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22 de febrero de 2012

La NASA te busca para que pruebes el nuevo menú espacial hawaiano

astrocomida

La NASA abrió una singular convocatoria para aquellos candidatos que sean aptos para una misión muy importante: Comer. El estudio está coordinado por investigadores de la Universidad de Cornell y la Universidad de Hawaii-Manoa.

El trabajo es relativamente sencillo, aquellos seleccionados tendrán que comer comida de astronauta por cuatro meses, mientras se simula un viaje a Marte. El experimento estará monitoreado por el gran hermano el equipo de científicos que grabarán cada reacción y descubrirán cuáles son las comidas preferidas de los tripulantes de las naves espaciales para así mejorar esos productos.

Serán seis ratones de laboratorio personas que comerán productos hechos con azúcar, harina o bien, carne seca. También, vestirán los pesados trajes de astronauta mientras pisan la cálida lava hawaiana. El período de entrenamiento durará dos semanas y tendrá una paga de USD$5.000 cuando finalice exitosamente el proyecto.

Pero aquí vienen las malas noticias, ya que no cualquier persona podrá participar. Se buscan aquellos graduados en ingeniería, biología, física, matemáticas o en ciencias de la computación con experiencia profesional. Tampoco podrás ser llamado si eres fumador o no hablas inglés (así que habrá que buscarse un buen curso). La fecha límite para realizar la solicitud del registro es hasta el 29 de febrero.

Un antecedente donde se simulaban las condiciones de una colonia espacial era Biosfera-2. En esa misión se buscaba generar todo un ecosistema sustentable en áreas inhóspitas, o bien, manipularlo e importarlo a otras partes de nuestro planeta. Algunos experimentos de reclusión o cuarentena fueron realizados entre 1991 y 1994, obteniendo resultados mixtos.

Fuente:

Fayer Wayer

El enigma de las rocas lunares desaparecidas

Una roca lunar en la casa del presidente

En 1985 el periodista colombiano Daniel Samper escribió un artículo en el que llamaba la atención sobre el paradero de un obsequio al estado colombiano. El regalo era la "piedra lunar" que el entonces presidente, Misael Pastrana, había recibido de la NASA, y la cual, según el periodista, parecía haber sido considerada por el presidente como un "regalo personal."

Una semana después la piedra, que no estaba en el Planetario Distrital, fue devuelta por Juan Carlos Pastrana, de parte de su padre.


Las rocas traídas de la luna fueron recogidas por dos misiones espaciales: las Apollo 11 y 17.

Hacia el final de la misión Apolo 17, concretamente el 13 de diciembre de 1972, Eugene Cernan y Harrison Schmitt, los últimos dos hombres en pisar la luna, recogieron una roca.

Cernan anunció: "Queremos compartir un trozo de esta piedra con todas las naciones del mundo".

Y su deseo de cumplió.

El presidente Richard Nixon ordenó que la roca, del tamaño de un ladrillo, fuera fragmentada y enviada a los cabeza de estado de 135 países y a los 50 estados de la unión norteamericana.

Cada "roca de la buena voluntad lunar" fue encapsulada en una bola de cristal y montada en una placa de madera con la bandera de la nación a la que iba dirigida.

Las piedras lunares recogidas durante la misión del Apolo 11 en 1969 también fueron enviadas de la misma manera y a los mismos destinatarios.

En total, unas 370 piezas lunares fueron recogidas entre ambas misiones. Unas 270 fueron repartidas entre los distintos países y 100 en los estados de EE.UU.

Pero de todas estas, 184 están perdidas: 160 en el mundo y 24 en los Estados Unidos.

Las rocas fueron entregadas a países como Afganistán o Trinidad y Tobago.

"El gobierno de Gadaffi recibió dos, y ambas están perdidas. Rumania también perdió su roca de la buena voluntad, recogida por el Apolo 17", cuenta Joseph Gutheinz Jr., abogado y ex agente de la NASA, conocido ya como "el cazador de rocas lunares".

Los números de las piedras lunares

El cazador de rocas lunares

Su obsesión comenzó en 1998, cuando, todavía en la NASA, puso en marcha un proyecto secreto llamado Operación Eclipse Lunar.

