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27 de octubre de 2011

Nuevo jefe de la FAO advierte que el agua es una barrera para alimentar al mundo

Especial: Demografía

Jose Graziano

Graziano denuncia que mientras 1.000 millones pasan hambre, 2.000 millones son obesos.

La necesidad de incrementar la productividad agrícola para alimentar a la creciente población global -ya somos 7.000 millones- está ejerciendo una fuerte presión sobre los recursos naturales, especialmente el agua, según el brasileño José Graziano, director general electo de la FAO.

"El agua se ha convertido en el principal obstáculo para aumentar la producción, especialmente en algunas áreas como la región andina, Sudamérica y los países subsaharianos", dijo en entrevista con la BBC el que será próximo número uno del Organismo de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

De acuerdo con los cálculos de la FAO, en 2050 la producción de alimentos tendrá que ser un 70% mayor para poder mantener el ritmo de crecimiento de la población.

Graziano afirma que, pese a la presión sobre los recursos naturales que supone el creciente número de seres humanos sobre la Tierra, es posible terminar con el hambre con cuatro acciones principales: aplicación de modernas técnicas en la agricultura (muchas ya disponibles), crear una red de seguridad social para la población más vulnerable, recuperar para la agricultura los productos locales y cambiar los patrones de consumo de los países ricos.

"Si pudiéramos cambiar los patrones de consumo de los países desarrollados, habría comida para todos", comenta. "Desperdiciamos mucha comida en la actualidad, no solo en la producción, sino también en transporte y consumo".

Según Graziano, titulado en Agronomía, Economía Rural y Sociología, mientras en los países ricos desperdician comida, 1.000 millones de personas pasan hambre.

"Necesitamos asegurar que esa población pueda alimentarse, facilitarles buenos trabajos bien pagados o, si no, encontrar una fórmula de protección social".

El brasileño dice que los programas de transferencia de dinero sirven a unas 120 millones de personas en América Latina, lo que ha ayudado a reducir las tasas de desnutrición en la región.

Graziano aboga por expandir esos programas a otros países afectados, especialmente en África.

Mercados locales

Otra acción que podría ayudar a luchar contra el hambre, argumenta, es recuperar la agricultura de productos típicos de cada región.

Además, agrega que, en tanto esos productos no son materias primas, no se ven afectados por cambios repentinos en el precio, beneficiando así a consumidores y productores. También pueden crear un ciclo de producción y consumo local.

"Lo que hace la comida cara es el transporte, porque la producción es muy barata. Si pudiéramos diversificarla, volver regionales los canales de distribución, los precios serían mucho menores".

Graziano también afirma que estimular los productos tradicionales ayudaría a diversificar las fuentes de comida.

"En la actualidad, hay sólo unos pequeños productos responsables de la alimentación de 7.000 millones de personas".

Según comentó en la entrevista, la prioridad dada a los alimentos presentes en los mercados internacionales, por ejemplo, reduce la capacidad de América Latina en la producción de fríjol, una fuente tradicional con alto valor nutritivo que se obtiene a bajo costo.

Problema de la obesidad

La diversificación de la producción agrícola también serviría para afrontar otras preocupaciones relacionadas con la comida: el incremento de la clic obesidad, incluso en países pobres.

Procción azucarera en Brasil

Graziano defiende que el etanol de Brasil no afecta al precio de los alimentos.

Graziano asegura que el número de personas con una dieta inadecuada o con obesidad ya está en los 2.000 millones, el doble de quienes pasan hambre.

Y lo atribuye al estilo de vida moderna, que desincentiva la actividad física y facilita el acceso a comida industrializada, normalmente con altas concentraciones de azúcares.

Por eso, el brasileño cree que la lucha contra la obesidad debería incluir campañas educativas "que están siendo descuidadas".

"Creemos que nuestras madres sabían lo que se debía comer. Eso podría servir para nuestras abuelas, que solían tomar los alimentos de la huerta, pero las madres de hoy buscan comida rápida porque pasan mucho tiempo trabajando fuera de la casa".

