27 de agosto de 2014

Los orgasmos CUV: Una nueva investigación que acaba con la idea del punto G

Nude Sdraiato de Amedeo Modigliani

Nude Sdraiato de Amedeo Modigliani

Según científicos italianos las mujeres tenemos orgasmos CUV (clitoriuretrovaginales complejos) ¡toma ya! y aseguran que el punto G es poco más o menos que un “fantasmita” de alcoba.

Dándole vueltas en universidades al Vellocino de oro de la sexualidad femenina, la Atlántida del placer sexual, resulta que hoy el punto G —más bien su fantasma— vuelve a ser noticia tras la publicación en la revista Nature Reviews Urology  de un estudio de investigadores de la Universidad Tor Vergata, en Roma.

Su conclusión es que no existe en las profundidades de la mujer un punto mínimo, una resbaladiza rugosidad… No existe, dicen, una mini diana cuya existencia se persigue casi tanto como la vida extraterrestre.

Dicen los cientificos italianos que esa cúspide que eriza el vello de extremo a extremo tiene lugar por la estimulación conjunta del clítoris, la uretra y la pared vaginal (CUV, lo llaman). “Estimulados adecuadamente durante la penetración podría inducir la respuesta orgásmica», dice Emmanuele A. Jannini, profesor de la universidad y director del estudio. «Sabemos que es algo mucho más complejo que un ‘punto’ fantasmagórico, aunque esto no acabará con el debate».

Un respeto para la vagina

Según Jannini: “La vagina es un tejido activo que debe ser respetado. Su dinámica y sus estructuras sensibles hacen que sea algo más complejo que un solo punto”. Y, a partir de ahí, explica que las mujeres tenemos orgasmos CUV:  Las relaciones anatómicas y las interacciones dinámicas en el momento del placer entre el clítoris, la uretra y la pared vaginal anterior le han llevado a bautizar al orgasmo femenino con un nombre tridimensional: clitoriuretrovaginal (CUV). Una palabra compuestra de tres, vamos, como “en-hora-buena”

Fuente:

QUO

Soluciones para el mal estado de las ruedas del Curiosity y nuestro futuro en Marte

  • Las ruedas del rover se deterioran a un ritmo muy superior al previsto
  • La NASA ha identificado el origen del problema y estrategias para minimizarlo
  • Lo aprendido se aplicará en el rover que la NASA quiere enviar en 2020 a Marte
Ampliar fotoImagen facilitada por la NASA del rover Curiosity en Marte
Imagen facilitada por la NASA del rover Curiosity en Marte.AFP

A principios de este mes el rover Curiosity de la NASA cumplía dos años explorando la superficie de Marte, dos años en los que todos los sistemas de a bordo han funcionado tan bien o mejor de lo que se esperaba, salvo las ruedas del vehículo.

Detectado por primera vez en las imágenes recibidas del sol –del día marciano– 411 de la misión, las ruedas, fabricadas fresando bloques de aluminio hasta dejarlos en un grosor de 0,75 milímetros, estaban acumulando pinchazos, rajas y desgarros a un ritmo preocupante, daños que amenazan la movilidad del vehículo, y que además resultaban tanto más preocupantes cuando en principio los responsables de la misión no sabían por qué las ruedas estaban resultando dañadas a tal velocidad, mucho mayor de la prevista.

Pero afortunadamente, tras muchas pruebas, los técnicos del Laboratorio de Propulsión a Chorro consiguieron averiguar qué es lo que causa estos daños y, lo que es más importante, diseñar estrategias para mitigarlo una vez entendida la causa del problema.

Rocas y sistema de supensión

Esta parece radicar en la presencia de numerosas rocas puntiagudas en la zona por la que estaba circulando Curiosity que no se desplazan al pasar este por encima, a diferencia de lo que ocurría en las zonas en las que circularon otros rover de la NASA, en las que las rocas se apartaban bajo el peso de estos.

La presencia de estas rocas resulta además más dañina para las ruedas de Curiosity de lo previsto porque aunque estas están pensadas para resistir los efectos de este tipo de rocas siempre que el peso del vehículo esté repartido entre todas resulta que el diseño del sistema de suspensión hace que en algunas circunstancias cuando el rover pasa por encima de una de estas rocas puntiagudas todo el peso del vehículo pueda pasar a descansar sobre la rueda que está pasando sobre esta, lo que prácticamente asegura que se produzca una perforación.



Pero la buena noticia, como decía antes, es que una vez identificado el origen del problema, los responsables de la misión han podido diseñar varias estrategias para mitigarlo.

