en la fabricación de, por ejemplo,
materiales de embalaje alimentario o bolsas de basura.
¿Plástico y bacterias?
Hace tiempo que la ciencia investiga el uso de
microorganismos para generar polímeros, compuestos químicos a partir de
los cuales se pueden elaborar plásticos. Pero a diferencia de los polímeros que se
sintentizan químicamente, los que resultan de microorganismos permiten
fabricar plásticos naturales, biodegradables y biocompatibles. Y de
hecho, ya algunos de estos materiales se utilizan en la industria
farmacéutica y cosmética. Aunque la industria todavía sigue decantándose
por el uso de procedimientos químicos, empleando esencialmente derivados
del petróleo, para la elaboración de estos materiales al ser los
procedimientos con bacterias todavía muy costosos. Sin embargo, la investigadora Marisol Marqués,
doctora en Ciencias Biológicas de la Universidad Politécnica de Cataluña
(UPC), confía en que en un futuro próximo la bacteria boliviana pueda
dar buenos frutos.
Bacterias y polímeros
La bacteria es capaz de producir grandes cantidades de polímeros cuando se la somete a gran estrés.
"Es conocido que hay bacterias que en
condiciones extremas, tanto de temperatura, de presión o concentración
de sal, pueden sintetizar cantidades importantes de polímeros de
reserva, como por ejemplo el conocido como poli-beta-hidroxibutirato (PHB)", le explicó la científica a BBC Mundo. La bacteria boliviana pertenece a este último
caso al habitar en un entorno con altas concentraciones de sal. Tras ser
cultivada en el laboratorio en un estudio preliminar, demostró poder
generar grandes cantidades de PHB, que los investigadores aprovecharon
para producir micro y nanoesfereas con antibióticos en su interior. Este tipo de bacterias acumula el poliéster PHB,
tal y como nosotros acumulamos glucosa, para dotarse de energía en el
momento que la necesiten. Para optimizar la producción, lo que hicieron
los científicos fue disminuir la concentración de nitrógeno en el
cultivo, para que así la bacteria reaccionara acumulando más PHB. Este procedimiento lo llevaron a cabo en
conjunto científicos de la UPC y de la Universidad Técnica de Graz
(Austria), que lograron así que las bacterias generaran la mayor
cantidad de PHB del género Bacillus que se conoce hasta el momento.
Optimizar resultados
A pesar de los buenos resultados, Marqués afirma
que este sistema para producir plásticos biodegradables y
biocompatibles es poco competitivo económicamente frente a los
procedimientos químicos. Pero ahora el equipo de la UPC planea seguir
investigando y optimizar así la producción del polímero utilizando esta
bacteria, así como estudiar varias aplicaciones, entre ellas la
generación de plásticos para bolsas de basura, embalajes o sistemas para
eliminar el salitre. Los trabajos sobre la bacteria boliviana fueron publicados en las revistas científicas Food Technology Biotechnology y Journal of Applied Microbiology. Fuente: BBC Ciencia
Un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Carolina del
Norte (EE UU) ha llegado a la conclusión de que existen 2.368 tipos de
bacterias diferentes en el ombligo del ser humano, según un análisis
genético publicado en la revista PLOS One. Se trata de los
primeros resultados de Proyecto "Biodiversidad del ombligo"
(http://www.wildlifeofyourbody.org/), dedicado a una zona del cuerpo
que, según los investigadores es "el portal por el que nos conectábamos a
nuestras madres, y el recordatorio físico de nuestro pasado evolutivo".
Además de ser lugares relativamente aislados donde los microbios se mantienen "a salvo".
"Al estudiar los ombligos hemos identificado una inquietante e inmensa
riqueza de vida: el ombligo medio de un ser humano hospedaba alrededor
de 67 especies, y entre las 66 muestras reunidas encontramos miles de
especies distintas", indicó Rob Dunn, coautor del estudio. Algunas de
las bacterias identificadas resultaron ser bastante inesperadas, como
una que habita también los ambientes marinos.