Graziano también argumenta que las multinacionales de comida rápida deberían ser conscientes de su responsabilidad en este problema e incrementar la presencia en sus menús de alimentos frescos, como frutas y verduras.

Biocombustibles

El que en la actualidad es todavía director regional de la FAO para América Latina y el Caribe destaca otros dos problemas que, junto a la obesidad, son parte de la reciente discusión sobre la producción de alimentos alrededor del mundo.

Son la supuesta competición entre agricultura para la alimentación y la producción de biocombustibles, y los riesgos que la agricultura impone a la preservación del medioambiente.

Destaca que dos de las tres áreas que más producen biocombustibles, EE.UU. y Europa, han experimentado alzas en el precio de algunos alimentos por tener que competir con los biocombustibles.

Pero en la tercera, su país natal, los estados en que se produce etanol a partir de caña de azúcar no están observando ningún impacto en los precios de los alimentos, pues la fuente está sobre todo en tierras que no eran productivas y que lo son gracias a la modernización de las técnicas.

"Igual que hay colesterol bueno y malo, eso pasa con los biocombustibles".

Graziano agrega que no hay conflicto entre la preservación ambiental y la necesidad de expandir la producción agrícola.

"La intensificación de la producción a través de tecnologías modernas, reduciendo el uso de fertilizantes y pesticidas, pueden beneficiar enormemente el medio ambiente".

"Los avances tecnológicos en esa dirección deberían terminar con esta dicotomía entre los ambientalistas y los agricultores".

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BBC Ciencia

Cada segundo nacen cinco seres humanos

Especial: Demografía

Un joven se manifiesta en Madrid mientras una mujer muere durante el parto en Nigeria. Los neones ciegan en Tokio y un anciano llora su soledad en Noruega... Un gemido, un sollozo, parto, parto, parto… Cada segundo, cinco recién nacidos incrementan el censo del mundo.

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Las calles de Tokio, la ciudad más poblada del mundo. | Rudy Sulgan

Estos nacimientos nos llevan a crecer en 80 millones al año y a batir este mes de octubre de 2011 el récord de los 7.000 millones de 'vecinos' en la Tierra. El doble que en 1971. De acuerdo con las proyecciones de la ONU, el perfil medio de esta comunidad que aumenta, cada vez más contenida, es el de un asiático de 25 años y la vida a la que se enfrenta, de todo menos sencilla.

«El ciudadano 7.000 millones llega a un mundo interconectado, con nubes negras de crisis en los países desarrollados, pero con muchas potencias del sur superando la brecha. Nace en un mundo de relaciones internacionales nuevas, con desafíos, pero también con medios que no teníamos antes para sobreponerlos». La bienvenida al 'nuevo' se la da José Miguel Guzmán, experto de la UNFPA (fondo de población de la ONU), y estudioso de las tendencias en que nos movemos: mientras el mundo rico envejece haciendo tambalearse el bienestar, el menos desarrollado lucha contra la falta de opciones para planificarse. Los números hablan por sí solos: 97 de cada 100 personas nacen en países empobrecidos. [Consulte el informe de la ONU en PDF]

En términos globales, el ritmo de crecimiento de la población está descendiendo: la tasa de fecundidad mundial ha disminuido un 50% en 60 años —de los cinco niños por mujer en 1950, a 2,5 en 2010—. El aumento anual es del 1,1% y se prevé que entremos en fase de estabilidad a partir del año 2070. Lejos quedan las previsiones catastrofistas de Malthus, que alertaba en 1798 —'Ensayo sobre el principio de población'— de que crecíamos en proporción mayor que los alimentos y habría grandes guerras hasta alcanzar el equilibrio. O las del biólogo Paul R. Ehrlich, que en 'The population bomb' (1968) hablaba de la superpoblación como amenaza y cifraba en 2.000 millones la sostenibilidad del planeta.