Mitigando el problema

Una de ellas es programar a Curiosity para que cuando se mueva evite este tipo de rocas, aunque esto solo sirve para cuando se programan desplazamientos cortos, ya que solo es posible apreciar la presencia de estas rocas hasta una distancia de 10 o 20 metros en las imágenes que envía el rover; es el tipo de estrategia que se usa cuando Curiosity tiene que pasar sí o sí por terreno «peliagudo.

Otra es conducir marcha atrás, ya que, de nuevo en virtud del diseño del sistema se suspensión del rover, cuando circula marcha atrás las fuerzas que se ejercen sobre las ruedas son mucho menores. A cambio, cuando Curiosity se mueve marcha atrás al final tiene que girar 180 grados en el punto en el que se para para poder mirar hacia delante con las cámaras y programar el siguiente desplazamiento, lo que añade unos seis metros extra de desplazamiento a las ruedas sin que Curiosity realmente se mueva del sitio; se usa más para cuando se hacen desplazamientos largos «a ciegas» por terrenos en principio menos complicados.

También se están planificando las rutas a largo plazo sobre terreno más amigable usando tanto imágenes y datos obtenidos por los instrumentos de a bordo como imágenes y datos obtenidos de las sondas que hay en órbita alrededor de Marte.

Una última opción es una actualización del software de a bordo que debería permitir a Curiosity manejar las ruedas de forma más inteligente, de tal forma que si nota que una está experimentando demasiada oposición al movimiento podría dejarla girar libre o ejerciendo menos fuerza sobre ella, aunque esta modificación del software aún tiene que ser probada y aprobada.

Lecciones aprendidas

A largo plazo, lo aprendido con Curiosity servirá para el rover que la NASA quiere enviar a Marte en 2020, basado en el diseño de este.
No está claro qué modificaciones se harán en sus ruedas, porque por ejemplo hacerlas tan solo un milímetro más gruesas añadiría un total de 10 kilos al peso del rover, peso que se pierde en instrumentos científicos y que también afecta al sistema de aterrizaje de este.

Pero para Curiosity la suerte ya está echada, y aunque no quede más remedio que circular más lento, no parece que a la larga, una vez detectado el origen del problema, esto vaya a afectar seriamente a la misión.


Tomado de:

RTVE

Latinoamérica ya tiene un “Nobel de Matemáticas”: ¡es de Brasil!


Debieron transcurrir 78 años pero, como se dice, nunca es tarde si la dicha llega. Ya Latinoamérica presume de “Nobel de Matemáticas”, toda vez que la Medalla Internacional para Descubrimientos Sobresalientes en esta ciencia la ganó un latinoamericano este 2014, año en que también por vez primera hay una mujer entre los galardonados.

La distinciónconocida por el nombre de Medalla Fields y considerada el “Nobel de matemáticas”, se otorga cada cuatro años a los mejores matemáticos menores de 40 años.

el premiado ha sido Artur Ávila, investigador de 35 años graduado del Instituto de Matemática Pura y Aplicada (IMPA) en Rio de Janeiroque trabaja tanto en Brasil como en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia.

Fue elegido por su trabajo en el área de sistemas dinámicosque busca prever la evolución en el tiempo de fenómenos naturales y humanos en diferentes áreas.

Se trata del mayor galardón logrado por un científico brasileño y las reacciones no se han hecho esperar.
El reconocimiento mundial del trabajo de Ávila llena de orgullo a la ciencia brasileña y a todo Brasil“, dijo la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, en su cuenta de Twitter.
El matemático brasileño es además el primer ganador de la Medalla Fields que obtuvo su doctorado fuera de Estados Unidos o Europa.
El brasileño recibió el premio de manos de la presidenta de Corea del Sur, Park Geun-Hye. Foto: AFP Getty.

El brasileño recibió el premio de manos de la presidenta de Corea del Sur, Park Geun-Hye. Foto: AFP Getty.

Prodigio

Los padres de Ávila seguramente no imaginaban que su hijo se dedicaría a la investigación en matemáticas pura, aunque desde niño tenía más interés en los libros que en imitar a las estrellas del fútbol. Cuando tenía seis años su madre lo inscribió en el Colegio Sao Bento de Rio, una escuela católica conservadora.
Con el pasar de los años el joven se fue centrando en las matemáticas por encima de todo y llegó a ser expulsado del colegio por negarse a tomar exámenes obligatorios de religión, según informes en los medios.
En 1992 un profesor del colegio, Luiz Fabiano Pinheiro, lo alentó a los 13 años para que participara en la categoría junior de competencias matemáticas.

Dos años después, Ávila ganó la medalla de oro en las Olimpiadas Internacionales de Matemáticas en Toronto.

“Artur fue el mejor estudiante que tuve”, recuerda Pinheiro, de 72 años, quien enseñó durante cinco décadas.

