El tamaño de las partículas es ínfimo y de plásticos muy comunes, como polietileno y acrílico. Se detectaron trazas de micropartículas de plástico en 6 de cada 10 muestras de semen de
hombres sanos ...
Un informe cuantifica los límites climáticos, naturales
y de contaminantes que aseguran el mantenimiento seguro y justo de la
civilización.Un amplio grupo de científicos identificó en 2009 nueve lí...
Aquí van las razones
geográficas y socioeconómicas por las que el río más largo y caudaloso
del mundo nunca tendrá una estructura que sirva para cruzar de orilla a
orilla.Cuando vemos en algún doc...
El 43,7% de loretanos no tiene acceso al servicio de agua potable o
tratada. Es el mayor déficit en todo el país, según el INEI, y afecta
principalmente a la niñez de las zonas rurales de la región...
Perú se ubica en la
escala de desigualdad por encima de México. El informe señala que el 1%
de la población más rica del mundo concentra entre el 25% y 30% de los
ingresos totales de su país...
15 Oct 2022 undefined comments comments comments comments comments comments
Al principio de su historia, el planeta rojo habría
sido probablemente habitable para los metanógenos, microbios que viven
en hábitats extremos de la Tierra.El Marte noáquino habría sido un hábitat...
La astrofísica del Centro de Astrofísica Harvard &
Smithsonian en Cambridge, detalló que se trata de un fenómeno
completamente nuevo ya que “estamos observando la evolución estelar en
tiempo r...
El dispositivo podría suministrar energía
constante a una amplia variedad de aparatos electrónicos alimentándose
de la transpiración humana.Investigadores de la Universidad de Massachusetts Amherst...
Por Eparquio Delgado Dejar para mañana lo que podemos hacer hoy es tan común como ocasionalmente peligroso. Sin embargo, también puede ser el indicador de alerta al someternos a un ritmo demasiado exigente.
QUE LEVANTE la mano quien no aplaza de vez en cuando tareas
desagradables, difíciles o aburridas mientras dedica el tiempo a otras
menos “importantes”. Procrastinar, un verbo que se ha puesto de moda en
los últimos años y que se refiere a “dejar para mañana lo que se podría
hacer hoy”, es básicamente el nombre que damos a un tipo de conducta de
elección. Hablamos de procrastinación cuando alguien opta por hacer aquello que resulta más gratificante o menos aversivo y retrasa otras tareas más fastidiosas. Aunque algunos autores pretenden diferenciar la procrastinación de la
pereza —procurando probablemente no poner a la defensiva a sus
lectores—, lo cierto es que hablamos de lo mismo: una negligencia o
descuido en las cosas que estamos obligados a hacer. El procrastinador o
perezoso no cumple sus tareas, ve mermada su productividad y en última
instancia deja de ser un “ciudadano útil” y un “ser humano efectivo”,
como nos explica John Perry, profesor de filosofía en Stanford y creador
de uno de tantos métodos contra este mal. Para escapar del pecado
capital de la pereza, los católicos suelen acudir a la iglesia y ponerse
en manos de Dios por mediación del sacerdote. Para escapar de la procrastinación, un pecado mortal en la era de la eficiencia, tenemos que ponernos en manos de supuestos expertos. Los estudios sobre la procrastinación se caracterizan por abordar el
fenómeno en relación con características personales del individuo y
buscan establecer qué tienen en común las personas que aplazan sus
tareas “importantes”. Desde esta perspectiva, se concibe la
procrastinación como un rasgo estable e interno del individuo, que se
relaciona con especificidades de su personalidad, determinado
funcionamiento cerebral y la acción de ciertos genes. Gracias a estos
estudios sabemos que guarda relación con altos niveles de impulsividad y
bajos de autodisciplina, cierta incapacidad para regular los estados de
