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hombres sanos ...
Un informe cuantifica los límites climáticos, naturales
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civilización.Un amplio grupo de científicos identificó en 2009 nueve lí...
Aquí van las razones
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orilla.Cuando vemos en algún doc...
El 43,7% de loretanos no tiene acceso al servicio de agua potable o
tratada. Es el mayor déficit en todo el país, según el INEI, y afecta
principalmente a la niñez de las zonas rurales de la región...
Perú se ubica en la
escala de desigualdad por encima de México. El informe señala que el 1%
de la población más rica del mundo concentra entre el 25% y 30% de los
ingresos totales de su país...
15 Oct 2022 undefined comments comments comments comments comments comments
Al principio de su historia, el planeta rojo habría
sido probablemente habitable para los metanógenos, microbios que viven
en hábitats extremos de la Tierra.El Marte noáquino habría sido un hábitat...
La astrofísica del Centro de Astrofísica Harvard &
Smithsonian en Cambridge, detalló que se trata de un fenómeno
completamente nuevo ya que “estamos observando la evolución estelar en
tiempo r...
El dispositivo podría suministrar energía
constante a una amplia variedad de aparatos electrónicos alimentándose
de la transpiración humana.Investigadores de la Universidad de Massachusetts Amherst...
Una investigación refuerza la teoría de que no sólo el clima acabó para siempre con la megafauna de América del Sur.
Messineo y Politis sostienen con esfuerzo el fémur del megaterio hallado en un campo de la región pampeana argentina.
Los fósiles de una escena primitiva, hallados con la
precisión de una fotografía, demuestran que los seres humanos se
comieron a los últimos grandes mamíferos que quedaban en América después
de la última glaciación. La evidencia, que figura en un trabajo
publicado por Science Advances, fue analizada por un equipo de arqueólogos argentinos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en la Universidad Nacional del Centro de la provincia de Buenos Aires (UNICEN) junto a investigadores estadounidenses.
El clima contra la depredación humana es (ahora se sabe)
una falsa controversia científica respecto a la extinción de los
megamamíferos en Sudamérica y en el Mundo. Las sucesivas evidencias han
enfatizado una causa sobre la otra, pero en conjunto reflejan que ambas
fueron determinantes en la desaparición de los grandes animales del
Pleistoceno.
Se trata de un proceso que en América se inició en el
deshielo y que el apetito humano probablemente sólo aceleró. “El clima
jugó un rol también. Se extinguieron grandes animales en el mundo, no
solamente acá aunque se extinguieron más en Sudamérica, también lo
hicieron en Norteamérica y Europa. Entonces la discusión es: el clima y
algo más. Este algo más creemos que son los seres humanos”, aclara el director de la investigación Gustavo Politis, sentado en su oficina del área de Investigaciones Arqueológicas y Paleontológicas del Cuaternario Pampeano (INCUAPA),
a pocos kilómetros del sitio del hallazgo. Sin embargo, agrega una
advertencia para quienes cargan las culpas sobre los seres humanos. “En
Sudamérica hay al menos 30 especies de megamamíferos que se han
extinguido. Las que han sido cazadas son 5, 6 no más. No se puede
explicar toda la extinción por la acción del hombre”. La caza no es el
único daño que podríamos haber hecho en el pasado. “También puede haber
pasado que los seres humanos hayan hecho disrupciones en el ambiente
como la introducción de nuevos parásitos o quemazones en los campos. Si
el fuego produjo quemazón en poblaciones de animales con bajas tasas de
reproducción, había un clima desfavorable y encima aparecieron seres
humanos que los depredaron, los extinguieron” concluye Politis.
Los restos de la bestia extinta en América hace 8.000 años son un enigma de la paleontología. El Museo de Ciencias Naturales expone el esqueleto recompuesto en Madrid.
Esqueleto del megaterio que se exhibe en el Museo de Ciencias Naturales.
Ese simpático monstruo imponente y desnudo en su osamenta que se posa
sobre cuatro patas sobre los pedestales del Museo de Ciencias Naturales
en Madrid ha sido un rompecabezas para la paleontología mundial.
