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18 de octubre de 2010

En Kenia construyen un avión "hecho a mano"



Gabriel Nderitu, un trabajador de I.T. de Kenia, está terminando de armar su propio avión. Si todo sale bien, esta semana Nderitu, de 42 años, se convertirá en el primer keniata en volar con un avión construido “artesanalmente”.

Para la construcción contó con la ayuda de cinco hombres. Él mismo reconoció que para el desarrollo de su nave no trató de innovar, sólo estudió algunos aviones y trató de copiarlos. Pasó 6 meses investigando en internet y alrededor de un año armándolo. Lo que salió de eso es un avión impulsado por un motor Toyota, que mueve una hélice de 1,8 metros a 4000 rpm.

El avión pesa 770 kilos, gracias a las placas de aluminio que se usaron para las alas y alerones. Además se puede desarmar para hacer más fácil su transporte.

Nderitu, que no es ingeniero y no tiene experiencia en aviación, dice querer completar el avión aunque no logre volarlo:

Si un hombre dice “Quiero construir un avión” parecería que es de la luna, o de otra parte. Y si pasa, si al menos se levanta, aunque sea 1 metro, demuestra que lo lograste.

La prueba del avión sería esta semana, sobre la ciudad de Kitengela en Kenia. Después del salto, una nota que le hicieron a la historia en la televisión.







Tomado de:

Fayer Wayer
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La esperanza de vida de los electrodomésticos


Siempre nos vemos rodeados de tecnología, pero algo muy especial pasa con los aparatos domésticos, estos ya son casi imprescindibles para la vida diaria y al igual que todos los demás tienen una esperanza de vida promedio, más allá del tiempo de la garantía. Aunque dependa de la marca y el modelo, siempre es bueno conocer los datos promedio para guiarnos al momento de decidir comprar uno nuevo.

Horno de Microondas: 9 años
Refrigerador compacto: 9 años
Refrigerador estándar: 13 años
Lavaplatos: 9 años
Triturador de basura: 12 años
Estufa eléctrica: 13 años
Estufa de gas: 15 años
Campana de estufa: 14 años
Congelador: 11 años
Lavadora: 10 años
Secadora eléctrica: 11 años
Secadora de gas: 10 años
Horno: 15 a 20 años
Calefacción eléctrica: 11 años
Calefacción por gas: 11 años
Detectores de humo: 5 a 10 años
Sistemas de seguridad: 5 a 10 años

Con esta pequeña lista como base, podremos calcular si sería rentable cambiar nuestro antiguo aparato por uno más moderno y ecológico, sobre todo en el refrigerador es en el que se puede sentir mayor cambio en el consumo de electricidad.

Fuente:

iBorquez

No obligue a los niños a leer antes de tiempo



Actualmente muchos padres andan un poco obsesionados con enriquecer la vida intelectual del niño, cuanto antes mejor, a fin de que el niño se convierta en un adulto más inteligente. Poniendo música de Mozart cuando todavía está en el útero, por ejemplo.

O quizá intentado que el niño empiece a leer cuanto antes mejor.

Pero los niños son como la vitamina C. Una vez que tomas la dosis mínima necesaria de vitamina C, tomar más no redunda en una salud mejor. De igual modo, una vez que el niño se cría en un ambiente de riqueza sensorial normal (es decir, que no permanece, por ejemplo, encerrado en un armario durante años), los niños crecen más o menos siguiendo patrones genéticos, no ambientales.

Echar manos de los programas de prelectura para que el niño obtenga una ventaja intelectual a posteriori, pues, es una pérdida de tiempo. Y existen razones neurológicas que lo confirman.

El acto de leer depende de la capacidad de nuestro cerebro para relacionar e integrar diversas fuentes de información. En concreto, el área visual con las áreas auditiva, lingüística y conceptual. Esta integración depende de la maduración independiente de cada zona y de la velocidad a la que esas zonas pueden ser conectadas e integradas.


El mejor material conductor de la naturaleza, la mielina, forma una capa de
envuelve los axones. Cuanta más mielina reviste el axón, con más rapidez puede la neurona conducir su carga. El aumento de mielina sigue un calendario de crecimiento que difiere de una región a otra del cerebro (por ejemplo, los nervios auditivos se mielinizan en el sexto mes de embarazo; los nervios ópticos, en el sexto después del parto).


En la mayoría de casos, las regiones que necesitan están mielinizadas para leer no lo están lo suficiente hasta los 5 años de edad, o incluso después.

En un estudio realizado por la especialista en lectura Usha Goswami y su equipo, se descubrió que los niños europeos que aprendían a leer a los 5 años lo hacían peor que aquellos que empezaban a leer a los siete. De modo que, si nos esforzamos para que un niño aprenda a leer demasiado precozmente, ello puede ser contraproducente para su aprendizaje.

Por supuesto, existen excepciones de niños que empiezan a leer antes. La escritora Penélope Fitzgerald lo hico a los 4 años. Pero en general, lo más apropiado para el desarrollo óptimo de los niños es que dejemos que sean niños.

Fuente:

Gen Ciencia

El hombre supersónico

Flash existe. Speddy González versión humana. El Correcaminos supersónico antropomórfico. Se llama Brian Udell, y es el hombre supersónico.

Y es que, a rebufo del artículo que dediqué a lo que pasa cuando somos eyectados de un avión, Udell se considera el único piloto que ha logrado sobrevivir a una eyección al nivel del mar desde un avión supersónico que superaba la velocidad Mach 1 (la velocidad del sonido).
Es cierto que hay aviadores que han sobrevivido a eyecciones a velocidades supersónicas, pero siempre a altitudes mayores, como los pilotos de reconocimiento del SR-71, que saltaron del avión volando por encima de 22.000 metros. Pero a esas alturas, el aire es escaso y, en consecuencia, las fuerzas de impacto en realidad son menos intensas que las que se desencadenan a alturas menores.

Por ello, Udell tuvo que soportar una carga sostenida de 45 g (Udell pesaba 88 kg, de modo que se enfrentó a fuerzas g de más de 4.000 kg, el equivalente a un tráiler que hubiera aparcado encima de él).


Lea el artículo completo en:


17 de octubre de 2010

El MIT diseña un equipo de desalinización solar portátil para crisis humanitarias


Cuando se produce una catástrofe como el último terremoto de Haití, uno de los recursos más escasos y necesarios suele ser el agua potable. Un equipo de investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) acaba de presentar un sistema portátil que permitiría aprovechar la energía del sol para desalinizar agua de forma rápida y sencilla y que podría ser transportado fácilmente a lugares donde se necesita de manera urgente.

El equipo, encabezado por Steven Dubowsky, ha construido un pequeño prototipo para comprobar que sus cálculos son correctos. El aparato que veis en las imágenes, aceleradas mediante la técnica de timelapse, es capaz de desalinizar más de 300 litros de agua en un día aprovechando la energía solar. Según informan en MIT News, los ingenieros estiman que una versión más grande del aparato costaría unos 6.000 euros y podría filtrar casi 4.000 litros de agua salada cada día. Un avión de transporte militar C-130, calculan, podría transportar hasta una docena de unidades, suficientes para proveer de agua a unas 10.000 personas.






Aunque se han diseñado otros sistemas portátiles de desalinización, éste cuenta con la ventaja de aprovechar una forma de energía accesible como es la solar, lo que permite usarlo en lugares donde no se tiene acceso a la red eléctrica. ¿Cómo funciona el sistema? Mediante ósmosis inversa, es decir, un sistema de filtración mediante presión que “libera” al agua de las sales minerales. El proceso podría resumirse así: el sol alimenta los paneles, la energía eléctrica se usa para empujar el agua a través de varios filtros a alta presión y atraviesa una membrana que la desaliniza.

Para evitar que las variaciones de luz solar afecten de manera definitiva al rendimiento de la desalinizadora, los ingenieros la han programado para que se adapte a los cambios de manera inteligente. En condiciones de mucho sol, explican, el prototipo extrae más agua. Cuando se pone nublado, el sistema funciona a menos rendimiento, pero no se detiene.

