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18 de junio de 2012

La escuela después del caos

Las tecnologías han puesto en tensión un modelo educativo que apenas ha cambiado desde el siglo XIX

Los especialistas creen que el cambio es inevitable 

  
Debate de La Red Innova celebrado en Madrid. / Gorka Lejarcegi
Los alumnos se aburren en la escuela, opinan multitud de expertos. Lo que tienen fuera es mucho más atractivo —Internet en todas partes a través de sus dispositivos móviles, por ejemplo— que el mundo compartimentado de saberes estancos que se les ofrece dentro. Hay quien piensa que el problema es que los jóvenes ya no gastan la capacidad de sacrificio de antaño y que habría que imponérsela a base de disciplina, premios y castigos. Pero también hay muchos especialistas que creen que el modelo de escuela nacido con la revolución industrial apenas ha cambiado y por eso ya no sirve en la era digital, en la que toda la información está a un clic de distancia y los estímulos se multiplican hasta la extenuación.

Esta última es la opinión de Dolors Reig, psicóloga social y editora del blog El Caparazón, que moderó el jueves pasado el debate titulado La educación, ¿qué estamos haciendo mal?, dentro del encuentro internacional Red Innova celebrado en Madrid. Pero la cuestión es que se lleva muchos años hablando de esa transformación sin que el debate consiga realmente convertirse en cambio real en el aula, pues, de hecho, la discusión sigue muchas veces atascada en si realmente la tecnología sirve o no para mejorar los resultados escolares.

“Lo que ha pasado con Internet en la escuela es lo que pasa con la Red cuando llega a cualquier sitio: lo primero que ocurre es un caos tremendo, simplemente, porque casa muy mal con el modelo antiguo”, dijo José de la Peña, director del área de Educación de la Fundación Telefónica, que aconsejaba no dejarse llevar por el momento de caos a la hora de hacer balances y reflexiones. En todo caso, dijo, el sistema está abocado irremediablemente, opina, a cambiar “cómo se enseña y qué se enseña”.

A pesar del argumento repetido hasta la saciedad de la resistencia docente al cambio, “hay muchísimos profesores que ya innovan”, insistió Miguel Barrero, director general Santillana Negocios Digitales (la editorial, que pertenece a PRISA, organizó el debate). El problema, quizá, es que aún no se les ha dado a los maestros herramientas tecnológicas realmente eficaces en un aula, no se le ha ofrecido una formación adecuada: “Probablemente no hay que dar cursos para aprender a usar el PowerPoint, sino para innovar o para promover el talento”, dijo. Además, el cambio tienen que acompañarlo los padres y la Administración, añadió, pues no llegará muy lejos si se transforma la manera de enseñar, pero no la evaluación. Es decir, si lo único que se sigue valorando es, por ejemplo, la capacidad de cálculo.

Los maestros deben utilizar herramientas más modernas y eficaces

Y es esta otra de las claves que se ofrecieron en el debate. Probablemente sí están cambiando —quizá mucho más de lo que puede parecer— las formas de enseñar, pero apenas se han tocado los contenidos. 

De hecho, Dolors Reig había abierto el encuentro apuntando: “Si la educación se ha centrado tradicionalmente en la lectoescritura, el cálculo, etcétera, debe abrirse ahora a las denominadas inteligencias múltiples o también potencialidades del hemisferio derecho de nuestro cerebro: la creatividad, los lenguajes audiovisuales en general, la competencia para relacionarnos, la emoción...”.

Sobre el fomento de la creatividad habló el paleontólogo Ignacio Martínez Mendizábal. La creatividad, explicó, consiste en dar respuestas nuevas a los problemas a partir de los conocimientos que ya se tienen y, después, buscar la manera técnica de llevar la idea a la práctica. Pero antes de todo eso, hace falta un primer paso: la rebeldía de cuestionar las soluciones ya ensayadas. “¿Cómo vamos a fomentar la rebeldía? 

Y, sobre todo, ¿estamos dispuestos a fomentar la rebeldía en las escuelas?”, se preguntó el especialista, premio Príncipe de Asturias de Ciencia y Tecnología por su trabajo en las excavaciones de Atapuerca.

Carlos Grau, de Microsoft, se centró en la otra mitad de la discusión, la del cambio del “cómo se enseña” y en cómo las tecnologías, aunque por sí solas no tienen por qué mejorar nada, bien utilizadas pueden significar un importante apoyo. Y, de hecho, ya han cambiado la realidad del aula. “Ofrece entornos mucho más ricos, muchas más posibilidades de personalizar la enseñanza, rompe las barreras del espacio y el tiempo pues la información se hace ubicua y todo ello cambia la posición del profesor, hasta convertirle en un facilitador dentro de un entorno colaborativo, donde los alumnos aprenden junto a los compañeros de otras clases, de otros colegios, de otros países....”.