Erraron en su análisis. No contaron con la tecnología. «Nunca antes hemos sido tan creativos. Hay más conciencia sobre el medio ambiente, cambios energéticos, mejoras en la medicina... Estamos a tiempo de crear un mundo sostenible», afirma Álvaro Serrano, coordinador de la campaña 7 Billion Actions, centrada en lograr ese objetivo.

Pero las diferencias entre países son abismales: mientras que Japón, la mayor parte de Europa, Singapur y Rusia presentan tasas de fecundidad de 1,6 niños por mujer o menos, Afganistán y el África Subsahariana superan los cinco. Otra cifra de las que hablan solas: Alemania con 82 millones de personas y Etiopía, con 83, son ahora similares en censo, pero en 2050, el alemán habrá disminuido a 75 mientras que el de Etiopía 'pesará' el doble. De cumplirse las previsiones, África se triplicará de aquí a final de siglo —pasará de 1.000 millones de personas hoy a 3.600 en 2100— y, en una década, La India superará a China como el estado más poblado del mundo. Europa será el único continente que decrezca: tras tocar el techo de 740 millones en 2025, seremos 63 millones de europeos menos al despedir la centuria.

«Existe una gran diversidad demográfica que podemos separar en tres grandes bloques», resume Guzmán: «Los países ricos, que tienen que compensar con inmigración su crecimiento negativo; los países con ingresos medios, que están acercándose al nivel de reemplazo —2,1 hijos por mujer, fundamentales para sostener el sistema— y los menos desarrollados, que mantendrán una natalidad elevada hasta mitad de siglo y luego se contendrán». Si las tendencias persisten, la Humanidad alcanzará los 9.000 millones de personas en 2050 y seremos más de 10.000 al finalizar el siglo. Más y mayores: la esperanza de vida ha pasado de 48 años en 1950, a 69 hoy. Guzmán advierte de que ningún país escapará a la «transición hacia el envejecimiento», pero ése es sólo uno de los retos a los que nos enfrentamos: cada día, 1.000 millones de personas pasan hambre; otros 1.000 millones no tienen acceso al agua; mil mujeres mueren durante el embarazo o parto...

¿Cuántos habitantes puede soportar el planeta? Espacio hay —la población actual cabría en el estado de California—; pero la sostenibilidad dependerá de las políticas y modelos de consumo que asumamos: «Serán cruciales los cambios que hagamos en los próximos 30 años. Es necesario planificar el acceso a servicios básicos, potenciar el poder de las mujeres para decidir sus vidas y reducir la dependencia de los mayores», explica Marcela Suazo, directora de la UNFPA para América Latina. Y advierte: «El 7% de la población —los 500 millones más ricos— producen el 50% de las emisiones CO2 —las de un estadounidense equivalen a las de cuatro chinos, 20 hindúes, 40 nigerianos o 250 etíopes—». Por ahí, no. ONGs y Naciones Unidas ponen sus esperanzas en los casi 2.000 millones de jóvenes que tenemos —el 43% de la población es menor de 25 años—. Invirtiendo en ellos, dicen, estamos a tiempo de diseñar un nuevo planeta.

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El Mundo (España)

Somos 7.000 millones, ¿cuáles son los desafíos?

Especial: Demografía

Años en que aumentó la población mundial, con incrementos de mil millones
  • 1.000 millones. . . 1804
  • 2.000 millones. . . 1927 (123 años después)
  • 3.000 millones. . . 1959 (32 años después)
  • 4.000 millones. . . 1974 (15 años después)
  • 5.000 millones. . . 1987 (13 años después)
  • 6.000 millones. . . 1999 (11 años después)
  • 7.000 millones. . . 2011 (13 años después)
  • 8.000 millones... 2024 (13 años después)
  • 9.000 millones... 2042 (18 años después)




El 31 de octubre, según las proyecciones de Naciones Unidas, la población mundial llegará a 7.000 millones, mil millones de personas más que hace sólo 13 años y 6.000 millones más que al comenzar el siglo XIX.