Gutheinz publicó un anuncio en el diario USA Today con la frase: "Se buscan rocas lunares", para atraer a todos aquellos estafadores que dijeran poseer una pieza.

"Lo que no esperaba era la llamada de una persona con una de las rocas auténticas. El poseedor de la piedra de Honduras me contactó."

La roca, que pesaba poco más de un kilo, fue ofrecida por US$ 5 millones.

Gutheinz no pagó, pero asegura que el precio le pareció razonable.

Señala además que las rocas no están siendo protegidas de la forma en la que debieran, y tanto la NASA como los países que las recibieron no están llevando a cabo una buena gestión en la elaboración de un inventario.

Cuenta que la única venta legal de material lunar de la que tiene conocimiento se produjo en 1993, cuando el gobierno ruso vendió en la casa de subastas Sotheby´s de Nueva York material de la misión espacial soviética Luna 16.

Un coleccionista privado pagó US$ 442.500 por 0,2 gramos de polvo lunar.

Con estos precios no es sorprendente que haya surgido un lucrativo mercado negro en torno a las rocas, sean estas reales o falsas.

Gutheinz señaló que una mujer en California supuestamente intentó vender una piedra lunar a través de Internet, y que intentos de vender las piezas de España y Chipre han sido bien documentados.

"Una vez ofrecí US$ 10.000 por la recuperación de la roca de la buena suerte de Malta, que fue robada, pero hasta ahora no he tenido ninguna noticia", dice.

"Sé que el ladrón no era un profesional ya que solo se llevó la roca, y no la placa que la autentifica", agrega.

Piedras lunares para dictadores, o que acaban en vertederos

Algunas piezas se perdieron en momentos de revolución o transición política. Los archivos nacionales de EE. UU. señalan que una de las rocas fue entregada al dictador rumano Nicolae Ceausescu, pero Gutheinz cree que fue vendida tras su ejecución.

Y también está la misteriosa historia de cómo, tras un incendio en un observatorio en Dublín, la piedra irlandesa del Apolo 11 acabó en un basurero con los restos del siniestro.

La búsqueda de rocas lunares de Joe Gutheinz comenzó en 1998.

"Sigue ahí, bajo toneladas de basura. Podría valer más de US$ 5 millones. Te diré donde está: en el vertedero Finglas de Dublín".

Debido a la magnitud del proyecto Gutheinz pidió ayuda a sus alumnos de la Universidad de Phoenix y del Colegio de Alvin, en Texas.

Hasta ahora, le han ayudado a rastrear unas 77, incluyendo las que fueron entregadas a los gobernadores de Colorado, Missouri y Virginia Occidental.

El doctor Carl Pieters, geólogo planetario en la Universidad de Brown, EE.UU, dice que los conocimientos arrojados por estas pequeñas piedras son incalculables.

"Siempre me sorprendo al trabajar con muestras de hace más de 4 billones de años. Son hermosas y no tienen los materiales erosivos que hay en la tierra".

"Las rocas lunares ofrecen un registro de algunos eventos del sistema solar que no podríamos obtener en ningún otro lado", comenta.

Aunque Joseph Gutheinz las compara con obras de arte, no todo el mundo es tan entusiasta con las rocas del espacio.

Francesa Gavin, curadora de arte y escritora basada en Londres, las describe como unas "cosas feas y pequeñas", pero no se opone a la idea de algún día verlas en una galería de arte.

"Las piedras lunares podrían ser vista como obras de arte, particularmente en relación a la tradición china de las piedras filosofales como obras que ocurren de forma natural y que representan el universo en forma microcósmica", afirma.

Pero Gavin no cree que las rocas tengan un valor tan alto, y cuestiona la forma en la que son presentadas como regalos de buena voluntad.

"La placa marrón, el texto y la bandera son un poco molestos para el ojo", afirma.

Gutheinz admite que nunca conseguirá recuperar todas las rocas lunares –algunas están ya en colecciones privadas- pero asegura que hay algunas que le interesan especialmente.

"Con seguridad la roca de Malta. Definitivamente me gustaría recuperarla, y a la roca rumana también. Si voy a Europa, le seguiré la pista. Tengo algunas ideas sobre cómo hacerlo", admite.

