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24 de septiembre de 2009

La envidia

Jueves, 24 de septiembre de 2009

La envidia

Más pertinaz que el odio, más intensa que los celos y antigua como el hombre. Así es la envidia, una pasión universal que nadie reconoce sentir.

 Apenas unos segundos después de que el fonógrafo de Edison dejara de emitir en la sala sus primeras palabras, uno de los académicos que asistía a la presentación del aparato, el francés Jean Bouillaud, de 82 años, saltó de su asiento, agarró por el cuello al infeliz que lo manejaba en ese momento y comenzó a zarandearlo mientras profería que aquello era una farsa, un truco de ventrílocuo y que la noble palabra humana no podía ser reemplazada por un metal. Bouillaud no se había vuelto loco ni había sufrido un ataque de ansiedad. En absoluto. Se trataba de un caso de envidia entre colegas, un sentimiento tan viejo como el hombre del que se ha dicho que es el más vergonzoso de los vicios. De hecho, se le considera tan deshonroso que incluso personajes tan ilustres como el filósofo Francis Bacon no han dudado en afirmar que la envidia es un “gusano roedor del mérito y la gloria”. La Real Academia Española, más tibia en su definición, la considera un “pesar del bien ajeno”.


La envidia es un fenómeno universal, pero ni es considerada por los psicólogos una de las emociones fundamentales, ni existe una expresión facial que la caracterice de forma exacta. En su obra La fuerza de las emociones, los psiquiatras Christophe André y François Lelord indican que esto se debe a que “a diferencia de lo que ocurre con otros sentimientos, comunicar la envidia nunca ha supuesto una ventaja evolutiva”. En efecto. La envidia es un tabú social que se lleva en silencio porque, en el fondo, supone una declaración de inferioridad que no conviene revelar en público. Plutarco ya daba cuenta de ello hace casi 2000 años. En su estudio Sobre la envidia y el odio, el genial biógrafo y ensayista griego resaltaba que “nadie dice que es envidioso”, sino que para justificar ese sentimiento se alegan todo tipo de excusas. Este comportamiento, según el sociólogo de la Universidad Libre de la Lengua y la Comunicación de Milán Francesco Alberoni, se debe a que la envidia es, en esencia, “una reacción ante el reconocimiento de una derrota”.

 

En un intento por negar la frustración que nos produce, nos comportamos de muy distintas formas. Algunas personas optan por imitar a quienes envidian; otras, si se ven incapaces de alcanzar el mismo objetivo, se deprimen y, por último, un tercer grupo de individuos se decanta por criticar e incluso conspirar contra quienes les han superado. Todo depende de la importancia que se dé al objeto de nuestra envidia y, sobre todo, de quién sea el envidiado.

 

Envidiamos cuando comprobamos que otro se ha hecho con algo que deseamos intensamente o cuando otra persona logra lo que nos es imposible realizar. El resultado, en cualquier caso, es que nuestra autoestima se resiente. Los psicólogos señalan que para compensar esta pérdida, que nos resulta insoportable, hemos desarrollado una serie de mecanismos muy particulares. Uno de ellos es infravalorar la ventaja del otro, esto es, nos autoconvencemos de que lo que ha conseguido“no es para tanto”. Otras tácticas pasan por buscar desventajas en otros campos que compensen su superioridad, desvirtuar a la otra persona en su conjunto o criticar el sistema que permite que se dé semejante situación. En los casos más extremos, podemos llegar a castigar –tanto física como psicológicamente– al envidiado por su ventaja.

 

Esto es así, según Alberoni, porque “el envidioso desea acercarse al envidiado, ser reconocido por él, identificarse con él y sustituirlo”. En los casos patológicos, el envidioso sólo puede hallar satisfacción en la destrucción completa del envidiado, en su desgracia total e incluso en su desaparición física.

 

La investigadora Melanie Klein, autora de Envidia y gratitud, una obra considerada básica por numerosos expertos en este terreno, indica que la envidia trae implícito el deseo de hacer daño.Se trata, además, de una actitud inherente a los seres humanos y que se desarrolla en las primeras etapas de la infancia, un dudoso honor que parecemos disfrutar en exclusiva. Según Juan Carlos Senar, de la Sociedad Española de Etología, “no hay constancia de que entre los animales se dé un fenómeno semejante, aunque éstos pueden utilizar mentiras y engaños para alcanzar objetivos”.