Megaterio lo llaman y pese a haber pasado a la historia como la primera
especie extinta hace al menos 8.000 años montada para su exhibición
pública en todo el mundo —antes que los dinosaurios reproducidos en
plena época victoriana en Londres—, ahí reposa, discreto, sin que se le
dé la importancia debida o sin que Spielberg, pese a ser una criatura
genuinamente americana (del sur), la haya considerado para acompañar su
parque Jurásico. El del megaterio es un caso único en el mundo y ha sido cerrado como
un callejón sin salida. Es un mamífero. No es un dinosaurio, pero merece
haber entrado en la mitología de estas bestias por la atracción que
generó. Ha desafíado a la ciencia, la paleontología, el diseño, el
imaginario colectivo, la relación entre forma y realidad, designada
conjuntamente entre investigadores y artistas para que los pobres
mortales nos hagamos una idea de cómo debió ser la vida en este planeta
hace millones de años. “Es un expediente X completo”, dice Juan Pimentel,
historiador de la ciencia, espléndido divulgador, amigo de enigmas con
razones ocultas para ser desveladas a la vista. Cuando escribió El rinoceronte y el megaterio
(Abada Editores), este experto equiparó el caso al de la bestia
diseñada por Durero, que se dio por válido como modelo desde el siglo
XVI hasta que imágenes más realistas nos presentaran al animal tal cual
es. Pero la vestimenta, la piel, la carne, el contorno del megaterio,
nuestro querido monstruo extinto, siempre será un misterio. Habrá que
conformarse con imaginarlo. Desapareció del hábitat 8.000 primaveras
atrás, después de haber permanecido como parte de un paisaje desafiante
para nuestra imaginación al menos 18 millones de años.
Ilustración del megaterio en un diccionario de 1849, según el dibujo de Cuvier.
Corría en el calendario el 1788 cuando llegó a Madrid. Un fraile
dominico, Manuel Torres, lo había desempolvado un año antes en las
inmediaciones de un barranco cercano a Luján, provincia de Buenos Aires.
Allí habían aparecido los enormes huesos que componían la criatura de
unos seis metros y que después tendría ocasión de estudiar Charles
Darwin en sus viajes por Argentina hacia 1833. Torres no era un científico, pero venía a ser considerado el erudito
en fósiles de la zona. Nada más acabar de desenterrarlo se lo comunicó
al virrey y quizás lo vio dibujado por Francisco Javier Pizarro,
teniente del cuerpo de artillería que había sido enviado para dar
cuenta. Pero fue José Custodio Saá y Faria quien desde luego hizo este
trabajo para documentar los datos del ejemplar antes de que fuera
trasladado a Madrid.
¿Qué era? ¿Un herbívoro con garras de carnívoro? ¿Un felino del
tamaño de un paquidermo? El puzle no casaba. La confusión comienza a
intrigar. Los expertos penetran en un túnel oscuro tratando de descifrar
qué venía a ser aquello y más tarde en qué momento dejó de existir. “Resultaba lo más parecido a una quimera, a esos animales que se
describían como mezcla de otros ya conocidos en los relatos antiguos”,
cuenta Pimentel. Centauros; sirenas; minotauros; elfos; la propia
quimera con su vientre de cabra, patas de dragón, cabeza leonina
escupiendo fuego… Entraban en el mundo de la fantasía, aplicaban a la
ciencia las reglas de lo imaginado por inventores de historias con
dragones y princesas para encontrar una explicación digna del fenómeno. Los interrogantes se amontonaban. ¿Anfibio o acuático? 18 vértebras
por encajar formaban la columna de unos 3,5 metros. La cabeza medía unos
70 centímetros. Aquello podía pesar 175 kilos. No es un elefante, no es
un rinoceronte. ¿Qué demonios es? “Un monstruo”, acertaba a decir
solamente el propio Torres. Del nuevo mundo tampoco se podía esperar menos que lo ignoto, lo
diferente, lo inimaginable. Hasta el rey Carlos III quería saber a toda
costa qué era eso de lo que todo el mundo hablaba y nadie acertaba a
descubrir. Ya desembarcados los restos, quedan en manos de Juan Bautista
Bru de Ramón, pintor y disecador del Real Gabinete de Historia Natural
—antecedente del museo de ciencias—, que lo trata como animal muy
corpulento y raro. Lo malo es que, lejos de ser naturalista, Bru de Ramón “no pasaba de
pintor y taxidermista con dudosa reputación”, cuenta Pimentel. Así que
lo adaptó libremente. “Serró, limó y cortó varios huesos, rellenó de
corcho otros, colocó piezas de forma defectuosa, añadió, alteró su
anatomía…”. Lo descuajeringó un poco, dicho sea de paso, y finalmente lo
dispuso en una postura inadecuada o más bien “pésima”, como años
después lo juzgó Mariano de la Paz Graells, gran naturalista de la época
isabelina. De bestia enigmática habíamos pasado directamente a engendro. Había
llegado el momento de que entrara en escena un grande en la materia.
Georges Cuvier era el hombre.
Los animales terrestres más grandes son los elefantes. Pero hace miles de años vagaban por América los megaterios, una especie de perezozos gigantes. Y si retrocedemos un poco más encontraremos a los mastodontes (mamuts americanos). Pero existió un mamífero mucho, mucho mayor ¿sabén cuál es?
Pero existieron reptiles mucho más grandes. ¡Exacto! Los dinosaurios. Conozca más sobre estos animnales gigantes en la siguiente presentación: