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25 de octubre de 2011

La supernova más antigua

Imagenes de 4 telescopios

Recreación de la supernova combinando imágenes de cuatro telescopios. | NASA

Recreación de la supernova combinando imágenes de cuatro telescopios. | NASA

  • La NASA recrea la imagen de la primera supernova documentada
  • Fue observada por astrónomos chinos hace casi 2.000 años

Hace casi 2.000 años, astrónomos chinos documentaron una explosión estelar que se considera la primera supernova documentada de la Historia. Ahora, la NASA ha recreado la imagen de este espectacular fenómeno cósmico.

La agencia espacial estadounidense ha combinado datos de cuatro telescopios espaciales diferentes para crear una vista en onda multilongitudinal de la supernova conocida como RCW 86, la más antigua que consta en los registros de astronomía.

Los astrónomos chinos fueron testigos del evento que se produjo en el año 185, cuando descubrieron una estrella muy luminosa que permaneció en el cielo durante ocho meses.

Las imágenes de rayos X del observatorio XMM-Newton de la Agencia Espacial Europea y del Observatorio de rayos-X de la NASA Chandra se combinan para formar los colores azul y verde en la imagen, que muestran que el gas interestelar se ha calentado a millones de grados por la onda expansiva de la supernova.

Los datos infrarrojos del Telescopio Espacial Spitzer de NASA y de la sonda WISE (Wide-field Infrared Survey Explorer), que se ven en amarillo y rojo, revelan el polvo que irradia a una temperatura a varios cientos de grados bajo cero, cálido en comparación con el polvo cósmico habitual en la Vía Láctea, indicó la agencia espacial.

Mediante el estudio de los rayos X y los datos infrarrojos, los astrónomos han sido capaces de determinar que la causa de aquella misteriosa explosión en el cielo fue una supernova de tipo Ia, que se producen después de la violenta explosión de una enana blanca, una estrella que ha completa su ciclo de vida y muere.

La supernova RCW 86 está de aproximadamente a 8.000 años luz de distancia. Tiene unos 85 años luz de diámetro, que ocupa una región del cielo en la constelación austral de Circinus que, según indica la NASA como referencia, es ligeramente más grande que la Luna.

Fuente:

El Mundo Ciencia

Yo soy yo y mis bacterias

Las bacterias que viven en nuestro organismo, dentro y sobre nosotros, son responsables de que estemos sanos o enfermos e incluso de que seamos delgados y gordos, le explica a la BBC el periodista científico Ed Yong.

Bacterias

Las bacterias forman el microbioma que es una parte esencial de nosotros mismos.

Nací hace poco menos de 30 años. Ese momento, justo antes de que emergiera al mundo, fue el último periodo de mi vida en el que pude estar completamente estéril.

Dentro del útero sólo eramos mi madre y yo. Un universo de dos. Pero fuera, había un mundo de bacterias y otros microbios y tan pronto como entré en ese mundo estos se volvieron parte de mí.

Colonizaron mi piel, se establecieron en mis intestinos. Y ahora estos pasajeros son parte esencial de mi vida.

Estos microorganismos, junto con los genes que poseen, son conocidos como el microbioma. Todos los tenemos y son innumerables.

Existen unos 100 billones de ellos, más del número de personas que ha vivido en este planeta. Walt Whitman tenía razón cuando dijo "Yo soy inmenso, contengo multitudes".

El número de sus células supera a las mías en 10 por una. Sus genes superan a los míos en 100 por uno. La aproximación más cercana es que soy un microbio.

Entonces ¿quién soy? ¿Soy Ed Yong, un humano definido por mi cuerpo y mi genoma? o ¿soy un vehículo para las bacterias? ¿Soy un individuo o un universo entero?

Creo que soy esto último. Estas bacterias no sólo son pasajeros pasivos, afectan mi vida, mi salud e incluso mi mente. Son como un órgano escondido tan esencial como mis intestinos o mi estómago, pero más que una masa única, éste es un órgano formado por millones de células enjambradas.

También es un órgano con muchas funciones. Las bacterias me permiten cosechar energía de mi alimentos, descomponiendo sustancias. Fabrican nutrientes que no puedo fabricar por mí mismo. También suprimen el crecimiento de bacterias perjudiciales que de otra forma me enfermarían. Y educan a mi sistema inmune, enseñándole a tratarlas como a mi y a no atacarlas.