 

En un artículo sobre la Psicología de la envidia, el doctor Cecilio Panigua indica que la envidia “es un eco de los sentimientos de inferioridad y rivalidad sufridos por el niño durante su desarrollo psicológico, con padres y hermanos, lo que explica su universalidad e irracionalidad”.Este factor de proximidad –del niño con los que le rodean– parece especialmente importante en el desarrollo de la envidia. Así, cuanto más cercanas a nosotros sean las personas que envidiamos y cuando su superioridad se demuestra en los campos que más valoramos, el sentimiento de envidia crece. Por el contrario, éste no se desarrollará fácilmente entre personas que no se conocen apenas o entre quienes hay un abismo insalvable temporal o profesional. Por ejemplo, es más que dudoso que un físico actual pueda albergar sentimientos de hostilidad contra Einstein o Newton por los éxitos que éstos cosecharon en su mismo campo.

 

Puesto que la envidia se acentúa entre personas que viven circunstancias parecidas, es entre los hermanos y los compañeros de profesión donde es más relevante. Ignazius Semmelweis fue el protagonista de uno de los casos más vergozosos de envidia profesional. A mediados del siglo XIX, este médico obstetra del Hospital General de Viena observó que un alto porcentaje de parturientas moría tras dar a luz por fiebre puerperal, mientras que en otros hospitales, donde atendían comadronas que cuidaban su aseo y mantenían la limpieza, ese porcentaje era sensiblemente inferior. Cuando propuso que los médicos que atendían los partos se lavaran las manos con cloruro de calcio para evitar así infecciones, fue despreciado. Aún peor. Incluso cuando demostró que su -teoría era correcta, su descubrimiento siguió siendo tachado de ridículo.

 

Semmelweis no quería exhibir sus méritos, pero es cierto que a veces el envidiado puede vanagloriarse de ellos y hacerlo de forma que se ofenda el otro. En ese caso se trataría de una provocación. En su novela Abel Sánchez –toda una tesis sobre la envidia–, el filósofo y escritor Miguel de Unamuno señala que “no hay canalla mayor que las personas honradas (...) No me cabe duda de que Abel restregaría a los hocicos de Caín su gracia”. Precisamente, en el Génesis se describe un episodio que ilustra hasta qué punto puede llegar la envidia entre hermanos cuando uno de ellos hace gala, aunque sea inconscientemente, de sus virtudes superiores. En el capítulo 37 de este texto bíblico se describe cómo José, el favorito de Jacob, su padre, era profundamente envidiado por sus hermanos. Quizá tenían buenas razones para hacerlo. José no sólo disfrutaba de un físico favorecido, sino que estaba colmado de virtudes, entre ellas el don de la profecía. Además, sabía cómo resaltar lo mejor de sí mismo. Tanto fue así que todos sus hermanos, salvo Rubén, que se manifestó en contra, decidieron asesinarle. Otro de los hermanos, Judá, propuso otra idea mejor: venderle como esclavo.

 

En realidad, quizá José alardeaba a propósito de sus habilidades. Pero aunque se exhiban adrede los buenos atributos para producir envidia, este sentimiento no es tan profundo como cuando el éxito que se observa en el envidiado nos parece inmerecido. En ese caso, la hostilidad se dispara y la envidia da paso al rencor.

 

Los psicólogos saben que el sentimiento de envidia aumenta enormemente cuando comprobamos que la circunstancia que la desencadena choca, además, con nuestro sentido de la justicia. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, si descubrimos que un compañero de trabajo ha obtenido un ascenso al cual optábamos no sólo inmerecidamente, sino que, a nuestro juicio, porque está en más que buenas relaciones con la hija del presidente de la compañía.En la historia de la filosofía, una cuestión recurrente ha sido si en los sentimientos de envidia se encuentran los fundamentos del sentido de justicia. Freud afirma, de hecho, que ésta emana de los deseos de los envidiosos. Así, en un grupo familiar, los hermanos observarían la conducta de los demás guiados por la envidia, de forma que ninguno de ellos sea más favorecido que otro por sus padres. En definitiva, si uno no puede ser el preferido, ninguno debería serlo.

