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7 de julio de 2012

¿Tendría sentido vivir en Matrix?

Thomas Anderson es programador informático durante el día y un hacker conocido como Neo por las noches. En una de ellas recibe el siguiente mensaje en la pantalla de su ordenador:
 
"Despierta Neo.
Matrix te posee...
Sigue al conejo blanco...
Toc toc Neo."
 
En ese mismo instante alguien llama a su puerta. Comienza una carrera desenfrenada por descubrir lo que es Matrix y por qué le posee. Al parecer, el secreto es conocido por otra serie de hackers, capitaneados por un tal Morfeo. Éste le ofrece a Neo la posibilidad de averiguar la verdad mediante la elección entre dos pastillas, una roja y otra azul. La primera le conducirá a la desasosegante realidad, teniendo que renunciar a todo lo que ha conocido hasta entonces; la segunda le devolverá a su mundo actual, sin ningún aparente resultado.
 
Neo elige la píldora roja, que le revela la auténtica realidad: el mundo en el que vive la mayor parte de la humanidad no es más que una enorme y sofisticada simulación de ordenador creada por inteligencias artificiales que han derrotado a las personas en una guerra a finales del siglo XXII y que utilizan a éstas como fuentes de energía. Matrix es el nombre de este universo simulado y solamente unos cuantos seres humanos lo saben y viven ocultos en una ciudad llamada Zion. En este mundo virtual, los humanos que son conscientes de la verdadera esencia de lo que les rodea, son capaces de desafiar parcialmente las leyes físicas y realizar hazañas asombrosas: esquivar y detener balas, desafiar la gravedad y volar, entre otras.
 
Si habéis leído el último capítulo de mi libro Einstein versus Predator, recordaréis la idea de Alex Vilenkin, quien piensa que condiciones similares a las que se dieron en el momento de la inflación (instantes después del Big Bang) podrían estar ocurriendo continuamente en distintas regiones del universo. Estarían, así, naciendo continuamente universos bebés y podría haber tantos que no sería imposible que incluso en alguno de ellos apareciese la vida inteligente y regida por unas leyes de la física completamente distintas a las que conocemos. Justo lo que parece sucederle a Neo y sus amigos cuando se enfrentan a los agentes de Matrix.
 
Pero en cuanto uno admite la posibilidad de la existencia de otros universos, lo que se conoce habitualmente como el multiverso, entonces ya nada nos impide creer en la aparición de civilizaciones tecnológicas avanzadas. Algunas de estas civilizaciones podrían ser capaces de simular universos por sí mismas. De forma análoga a como nosotros simulamos en un juego para videoconsola, ellos tendrían la capacidad para simular una realidad completa, todo un universo, en el que se desenvolviesen átomos capaces de combinarse para dar lugar a estrellas, galaxias e incluso seres humanos como nosotros y que hasta nos preguntásemos acerca de la existencia de un Programador, Gran Diseñador o Creador Universal. ¿Sugerente, verdad?
 
 
¿Qué pasaría si realmente existiesen civilizaciones suficientemente avanzadas, con el poder de simular universos enteros? Una conclusión obvia podría ser que comenzasen a proliferar los universos falsos, como el mundo en el que viven los seres humanos de la película Matrix (The Matrix, 1999). ¿Y no podría ser que estos universos falsos llegasen a superar en número a los universos verdaderos o reales? ¿Y si los universos reales y los universos simulados tuviesen la misma probabilidad de existir (cosa que no tiene por qué ser cierta)? ¿No podría ocurrir que un ser inteligente elegido al azar tuviese una probabilidad mayor de encontrarse en uno de los segundos, en lugar de uno de los primeros?
 
Los alienígenas simuladores tendrían poder de decisión sobre la vida y la muerte de sus creaciones simuladas, son ellos los que eligen las leyes físicas que gobiernan las nuevas realidades, pudiendo cambiarlas, modificarlas o eliminarlas a su antojo. Hasta podrían pararse a observar cómo sus simulaciones crean, a su vez, otras simulaciones. En esta situación, ¿cómo podemos distinguir si nuestro mundo es real o simulado? ¿Simplemente tomando la píldora roja? ¿Hay alguna forma científica de discernir la realidad desde dentro de la propia simulación?
 