Para todos los efectos, mi microbioma soy yo.

Éste consiste en miles de especies y proviene de muchas comunidades diferentes. Y así, mi microbioma es distinto del tuyo. Hay algunas semejanzas, pero no hay dos personas con la misma colección. Son como ciudades diferentes, como Londres y Tokio, que contienen residentes de distintas culturas, ocupaciones y antecedentes, todos mezclados en distintas formas para producir comunidades con diferentes características.

Superorganismo

Cómo son nuestros microbiomas depende de todos los eventos que ocurren en nuestra vida, desde el primer día.

Nuestro nacimiento es un momento importante porque las bacterias pioneras que heredamos de nuestra madre y del ambiente del hospital dictarán cuáles serán las especies que llegarán más tarde.

Las bacterias que heredé de mi madre, por ejemplo, contenían genes responsables de descomponer las proteínas de la leche lo cual, obviamente, es una capacidad muy útil si lo único que comes durante varios meses es leche.

Ed Yong

Ed Yong es periodista científico.

Cuando comencé a tomar alimentos sólidos, mi dieta se hizo más diversa y también mi microbioma que empezó a incluir muchas más especies. Esto debido a que la bacteria intestinal nos ayuda a descomponer nuestros alimentos y cada tipo de bacteria utiliza su propio juego de herramientas, sus "cuchillos y cucharas" genéticos.

Pero como nuestros alimentos hoy en día están casi totalmente descontaminados y altamente procesados, nos arriesgamos a tener un microbioma más simplificado.

Si comemos demasiado también nos arriesgamos a ese efecto. Cuando inundamos nuestro intestino con calorías, como ocurre a menudo en muchos países, algunas especies de bacteria prosperan a costa de otras. Por eso los obesos tienen un microbioma menos diverso que los delgados.

Los antibióticos también provocan esa reacción. Cuando era niño me dieron docenas de tratamientos antibióticos, muchos de los cuales eran para infecciones virales como el resfriado, para el cual un antibiótico es inútil.

Los antibióticos matan a las bacterias, tanto a las que nos son útiles como las que no. Y aunque pueden volver a crecer, se piensa que nunca se recuperan totalmente.

Pero un microbioma diverso no sólo está basado en la digestión de alimentos. También influye mi sistema inmune. Éste ataca a las bacterias dañinas y puede influir en nuestro riesgo de enfermedades intestinales, alergias, asma, obesidad, diabetes e infecciones.

Lo principal es entender a nuestras bacterias. Quizás en el futuro seremos capaces de resolver problemas médicos influyendo en nuestras legiones bacterianas escondidas. De hecho, esto ya está ocurriendo.

El doctor Alexander Khoruts, un médico estadounidense, ha tratado a pacientes con infecciones intestinales debilitantes con (perdonen si causo cierta aprensión) trasplantes de excremento.

El médico toma bacteria intestinal de una persona sana y la coloca en una persona enferma. Nadie sabe cómo funciona esto pero parece funcionar. Aunque es una investigación nueva parece ser promisoria porque muestra que podríamos ser capaces de manipular deliberadamente a nuestro pasajeros intestinales para mejorar nuestra salud.

Nuestro conocimiento sobre el microbioma todavía está en sus primeros años. Pero los científicos cada día descubren más y más.

Por el momento, es claro que si no considerara a los millones de microorganismos que viven conmigo tendría un entendimiento muy pobre de mi propia vida. Mi microbioma no sólo vive dentro de mi, mi microbioma soy yo.

En muchos aspectos soy como un superorganismo, una alianza entre genes de diversas especies, de las cuales sólo una es humana.

Fuente:

BBC Ciencia

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Vinculan consumo de bebidas gaseosas a conducta violenta

Los adolescentes que consumen a la semana más de cinco bebidas gaseosas estándar, no dietéticas, muestran más probabilidades de comportarse de forma agresiva y violenta, afirma una investigación en Estados Unidos.

El estudio, llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Vermont, y la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, involucró a más de 1.870 adolescentes de entre 14 y 18 años de 22 colegios públicos en Boston.