Maryam Mirzakhani. Foto: AFP.

Primera mujer

Además de Ávila, una joven iraní también logró algo sin precedentes.

Maryam Mirzakhani, de 37 añosprofesora en la universidad estadounidense de Stanfordes la primera mujer en recibir la Medalla Fields desde que el premio fue instaurado en 1936. Mirzakhani fue premiada por sus “impresionantes avances en la teoría de las superficies de Riemann y sus espacios modulares“.
Los otros dos galardonados fueron Manjul Bhargavaprofesor en la Universidad de Princeton, en Estados Unidos y Martin Hairerde la británica Universidad de Warwick, en Inglaterra.
Los premios fueron otorgados durante la celebración del Congreso Internacional de Matemáticas en Seúl, Corea del Sur.

El premio fue fundado por el matemático canadiense John Fields e incluye una medalla valorada en unos US$5 000 y un premio de cerca de US$14 000.

El Congreso se desarrollará en la capital de Corea del Sur hasta el próximo 21 de agosto y cuenta con unos 5 000 participantes de unos 120 países.

Foto: AFP.

Fuente:

La Radio del Sur

26 de agosto de 2014

Matemáticas: Encuentran la clave de la felicidad (o "como jugar con nuestras expectativas")





Vista así, de golpe, y para quien no sea muy aficionado a las matemáticas, la fórmula de la imagen puede provocar más de un espasmo cerebral ( reocnozco que a mi si que me lo ha producido). Pero, pasada la impresión inicial e investigando un poco más el asunto, se puede comprobar que se trata de la ecuación de la felicidad, elaborada por un equido de investigadores de la Universidad de Londres, dirigido por Robb Rutledge, y que ha servido de base para desarrollar una aplicación de movil que sirve para medir el grado de felicidad de las personas.


Dicha aplicación se utilizó para un experimento bautizado The Great Brain Experiment, en el que los investigadores pidieron a dieciocho mil voluntarios de todo el mundo que la utilizaran para responder a un test que permitiría evaluar su grado de bienestar y satisfacción personal y vital. Además, veintiséis personas escogidas de entre todos los participantes, fueron utilizadas como cobayas humanas para que los científicos pudieran monitorizar su actividad cerebral mientras relizaban el test.

Puede parecer que todo lo anterior es un juego. Y si, como reconoce el profesor Rutledge: "Hay mucho de ello en nuestro estudio. ¿Qué mejor manera de analizar la felicidad que a través de algo tan placentero como jugar?" Pero, más allá del aparente divertimento, el estudio ha arrojado interesantes datos que deben ser tenido en cuenta a la hora de analizar como funciona algo tan complejo, intangible y difícil de definir como es la felicidad.

"Parte del test consistía en una serie de pruebas que, si se resolvían positivamente, acarreaban una reconpensa o gratificación", explica Robb Rutledge. "Evidentemente, el premio activaba los circuitos de recompensa del cerebro haciendo que als persoans afirmaran sentirse dichosas. Pero, lo más sorprendeten, fue descubir que los mayores índices de felicidad que sentían los voluntarios no s eproducían al recibir o saborear el premio, sino en la etapa en la que acariciaban la posibilidad de recibirlo. Es decir... La expectativa de ser premiados o de experimentar algo agradable, resultaba mucho más placentera que el premio o la experiencia en si misma".

Este hallazgo abre interesantes conclusiones que funcionan en dos direcciones. "Por un lado", explica el investigador, "parece confirmar esa creencia popular que dice que cuanto más bajas sean tus expectativas sobre algo, más placentera o positiva resultará una experiencia. Por ejemplo, si vamos a comer a un restaurante del que no esperamos gran cosa, y la comida resulta ser buena, nos acabará pareciendo mucho mejor que si hubieramos acudido al local con unas expectativas más altas".

Pero, por otro lado: "Si estamos esperando a que llegue el día de la semana en que hemos quedado para ir a cenar a un gran restaurante con una persona muy especial, las expectativas que desarrollamos durante el tiempo que pasa antes de que se produzca ese momento tan importante , nos producen un bienestar tan enorme que, en muchas ocasiones es superior al que al final acaba produciendo la propia cita".

Tal y como reconoce el profesor Rutledge, las situaciones de la vida cotidiana son demasiado complejas como que pueda medirlas una simple aplicación, pero: "El estudio nos demuestra que la felicidad depende en gran parte de las expectativas que tengamos de la vida en cada momento. Aprender a jugar con ellas en cada situación concreta, y a manejarlas y graduarlas de la manera adecuada, podría ayudarnos a ser más dichosos".

Fuente:

QUO