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4 de octubre de 2011

El Polo Norte también tiene su agujero de ozono

Niveles de ozono sobre el Polo Norte, en marzo de 2011. | Nature

Niveles de ozono sobre el Polo Norte, en marzo de 2011. | Nature

  • Algunas zonas perdieron hasta el 80% de ozono en la primavera de 2011
  • Una presencia inusualmente larga de aire frío en altura acelera el fenómeno
  • También hubo más niveles de gases dañinos para el ozono que en otros años
  • Los gases clorados que dañan el ozono fueron prohibidos a finales de los 80
  • La atmósfera todavía sufre el efeto de los químicos liberados hace décadas

La pérdida de ozono sobre el océano Ártico este año ha sido tan severa que por primera vez se le puede llamar "agujero de ozono", afirma un grupo de científicos que acaba de publicar sus conclusiones en la revista 'Nature'. Aseguran también que la pérdida de ozono en el norte este año es equiparable a la que ocurre desde hace tiempo sobre la Antártida. Hay que tener en cuenta que hasta ahora, cuando se hablaba de pérdida de ozono era en el hemisferio sur, pero este fenómeno no había sido noticia en el extremo norte del planeta.

A una altura de 20 kilómetros sobre el Polo Norte, el 80% del ozono se ha perdido, afirman los científicos. La causa ha sido una presencia inusualmente larga de aire frío a gran altura además de una mayor cantidad de gases destructores del ozono sobre la zona. Los compuestos clorados producidos por el hombre que destruyen el ozono son mucho más activos en ambientes fríos. Las causas de la pérdida de ozono han sido por tanto relativamente circustanciales, por lo que es imposible saber si el fenómeno observado este año se repetirá en próximas ocasiones.

La destrucción del ozono atmosférico por la presencia de compuestos clorados ocurre en primavera sobre las dos regiones polares. Sin embargo, puesto que esa estación es relativamente más templada en el Polo Norte que en el sur, los daños no son tan graves en aquel como en éste y la mayoría de los años la disminución de la capa de ozono es mucho menor en el Ártico que en la Antártida.

Sin embargo, el trabajo aparecido en 'Nature' revela que este año, en determinadas altitudes, el periodo de bajas temperaturas en el Ártico duró 30 días más que cualquier otro invierno ártico, dando lugar a una destrucción de ozono sin precedentes. Para determinar los factores que motivaron que este periodo de bajas temperaturas fuera tan persistente serán necesarios otros estudios.

'Durante el invierno 2010-11, las temperaturas diarias no alcanzaron valores más bajos que en anteriores inviernos árticos', ha afirmado Gloria Manney, autora principal del estudio, que pertenece al Jet Propulsion Laboratory de la NASA de Pasadena (California), y al New Mexico Institure of Mining and Technology, de Socorro (Nuevo México). "La diferencia con respecto a anteriores inviernos es que las temperaturas extremadamente bajas persistieron durante un periodo mayor. Esto implica que si en el futuro las temperaturas estratosféricas disminuyeran ligeramente, como resultado del cambio climático, por ejemplo, la pérdida de ozono del Ártico podría ocurrir con mayor frecuencia.»

Gloria Manney, del California Institute of Technology, es la autora líder del artículo aparecido en 'Nature'. Los autores han analizado los datos de ozono sobre el Polo Norte a finales de 2010 y comienzos de 2011 y aseguran que la pérdida de este gas supera cualquier observación científica anterior.

En la investigación han participado científicos de 19 instituciones de nueve países (Estados Unidos, Alemania, Países Bajos, Canadá, Rusia, Finlandia, Dinamarca, Japón y España) que han analizado datos procedentes de un amplio conjunto de medidas. Se han empleado observaciones diarias de gases y nubes facilitadas por los satélites de la NASA Aura y CALIPSO, datos de ozono medidos por globos instrumentados, datos meteorológicos y modelos atmosféricos.

La aportación española corrió a cargo del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), que desde 1991, en colaboración con el Instituto Meteorológico Islandés, participa en proyectos europeos para la medida de destrucción de ozono en la región Sub-Ártica, realizando sondeos de ozono desde la base de Keflavik (Islandia).

Salvados gracias al acuerdo de Montreal

El ozono es una forma de oxígeno que se acumula de forma natural en la la parte alta de la atmósfera - desde los 15 a los 35 kilómetros por encima de la superficie de la Tierra - y protege la vida en la Tierra de los rayos ultravioleta solares.

Ciertos gases clorados producidos industrialmente por el hombre - CFCs - tienen la capacidad de destruir este ozono. El Protocolo de Montreal, que entró en vigor en 1989, fue un acuerdo internacional para dejar de usar y producir estos gases, que se empleaban como refrigerantes para frigoríficos o como propelentes para sprays, y sustituirlos por otros que no dañaran el ozono. El Protocolo de Montreal fue un éxito, pues se consiguió retirar del mercado mundial esos dañinos productos y frenar el problema.

Si dos décadas después el ozono sigue desapareciendo es porque los gases clorados o CFCs tienen una larga vida en la atmósfera. Los daños que se observan hoy se deben a los gases que se emitiron antes de la prohibición y que aún perduran. Los científicos, de hecho, aseguran que el agujero de ozono seguirá haciéndose mayor en las próximas décadas, y que no será hasta 2050 cuando empiece a remitir. Será para entonces cuando hayan desaparecido los CFCs emitidos en el pasado por el hombre. De no haberse prohibido su uso en 1989, el problema se habría acelerado y durado para siempre.

De hecho, la autora líder del estudio en 'Nature', Gloria Manney ha manifestado que sin el Protocolo de Montreal, los niveles de cloro serían ya tan altos que en el Ártico se formaría también cada primavera un agujero de ozono.

La persistencia en la atmósfera de las sustancias químicas que destruyen la capa de ozono implica que los agujeros de ozono de la Antártida, y la posibilidad de una futura pérdida severa de ozono en el Ártico, puedan seguir ocurriendo durante décadas, asegura el INTA en comunicado de prensa.

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El Mundo Ciencia

Descubren la bacteria que convierte la orina en combustible para cohetes

  • La bacteria Anammox puede crear combustible a partir del amoníaco
  • Es la responsable de producir hidrazina, aunque en pequeñas cantidades
El combustible de los cohetes podría estar compuesto de amoníaco, una de las sustancias químicas de la orina

El combustible de los cohetes podría estar compuesto de amoníaco, una de las sustancias químicas de la orina.

Un equipo de científicos han logrado identificar una proteína capaz de convertir la orina en combustible para cohetes.

Lo han conseguido estudiando el proceso bacteriológico Anammox en el que han logrado identificar el mecanismo que permite 'convertir' el amoníaco, una sustancia química presente en la orina, en este tipo de combustible.

Este proceso, según publica Discovery News, causó sensación cuando fue descubierto en la década de los 90 por su capacidad de producir la hidrazina, que se emplea como complemento para misiles, cohetes espaciales y satélites.

Los investigadores han publicado sus conclusiones en la revista Nature, en las que han reflejado que habían identificado el mecanismo molecular por el que las bacterias lograban 'fabricar' la hidrazina.

Demostrarlo, señala Mike Jetten, uno de los investigadores, "ha sido toda una hazaña". Pero después de llevar a cabo novedosos métodos experimentales, consiguieron "aislar la proteína responsable de la producción de hidrazina".

El trabajo ha sido seguido de cerca por científicos de la NASA, pero sus ilusiones se derrumbaron al comprobar que solo se producen pequeñas cantidades de esta sustancia, "que ni mucho menos será suficiente para enviar un cohete Marte", asegura Jetten.

Actualmente este proceso se emplea en la purificación de agua, porque es muy eficaz en la descomposición de amoníaco, aunque tiene otras aplicaciones como los biocombustibles o la limpieza de alcantarillado sin necesidad de bombas de aire.

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RTVE

Consiguen hacer un objeto invisible recreando el efecto de los espejismos

Un equipo de la Universidad de Texas utiliza el efecto de refracción fototérmica para conseguir la invisibilidad. El mecanismo recrea las condiciones que se producen durante un espejismo y hace desaparecer de la vista una película de nanotubos de carbono desde determinados ángulos.




Lo que vemos en las imágenes no es un truco de magia ni un efecto añadido por ordenador. La película de material del centro de la pantalla desaparece literalmente de nuestros ojos mediante el mismo efecto que se produce en los espejismos y en esos charcos ilusorios que aparecen al final de una larga carretera en un día caluroso. El experimento ha sido realizado por un equipo de investigadores de la Universidad de Texas (EEUU) comandados por Ali Aliev, del NanoTech Institute.

"El nombre científico del fenómeno", explica Aliev a lainformacion.com, "es refracción fototérmica, se origina en el gradiente de refracción que se genera alredededor de una superficie caliente". Es exactamente el mismo efecto que vemos en las carreteras en verano, explica, "pero a diferencia de la carretera, que es calentada por el sol muy lentamente, nosotros podemos crear una diferencia de temperatura de 2.000ºC en milisegundos"

El efecto óptico que se produce durante un "espejismo" es conocido desde hace más de cien años. En el caso de los "charcos de carretera", el aire cercano a la superficie del asfalto está a una temperatura mayor, lo que provoca un cambio de su densidad y a su vez una reducción en su índice de refracción. Los rayos de luz procedentes del sol son desviados al atravesar un medio con diferente índice de refracción. Bajo ciertas condiciones críticas, dichos rayos rebotan y generan en el espectador la ilusión de encontrase ante un auténtico espejo.

Este efecto es el que tratan de reproducir los investigadores mediante el uso de materiales que se calienten a gran velocidad (en el orden de milisegundos). Uno de los objetivos de estas investigaciones es la búsqueda de un material que haga rebotar la luz incidente de tal modo que el efecto espejismo nos oculte aquello que hemos situado detrás.

En el experimento que vemos en la imagen, los científicos han colocado una capa de nanotubos transparentes de carbono y detrás de ellos han situado una placa sobre la que se puede leer el texto “invisibility cloaks” (capa de invisibilidad). "Cuando los nanotubos son calentados con corriente continua", asegura Aliev, "la luz bajo el ángulo elegido es reflectada y el texto queda oculto". Si uno se fija en la parte inferior, hay una especie de espejo en el cual se sigue viendo el texto reflejado para demostrar que no es un truco.

El experimento se ha realizado en agua porque presenta un índice de refracción más alto que el aire y el experimento es más fácilmente observable. "Para demostrar el mismo efecto en el aire", asegura Aliev, "habríamos necesitado una capa de nanotubos de medio metro". La elección de los nanotubos de carbono se debe a la baja capacidad térmica de este material que permite transferir calor a gran velocidad y cambiar el índice de refracción en el líquido o gas adyacentes.

¿Se podría aplicar este truco para hacer desaparecer grandes objetos, al estilo de la nave Klingon de Star Trek? "Un objeto cubierto con una gran capa de nanotubos de carbono", indica Aliev, "sería invisible desde determinados ángulos, como algo cubierto por una suave lámina de aluminio. La capa es trasparente al 90% cuando está fría. Cuando es activada con una corriente, o por la absorción de ondas electromagnéticas, bajo ciertos ángulos se convierte en un espejo. Este tipo de ocultamiento sería adecuado para cambiar la silueta de los objetos, haciendo desaparecer los bordes, pero la parte central seguiría siendo visible".

De momento, el mejor material son los nanotubos de carbono, altamente conductores, pero en el futuro, apuntan los investigadores,serán sustituidos por láminas de grafeno.

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La Información

Tres figuras clave para conocer el 'armamento' del organismo

De izqda. a dcha, Steinman, Hoffmann y Beutler. | Nobelprize.org

De izqda. a dcha, Steinman, Hoffmann y Beutler. | Nobelprize.org

  • Hoffmann, Beutler y Steinman tienen una brillante carrera a sus espaldas
  • Sus trabajos son claves para comprender los mecanismos del sistema inmune

Conocer un poco mejor los mecanismos por los que nuestro organismo es capaz por sí mismo de defenderse de virus, bacterias y otros microorganismos. Esa es la gran aportación de Beutler, Hoffmann y Steinman (fallecido el pasado viernes), que acaba de reconocer el Premio Nobel de Medicina y Fisiología 2011.

Gracias a la conjunción de los trabajos de los tres científicos, se conocen cuáles son los mecanismos por los que se ponen en marcha nuestras defensas y se trabaja en nuevas armas para combatir distintos tipos de enfermedades.

Beutler y Hoffman, cuyos trabajos ya han sido premiados de forma conjunta en otras ocasiones, han sido fundamentales para comprender de qué forma el organismo reconoce al 'enemigo' y activa su respuesta de combate. Por su parte, Steinman ha contribuido de forma clave al conocimiento del funcionamiento de la 'segunda línea' de armamento –la inmunidad adaptativa- y la forma en la que los microorganismos señalados como atacantes son finalmente eliminados.

Cuando un microorganismo ataca al organismo, la primera línea de fuego que se activa es la respuesta inmune, que a través de distintos mecanismos –como la inflamación- intenta bloquear el asalto. Si esta defensa es superada, entra en acción un segundo armamento –la inmunidad adaptativa- que, a través de las células B y T, produce anticuerpos para destruir las células infectadas. Este cuerpo de defensa tiene 'memoria', es decir, es capaz de recordar ataques similares para agilizar la respuesta en el próximo ataque.

Los componentes del sistema inmunitario fueron descubriéndose a lo largo del siglo XX, pero hasta que llegaron los trabajos de Beutler, Hoffmann, y Steinman no se conocían a fondo los mecanismos de activación de las defensas y de qué manera se comunicaban las dos líneas de combate básicas.

Un largo currículo

En realidad, el nombre de Bruce A. Beutler ya sonó en 2008 como uno de los posibles candidatos a este galardón por su decisiva contribución al estudio de la inflamación y la inmunidad innata.

Experto en genética e inmunología, este científico estadounidense ha descubierto el mecanismo de funcionamiento de unos receptores clave en la lucha contra los patógenos (los TLR o de lipopolisacáridos), que comparten seres vivos tan distantes como la mosca de la fruta y el hombre. Nacido en 1957 en Chicago, es catedrático y jefe del Departamento de Genética del Instituto de Investigación Scripps en La Jolla, California.

Procede de una familia de raíces europeas (todos sus abuelos emigraron a EEUU desde el viejo continente) y con "fuertes principios académicos", tal y como él mismo explicó con motivo de la recepción del premio de la Fundación Shaw de Hong Kong. Beutler también ha realizado otros descubrimientos importantes como el del factor alfa de necrosis tumoral en ratones (TNF).

Los trabajos de Jules A. Hoffmann, que partieron del estudio de cómo la mosca drosofila combate las infecciones, han permitido descodificar la naturaleza de ciertos receptores que reconocen a los agentes patógenos, establecer las vías de señalización que se desencadenan cuando se produce una infección y conocer de qué manera se expresan los genes que codifican las proteínas de la respuesta inmune.

Su hallazgo más importante tuvo lugar en 1996, cuando descubrió el papel clave que un gen denominado Toll tenía en la respuesta a las infecciones de una muestra de moscas. Varios ejemplares con una mutación en esa zona del genoma eran incapaces de hacer frente a los ataques de bacterias y hongos, por lo que Hoffamann concluyó que este gen regulaba un mecanismo clave en la identificación de los patógenos y la activación de las primeras alertas en el organismo.

Nacido en Echternach (Luxemburgo) en 1941, realizó sus estudios universitarios en Estrasburgo (Francia), donde se especializó en Biología experimental. Este científico de nacionalidad francesa ha desarrollado gran parte de su carrera ligado Centro Nacional de Investigación Científica (Francia) y, entre 2005 y 2008, asumió la presidencia de la Academia de las Ciencias del país galo.