Y aunque el estudio no analizó la causa de esta asociación, los científicos creen que el contenido de azúcar o cafeína de estas bebidas podría tener un impacto en la conducta de estos individuos.

La investigación aparece publicada en Injury Prevention, una de las revistas especializadas de BMJ, (Revista Médica Británica).

Estudios en el pasado, en particular uno llevado a cabo con adolescentes en Noruega, han mostrado que el consumo de bebidas gaseosas está vinculado con una pobre salud mental entre este grupo.

También se sabe que la dieta puede tener un impacto en la conducta del individuo.

Para investigar esta asociación el nuevo estudio analizó los datos del Sondeo de Jóvenes de Boston.

Éste incluía cuestionarios sobre los hábitos de consumo de los adolescentes. En particular, se les preguntó cuántas bebidas gaseosas no dietéticas habían bebido en los pasados siete días.

Contenido

Los datos mostraron que casi 30% de los jóvenes habían bebido cinco o más latas (de 335 ml.) a la semana, clasificado como alto consumo.

Los jóvenes también respondieron preguntas sobre su conducta, por ejemplo si habían estado involucrados en comportamiento violento hacia sus compañeros, hermanos, pareja, o habían llevado una pistola o cuchillo durante el año anterior.

Al comparar los datos los investigadores encontraron que los adolescentes del grupo de alto consumo mostraron probabilidades "significativamente mayores" de haber estado involucrados en algún comportamiento violento hacia sus compañeros, familiares y parejas.

E incluso tomando en cuenta factores como el consumo de alcohol, género, tabaquismo, cantidad de sueño en días de escuela, los resultados mostraron "una relación clara" entre la dosis de bebidas consumidas y el comportamiento, afirman los científicos.

Por ejemplo, el estudio mostró que 35% de los adolescentes que consumían una o ninguna bebida gaseosa a la semana habían perpetrado un acto violento hacia sus compañeros.

Pero esta cifra aumentó a 58% entre aquéllos que bebían 14 o más de estas bebidas a la semana.

Asimismo, la proporción de los que habían perpetrado un acto violento hacia su pareja fue de 15% entre los que tomaron una o ninguna bebida gaseosa. Pero la cifra aumentó a 27% entre los que bebieron 14 o más latas a la semana.

Y las cifras en las que se vio un acto violento hacia un hermano aumentó de 25,4% entre el grupo de bajo consumo a 43% entre los que bebieron 14 latas a la semana.

Tal como explica la doctora Sara Solnick, quien coordinó el estudio, una posible explicación de esta asociación podría estar en el contenido de azúcar o cafeína que contienen estas bebidas.

Pero no se sabe si la agresión es una causa o un efecto del consumo de bebidas gaseosas.

Es decir, se sabe que el consumo de bebidas azucaradas puede ser una respuesta a niveles anormalmente bajos de glucosa en la sangre.

Y este estado del organismo ha sido vinculado en el pasado a conductas irritables y violentas.

Los científicos subrayan, sin embargo, que es necesario llevar a cabo más estudios para confirmar estos datos y analizar más detalladamente qué tipo de bebidas gaseosas se consumen y cuál es la dieta que acompaña a estas bebidas.

"No sabemos si las "calorías vacías" de las bebidas gaseosas están reemplazando a otros nutrientes importantes en la dieta de los que participaron en nuestra muestra" afirman los autores.

Y concluyen que "podría haber una relación directa de causa y efecto, quizás debida al contenido de azúcar o cafeína de las bebidas gaseosas".

"O quizás podría haber otros factores, que no se tomaron en cuenta en nuestro análisis, que causan tanto el alto consumo de bebidas como la agresión", agregan.

Fuente:

BBC Salud

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¿Qué harías si te entregaran 80.000 dólares ahora mismo?


La mayoría de la gente no está preparada para ganar la lotería. Aunque creamos lo contrario, aunque estemos convencidos de que, tras un golpe de suerte como ése, gestionaremos adecuadamente el dinero para vivir el resto de nuestra vida sin trabajar, lo cierto es que muy pocos son los que están preparados para recibir de un solo golpe una gran cantidad de dinero. La mayoría de gente lo despilfarrará.