ánimo y las emociones, problemas en la función ejecutiva y otras tantas
conclusiones curiosas. Los supuestos expertos, entre los que se cuentan psicólogos, psiquiatras, coaches, neurofisiólogos, especialistas en management
y toda clase de vendedores de consejos, suelen citar los resultados de
estos estudios con el fin de dar una apariencia de cientificidad a la
autoayuda que nos ofrecen en todos los formatos posibles: libros,
conferencias motivacionales, programas de radio, blogs personales,
revistas de divulgación científica —sí, ahí también hay autoayuda—, podcasts
y aplicaciones para móviles. Cabría suponer que si todos ellos se
apoyan en los mismos estudios científicos, las estrategias deberían ser
también las mismas; sin embargo, encontramos tantas supuestas soluciones
como pretendidos expertos: identifica claramente tus objetivos, busca
apoyo social, bloquea las distracciones, reestructura tus cogniciones,
perdónate, reconoce el estrés, utiliza la procrastinación a tu favor,
distribuye bien tus tareas, haz de tu pasión una vocación… Todo un
arsenal de alternativas para evitar caer en el terrible pecado de la
improductividad. Esta forma de abordar el asunto es bastante limitada cuando se trata de encontrar razonamientos psicológicos útiles. ¿Cómo se explica que una persona aplace ciertas tareas y no otras?
¿Y que demore una misma tarea en un momento dado pero no en otro? No se
puede entender por qué una persona procrastina sin conocer el contexto
en el que se produce esa conducta y la historia de la persona en
relación a las tareas que pretende abordar. Proponer soluciones sin
realizar un análisis funcional de la conducta es soplar para ver si
suena la flauta, que es precisamente lo que hacen charlatanes y
vendedores de autoayuda. Y, claro, a veces hay suerte, la flauta suena y
el burro se cree músico, como en la fábula de Tomás de Iriarte. Pero podríamos hacernos otra pregunta: ¿Por qué es necesariamente un
problema procrastinar? ¿Por qué tenemos que ser productivos, “ciudadanos
útiles”, “seres humanos efectivos”? Detrás de la asepsia de los
“expertos” y las decenas de estudios, lo que encontramos es la eficacia
erigida como valor y norma a seguir, de manera que toda desviación se
convierte en una patología o un pecado, dependiendo de quién sea el
juez. Procrastinar puede ser en ocasiones un problema, pero también
puede ser un indicador de que necesitamos parar, de que nos vemos
empujados a requerimientos que exceden nuestra capacidad de afrontarlos,
de que estamos sometidos a un ritmo excesivamente severo. El derecho a
procrastinar se convierte en una exigencia revolucionaria en tiempos de
hiperactividad productiva. Frente a los expertos de la eficacia,
reivindicamos con Lafargue el derecho a la pereza. Fuente: El País (España)
¿Eres una de las muchas personas en
el mundo cuyos recuerdos relacionados con las matemáticas son
estresantes exámenes y angustiantes e interminables tareas?
De ser así, no tienes por qué sentirte culpable al respecto.
Investigaciones
recientes realizadas en la Universidad de Stanford, en California,
Estados Unidos, señalan que no todo es nuestra culpa.
De hecho, es todo lo contrario.
Estudios
de comportamiento efectuados en miles de niños y adolescentes
estadounidenses, pero también británicos, indican que fueron
precisamente esas extenuantes tareas y pruebas de varias horas las que
condicionaron nuestras capacidades de desarrollar nuestras habilidades
matemáticas.
Es posible que nuestras dificultades relacionadas con álgebra y trigonometría tuvieron su origen mucho tiempo atrás, cuando recién dábamos nuestros primeros pasos en la aritmética.
¿Qué tienen de malo los exámenes?
Jo
Boaler, profesora de matemática de la Universidad de Stanford, sostiene
que la actual enseñanza de esta rama tiene mucho de procedimientos y
cálculos, pero muy poco de entendimiento.