De todos los microbios analizados, destacaba el papel de ocho bacterias que estaban presentes en más de un 70% de las muestras tomadas, y cuya población representaba el 50% del total de las muestras.
Los autores recuerdan que, sin estos microbios, nuestro sistema inmune no funcionaría adecuadamente, por lo que su papel es fundamental para protegernos de agresiones externas.
Cada individuo alberga 100.000 millones de microorganismos de 400 especies, en su mayoría bacterianas. Más del 95% vive en el tracto digestivo,
sobre todo en el colon. Es la llamada flora intestinal, un complejo
ecosistema lleno de microbios beneficiosos para la salud. En sentido
estricto, el interior de la boca, estómago e intestinos son parte de la
superficie externa del organismo, pues están en contacto directo con el
medio ambiente. Mientras que la piel tiene un área de 2 m2, los
intestinos desplegados alcanzan los 400 m2. Los seres humanos nacemos
estériles, pero a las pocas horas el tubo digestivo comienza a ser
colonizado por los microorganismos que pasan por la boca con los
alimentos. A medida que entran en contacto con la capa mucosa del
intestino, las bacterias pueden anidar y multiplicarse. A los 2 años, la
flora intestinal es prácticamente la definitiva. Puede haber cambios
transitorios si se altera la dieta o por el uso de antibióticos, pero son reversibles, de modo que cada individuo mantiene una flora predominante y estable. La función de la flora bacteriana es la fermentación de la dieta no digerible, como la fibra vegetal; y del moco producido por el epitelio intestinal. Además, los liliputienses del tubo digestivo producen ácidos grasos, vitamina D y K, favorecen la recuperación y absorción de calcio, hierro y magnesio, y previenen la invasión de los microbios patógenos que ingerimos con los alimentos por el llamado efecto barrera. Las bacterias buenas constituyen, por tanto, un eslabón esencial del sistema inmunológico.
La bacteria Legionella puede infectar a otras bacterias.
Los gérmenes son organismos microscópicos que causan enfermedades, y de hecho son propensos a enfermar ellos mismos.
Por ejemplo, la ameba Naegleria -que causa una forma de encefalitis en humanos- puede ser infectada por la bacteria Legionella pneumophila, la misma que provoca la legionelosis en humanos. Las bacterias pueden incluso ser infectadas por ciertos virus. El virus fago T4 infecta a la bacteria E. coli y provoca su ruptura y muerte después de unos 20 minutos.
Un equipo internacional de científicos aseguró que el lugar más profundo del océano está lleno de vida.
Los científicos descubrieron que el fondo de la
Fosa de las Marianas -a once kilómetros de la superficie en el Océano
Pacífico- está lleno de organismos microscópicos.
El estudio -publicado en la revista Nature Geoscience- dice que estos primitivos microbios unicelulares parecen ser más activos que aquellos de las aguas poco profundas.
Los investigadores dicen que los organismos se
dan un festín con las plantas muertas y las criaturas que se llegan
desde la superficie del mar.
Un experimento replica la unión de células para formar un organismo
La unión coordinada entre células distintas aportó a la vida los
beneficios del aumento de tamaño y la división del trabajo. Pero, como
cualquier avance, también implicó nuevos retos como la cooperación, la
comunicación y la necesidad de controlar el sistema. La existencia de la
vida multicelular se rige por las leyes de un ‘comunismo’ biológico
donde el interés del ‘pueblo’ está claramente por encima de las
necesidades individuales. Si no es así, el invento no funciona. El
origen de los animales, el cómo se pasó de una célula a trillones de
ellas bien avenidas, es un misterio aún sin resolver. Pero sí se sabe
que a la naturaleza le costó millones de años originar la
multicelularidad, y que científicos de la Universidad de Minnesota (EE
UU) lo han conseguido en 60 días. Los resultados de este estudio, liderado por el investigador William C. Ratcliff, se publicaron en enero del pasado año en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences. “Estábamos
mi jefe, Michael Travisano, y yo tomando café en la oficina hablando de
cuál sería el experimento más guay que podríamos hacer en el
laboratorio –explica a SINC Ratcliff–. Decidimos que el origen de la
vida era demasiado difícil, pero que hacer evolucionar un grupo de
células hasta la multicelularidad podía ser factible”. Y se pusieron
manos a la obra.