"Y me encanta la historia de la piedra irlandesa: ese tesoro escondido bajo un vertedero".

Fuente:

BBC Ciencia

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Un huracán cósmico en un agujero negro

Recreación artística del sistema 'IGR J17091-3624'. | NASA/CXC/M.Weiss

Recreación artística del sistema 'IGR J17091-3624'. | NASA/CXC/M.Weiss

El observatorio Chandra de rayos X de la NASA ha captado fuertes vientos en la región de un agujero negro con masa estelar. La recreación artística realizada por la agencia espacial estadounidense muestra un sistema binario que contiene un agujero negro con masa estelar denominado 'IGR J17091-3624', o 'IGR J17091'. La fuerte gravedad del agujero negro, a la izquierda, está apartando gas de la estrella, a la derecha.

Este gas forma un disco de gas caliente alrededor del agujero negro. La velocidad de este viento, es según la NASA, la más alta que se ha observado en un disco de gas de estas características y es diez veces superior a lo que se había registrado con anterioridad. La velocidad es de 20 millones de millas por hora (unos 32 millones de kilómetros por hora) o un 3% la velocidad de la luz

Estos agujeros negros con masa estelar se originan cuando estrellas extremadamente masivas colapsan y normalmente tienen entre cinco y diez veces la masa del Sol.

Los científicos de la NASA creen que este viento que procede de un disco de gas que rodea el agujero negro, podría llevar mucho más material que el que el agujero negro está capturando.

Sistema binario

"Esto es como el equivalente cósmico de vientos de un huracán de categoría cinco", señala Ashley King de la Universidad de Michigan, en un comunicado difundido por la NASA. "No esperábamos ver unos vientos tan fuertes en un agujero negro como este", explica.

La velocidad del viento en el agujero conocido como IGR J17091 es equivalente a la de algunos de los vientos más rápidos generados por agujeros negros supermasivos, que son millones o incluso miles de millones de veces más masivos.

IGR J17091 es un sistema binario en cuya estrella central, equivalente a nuestro sol, orbita el agujero negro. Se encuentra en el saliente de la Vía Láctea a unos 28.000 años luz de la Tierra.

"Contrariamente a la percepción popular de que los agujeros absorben toda la materia a la que se acerca, creemos que hasta el 95% del material que hay en el disco alrededor de IGR J17091 es expulsado por el viento", afirma King.

Como curiosidad, los expertos explican que a diferencia de los vientos de los huracanes en la Tierra, el viento de IGR J17091 sopla en muchas direcciones diferentes.

Fuente:

El Mundo Ciencia

La factoría de soles más cercana

El astrónomo Rafael Bachiller nos descubre en esta serie los fenómenos más espectaculares del Cosmos. Temas de palpitante investigación, aventuras astronómicas y novedades científicas sobre el Universo analizadas con profundidad.

Una nueva imagen tomada con el radiotelescopio APEX (Atacama, Chile) por los astrónomos españoles Álvaro Hacar y Mario Tafalla (Observatorio Astronómico Nacional), IGN) revela los detalles de la región más cercana de la Tierra donde se están formando estrellas similares a nuestro Sol.

Nubes entre las estrellas

El espacio entre las estrellas está poblado por grandes masas de gas (principalmente hidrógeno) que forman nubes interestelares. Además del gas, estas nubes contienen una pequeña cantidad de polvo interestelar: pequeñas partículas de material sólido compuestas esencialmente por grafito y silicatos. Este material polvoriento sólo es una centésima parte de la masa de las nubes, pero actúa como una pantalla oscura que bloquea la luz visible de las estrellas que están situadas detrás. Por eso las nubes cercanas (que tienen pocas estrellas entre ellas y la Tierra) aparecen como grandes regiones negras en las fotografías, y reciben el nombre de nubes oscuras.

Las Nubes oscuras de Taurus observadas en el visible. | DSS2, D. De Martin

Las Nubes oscuras de Taurus observadas en el visible. | DSS2, D. De Martin

Aunque estas nubes son predominantemente poco densas (con unos centenares o miles de partículas por centímetro cúbico), algunas regiones pueden llegar a alcanzar densidades mucho más altas debido a la acción gravitatoria. Las regiones más densas acaban desplomándose sobre sí mismas (por no poder soportar su propio peso) dando lugar a la formación de estrellas. El estudio de este proceso de formación estelar es de sumo interés, pero su observación reviste una gran dificultad debido a la pantalla de polvo que esconde lo que está sucediendo en el interior de la nube.