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El País Ciencia

¿Un hombre puede producir leche materna?



Hace un tiempo, en el disopilante y psicotrónico reality Alaska y Mario, dos personajes (Mario Vaquerizo y su productor) discutían sobre si era posible que un hombre se quedara embarazado. Uno de ellos, el productor, afirmaba que era posible, y que si Steve Jobs había inventado el iPhone, no se quedaba embarazado porque no quería. Mario, siempre lúcido, replicaba que entonces cómo le daría de mamar al bebé, sin glándulas mamarias. Bien, dejemos a un lado este fascinante diálogo y vayamos a la ciencia.


Lo cierto es que, aunque en casos muy puntuales, hay hombres que pueden producir leche materna .

La producción de leche se inicia en la glándula pituitaria, un órgano del tamaño de un guisante que se encuentra bajo el cererbro. La pituitaria emite señales para producir hormonas en las cantidades necesarias. 

Pero tal y como señala Charles F. Abboud, endocrinólogo de la clínica Mayo en Rochester, Minnesota, esta glándula es propoensa a enfermar, como cualquier otra de nuestro cuerpo. Cuando esto sucede, entonces, hay efectos colaterales. El más singular de estos efectos es la producción de la hormona del embarazo, la prolactina, un compuesto que estimula la producción de leche en el tejido mamario.

Ello provocaría secreciones mamarias inusuales. Es decir, sacaría leche. Pero la prolactina también afectaría al sistema reproductivo limitando su capacidad para producir esperma. Así que… en fin, no hace falta que explicite la broma chabacana que viene enseguida a la cabeza.

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Los países del mundo que no tienen Coca-Cola

Tapa de botella de Coca-Cola

Después de su planificado regreso a Birmania, solo quedan Cuba y Corea del Norte sin Coca-Cola oficial en el mundo.

Cuba y Corea del Norte, dos países comunistas, son las únicas naciones del mundo donde Coca-Cola no tiene presencia oficial. El tercero era Birmania, país al que regresará la embotelladora tras sesenta años de ausencia.

Luego del anuncio de Estados Unidos de que se dispone a relajar las restricciones para inversiones, productos comerciales y servicios destinados a Birmania, Coca Cola anunció su regreso.

E hizo el anuncio poniendo énfasis en la capacidad de la compañía para abandonar mercados y regresar a ellos.

Por ejemplo, en 1949, Coca-Cola y otras compañías extranjeras fueron expulsadas de China por el gobierno comunista.

No obstante, tres décadas más tarde, en 1979, y luego de que se restablecieran plenas relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y China, Coca-Cola hizo importar, por tren, 20.000 cajas de su bebida emblema desde Hong Kong, entonces aún territorio británico.

Sin Coca-Cola oficial

La compañia residente en Atlanta, Estados Unidos, llevó a cabo en Cuba una de sus primeras aventuras comerciales en el extranjero, en 1906.

Luego de la revolución que catapultó al poder a Fidel Castro, en 1959, su gobierno comenzó a nacionalizar las empresas privadas.

Pese a que, incluso entonces, unas cien compañías estadounidenses, entre ellas Ford Motor Co., obtuvieron licencias para operar en Cuba a través de subsidiarias, Coca-Cola liquidó y abandonó el país un año más tarde.

Si bien es cierto que Cuba creó su propia marca de la bebida llamada Tu Cola, la gaseosa estadounidense circula en ese país de manera extraoficial, probablemente proveniente de terceros países, aseguran corresponsales de la BBC. La empresa insiste en que no ha autorizado a nadie para vender su producto en la isla.

En cuanto a Corea del Norte, la multinacional embotelladora no ha operado jamás.

El país asiático también produce su propia versión de la bebida estadounidense.

Hay evidencia anecdótica de turistas que han encontrado la verdadera Coca-Cola en Pyongyang, no a la vista del público, y a precios exorbitantes.

Se afirma que esta bebida proviene de China, país con el que Corea del Norte tiene intercambios comerciales.

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¿Por qué tenemos cosquillas y nos reímos cuando nos las hacen?

Las cosquillas pueden ser una fuente de diversión, y generalmente solo podemos sentirlas si nos las procura otro. Así pues, ¿cuál es la justificación evolutiva de las cosquillas?

Según el reurocientífico de la Universidad de Maryland, Robert R. Provine, a la sazón autor del libro La risa: una investigación biomédica, las cosquillas constituyen un mecanismo de cohesión social entre compañeros, y favorecen el forjar un entramado de relaciones entre los miembros de una familia y sus amigos. La risa como respuesta a las cosquillas ya se produce en los primeros meses de vida.

