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21 de febrero de 2012

John Glenn: 'Fue el mejor día de mi vida'

John Glenn (i) y Charles Bolden (d) en un acto en la Universidad estatal de Ohio. | Reuters

John Glenn (i) y Charles Bolden (d) en un acto en la Universidad estatal de Ohio. | Reuters

"Fue el mejor día de mi vida". Así recuerda el astronauta John Glenn aquel 20 de febrero de 1962 en el que se convirtió en el primer estadounidense en hacer un viaje espacial orbital. El oficial de Infantería de Marina John Glenn, con una vestimenta y casco similares a los de su servicio como piloto de guerra, se introdujo en una pequeña cápsula y se convirtió en el primer estadounidense que orbitó la Tierra.

Estados Unidos conmemora durante estos días, con una serie de actos y homenajes, la gesta de John Glenn, quien a sus 91 años asistió anoche a una cena en su honor en la Universidad del Estado de Ohio y participó en un chat con los tripulantes de la Estación Espacial Internacional, según informó la NASA.

"Es sorprendente cómo la gente ha mantenido por tanto tiempo su interés en aquellos primeros vuelos", dijo Glenn al iniciarse el viernes pasado las conmemoraciones por la efemérides.

Glenn dijo estar sorprendido de que "una y otra vez la atención se torne a aquellas primeras misiones" en un país como EEUU, donde "nos acostumbramos rápido a lo que es nuevo, ya sea en aparatos o automóviles, lo que sea".

La razón estriba sin duda en el significado patriótico de su vuelo. Glenn, excombatiente de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra de Corea, restauró en pocas horas el orgullo de Estados Unidos, herido por la delantera que la Unión Soviética había ganado en los primeros compases de la carrera espacial.

La cápsula 'Friendship 7', de 1.225 kilogramos y del tamaño de un "escarabajo" Volkswagen, partió de Cabo Cañaveral, en Florida, impulsada por un cohete Mercury-Atlas y completó tres órbitas con un apogeo de 265 kilómetros en 4 horas, 55 minutos y 20 segundos. Tras reingresar en la atmósfera terrestre, la cápsula cayó al océano Atlántico y fue recogida por el buque de guerra 'Noa.6'.

Con su viaje al espacio, Glenn se aseguró un lugar de honor en la historia estadounidense, a pesar de no haber sido el primero, sino el tercer hombre en viajar fuera de la atmósfera. Posteriormente, tuvo más oportunidades de cumplir retos históricos. Así, el 29 de octubre de 1998, se convirtió a sus 77 años en el astronauta más longevo en iniciar un vuelo espacial, a bordo del 'Discovery'.

Además durante más de un cuarto de siglo ocupó un sillón en el Senado estadounidense. Y todavía hoy, a sus 90 años, sigue siendo una voz de peso en cuestiones espaciales. Recientemente criticó tanto la retirada sin sustituto de los trasbordadores estadounidenses como los recortes del gobierno Barack Obama en este ámbito. Y ve en peligro la supremacía espacial estadounidense ante potencias como China o India.

Para Glenn, los tiempos de la carrera espacial quedaron atrás. "Al hablar del espacio, la mayor parte de la gente piensa en viajes a Marte o a la Luna", apuntó el astronauta en una entrevista con el diario 'Florida Today'. "Pero el objetivo no es sólo enviar allí a gente que pueda sobrevivir y regresar. El objetivo también es la investigación que puede hacerse allí y que después pueda servir en la Tierra", sentenció.

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El Mundo Ciencia

EE.UU. celebra el 50 aniversario de su primer astronauta en órbita

John Glenn

El astronauta John Glenn, el primer estadounidense en orbitar la Tierra, conversó este lunes con los tripulantes de la Estación Espacial Internacional para celebrar el cincuentenario de su hazaña, que consistió en circunvalar el planeta tres veces en un lapso de cuatro horas el 20 de febrero de 1962.

Durante la video conferencia, Glenn -de 90 años- dijo que el día de su vuelo espacial fue el mejor de su vida.

Aunque Glenn sólo circunvaló el planeta tres veces por cuatro horas, para EE.UU. fue un hito en la carrera espacial que le enfrentaba a la desaparecida Unión Soviética, que diez meses antes había puesto al primer ser humano en órbita: Yuri Gagarin.

clic Lea también: Cincuentenario del primer estadounidense en orbitar la tierra

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BBC Ciencia

Emisiones podrían acabar con vida marina


La Gran Barrera de Coral de Australia

La Gran Barrera de Coral de Australia podría morir ante la acidez causada por las emisiones de dióxido de carbono.

