26 de noviembre de 2014

¡Cómo construir un observatorio astronómico con tus propias manos! (no es broma, sucedió en España)

El Observatorio de la Hita, en Toledo, se ha convertido en una referencia gracias al esfuerzo de tres aficionados. Todo lo que utilizan, desde los telescopios hasta el software, ha sido construido por ellos mismos sin ayudas institucionales. Y ahora tienen convenios con institutos astronómicos para prestar sus instalaciones.


Las obras de construcción del observatorio - Foto Fundación astroHita

Faustino, Leonor y Fernando son tres amigos aficionados a la astronomía que han construido un telescopio con sus propias manos y lo han convertido en un centro de referencia. Levantado con piezas recogidas en desguaces y herrerías de la zona, el Observatorio de la Hita cuenta en estos momentos con numerosos proyectos astronómicos que han proporcionado datos para artículos y estudios publicados en las más prestigiosas revistas científicas como Nature  o Science, e incluso la NASA ha contactado con ellos para pedirles los registros de uno de los mayores impactos lunares registrados en toda la historia. 

Esta hazaña quijotesca se sitúa en la toledana villa de Puebla de Almoradiel, donde algunos historiadores han ubicado el inicio de las andanzas del célebre hidalgo manchego. La historia se remonta a 1999 cuando Faustino Organero, un diseñador gráfico aficionado a la astronomía, comenzó la construcción de un telescopio para uso particular. Quince años después, y con siete telescopios de gran diámetro en sus instalaciones, el propio Faustino reconoce, entre risas, que quizá se le ha ido de las manos.  “Cuando alquilé esta parcela al Ayuntamiento aquí no había ni agua, ni luz eléctrica y mucho menos internet”, recuerda. “Con el paso de los años hemos ido añadiendo todos los elementos necesarios para convertir esta tierra destinada a las viñas en un observatorio completamente profesional”. 


 
Las instalaciones levantadas en origen por Faustino empezaron a llamar la atención de numerosos amateurs que acudían al observatorio. Así fue cómo Leonor y Fernando, una pareja de aficionados a la astronomía, se dieron cuenta de que pasaban demasiado tiempo conduciendo hacia La Mancha, de modo que en 2007 se construyeron una casa en el pueblo para unirse al proyecto de Faustino. Durante los últimos años, y dedicándole todo el tiempo que les permiten sus trabajos, los tres han robotizado las cúpulas, han perfeccionado los instrumentos utilizando sus propias manos y han desarrollando ellos mismos su propio sistema de software

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Vox Populi

La (gran) historia evolutiva de los insectos

Por difícil de creer que parezca, la historia de los insectos y la forma en que se multiplicaron en variedad y formas por nuestro planeta estaba por explicar. El trabajo de Bernhard Misof y su equipo, publicado este jueves en la revista Science, es una primera reconstrucción de este largo camino gracias al análisis de los datos genéticos.

WEl trabajo ha requerido los esfuerzos de más de un centenar de  investigadores especialistas en biología molecular, paleontología, taxonomía, embriología y procesamiento de datos. Juntos, y dentro del proyecto 1KITE (para analizar el transcriptoma de cientos de insectos) han analizado 1.487 genes codificadores de proteínas de todos los grandes órdenes de insectos que existen hoy en día y los han comparado con el registro fósil. El laborioso trabajo les ha permitido concluir que estos artrópodos aparecieron sobre la faz de la Tierra hace unos 479 millones de años, en los albores del período Ordovícico, una época en la que el oxígeno aún escaseaba en la atmósfera y los mares estaban plagados de trilobites.

 

Así era la Tierra cuando aparecieron los insectos. (Imagen: Ron Blakey, NAU Geology)

La capacidad para volar, aseguran los científicos, no apareció en estas criaturas hasta hace aproximadamente 406 millones de años y la mayoría de las especies que conocemos hoy en día se originaron hace unos 345 millones de años. Los trabajos sugieren que los insectos y las plantas moldearon los ecosistemas primitivos de la Tierra juntos y que estos desarrollaron el vuelo mucho antes que otras criaturas al tiempo que las plantas iban creciendo y abriéndose paso. Un poco más tarde, afirman los autores del trabajo, la aparición de plantas capaces de florecer generó una explosión de formas entre los insectos voladores, desde las abejas a las mariposas.

Otro interesante resultado del análisis genético es que la aparición de los primeros insectos parásitos parece remontarse al momento en que progresaron las aves y los primeros mamíferos y no vivieron en las plumas de los primeros dinosaurios, como pensaban algunos autores.  Otra de las conclusiones interesantes es que la variedad de cucarachas y termitas que conocemos hoy apareció después de la extinción masiva del Pérmico, la única en la que estuvieron implicados los insectos, que han seguido evolucionando y multiplicando sus colores, formas y variedades hasta hoy. 

"Cuando imaginas un gigantesco mapa de la evolución de la vida en la Tierra, los insectos ocupan de lejos la mayor parte de la foto", asegura Michelle Trautwein, coautora del trabajo e investigadora de la Academia de ciencias de California. "las nuevas técnicas nos han permitido comparar enormes cantidades de datos genéticos y, por primera vez en la historia, podemos rellenar los huecos en nuestro conocimiento. La ciencia está más cerca que nunca de revelarnos los misterios de la evolución".

Referencia:  Phylogenomics resolves the timing and pattern of insect evolution (Science)

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23 de noviembre de 2014

Isaac Asimov: ¿Cómo se obtienen las nuevas ideas?

En un ensayo inédito descubierto recientemente, Asimov ofrece su personal enfoque sobre la generación de nuevas ideas.





A finales de la década de 1950, Isaac Asimov fue invitado a participar en un grupo de creativos del MIT, comisionados por el gobierno de Estados Unidos. La consigna era “pensar fuera de la caja” sobre la lucha armamentística que por entonces se llevaba a cabo entre las grandes potencias del mundo, Estados Unidos y la Unión Soviética. El escritor asistió a algunas reuniones, pero se separó poco después al no sentirse cómodo en posesión de información clasificada. Sin embargo, Asimov asentó su participación en un pequeño ensayo publicado este año por su amigo Arthur Obermayer, quien lo invitara inicialmente a las sesiones de “brainstorming”.


A partir de la pregunta “¿Cómo se obtienen las nuevas ideas?”, Asimov desarrolla algunos puntos sobre la creatividad, y el cómo desarrollarla.

Interconexión

Según Asimov, las nuevas ideas no aparecen de la nada, sino que son el resultado de un proceso “evolutivo” de ideas previas. Para ejemplificar esto, utiliza precisamente la teoría de la evolución por selección natural, desarrollada paralelamente por Charles Darwin y Alfred Wallace en el siglo XIX. “Ambos viajaron a lugares lejanos”, escribe, “observando especies extrañas de plantas y animales y la manera en que estas variaban de lugar a lugar. Ambos estaban muy interesados en encontrar explicación para esto, y ambos fallaron hasta que se toparon con Essay on Population, de Malthus.”

Sin embargo, muchos científicos y naturalistas del siglo XIX pudieron haber viajado a sitios distantes tratando de encontrar explicaciones sobre la adaptabilidad de unas especies y la extinción de otras mientras leían a Malthus. ¿Por qué sólo Darwin y Wallace desarrollaron la teoría de la evolución? ¿No sería lo más esperable que, si todos los factores están en la mesa o frente a nuestras narices, las soluciones brillantes fueran más frecuentes?

Para Asimov, la clave se encuentra en la interconexión (cross-connection) de factores: unir puntos que nadie hubiera unido antes para observar un nuevo dibujo sobre el mapa de las ideas, como si se tratara de una constelación a la que nunca nadie le hubiese prestado atención –sino hasta que la inventó. Esto nos lleva al segundo punto.

Arrojo

Siguiendo a Asimov, a pesar de que todos los elementos de una nueva idea se encuentren sobre la mesa, es necesaria cierta dosis de audacia para ponerlos en relación. Y es que las ideas nuevas usualmente parecen insensatas, como “suponer que la tierra era redonda en lugar de plana, o que se movía en lugar del sol, o que los objetos requerían una fuerza para detenerlos cuando se movían, en lugar de una fuerza que los siguiese moviendo, etc.”

Excentricidad

Exponer una idea nueva requiere audacia, pero para acceder a ella se necesita, a su vez, una medida de excentricidad. Para Asimov, la excentricidad no es andar por ahí con sombreros extraños o hablando en pentámetros yámbicos; pensando en términos de grupos de trabajo, la excentricidad de una persona puede ser solamente relativa. Hay que recordar que Asimov se encontraba trabajando con ingenieros aeronáuticos y expertos en servicios de defensa cuando redactó este ensayo, para quienes un escritor de ciencia ficción sin duda debía parecer una persona excéntrica.