“Estábamos mi jefe y yo hablando de cuál sería el experimento más
guay para hacer en el laboratorio y decidimos replicar la
multicelularidad”
Codo a codo, mucho más que dos El sujeto de estudio fue Saccharomyces cerevisiae (la
levadura unicelular que se usa para la fermentación de la cerveza), y
la presión evolutiva, la fuerza de la gravedad. El equipo de Travisano
diseñó un sencillo experimento donde volverse multicelular fuera una
ventaja adaptativa. Los investigadores dejaron
crecer las levaduras en un frasco con un caldo rico en nutrientes y en
agitación. A las 24 horas detuvieron el movimiento. Las células que se
habían organizado en grupos pesaban más y se hundían más rápidamente que
el resto. Los científicos traspasaron las células del fondo del frasco a
uno nuevo y las dejaron crecer 24 horas más. Este proceso lo repitieron
60 veces en 10 frascos distintos. A las pocas semanas Ratcliff se dio
cuenta de que la mayoría de levaduras ya no crecía individualmente:
habían evolucionado para formar uniones indivisibles. “Este
estudio me sorprendió porque es una aproximación completamente nueva”,
explica por teléfono a SINC Iñaki Ruiz, investigador ICREA (siglas de
Institució Catalana de Recerca i Estudis Avançats) del Instituto de Biología Evolutiva. “Se había logrado in silico,
a través de ordenador, pero un experimento con el organismo en sí y en
el laboratorio no se había hecho nunca. Es un estudio interesante y
divertido”, se asombra el biólogo. Sacrificios por el bien común “Un
grupo de células no tiene por qué ser un organismo multicelular –aclara
Ratcliff–, pero cuando las partes cooperan, hacen sacrificios por el
bien común y se adaptan a los cambios, entonces sí se puede considerar
que es una transición hacia la multicelularidad”.
Las partes de un organismo multicelular cooperan, hacen sacrificios por el bien común y se adaptan a los cambios
Y así sucede en este experimento. Las nuevas agrupaciones nacen por
propágulos, “igual que muchas plantas”, puntualizan los científicos en
su artículo. Una o varias células se liberan del grupo parental y forman
otro individuo distinto. Para que esto ocurra, algunas han de morir y
convertirse en un punto de rotura a partir del que se libera el nuevo
organismo, y exactamente eso es lo que pasa: entran en apoptosis, que es
como sutilmente se llama al suicidio en el mundo celular. “La
multicelularidad que hemos obtenido en este experimento no es tan
compleja como la de un animal, donde una célula madre se puede convertir
en una neurona o en una célula sanguínea –comenta Ratcliff–. Pero desde
un punto de vista evolutivo es muy similar, porque las células
apoptóticas sacrifican su reproducción por el bien del grupo”. Según
Iñaki Ruiz la apoptosis es uno de los puntos clave de este estudio: “Se
tiene que investigar si el suicidio celular es causa o consecuencia de
la rotura”, comenta. Efectivamente el equipo de Minnesota se planteó en
su momento que, o bien las células que morían se convertían en un punto
frágil del organismo y el sitio ideal para que el propágulo se separara,
o bien la separación del fragmento provocaba la muerte celular. Para
saber qué sucedía en realidad, los científicos rompieron mecánicamente
los grupos y observaron la viabilidad celular. “No detectamos mortalidad
en las zonas de rotura, por lo que estamos completamente seguros de que
la apoptosis es la causa de la separación, y no al revés”, asegura
Ratcliff. Lea el artículo completo en: Agencia SINC