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26 de diciembre de 2009

2009: El Top Ten de Nature


Sábado, 26 de diciembre de 2009

Nature: Las 10 noticias científicas del año

La revista británica 'Nature' pone el contrapunto a su competidora estadounidense 'Science'


La imagen de la Estación Espacial Internacional al pasar por delante del Sol es una de las fotos del año, según la revista 'Nature'

La primera pandemia de gripe en 40 años, provocada por el virus H1N1, con una mezcla de genes de cerdos, de ave y humano, es el acontecimiento más notable de año que acaba en el ámbito de la ciencia, según la revista Nature. Los responsables de la prestigiosa publicación británica recuerdan que la nueva gripe surgió en Nortemérica y se difundió rápidamente por el planeta. Aunque es bastante benigna para la mayoría de la población, se producen algunos casos graves y, en total, han fallecido ya más de 10.580 personas en el mundo debido a esta infección. Además del H1N1, otros diez hitos del mundo de la ciencia merecen ser recordados como las noticias del año. De esto modo la clasificación de Nature no se solapa con la de su competida la revista estadounidense Science, que ha elegido ya los que han sido, a juicio de sus editores, los diez hallazgos científicos más importantes de 2009.

Nature, además, hace varias clasificaciones, incluida una de las fotos científicas más espectaculares y la selección de sus lectores basada en las visitas a su página en internet. La fotografía más destacada muestra la silueta de la Estación Espacial Internacional, con un transbordador anclado allí, contra la esfera dorada del Sol como fondo, y el personaje del año es el premio Nobel Steven Chu, Secretario del Departamento de Energía de EE UU, nombrado por el Presidente Obama. Las nueve noticias elegidas tras la nueva gripe son:


Primeras colisiones de partículas en el nuevo acelerador LHC

Récord del acelerador LHC. "La corona de la física de partículas ha pasado de Estados Unidos a Europa", escribe Nature haciendo referencia al nuevo gran acelerador de partículas LHC, instalado junto a Ginebra, que se ha convertido en el de más alta energía del mundo al lograr colisiones de partículas a 2,36 teraelectronvoltios (TeV). El récord anterior lo tenía el veterano Tevatron de Fermilab (cerca de Chicago, EEUU). Los expertos del LHC ha pasado gran parte del año reparando los desperfectos que sufrió la máquina, en septiembre de 2008, tras un grave accidente provocado por un cortocircuito. Pero la puesta en marcha del acelerador un año después ha ido muy bien, aunque todavía en fase de ensayos. De momento ha funcionado a baja energía en comparación con la que debe alcanzar según el diseño: 7 TeV por haz.

Pirateo de los correos electrónicos sobre cambio climático. Más de un millar de correos electrónicos, enviados y recibidos por climatólogos de alto prestigio de la Unidad de Investigación del Clima (Universidad de East Anglia, Reino Unido), fueron expuestos al público tras un ataque pirata a sus ordenadores. Para quienes niegan el cambio climático, el contenido de esos correos electrónicos es un escándalo que demuestra que el calentamiento global responde a una conspiración; para la mayoría de los investigadores es un fastidioso incordio, dice Nature. El contenido de algunos los correos electrónicos "muestra la frustración con algunos datos y una actitud arrogante hacia los escépticos, pero no desacredita la solidez de las pruebas que muestran que el planeta se está calentando probablemente debido a la acción humana", consideran los editores de la revista.

Luna húmeda. Un antiguo debate se ha resuelto: se puede acumular agua helada en los cráteres de la luna. El cuarto lugar de las noticias del año recoge los resultados de una sonda espacial de la NASA, la LCROSS, que fue estrellada a propósito en un cráter lunar en sombra permanente. El impacto provocó una pluma de polvo, pero los sensores detectaron señales de agua justo antes del choque, lo que sugiere que el vapor se había congelado en el suelo del cráter. Además, los instrumentos registraron indicios de dióxido de carbono, mercurio y metano.

