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20 de septiembre de 2011

Hablemos del espín

En las dos primeras décadas del siglo XX se sentaron las bases de una revolución conceptual que cambió la física para siempre. La relatividad y la mecánica cuántica vinieron al mundo prácticamente a la vez, ambas como resultado de plantear uno de esos pequeños problemas insignificantes que le quedaban a la física para describirlo absolutamente todo y en esos años convulsos de nuestra historia estas dos nuevas teorías vinieron a trastocar todo lo preconcebido hasta la fecha. A la revolución de la mecánica cuántica dediqué unas cuantas entradas (I, II, III).

El tema que nos ocupa en este post va de la mano de ambas teorías. Pero comienza al descubrir que el modelo teórico que se tiene del espectro atómico (es decir, de los valores de energía que pueden tener los electrones dentro del átomo) no cuadra con lo que se observa.

En el año 1925 a los físicos Ralph Kronig, George Uhlenbeck y Samuel Goudsmit se les ocurre por separado la idea de introducir un parámetro más, un “número cuántico” adicional para solucionar el problema del espectro atómico. Tres años antes, había tenido lugar el experimento de Stern-Gerlach, que fue lo que motivó plantearse este nuevo número cuántico: el espín del electrón.

Introducir el espín permite rellenar los niveles de los átomos de forma acorde con lo que se observa y además, coincide con lo que en ese mismo año propuso el físico Wolfgang Pauli: el principio de exclusión. Este, afirma que no pueden existir dos electrones en el mismo estado cuántico individual. Las cuentas van cuadrando, pero de momento sigue estando ahí el molesto detalle de que hay que introducir a mano el espín en la teoría, no es una propiedad que se deduzca sino que viene sugerida del experimento. Hay que meter a mano el espín en la ecuación de Schrödinger, que es la que permite obtener los estados cuánticos y los valores de energía de cada uno de los electrones del átomo. A la teoría le falta algo.

No fue hasta 1928 que Dirac se planteó hacer una versión de la ecuación de Schrödinger pero con una novedad: plantearla siguiendo los preceptos de la relatividad, es decir, conseguir una ecuación que permita describir a una partícula relativista libre, sin estar sometida campos de fuerzas ni nada, solamente libre para moverse donde quiera, el ejemplo más simple que podamos imaginar.

Al hacer esto, Dirac encuentra que en lugar de obtener una única expresión que relacione nivel de energía con estado de la partícula, obtiene términos adicionales que antes no estaban. En ellos se encuentra el espín, deducido de forma teórica por primera vez, y también se encuentra el primer atisbo de algo completamente desconocido: la antimateria, que será descubierta y confirmada en 1932 con el descubrimiento del positrón. El espín puede verse como una temprana demostración de que la relatividad iba por muy buen camino, aunque para esas fechas ya había tenido sus primeras alegrías.

Pero volviendo a lo que nos ocupa: el espín aparece de forma natural en las ecuaciones al hacer consideraciones relativistas elementales en el sistema atómico. En otras palabras, no podemos ignorar los efectos de la relatividad especial en los modelos atómicos. Nace la mecánica cuántica relativista.


Volviendo un poco atrás, en el experimento de Stern y Gerlach se descubrió que los electrones tenían una propiedad que les hacía comportarse como pequeños imanes, que rápidamente se orientaban ante la presencia de un campo magnético externo. Es decir, además de masa y carga eléctrica tenían algo que les dotaba de un momento dipolar magnético permanente. Y en eso consiste el espín. Es una propiedad fundamental de las partículas que únicamente puede tener determinados valores. Cada partícula tiene un espín, y éste se puede orientar.

En el caso del electrón, su espín vale 1/2 en unidades de la constante de Planck reducida. Y pensando en él como en un pequeño imán, puede orientarse hacia el norte (arriba) o hacia el sur (abajo).

Es decir, en un cierto nivel atómico dos electrones pueden diferenciar su estado cuántico entre sí con tal de que el espín de uno esté orientado hacia arriba y el otro hacia abajo.