Taurus y sus nubes cercanas

El cuadrado rojo indica la zona estudiada en la constelación de Taurus. | ESO, IAU, Sky & Telescope

El cuadrado rojo indica la zona estudiada en la constelación de Taurus. | ESO, IAU, Sky & Telescope

En la constelación de Taurus, a unos 450 años-luz de distancia, se encuentran algunas de las nubes oscuras más próximas a la Tierra de las que contienen una intensa actividad en formación estelar. Se trata de nubes poco masivas que solo son capaces de formar estrellas similares al Sol o más ligeras. El estudio de las nubes cercanas de Taurus tiene mucha utilidad para el estudio de la formación estelar, y más concretamente para comprender cómo se formó nuestro Sol, pues es aquí donde las observaciones pueden revelar el máximo nivel de detalle. En otras nubes más lejanas, como las situadas en Orión, se observa la formación de estrellas mucho más masivas, que pueden alcanzar varias decenas de masas solares.

Dentro de las nubes oscuras

¿Cómo saber los que se esconde tras la pantalla polvorienta de las nubes? Afortunadamente el mismo material polvoriento que absorbe la luz óptica, emite ondas de radio y en el infrarrojo lejano (longitudes de onda milimétricas y submilimétricas). Estas longitudes de onda son las que corresponden a la bajísima temperatura media que impera en estas regiones, que ronda los 260 grados Celsius bajo cero (esto es, tan solo unos 10 grados por encima del cero absoluto). Observando estas emisiones con radiotelescopios resulta posible revelar, y estudiar con un alto grado de detalle, las regiones en que nacen las estrellas.

El filamento que absorbe la luz visible (izquierda) emite ondas de radio (derecha). | ESO/APEX (MPIfR/ESO/OSO), DSS2, D. De Martin -A. Hacar et al.

El filamento que absorbe la luz visible (izquierda) emite ondas de radio (derecha). | ESO/APEX (MPIfR/ESO/OSO), DSS2, D. De Martin -A. Hacar et al.

El filamento observado recientemente en Taurus tiene una longitud de unos 10 años-luz. Su zona superior-derecha recibe el nombre ‘Barnard 211’, mientras que la inferior-izquierda se denomina ‘Barnard 213’. Como muestra la figura adjunta, resulta muy aleccionador comparar la fotografía obtenida en el visible con las nuevas observaciones realizadas en ondas de radio. Una comparación más detallada puede realizarse deslizando el ratón sobre la imagen en este enlace.

El filamento, de aspecto sinuoso o tentacular, no es una estructura homogénea, sino que posee regiones con fuertes contrastes en densidad. El estudio detallado de tales zonas ha revelado que en Barnard 211 hay varios núcleos colapsando y haciéndose progresivamente más densos, mientras que en Barnard 213 se encuentran varias protoestrellas ya formadas. De hecho, los dos puntos más intesos sobre esta zona representan a estrellas que se formaron en los últimos 100.000 años, muy similares a nuestro Sol en su 'juventud'. Aunque relativamente brillantes en ondas milimétricas, estos objetos son aún completamente invisibles en el óptico. En el puente de materia que une a estas dos protoestrellas hay regiones donde ya se están formando otras.

Comparando tales regiones, en etapas progresivamente más avanzadas de formación estelar, es posible reconstruir el proceso de nacimiento de las estrellas. Este es un proceso complicado en el que tanto la gravedad como la hidrodinámica y el magnetismo juegan papeles fundamentales. Diferentes mecanismos físicos concurren, y a veces compiten, antes de que la zona más interior alcance la densidad y temperatura suficientes para desencadenar el inicio de reacciones de fusión nucleares. Esta actividad nuclear es lo que hace que el objeto se 'encienda', marcando así el nacimiento de una nueva estrella.

Desde Atacama

El radiotelescopio APEX en Atacama. | ESO.

El radiotelescopio APEX en Atacama. | ESO.