Las cosquillas que se llevan a cabo entre niños también podría ser una fortalecimiento del mecanismos de defensas. En 1984, el psiquiatra Donald Black, de la Universidad de Iowa, advirtió que muchas partes del cuerpo propensas a las cosquillas, como el cuello o las costillas, son también más vulnerables en el combate. Dedujo así que los niños aprenden de esta manera a proteger esas partes durante los juegos con cosquillas.

En las cosquillas también podría estar el origen de la misma risa humana. La risa, en realidad, responde a las relaciones sociales. La risa es una forma de decir al otro: te entiendo, estamos en sintonía. Por eso reímos con más frecuencia cuando hay gente alrededor y los demás ríen y no cuando estamos solos. (Por eso las risas enlatadas funcionan en las comedias de la tele).

Reímos fundamentalmente porque la risa es una especie de lubricante emocional que une a los padres con sus hijos durante los años más vulnerables del desarrollo. Los padres conectan más rápidamente con sus hijos cuando éstos se ríen. Y los hijos reirán con una frecuencia mucho mayor que cualquier adulto. El juego de hacer cosquillas al bebé, por ejemplo, es una constante en todas las culturas. Y el niño puede reír, incluso, ante la perspectiva de cosquillas.

En los pies también tenemos muchas cosquillas. Sin embargo, el pie derecho siente más cosquillas que el pie izquierdo, en la mayoría de casos, tal y como constataron en los años 1980 científicos italianos. En 1998, dos investigadores de la Universidad de Stirling repitieron el experimento usando un dispositivo que garantizara un estímulo constante: se pegaba en la planta del pie con una varilla de nylon en tres ocasiones a intervalos de un segundo.

Uno de los experimentos más extraño a propósito de las cosquillas fue el llevado a cabo por Clarence Leuba, un profesor de psicología de la universidad de Ohio, que decidió hacer cosquillas a mansalva por allá 1930. La intención era comprobar que la risa no era algo innato y que las personas aprendían a reirse por necesidad, cuando se les hacía cosquillas.

Leuba probó a hacer cosquillas a su propio hijo, obligando al resto de la familia a permanecer serios. Pero el experimento se le frustró cuando descubrió a su esposa jugando con el niño, haciéndole cosquillas, y riendo.

Leuba no se rindió y volvió a probar con su hermana.

En definitiva, un jadeo rápido puntuado por oclusiones glóticas, ja-ja-ja, la risa, nos hace sentir bien. La risa, incluso, se enlata y se reproduce una y otra vez para dar empaque a las comedias de la televisión: la primera vez fue en 1950 acompañando a The Hank McCune Show. La risa es omnipresente y tiene un gran poder, además de ser contagiosa, pero ignoramos todavía mucho sobre sus fundamentos neurológicos.

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El hombre que obligó a cambiar los manuales de psicología

David Rosenhan

Foto: Cortesía de los Archivos de la Stanford Law School.

En 1969, el psicólogo David Rosenhan y un grupo de siete voluntarios perfectamente cuerdos se presentaron en las oficinas de admisión de 12 instituciones mentales en Estados Unidos.

Usando identidades falsas, y pretendiendo tener síntomas que no tenían, todos lograron hacerse internar como pacientes.
 No se trató de una broma del día de los inocentes, estos falsos dementes comandados por Rosenhan tenían una misión: cuestionar la capacidad de la psiquiatría de distinguir entre la locura y la cordura.

En la entrevista de admisión, los pseudopacientes aseguraron escuchar ruidos, luego voces. Pero una vez adentro, abandonaron sus síntomas y comenzaron a comportarse de manera normal.

"Para David, un científico es alguien que mira a su campo de estudio con escepticismo y ve cuáles son los problemas. Su temor era que la gente resultara dañada por la psiquiatría", le dijo a la BBC Florence Keller, psicóloga clínica y amiga de Rosenhan.
 
Impostores
Durante su estadía en el hospital para enfermos mentales, Rosenhan fue tomando notas sobre su experiencia. El siguiente, es un extracto de su diario:

"El asistente me llevó a una sala y señalando una silla me dijo: 'Te perdiste la cena pero te buscaré algo para comer. Siéntate donde quieras', y se marchó. Esperé más de una hora y media. A eso de las 18.15 llegó otro asistente con una bandeja. 'Esta es tu cena', dijo, y se fue".

"Yo me sentía incómodo, no sabía dónde estaba el baño, donde iba a dormir o dónde estaban mis cosas. 

¿Qué es lo que hace uno aquí?, me pregunté. ¿Hay algún teléfono? ¿Puedo llamar a mi esposa y a mis hijos? 