Lea el artículo completo en:

El Páis Ciencia

Apuntes sobre la velocidad del pensamiento


Sábado, 26 de diciembre de 2009

Apuntes sobre la velocidad del pensamiento



El paciente BW [Binkofski y Block, 1996] se encontraba conduciendo su coche una mañana cuando notó que la realidad se aceleraba a su alrededor. En apenas un instante observó cómo los árboles y los edificios comenzaban a moverse al otro lado de las ventanillas como si estuviera conduciendo a 300 kilómetros por hora, así que levantó el pie del acelerador y detuvo inmediatamente el vehículo a un lado de la carretera.

Unos segundos después, aún aturdido, BW levantó la vista del volante y descubrió que la sensación no había terminado: el mundo seguía moviéndose a una velocidad vertiginosa.

Los médicos que le atendieron comprobaron que, además de percibir que el tiempo transcurría más deprisa, el paciente BW había ralentizado notablemente sus movimientos y caminaba y hablaba como si lo hiciera a cámara lenta. Su distorsión del sentido temporal alcanzaba tal extremo que cuando le pedían que contara 60 segundos en voz alta BW tardaba hasta 286 segundos en completar la tarea.

El problema del paciente BW, tal y como se constató después, estaba provocado por un tumor en el córtex frontal, capaz de alterar su sensación del tiempo de una forma dramática. Y su caso dejaba en el aire una cuestión en la que los neurocientíficos siguen trabajando hoy día: cómo controla el cerebro la sensación del tiempo y hasta qué punto es posible manipularla.

La segunda parte de la pregunta tiene mucho que ver con lo descubierto hace unas semanas por científicos del Instituto de Neurología del University College de Londres. Este equipo de investigadores ha conseguido ralentizar la velocidad de respuesta del cerebro de sus voluntarios mediante la alteración de las ondas cerebrales. Aplicando una leve descarga eléctrica, los científicos consiguieron alterar las ondas beta en el cerebro de los 14 voluntarios y reducir la velocidad de respuesta muscular de los participantes en un 10%. Un experimento similar permitió recientemente a investigadores del MIT hacer lo contrario, pero esta vez con monos: aceleraron la velocidad de percepción de los simios a través de la manipulación de sus ondas cerebrales.

Pero la realidad de cómo construye el cerebro el sentido del tiempo no está todavía nada clara.

Un interesantísimo artículo publicado por New Scientist en octubre (Timewarp: How your brain creates the fourth dimension) relata la investigación que lleva a cabo desde hace años el doctor David Eagleman, del Colegio Baylor de Medicina en Houston, Texas. Eagleman se cayó de niño y experimentó que durante la caída el tiempo se había ‘ralentizado’ de alguna manera, y desde entonces su obsesión es encontrar la razón por la que el cerebro hace que recordemos algunas experiencias traumáticas como si sucedieran a cámara lenta.

Sus experimentos con gente que se tira en puenting y trata de registrar datos imperceptibles en condiciones ‘normales’ no han dado muchos resultados, pero sus trabajos y los de otros investigadores apuntan a que, por una limitación neuronal, nuestro cerebro no percibe la realidad de manera continua sino a través de una serie de “fotogramas”. Y es ese número de “fotogramas” el que podría verse alterado en determinadas circunstancias. De este modo, si el cerebro se pone a trabajar a toda máquina en un momento de tensión, nuestra memoria nos produce la sensación a posteriori de que todo duró mucho más puesto que retiene más detalles de los que recordaríamos sobre cualquier otro instante de nuestras vidas.

Velocidad, percepción y conciencia

La otra cara de la moneda de la percepción del tiempo es la velocidad con la que percibimos la realidad. Algunos científicos manejan desde hace tiempo la hipótesis de que vivimos en una especie de playback, un presente falseado por el retraso con el que nuestra mente responde a la realidad y las limitaciones de nuestro ‘cableado’ neuronal.

Los límites de la respuesta neuronal se conocen desde mediados del siglo XIX, cuando el médico alemán Hermann von Helmholtz comprobó que nuestro cuerpo responde más despacio a un estímulo en la punta del pie que a un estímulo en la espalda debido a la longitud de los nervios y el tiempo que tarda la señal eléctrica en recorrer la distancia.