Algo que puede parecer lógico y razonable es que los simuladores no utilicen simulaciones perfectas, ya sea porque no quieren o porque, simplemente, no pueden acceder a ellas por impedimentos económicos o de gasto energético (podría suceder que los requerimientos de potencia informática fuesen prohibitivos). Al fin y al cabo, es lo mismo que hacemos nosotros en nuestros diseños de videojuegos. No son perfectos, pero cada vez se aproximan más a la realidad. ¿Qué sucedería si en las simulaciones de estas civilizaciones avanzadas se fuesen acumulando con el tiempo pequeños errores, diminutos fallos? ¿Llegaría a colgarse el programa? Obviamente, los simuladores serían conscientes de tales defectos y podrían actualizar su software periódicamente? Pero en el entretanto, los científicos simulados que viven en el interior de la simulación, ¿no podrían detectar estos diminutos cambios, por ejemplo, en forma de constantes de la naturaleza que varían con el tiempo (la velocidad de la luz, la constante de estructura fina, la constante de la gravitación universal, etc.)?
 
Otra dificultad de cómo distinguir desde dentro de la misma si una realidad es o no simulada consiste en suponer que los simuladores tendrían el poder y la capacidad de prever la aparición de fallos, corrigiéndolos a tiempo antes de que se produzcan las posibles discordancias. Si existe un multiverso en el que todos los universos son posibles y existen y estamos viviendo en una simulación como Matrix, para un científico simulado que intenta desentrañar los misterios del cosmos y que observa que cualquier cosa puede suceder sin motivo aparente, que las leyes de la física son ilusorias, ¿no sería esto equivalente a no saber nada en absoluto porque no existe ningún conocimiento digno de fiabilidad?
 
Fuente:
 

6 de julio de 2012

Queen y su canción sobre la Teoría de la Relatividad


En el disco A Night At The Opera, publicado por la legendaria banda Queen en 1975, hay una canción que cuenta una historia de amor con un final triste como consecuencia de la Teoría de la Relatividad de Einstein.

La canción en cuestión es '39, compuesta por el guitarrista de la banda, Brian May. En el disco de estudio es él quien la canta pero en los recitales solía hacerlo Freddie Mercury mientras Brian la interpretaba con una guitarra acústica de doce cuerdas.


 Quienes tengan buen oído para el inglés no van a tener muchas dificultades en comprender la letra, principalmente en esta versión que no tiene más instrumentos. De todas formas, me tomé la libertad de traducirla al español y pedirle ayuda a una amiga traductora para que me corrija algunas asperezas. Mi versión era terrible, pero no tanto como las que se encuentran en Google que traducen Milky Ways como mares lechosos en lugar de Vía Láctea, el nombre de nuestra galaxia.


En el año 39
Se reunieron aquí los voluntarios
En tiempos en que las tierras escaseaban
Desde aquí partió la nave hacia la azul y soleada mañana
El paisaje más dulce alguna vez visto

Y la noche siguió al día
Y los narradores contaron
Que el grupo de almas valientes
Durante muchos días solitarios
Navegó por los mares de la Vía Láctea
Sin mirar atrás, sin asustarse, sin llorar

¿No escuchas mi llamado
aunque estés a tantos años de distancia?
¿No me escuchas llamándote?
Escribe tus cartas en la arena
Para el día que tome tu mano
En la tierra que nuestros nietos conocieron

En el año '39
Llegó una nave desde lo azul
Los voluntarios llegaron a casa ese día
Y trajeron buenas noticias
De un mundo recién nacido
A pesar de que sus corazones pesaban tanto
Ya que la Tierra es vieja y gris
Pero, mi amor, esto no puede ser
Tantos años han pasado
Aunque yo soy solo un año más grande
Los ojos de tu madre me lloran desde los tuyos
¿No escuchas mi llamado
aunque estés a tantos años de distancia?
¿No me escuchas llamándote?
Escribe tus cartas en la arena
Para el día que tome tu mano
En la tierra que nuestros nietos conocieron

¿No oyes mi llamado
aunque estés a tantos años de distancia?
¿No me escuchas llamándote?
Todas tus cartas en la arena
No pueden curarme como lo hace tu mano.
Por lo que me queda de vida, ten piedad.