Entre otros galardones, Hoffmann ha recibido el Gran Premio de la Fundación de la Investigación Médica, el Premio Robert Koch de Inmunología, el premio William Cooley o el Lewis Rosentiel.

Por su parte, Ralph Marvin Steinman(1943, Canadá), fue quien descubrió en 1973 -junto con su colaborador Zanvil A. Cohn- la existencia de una nueva clase de células defensivas, las células dendríticas, y quien acuñó su nombre mientras trabajaba en un postdoctorado.

Inmunólogo y biólogo celular de la Universidad Rockefeller, él fue quien especuló que estas células podrían potenciar la respuesta de otras células del sistema inmunitario, los linfocitos T.

El sistema inmune contiene un sistema de células dendríticas que capturan, procesan y presentan los antígenos y ofrecen controles adicionales en el desarrollo de un sistema inmunitario específico a ese patógeno. Cuando estas células capturan los antígenos los desintegran en péptidos (unidades más pequeñas) para unirse de nuevo al complejo de histocompatibilidad, una región del genoma importante para la inmunidad y autoinmunidad, y es entonces cuando vuelven a salir a la superficie de la célula para presentarse ante las otras células defensivas T.

La segunda función importante es su papel en el control de la inmunidad y tolerancia. En ausencia de infección, estas células capturan y procesan los patógenos. Pero durante una infección, las células dendríticas expresan receptores adicionales que les permiten responder a componentes patógenos y otros cuerpos extraños del medioambiente.

Este investigador canadiense ha recibido numerosos premios y reconocimientos por su trabajo sobre este tipo de células, como el Albert Lasker en 2007 y el Premio Internacional de la Fundación Gairdner.

Fuente:

El Mundo Ciencia

Nobel a los tres astrónomos que descubrieron la expansión acelerada del Universo

Los restos una supernova. | NASA / AFP

Los restos una supernova. | NASA / AFP

  • Los dos equipos premiados llegaron a la misma conclusión
  • Esa aceleración continua hará que el Universo acabe congelado
  • La investigación se basó en el estudio de supernovas del tipo 'Ia'

La Real Academia de Ciencias de Suecia ha concedido el Premio Nobel de Física de 2011 a tres astrónomos por "sus descubrimientos sobre la aceleración de la expansión del Universo a través de sus observaciones de supernovas muy distantes". El 50% de los 10 millones de coronas suecas (más de un millón de euros) es para el estadounidense Saul Perlmutter y la otra mitad se repartirá entre el australiano-estadounidense Brian Schmidt y el también estadounidense Adam G. Riess.

"Han estudiado varias docenas de explosiones de estrellas, llamadas supernovas, y han descubierto que el Universo se está expandiendo a un ritmo cada vez mayor", dijo el comité del Premio Nobel de Física.

El hallazgo de ese aumento de velocidad, en 1998, fue una sorpresa incluso para los dos equipos, que llegaron a la misma conclusión de forma independiente. Uno de ellos era el dirigido por Saul Perlmutter, que llevaba sobre el asunto desde 1988. El otro, desde 1994, por Brian Schmidt, con quien trabajaba Adam Riess. Ambos grupos competían por localizar las supernovas más distantes, es decir, las explosiones de estrellas que se producen cuando llegan al final de su vida.

Saul Permutter, Adam Riess y Brian P. Schmidt, los ganadores del Nobel de Física. | AP / Efe

Saul Permutter, Adam Riess y Brian P. Schmidt, los ganadores del Nobel de Física. | AP / Efe

Telescopios de tierra y espaciales

Para ello, utilizaron los más sofisticados telescopios, tanto en tierra como en el espacio. El Comité del Nobel recuerda que los nuevos sensores de proyección de imágenes digitales (CCD), cuyos creadores ya fueron premiados en 2009 en esta categoría, fue de gran ayuda en esa exploración cósmica.

Los astrónomos se centraron en un tipo de supernovas llamadas Ia. Son explosiones de unas enanas blancas, restos de otras estrellas que han completado su ciclo normal de vida y han cesado su fusión nuclear y que suelen ser pesadas (como el Sol), pero pequeñas (como la Tierra).