Basta con que busquéis las biografías de los ganadores de los premios gordos de la lotería. La mayoría son historias efímeras. Un estudio de 2001 en Estados Unidos, dirigido por el National Endowment for Financial Education, sugería que alrededor del 70 % de la gente que recibe enormes cantidades de dinero de una vez lo gasta todo en los dos primeros años.

Otro ejemplo lo observamos en el caso de la reserva de Samson Cree en Hobbema, Alberta, que está enclavado sobre un yacimiento petrolífero. En esas zonas, entre las reservas de indígenas con importantes ingresos por gas o petróleo, es común que se entreguen grandes sumas de dinero a las personas que alcanzan la mayoría de edad. Concretamente en Samson Cree, las familias percibían casi 3.000 dólares en derechos cada mes, y a los adolescentes se les entregaba 100.000 dólares cuando cumplían 18 años. Sin embargo, Hobbema en Hobbema hubo una oleada de suicidios: de 6.000 habitantes, había unos 300 suicidios anuales.

Relacionar los suicidios con este incentivo económico es quizá aventurado, pero muchos habitantes de Hobbema refieren casos de chicos que gastan el dinero recibido en pocos meses y luego se suicidan, cuando descubren atónitos que se han quedado sin nada y que ya no pueden continuar con su estilo de vida desenfrenado.

Otros estudios empíricos sugieren que recibir grandes cantidades de dinero de una sola vez influye negativamente en la responsabilidad que tenemos sobre ese dinero. Por ello fue desestimada una propuesta llevada a cabo por Bruce Ackerman y Anne Alstott en The Stakeholder Society (La sociedad participativa) a fin de conseguir que se rompieran las grandes concentraciones de riqueza y que cada habitante tuviera, de base, un número de oportunidades más equitativo.

Lo explica así Joseph Heath en Lucro sucio:

Ackerman y Alsott sugieren que los impuestos de sucesiones deben incrementarse para financiar una transferencia de dinero efectivo a cada nueva generación de ciudadanos estadounidenses, 80.000 dólares por persona, que se recibirían entre los 18 y los 25 años. La idea es crear igualdad de oportunidades “nivelando el terreno de juego” desde el inicio de la madurez. Esto se presentó como una propuesta de legislativa seria, completada con cálculos de cuánto costaría (225.000 millones de dólares por año), cómo puede organizarse la financiación, etcétera. La esperanza que tienen es, obviamente, que la gente hará algo sensato con los 80.000 dólares, como pagar una educación universitaria o comprar un fondo de inversión colectiva. Si la gente tuviera que invertir el capital sabiamente, la suma de 80.000 dólares podría generar un flujo de rentas que sería más generoso que las prestaciones sociales disponibles para los individuos solteros en la mayoría de las jurisdicciones.

Seguramente si se hubiera aplicado la medida, mucha gente hubiese empleado ese dinero de forma irresponsable, de esa manera irresponsable en la que la mayoría de nosotros manejamos las grandes transferencias de dinero llegadas por un premio de la lotería o una herencia. Sólo basta echar un vistazo a cómo los estadounidenses gestionan su dinero: aplazan más de 650.000 millones de dólares sólo en deuda de tarjeta de crédito, a tipos de interés prohibitivos. El autocontrol, pues, no parece una característica en un mundo donde se mezcla nuestro cerebro, los anuncios de objetos mercables en grandes cantidades y variedades y las opciones cada vez mayores de incrementar la liquidez de forma rápida.

Por si esto fuera poco, todo parece indicar que incrementar la renta (cuando ya tenemos una renta aceptable) no nos hace necesariamente más felices, como ya os expliqué con detalle en el artículo ¿Los ricos son felices?

Fuente:

Xakata Ciencia

Contagio: ¿qué tan verosímil es la película?


El film muestra como el pánico y el caos se extienden tanto o más rápido que la enfermedad.

Las películas más taquilleras de Hollywood no suelen caracterizarse justamente por su precisión científica. Por eso la pregunta surge de forma instantánea en cuanto llegan los créditos de la última entrega del cine catástrofe, que trata de la expansión de un virus letal: ¿qué tan realista es?

"Demasiado tarde para contener la gripe porcina"; "Virus del Sars muta con rapidez"; "Cepa mutante de la gripe aviar llega a China y Vietnam".

No son líneas del guión, sino títulos de la prensa real, de la última década.