Es una historia de amor un tanto extraña, y no vamos a terminar de comprenderla si no vimos por lo menos alguna vez un documental sobre la Relatividad. El personaje del relato es un astronauta que se embarca en un viaje de exploración que para él dura un año, y cuando vuelve a la Tierra se encuentra con que aquí transcurrió un siglo. El argumento científico de la desventura del astronauta es el fenómeno de la dilatación del tiempo, predicho por Einstein en 1905 en su Teoría de la Relatividad Especial: el tiempo no transcurre de forma absoluta en todo el Universo sino que es relativo, y el reloj de un observador se hace más lento mientras viaja más rápido, y sobre todo si se acerca a la velocidad de la luz (300.000 kilómetros por segundo), para detenerse por completo si logra alcanzarla.

Nuestro amigo Albert había planteado este fenómeno cuando elaboró la teoría que lo hizo famoso, e incluso se planteó el mismo problema que cuenta '39, en lo que llamó la Paradoja de los Gemelos. La idea era que resultaba cuanto menos extraño que si la Teoría era correcta, si uno de dos gemelos se sube a una nave espacial y se va a viajar por el Universo a velocidades relativísiticas (cercanas a la de la luz), cuando volviese a Tierra se encontraría con que el tiempo transcurrió diferente para él, y el hermano que se quedó aquí sería más viejo.



En 1971, el físico Joseph Hafele y el astrónomo Richard Keating se propusieron verificar experimentalmente este fenómeno y colocaron varios relojes atómicos en diferentes aviones en vuelos comerciales, mientras que dejaron otros iguales en Tierra. Los relojes atómicos miden los segundos basados en contar la vibración de algún elemento específico, cifra que no varía, y por eso pueden medir millonésimas de segundo y atrasarse o adelantarse sólo un segundo cada 30.000 años. El hecho es que estos dos científicos verificaron que los relojes que viajaban en los aviones efectivamente se atrasaban algunas millonésimas de segundo respecto a los que quedaban en tierra y que los que viajaban hacia el oeste lo hacían más (ya que la velocidad del avión se suma a la rotación terrestre). Y todas las variaciones encajaban perfectamente con la predicciones de Einstein de principio de siglo.

El interés de Brian May por la ciencia no era algo ocasional, algo que no muchos saben es que para el momento de publicar este tema en el mismo disco que Bohemian Rhapsody y Love of my Life, el guitarrista ya se había recibido de Físico y publicado dos papers. De hecho, abandonó el Doctorado en Astrofísica para dedicarse a la vida de estrella de rock junto a Freddie y hacer giras por todo el mundo...

En la última década parece haber encontrado algo de tiempo para volver a dedicarse a la ciencia. En 2006, junto a un astrónomo y un periodista científico publicó el libro ¡Bang! la historia completa del Universo. Mientras tanto siguió desarrollando su tesis, y recibió el título de Doctor en Astrofísica en 2008. 


En 2008, luego de recibir el título, publicó un nuevo álbum de la mano de Roger Taylor (el baterista de Queen) y el cantante Paul Rodgers. Para seguir con la línea nerd, el título del álbum es The Cosmos Rocks y tiene 14 temas nuevos. Ese mismo año la banda "Queen + Paul Rodgers" hizo una gira mundial e hizo que algunos fans se enojen porque Queen sin Freddie no es Queen. Pero bueno, los estadios se llenaron igual, y los que tuvimos la mala suerte de haber nacido cuando el mejor cantante de la historia estaba muriendo, no nos perdimos la oportunidad.