 

A la vista de lo universal de este sentimiento, algunos expertos se han preguntado si es posible que sus causas sean más biológicas que psicológicas.Según el biólogo molecular John Medina, autor de El gen y los siete pecados capitales, “analizar la biología de la envidia es un problema insuperable, porque no se ha aislado un gen responsable de este sentimiento ni se ha identificado una región del cerebro dedicada a la envidia”.

 

Medina indica que esto puede explicarse bien porque nuestra tecnología no es suficientemente buena o bien porque “la envidia sólo es un intento de organizar sentimientos subjetivos que no tienen correlación biológica”. En este sentido, señala que “la envidia está asociada a cuatro tipos de comportamiento: los asociados al deseo sexual, a la avaricia, a los deseos de agresión y como una reacción a la depresión que, en definitiva, puede ser tanto un componente como una respuesta a la envidia”. Este vínculo entre un sentimiento subjetivo –la envidia– y un proceso biológico –la depresión– es, para este autor, más estrecho de lo que suponemos. Tanto es así que, aunque Medina asegura que no existen píldoras contra la envidia, sí es posible que los antidepresivos nos mantengan a salvo de ciertos aspectos negativos asociados a ella.

 

¿Pero hasta qué punto podemos llegar a fastidiar al prójimo por envidia? Un equipo de economistas de las universidades de Oxford y Warwick, en Inglaterra, comprobaron que se puede ir muy lejos. En un experimento, los profesores Andrew Oswald y Daniel Zizzo adjudicaron aleatoriamente una cantidad de dinero a distintas personas que se iba incrementando con el tiempo. En el ensayo, cada una de ellas podía destruir parte del dinero ajeno, pero sólo a costa de sacrificar parte del propio. Para sorpresa de los investigadores, la mayoría de los participantes llegó a deshacerse de su fortuna sólo para conseguir que los demás no se enriquecieran más que ellos.

 

Y es que, ya lo decía Don Quijote: “Todos los vicios, Sancho, traen un no sé qué de deleite consigo; pero el de la envidia no tal, sino disgusto, rencores y rabias”.


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Muy Interesante

23 de septiembre de 2009

El faquir y la cama de clavos

Miércoles, 23 de septiembre

El faquir y la cama de clavos

¿Cómo lo hace?

cama de clavos

¡Qué dolor! ¿verdad? Si un clavo duele… ¿qué no dolerá un cama llena de ellos?

La cama de clavos es uno de los típicos instrumentos de mortificación física de los faquires. Doler, algo dolerá, pero no lo que muchos imaginan.

La cuestión más importante es, a la vez, la más llamativa: el número de clavos. Parece que sea más difícil soportar las punzadas cuanto más clavos haya, pero es al contrario, más fácil resulta.

Y ¿cómo es eso? Física aplicada.

La presión es una magnitud física que expresa la fuerza ejercida por un cuerpo sobre una superficie, tal que P=F/S (siendo P la presión, F la fuerza y S la superficie). De la expresión se deduce que cuanto mayor sea la fuerza, mayor será la presión y cuanto mayor sea la superficie sobre la que se reparte la fuerza, menor será la presión.

Así resulta más doloroso un pisotón con un zapato de tacón de aguja, que un pisotón con el pie plano. Así se hunde uno más fácilmente en la nieve si calza botas que si calza esquíes. Y así es más fácil clavar un clavo de un martillazo que clavar un taco de madera. La fuerza que aplicamos puede ser la misma, pero si la superficie sobre la que se distribuye ésta es menor, la presión será mayor, y si la superficie es mayor, la presión será menor.

Si una persona de 60 kg, por poner un ejemplo, se tumba sobre un clavo en punta, se lo clavará hasta la cabeza (del clavo), pues la superficie de contacto es muy pequeña para ese peso y la presión es muy elevada. Pero si se tumba sobre 120 clavos, resulta que el peso se reparte entre todos ellos, por lo cada clavo debe sostener solamente medio kg. La presión ha dismimuido porque la superficie (suma de todas las puntas de clavos) es mayor.

