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18 de junio de 2012

¿Cómo era el Amazonas antes de la llegada de los europeos?





Las poblaciones precolombinas que vivieron en el centro y oeste de la cuenca del Amazonas formaban sus asentamientos cerca de ríos y lagos, pero su presencia apenas tuvo impacto sobre la zona, ya que ni deforestaron ni modificaron grandes áreas de terreno. Estos son los resultados de un estudio, publicado en Science, que ha analizado más de 200 muestras de suelo para buscar evidencias de presencia e impacto humano en la zona.

La cuenca del Amazonas es uno de los lugares en los que se concentra la mayor biodiversidad del planeta. Por eso, el esfuerzo por conocer el impacto que los humanos han tenido en ella durante el pasado es importante para predecir cómo evolucionará en el futuro y mejorar las políticas de gestión y conservación.

Los investigadores recogieron muestras de suelo de diferentes puntos en el centro y oeste del Amazonas y las compararon con otras procedentes de lugares en los que hay evidencias arqueológicas de presencia humana. Los resultados revelaron que, en las zonas muestreadas, el hombre se estableció en poblaciones pequeñas e impactó poco sobre el medio. "Mientras que se sabe que en el Este del Amazonas hubo grandes asentamientos humanos, nuestros datos indican que las adaptaciones culturales fueron distintas en el centro y oeste, donde quedaron grandes áreas sin alterar", ha explicado Mark Bush, del instituto Tecnológico de Florida (EEUU).

Los resultados sugieren que en estas zonas hay grandes superficies de bosques vírgenes, mucho más vulnerables a la actividad humana que aquellas áreas que han soportado históricamente la deforestación y el impacto del hombre. "La impresionante biodiversidad del Amazonas no es consecuencia de la presencia humana en el pasado", ha indicado Bush, "por eso no podemos asumir que estos bosques van a ser resistentes a las perturbaciones, ya que nunca han sido alterados".




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¿Qué desató la epidemia de obesidad en el mundo?

En las últimas tres décadas las tasas de obesidad global se han duplicado y ahora viven en el mundo más de 500 millones de personas obesas.

Joven comiendo pastel

Algunos científicos creen que hay algo en la fructosa que está causando adicción.

Este exceso en el peso corporal está causando tres millones de muertes cada año, según cifras de la Organización Mundial de la Salud.

Pero ¿qué fue lo que causó está epidemia?

Algunos culpan a nuestro estilo de vida, que nos ha vuelto cada vez más sedentarios, pasando horas sentados frente al computador o la televisión.

Pero otros expertos creen que los responsables son los alimentos que comemos. Y más específicamente, dicen, las enormes cantidades de azúcar que consumimos.

"Genéticamente, los seres humanos no hemos cambiado, pero nuestro ambiente y nuestro acceso a la comida sí han cambiado", explica a la BBC el profesor Jimmy Bell, especialista en obesidad del Imperial College de Londres.

"Todos los días estamos siendo bombardeados por la industria alimentaria para que consumamos más comida".

"Es una guerra entre nuestro cuerpo y las demandas de nuestro organismo con el acceso a la comida que se tiene en una sociedad moderna. Y como científico me siento realmente deprimido, porque estamos perdiendo la batalla contra la obesidad" agrega.

Uno de los más grandes cambios en nuestra dieta se remonta a los años 70, cuando la industria agrícola de Estados Unidos se embarcó en la producción masiva del maíz y del jarabe de maíz de alta fructosa, comúnmente utilizado hoy en todo el mundo como edulcorante en alimentos procesados.

Esto provocó un incremento masivo en las cantidades de alimentos baratos abastecidos a los supermercados estadounidenses: desde cereal hasta galletas de bajo precio.

Como resultado, las hamburguesas se hicieron más grandes y las papas fritas se hicieron más grasosas.

Esto, según la nutricionista Marion Nestle, preparó el terreno para la epidemia de obesidad.

"El número de calorías producidas en Estados Unidos, y disponibles a los consumidores estadounidenses, se incrementó de 3.200 por persona en los años 70 a 3.900, casi el doble de lo que un individuo necesita".

"Este incremento es enorme y pienso que es la causa de muchos problemas", señala.

¿Adictivo?

El jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF) es un subproducto de desecho del maíz, increíblemente azucarado e increíblemente barato.

Al principio se le utilizaba en casi todos los alimentos: pizza, ensaladas, carne, pasteles y pan.

Para mediados de los años 80 el JMAF ya había reemplazado al azúcar en las bebidas gaseosas, lo cual tenía sentido para la industria, ya que era un 35% más barato.

Pero según algunos científicos, además de más dulce, también es más adictivo que el azúcar.


En un principio, el jarabe de maíz de alta fructosa se utilizaba en pizzas, ensaladas, pasteles y toda clase de comidas.

Y esto, dicen, ha provocado que en las últimas dos décadas el consumo promedio de estas bebidas se duplique.

La industria, por su parte, afirma que este incremento no ha causado la epidemia de obesidad, sino el hecho de que la gente consume demasiadas calorías.

"Ciertamente nuestras bebidas gaseosas regulares son una fuente de calorías, pero si tú consumes muchas calorías y ves mucha televisión o no haces suficiente ejercicio, es claro que tendrás un problema", afirma Susan Neely de la Asociación Estadounidense de Bebidas Gaseosas.

Pero el doctor Jean-Marc Schwarz del Hospital General de San Francisco cree que lo peligroso es la enorme cantidad de fructosa que consumimos en todo el mundo.

"Ésta no tiene un efecto tóxico como el plomo o el mercurio, lo que es tóxico es la cantidad que se consume", dice.

La fructosa se convierte fácilmente en grasa en el cuerpo y los científicos han descubierto que también suprime la función de una hormona vital llamada leptina.

Se cree que esta hormona controla la regulación del hambre y apetito en el cerebro.

Cuando el hígado se ve inundado con azúcar, la leptina deja de funcionar y el organismo no sabe cuando está lleno.

"Esto provoca que tu cerebro piense que te estás muriendo de hambre aunque acabes de comer. Lo cual causa un círculo vicioso de consumo, enfermedad y adicción", dice a la BBC el doctor Robert Lustig, profesor de endocrinología de la Universidad de California, en San Francisco.

"Y esto explica lo que ha ocurrido en todo el mundo" agrega.

Grasa por azúcar

Pero hace dos décadas surgió un fuerte debate entre los expertos sobre lo que estaba causando el incremento de enfermedades cardiovasculares, que en gran parte eran provocadas por el aumento en el peso corporal.

Se dijo que el responsable quizás no era el azúcar sino las grasas.

Esto condujo a un nuevo término en nuestros hábitos de consumo: los alimentos "bajos en grasas".

Estos productos no sólo prometieron enormes ganancias para la industria, sino también acabar con el potencial desastre de salud de las enfermedades del corazón.

De la noche a la mañana, todo el mundo comenzó a comprar yogur, margarinas, postres y galletas "bajos en grasas".

Pero gran parte de la grasa que se retiró a estos productos fue reemplazada con azúcar.

Para cuando los científicos se dieron cuenta de que quizás no era buena idea reemplazar grasa por azúcar, ya era demasiado tarde: el mundo estaba enfrentando una crisis de obesidad.

Hoy, cada vez más expertos están comenzando a pensar que hay algo específico en la fructosa que está acelerando la obesidad.
"Si la grasa fuera la causa, esto no sería tan malo", dice el doctor Lustig.

"Pero si la causa es el azúcar, esto sí es algo desastroso. Y creo que con lo ocurrido en los pasados 30 años hemos respondido ya a esa pregunta", agrega el científico.

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El desafío verde de Río de Janeiro, ciudad de cumbres ecológicas


La cumbre de Río de Janeiro espera volver a encender la agenda ecologista global.

Río de Janeiro, la ciudad brasileña que este mes acogerá una reunión crucial de las Naciones Unidas sobre desarrollo sustentable, libra consigo misma una batalla para mantener la etiqueta de urbe verde y natural que suele reivindicar.

Conocida por su costa atlántica y morros tupidos de vegetación, la Cidade Maravillosa enfrenta problemas de pérdida de espacios naturales y contaminación en algunas de sus playas más turísticas.
 
Al mismo tiempo que los cariocas recuperan su orgullo por Río, que se prepara para recibir mega eventos como el Mundial de fútbol 2014 y los Juegos Olímpicos 2016, la ciudad crece en asfalto, población y tránsito.
De hecho, Río es hoy una ciudad con bastante menos vegetación nativa que cuando acogió la primera Cumbre de la Tierra de la ONU en 1992.

"Continúa"

En 2010 un mapeo satelital indicó que el total de cobertura verde de Río es de unas 32.000 hectáreas o 29,5% de la ciudad, dijo Brasiliano Vito Fico, geógrafo de la secretaría de Medio Ambiente de la Alcaldía de la ciudad.

Eso representaría una pérdida de 7.800 hectáreas o 20% de vegetación nativa por la expansión urbana respecto a mediciones de 1984, que eran menos precisas que la última.

Vito Fico indicó que el fenómeno de pérdida de cobertura verde conocida como "mata atlántica" se mantiene en Río, aunque se logró disminuir a sólo 1% el ritmo de deforestación entre 2001 y 2010.

Buena parte de esa pérdida de vegetación ocurrió en los años '80 y '90 con extensión de favelas y de zonas residenciales en el oeste como Barra da Tijuca, un área de amplias playas y grandes centros comerciales donde tendrá su sede la conferencia Rio+20 de la ONU.

"En esa época el proceso se aceleró y continúa hasta hoy la pérdida de vegetación", dijo Vito Fico a BBC Mundo. "Pero percibimos que en los años 2000 no se aceleró tanto".

Más gente
Mientras eso ocurría, Río sumaba cada vez más gente: el censo de 2010 indica que la ciudad tiene 6,3 millones de habitantes, dos millones más que en 1970.

Eso ha llevado a una reducción del índice de cobertura vegetal por habitante en la ciudad. Un artículo de Agencia Brasil publicado este mes señaló que entre 1984 y 2001 ese índice cayó 26%.

En 2010 Río tenía 55,8 metros cuadrados de mata atlántica por habitante, según las mediciones de la Alcaldía.

Aunque los espacios vegetados de Río todavía pueden ser la envidia de otras grandes urbes de América Latina y del mundo, algunos expertos advierten que están distribuidos de forma despareja.

La ciudad cuenta por ejemplo con la Foresta de Tijuca, un enorme pulmón urbano, o el Jardín Botánico en un área de ingresos medios y altos, mientras en barrios populares de la zona norte hay grandes extensiones urbanas sin siquiera un parque.

"Ciudad ecológica"

"Para llamar una ciudad ecológica, no es sólo índice de área verde versus índice de área ocupada", dijo Julieta Nunes, profesora del Instituto de Investigación y Planeamiento Urbano de la Universidad Federal de Río de Janeiro.

"Las áreas verdes deben estar distribuidas y accesibles a la población, de una manera que la puedan usufructuar", explicó. Pero en Río "están muy concentradas y sirviendo al sector de élite de la población", agregó.

El número de habitantes de favelas o asentamientos precarios en Río, aumentó en los últimos años hasta llegar hasta 1,39 millones según el censo 2010, gran parte sin servicios básicos como saneamiento o agua potable.

A esto se suman problemas de contaminación en la Bahía de Guanabara, con aguas plagadas de basura al pie del famoso morro de Pan de Azúcar.

Basurero en Brasil

El Jardín Gramacho, el mayor vertedero de América Latina, cerró sus puertas a principios de mes.