Una persona excéntrica respecto a algo, a menudo es excéntrica respecto a varias cosas. En consecuencia, la persona que tiene más probabilidad de tener nuevas ideas es una persona con experiencia en su campo de interés, y que es poco convencional en sus hábitos.

Pensar “fuera de la caja” implica, precisamente, ser lo suficientemente excéntrico y audaz para vivir todo el tiempo fuera de ella.

Aislamiento

No se trata de un tipo de soledad como la de Thoreau, aislado por completo del mundo, sino cierto respeto a las muchas fallas de los actos creativos que sólo se pueden cometer con la impunidad de la privacidad. Más que de habitar la proverbial isla desierta, se trata de tener una isla (“un cuarto propio”, diría Virginia Woolf) donde uno tenga permiso de equivocarse –es decir, de ser creativo, pues no hay creatividad sin ensayo y error.

Mi sensación es que, cuando se trata de creatividad, se requiere aislamiento. La persona creativa, en este caso, está trabajando continuamente en ello. Su mente está mezclando información todo el tiempo, incluso cuando no es consciente de ello.

Irresponsabilidad

Aunque pueda parecer extraño, Asimov pensaba que “probablemente el sentimiento de responsabilidad inhibe más que cualquier otra cosa.” Y resulta aún más extraño en nuestra época, donde existen personas cuyo cargo y responsabilidad dentro de una empresa consiste precisamente en ser creativos. Pero para Asimov:

Las grandes ideas de la Historia provienen de personas a quienes no se les pagaba para tener grandes ideas, sino que recibían pago por ser maestros, atender oficinas de patentes [referencia a Albert Einstein] o burócratas insignificantes, o a quienes no se les pagaba del todo. Las grandes ideas venían como asunto aparte.

No se trata de no pagarle a la gente creativa o a la que necesita desarrollar ideas innovadoras, sino de entender que las ideas verdaderamente revolucionarias en todos los campos provienen de una fuente personal, casi diríamos íntima, que por definición no tiene precio. Tal vez el escritor Alan Moore pueda iluminarnos un poco al respecto de la “sana irresponsabilidad”:

El dinero es el código de todo, ¿no es cierto? De todo lo que posiblemente necesitarás en la vida o en la muerte. Pero hasta donde sé, no tengo precio. No se trata de dinero. Se trata de lo que yo siento.

En suma, podemos decir que para Asimov, la creatividad es una mezcla de factores vitales, no condicionados ni limitados por el espíritu del presente ni por imperativos económicos. Los beneficios económicos, morales o de otro tipo que la creación personal pueda tener para su creador son razones de segundo orden: lo primero y más importante (y tal vez lo que justifica cualquier empresa creativa) es tener el privilegio de vivir una vida impredecible, donde nuestras habilidades puedan desarrollarse y donde nuestras ideas formen parte de esa gran cadena de inspiración que aporta el sustrato vital de la humanidad.

Fuente:



Crean el generador eléctrico más pequeño y delgado del mundo

Por primera vez, un equipo de científicos del Georgia Institute of Technology y de la Universidad de Columbia (EEUU) ha logrado demostrar las propiedades piezoeléctricas de un material tan flexible como el grafeno, generando corriente eléctrica mediante deformaciones mecánicas en disulfuro de molibdeno (MoS2), lo que ha dado como resultado el generador eléctrico más fino que se ha logrado hasta ahora.

El estudio, que ha sido publicado en la revista Nature, explica que este material (que se encuentra en la naturaleza en el mineral molibdenita) podría utilizarse para fabricar generadores eléctricos microscópicos que podrían introducirse en la ropa, transformando la energía de nuestros movimientos en electricidad, pudiendo cargar así dispositivos médicos, sensores portátiles y, por supuesto, el móvil.

“Lo realmente interesante es que hemos descubierto que un material como el MoS2, que no es piezoeléctrico en forma bruta [tridimensional], puede convertirse en piezoeléctrico cuando se reduce a una capa de grosor atómico [bidimensional]”, afirma Lei Wang, coautor del estudio.

Esta nueva generación de materiales del futuro podría tener multitud de aplicaciones interesantes y llamativas, como la citada posibilidad de producir electricidad sin necesidad de contar con una fuente externa (mediante la energía de nuestro movimiento corporal) o el diseño de células fotovoltaicas altamente eficientes que fuesen capaces de absorber un rango muy amplio de energía solar.

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Muy Interesante