En concreto, enfocaron su interés hacia 50 supernovas muy distantes con una luz débil, en contra de lo previsto, una prueba de que la expansión del Universo se estaba acelerando.

El jurado del Nobel recuerda que hace ya un siglo que se sabe que el Universo se expande desde que tuvo lugar el Big Bang (la Gran Explosión), hace cerca de 14.000 millones años. Pero no se sospechaba que se aceleraba.

Un Universo helado

Una de las consecuencias es que el Universo acabará helado. Se cree que es la misteriosa energía oscura la que provoca esta aceleración, pero de momento este uno de los grandes enigmas de la física, aunque supone tres cuartas partes del Universo conocido.

Los astrónomos españoles se han felicitado de este premio. Rafael Bachiller, director del Observatorio Astrónomico Nacional, considera una "gran noticia" el Nobel para quienes han puesto sobre el tapete el problema de la energía oscura. "Aún desconocemos las consecuencias de este hallazgo", señala a ELMUNDO.es.

Por su parte Rafael Rebolo, del Instituto de Astrofísica de Canarias, argumenta que "el Nobel ayudará a afianzar investigaciones futuras sobre el enigma de eso que se llama energía oscura que hace que las galaxias se separen cada vez más deprisa". En este sentido, menciona la posible futura misión de la Agencia Espacial Europea (ESA), bautizada como 'Euclides', cuyo objetivo es precisamente observar este fenómeno.

El Nobel en esta categoría se ha otorgado ya 104 veces. El más joven de los galardonados fue Lawrence Bragg, quien sólo tenía 25 años cuando logró el deseado premio, en 1915. De hecho, Bragg es el Nobel ha sido el de menos edad en cualquiera de las seis categorías existentes.

En la edición del año pasado, la Real Academia premió a Andre Geim y Konstantin Novoselov por ser pioneros en el desarrollo de un nuevo material bidimensional, el grafeno, que está siendo de gran utilidad en dispositivos electrónicos, como ordenadores, pantallas táctiles y placas solares, que gracias al grafeno son más flexibles y más eficientes.

El primer Nobel de la semana ha sido el Nobel de Medicina, que ayer lunes otorgó la academia al biólogo Ralph Steinman, de la Universidad Rockefeller, y a los científicos Bruce Beutler y Jules A. Hoffmann. Steinman, premiado por ser un pionero en el campo de las vacunas (descubrió las células inmunes llamadas dentritas) había fallecido el pasado viernes, convirtiéndose en el primer Nobel póstumo de la historia

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El Mundo Ciencia

Nobel de Medicina para científico fallecido se mantiene

Ralph Steinman.

Ralph Steinman.

La Fundación Nobel, con sede en Suecia, dijo que no va a cambiar su decisión de concederle al canadiense Ralph Steinman el Premio Nobel de Medicina, a pesar de que se supiera este lunes que el científico había muerto el viernes pasado.

La noticia de la muerte de Steinman, que falleció a los 68 años víctima de un cáncer, no se hizo pública hasta unas horas después del anuncio del premio, por eso la fundación dice haber obrado "de buena fe" y respetando el espíritu del galardón.

El secretario del Comité Nobel para Medicina, Göran Hansson, dijo que en la fundación sabían que el profesor Steinman estaba enfermo, pero tenían la esperanza de adjudicarle el premio antes de su muerte. Steinman tenía cáncer de páncreas y había utilizado la investigación por la que ganó el premio para prolongar su propia vida.

Steinman fue premiado clic este lunes con el Nobel de Medicina junto al estadounidense Bruce Beutler y el francés Jules Hoffmann por sus aportes al estudio del sistema inmunológico humano.

El Nobel de Medicina 2011

Bruce A. Beutler, Jules A. Hoffmann y Ralph M. Steinman (fallecido el pasado viernes) han sido los ganadores del Premio Nobel de Medicina y Fisiología de 2011, un galardón que, cada año, concede el Instituto Karolinska de Suecia. Según ha anunciado la organización en un comunicado, estos científicos son merecederos de este reconocimiento por sus aportaciones en el ámbito de la inmunología y las vacunas.

