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15 de noviembre de 2010

WWF: Níveles de crecimiento chino gastarían 1,2 planetas Tierra



Un mundo que gastara recursos y generara residuos a los niveles de China necesitaría un planeta 1,2 veces mayor a la Tierra para sostenerse, según un informe sobre la "huella de carbono" del gigante asiático presentado hoy por la organización ecologista WWF (Fondo Mundial para la Naturaleza, siglas en inglés).

Según el informe, presentado por el director general de WWF, James Leape, es "crucial" que China afronte problemas como las emisiones de dióxido de carbono o el desarrollo urbano "si quiere mejorar su bienestar sin que esto le cueste al planeta".

El informe señala que sectores como la construcción o el transporte, asociados a la mejora del nivel de vida en el país, han contribuido en gran medida a que en el país las emisiones de CO2 equivalgan a un 54 por ciento del impacto ecológico nacional.

En consecuencia, el país necesitaría el doble de su suelo productivo para satisfacer la demanda de recursos naturales y absorber sus emisiones.

Los ingresos per cápita chinos se han multiplicado por 50 en las últimas tres décadas, algo que ha ido acompañado de rápida industrialización, desarrollo urbano e intensificación de la agricultura que "han incrementado la presión en la naturaleza", según el informe de WWF.

El informe también ha contado con la colaboración del Consejo Chino para la Cooperación Internacional en Medio Ambiente y Desarrollo, cuyo secretario general, Zhu Guangyao, subrayó en su presentación que "los próximos 20 años serán vitales para que China logre un desarrollo sostenible".

China es el mayor emisor mundial de dióxido de carbono, aunque defiende en las negociaciones para la lucha contra el cambio climático que son las naciones desarrolladas, por su responsabilidad histórica en el calentamiento global, las que deben ser obligadas por un pacto internacional a reducir emisiones hasta un 40 por cien.

No obstante, el Gobierno comunista ha prometido mejorar su intensidad de carbono (emisiones totales divididas por su PIB) entre un 40 y un 45 por ciento en 2020 respecto a los niveles de 2005, algo que es interpretado por la comunidad internacional como un paso adelante, aunque quizá no suficiente, para que el desarrollo chino sea sostenible.

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El Correo

Una bacteria que fabrica plástico biodegradable

  • Produce un polímero biodegradable que le permite subsistir en temperaturas extremas y sin nutrientes.

Fue hallada en la Antártida, en una laguna que se mantiene congelada la mayor parte del año. Fue bautizada como Pseudomonas extremaustralis y, si bien su crecimiento óptimo se produce a los 28°C, se las arregla muy bien por debajo de cero grado. Es una bacteria imbatible: resiste el frío y la radiación ultravioleta, así como la escasez de nutrientes, y para enfrentar esas duras condiciones ambientales produce una sustancia de reserva que resulta de sumo interés: el polihidroxibutirato (PHB), un polímero con el cual se puede fabricar plástico biodegradable.

"Buscábamos en estos ambientes extremos porque pensábamos que allí habría organismos que produjeran polímeros con propiedades interesantes", señala la doctora Nancy López, investigadora del Departamento de Química Biológica de la FCEyN, que publicó el hallazgo en Current Microbiology . Cabe aclarar que esta bacteria no es patógena para el hombre, a diferencia de su pariente, la Pseudomonas aeruginosa, un bacilo oportunista que infecta, sobre todo, el tracto pulmonar en seres humanos y causa neumonías.

López relata: "Para nuestra sorpresa, encontramos que la P. extremaustralis producía una alta cantidad del polímero, más del 80% del peso seco, que es muy alta en una especie de pseudomonas que normalmente produce 40%, y además un tipo de polímero que no es habitual en este microorganismo". El producto en cuestión es una sustancia de reserva que las bacterias fabrican y la utilizan cuando la necesitan, porque las ayuda a sobrellevar el estrés ambiental.

Un objetivo de los investigadores era identificar los genes responsables de la producción del polímero. Finalmente, pudieron determinar que la bacteria posee un mosaico de genes de distinto origen y que probablemente los haya adquirido por transferencia de otros microorganismos. "Pensamos que esos genes se mantuvieron en esta cepa porque constituían una ventaja en ese ambiente tan adverso", comenta.

Lo cierto es que esta bacteria parece indestructible. "Cuando la trajimos a Buenos Aires, y todavía no la habíamos identificado con precisión, pensamos que formaría esporas y la calentamos a 80°C para extraer las esporas. La sorpresa fue que aguantó esa alta temperatura", dice López, en cuyo equipo se desempeñan los licenciados Nicolás Ayub, Paula Tribelli, Mariela Catone y Carla Di Martino, además de la doctora Laura Raiger Iustman.