Desde la famosa décima de segundo hasta el medio segundo de Benjamin Líbet, son varias las teorías sobre el tiempo en que nuestro cerebro tarda en adquirir conciencia de lo que sucede a nuestro alrededor. En otro artículo imprescindible, publicado en Discover Magazine hace unos días, (The Brain. What Is the Speed of Thought?) el periodista y divulgador Carl Zimmer explica que la velocidad de las conexiones neuronales depende de dos factores: la cantidad de mielina que contienen y el grosor de las conducciones. Así, por ejemplo, los nervios más eficientes pueden trasladar un impulso a casi 300 kilómetros por hora mientras que los más lentos mandan señales a menos de 1 kilómetro por hora.

Si todos nuestras conducciones nerviosas tuvieran el grosor de los más importantes serían infinitamente más rápidas pero, con este tamaño, asegura la investigadora Sam Wang en el artículo, “tendríamos un cerebro que no nos cabría por las puertas”, y que consumiría una cantidad desproporcionada de energía.

En realidad, nuestro sistema nervioso es mucho más complejo que todo eso y su exactitud, después de millones de años de evolución, resulta escalofriante. En algunas zonas los nervios son más o menos largos, o más o menos rápidos, en función de las necesidades. Los nervios del centro de la retina, por ejemplo, son mucho más cortos que los de los extremos, de forma que la señal salga hacia el nervio óptico al mismo tiempo. Y en otras zonas el cuerpo la cantidad de mielina varía con el mismo objetivo.

En conjunto, parece que ese retraso permite una coordinación de las señales que es clave para el funcionamiento del cerebro. Una vez que lo alcanzan, todos los impulsos eléctricos trasmitidos a través de las neuronas se las arreglan para llegar a la vez al tálamo, el lugar donde se centralizan. Si todas las señales llegaran a su tiempo, concluye Zimmer, el cerebro no encontraría la manera de interpretarlo y tomar decisiones. De modo que el retraso de nuestras percepciones, esa décima de segundo que tardamos en interpretar lo que sucede, puede ser la clave de la conciencia y el motivo por el que los estímulos cobran algún sentido.

Para saber más:

Ilustración: Harvey Cushing

Fuentes:

Libro de Notas

24 de diciembre de 2009

25 de diciembre: Una fecha compartida por Guillermo Giacosa


Jueves, 24 de diciembre de 2009
25 de diciembre: Una fecha compartida
El verdadero día de la Natividad es tan incierto como su año. La Iglesia armenia lo festeja el 6 de enero. El nacimiento de Jesús no pudo tener lugar en diciembre, pues ese mes cae en la estación de frío y lluvia en Judea y, por ello, los pastores no podrían tener sus rebaños a campo abierto, como refiere el Evangelio. Desde mucho antes de Cristo, el 25 de diciembre fue una fecha importante para diversas culturas. Es el día del solsticio de invierno y, durante esa jornada, el sol parece detenerse en su descenso para elevarse nuevamente en el firmamento: los días se prolongan y la primavera hace renacer la esperanza. Persas, griegos, egipcios, fenicios, sirios, etcétera, celebraban en aquel día el parto de la Reina de los Cielos, la Virgen celestial y el nacimiento de su hijo, el dios solar. Dionisos o Baco, a quien los griegos llamaban 'El Salvador’, nació de una virgen el 25 de diciembre; lo mismo que Hércules. También, ese día, se celebraba el nacimiento de Adonis.
Los egipcios fijaban la preñez de Isis, la 'Virgen Reina de los Cielos’, en marzo, y el parto de Horus a fines de diciembre. Este pueblo no solo adoraba una madre virgen, sino que presentaba a los seguidores la efigie de un recién nacido acostado en un pesebre. Osiris también fue hijo de una 'Virgen Santa’, y nació un 25 de diciembre. También ese día habría nacido Buda, que tampoco fue concebido sexualmente aunque su madre fuera casada. Para los paganos escandinavos, Frey, hijo de Odín y Frigga, nació el 25 de diciembre.
Los druidas celebraban, ese mismo día, su fiesta anual del fuego y, en Roma, en esa fecha, se conmemoraba el nacimiento del Sol invicto y, también, el de Mitra, el dios solar persa, cuyo culto adoptó el Imperio Romano. Los primeros indicios de celebraciones cristianas de la Natividad se ubican a fines del siglo II. Fue a fines del siglo III o a inicios del IV que la Iglesia occidental consagra el 25 de diciembre.
Las costumbres navideñas tienen raíces paganas. En Roma se celebraban las Saturnales desde el 21 de diciembre hasta fin de año –otros dicen que entre el 17 y el 19 de diciembre–. En Inglaterra, los puritanos trataron de abolir la Navidad pues la consideraban como una continuación de las “vanidades y excesos en que cayeron los gentiles”. En el siglo III, Tertuliano protestó contra la costumbre de adornar las casas con guirnaldas de flores, pues esa era la misma forma en la que lo hacían los paganos. En la antigüedad, las ramas de hiedra, de laurel y de mirto y otras de verdor perenne, eran símbolos del vigor generador y la juventud perpetua de Dionisos. Los druidas de las Galias adoraban el muérdago por su virtud vitalizadora y sus poderes curativos, y creían que portarlas o besarlas ayudaba a hacer fértil a la mujer que hasta entonces no había podido concebir. Nada en este mundo es totalmente original y todo, con distintas facetas, pareciera pertenecer a todos. La Navidad, fiesta de paz, debería estimular la tolerancia, el ecumenismo y el respeto por todas las manifestaciones no destructivas del espíritu humano.