Entended que arriba y abajo es una “licencia poética” para explicar que tienen valores complementarios. Los electrones no son orientables puesto que carecen de estructura interna. Por eso la imagen del espín como un giro es errónea. Esta interpretación falsa viene de que su estructura algebráica está relacionada con rotaciones, pero no son rotaciones en el espacio real, simplemente desde el punto de vista matemático y formal, pero no da una imagen física útil de lo que realmente ocurre.

Hay que olvidarse por completo de todos esos intentos de entenderlo pensando en medias vueltas o en tres cuartos de vuelta y en todos esos artificios creados para confundir. El espín es un concepto preciso: por un lado, hace que las partículas se comporten como pequeños imanes y por otro, determina en gran medida si los estados cuánticos son permisibles o no, porque no olvidemos que el principio de exclusión impide que por ejemplo todos los electrones estén en el nivel más bajo de energía haciendo que no existieran las reacciones químicas y teniendo como consecuencia que el universo fuera una fría sopa aburrida.

El principio de exclusión hace que la materia que constituye el universo sean fermiones (partículas cuyo espín es 1/2, 3/2, 5/2…) porque son las únicas que obedecen a este principio y por tanto solo en este caso pueden darse las reacciones químicas: habiendo electrones en distintos niveles de energía por los que pelear para conseguir el equilibrio.

En las décadas siguientes el espín ha tenido un papel muy relevante en la física, pero también en la tecnología. Fenómenos como la superconductividad están muy ligados al espín. La magnetorresistencia gigante ha tenido un papel fundamental en el desarrollo de memorias para los ordenadores. Y más recientemente, la espintrónica se ve como una posibilidad futurista de conseguir ordenadores super rápidos y mucho más eficientes que los actuales.

Fuente:

Migui

Elogia a tus hijos por su esfuerzo, no por su inteligencia

Carol Dweck, psicóloga de Stanford, ha dedicado años a demostrar que uno de los elementos fundamentales de la educación satisfactoria es la capacidad de aprender de los errores. Sin embargo, acostumbramos a enseñar justo lo contrario. Si un niño comete errores, es que no es muy listo. El listo no comete errores, y además le elogiamos precisamente por ello, por ser listo. Pocas personas son las que elogian a los demás por su esfuerzo, y no por su capacidad innata.

Dweck realizó un experimento con más de 400 niños de doce escuelas de Nueva York: les sometía a una prueba muy fácil consistente en un puzzle no verbal. Una vez terminado, el experimentador decía la nota al niño, seguida de una frase de elogio. La mitad de los niños eran elogiados por su inteligencia; la otra mitad, por su esfuerzo.

A continuación, se les permitía escoger entre dos pruebas diferentes. La primera opción se describía como una serie de puzzles más difíciles, pero se decía a los niños que si lo intentaban, aprenderían mucho. La otra opción era un test fácil, parecido al que ya habían hecho.

Al idear el experimento, Dweck había imaginado que las distintas formas de elogio tendrían un efecto más bien moderado. Al fin y al cabo, era sólo una frase. Sin embargo, pronto quedó claro que el tipo de cumplido que se hacía a los alumnos de quinto grado influía espectacularmente en su posterior elección de las pruebas. Del grupo de niños felicitados por su esfuerzo, el 99 % escogió el conjunto de puzles difíciles. Por su parte, la mayoría de los chicos elogiados por su inteligencia se decidieron por el test más fácil.

Cuando elogiamos la inteligencia de un niño, en realidad le estamos transmitiendo el mensaje: sé listo, no te arriesgues a cometer errores.

Los siguientes experimentos de Dweck también sugieren que este miedo al fracaso también inhibe el aprendizaje. Con el mismo grupo de grupo de niños se les sometió a otra prueba, en esta ocasión muy difícil, para comprobar cómo respondían al desafío. Los que hubieron sido elogiados por su esfuerzo en la primera prueba, trabajaron con denuedo para resolver el problema, implicándose con gran entusiasmo. Sin embargo, los niños alabados por su inteligencia se desanimaron enseguida, porque consideraban sus inevitables errores como señales de fracaso: quizá, en el fondo, pensaban, no eran tan listos.

La serie final de pruebas presentaba el mismo nivel de dificultad que la primera. En todo caso, los alumnos elogiados por su esfuerzo mostraron una mejora significativa: aumentaron su puntuación media un 30 %. Como esos niños estaban dispuestos a aceptar retos (aunque al principio ello significara fallar), acabaron rindiendo a un nivel muy superior. Este resultado era aún más digno de admiración al hacer la comparación con los alumnos que habían sido asignados al azar al grupo de los “listos”: sus puntuaciones bajaron una media de casi el 20 %. Para los niños “listos”, la experiencia del fracaso había sido tan desalentadora que en realidad experimentaron un retroceso.

Vía | Cómo decidimos de Jonah Leherer

Fuente:

Xakata Ciencia

1calendar – Un calendario web para integrarse con las escuelas

En 1calendar.com tenemos un calendario diseñado para que las escuelas ofrezcan la posibilidad a los alumnos de obtener la información sobre las clases que se están impartiendo, los cambios de horario, las actividades de laboratorio, etc.

Los alumnos, además de sincronizar su calendario personal con su escuela, podrán importar los eventos y cumpleaños de su cuenta de Facebook, así como añadir otros datos privados.

Existe una aplicación para iPhone y Android capaz de mostrar la información sin necesidad de estar conectados a Internet, sincronizando los datos cuando una conexión sea detectada.

Actualmente están ampliando su negocio en escuelas del Reino Unido y Australia; nosotros podremos usarlo como un calendario habitual, esperando que algún día nuestras escuelas usen algo parecido para mantener al alumno informado de la agenda.

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Whats News

¿El fin del 'e-mail'? Pues mi buzón está lleno

La extensión de las redes sociales no ha servido para reducir un flujo asfixiante de correo - El exceso de mensajes repercute en las relaciones personales y en la productividad en las empresas.




Casi 10 millones de resultados en Google aseguran que el e-mail ha muerto. Pero si bien las redes sociales han cambiado las relaciones en Internet, no han conseguido reemplazar al correo electrónico. La cantidad de e-mails enviados triplica las cifras de dos de las redes sociales más populares, Facebook y Twitter. Un trabajador pasa 21 horas al año intentando gestionar su bandeja de correo electrónico y más de un internauta se queja de no poder controlar el aluvión de correos que recibe a diario. El diagnóstico de Mark Hurst, autor de Bit Literacy: Productivity in the Age of Information and E-mail Overload (Alfabetismo digital: la productividad en la era de la sobrecarga de información y correos electrónicos), es claro: "El e-mail no se está muriendo". Más bien amenaza con acabar con sus usuarios.

Todos los días se envían 291.000 millones de ellos en todo el mundo, casi el 90% no deseado. En 2010 circularon por Internet cerca de 107 billones de e-mails, según cálculos de la compañía sueca Pingdom, especializada en el estudio de la Red. En contraste, en un mes, los usuarios comparten 30.000 millones de mensajes, imágenes o vínculos en Facebook; mientras que en Twitter se envían 25.000 millones de tuits al año. "La mayoría de los usuarios de redes sociales son jóvenes que aún no entran en el mercado de trabajo. Una vez que comiencen a trabajar, comenzarán a utilizar el correo electrónico. Nadie cuelga documentos internos de su compañía en un muro de Facebook", apostilla Hurst.

El alud de correos electrónicos ha hecho que usuarios agobiados por cientos de mensajes imposibles de gestionar propongan soluciones. El analista digital Chris Anderson es uno de ellos. Harto de abrir una bandeja de entrada con centenares de e-mails sin leer, Anderson se sentó frente a su ordenador y escribió un decálogo para el buen uso del correo electrónico. Anderson es director de TED (Tecnología, entretenimiento y diseño, en inglés), una organización sin fines de lucro que organiza un prestigioso congreso on line en el que han participado el expresidente de EE UU, Bill Clinton; el fundador de Microsoft, Bill Gates, y los padres de Google, Sergey Brin y Larry Page. "Todos amamos el poder de comunicarnos instantáneamente con cualquier parte de mundo. Pero nos estamos ahogando en ello".