Una cosa que faltó mencionar es que Brian además de estrella de rock y astrofísico, es
luthier. La guitarra eléctrica que usa en los recitales se llama Red Special y fue construída por él mismo a partir de un trozo de caoba de la chimenea de la casa de un amigo y con la ayuda de su padre que era Ingeniero Electrónico. La guitarra tiene un sonido único y el Doctor usa una moneda de cobre de seis peniques a modo de púa.

Volviendo al tema de '39, en caso de que haya algún físico entre el público, ¿A qué velocidad debería haber viajado nuestro astronauta durante 1 año para que en el planeta hayan transcurrido 100?

Fuente:

Dime qué calzas y te diré quién eres (y lo que escondes)

Lo que dicen los zapatos

  • Botas altas: Antipatía
  • Tacón alto: Inestabilidad
  • Zapato de marca: Hombre
  • Zapato incómodo: Mujer
  • Zapato colorido: Tranquilidad
  • Zapato a la moda: Dinero
Fuente: Journal of Research in Personality
Zapatos

Algunos zapatos revelan, otros esconden, rasgos personales, dicen las diferentes teorías.

En la popular leyenda la Cenicienta, el príncipe azul pudo comprobar que la humilde barrendera subyugada por su madrastra y hermanastras era en realidad una princesa porque la zapatilla de cristal le calzó perfectamente.

Un estudio realizado en la Universidad de Kansas dice que se puede predecir con bastante precisión algunas de las características personales de alguien según los zapatos que porta, rasgos que nos ayudan a crear o no vínculos sociales. 

Sin embargo, una escritora especializada en imagen y desarrollo personal acaba de sacar un libro titulado “Cámbiate los zapatos” en el que sostiene que la gente también se puede esconder detrás del calzado e, inclusive, estar atrapada por los zapatos.

Imagen instantánea

Zapato y pie, radiografía

El zapato podría ser una radiografía de la personalidad, sostiene el estudio.

Nuestra imagen exterior general -compuesta por el vestido, corte de cabello, maquillaje, aseo, etc.- puede revelar aspectos de quiénes somos, pero los zapatos parecen dar indicaciones muy particulares y precisas.

Al menos eso es lo que buscaba Omri Gillath, profesor de psicología social de la Universidad de Kansas, en Estados Unidos, cuando inició una investigación para saber cómo las personas detectan similitudes entre ellas mismas.

"El estudio de los zapatos formaba apenas una parte de la investigación, aunque muy interesante", dijo el profesor Gillath. "Queríamos saber si se puede tomar un sólo elemento clave como los zapatos y lograr una especie de imagen instantánea que divulgue rasgos como edad, nivel social, grupo demográfico y personalidad".

El estudio se dividió en tres partes, explicó el psicólogo a BBC Mundo.

Primero pidieron a un número de personas que enviaran fotos de los zapatos que usaban más a menudo y que completaran dos formularios: uno con preguntas que miden personalidad y otro cuestionario de criterios demográficos.

Luego, un grupo de investigadores observaron las imágenes de los zapatos y los evaluaron según la lista de 14 criterios diferentes en los cuestionarios. Cosas como estilo, moda, costo, confección, función y otras.

Tercero, tomaron a un grupo diferente de personas para que estudiaran los zapatos sin que tuvieran información alguna sobre sus dueños o las respuestas que habían dado. También les dieron los mismos cuestionarios para que los llenaran, calificándolos o midiéndolos únicamente en base a los zapatos que vieron.

Tras comparar los resultados de los tres grupos, encontraron que la gente puede detectar características con un 45% de exactitud, particularmente en cosas como edad, sexo, e ingresos.

Los hombres tienden a usar más zapatos de marca, las mujeres zapatos más incómodos, los más pudientes calzan a la moda.

Las botas y la ansiedad

Lo que más sorprendió, sin embargo, fue cómo se podían detectar rasgos de personalidad como amabilidad, inseguridad, ansiedad, aislamiento.