Por ello, la
investigadora tiene en la mira a dos de los grandes culpables de
nuestros problemas actuales (y de nuestros tormentos pasados): los exámenes y las tareas. Lea el artículo completo en: BBC Mundo
Las tareas escolares cada vez empiezan antes y su conveniencia divide a la comunidad educativa.
Almudena, de cinco años, rellena las fichas con las letras del abecedario con la ayuda de su madre.PACO PUENTES / Vídeo: Campaña 'Los deberes justos' de Eva Bailén para Change.org
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Alberto
va con sus deberes a todas partes. Los lleva a casa de la abuela los
fines de semana cuando toda la familia come junta. No quiere dejarlos
sin hacer. Su madre, Reyes, está preocupada porque su colegio “mete
mucha caña” a los niños. Alberto tiene cinco años, está en el último
curso de Educación Infantil y dedica una hora y media cada tarde a
rellenar fichas con las letras del abecedario en mayúsculas. Su colegio,
un público de un barrio de Sevilla, no es una excepción, según Reyes,
que intentó cambiar al niño pero se encontró en todos los de alrededor
fichas y tareas para casa. Tampoco encontró apoyo en otras familias: “Al
resto de padres no les parece mal, inculcan competitividad a sus hijos
desde pequeños”. La división entre los que quieren tareas para sus hijos
y quienes prefieren que no empiecen tan pronto es una muestra más del
amplio debate abierto en España entorno a los deberes, que ha llevado a la confederación de padres de la pública a convocar una huelga de tareas escolares para el próximo noviembre. En el colegio público El Vetón, en Majada de Tiétar (Cáceres), hay
familias que le reclaman tareas para que sus hijos de cinco años las
hagan en casa. “Creen que es como un deporte: Si corro todos los días,
ganaré la maratón. Pero no es así. Cada uno tiene su proceso madurativo.
Si el niño te pide herramientas para leer, dale todo, pero los procesos
mecánicos son un error”, explica Jorge Torres, maestro de Infantil en
ese centro, con 11 años de experiencia. Almudena, también con cinco años, resopla cuando llegan los fines de
semana y las fichas. Le toca la letra i. María José, su madre, cree que
el trabajo “no es excesivo” pero admite que a su niña nunca le apetece:
“Nos ponemos juntas los domingos por la mañana”. La que le preocupa es
la otra hija, Ana María, que acaba de entrar en 1º de la ESO a los 11
años en un instituto de Sevilla después de pasarse los dos últimos
cursos “sin parar de hacer deberes cada tarde hasta la hora de cenar”. Hace más de un año que el debate sobre la conveniencia de los deberes va y viene en España. En 2015, una madre, Eva Bailén, inició una recogida de firmas
para pedir su “racionalización” después de ver cómo a su hijo mediano
se le iba la infancia sin un respiro para jugar. Su campaña sigue
abierta y ha impulsado intentos de regulación desde distintas
comunidades autónomas. Casi al mismo tiempo, la confederación de
asociaciones de familias de la escuela pública, la CEAPA (con 12.000
asociaciones), empezó a reivindicar que estas tareas desaparezcan definitivamente de la vida de los niños. Hacer deberes antes de empezar la enseñanza obligatoria, como le
pasa al pequeño Alberto y en menor medida a Almudena, sigue siendo
excepcional. Pero las primeras quejas han hecho que la CEAPA alerte de
una “primarización” de la enseñanza en la guardería, en la que se empuja
a los menores a que salgan “sabiendo ya leer y escribir en lugar de
respetar su forma de aprender desde el juego”, explica su presidente,
José Luis Pazos. Los datos preliminares de una encuesta a 1.748 familias
que acaban de presentar muestran como el 6,84% de los encuestados que
solo tienen hijos en Infantil estiman que sus niños llevan una hora
diaria de tarea a casa. Pero el debate está abierto sobre todo en
Primaria y se extiende a las etapas de secundaria donde hay niños, como
la hija mayor de María José, que no levantan la cabeza del libro en toda
la tarde. El artículo completo en El País (de España)