Nuevas investigaciones sugieren que si continúa aumentando el nivel de acidez de los océanos de la Tierra al ritmo actual, un 30% de las especies marinas podría perderse de aquí al fin del siglo.

El agua salada se vuelve ácida por el dióxido de carbono, y los científicos de la Universidad de Plymouth en Inglaterra han examinado los volcanes submarinos, donde el dióxido burbujea naturalmente, para predecir cómo reaccionará la vida marina con agua más ácida en el futuro.

Dicen que incluso en los próximos años el agua salada podría empezar a corroer las caparazones de algunos organismos, y que algunos corales no serán capaces de sobrevivir.

Fuiente:

BBC Ciencia



Detectan aldehídos tóxicos en el aceite recalentado


Investigadoras de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) han descubierto por primera vez en alimentos la presencia de determinados aldehídos sospechosos de estar detrás de enfermedades neurodegenerativas y algunos tipos de cáncer. Estos compuestos tóxicos aparecen en algunos aceites, como el de girasol, cuando se calientan a temperatura de fritura.



“Se sabía que el aceite a temperatura de fritura emite aldehídos que contaminan la atmósfera y que se pueden inhalar, así que decidimos investigar si estos compuestos todavía permanecen en el aceite después de calentarlo y efectivamente, así es”, señala a SINC María Dolores Guillén, profesora del Departamento de Farmacia y Tecnología de los Alimentos de la UPV.

La investigadora es coautora de un trabajo que confirma la presencia simultánea en el aceite de fritura de varios aldehídos tóxicos del grupo de los ‘oxigenados α, β insaturados’, como el 4-hidroxi-[E]-2nonenal. Además, dos de ellos se describen por primera vez en alimentos (4-oxo-[E]-2-decenal y 4-oxo-[E]-2-undecenal).

Hasta ahora estas sustancias solo se habían citado en estudios biomédicos, donde se relaciona su existencia en el organismo con diversos tipos de cáncer y enfermedades neurodegenerativas, como el alzhéimer y el párkinson.

Los aldehídos tóxicos se generan como consecuencia de la degradación de los ácidos grasos del aceite y, aunque algunos son volátiles, otros permanecen en él después de la fritura. De esta forma se pueden incorporar a los alimentos cocinados. Como son compuestos muy reactivos pueden reaccionar con proteínas, hormonas y enzimas del organismo e impedir su buen funcionamiento.

La investigación, que publica la revista Food Chemistry, ha consistido en calentar a 190 ºC en una freidora industrial tres tipos de aceite: de oliva, girasol y lino. La operación se realizó durante 40 horas (8 horas al día) en los dos primeros y en 20 horas para el caso del aceite lino. Este último no se usa habitualmente para cocinar en occidente, pero se ha seleccionado por su alto contenido en grupos omega 3.

Más aldehídos tóxicos en el aceite de girasol

Tras aplicar técnicas de cromatografía de gases/espectrometría de masas y de resonancia magnética nuclear, los resultados revelan que los aceites de girasol y lino –especialmente el primero–, son los que generan más cantidad de aldehídos tóxicos y en menos tiempo. Estos aceites son ricos en ácidos grasos poliinsaturados (linoleico y linolénico).

Por el contrario, el aceite de oliva, que presenta mayor concentración de ácidos monoinsaturados (como el oleico), genera menos y más tarde estos compuestos nocivos.

En estudios anteriores, las mismas investigadoras encontraron que en los aceites sometidos a temperatura de fritura también se forman otras sustancias tóxicas, los alquibencenos (hidrocarburos aromáticos), y concluyeron que el aceite de oliva es el que menos cantidad genera entre los que ellas estudiaron.

La dosis hace el veneno

“No se trata de alarmar a la población, pero los datos son los que son y hay que tenerlos en cuenta”, subraya Guillén, que apunta la necesidad de seguir investigando para establecer unos límites claros sobre la peligrosidad de estos compuestos. “En algunas ocasiones la dosis hace el veneno”, recuerda la investigadora.