"Observamos una correlación entre las medidas que les dieron y sus personalidades", expresó el doctor Gillath. "Encontramos, por ejemplo, que los que usan zapatos de bota alta tienden a ser menos amables, menos simpáticos, inclinados a evadir relaciones íntimas".

Esa preocupación que pueden generar las relaciones íntimas -que la pareja lo va a abandonar a uno o no lo ama lo suficiente- es una ansiedad que un individuo no manifiesta externamente, afirma el académico. Es algo que usualmente surge en una sesión de preguntas y respuestas.

"En nuestro estudio la ansiedad se pudo detectar en los zapatos", aseguró. "Está correlacionado al color. Entre más coloridos son los zapatos, menos afectado se está por la ansiedad causada por las relaciones íntimas".

En ese mismo ámbito, el estudio también pudo establecer una conexión entre varios otros factores: las botas de montañismo generalmente pertenecen a personalidades testarudas y los tacones, entre más altos menos emocionalmente estable es la persona.

"Algunas observaciones tienen que ver con el sentido común y otras son más sorprendentes. Pero, en general, se puede mirar los zapatos de alguien y hacerse una idea de la personalidad", fue la conclusión de Omri Gillath.

De ejecutiva a aventurera

Kathy Andersen

Kathy Andersen dejó sus tacones por unas botas de escalar montañas.

Aunque los zapatos pueden dar una señal de nuestra personalidad, hay quienes creen que también sirven para ocultar la identidad interior del individuo, su "yo" verdadero.

Kathy Andersen, una autora y asesora de desarrollo personal y liderazgo, sostiene que los zapatos pueden reflejar dinero, estatus y la imagen que alguien le gustaría proyectar pero no su felicidad, satisfacción o propósito en la vida.

"Conocemos personas todos los días y tenemos la sensación de que no están mostrando todo lo que son, hay algo escondido debajo de la superficie", comentó Andersen a la BBC. "Pueden aparentar estar completos calzando sus zapatos brillantes. Pero lo que hay dentro del zapato es de lo que no nos damos cuenta".

Kathy relata haber estudiado finanzas, escalar la escalera corporativa, viajar por todo el mundo y tener un salario que rondaba en los cientos de miles de dólares.

Según ella, los zapatos que calzaba contaban esa historia al mundo, pero no contaban la historia de quién era en realidad.

"Cambié mis tacones de ejecutiva por botas de montañismo y me fui en una aventura hace unos 10 años, después de querer encontrar algo más", confesó. "Al cambiar mis zapatos me di cuenta que podíamos cambiar nuestra perspectiva de la vida, nuestros sueños y toda la manera de pensar en cómo que somos y lo que podemos alcanzar en la vida".

A raíz de esa transformación escribió un libro titulado "Cámbiate los zapatos" para estimular a otros a liberar su verdadero ser con un cambio de calzado.

Andersen sostiene que los zapatos frecuentemente nos atrapan en una rutina y el cambio puede ayudarnos a realizarnos como personas.

"Cambia tus zapatos para verte a ti mismo de manera diferente y métete en los zapatos de otro para ver el mundo desde otra perspectiva", aconseja.

El cambio, sin embargo, no tiene que ser en una sola dirección. La autora resalta que otras facetas de la personalidad se pueden despertar, al tiempo que se exploran otras experiencias.

"De los tacones pasé a las botas de montañismo pero también me pongo mis chancletas de vez en cuando", manifestó.

¿Qué análisis haría el estudio del profesor Omri Gillath de las botas de Kathy Andersen, entonces?

"Hay que fijarse en el contexto", comentó el psicólogo. "Las botas de montañismo las asociamos con la antipatía y la terquedad, pero si se está escalando una montaña tiene sentido usarlas. Si va a su matrimonio con las botas puestas, ahí ya hay otro mensaje".