Tantos clavos, y tan juntos, facilitan la tarea del faquir. Es prácticamente imposible que la punta de un clavo se introduzca en el cuerpo sin que lo hagan los clavos vecinos y… ¿seguro que el faquir pesa tanto como para ejercer la presión suficiente para que su cuerpo sea atravesado por todos los clavos?

La imagen del globo es una manera muy gráfica de ilustrar lo explicado. Si se tratase de un solo clavo el globo habría explotado a la mínima presión. Pero como son tantos y tan juntos, no lo hace. Ni aunque aumentemos la presión. Bueno, si la aumentamos lo suficiente acabará por explotar. Pero el faquir no aumenta la presión, no va a engordar de repente ¿cierto?

Eso sí, hay que reconocer que una adecuada técnica al momento de acostarse y de incorporarse, para repartir bien el peso del cuerpo, es algo necesario. Este video, con el Doctor Demo, le enseñará una manera de impresionar a sus amigos:





¿Qué tal?

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Saber Curioso

Pican, pican los mosquitos... ¿a quién?


Miércoles, 23 de septiembre de 2009

Pican, pican los mosquitos... pero ¿a quién?

¿Cómo eligen los mosquitos a sus víctimas? ¿Quizás prefieren picar a aquellos consangre más dulce? ¿O depende del color de la piel? Ni una cosa ni la otra. Según explican científicos españoles en un nuevo estudio publicado en la revista Plos One, si nos pican los mosquitos es, fundamentalmente, porque “olemos a queso o a sudor".


En concreto, a estos insectos les atrae la temperatura corporal y la ropa húmeda, especialmente si está empapada en sudor. Por otra parte, a los mosquitos Anopheles gambiae les agrada el olor de un queso llamado Limburguer cheese, ya que la bacteria implicada en su producción está emparentada con otra que vive en los pies humanos.

Para llegar a estas conclusiones, Jordi Figuerola y su equipo ha aplicado una 
novedosa técnica de identificación de especies que utiliza el ADN de la sangre de las “víctimas” de los mosquitos contenida en el aparato digestivo de estos insectos, y que podría permitir desarrollar políticas de control ante enfermedades de las que ejercen como transmisores principales, como el dengue

Según Figuerola, "las nuevas técnicas moleculares servirían para determinar, por ejemplo, si 
tener animales de compañía sirve para que los mosquitos piquen menos a las personas y más al perro, al gato o al canario". Y sobre lafiebre amarilla, que se transmite a través de mosquitos a primates y humanos, este método permitirá enteder si los brotes epidémicos se deben a cambios en los patrones de alimentación de los insectos, o qué especies actuarán con más facilidad como puente entre monos y humanos. 

De momento los investigadores han identificado que algunas especies de 
mosquitos se alimentan de vacas, pero también de ciervos, gamos, jabalíes, gatos, perros, caballos y hasta tortugas. Otros, sin embargo, prefieren animales con pluma, como el Culex modestus, una especie que abunda en el Delta del Ebro. 



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Muy Interesante

Resuelven un milenario problema matemático

Miércoles, 23 de septiembre de 2009

El problema de los números congruentes

El problema de los números congruentes lo planteó por primera vez el matemático persa Al-Karaji (953 - 1029). Su versión no tenía que ver con triángulos, sino que se planteaba en términos de números cuadrados, números que son cuadrados de enteros: 1, 4, 9, 16, 25, 36, 49… o cuadrados de números racionales: 25/9, 49/100, 144/25, etc. Él se preguntó: ¿para qué números enteros n existe un cuadrado a2 de forma que a2-n y a2+n también sean cuadrados? Cuando sucede esto, n se denomina un número congruente. El nombre proviene del hecho de que hay tres cuadrados que son un módulo congruente n. Al-Karaji se vio muy influido por las traducciones árabes de las obras del matemático griego Diofanto (c.210 - c.290), quien planteó problemas similares.

En los mil años siguientes, apenas se avanzó. En 1225, Fibonacci (conocido por la “Sucesión de Fibonacci” que lleva su nombre) demostró que 5 y 7 eran números congruentes, y afirmó (sin probarlo) que 1 no es un número congruente. Quien sí lo probó fue Fermat (conocido por el “Último teorema de Fermat”) en 1659. Hacia 1915, se habían determinado los números congruentes inferiores a 100; y en 1952, Kurt Heegner aplicó técnicas matemáticas profundas al asunto, hasta demostrar que todos los números primos de la secuencia 5, 13, 21, 29… son congruentes. Pero en 1980, aún quedaban por resolver casos inferiores a 1.000.

Esta es la noticia:

de Norteamérica, Europa, Australia y América del Sur han resuelto un complejo problema matemático, propuesto hace un milenio, y han encontrado miles de millones de soluciones. El hito ha sido posible gracias a una técnica que permite multiplicar números tan largos que si se escribieran todos los dígitos a mano en una hoja de papel ésta ocuparía dos veces la distancia que nos separa de la Luna. 

Según Brian Conrey, director del Instituto Americano de Matemáticas, “los viejos problemas como éste pueden parecer ‘oscuros’, pero 
generan gran cantidad de investigación útil e interesante, ya que los investigadores desarrollan nuevas formas de afrontarlos”. 

El problema resuelto consistía en determinar 
qué números enteros pueden ser el área de un triángulo rectángulo cuyos lados sean números enteros o fracciones. El área de dicho triángulo recibe el nombre de “número congruente”. Por ejemplo, el triángulo rectángulo cuyos lados miden 3, 4 y 5, muy típico en geometría, tiene un área de 1/2 x 3 x 4 = 6, con lo que 6 es un número congruente. El cálculo encontró 3.148.379.694 nuevos números congruentes. 

Los investigadores tuvieron un cuidado especial en verificar sus resultados, realizando el 
cálculo dos veces en diferentes ordenadores, utilizando algoritmos distintos y formando dos grupos independientes para redactarlos. El equipo de Bill Hart (Universidad de Warwick, en Reino Unido) y Gonzalo Tornaría (Universidad de la República, en Uruguay) utilizó el ordenador “Selmer” en la Universidad de Warwick, con la financiación del Engineering and Physical Sciences Research Council del Reino Unido. La mayor parte del código se redactó en un taller realizado en la Universidad de Washington en junio de 2008.

El equipo de Mark Watkins (Universidad of Sydney, en Australia), David Harvey (Courant Institute, NYU, en Nueva York) y Robert Bradshaw (Universidad de Washington, en Seattle) utilizó el ordenador “Sage” de la Universidad de Washington. Sage está financiado por la 
National Science Foundation de EE UU, y el código del equipo se desarrolló durante un taller realizado en el Centro de Ciencias de Benasque Pedro Pascual - CSIC en Benasque (Huesca) en julio de 2009.

Fuentes:

Muy Interesante

El Libre Pensador

Llega la radio 2.0




Miércoles, 23 de septiembre de 2009

Llega la radio 2.0


Una radio Wi-Fi con carácter social

Las redes sociales no sólo 
se apoderan de Internet. También de las ondas. O casi, porque esta Pure Sensiaes una radio que funciona a través de conexión inalámbrica Wi-Fi, aunque también sea un receptor de emisiones digitales. Pero al mismo tiempo nos permite mantener actualizados en todo momento nuestrosperfiles de Facebook o Twitter.


La firma Sensia prepara para finales de octubre el lanzamiento de PURE Sensia, un periférico con conexión Wi-Fi que puede utilizarse como radio FM o para acceder a Internet.

Bajo el eslogan “Radio para la generación Facebook”, este dispositivo con pantalla táctil a todo color permite sintonizar la radio digital pero también acceder a Twitter, a Facebook, al servicio de fotos Picassa, el canal del tiempo y canales de noticias desde tu mesita de noche o sentado al borde de la piscina. Y como trabaja con widgets, una vez adquirido podrás ampliarlo con diferentes servicios de la web 2.0. 

Su conectividad sin cables permite algo más que escuchar la radio por Internet. Puede actuar como
reproductor streaming accediendo a los archivos musicales de los equipos conectados en red. Los formatos soportados 

incluyen MP3WMAWAV o AAC, que escucharemos a través de sus altavoces estéreo de 7,6 centímetros de diámetro y 30 vatios de potencia RMS en total. Si queremos conectar un reproductor externo nos ofrece una entrada de audio jack de 3,5 milímetros.

