15 de septiembre de 2014

¡Matemática y malabares!

Aquellos que hayan visitado un campus universitario no habrán tenido mucha dificultad para encontrar estudiantes pasando el rato jugando a los malabares. Otra cosa fácil de encontrar en una universidad es empollones de todo tipo. En algunas ocasiones incluso ambos personajes resultan ser el mismo: un empollón malabarista. Y un empollón malabarista es precisamente lo que era Paul Klimek, que además de tener gran habilidad con las bolas era matemático en la Universidad de California en Santa Cruz.

Klimek, y posteriormente otros matemáticos, desarrollaron una notación numérica para trucos de malabares conocida como notación Siteswap (también llamada a veces Quantum Juggling o Cambridge Notation), que además de simple es bastante bonita.

La idea consiste en registrar la acción de cada mano en una secuencia temporal, como si las manos actuasen por turnos (izquierda, derecha, izquierda, derecha, …). Se visualiza mejor mediante un diagrama como este, en el que se supone que el tiempo “fluye” de arriba a abajo:

Ilustración via Wikicommons
Ilustración via Wikicommons
Las acciones posibles son mano vacía, mano con bola, o lanzar bola (a diferentes alturas y cambiando o no de mano).

Cada acción se puede codificar con un número entero, contando para ello el número de pasos durante los cuales la bola se mantendrá en el aire. Lo mejor es verlo en un ejemplo:

El tiempo corre de arriba abajo. Así, este truco es equivalente a la secuencia 5314530...
El tiempo corre de arriba abajo. Así, este truco es equivalente a la secuencia 5314530…
El siguiente diagrama también puede ser útil:
"Siteswap relative visualized" by Hyacinth - Own work. Licensed under Creative Commons
Siteswap relative visualized” by Hyacinth – Own work. Licensed under Creative Commons
Vemos algunas características de esta notación:
  • Cuando aparece un número par, la bola se recogerá con la misma mano con la que es lanzada.
  • Si es impar, la bola cambiará de mano.
  • El número tiene que ver con el tiempo que pasa volando la bola, y por tanto con la altura a la que se lanza
  • Un 0 representa una mano sin bola, y un 2 una mano que sostiene una bola sin lanzarla.
Hay que aclarar que normalmente los trucos no son tan complicados como el de este ejemplo. Habitualmente son secuencias muy cortas, como por ejemplo 333 o 40, y se da por hecho que se repiten periódicamente.

El artículo completo en:

Cultura Científica

¿Por qué el tiempo no pasa siempre a la misma velocidad?

Según la actividad que desarrollemos en un momento dado, las personas de las que nos rodeemos o incluso nuestra edad, nos parecerá que el tiempo transcurre muy lentamente o que pasa volando. Entre las experiencias que modifican la percepción de la llamada cuarta dimensión se encuentra la motivación.

Cuando nos sentimos estimulados y pretendemos alcanzar un objetivo concreto y deseado, sobre todo si tenemos la firme esperanza de conseguirlo y si responde a una necesidad básica, como comer o beber, el tiempo se desliza a toda velocidad. De acuerdo con un estudio de la Universidad de Alabama publicado en Psychological Science, este fenómeno se debe a que en estas circunstancias se minimizan los procesos de la memoria y la atención, para apartar pensamientos y emociones irrelevantes.

Por su parte, el psicólogo Steve Taylor, investigador de la Universidad John Moores de Liverpool, en el Reino Unido, sostiene que la percepción del paso del tiempo viene condicionada en gran medida por la cantidad de información que procesamos. Así, transcurre más despacio para los niños porque están muy atentos a lo que acontece a su alrededor. Estos experimentan muchas cosas por primera vez, lo que les obliga a asimilar constantemente abundante información.


Sin embargo, para las personas adultas apenas existe novedad en las experiencias cotidianas, se han acostumbrado al mundo y todo les resulta familiar, según explica Taylor. De ahí que un año vivido a partir de los cincuenta nos parezca mucho más breve que doce meses de la niñez o la adolescencia.

Este efecto es aún más perceptible en las víctimas de accidentes, que suelen describir esas situaciones traumáticas como si hubiesen sucedido a cámara lenta. Pero no es porque el tiempo transcurriera más despacio en sus sesos, como ha demostrado el neurocientífico David Eagleman, del Baylor College de Medicina, en Texas (EE. UU.), sino por una triquiñuela de la memoria.


Cuando una experiencia nos asusta, entra en juego un área del cerebro llamada amígdala que hace que se almacenen más recuerdos que en otro tipo de acontecimientos. Dicho de otro modo, en situaciones críticas acumulamos una gran cantidad de información en la memoria en un lapso mínimo de tiempo. Por eso, las experiencias aterradoras generan memorias más ricas y densas, que nos hacen creer que el tiempo transcurrido fue mayor.

Fuente:

Muy Interesante

¿Se puede digitalizar el yo?

Algunos expertos en prospectiva tecnológica, que tratan de identificar los futuros avances en función de las investigaciones actuales, auguran que en unas décadas será posible digitalizar el yo, esto es, transferir a una máquina o a otro cuerpo nuestras capacidades mentales. Según uno de estos cibergurús, el inventor y director de Ingeniería de Google Ray Kurzweil, antes de mediados de siglo tendrá lugar la aparición de la inteligencia artificial.
El avance potenciará de tal forma los sistemas informáticos que los seres humanos se verán abocados a combinarse con ellos mediante distintos tipos de implantes. De hecho, en su obra The Singularity is Near Kurzweil sostiene que esto permitirá simular con el máximo detalle la actividad de todas las estructuras cerebrales de un individuo, por ejemplo, la de cada una de sus 85.000 millones de neuronas. En teoría, de este modo sería posible convertir en datos su memoria, habilidades y personalidad, hacer copias de seguridad de ellas o incluso instalarlas en estructuras no biológicas mucho más duraderas que el cuerpo de una persona, un proceso que se conoce como inmortalidad digital. Ese es el objetivo último, por ejemplo, del Proyecto Avatar, impulsado por el multimillonario ruso Dmitry Itskov.

Fuente:

Muy Interesante

14 de septiembre de 2014

Una niña conoce la computadora Raspberry pi

Me he dado cuenta que los dibujos animados resultan demasiado adictivos para mi hija. Si bien puede dividir su tiempo para entretenerse realizando diversas actividades como dibujar y pintar con lápices de colores, crayolas y témperas, armar rompecabezas, usar plastilina, hojear libros y balancearse en el columpio, creo que no tendría problemas de pasarse horas de horas viendo su dibujo favorito: Peppa pig.

A pesar que aún no tiene edad para dejar por completo los pañales, es toda una experta usando el Smartphone de su mamá. Ya aprendió a desbloquearlo, sabe pasar las pantallas haciendo “swipe” con el dedo hasta encontrar el ícono de YouTube. Si te descuidas un rato se apodera del teléfono y se pone a mirar Peppa pig. Luego distraerla y convencerla que deje el celular para hacer otra actividad no es cosa fácil.

Así que decidimos tomar acciones radicales.


La Raspberry pi

Hace un par de meses le compré una computadora llamada Raspberry pi. Esta computadora consiste en una tarjeta madre muy pequeña (del tamaño de una tarjeta de crédito) y es desarrollada por la Fundación del mismo nombre. Esta es una computadora de bajo costo, dirigida a niños para que sea utilizada con fines educativos. La fundación la vende a 40$ aproximadamente, pero también la puedes conseguir en Amazon o si estás en Lima, en http://paruro.pe (aunque encontrarás precios más elevados).

Entonces cuando mi hija pide con insistencia ver Peppa Pig, le decimos que sólo se puede ver desde la Raspberry pi. Acto seguido retiramos esta pequeña computadora y cables de su caja, y ella misma se ofrece de voluntaria para hacer todas las conexiones. Se le pueden enchufar mouse, teclado y monitor viejos a la Raspberry pi. La fuente de poder viene de un cable que perteneció a un Kindle, y va conectado a un transformador rescatado de una vieja cámara de vídeos Nikon.

El artículo completo en:

Utero de Marita