En su informe anual lanzado este miércoles en Londres, el Fondo de Población de la ONU, UNFPA por sus siglas en inglés, advierte sobre enormes desafíos.

"¿Cómo asegurar que cada uno de nosotros tenga un nivel de vida digno y al mismo tiempo, preservar los recursos de la Tierra? ¿Cómo reducir la brecha entre ricos y pobres, entre hombres y mujeres? ¿Cómo lograr que las ciudades sean aptas para vivir? ¿Que las mujeres tengan la libertad suficiente para decidir en materia de reproducción?", señaló Safiye Cagar, vocera de UNFPA.

El hito de siete mil millones de personas va acompañado, según el informe, de éxitos, reveses y paradojas.

-Si bien, en promedio, las mujeres tienen menor cantidad de hijos que en el decenio de 1960, la cantidad de seres humanos sigue aumentando. En algunos países las altas tasas de fecundidad perpetúan la pobreza, mientras que en algunas naciones ricas el bajo número de adultos en actividad laboral pone en peligro los sistemas de seguridad social.

-La expectativa de vida promedio ha aumentado 20 años desde 1950, de 48 a 68 años, pero se estima que más de 880 millones de personas a nivel global aún no tienen acceso a fuentes seguras de agua potable, y 2,6 millones carecen de servicios básicos de sanidad como excusados.

-La Tierra en 2011 alberga enormes desigualdades. En 1960, el 20% más rico de la humanidad percibía el 70% de los ingresos. En 2005, de acuerdo al Banco Mundial, ese porcentaje había aumentado al 77%. Ese mismo año, la misma institución estimó que el número de personas viviendo en extrema pobreza, con US$1,25 o menos al día se situaba en 1.400 millones.

-En el planeta viven 1.200 millones de adolescentes o preadolescentes entre 10 y 19 años. Pero más de 101 millones de niños en edad escolar no van a la escuela, y de este grupo más de la mitad son niñas. Se estima también que de los más de 770 millones de analfabetos adultos, dos tercios son mujeres.

Gráfico sobre el crecimiento de la población mundial

Los desafíos de América Latina

En su informe, la ONU se centró en el estudio de nueve países, entre los que se incluyen China, Egipto, India y México.

Uno de los temas analizados en el caso mexicano es el impacto de la educación sexual en las decisiones reproductivas.

"Los estudios de evaluación han mostrado que la educación sobre sexualidad tiene repercusiones en cuanto a aplazar la edad de la primera relación sexual, acrecentar la utilización de métodos anticonceptivos, especialmente condones (preservativos), y reducir los niveles de violencia contra las adolescentes. Esto redunda en la reducción de los embarazos precoces y no deseados y en la disminución de la cantidad de casos de VIH/SIDA", señala en el informe Gabriela Rivera, Oficial auxiliar de Programas en la Oficina del UNFPA en Ciudad de México.

La población de América Latina es actualmente cercana a los 600 millones, un 8,6% de la población mundial, y se estima que llegará en 2050 a los 750 millones.

Entre los desafíos principales para la región se encuentran la creciente urbanización y el envejecimiento de la población.

Jóvenes en Etiopía ©UNFPA/Antonio Fiorente

El número de adolescentes y preadolescentes, entre 10 y 19 años, es de 1.200 millones. ©UNFPA/Antonio Fiorente

"En los próximos 25 años, la población urbana de América Central se va a incrementar en 40 millones de personas. Lo importante es ver cómo se está planificando para este crecimiento poblacional", dijo a la BBC José Miguel Guzmán, jefe de población y desarrollo del UNFPA.

Por otra parte, "la población de A. Latina mayor de 60 años se duplicará entre 2010 y 2030 (sólo 20 años), pasando de 59 a 118 millones", agregó Guzmán.