La poderosa bacteria fue sometida a pruebas de resistencia al frío y al congelamiento. El equipo observó que si mutaban el gen responsable de la producción del polímero, la bacteria no era capaz de crecer en el frío porque no soportaba el estrés oxidativo: no podía hacerle frente al aumento de moléculas de oxígeno reactivo que se producen por los cambios metabólicos frente a las duras condiciones del entorno.

Ante una situación de estrés por el frío, esos cambios en el metabolismo de la célula bacteriana dan lugar a moléculas reactivas de oxígeno (superóxidos y peróxidos, como el agua oxigenada) que dañan las macromoléculas, como el ADN. La bacteria con el gen mutado no pudo defenderse de esa agresión porque no alcanzaba a fabricar las enzimas para la detoxificación.

"Ante el frío extremo, la bacteria degrada sus reservas del polímero y los materiales de esa degradación le sirven para contrarrestar el estrés oxidativo causado por el frío", afirma López, que publicó este resultado en la revista Extremophiles , dedicada a los estudios sobre microorganismos capaces de sobrevivir en condiciones extremas y que, por eso, se denominan extremófilos.

Ahora bien, la propuesta no es que la P. extremaustralis se ponga a fabricar plástico. La idea es tomar los genes responsables de esa producción e insertarlos en otra bacteria, la Escherichia coli , que es más fácil de cultivar. Además, los investigadores quieren utilizar la alta capacidad de supervivencia y resistencia al estrés de la bacteria para otras aplicaciones biotecnológicas, como la biorremediación.

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La Nación (Argentina)

"El Gran Diseño": El polémico libro de Stephen Hawking en español


El nuevo y polémico libro del astrofísico británico Stephen Hawking, donde argumenta que Dios no es necesario para explicar el origen del Universo, reabrió hace meses la eterna confrontación entre el conocimiento científico y la creencia en Dios.

'El Gran Diseño' sale a la venta esta semana en castellano. En ella se plantea que tanto nuestro universo, como los muchos otros universos posibles, surgieron de la nada, porque su creación no requiere de la intervención de ningún Dios o ser sobrenatural, sino que todos los universos proceden naturalmente de las leyes físicas. "No hace falta un Dios para la creación del Universo", sino que surgiría de leyes físicas con distintos universos que aparecerían como fluctuaciones cuánticas espontáneas de un vacío primordial.

"El hecho de que nuestro Universo parezca milagrosamente ajustado en sus leyes físicas, para que pueda haber vida, no sería una demostración concluyente de que el Universo ha sido creado por Dios con la intención de que la vida exista, sino que sería resultado del azar",

Así lo explica el traductor de esta obra, el catedrático de Física de la Materia Condensada David Jou, de la Universidad Autónoma de Barcelona, para quien el último libro de Hawking es científicamente "apasionante" pese a que discrepa respecto a algunas de sus conclusiones.

Por ejemplo, Jou opina que las conclusiones de Hawking sobre la no existencia de Dios son "precipitadas", ya que se basan en "teorías provisionales", y añade que la ciencia es neutra sobre la existencia de Dios y otros problemas metafísicos.

Nueva perspectiva

El astrofísico nos presenta una nueva imagen del universo, y de nuestro lugar en él, muy distinta de la tradicional e, incluso, de la imagen que el propio Hawking nos había proporcionado, hace ya más de veinte años, en su gran libro 'Historia del tiempo'.

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En él el gran físico nos explicaba de dónde procedía el universo y hacia dónde se encaminaba, pero aún no podía dar respuesta a importantes preguntas como el orígen del universo.

Hawking cree ahora que las propias leyes físicas producen los universos, sin necesidad de que un Dios exterior a ellas "prenda fuego" a las ecuaciones y haga que sus soluciones matemáticas adquieran existencia material.

En los últimos años, el desarrollo de la teoría 'M' (en realidad toda una familia de teorías enlazadas sobre física cuántica) y las recientes observaciones realizadas por los satélites de la NASA, nos permiten ya enfrentarnos a la pregunta fundamental: la Cuestión Última de la Vida, el Universo y el Todo. Según Hawking, si esta teoría última es verificada por la observación científica, habremos culminado una búsqueda que se remonta a hace más de tres mil años: habremos hallado el Gran Diseño.

Polémica

Según Jou, si el lector toma al pie de la letra el libro de Hawking en el aspecto metafísico, en vez de creer en la existencia de Dios habría de hacerlo en "dimensiones ocultas, partículas todavía no observadas, universos no observables y teorías matemáticas muy complejas aún no corroboradas experimentalmente, y que, a su vez, serán superadas por teorías futuras".

Así, añade el experto, el hombre, la sociedad, no necesitaría creer menos ahora, sino "creer en más cosas" al menos por el momento.