Están relacionados con enfermedades que se temió pudieran extenderse por el globo cobrándose la vida de millones.

Pero aunque han provocado muertes, nunca se convirtieron en las temidas "plagas modernas".

¿Qué tan realista es entonces la epidemia de la enfermedad infecto-contagiosa que muestran en Contagio?

Para un científico que ya la vio, la respuesta es "muy".

John Edmunds, de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, quien se dedica a estudiar cómo abordar las pandemias, es obviamente "la ilustración del peor de los casos".

Y agrega: "pero no puede descartarse que ocurra. La base científica de la película es buena".

¿Candidatos posibles?

Contagio (C) Warner Bros.

De acuerdo a los expertos, en Contagio la reacción de las autoridades es verosímil.

Contagio comienza con la actriz Gwyneth Paltrow de viaje de negocios en Hong Kong. La película muestra cómo el virus que coge en el viaje pasa de persona a persona cuando regresa a Estados Unidos. La trasmisión ha comenzado.

El catedrático dice que es posible objetar algunas minucias como la rapidez con que desarrollan una vacuna en el film, en el que también participan Matt Damon, Kate Winslet y Jude Law.

Pero Edmunds afirma que buena parte, como la epidemiología -es decir, la investigación del brote- y la participación del Centro de Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), es verosímil.

"Por ejemplo, la pandemia de gripe de 1918 fue al menos tan grave como lo que muestran en Contagio", dice.

"Y en 2003 tuvimos el Sars (Síndrome Respiratorio Agudo Grave), que estuvo muy cerca de convertirse en algo como Contagio".

"Sólo dos cosas lo previnieron: la gente con Sars no era contagiosa hasta que empezaba a presentar síntomas, y para entonces, ya estaba en el hospital. y la hospitalización y el aislamiento fueron efectivos", sostiene.

Pero Edmunds afirma que si esas dos cosas no se hubieran dado, el virus se habría esparcido con muchísima rapidez, también a sitios donde no existen las mismas provisiones de salud, y la historia hubiera sido distinta.

"El VIH es otro virus que se ha extendido por el mundo. La única diferencia ahí es el modo de contagio", agrega.

Pero cuando la gente piensa en virus que se extienden por el mundo, lo primero que viene a la mente es la gripe.

Gwyneth Paltrow en la película Contagio (C) Warner Bros.

En la película, Paltrow coge un virus en Hong Kong que desparrama por Estados Unidos a su regreso.

La gripe aviar, el H5N1, apareció por primera vez en 2003. Los expertos habían estado advirtiendo de una pandemia de gripe de proporciones gigantescas que mataría a millones, y la gripe aviar pareció una buena candidata.

Pero en los hechos ha provocado la muerte a unas 330 personas desde entonces, de acuerdo a las estadísticas oficiales. Eran personas que criaban aves o que tenían pájaros en sus casas.

Por ahora está combatiéndose a sí misma. No puede extenderse con rapidez entre humanos porque mata con rapidez a su portador, con lo que el contagio no llega a darse.

"La gripe aviar es sumamente letal", dice Edmunds. "Alrededor de la mitad de la gente que la cogió, murió. Lo que la ha frenado hasta ahora es que no se transmite fácilmente entre humanos, pero no es algo imposible que en el futuro se vuelva transmitible", señala.

¿Dónde y cuándo?

Luego vino la gripe porcina.

Apareció por primera vez en México en 2009. Pasó de país en país a una velocidad de vértigo, porque se trataba de una nueva forma de gripe -el virus H1N1- y la gente no le era inmune.

Para finales de febrero de 2010, la pandemia había causado 15.921 muertes en todo el mundo. Pero para el verano boreal de 2010 la incidencia del virus había caído y la OMS pudo declarar el fin de la pandemia.

Sin embargo, el H1N1 era la cepa de gripe prevaleciente en el Reino Unido el pasado invierno, y volverá con fuerza este año. Es una gripe distinta a las demás, porque puede matar a adultos previamente saludables. pero para la mayoría no pasa de ser una gripe normal.

Sí tiene la capacidad de contagiarse como el virus de Contagio. Pero es poco probable que sea tan mortífera.

Y si Contagio muestra un escenario posible, aunque remoto, ¿cuál es la enfermedad con más posibilidades?