Anderson calcula que la respuesta a un correo lleva, por lo menos, el doble de tiempo que llevó crearlo. Eso sin tener en cuenta la gestión de correo no deseado o de las cadenas con múltiples destinatarios. "Y son reglas que también aplican para otras formas de comunicación digitales, como Facebook", apunta en su blog. La meta: reducir la ansiedad y frustración que causa el exceso de comunicación, así como la pérdida de tiempo que incide en la productividad del trabajador. Algunas de las propuestas son pragmáticas (ser breve y comprensivo con el tiempo del receptor). Otras hablan sobre protocolo en la red. "Nunca responda un correo electrónico mientras esté enfadado. Puede complicarle la vida y causar una respuesta aún peor", aconseja. También pide atención a los "pequeños detalles": evitar el uso de mayúsculas -"equivale a estar gritando"- o las fuentes y colores extravagantes. Y algunas ideas son polémicas: propone cobrar una pequeña tasa por correo enviado bajo la tesis de que la ideología del "todo gratis" propicia el exceso de intercambio de información.

La avalancha de correos electrónicos repercute también en las relaciones personales. Un e-mail no respondido despierta dudas sobre si existe algún problema personal con el destinatario y obliga a que las respuestas "deban" ser veloces o demasiado explícitas, asegura Anderson. La profesora Judy Olson, catedrática en la Universidad de California, afirma que la comunicación mediante un e-mail es más eficaz siempre y cuando se comprenda que no todo el mundo está todo el día conectado. Es decir: No se lo tome de forma personal. "Cuando alguien no responde rápidamente, generalmente se toma a mal. Se cree que está enfadado, o que no da la prioridad merecida al mensaje. Y muchas veces la razón es tan simple como que se escribió mal la dirección, o el destinatario está de vacaciones, o simplemente está ocupado en otra cosa".

El correo electrónico es un arma de dos filos, afirma la consultora en comunicación digital Helena Escalante, presidenta de la compañía Marketing Español. "El correo es, por un lado, una maravilla que nos hace la vida más fácil, acorta distancias y facilita los trámites. Pero hay veces en que se abusa de la tecnología. Todos los correos electrónicos que solo dicen '¡Hola!' son una pérdida de tiempo brutal". Escalante asegura que el cambio en la comunicación repercute en las relaciones personales. Es difícil detectar matices en los mensajes en línea. "Intentar interpretar tonos en los correos causa malentendidos. Si alguien envía un mensaje muy breve se interpreta como una reacción negativa. Hay que aprender a poner por encima la eficacia y la productividad". Asegura que la cortesía (o la exigencia de que esta exista) en la comunicación digital es mayor en las culturas hispanoamericanas. "Los hispanohablantes estamos acostumbrados a una comunicación muy cálida, y nos gusta establecer en un inicio una relación real antes de entrar al tema de los negocios, contrario a lo que ocurre en el mundo anglosajón", detalla.

El asunto es que la gestión de los correos electrónicos no afecta solamente a la vida personal: también cuesta dinero. "Cada trabajador gasta dos minutos al día en gestionar correo no deseado. Esto supone 10 minutos a la semana y unos 520 al año. Es decir, 8,6 horas. Si cada hora se paga a seis euros, el spam cuesta 126 euros al año por trabajador", asegura Jocelyn Otero, portavoz en España de la empresa de software BitDefender, dedicada a la seguridad en la red. Las pérdidas, detalla Otero, suman unos 6.300 euros en una empresa de 50 empleados; "En una compañía con cerca de 1.000 empleados la cifra subiría por encima de los 120.000 euros al año. Un auténtico dispendio en tiempos de crisis", subraya. Un estudio de Merkle Interactive Services, citado en un reportaje de 2009 publicado en The Wall Street Journal calculaba que, cada año, el correo electrónico no deseado causa pérdidas de hasta 20.000 millones de dólares (14,50 millones de euros) por baja de productividad y daños tecnológicos. Otero añade que, de acuerdo con un estudio de BitDefender, el 78% de las pérdidas de datos de las empresas es responsabilidad de los trabajadores. "El spam en las bandejas de entrada de los trabajadores solamente aumenta el riesgo de que éstos cometan un fallo y pongan en peligro la seguridad de la empresa", añade.