Fuente:

BBC Ciencia

5 de julio de 2012

Lo que necesitas para entender el bosón de Higgs en cinco preguntas

1. ¿Por qué es tan importante encontrar el bosón de Higgs?
 
Porque podría contener la respuesta a la siguiente cuestión: ¿cómo decide la naturaleza a qué partículas les asigna masa y a cuáles no? Todas las partículas elementales que forman la materia (seis leptones y seis quarks) tienen masa. Sin embargo otras como el protón, responsable de la fuerza electromagnética, no tienen masa. La presencia o ausencia de masa podría venir dada por el bosón de Higgs, cuya existencia se propuso en los años sesenta. 

“Confirmar la existencia del bosón de Higgs en el modelo estándar supondría haber comprendido el mecanismo por el cual las partículas adquieren masa, un mecanismo que en su versión más simple predice la existencia de –al menos– un bosón que cuando interacciona con las otras partículas (quarks, leptones y otros bosones), hace que estas adquieran masa”, explica Teresa Rodrigo, investigadora del Instituto de Física de Cantabria que participa en los experimentos del CERN.

2. ¿Qué es el campo de Higgs?
 
Para explicar por qué unas partículas tienen masa y otras no, el físico británico Peter Higgs (y simultánea pero independientemente, también Francois Englert, Robert Brout, Gerald Guralnik, Dick Hagen y Tom Kibble) postuló en los años 60 del siglo XX un mecanismo que se conoce como el “campo de Higgs”. Al igual que el fotón es el componente fundamental de la luz, el campo de Higgs requiere la existencia de una partícula que lo componga, que los físicos llaman “bosón de Higgs”. El campo de Higgs sería una especie de continuo que se extiende por todo el espacio, formado por un incontable número de bosones de Higgs. La masa de las partículas estaría causada por una especie de “fricción” con el campo de Higgs, por lo que las partículas más ligeras se moverían por este campo fácilmente mientras que las más pesadas lo harán con mayor dificultad.

3. ¿Quién acuñó el nombre de “partícula de Dios”?
 
Fue el Premio Nobel de Fïsica Leon Lederman, en el libro “Si el universo es la respuesta, ¿cuál es la pregunta?”. Sin embargo muchos investigadores prefieren el apodo de "la partícula de la botella de champagne", haciendo alusión a la anécdota según la cual el físico David J. Miller ganó en 1993 una botella de champagne ofrecida por el ministro de ciencia británicoWilliam Waldegrave, que la ofreció como “premio” a quien fuese capaz de explicarle que era el bosón de Higgs.

4. ¿Por qué se usa el LHC para buscar el bosón de Higgs?
 
La confirmación o refutación de la existencia del bosón de Higgs es uno de los objetivos del Gran Colisionador de Hadrones (LHC, por sus siglas en inglés), el mayor y más potente acelerador de partículas del mundo que opera la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) en la frontera franco‐suiza, cerca de Ginebra (Suiza). En el interior del anillo del acelerador del CERN colisionan protones entre sí a una velocidad cercana a la de la luz. Según los cálculos los bosones de Higgs deberían producirse en choques frontales entre protones de energías del orden de 20 TeV. Al fin y al cabo, cuanto mayor sea la energía de las partículas que chocan más masa tendrán las resultantes, según la famosa ecuación de Einstein E=mc2. No obstante, el bosón de Higgs no se puede detectar directamente, ya que una vez que se produce se desintegra casi instantáneamente dando lugar a otras partículas elementales más habituales (fotones, muones, electrones…) que sí son detectadas en el LHC.

5. ¿Por qué se habla de probabilidades en lugar de hablar de descubrimiento del bosón de Higgs? ¿Qué significan los “sigmas” de los que hablan los físicos?
 
El bosón de Higgs no puede observarse directamente porque si tiempo de vida es demasiado corto. Al final de su vida, decae y se transforma en otras partículas que son las que los detectores observan. Por ejemplo, en dos fotones. Pero otros muchos procesos también generan dos fotones, de modo que los científicos tienen que comparar el número de “eventos de dos-fotones” y compararlo con lo que se espera para una determinada partícula.
 