De acuerdo a los científicos, puede ser cualquiera de las enfermedades ya conocidas que presenten una mutación o cambio inesperado.

Mike Catchpole, un experto británico de la Agencia para la Protección de la Salud, dice: "A la que seguimos de cerca es la gripe. Sólo tienes que mirar a la epidemia de 1918 para darte cuenta de que puede resultar en un alto número de casos, y de muertes".

"Lo que ocurre es que simplemente no sabemos de dónde o cuándo se producirá una nueva pandemia de gripe".

O quizá con más probabilidad, la próxima enfermedad mundial sea provocada por algo que a nadie se le ocurrió aún.

Fuente:

BBC Ciencia

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El experimento del taxista de Múnich o por qué lo que parece una solución acaba siendo un problema




Los modelos sociales a gran escala son tan complejos que un pequeño cambio en el entorno puede tener consecuencias inesperadas. Por ejemplo, imaginemos que queremos reducir el número de accidentes de tráfico. Si alguien nos sugiere implementar en los coches el sistema de frenos ABS, probablemente pensaremos que es una buena idea para evitar accidentes.

Pero un experimento demostró que era justo al contrario.

Fue el llamado Experimento del taxista de Múnich, llevado a cabo a finales de 1980. La mitad de la flota de una compañía de taxis de Múnich estaba equipada con el nuevo sistema de frenos ABS, la otra mitad no. Lo que descubrieron los investigadores es que la mayoría de los taxis que se veían involucrados en accidentes eran justamente los coches equipados con ABS.

Para averiguar qué ocurría, instalaron una suerte de caja negra en los taxis que registraba toda la información de la conducción. Los taxistas también podían ir acompañados de observadores que tomaban nota de tus conducta; pero los taxistas no sabían quién era observador y quién no lo era, y los observadores no sabían tampoco si el taxi tomado tenía ABS o no.

Todos los datos sugerían lo mismo: los conductores habían cambiado rápidamente su forma de conducir por la presencia del ABS y ese cambio acababa por completo con los beneficios proporcionados por el nuevo sistema de frenos. Una vez se dieron cuenta de que la distancia efectiva de frenado era más corta, comenzaron a conducir pegados al coche de delante, a hacer giros más bruscos, a conducir más rápido y, en general, a ser menos cuidadosos. El nuevo “equipamiento de seguridad”, lejos de hacer los coches más seguros, en realidad los estaba haciendo más peligrosos, sencillamente porque su presencia cambiaba el comportamiento al volante de los conductores.

En un sistema tan complejo como la sociedad en su conjunto, la relación causa-efecto se diluye, así que es difícil averiguar qué medidas son las apropiadas para atajar un problema o si realmente el problema fue atajado por esas medidas o por otras de las que no somos conscientes. En el mundo del tráfico ocurren continuamente estas cosas.

Por ejemplo, imaginad que queréis solucionar el problema de embotellamientos en las carreteras de acceso a una gran ciudad. La lógica impone que sólo hay que construir más carreteras y solucionado. Sin embargo, siempre que se construyen nuevas carreteras, el tráfico crece en poco tiempo (la gente, al descubrir que es más fácil circular, sencillamente coge más el coche).

En el mismo sentido, parece que el apoyo al transporte público sea la panacea a los embotellamientos de las carreteras. Sin embargo, no es exactamente así. A más transporte público eficiente y barato, menor número de coches en la carretera… pero a menor número de coches en la carretera, también aumenta la comodidad a la hora de circular, las distancias se cubren más rápido, se gasta menos combustible… y finalmente ir en coche es siempre mejor que ir en transporte público. Con lo cual las carreteras vuelven a llenarse hasta cierto umbral de densidad.

Algo parecido puede decirse de los países que conducen por la izquierda. Pensamos que si obligamos a esos países a conducir por la derecha provocaremos toda clase de accidentes hasta que se acostumbre. Sin embargo, el efecto es justo en contrario: se reduce considerablemente el número de accidentes porque la gente conduce con más miedo y precaución (hasta que se acostumbran a la nueva forma de conducción), como ya os expliqué en ¿Te da miedo conducir por la derecha? La transformación viaria de Suecia.

Vía | Lucro sucio de Joseph Heath

Tomado de:

Xakata Ciencia

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