Mark Hurst opina que hay tres clases de correos electrónicos: los irrelevantes, los relevantes y los importantes. El spam y las respuestas múltiples están en la primera categoría. Los relevantes contienen información que puede ser útil pero no implicar una respuesta necesaria y directa. Y Hurst define a los importantes como "trabajo". Su método es simple: separar estos últimos correos del resto de aluvión de e-mails. Pero ¿cómo conseguirlo? Hurst creó una aplicación para ello: Goodtodo (un juego de palabras en inglés que significa "Buena lista de cosas para hacer"). Todos los correos recibidos se reenvían a la aplicación, que los clasifica en alguna de las tres categorías. El resultado tras dos días de uso es que una media de 20 correos sin leer se reduce a solo dos o tres. "El mundo digital ofrece oportunidades infinitas para distraerse de las partes importantes de la vida, como el trabajo o las relaciones personales". Hurst, sin embargo, defiende al mundo digital. "También ofrece oportunidades para mejorar la vida real. Se puede ser más productivo. Las fuentes de información no son el problema, es la manera en que las personas reciben esta información. Y la mayoría deciden estar distraídos".

¿Y qué papel tienen las redes sociales? En opinión de Hurst, Facebook tiene "el sistema de correo electrónico más popular, aunque no lo llamen así". El consultor digital, egresado del Instituto Tecnológico de Massachussetts (MIT, en inglés), es crítico con la mensajería de la red social. "No permite copia oculta ni reenvíos, no almacena los mensajes, no tiene carpetas y no se pueden guardar borradores. Es verdad que es posible enviar un mensaje a un usuario de Facebook desde un correo cualquiera, pero no hay manera de responder a menos que te unas a Facebook".

Escalante, por su parte, asegura que las redes sociales añaden eficiencia a todas las comunicaciones, pero también conllevan la sensación de "estar conectado todo el tiempo". Ella misma se pone como ejemplo. "Si no me encuentran por teléfono, me envían un correo; si no, me envían un mensaje a Facebook; si no, un mensaje en Twitter. La tendencia va hacia la comunicación inmediata: un mensaje de texto exige una respuesta mucho más rápida que la de un correo electrónico".

El mejor consejo para evitar una baja en productividad y las repercusiones negativas de una vida conectada todo el tiempo a la Red consiste en una palabra: no. "Hay que saber decir no. Es recomendable desconectar durante unas horas en el trabajo o incluso el fin de semana entero, y hasta programar una respuesta automática que explique que 'por la salud mental mía y de mi familia he decidido dedicar un día sin revisar el correo electrónico. Responderé en cuanto sea posible'", ejemplifica Anderson.

La comunicación directa (es decir, la que no pasa por Internet) permanece, asegura Escalante. "En los países hispanohablantes aún se mantiene el hábito de hablar por teléfono y buscar a las personas directamente, no se ha llegado a los extremos del mercado anglosajón", opina. No obstante, la tendencia es clara. Salvo una, todas las personas citadas en este reportaje fueron contactadas a través de un correo electrónico. Mark Hurst asegura que, si bien el e-mail tiene un futuro saludable, la comunicación de puño y letra está en proceso de extinción. "Las cartas de papel han entrado en desuso. Las herramientas digitales son mucho más rápidas y fáciles de utilizar".