9.000 millones en 2043

La ONU prevé que la población mundial llegará en 2050 a 9.300 millones. En el siglo XXI, Asia seguirá siendo la región más poblada, pero África ganará terreno. Se prevé que su población se triplicará, de 1.000 millones en 2011 a 3.600 millones en 2100.

En un planeta que enfrenta el impacto del cambio climático y la pérdida de biodiversidad, el gran interrogante es cómo proveer una vida digna para otros dos mil millones de personas en forma compatible con la preservación de la Tierra.

La Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación, FAO, advirtió en el pasado que será necesario producir un 70% más de alimentos para 2050.

El informe de la ONU afirma, por su parte, que si desde ahora se realiza una correcta planificación "nuestro mundo de siete mil millones y más podría tener ciudades prósperas y sostenibles".

El documento recuerda la importancia de ofrecer información para los más de 200 millones de mujeres en el mundo en desarrollo que quieren acceso a la planificación familiar pero no lo tienen.

Pero para muchos no se trata simplemente de controlar la población, sino de reducir los patrones de consumo en los países desarrollados.

Paul Ehrlich Foto Linda A. Cicero / Stanford News Service

El biólogo Paul Ehrlich advirtó sobre el impacto de la población en los recursos y ecosistemas del planeta. Foto: Linda A. Cicero / Stanford News Service

En su libro de 1968, titulado "La bomba de población", el biólogo Paul Ehrlich ya advertía sobre los riesgos de un crecimiento descontrolado del número de personas en el planeta.

¿Qué problemas ve Ehrlich hoy en día? Desde la Universidad de Stanford, el biólogo señaló que "estamos viendo distorsiones climáticas que llevan a aumentos en el precio de los alimentos, pérdida de biodiversidad, deterioro en los servicios aportados por ecosistemas (...) y una reducción en la probabilidad de que pueda evitarse el primer colapso catastrófico de una civilización global".

"Cuando es necesario, las sociedades humanas han mostrado una habilidad increíble de cambiar rumbos hacia nuevas direcciones. Por ejemplo, los patrones de consumo cambiaron de un día para otro durante la Segunda Guerra Mundial y vimos el éxito de los movimientos de derechos civiles. Soy optimista de que cuando llegue el momento, la forma en que tratamos el medio ambiente y a otros seres humanos será tema prioritario en todas partes. Mi único temor es que esto no suceda a tiempo".

Fuente:

BBC en español

Superpoblación en Japón: Tokio, la marea humana

Especial: Demografía


Mari Tanitsu y su marido, Mako, trabajan más de 10 horas al día y disfrutan de muy pocas vacaciones. Una vez al año se escapan a algún baño termal en la montaña para reponer fuerzas, y el resto del año esperan a tener algún día libre para salir o simplemente descansar. La última vez que hicieron un viaje largo fue hace cinco años, cuando pasaron cinco días en Hawaii.

Cada mañana, Mari Tanitsu se levanta a las seis y sirve en la mesa el desayuno habitual: dos tazas de café, dos tostadas y un poco de fruta cuidadosamente pelada y cortada. Mako, su marido, come deprisa y se va a trabajar. Es redactor jefe en una revista mensual de automóviles.

Mari se toma su café tranquilamente y se maquilla antes de sentarse frente al ordenador. Desde que dejó de ser empleada de Renault por voluntad propia se dedica a subtitular películas en inglés. Es un trabajo que le impone unos tiempos de entrega muy estrictos, pero le divierte y le permite estar en casa. Vive en un piso pequeño pero agradable de Shimokitazawa, en el distrito de Setagaya, junto a la casa de sus padres. Ahora que su madre ha muerto ya le importa menos, pero fue crucial estar cerca de ella durante los últimos años.

Tradicionalmente los japoneses deben cuidar a sus padres cuando éstos se hacen mayores como signo de gratitud por lo que han recibido de ellos. Es una de las máximas del confucianismo que más hondo han calado en la sociedad. La tradición dice aún más: las esposas de los primogénitos deben cuidar de su suegra, pero Mari se casó con el pequeño de dos hermanos. Su obligación se redujo al cuidado de su madre y de su abuela casi centenaria. Afortunadamente, su padre goza de buena salud y no necesita demasiada atención, pero a Mari le gusta prepararle la comida y acercarse a comer con él. «Así, ninguno de los dos comemos solo», dice.

Tanto Mari como Mako trabajan más de diez horas al día y disfrutan de muy pocas vacaciones. Una vez al año se escapan a algún baño termal en la montaña para reponer fuerzas, y el resto del año esperan a tener algún día libre para salir o simplemente descansar. La última vez que hicieron un viaje largo fue hace cinco años, cuando pasaron cinco días en Hawaii. Este archipiélago del Pacífico es un destino asequible para los japoneses y el lugar predilecto para celebrar bodas.

Pero Mari y Mako no se casaron allí; simplemente disfrutaron de cinco días de sol y playa que se han convertido en la gran excepción de sus vidas. Los alquileres de pisos son muy caros en Tokio y ambos tienen que trabajar mucho para pagar las facturas y mantener un tren de vida confortable. Pero si algo tienen claro es que prefieren esa vida a la de traje y corbata. «Al menos puedo ir a trabajar en vaqueros», dice Mako.

Mari sabe lo que es trabajar en una oficina; lo hizo durante algunos años en Renault. Cobraba más y tenía posibilidades de ascender, pero a cambio tenía muy poca libertad. Ahora la tiene.

Eso es un respiro en una ciudad con tantos asalariados que deambulan con sus uniformes y salen borrachos del metro después de haber ahogado sus frustraciones en el alcohol. Un elevado número de ellos se suicida a los 50 —las cifras más conservadoras hablan de unos 33.000 suicidios al año; el 71% de las víctimas son hombres, según datos de 2009—. Mari comprende, dice, el vértigo que sienten los extranjeros cuando en estaciones de metro como Shinbashi o Shinjuku se encuentran con hordas de hombres con el mismo traje y la misma corbata caminando con su maletín mirando al infinito.

Muchas amigas de Mari están haciendo carrera en empresas privadas. Todavía son jóvenes, pero saben que en algunos años tendrán hijos y se verán obligadas a dejar de trabajar. Las compañías japonesas no facilitan la conciliación laboral y los periodos de baja maternal que conceden son ridículos o inexistentes. Lo habitual es que las mujeres abandonen su puesto, lo cual las aleja, a menudo para siempre, del mercado laboral.

Pese a todo Mari tiene sus pequeños placeres: una parte del día la dedica a cocinar. Hace poco participó en un curso de comida china, aunque su especialidad es la cocina francesa. Siente fascinación por todo lo francés, incluso ahora que han pasado tantos años desde que volvió de Francia. Recuerda con mucha emoción su vida de estudiante en París y hace todo lo posible por seguir hablando el idioma.

En sus ratos libres practica taichi, ve cine francés, hace la compra o se va a mirar tiendas. Shimokitazawa está lleno de pequeños comercios de su gusto, tanto de ropa como de comida o libros. Le gusta pasear por las callejuelas llenas de tiendas de diseñadores independientes y libros de segunda mano. Otras veces se acerca hasta Shibuya, el barrio ‘loco’ de Tokio, que queda sólo a tres paradas de tren.

A diferencia de sus padres, que vivieron el Japón paupérrimo de la posguerra aún muy marcado por las tradiciones, Mari se siente cómoda en su estilo de vida occidental. Ha elegido libremente a la persona con la que quería casarse, disfruta comprando buena materia prima para cocinar, tuvo la oportunidad de estudiar fuera y comparte las tareas domésticas con su marido.

«Algún día quiero volver a París», dice Mari. «¡Tenemos que conseguir Mako y yo 10 días seguidos de vacaciones!».

«Eso es imposible», dice Mako. «Tendrán que ser cinco».

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El Mundo (España)

El consumo creciente es la amenaza clave al aumento de la población

Especial: Demografía

Multitud en una calle

El paso al que crece la población mundial está superando los cálculos hechos por Naciones Unidas.

El biólogo estadounidense Edward Wilson examina las perspectivas de sobrevivencia de un mundo que, dentro de muy poco, enfrentará el desafío de sostener a siete mil millones de habitantes.

Es absolutamente crucial controlar desde muy cerca el crecimiento de la población humana.

De hecho, ya estamos superando las expectativas de Naciones Unidas, con unos 9.000 millones calculados para 2043.

Deberíamos tratar de frenarnos en los 10.000 millones. Eso sería factible, y las tendencias van en esa dirección, con una baja de las tasas de fertilidad en todos los continentes.

Pero habría que poner más esfuerzos en alejarnos del sometimiento de la mujer, de los nacimientos no deseados y de un crecimiento de la población generalizado.

Sin embargo, aún más importante, deberíamos estar tratando de manera creativa con el asunto del creciente consumo per capita en el mundo.

Eso va a tener consecuencias devastadoras y tenemos que abordar el problema de modo que apuntemos a un estándar de alimentación y niveles de vida decentes para la gente en todo el orbe, que sean sostenibles.

Eso no está en ningún programa del mundo de una manera que tenga una repercusión sobre países individuales y la gente que está más involucrada.

Estoy particularmente preocupado por lo que estamos haciendo con el resto de la vida. Estamos destruyendo la diversidad biológica, que consiste en ecosistemas y las especies que viven en ellos.

El peligro de ser verde a medias

Según Wilson, debemos volcar nuestra atención a las partes vivas de los ecosistemas.

Parte de nuestro problema en ser verde a medias es que la población mundial ha estado centrándose en las partes no vivas del medio ambiente, en los recursos naturales, en la calidad del agua, de la atmósfera, en el cambio climático tec.

Todo eso está muy bien, pero ahora deberíamos volcar nuestra atención, con igual énfasis, a la parte viva de nuestro medio ambiente, hacia nuestros ecosistemas naturales que aún están en pie y la gran mayoría de especies, que tienen millones de años y están en proceso de erosión.

Quisiera ver que se pone mayor atención al establecimiento de reservas y parques en todo el mundo.

Ya lo estamos haciendo en algunos lugares, pero de manera parcial, y no a la velocidad necesaria.

Necesitamos seleccionar más lugares de refugio, donde la naturaleza, donde el resto de la vida, el medio ambiente vivo pueda ser protegido, mientras resolvemos nuestros problemas como especie y nos asentamos antes de destruir la totalidad del planeta.

Alternativas para el siglo que viene

Vamos a entrar al siglo XXII ya sea con un planeta en muy malas condiciones y con menos perspectivas de habitabilidad para nuestra especie, o bien, con las suficientes reservas de vida preservada y el potencial para reconstruir un mundo natural suficiente como para darle a la humanidad un asomo de paraíso, con un estándar de vida decente para todo el mundo.

No podemos pretender que los países desarrollados elaboren programas de producción y consumo sostenibles, hasta que los países desarrollados no lo hagan mejor y muestren el camino.

Por ahora, la gente rica tiene niveles de consumo absurdos y las diferencias, incluso en los países desarrollados, entre el sector más rico y el sector más pobre están acentuándose.

Ésta es una tendencia peligrosa. Necesitamos dar un ejemplo en los países desarrollados, por lo menos a través de una limitación moderada de nuestro consumo y una distribución de la riqueza más sabia.

Fuente:

BBC Ciencia

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El drama de las mujeres en la India

Especial: Demografía

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Las mujeres se encargan de la mayoría de las tareas agrícolas. | R.Q.