Un Dios entendido según la religión "estaría más allá del espacio y del tiempo que forman la base de las ecuaciones humanas", advierte. Por otro lado, Hawking afirma en el inicio de su libro que "la filosofía ha muerto", afirmación que el traductor no comparte, ya que cree que la filosofía sigue recordando que "la razón humana es más amplia que la razón científica".

Pese a todo esto, Jou opina que las menciones de Hawking a Dios son una muestra de la pasión con que el científico ha vivido siempre la física, como un gran reto vital para encontrar lo más profundo de las raíces de la realidad. Si Dios representa para muchos tal raíz, para Hawking lo son las ecuaciones, a cuya formulación ha dedicado tan brillantemente su vida.

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El Mundo Ciencia

Cómo cambia nuestro olor corporal al ver Indiana Jones o Ace Ventura

Después de ver la película Indiana Jones y el templo maldito, las personas desprenden un olor corporal. Cuando hemos visto la comedia de Jim Carrey Ace Ventura, además de tener ganas de estrangular a Jim Carrey, desprendemos un olor corporal distinto.

Es lo que se ha encargado de comprobar la doctora Denise Chen, profesora asistente de psicología en la Universidad de Rice, en Houston, a fin de averiguar si el miedo puede olerse, es decir, si las personas que tienen miedo desprenden un aroma diferente.

Para ello, hizo ver a sus sujetos experimentales 13 minutos de la película de Harrison Ford y también 13 minutos de la película de Jim Carrey. Antes, bajo los brazos, les colocó paños de gamuza. En la primera película aparecen insectos, serpientes y cocodrilos, que a la mayoría de gente producen temor. En la segunda, aparecen sólo animales amables o presentados desde un punto de vista cómico.

Luego, Chen introdujo los paños en jarras de cristal y los congeló a -44 Cº.

Una semana después, Chen descongeló los paños y los hizo oler a sus sujetos. Según Chen, experta en el campo de la llamada “comunicación olfativa de la emoción”, el miedo produce señales químicas y cambios en el olor corporal, como también lo hace la felicidad. Y los seres humanos serían capaces de captarlo, sobre todo las mujeres, como señala Ben Sherwood:

Cuando les pidió que reconocieran el olor de la felicidad o del miedo, un importante capaz de identificar el olor del miedo en los paños de los hombres que vieron las espeluznantes escenas de Indiana Jones. Además, una parte importante de ellas también fueron capaces de detectar la esencia de la felicidad en los hombres que vieron la comedia. Esos descubrimientos fueron consecuentes con otra investigación que demostraba que las mujeres pueden percibir las diferencias emocionales que se comunican a través del olor.

Lo que también descubrió Chen es que los hombres que olían paños impregnados de miedo, aumentaban sus niveles de precaución y vigilancia, pues los sujetos que olían este aroma sacaban mejores resultados en las pruebas de asociación de palabras (por ejemplo, puerta-ventana), aunque no se observaron diferencias en la velocidad o precisión para las palabras no relacionadas (pez-taburete). Como si estuvieran más motivados para no cometer equivocaciones.

En cuanto a la precisión, la esencia del miedo mejoró la actuación de las personas que hicieron las pruebas en un 5 % sobre aquellas a las que les entregaron los paños neutrales, una diferencia significativa en términos estadísticos.

¿Para cuándo un Eau de Temor para concentrarnos mejor en un examen?

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Gen Ciencia

Mario Capecchi, el niño de la calle que llegó a Premio Nobel


“No queda claro si las experiencias de mi infancia ha contribuido a mis éxitos o si estos logros han sido obtenidos a pesar de ellas”, respondió Capecchi en 1996 en Japón al recoger el premio Kyoto en Ciencia Básica.

Capecchi vino al mundo un 6 de octubre de 1937 en la ciudad italiana de Verona. Su padre Luciano era un aviador. Su madre, Lucy Ramberg, una poetisa norteamericana perteneciente a una familia de artistas que, tras conocer, a Luciano se mudó a Italia. Allí pasó a formar parte de un grupo de artistas llamado “Los Bohemios”. Viajaba mucho y había dado clases en la universidad de la Sorbona en París.

En un comienzo, la pareja llevaba una vida plácida, pero la cosa cambiaría después de la aprobación de las “Leyes Raciales”. La madre, que hasta entonces no se había implicado en política, comenzó a escribir y repartir panfletos antifascistas y contra los alemanes. Paralelamente, el padre fue llamado a filas y partió hacia África para integrarse en una unidad de artillería antiaérea.

Antes de partir para África, el padre de Mario, consciente que era más que probable que el espíritu rebelde de su mujer le acabara trayendo problemas con las autoridades, acordó con una familia de campesinos de Bolzano que, a cambio de una cantidad de dinero, si su mujer era detenida, ellos se hicieran cargo del hijo de ambos. En otras versiones de la historia es la propia Lucy, la que decide vender todo lo que tiene y con el dinero que obtiene hace un trato con la familia.