Mención aparte merece su diseño retro: no es como los “loros” de los 80, pero recuerda a las pelis de ciencia ficción de la época. Mantiene al menos unas medidas bastante portátiles, con 1,9 kilogramos de peso y 166 x 280 x 180 milímetros. Su precio de 250 libras (280 euros) parece más o menos justo para lo que es capaz de hacer 

Fuentes:
Muy Interesante

Pure Sensia

22 de septiembre de 2009

Hace 100 años Einstein expuso la fórmula e = mc2

Martes, 22 de septiembre de 2009

Hace 100 años Einstein expuso la fórmula e = mc2

Hace cien años, el 21 de septiembre de 1909 en Salzburgo (norte de Austria), el joven Albert Einstein presentó en público por primera vez su Teoría de la Relatividad, publicada en 1905.

Dichos trabajos, que revolucionaron la física, fueron acogidos más bien fríamente por aquel entonces por sus colegas.

En el gimnasio de la escuela Andrae, donde se llevó a cabo la reunión de investigadores en ciencias naturales y médicos alemanes, la famosa fórmula e=mc2 (energía igual a la masa multiplicada por la velocidad de la luz al cuadrado) no causó sensación. Los presentes no captaron su alcance.

Una manera sencilla de entender la famosa fórmula de A. Eisntein es a través del garn Isaac Asimov. Tomamos de su libro "Cien Preguntas Básicas sobre la Ciencia" la pregunta número 59:

59.- En la bomba atómica se convierte materia en energía. ¿Es posible hacer lo contrario y convertir energía en materia?


Sí que es posible convertir energía en materia, pero hacerlo en grandes cantidades resulta poco práctico. Veamos por qué.

Según la teoría especial de la relatividad de Einstein, tenemos que

e = mc2

donde e representa la energía, medida en ergios, m representa la masa en gramos y c es la velocidad de la luz en centímetros por segundo.

La luz se propaga en el vacío a una velocidad muy próxima a los 30.000 millones (3 x 1010) de centímetros por segundo. La cantidad c2 representa el producto c x c, es decir, 3 x 1010 X 3 x 1010 ó 9 x 1020. Por tanto, c2 es igual a 900.000.000.000.000.000.000.

Así pues, una masa de un gramo puede convertirse, en teoría en 9 x 1020 ergios de energía.

El ergio es una unidad muy pequeña de energía. La kilocaloría, de nombre quizá mucho más conocido, es igual a unos 42.000 millones de ergios. Un gramo de materia, convertido a energía, daría 2,2 x 1010 (22.000 millones) de kilocalorías. Una persona puede sobrevivir cómodamente con 2.500 kilocalorías al día, obtenidas de los alimentos ingeridos. Con la energía que representa un solo gramo de materia tendríamos reservas para unos 24.110 años, que no es poco para la vida de un hombre.

O expresémoslo de otro modo: si fuese posible convertir en energía eléctrica la energía representada por un solo gramo de materia bastaría para tener luciendo continuamente una bombilla de 100 vatios durante unos 28.200 años.

O bien: la energía que representa un solo gramo de materia equivale a la que se obtendría de quemar unos 32 millones de litros de gasolina.

Nada tiene de extraño, por tanto, que las bombas nucleares, donde se convierten en energía cantidades apreciables de materia, desaten tanta destrucción.



La conversión opera en ambos sentidos. La materia se puede convertir en energía, y la energía en materia. Esto último puede hacerse en cualquier momento en el laboratorio. Una partícula muy energética, un fotón de rayos gamma, puede convertirse en un electrón y un positrón sin grandes dificultades. Con ello se invierte el proceso, convirtiéndose energía en materia.

Ahora bien la materia formada se reduce a dos partículas ligerísimas, de masa casi despreciable. ¿Podrá utilizarse el mismo principio para formar una cantidad mayor de materia, lo suficiente para que resulte visible?

¡Ah! Pero la aritmética es implacable. Si un gramo de materia puede convertirse en una cantidad de energía igual a la que produce la combustión de 32 millones de litros de gasolina, entonces hará falta toda esa energía para fabricar un solo gramo de materia.