«¿Quiere saber el sexo de su bebé?», reza un cartel publicitario en las abarrotadas calles de Varanasi. Bajo esta propuesta, inocente en apariencia, se oculta una realidad trágica: el aborto selectivo es una constante en una sociedad en la que 'niña' es sinónimo de 'carga económica' para familias empobrecidas, que tendrán que pagar una dote para casarlas y no podrán contar con sus ingresos, como sí hacen con los varones. Ser mujer es una condena desde la gestación.

«La preferencia por los hombres es algo muy arraigado en la sociedad india, el problema es que ahora se combina con la tecnología que permite saber el sexo del feto. Por eso, las que más practican el aborto selectivo son las mujeres de más nivel económico porque son las que pueden pagar las ecografías —cuestan unas 600 rupias, alrededor de 10 euros—. Si una mujer no 'produce' un hijo, es estigmatizada. Su marido y su familia no estarán contentos con ella. Es un terreno complicado que juega con la ética de la sociedad y de los médicos», explica Frederika Meijer, representante de la UNFPA —el fondo de población de Naciones Unidas— en La India y que trabaja sobre el terreno con diferentes organizaciones para fortalecer a las mujeres.

El 'India Times' informaba el 21 de octubre de 2011 de que las grandes ciudades están registrando el peor ratio de sexos del país: mientras que la media india es de 914 niñas por cada 1.000 niños entre los 0 y seis años, el de las grandes ciudades es de 898. Delhi presenta el peor dato, con sólo 868 mujeres. Lo normal en una sociedad que no interviene en la natalidad es que nazcan unas 960 mujeres por cada mil varones.

Desde 1996 existe una ley que prohíbe las pruebas de determinación de sexo en las ecografías, pero la práctica sigue estando muy extendida en la enorme red de clínicas privadas del país. Y aunque el aborto es legal hasta las 12 semanas bajo los preceptos tradicionales (malformación, peligro para la madre, etc.), en ningún caso se contempla entre ellos la cuestión del sexo. Además, es peligroso: según la ONU, se practican más de 10 millones de abortos al año, muchos en condiciones inadecuadas, por lo que el 8% de la mortalidad materna —de 230 por cada 1.000 nacidos vivos— deriva de ellos.

Gracias a las campañas de concienciación, día a día, va cambiando el discurso de las familias. Cuando se pregunta a una mujer qué prefiere, niño o niña, todas dicen que no importa. Saben que no está bien visto decantarse. Los ejemplos se repiten. Parot aguarda en un centro de planificación familiar de Varanasi respaldado por la Urban Initiative Health (UHI). Tiene 20 años, una hija y un hijo. Mientras atiende a uno de sus bebés, que juega con su sari rojo, cuenta que quiere usar anticonceptivos para no tener más hijos, pero su suegra, con la que vive, se niega a que ponga fin a la descendencia. Y la voluntad de la suegra es todopoderosa en esta región de La India. «Quiero que tenga un niño más porque yo sólo tuve uno», dice la mujer dominante. ¿Y por qué un niño y no una niña? Risas nerviosas en la sala. «Bueno, no importa, pero uno más». De puertas para afuera, todas evitan la polémica.

El poder de las suegras es una de las cosas que más sorprende a un europeo que se adentra en la sociedad india. «Las niñas se casan a edades muy tempranas y se marchan a vivir con su familia política, donde no conocen absolutamente a nadie. Pasan a depender de la suegra y del marido —al que con frecuencia, tampoco conocían antes—. La mayoría son analfabetas y dependientes económicamente, por lo que se encuentran sometidas a su voluntad, sin nadie a quien confiar sus problemas o necesidades. Además, hay índices muy altos de alcoholismo y violencia doméstica», cuenta Gita Pillai, responsable de la UHI. Esta realidad se percibe a cada paso que se da por los 'slums'; en cada casa que se visita: es la suegra la que decide si la pareja tiene o no hijos, si la joven entra o sale.

Fuente:

BBC (España)

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