La imagen fue obtenida por los astrónomos del Observatorio Astronómico Nacional (IGN), Álvaro Hacar y Mario Tafalla, utilizando el radiotelescopio APEX (Atacama Patfinder Experiment), que se encuentra emplazado en los Andes Chilenos, concretamente en el Llano de Chajanantor, desierto de Atacama, a 5.000 metros de altitud.

Para esta observación, la antena parabólica de 12 metros de diámetro de APEX iba equipada con la cámara bolométrica denominada LABOCA que incluye unos 300 píxeles con detectores de banda muy ancha, lo que la convierte en la mayor cámara del mundo en su género.


También interesante

  • La designación 'Barnard 211' se refiere al objeto 211 del catálogo de 370 regiones oscuras del cielo que fue compilado por el astrónomo norteamericano Edward Emerson Barnard (1857-1923) a principios del siglo XX mediante una exploración fotográfica.

  • Además de las nubes oscuras, Barnard descubrió el segundo sistema estelar más próximo a la Tierra. Se trata de una pequeña estrella del tipo 'enana roja', que se encuentra a 6 años-luz de distancia, y que recibe el nombre de 'estrella de Barnard'. El sistema estelar más próximo a la Tierra, Alfa Centauri, contiene tres estrellas situadas a una distancia media de unos 4,4 años-luz.

  • La antena parabólica de altísima precisión del radiotelescopio APEX es similar a las que constituyen el interferómetro ALMA (El Gran Interferómetro de Atacama). Además de realizar su trabajo científico propio, APEX ha servido para realizar desarrollos técnicos de interés para ALMA. Ambos instrumentos están situados en el mismo Llano de Chajanantor. Se trata del observatorio astronómico más alto, más seco, y de cielos más transparentes, de los de nuestro planeta.
  • Fuente:

    El Mundo Ciencia

Quince años del anuncio de la clonación de la oveja Dolly

Un avance de la ciencia y una polémica de la moral. ARCHIVO

  • La existencia de Dolly se divulgó hasta el 23 de febrero de 1997
  • Ese experimento demostró que las células se pueden modificar y pueden ser estudiadas para eventualmente llegar a entender enfermedades que aún no comprendemos y desarrollar una curación

    La oveja Dolly, el primer mamífero clonado, generó una "nueva forma de pensar" en el mundo científico y abrió la puerta a nuevos tratamientos contra las enfermedades, aseguró a Efe su creador, el británico Ian Wilmut.


Mañana se cumplen quince años desde que el anuncio del nacimiento de la primera oveja clónica, a partir de una célula adulta, revolucionara a la ciencia y desatara, a la vez, un intenso debate moral.

El artífice de Dolly dijo en entrevista con Efe que ese experimento "demostró que las células se pueden modificar" y pueden ser estudiadas para eventualmente llegar a entender "enfermedades que aún no comprendemos" y desarrollar una curación.

"Si bien es una exageración afirmar que podemos cambiarlas de la manera que queramos, sí podemos hacerlo de muchísimas formas que eran completamente inimaginables antes de que naciera Dolly", reflexionó el científico escocés.

Mediante el desarrollo de nuevos procedimientos científicos que han tomado como punto de partida el caso de Dolly, Wilmut consideró que "quizás en un plazo de entre cinco y veinte años podamos obtener los medicamentos que traten enfermedades como el Parkinson o enfermedades neuronales".

De raza "Finn Dorset", la oveja más famosa del mundo nació el 5 de julio de 1996 en el Instituto Roslin de Edimburgo (Escocia), después de que un grupo de científicos extrajeran de una célula adulta el núcleo con material genético para introducirlo en un óvulo previamente "enucleado" (al que se le ha extraído los cromosomas) de otra oveja.

Mediante ese procedimiento se obtuvo un embrión genéticamente idéntico al adulto, del que se extrajo la célula de partida y que se implantó en el útero de la madre portadora, en cuyo vientre se desarrolló el feto.

La existencia de Dolly no se divulgó, sin embargo, hasta siete meses después, el 23 de febrero de 1997.

Posteriormente, en 1998, la oveja fue cruzada de modo natural con un carnero de montaña galés, quedó preñada y se la mantuvo en cuarentena para evitar un aborto antes de parir una cordera, "Bonnie". Ello demostró que un animal clonado era fértil y podía tener una cría sin problemas.

Wilmut, quien actualmente trabaja en el Centro de Medicina Reproductiva (parte de la Universidad de Edimburgo), subrayó en declaraciones a Efe que su experimento "fue pionero y abrió el camino a que otros expertos desarrollaran procedimientos encaminados a curar enfermedades en humanos".

El "padre" de Dolly puso como ejemplo a una empresa estadounidense que llevó a cabo cambios genéticos en ganado para que los animales produjeran anticuerpos humanos, lo que consideró "un enorme logro técnico".

Otro grupo de expertos norteamericanos trabajaron con cerdos, a los que modificaron su error genético de forma que fuera el mismo que el los niños y probar así nuevos tratamientos, "lo que acelera el proceso de obtención de un medicamento efectivo que pueda emplearse en menores por primera vez".

"Hay muchas enfermedades que no comprendemos y una manera de estudiarlas para poder fabricar medicamentos es producir animales que tengan esa misma enfermedad", dijo el científico inglés.

Según un portavoz del Instituto Roslin, el caso de Dolly "proporcionó la evidencia de que el destino de las células no es definitivo: una célula puede ser reprogramada para cambiar su función".

Ese concepto, añadió, "ofrece un enorme potencial para avanzar en nuestra capacidad para superar muchas enfermedades".

Dolly también desató un intenso debate moral acerca de los límites éticos de la ciencia frente a las posibilidades de crear vida por medios artificiales y provocó discusiones acerca de la legitimidad de intentar la clonación de seres humanos o de órganos con fines terapéuticos.

El punto de vista de Wilmut, quien ya entonces se opuso firmemente a esa posibilidad, no ha cambiado.

"No es posible clonar humanos; no hay primates clonados. No entendemos porqué pero hay algo diferente en el desarrollo inicial de los primates que hace que los actuales procedimientos de clonación no funcionen", explicó.

Dolly murió en 2003 a los seis años porque los científicos decidieron sacrificarla a causa de una infección pulmonar que padecía, no sin antes haber revolucionado a la comunidad de científicos.

Fuente:

La Información (México)

La supuesta plaga de medusas, en tela de juicio

Un ejemplar de 'Cotylorhiza tuberculata' o medusa huevo frito en el Mediterráneo. | CSIC

Un ejemplar de 'Cotylorhiza tuberculata' o medusa huevo frito en el Mediterráneo. | CSIC

Un estudio internacional con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) concluye que no hay "evidencias concluyentes" de que se esté produciendo un aumento global de las poblaciones de medusas en los océanos.

El aumento de noticias sobre plagas de medusas en los medios de comunicación y las discrepancias en informes climáticos y científicos han motivado el artículo, que aparece publicado en el último número de la revista 'Bioscience'.

El supuesto aumento de medusas es un fenómeno que ha impactado visiblemente en las playas de todo el mundo en los últimos años y que preocupa a los pescadores y bañistas. Sin embargo, para el grupo de expertos que ha liderado este nuevo trabajo no existen "evidencias concluyentes" de que se esté produciendo un crecimiento global de estas poblaciones.

Según los investigadores, las poblaciones de medusas han crecido en algunas regiones, mientras que en otras, han descendido o fluctúan entre décadas. Los científicos creen que la clave para resolver la cuestión se encuentra en comprender los datos obtenidos a largo plazo.

"La importancia del trabajo reside en que a partir de ahora pondremos en común los datos y seremos capaces de apoyar las teorías con datos científicos contrastados y no con especulaciones", indica Carlos Duarte, investigador del CSIC y miembro del Global Jellyfish Group, un consorcio de 30 expertos en organismos gelatinosos, climatología, oceanografía y socioeconomía.

Para monitorizar la evolución de estas poblaciones, los científicos trabajan ya en una base de datos global con información recopilada desde 1750 y que, cuando esté finalizada, estará integrada por unos 500.000 datos.

La iniciativa del Global Jellyfish Group se desarrolla en el marco del National Center for Ecological Analysis and Synthesis, un centro asociado a la Universidad de California en Santa Bárbara (Estados Unidos).

Fuente:

El Mundo Ciencia

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