Autor: Guillermo Giacosa

Fuente:
Peu21

Perú: Descubren tumbas de más 3 000 años

¿Cuál es la primera cultura que apareció en la costa peruana?

La cultura Cupisnique.

La cultura de Cupisnique fue una cultura precolombina que se desarrolló en la actual costa norte peruana, entre Virú y Lambayeque, y que floreció entre 1500 a. C. y 1000 a. C. Fue identificada por el arqueólogo peruano Rafael Larco Hoyle en Cupisnique, de donde toma su nombre, y en el valle de Chicama en los años 1940.

Esta cultura tuvo una característica arquitectura a base de adobe pero compartió estilos artísticos y símbolos religiosos con la cultura Chavín, que existió en la misma zona y que se desarrolló posteriormente. Fue contenporánea y se desarrolló en la misma zona que la cultura Salinar y la Gallinazo.

Trece tumbas de entre 3.000 y 3.500 años de antigüedad fueron descubiertas por arqueólogos peruanos en el complejo arqueológico de Ventarrón, en la región de Lambayeque, 791 kilómetros al norte de Lima, informaron hoy autoridades locales.
Se trata de 12 sepulturas de niños y adultos y una que aún no ha sido abierta, junto a las que se hallaron otras dos que corresponderían, según los investigadores, a culturas posteriores.
La importancia del hallazgo, resultado del trabajo de un equipo de excavación dirigido por el arqueólogo Ignacio Alva, radica en que las tumbas marcarían el transito cultural de la época arcaica a la era del formativo, momento histórico en que comienzan a aparecer elementos de cerámica.
"Hay ofrendas de recipientes en forma de botellas simples y platos, arte de la época que hemos llamado precupisnique, entendiendo que la primera cultura de la costa es la Cupisnique", explicó a la agencia estatal Andina Walter Alva, padre de Ignacio y descubridor del denominado como "Tutankamón de América": el señor de Sipán.
Los cuerpos de las tumbas fueron enterrados en posición fetal y junto a ellos se encontraron vasijas y tallas de turquesa del sur de Perú (a unos 1.000 kilómetros de donde se encuentran los enterramientos), así como sodalitas (un mineral habitual de la geografía Bolivia), lo que muestra el importante intercambio cultural que existió en la región hace 3.000 años.
Alva descartó que entre los restos encontrados esté alguna figura de autoridad, ya que, explicó, en la época a la que pertenecen los restos "no había grandes diferenciaciones de jerarquía, todos parecen población homogénea".
Los trabajos en el complejo arqueológico de Ventarrón, donde se trabaja desde hace tres años, ya permitieron descubrir en 2007 el templo más antiguo de la costa norte de Perú, de más de 4.000 años.
En su interior se encontró la pintura mural más primitiva de América, de un venado en una red, por el que el templo fue bautizado con el nombre de "Templo del Venado Cautivo".
Fuentes:

RPP Noticias

22 de diciembre de 2009

Los mitos navideños y la ciencia



En Navidad es fácil escuchar afirmaciones, que para muchos son verdades incuestionables, como que estas fiestas aumentan el número de suicidios, que la mayor parte del calor corporal se pierde por la cabeza (y por eso hay que cubrirla con un gorro) o que tomar azúcar vuelve a los niños hiperactivos. Sin embargo, se trata de meras leyendas urbanas sin ninguna base científica, tal y como publica el jueves en la revista British Medical Journal , que desmonta los mitos médicos más comunes en estas fechas. “En ocasiones todos nos creemos mensajes sobre nuestro cuerpo y nuestra salud que sencillamente no son ciertas, y los aceptamos porque provienen de personas que respetamos o de los medios de comunicación”, explica la autora principal del estudio, Rachel Vreeman, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Indiana (Estados Unidos). “Como científicos, debemos buscar una explicación científica, y si se demuestra que estas ideas son falsas, es importante que la gente lo sepa”, agrega.

El trabajo de Vreeman y su colega Aaron Carroll descarta, además de los tres mitos médicos citados, la existencia de suficiente evidencia científica en torno a otras tres ideas muy extendidas: comer por la noche engorda, existen remedios eficaces contra la resaca y la flor de pascua, una planta típica de Navidad también llamada ponsetia, es tóxica. “Es poco probable que alguno de estos mitos pueda causar daños a las personas, aunque sí preocupación. La existencia de estas ideas falsas pone de relieve la necesidad de investigar otras creencias médicas más serias, ya que a veces hay terapias que cuentan con escaso fundamento científico”, sostiene Vreeman.
Sobre las razones que hacen posible que en las sociedades desarrolladas persistan estas creencias, la autora lo tiene claro: “Todos los mitos tienen una parte de verdad”.

El azúcar, causa de hiperactividad
Muchas personas creen que la ingesta de dulces, algo frecuente en estas fechas, hace que los niños se vuelvan hiperactivos. Pero no es así, según el trabajo publicado el jueves en número especial de Navidad de la revista British Medical Journal. En el estudio, Vreeman y su colega Carroll rastrearon la evidencia científica disponible y encontraron doce ensayos clínicos que habían tratado de desentrañar las reacciones de los niños a la ingesta de alimentos con diferentes niveles de azúcar.
“Ninguno de los estudios, ni siquiera los realizados con niños con trastorno de déficit de atención e hiperactividad, pudo detectar diferencia alguna entre los que habían comido azúcar y los que no”, indican los autores. Eso sí, los padres que creían que sus hijos habían comido dulces les veían hiperactivos, aunque no hubieran tomado azúcar. Sin embargo, este mito tiene una explicación plausible: el azúcar aporta energía, y es fácil llegar a suponer que, si se toma mucha, el consumidor se puede terminar volviendo hiperactivo.

Los suicidios aumentan en Navidad
La combinación entre estrés familiar, agudización del sentimiento de soledad y aumento de los síntomas depresivos por el frío y la falta de luz natural parece crear el entorno más favorable para que quien tiene intención de quitarse la vida se decida a hacerlo. Esta es la creencia generalizada, pero no hay suficientes datos científicos que permitan sostener la idea de que en Navidad aumenta el número de suicidios.Las investigaciones recopiladas por los autores del estudio muestran al contrario, que, si existe un pico en el número de suicidios en todo el mundo, se produce precisamente en los meses más cálidos.
En este sentido, los autores indican que los estudios disponibles ponen de manifiesto que los posibles factores de riesgo que concurren en invierno, y sobre todo en Navidad, se acaban viendo compensados por el aumento del soporte familiar y social. De hecho, los datos muestran que en Estados Unidos las visitas al psiquiatra descienden antes de la Navidad y aumentan después de las fiestas.