En cualquier caso, los temores se vieron cumplidos un día de 1941, cuando Lucy fue arrestada por agentes de la Gestapo y, a los pocos días, deportada al campo de concentración de Dachau. Mario tenía entonces sólo tres años y medio. Afortunadamente, gracias a la previsión de su padre, o de su madre, el pequeño Mario no quedó tirado en la calle. Tal como habían acordado, la familia de Bolzano se hizo cargo de él.

Todo fue bien durante el primer año, pero entonces lo echaron de casa. Capecchi no entiende ni recuerda que fue lo que sucedió, tampoco ha sobrevivido nadie que pueda aclararlo. Tal vez, se les acabara el dinero, tal vez, fueran otros los motivos, pero con apenas cuatro años y medio, Mario tuvo que buscarse la vida por su cuenta. Su padre, estaba desaparecido en combate, y su madre, si es que vivía, estaría en el campo de Dachau.

Capecchi comenzó a vagar por la carretera que unía Bolzano con Verona y acabó uniéndose a varias pandillas de niños que estaban en su misma situación. Sin adultos que cuidaran de ellos, el grupo se las arreglaba para comer de lo que iban pillando en los caseríos y en las ciudades por las que pasaban. El propio Mario no lo oculta, eran una banda de ladronzuelos, tampoco es que tuvieran otra salida. Iban de un lugar para otro y se escondían donde podían para evitar ser atrapados. Su única preocupación era la de sobrevivir un día más. Durante este tiempo, Capecchi pasó por unos cuantos orfanatos, de los que se acababa escapando.

Pero las cosas se pusieron aún más feas para el pequeño Mario cuando un día comenzó a sentirse mal. Mario no recuerda muy bien lo que pasó, pero de repente un día de 1945 se encontraba en el pasillo del hospital de la ciudad de Reggio Emilia. Afortunadamente, parecía que algún buen samaritano lo había recogido de la calle y lo había llevado hasta allí. Padecía tifus y habría muerto de no haber sido tratado a tiempo por los médicos del hospital.

Su salud mejoraba, pero, sin padres, su futuro continuaba siendo incierto. Reconoce que varías veces se le pasó por la cabeza escaparse del hospital, como antes lo había hecho de los orfanatos. Pero, afortunadamente para Mario, esta vez la debilidad y las fiebres se lo impidieron. Aunque él casi no podía ni imaginarlo, un día de 1946, en la habitación de aquel mismo hospital iba a recibir una visita que cambiaría para siempre su vida, la de una mujer que él creía muerta, su madre. La sorpresa fue mayúscula para ambos.

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¿Cuánto tardarías en llegar en auto a un planeta del sistema solar?


Cuando conduzco de noche por alguna carretera, envuelto en la música de la radio, sin apenas tráfico en la carretera, suelo imaginarme que piso el acelerador y que, sencillamente, persigo el horizonte sin otro objetivo que comprobar hasta dónde sería capaz de llegar. Quizá a otro continente. Quizá dar la vuelta al mundo. Pero, cuando de verdad estoy en plan aventurero, entonces imagino algo más ambicioso.

Imagino que unos ingenieros nanotecnológicos han construido una autopista estelar de miles de años luz de longitud (aunque de apariencia de asfalto de toda la vida), y que acelero a toda velocidad por ella rumbo a las estrellas. Con un combustible infinito, y pisando siempre a fondo, ¿cuánto tardaría en llegar a otros planetas?

Si viajara a 100 km/h, tardaría nada menos que 160 días en llegar a la Luna. 5 meses. Si viajara a una velocidad de 120 km/h, entonces tardaría 3.200 horas cubrir los 384.000 kilómetros. Eso significa un total de 133 días de conducción sin parar, más de 4 meses.

Lo cierto es que el viaje se haría un poco largo. Imaginemos que piso a fondo y que alcanzo los 193 km/h. Llegar a Marte me representaría 134 años de viaje. Incluso a toda la velocidad que puede desarrollar mi coche, moriría de viejo antes de llegar al planeta más cercano a la Tierra (bien, teniendo en cuenta que allí fuera no hay gravedad ni rozamiento del aire sin duda desarrollaría velocidades mucho más altas, pero dejadme seguir con mi fantasía…).

A los 193 km/h de mi coche alcanzaría Júpiter en 459 años.

Saturno está casi el doble de distancia: 842 años de conducción ininterrumpida.

Si no bajara del coche ni para ir al aseo, llegaría finalmente a Neptuno en 2.497 años. Así que indudablemente resulta una empresa un poco infructuosa alcanzar las estrellas con un coche, por muy aventurero que se sienta uno.

Tomado de:

Gen Ciencia
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