Aun cuando alguien estuviese dispuesto a hacer el experimento y correr con el gasto de reunir toda esa energía (y quizás varias veces más, a fin de cubrir pérdidas inevitables) para formar un gramo de materia, no lo conseguiría. Sería imposible producir y concentrar toda esa energía en un volumen suficientemente pequeño para producir de golpe un gramo de materia.

Así pues, la conversión es posible en teoría, pero completamente inviable en la práctica. En cuanto a la materia del universo, se supone, desde luego, que se produjo a partir de energía, pero en unas condiciones que sería imposible reproducir hoy día en el laboratorio.

Ahora los dejo con la noticia vía El Clarín de Argentina:


Es en la Universidad de Salzburgo, en Austria. Allí, en 1909, un joven Albert Einstein expuso por primera vez en público su fórmula E=mc2. Aunque ese día pasó casi desapercibida, tiempo después revolucionaría la física moderna. La Universidad de Salzburgo –una de las más importantes de Europa- recordó hoy (21 de septiembre de 2009) el centenario de la primera presentación pública de la revolucionaria Teoría de la Relatividad por parte de un joven científico llamado Albert Einstein en esa ciudad austríaca, cerca de la frontera alemana.

Fue en la Turnsaal I (Gimnasio) del colegio Andräschule donde Einstein, en la tarde del 21 de setiembre de 1909 -con 30 años- expuso por primera vez en público la teoría que había publicado en 1905 ante más de mil participantes en el 81° Congreso de la Sociedad de investigadores y médicos alemanes.

Entre los presentes estaban los futuros premios Nobel Max Planck, Johannes Stark, Max Born, Wilhelm Wien y Max Laute. Pero ninguno de ellos, aparentemente, supo valorar la trascendencia de lo que exponía ese día el joven físico que debutaba como orador de un congreso.

Poco revelaba el título de su discurso: "Sobre el desarrollo de nuestras ideas de la esencia y la constitución de la radiación". La hoy famosa fórmula E=mc2 fue recibida más bien con escepticismo y frialdad. No obstante, sí dio lugar a una encendida discusión, dirigida por Planck, según consta en el registro del congreso.

E impresionó a una de las pocas mujeres presentes, la física austríaca Lise Meitner (1878-1968). "En su conferencia Einstein partió de su teoría y dedujo de ella la fórmula 'energía es igual a la masa multiplicada por la velocidad de la luz al cuadrado'. Muestra que cada radiación tiene que estar ligada a una masa inerte. Estos dos hechos eran tan deslumbrantemente nuevos y sorpresivos para mí que hasta hoy tengo un buen recuerdo del discurso", escribió en su biografía.

Hoy una placa en la escuela recuerda esa conferencia. Y en memoria del día en que se hizo pública la teoría, el científico austríaco Anton Zeilinger fue el encargado de tomar la palabra la noche de ayer (21 de septiembre) en la Gran Aula de la universidad de Salsburgo.

Anton Zellinger

Según Zeilinger, de alguna forma la teoría de la relatividad ya estaba en el aire, "pero sólo Einstein tuvo el valor de decir que había que cambiar de forma radical nuestra idea del espacio y del tiempo. Eso es el genio".

En declaraciones al diario austríaco Kurier, Zeilinger, que junto a su equipo vienés fue el primero en comprobar una interferencia cuántica entre macromoléculas y está a la cabeza de la investigación de los fotones entrelazados y su uso en la comunicación cuántica, reconoce que "Einstein es hasta hoy decisivo para todos nuestros experimentos".

No le entendieron

Doce años más tarde, en 1921, el científico obtuvo el Premio Nobel de Física por su explicación del efecto fotoeléctrico y sus numerosas contribuciones a la Física teórica, pero no por la Teoría de la Relatividad, pues el científico a quien se encomendó evaluarla simplemente no entendió la teoría.

Advertencias

Las investigaciones de Einstein comunicaron fuerte impulso al desarrollo de la energía atómica, pero él mismo siempre advertía contra los peligros de ese nuevo tipo de armamento. El genio de la Física fue un pacifista. En 1999 la revista 'Time' lo calificó como "El hombre más destacado del siglo XX". (Europa Press)
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