Incluso las célebres playas oceánicas de Ipanema y Leblon están inhabilitadas para el baño al menos un tercio del año por la suciedad, según el diario O Globo.

La ciudad recicla sólo 3% de los residuos que produce diariamente, aunque acaba de inaugurar un moderno centro de procesamiento de basura y cerrar el mayor vertedero de Brasil al aire libre.

El parque automotor de Río se triplicó en dos décadas, los problemas de tránsito son cosa cotidiana, el sistema de transporte público es ineficiente y los trenes están lejos de ser una solución ecológica.

Como en la Amazonía

La ciudad ha implementado planes para disminuir su pérdida de áreas verdes.

Eso incluyó programas de reforestación que involucraban por ejemplo a comunidades de favelas en la plantación de especies nativas en torno a sus barrios, a cambio de beneficios.

Pero en los últimos dos años se apeló más a contratos de recuperación forestal con empresas privadas y se aceleró el ritmo de reforestación, a mayor costo.

En 2011 se plantaron especies nativas en 500 hectáreas de Río, y en años previos se hizo lo propio en 2.000 hectáreas más, dijo Marcelo Hudson, coordinador de recuperación ambiental de la Alcaldía.

"Estamos recuperando áreas que en el pasado eran selva", explicó.
Vito Fico sostuvo que la situación de Río actualmente es comparable con lo que sucede en la Amazonía, donde el ritmo de deforestación cayó al menor nivel desde que comenzaron las mediciones anuales en 1988.

"Un panorama similar ocurrió en Río de Janeiro en los últimos 30 años: la pérdida no terminó, pero tal vez en un tiempo podremos (…) decir que la tala de vegetación en Río es cero", dijo. "Es un gran desafío".

Fuente:

BBC Ciencia


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Río +20, toda esa energía

Unos niños sostienen un bola del mundo en Río +20. | Afp
Unos niños sostienen un bola del mundo en Río +20. | Afp
Una enorme nave de acero de 7.000 metros cuadrados se eleva sobre la playa de Copacabana con enormes paneles de luces de colores y letras hacia adentro y hacia afuera de las exposiciones. Se trata del proyecto Humanidade, una exposición que, por dentro, es una actividad dinámica de conocimiento, que juega con las luces, el movimiento, los espejos, los láseres, el plástico, el vidrio, el acero, el viento y un sinfín de elementos para convertir en una especie de juego el acceso a datos sobre la evolución humana, cifras sobre el consumo, la muerte, la biodiversidad y frases brillantes de Walt Whitman, Marx, poemas de Carlos Drummond, videoentrevistas con Gilberto Gil y un sinfín de elementos para intentar concienciar a los visitantes de una manera ágil, contrapuesta a la fama de pesado que tiene el conocimiento.

No resulta suficientemente estimulante ni para los sentidos, ni para las emociones ni para la mente. Es una especie de pseudoarte exprés, delirio de grandeza para insuflar el conocimiento por medio de la diversión, pero todo queda en un contacto superficial y frío, aturdimiento vacuo de sobreestímulos.

En la bandeja de entrada del correo electrónico, decenas de entidades diferentes que uno ya no sabe si son del Río +20 oficialista, del alternativo y revolucionario o de actividades paralelas de emprendedores, al final son letras rejuntadas que uno ni se molesta en descodificar.

Un tipo te explica que vino a Río a presentar un proyecto de casas flotantes con botellas en la base para que se mantengan en el agua cuando haya inundaciones. Otro que ha invitado al alcalde de Vitoria porque es una ciudad ejemplar verde y eso es a lo que se dedica. Otro que ha creado una agencia de comunicación para las noticias de Río +20 y que tiene una empresa de diseño creado con basura.

También con basura, la del Río +20, Vik Muniz prepara su nueva obra de arte. Marina Silva, ex ministra de medio ambiente, critica duramente al gobierno de Dilma por su nueva política ambiental.

En las conferencias Tedx +20, toman la palabra desde la familia de Cousteau hasta una empresaria que emplea ex presidiarias para hacer bolsas recicladas, desde un grupo de música que versiona a los Beatles con música tradicional brasileña hasta un inglés que genera luz de las pisadas del suelo.

En la Cúpula dos Povos, los indígenas reivindican sus derechos (mientras a unos diez kilómetros otros indígenas celebran sus olimpiadas verdes), pero también los gitanos, los moradores de favelas, los afectados por el amianto o las plantas nucleares, damnificados de Fukushima, quilombolas, otros que perdieron sus casas y sus familias por inundaciones.

Todos ellos, los de la cumbre alternativa, critican las cumbres de la ONU por ineficaces y por no escuchar al ciudadano. Otros, en otros lugares, celebran que las grandes decisiones se tomen en su ciudad o que por lo menos se debata la sostenibilidad del actual modelo económico.

Los delegados de la ONU, mientras, siguen horas y horas discutiendo un documento que no acaba de resolverse de cara a la cumbre del próximo día 20. Los jefes de Estado no han llegado todavía a la ciudad ni tampoco gran parte de los 50.000 delegados (y algún gas habrán emitido sus aviones) que van a participar de la cumbre. Pero, antes de la gran cumbre, muchísimas cosas están pasando en una ciudad en plena efervescencia.

Eso es Río +20, mucho más que una conferencia de la ONU. Millares de ideas multidireccionales que chocan, se funden, se abrazan, se enfrentan, se besan, se acuestan, se levantan. Toda esa energía, sostenible o no. Para bien y para mal.

Fuente:

El Mundo Ciencia

¿Por qué es bueno leer en las vacaciones de verano? (o de invierno)



leer-veranoLeer en verano es muy beneficioso, especialmente durante la infancia. Así lo ha demostrado Richard Allingont y sus colegas de la Universidad de Tennessee (EE UU), que aseguran que si dejamos de leer libros durante las vacaciones parte de las habilidades de lectura se pierden, lo que en los estudiantes supondría un retroceso de dos o tres meses en la capacidad lectora y el manejo del lenguaje. Por el contrario, los niños que leen pueden “ganar un mes de destreza en la lectura” cada verano. Esto supone que cada año se produce una diferencia entre ambos grupos de hasta tres o cuatro meses. Y, por lo tanto, que “cada dos o tres años que pasamos durante la infancia sin lecturas veraniegas implican perder al menos un año de aprendizaje”, concluye Allington en la revista Reading Psychology.

Por otro lado, un estudio similar realizado por expertos de la Universidad Johns Hopkins sugiere que los efectos acumulativos de no leer en la infancia se notan incluso durante la secundaria y en la universidad. Y que quienes leyeron de forma constante siendo niños están mejor preparados también cuando llega el momento de incorporarse al mundo laboral.


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Un robot que aprende a hablar "solo" como un niño



deecheInvestigadores de la Universidad de Hertfordshire (Reino Unido) han creado un robot humanoide que es capaz de aprender a hablar como un niño de entre 6 y 14 meses tras entablar unos minutos de "conversación" con humanos. El trabajo, del que se hace eco la agencia SINC, ha sido publicado esta semana en la revista PLoS ONE.

El robot, bautizado como DeeChe y miembro de la serie iCub, es un humanoide infantil con inteligencia artificial que posee un software con miles de posibilidades de sílabas sin conexión. En el experimento, los participantes, que no eran investigadores, se dirigieron al robot como si fuera un bebé, usando sus propias palabras. El humanoide comenzó emitiendo algunos balbuceos para terminar pronunciando palabras de una o dos sílabas con los nombres de formas y colores.

La investigación podría ser útil para entender la adquisición del lenguaje en humanos. “Se sabe que los bebés son sensibles a la frecuencia de los sonidos en el habla, y estos experimentos muestran cómo esta sensibilidad se puede modelar y contribuir al aprendizaje de las palabras en los robots”, ha señalado Caroline Lyon, coautora del trabajo.

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