Enlace: In The World: Drinking water, from sunshine (MIT News)

Tomado de:

Amazings

Las canas y el sindrome de María Antonieta




Así se le llama, sin más, el Síndrome de María Antonieta; es esa historia que se cuenta de que una noche de terror nos lleva a un amanecer de pelo blanco. La Reina María Antonieta fue condenada a la guillotina por el Terror, en la Revolución Francesa, y fue la última noche antes de subir al cadalso la que encaneció su pelo.


Gerald Weissmann, editor del FASEB Journal, asegura que algo parecido, no tan espectacular, les ha ocurrido a Barack Obama y a Sarah Palin después del verano de 2009, marcado por un duro debate político sobre el sistema de salud de Estados Unidos.

Ambos llegaron al otoño con más canas de las que tenían en primavera. Es decir, está asumido que el estrés (¿es comparable el estrés que provoca el debate político y la pena de muerte) provoca canas. Por cierto, la literatura, la historia, y en menor medida la bibliografía médica, abundan en anécdotas sobre cómo el terror emblanquece las sienes, la barba o todo el pelo de la cabeza, que es el habitualmente visible sin provocar escándalo. J.E. Jelinek, de la Universidad de Nueva York, hizo una interesante revisión de todo esto en 1972. Allí desfilan la Biblia, Shakespeare, sir Walter Scott, Carlyle o Lord Byron. Fernando el Católico y su nieto, Carlos V, están entre los soberanos que perdonaron a delicuentes condenados a muerte al descubrir, en la mañana de la ejecución, como habían encanecido en la espera. Pero este síndrome, este súbito encanecimiento por el estrés, todavía está en debate entre los expertos en este campo.

Ahora nos podemos preguntar cuál es el mecanismo que convierten el pelo en canas. Si es por envejecimiento, según nos explican J.M. Wood y su grupo, de la Universidad de Bradford, en Inglaterra, se deben al agua oxigenada (o peróxido de hidrógeno) o a los radicales libres, en general. Es curioso que se utilice el agua oxigenada para aclarar el pelo y que sea este el mecanismo natural de aparición de las canas. El pelo es oscuro porque lleva melanina, y ésta es producida por unas células especializadas llamadas melanocitos. En el proceso de síntesis de la melanina aparece, como subproducto, agua oxigenada que es tóxica y es eliminada por la enzima catalasa. Con el envejecimiento, se fabrica menos catalasa, aumenta la concentración de agua oxigenada y el pelo pierde color según se forma y crece.
Por otra parte, hay multitud de estresantes que dañan el ADN: desde radiaciones hasta productos químicos, desde la luz ultravioleta a las radiaciones ionizantes, desde los agentes que producen mutaciones hasta moléculas que produce nuestro organismo (por ejemplo, el agua oxigenada). Ken Inomata y su equipo, de la Universidad Kanazawa de Ishikawa, en el Japón, utilizan radiaciones en ratones para estudiar este fenómeno. Comentan que el ADN de una célula puede llegar a tener, en un día, unos 100000 encuentros con sucesos que pueden dañar su ADN. Habitualmente, el ADN dañado en una célula supone la puesta en marcha de mecanismos de la propia célula que o reparan el ADN o la suicidan.

Antes he mencionado los melanocitos como células de síntesis de la melanina y, en último término, del color de los cabellos. Cuando un melanocito desaparece, se diferencia otro a partir de la división de una célula madre de melanocitos; esta división nos da el melanocito que falta y una célula madre que permanece para dividirse en más melanocitos en el futuro, cuando sea necesario.

Sin embargo, en el envejecimiento, las células dañadas por el estrés no son reemplazadas por el resultado de la división de la célula madre sino por la propia célula madre que se convierte en melanocito. Esto significa que, según van desapareciendo las células, no hay lugar para producir nuevos melanocitos, estos serán cada vez menos, habrá menos melanina y el pelo terminará blanco.

En resumen, en el envejecimiento, las canas provienen de agua oxigenada y radicales libres, por falta de catalasa, y en el segundo desaparece, por la radiación y daños en ADN, de las células madre origen de los melanocitos, y a menos melanocitos, menos melanina.

Fuente:

La Biología Estupenda
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