¿Somos los humanos los únicos primates capaces de utilizar un lenguaje complejo?
Los chimpancés parecen estar casi a nuestra altura, pero nuevas investigaciones parecen marcar una diferencia crucial.
El 27 de abril de 1997, tenía lugar un curioso experimento. Se trataba de una conversación pública por Internet, un "chat" de entrevista, en los que quienes se conectan pueden hacer preguntas a un invitado y éste va respondiendo. Lo insólito es que quien contestaba a las preguntas y los comentarios de los internautas era Koko, una gorila de 30 años de edad capaz de comunicarse empleando el sistema norteamericano de signos y de emplear más de quinientas palabras. Desde 1982, Koko y la doctora Penny Paterson fueron aprendiendo a comunicarse, convirtiéndose en el ejemplo más querido por quienes piensan que tampoco nos separamos tanto de los otros primates.
Los experimentos con gorilas como Koko y chimpancés han mostrado a lo largo de los últimos decenios que, adecuadamente adiestrados, estos animales pueden no sólo reconocer y utilizar signos determinados para expresar objetos, acciones o emociones, sino que además son capaces de utilizar una gramática que combine esos signos para construir frases (sujetos y predicados) inteligibles. Estos animales que viven en contacto con los humanos que les enseñan son capaces por lo tanto de acercarse en sus posibilidades a lo que consideramos la base del lenguaje humano. Sólo la base: un adulto humano maneja unas 20.000 palabras diferentes, mucho más que las que ha llegado a aprender Koko. Y la diferencia es más profunda: los contenidos de las charlas de Koko son muy cercanos al presente, a lo que sucede en cada momento. Por el contrario, el lenguaje humano suele discurrir entre el pasado y el futuro. Aunque la irrupción de los móviles podría hacernos pensar que volvemos hacia un lenguaje primate (siempre en las conversaciones se incluye un "estoy en..."), lo cierto es que frases como "estoy comiendo" no son las que comunicamos normalmente a los demás.
Tampoco podemos negar a los monos la capacidad de comunicar contenidos interesantes, incluso emotivos. En los años 60, el estudio de sociedades de primates viviendo en su entorno natural en África permitió comprobar cómo los miembros del clan se comunican con sonidos específicos para informar de la presencia de predadores o peligros, comida u otros sucesos relevantes para la supervivencia del grupo. Disponen por lo tanto de un lenguaje hablado, en el que los sonidos tienen un significado. Y es cierto que no son los únicos animales que hacen lo mismo. La pregunta que surgía ya en los años 60 era si el lenguaje primate era ya de por sí diferente a los sistemas de comunicación de los demás mamíferos, sobre todo si podrían encadenar diferentes "palabras" para crear contenidos más complejos.
La cuestión es ¿hasta qué nivel? Koko parece un niño humano pequeño en su capacidad de construir frases. En el año 2000 el psicólogo de la Universidad de Harvard Marc Hauser publicaba "Wild Minds" (Mentes Salvajes), un libro de divulgación que mostraba las capacidades en torno al lenguaje de diferentes especies animales, con especial hincapié en los primates más próximos a nosotros los humanos. Desde un punto de vista evolutivo, afirma Hauser, el lenguaje en los primates es una progresión de una herramienta útil para sobrevivir. Las habilidades cognitivas de los animales sirven como herramientas para que una especie prospere en su nicho ecológico. En este sentido, el lenguaje sería una de las herramientas cognitivas que, en diferentes especies, responde a desarrollos que han sido propiciados por las mismas fuerzas evolutivas.
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El pez por la boca muere
"Language and the primate brain", publicado en los "Proceedings, Thirteenth Annual Conference of the Cognitive Science Society"
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