Espías y exnovios en Facebook

David y Laura (nombres ficticios) llevaban juntos cinco años y no habían tenido grandes problemas. Y luego llegó Facebook. La constante actividad de Laura y su "reencuentro" virtual con algunos de sus exnovios afectaron a su relación a tal punto que tuvieron que acudir a terapia. El psicólogo que les atendió, el estadounidense David Klow, asegura que el caso no es aislado ni poco común. En los últimos 10 meses, ha tratado por lo menos una veintena de casos similares. "La sobrecarga de información ha afectado a la convivencia entre parejas y grupos de amigos", afirma Klow, director de un centro de terapia en Chicago. "No todos usan de igual manera Internet".

El caso de David y Laura incluye todos los ingredientes desagradables de una reyerta de pareja en tiempos 2.0. David comenzó a espiar a su mujer, vigilar los comentarios en su muro de Facebook y hasta revisar su cuenta de correo electrónico sin que su pareja se diera cuenta. "Es común que las parejas se espíen en redes sociales y, en algunos casos, hallen así evidencia de una infidelidad", detalla Klow. La herramienta se ha convertido, incluso, en uno de los principales instrumentos de los abogados especialistas en divorcios para hallar pruebas a favor de sus clientes, añade.

La solución, comenta, es "aprender a dedicar el tiempo necesario a una relación de pareja. No valen quejas como 'no me has comentado mi estado es Facebook' o 'no has respondido mi correo'. Hay que volver a convivir", comenta Klow. "El correo electrónico y las redes sociales son herramientas para la vida, no la vida en sí". ¿Y qué fue de David y Laura? La cosa mejoró, cuenta el psicólogo. Ella perdió algunos amigos en Facebook, pero mantuvo una pareja.

Fuente:

El País Ciencia

Fumar en las películas, la peor influencia para los niños

Una investigación revela que fumar en las películas sigue siendo una enorme y persistente influencia para los niños y jóvenes (nuestro más sincero agradecimiento a todas las compañias tabacaleras que financian estas películas).

Coco Antes de Chanel (Warner Bros)

Audrey Tautou en Coco Antes de Chanel (Warner Bros.).

Los científicos de la Escuela de Ciencias Orales y Dentales de la Universidad de Bristol, Inglaterra, están pidiendo clasificar a estas cintas en la misma categoría restrictiva que se aplica a aquéllas que muestran escenas de sexo o violencia.

Los investigadores, que publican sus resultados en la revista Thorax, entrevistaron a 5.000 jóvenes de 15 años.

Las entrevistas estaban diseñadas para analizar la influencia potencial de algunas de las 360 películas estadounidenses más taquilleras que fueron estrenadas entre 2001 y 2005, incluidas Spider-Man, Bridget Jones y The Matrix, todas las cuales presentan a actores fumando.

Los resultados revelaron que los adolescentes que vieron la mayoría de estas películas que mostraban gente fumando mostraron 73% más probabilidades de haber probado un cigarrillo que aquellos que recibieron menos exposición en el cine.

Y los primeros mostraron también 50% más probabilidad de ser fumador en el momento de la entrevista.

Como se sabe que el tabaquismo de una persona está influenciado por factores como los hábitos de fumar de los padres y amigos, los investigadores también estudiaron los antecedentes sociales de los adolescentes.

E incluso tomando en cuenta estas variables, los participantes tenían 32% más probabilidad de haber probado un cigarrillo, revela el estudio.

Imágenes perjudiciales

"Vimos una relación lineal entre los adolescentes fumadores y el número de películas que habían visto que mostraban actores fumando" dice la doctora Andrea Waylen, quien dirigió el estudio.

"Más de la mitad de las películas presentadas en el Reino Unido que mostraban actores fumando estaban clasificadas como UK15 (15 años o menores), así que los niños y adolescentes claramente se ven expuestos a ello".

La investigadora afirma que es necesario elevar esta clasificación a UK18 (mayores de 18 años), la misma clasificación para películas que muestran escenas de sexo y violencia, porque con esto se reducirán las tasas de tabaquismo entre los jóvenes.

Los investigadores han pedido al Consejo Británico de Clasificación de Películas (BBFC) que lleve a cabo esta medida "para proteger a los niños de imágenes particularmente perjudiciales".