El calor que se escapa por la cabeza
¿Quién no ha oído alguna vez que la mitad del calor corporal se pierde por la cabeza? Al igual que en los casos anteriores, esta leyenda, una de las referidas al cuerpo humano que están más extendidas, no es cierta, al menos en los términos en los que suele formularse. El manual de supervivencia del Ejército de Estados Unidos recomienda a los soldados cubrirse la cabeza cuando se exponen a bajas temperaturas porque “entre el 40% al 45% del calor corporal” se escapa por la cabeza. “Si esto fuera cierto, los seres humanos tendrían el mismo frío si fueran sin pantalones que cuando van sin sombrero”, señalan con humor los autores del estudio.
Al parecer, el mito se debe a un antiguo trabajo que estudió la pérdida de calor de militares con trajes de supervivencia y expuestos a muy bajas temperaturas. Los sujetos perdían la mayor parte del calor por la cabeza, claro que era la única parte del cuerpo que llevaban descubierta. En realidad, la cabeza sólo desprende el 10% del calor del cuerpo.

Banquetes nocturnos que engordan
Aunque algunos estudios relacionan cenar de forma abundante con la obesidad, esto no significa que una cosa cause la otra. Ésta es la tesis que sostienen Vreeman y Carroll tras analizar numerosos estudios sobre esta cuestión. “La personas ganan peso sólo porque ingieren, en general, más calorías de las que queman”, explican los autores del estudio. “Tomar calorías de más provoca ganancia de peso al margen de cuándo sean consumidas”, agregan.
Los investigadores de la Universidad de Indiana señalan, por otro lado, que muchos estudios realizados en varios lugares del mundo no encontraron una vinculación entre los kilos de más y el momento en el que se realizan las comidas. Sin embargo, sí hay trabajos que relacionan otras conductas, como comer más de tres veces al día o saltarse el desayuno, con un aumento de peso. “Los estudios revelan que aquellos que desayunan bien mantienen pesos saludables porque su ingesta calórica mantiene niveles equilibrados a lo largo del día”, indican.

La resaca, sin remedio posible
Una vez desencadenada, la resaca provocada por una ingesta excesiva de alcohol es imparable. Hay quien recurre a una pequeña dosis de alcohol al levantarse para frenar los síntomas, quien toma fármacos o quien recurre a zumos de frutas para volver a sentirse bien. Pero, según los autores del estudio, todo es en vano. La resaca no tiene cura fácil, sólo queda sobrellevar los síntomas lo mejor posible.
“No hay evidencia científica que demuestre la validez de ninguna cura o medida de prevención eficaz contra la resaca”, sostienen los investigadores, que consideran que hay sólo una medida infalible: consumir alcohol con moderación o, simplemente, no beber. “Nuestra conclusión es que el propranolol, el tropisetron, el ácido tolfenámico, la fructosa, la glucosa y los suplementos dietéticos, como los basados en la borraja, la alcachofa o el higo chumbo, fallan a la hora de curar de forma efectiva la resaca”, afirman los dos investigadores.

Lea el artículo completo en:
Publico.es

21 de diciembre de 2009

La estrella de Belén y la Ciencia


Lunes, 21 de diciembre de 2009

Conocer Ciencia en la Televisión

La Estrella de Belén y la Ciencia



¿Existió realmente la estrella de Belén? Y esto no es una cuestión de fe. Recuerde, usted ingresó al blog Conocer Ciencia, por lo tanto espera una respuesta científica. Nosostros se la daremos, es más le daremos nueve alternativas sobre la estrella de Belén...

Y no dejen de vernos los días lunes, miércoles y viernes; de 7:00 a 8:00 p.m. en el canal tres, Econocable Plus Barranca. El programa saldrá al aire los días lunes 21 y miércoles 23 de diciembre del presente año.

La presentación está basada en el artículo homónimo del gran Isaac Asimov, uno de los mejores divulgadores de ciencias de todos los tiempos. Disfruten el fin de semana largo y, nunca estará demás decirlo, no abusen del alcohol, y si no puede con su genio: no conduzca.

Hasta pronto

Leonardo Sánchez Coello
conocerciencia@yahoo.es
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