La normativa española que regula la calidad de los aceites y las grasas calentados establece un valor máximo del 25% para el contenido de componentes polares (productos de degradación que se originan durante la fritura). Sin embargo, según el nuevo estudio, antes de que algunos de los aceites analizados alcancen ese límite ya contienen “concentraciones significativas” de aldehídos tóxicos.

El trabajo cuantifica todos los aldehídos –no solo los nocivos– que aparecen durante la fritura. Además, sus autoras presentan un modelo que permite predecir cómo evolucionará en las mismas condiciones cualquier aceite hipotético del que se conozca su composición inicial de ácidos grasos.

Referencia bibliográfica:

Maria D. Guillén, Patricia S. Uriarte. “Aldehydes contained in edible oils of a very different nature after prolonged heating at frying temperature: Presence of toxic oxygenated α, β unsaturated aldehydes”. Food Chemistry 131 (3): 915-926, abril de 2012 (disponible on line desde septiembre de 2011). Doi: 10.1016/j.foodchem.2011.09.079.

Fuente:

Agencia SINC España



Reloj biológico, ¿responsable de que haya pocas científicas?

Las mujeres evitan carreras académicas con intensas asignaturas de matemáticas porque el estilo de vida es incompatible con la maternidad, según hallaron en un estudio investigadores de la Universidad de Cornell que será publicado el próximo mes en la American Scientist Magazine.

Las universidades siempre han sido criticadas por las políticas de contratación y evaluación que discriminan a la mujer, pero los hallazgos de este nuevo estudio apuntan hacia el reloj biológico como la principal razón por la que tan pocas mujeres terminan siendo profesoras de materias como matemáticas, ingenierías, física e informática.

“Las universidades han sido en su mayoría inflexibles con cualquier cosa que se saliera del calendario, lo que te esclaviza durante años y sólo entonces se contemplaría la idea de quedarse embarazada”, afirmó Wendy Williams, profesora de desarrollo humano en Cronell y coautora del estudio junto con su marido, Stephen Ceci.

En la investigación se analizaron datos sobre carreras académicas de hombres y mujeres con y sin hijos. los resultados mostraron que antes de la maternidad se tenían carreras quivalentes o más exitosas que el sexo masculino. Pero una vez que los niños entraban en escena, la dinámica cambiaba.

Fuente:

Milenio

Graban a los últimos hablantes de lenguas en peligro de extinción

El lingüista David Harrison, en el centro, tomando notas, entrevista a John Agid (izda.) para documentar el matukar panau, una lengua de Papúa Nueva Guinea. / CHRIS RAINIER

El lingüista David Harrison, en el centro, tomando notas, entrevista a John Agid (izda.) para documentar el matukar panau, una lengua de Papúa Nueva Guinea. / CHRIS RAINIER

Algunos de los idiomas más raros y desconocidos del mundo acaban de ser estudiados, grabados y trasladados a diccionarios sonoros digitales por un equipo de lingüistas impulsados por el National Geographic. Se estima que hay 7.000 lenguas en el planeta, pero se cree que la mitad habrá desaparecido para final de siglo por la globalización y la pérdida de identidad de las comunidades locales. Del mismo modo que se pierden especies también se extinguen las lenguas. El ritmo actual de pérdida de diversidad cultural humana es devastador, cada 14 días desaparece un idioma en el planeta.

Ahora, la tecnología digital intenta rescatar algunos de los lenguajes más amenazados. Lingüistas de EEUU pertenecientes al proyecto Enduring Voices (Voces Duraderas) de National Geographic han viajado a algunos de los rincones más remotos de la Tierra y a las áreas donde más diversidad de lenguas hay. Y es que en el mundo hay algunos 'puntos calientes' de diversidad lingüística. Por poner un ejemplo, se hablan más lenguas en Bolivia que en toda Europa. La historia de nuestro continente está marcada por las luchas entre grandes estados e imperios. Esos poderes expansivos han erosionado la diversidad cultural que en otros territorios se ha conservado mejor.

Esas áreas ricas en idiomas son el centro de Siberia, el área de Bering y el Cáucaso; el norte de Australia y las islas del archipiélago indonesio; el sur de África, el golfo de Guinea y el este de África y amplias áreas de Suramérica, como los Andes, el interior del gran Chaco y la costa atlántica, además del sur de México, la costa del Pacífico norte y las llanuras centrales de Norteamérica.