La BBFC, por su parte, respondió a los autores del estudio que sus regulaciones son "proporcionadas, toman en cuenta la evidencia disponible sobre efectos perjudiciales, y reflejan los claros deseos del público".

"Fumar es un importante asunto de salud pública y hemos consultado extensamente al público sobre esto" afirma David Cooke, director de la BBFC.

"Mostrar al cigarrillo como glamoroso, por lo tanto, ha sido incluido como un asunto de clasificación en nuestras regulaciones y frecuentemente utilizamos nuestra información de clasificación para atraer la atención de los padres y de otras personas sobre la representación del cigarrillo en las películas" agrega.

Los autores no están convencidos y afirman que "fumar en las películas sigue siendo una influencia enorme y persistente entre los niños y adolescentes, la cual, debido a las acciones de cineastas irresponsables, reguladores incompetentes y políticos despreocupados, lamentablemente no se ha logrado controlar".

Como era de esperarse, los grupos de fumadores respondieron de inmediato al estudio.

Según Simon Clark, del grupo pro fumadores Forest, "la idea de que las películas sean reclasificadas para crear un mundo utópico y libre de humo para los adolescentes no sólo es condescendiente, es completamente innecesaria".

"Hoy es difícil ver un personaje principal que sea fumador en una de las 10 películas más taquilleras".

"¿Qué seguirá después de esto? ¿Debe el gobierno reclasificar también a las películas quEnlacee muestren a gente obesa en caso de que sean malas influencias?".

Fuente:

BBC Salud

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A ver, a ver... ¿Preferimos el dinero o la felicidad?



Si os dieran la opción de elegir entre aceptar un trabajo bien pagado con un razonable horario laboral o bien un trabajo muy bien remunerado pero con muchísimas más horas de trabajo, ¿qué aceptaríais? Según un nuevo estudio realizado por la Universidad de Cornell (New York), la mayoría de las personas optan por esta segunda opción.

“Se podría pensar en la felicidad como el fin último que persiguen las personas, pero en realidad, la gente piensa en objetivos como la salud, la felicidad familiar o la condición social”, afirma Alex Rees-Jones, un estudiante de doctorado de la Universidad de Cornell en el campo de la economía y co-autor del artículo que saldrá publicado en el próximo número de la revista American Economic Review. Otros co-autores de este estudio son los profesores Dan Benjamin y Ori Heffetz de Cornell y el profesor Miles Kimball de la Universidad de Michigan.

“Hemos descubierto que las personas buscan un equilibrio entre la felicidad y otras cosas”, afirma Rees-Jones. “Por ejemplo, muchas personas decían explícitamente en las secciones de respuesta libre que serían más felices de una manera, pero que su familia lo sería aún más con mejores condiciones económicas”. También señalaron que a veces prefieren optar por un trabajo que proporcione menos felicidad para ellos si consideran que puede generar un estatus social más alto o una mayor sensación de control.

El estudio consistió en una encuesta realizada a mas de 2.600 participantes, en las que se consideraban diferentes escenarios. Entre las posibilidades estaba elegir un trabajo de $80.000 anuales, con un horario de trabajo razonable y siete horas y medias de sueño cada noche, o un trabajo de $140.000, con largas horas de trabajo y sólo seis horas de sueño diario.

En promedio, hay diferencias sistemáticas entre lo que la gente escoge y lo que piensa que le haría más felices. En el caso de este estudio, las personas fueron más propensas a elegir el trabajo mejor remunerado.

Tras terminar la encuesta, a los participantes se les preguntó si pensaban que sus respuestas habían sido erróneas y sólo un 7% afirmó que estaba cometiendo un error. Según los autores del estudio, esto indica que muchos están dispuestos a seguir un sacrificio de la felicidad en favor de otros objetivos importantes, por lo que parece indicar que la máxima felicidad no se percibe en su propio interés.

Vía | Cornell University

Tomado de:

Xakata Ciencia

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