¿Cuándo voy a ver a un médico? (....) Tuve que esperar hasta las 22.45 para que un asistente me muestre donde iba a dormir. Me prestaron muy poca atención, como si no existiese".

De hecho, según explicó Rosenhan en el estudio que publicó posteriormente en la revista Science -titulado On being sane in insane places-, el personal sólo estuvo en contacto con los pseudopacientes internados un promedio de 6 minutos al día.

Y a pesar de que Rosenham les dijo a sus médicos que ya se sentía mejor y que quería irse, lo retuvieron allí durante 52 días.

En promedio todos los pacientes del grupo de Rosenham permanecieron internados por un total de 19 días. 

Pero, lo más llamativo, es que ningún miembro del personal se dio cuenta de que eran impostores.

La clave está en el contexto

Hospital St. Elizabeth

El hospital St. Elizabeth en Washington albergó a uno de los pseudopacientes.

"Lo más interesante del estudio es cómo el contexto informa todo", explica Keller. "Si ves un hombre con un arma asumes inmediatamente que es un criminal. Si el contexto es un estudio de cine y a su alrededor hay cámaras, el contexto indica que el hombre es un actor".

"Para David, el contexto de una clínica psiquiátrica hace que cualquiera que sea un paciente parezca sufrir alguna patología. O, que un comportamiento que parece completamente normal en la casa o en la ofiicna parezca el síntoma de un desorden cuando se lo observa en un hospital", añade Keller.

Curiosamente, aunque los médicos no notaron nada inusual en los pseudopacientes, los auténticos pacientes sí notaron la diferencia.

"Algunos decían cosas como 'tú no estás loco, tú debes ser un maestro, un periodista o algo así. Tú debes estar estudiando este hospital", cuenta Hank O'Laura un alumno de Rosenham que en ese momento tenía 19 años.

Cuando los médicos le dieron el alta a Rosenhan y al resto de los que participaron en el experimento, lo hicieron diciendo que los pacientes estaban mejor, pero dejando en claro que no estaban curados.

Esto quiere decir que la supuesta esquizofrenia se mostraba en remisión, pero que continuaba en estado latente.

Cambios fundamentales

Cuando Rosenhan publicó los resultados de su investigación en 1973 fue como si alguien hubiese lanzado una bomba contra el establishment de la psiquiatría. El público quedó fascinado, y los profesionales de salud mental lo odiaron. El estudio fue duramente criticado por su metodología y por sus conclusiones.

Rosenhan fue acusado de usar engaños y trampas, y las autoridades de uno de los hospitales lo desafió a que enviase todos los pseudopacientes que quisiera, asegurándole que reconocería a todos.
 
El médico accedió. Cuando el experimento finalizó, el hospital con orgullo dijo haber reconocido a los 41 impostores.

Pero lo cierto es que Rosenhan no había enviado a ninguno.

Más allá del revuelo que causó, el experimento logró que se reescribiese el manual de diagnóstico psicológico en Estados Unidos y que se reevaluara la relación médico-paciente en las instituciones mentales.

Rosenhan continuó enseñando psicología hasta su muerte, en febrero de este año.

Fuente:

BBC Ciencia


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14 de junio de 2012

Los profesores de Shouryya Ray aclaran la situación sobre su supuesta solución de un problema propuesto por Newton

Hace unos días una gran cantidad de medios de comunicación, tanto nacionales como extranjeros, se hacían eco de una noticia cuanto menos sorprendente: la resolución por parte del estudiante de 16 años Shouryya Ray de dos problemas abiertos, uno de ellos propuesto por Newton hace más de 300 años. Después de buscar algo más de información de la que aportaban los medios (sin mucha suerte, la verdad), yo mismo publiqué este post sobre el tema esperando que vuestros comentarios arrojaran algo más de luz al asunto.

 
Shouryya Ray

Y así fue. Varios de vosotros comentasteis que parecía ser que la cosa no era para tanto, que la noticia se había exagerado y se había elevado injustamente a la categoría de genio a un chico que “simplemente” era un muy buen estudiante.

Esta mañana Francis me pasaba este enlace a un documento en pdf donde los profesores de Shouryya, Raqlph Chill y Jürgen Voigt, aclaran el asunto, si es que no estaba suficientemente claro ya. En dicho documento se puede encontrar el trabajo que realmente realizó Shouryya y algunos comentarios sobre el mismo y sobre la locura periodística que ha generado.

Vamos, la cuestión es que, como se veía venir, Shouryya es un gran estudiante, pero no un genio, al menos por ahora. De todas formas, teniendo en cuenta que son 16 los años que tiene actualmente, su futuro es muy prometedor. Esperemos tener noticias suyas en los próximos años.

Fuente:


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