Los integrantes del proyecto Enduring Voices han entrevistado a los últimos hablantes de idiomas que se desvanecen y con ello han creado una serie de diccionarios sonoros disponibles on line en los que buscar la traducción y oír la palabra o la frase. Los directores de este programa son K. David Harrison, profesor asociado de lingüística en el Swarthmore College de Pennsylvania (EEUU), y Gregory Anderson, presidente del Living Tongues Institute for Endangered Languages (Instituto de Lenguas Vivas para los Idiomas en Peligro de Extinción) con sede en Oregon (EEUU).

Harrison y Anderson señalan lo poco que se había hecho hasta ahora en este campo. Muchas de las lenguas que han estudiado no habían sido nunca grabadas ni puestas por escrito. De hecho, hasta han encontrado idiomas nuevos. En 2010, documentaron por primera vez el koro, un lenguaje que solo hablan unos pocos cientos de personas en el noreste de la India. Harrison acaba de presentar el resultado de los últimos años de trabajo. Son ocho diccionarios sonoros que contienen más de 32.000 palabras en ocho idiomas, con 24.000 grabaciones de audio de hablantes nativos pronunciando palabras y frases y fotografías de los objetos propios de esa cultura junto con las palabras que los designan.

Pérdida de un universo cultural

La desaparición de una lengua, según los responsables del proyecto Enduring Voices, no es sólo la pérdida de unas palabras, sino de todo el sistema cultural al que daba forma. Los vocablos que describen una práctica o una idea son difíciles de trasladar de forma precisa a otro idioma. "Muchas lenguas amenazadas tienen una rica cultura oral con historias y canciones transmitidas de generación en generación y que no están salvadas por escrito. Con la extinción de una lengua se pierde una cultura entera", afirman.

Los expertos añaden que estudiar esos idiomas enriquece el conocimiento sobre los procesos lingüísticos, que es precisamente una característica que distingue al hombre como especie. "Cada vez que muere una lengua, perdemos parte de una revelación sobre lo que nuestro cerebro es capaz de hacer", dice Harrison.

Además, hay que tener en cuenta que conocimiento ancestral sobre la naturaleza está recogido en muchas lenguas que sólo tienen transmisión oral. Los grupos indígenas han acumulado durante miles de años saberes sobre plantas, animales y el ecosistema que habitan y buena parte de todo ello no ha sido documentado de forma científica. La pérdida de esas lenguas, que no tienen además tradición escrita, supondría también la pérdida de todo ese acervo cultural aseguran en el proyecto Voces Duraderas de National Geographic.

Harrison es consciente de que la globalización y el mundo tecnológico son un motor de la extinción de idiomas, pero también los ve como una herramienta. Él lleva tiempo trabajando con las comunidades indígenas del Pacífico norteamericano para documentar y difundir sus lenguas a través de internet. Uno de sus colaboradores es Alfred 'Bud' Lane, uno de los últimos que hablan con fluidez un idioma de los nativos de Oregon conocido como siletz dee-ni. El líder nativo ha conseguido que los jóvenes estudien dos días a la semana el idioma de sus mayores con la ayuda del diccionario sonoro digital de siletz dee-ni recopilado por Harrison.

Algo parecido puede ocurrir ahora con las lenguas que el equipo de Enduring Voices acaba de documentar y verter en diccionarios sonoros. Una de ellas es el matukar panau, de Papúa Nueva Guinea. Cuando Harrison y sus colaboradores llegaron a la isla hace tres años, sólo lo hablaban 600 personas en dos aldeas y nadie lo había grabado ni escrito. La región es remota, pero no aislada del todo: los paisanos pidieron que pusieran su lengua en internet, y eso pese a que en la aldea no habían visto nunca internet.

Los hablantes de matukar vieron su petición satisfecha en 2010, cuando la electricidad llegó a la aldea y accedieron en la web a las primeras grabaciones que les habían realizado. Junto al diccionario de matukar, el equipo del proyecto Voces Duraderas ha presentado siete más. Entre ellos están el chamacoco, una lengua que hablan sólo 1.200 indígenas del norte de Paraguay; el tuva, compartido por los nómadas de Siberia y Mongolia; y tres idiomas de distintas partes de India: el remo, el sora y el ho. Este último, con un millón de hablantes, es el que en mejor situación está. Si hubiera que felicitar a Harrison en lengua ho, «bien hecho» sonaría así: "Kuwa siddi".

Fuente:

El Mundo Ciencia

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