Para reclamar la paternidad de un descubrimiento, los físicos necesitan tener un exceso de colisiones significativas, lo que precisa de otra magnitud: la desviación estándar o el “número de sigmas”, que establece la significancia estadística de ese descubrimiento. Al hacer el anuncio sobre el bosón de Higgs, Fabiola Gianotti ha dicho: "Hemos observado señales claras de una nueva partícula en el nivel de cinco sigma en la región de la masa alrededor de 126 gigaelectronvoltios (GeV)”. El valor cinco sigma es el nivel mínimo aceptado por la comunidad científica para confirmar el descubrimiento de una partícula, e indica que la probabilidad de que lo que estemos viendo sea fruto del azar es más pequeña que unas pocas partes en diez millones (o que la confianza es del 99,99994%).

Fuente:

El 'desastre' de Fukushima fue 'causado por el hombre que lo pudo prever y evitar'

Altos niveles de radiación en un pueblo cerca de Fukushima. | EL MUNDO
          Altos niveles de radiación en un pueblo cerca de Fukushima. | EL MUNDO
  • 'TEPCO falló en su deber de proteger la vida de las personas'
  • El informe ha sido elaborado por diez intelectuales y expertos privados
  • Cerca de 80.000 personas siguen evacuadas a 20 kilómetros

El accidente nuclear de Fukushima fue "un tremendo desastre provocado por el hombre que podría haber previsto y evitado" y no fue causado únicamente por el devastador terremoto y el tsunami que se produjo el 11 de marzo de 2011 en el noreste de Japón, ha concluido la comisión de investigación ordenado por el Parlamento.

"Está claro que este accidente es un desastre provocado por el hombre. Los gobiernos pasado y el actual, los reguladores y al compañía Tokyo Electric Power (TEPCO) fallaron en su deber de proteger la vida de las personas y la sociedad", afirma el informe de 641 páginas, muy crítico con el Ejecutivo del anterior primer ministro, Naoto Kan.

"Creemos que las causas fundamentales son los sistemas de organización y regulación que se basan en una lógica defectuosa en sus decisiones y acciones, y no un problema de un individuo en particular", añade el informe

Además, asegura que una multitud de errores y negligencias sobre las medias de seguridad salieron de la planta . "Aunque provocado por el terremoto, el posterior accidente en la planta de Fukushima Daiichi no puede ser considerado como un desastre natural", ha explicado el presidente de la comisión, creada en mayo del año pasado.

Además, aunque TEPCO sostuvo que la central estaba preparada para seísmos y los reactores no sufrieron daños por el terremoto de 9 grados, sino por el tsunami posterior, el informe señala que no se puede descartar que el reactor 1 sí sufriera daños por el seísmo.

El informe ha sido elaborado por diez intelectuales y expertos del sector privado, que han entrevistado a 1.167 personas para aclarar las causas de la crisis nuclear.

Los expertos afirman que el accidente nuclear de Fukushima, que quedará "grabado en la historia", sorprendió a las centrales atómicas japonesas sin las medidas de protección adecuadas, y recuerda que la crisis "no ha acabado".

Un informe anterior, por encargo de TEPCO, absolvió a la compañía eléctrica de toda responsabilidad, afirmando que la fuerza del terremoto y el tsunami superó todas las expectativas "Suena a excusa para eludir su responsabilidad", asegura la comisión en su informe.

Los seis reactores de la central nuclear de Fukushima Daiichi resultaron muy dañados después de que el terremoto y posterior tsunami que golpeó a los sistemas de refrigeración de los reactores, dando lugar a fusiones y a la liberación de radiactividad.

Decenas de miles de personas fueron evacuadas de la zona de exclusión alrededor de la planta nuclear, mientras que los trabajadores lucharon para que los reactores se mantuvieran bajo control.

Cerca de 80.000 personas siguen evacuadas en un radio de 20 kilómetros en torno a la maltrecha central de Daiichi a causa de la radiactividad, mientras que en el interior de las instalaciones miles de operarios trabajan para evitar filtraciones y retirar el combustible nuclear.

Se calcula que la delicada operación de sacar el combustible de los reactores dañados y desmantelarlos puede llevar unas cuatro décadas.

Fuente:

El Mundo Ciencia

Hacerse más estrecho para intentar sobrevivir

Dodonaea viscosa

Espécimen de Dodonaea viscosa conservado en un herbario.

Hacerse más estrechas, más pequeñas, para sobrevivir. Ese parece el camino que tomaron las hojas de algunas plantas para adaptarse al cambio climático.

Así lo sugiere un equipo de investigadores australianos que estudió hojas de especímenes silvestres y de colecciones de herbarios que se remontan a más de 120 años. 

Los análisis muestran que el ancho de las hojas disminuyó unos 2 milímetros.
Los hallazgos del estudio –el primero de este tipo- fueron publicados en la revista BiologyLetters de la Royal Society británica.

El autor principal, Greg Guerin, de la Universidad de Adelaida, dijo que su equipo eligió como elemento del estudio las hojas de la Dodonaea viscosa (subespecie angustissima), un arbusto cuyas hojas parecen tener características diferentes en función del clima.

El secreto de los herbarios

"Antes de empezar a recopilar datos de campo actuales examinamos colecciones fascinantes de herbarios", señaló Guerin a la BBC.

Los científicos revisaron más de 250 especímenes de herbarios que fueron recogidas en una única región: Flinders Rangers, la mayor cordillera del sur de Australia.

"Las colecciones históricas de los herbarios facilitan el acceso inmediato a una amplia variedad de muestras procedentes de lugares y tiempos diversos", observó el profesor Guerin.

Para contrastar esos datos, el equipo reunió 274 muestras de las montañas y recogió especímenes en todos los niveles de altitud separados por 50 metros.

"Esto nos dio información sobre la variación entre las poblaciones locales y sobre la influencia de la altitud en la forma y el tamaño de las hojas", señaló Guerin.

El análisis reveló una disminución de 2 milímetros en la anchura de las hojas en los últimos 127 años en toda la región.

En esa zona, agregó el grupo, entre 1950 y 2005 hubo un aumento de 1,5 ºC en las temperaturas máximas medias en la región, pero los patrones de lluvia no variaron.

¿Un fenómeno local?

Muestras en un herbario

La labor de recopilación de los herbarios resulta clave para estudiar la evolución de las plantas.

"El siguiente paso es evaluar si se están dando procesos similares en otras especies y en otras regiones", apuntó Guerin.

El aseguró que no existen datos con los que comparar su estudio, ya que es el primero de este tipo.
"Elegimos como especie a estudiar una que parecía que sus hojas cambian de forma con la latitud. Y dado que confirmamos un cambio fuerte en el periodo estudiado, no sería de extrañar que esas mismas modificaciones estuvieran produciéndose en otros casos", agregó.

Guerin advierte que los cambios de forma en las hojas podrían acarrear consecuencias ecológicas.
"Sabemos que cualquier grado de calentamiento es ecológicamente significativo y genera un desequilibrio ecológico. Es una buena noticia que algunas especies australianas tengan la capacidad de adaptarse y sobrevivir al aumento de temperaturas", dijo.

Adaptarse o...

Sin embargo, indicó, no todas las especies están tan bien preparadas.
"Otras especies podrían depender más de la migración para su supervivencia", apuntó.

Y no todas las plantas pueden cambiar de hábitat fácilmente. De hecho, algunas, sobre todo ciertas especies endémicas, tienen una capacidad de movimiento muy limitada.

"Hay especies con capacidades de adaptación muy pequeñas por una combinación de baja diversidad genética y de aislamiento de las poblaciones. Y eso es un problema, porque es muy probable que con el cambio climático, en menos de un siglo, su hábitat actual será más pequeño".

Fuente:

BBC Ciencia


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