La mitad del galardón ha sido concedida a Beutler y Hoffman por "sus descubrimientos relativos a la activación del sistema inmune", mientras que la otra mitad ha recaído en Steinman por "su descubrimiento de la célula dendrítica y su papel en la inmunidad adaptativa".

El estadounidense Bruce Beutler, el francés Jules Hoffmann y el canadiense Ralph Steinman se repartirán así una dotación de 10 millones de coronas suecas (aproximadamente 1,08 millones de euros). Estos tres prestigiosos investigadores se unen así a la larga lista de premiados por la Academia sueca, que desde 1901 apoya el genio intelectual con estos galardones.

La inmunología es un ámbito que ya ha recibido "un buen número de premios Nobel", según recuerda el doctor Manuel Juan, del Hospital Clinic de Barcelona y la Sociedad Catalana de Inmunología. Sin embargo, se trata de una especialidad "poco desarrollada en nuestro país", según lamenta este experto.

"Hasta los años 90 no entró en la Universidad [española], a pesar de que hay gente dedicada a la inmunología desde el siglo XIX", explica Juan. "Es una ciencia transversal que ha tardado en desarrollarse, pero el nivel de producción científica es muy alto", añade.

Según ha destacado la Academia sueca, los descubrimientos que han sido premiados por el Nobel de Medicina han hecho posible el desarrollo de nuevos métodos para hacer frente a las enfermedades, como las vacunas de última generación o las terapias que luchan contra el cancer a través de la activación del sistema inmunitario.

Por otro lado, estos hallazgos también son claves para entender por qué el sistema inmunitario a veces ataca a su propio organismo -como ocurre en las enfermedades autoinmunes-, lo que ha arrojado nuevas pistas para encontrar tratamientos contra estos trastornos.

Larga lista de premiados

En el ámbito de la Medicina y la Fisiología, el año pasado el galardón recayó en Robert Edwards, 'padre' de la fecundación in vitro. Junto a Patrick Steptoe, el investigador británico realizó en 1968 la primera fertilización de un óvulo humano fuera del organismo de la mujer, lo que daría lugar, una década después, al nacimiento de la primera niña probeta del mundo, Louise Brown.

En 2009, el prestigioso galardón fue concedido a Elizabeth H. Blackburn, Carol W. Greider y Jack W. Szostak, por el descubrimiento de los telómeros, un campo cuyas implicaciones afectan tanto al proceso del envejecimiento como del cáncer.

Entre los favoritos para llevarse el premio de Medicina de este año figuraban especialistas como Brian J. Druker, Nicholas B. Lydon y Charles L. Sawyers, por el desarrollo de imatinib y dasatinib, dos claves en la terapia molecular contra el cáncer.

También Robert S. Langer y Joseph P. Vacanti eran posibles candidatos al Nobel por sus trabajos en ingeniería de tejidos y medicina regenerativa, pero finalmente Beutler, Hoffmann y Steinman han sido los elegidos por la Academia sueca.

En los próximos días siguientes se conocerá al ganador del premio de Física y al de Química, mientras que el viernes se concederá el Nobel de la Paz, el único que se otorga y entrega en Oslo, y no en Estocolmo, por orden expresa del propio Nobel (1833-1896), ya que Noruega estaba unida a Suecia en aquella época.

El día 10 se fallará el premio de Economía, el único no establecido por Nobel en su testamento sino instituido medio siglo más tarde por el Banco de Suecia y desde 1969 otorgado por la Real Academia de las Ciencias.

La Academia Sueca aún no ha anunciado cuándo se conocerá el ganador en Literatura, que siempre se entrega un jueves, por lo que atendiendo a la tradición reciente, lo más probable es que sea el día 6.

Los premios pueden quedar desiertos, algo que ha ocurrido en 49 ocasiones, pero desde 1974 no pueden concederse a título póstumo, a no ser que el galardonado muera en el período transcurrido entre la concesión y la entrega del mismo.

Enlace

Fuentes:

BBC Ciencia

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