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10 de septiembre de 2012
Ningún nuevo medicamento psiquiátrico en 30 años
A pesar de los esfuerzos de investigación y de la inmensa importancia de la enfermedad mental, las compañías farmacéuticas han sido incapaces de sacar al mercado ni un solo nuevo medicamento en el área de salud mental en los últimos 30 años.
Las compañías farmacéuticas se mueven por el beneficio, como
cualquier otra empresa. La enfermedad mental es desgraciadamente muy
común. La lógica dice que las compañías deberían invertir y desarrollar
moléculas que aliviaran este gigantesco problema. El caso es que, pese a
los esfuerzos realizados, han sido incapaces de avanzar en este área.
Todos los nuevos medicamentos son en realidad reformulaciones de unas pocas sustancias descubiertas hace muchos años. Esto tiene como consecuencia que estas empresas dejen de invertir en el área de la salud mental. No interesa.
Los principales medicamentos contra la enfermedad mental son los
antidepresivos, los antipsicóticos y los ansiolíticos. Los
descubrimientos fueron bastante casuales y se basaban
en observaciones clínicas, no habían sido diseñados siguiendo la pauta:
conozco el problema, desarrollo el medicamento, lo pruebo y lo
comercializo. Estos medicamentos producían su efecto mediante un mecanismo desconocido que solo tiempo después se fue averiguando.
En la actualidad tales medicamentos no habrían sido descubiertos ya
que no hay una base genética o molecular que diga cuál es el problema en
una psicosis. Más aún, con la enfermedad mental los modelos animales no
sirven. ¿Cómo sabemos que un ratón es esquizofrénico, autista, depresivo o ansioso?
¿Cómo sabemos que se ha curado?
Un buen modelo de descubrimiento de nuevas drogas es el cáncer.
Conocemos la biología del cáncer, los genes involucrados y podemos
diseñar moléculas que lo combatan. Podemos diseñar cepas de ratones con
cáncer y realizar pruebas con ellos. Y todavía más importante: sabemos
que no existe un solo cáncer.
Distinguimos entre un
cáncer de mama y uno de pulmón, los investigamos por separado y los
tratamos de forma distinta. Por ello el cáncer concentra la inversión de
las compañías farmacéuticas. Avanzamos contra él y la inversión es
rentable.
Pero el cerebro es enormemente complejo. Cuando
hablamos de esquizofrenia no sabemos muy bien a qué nos referimos. No es
una enfermedad sino un conjunto muy heterogéneo de desórdenes
difícilmente clasificables. Y naturalmente desconocemos los genes
involucrados así como la bioquímica de la enfermedad. De este modo,
¿cómo vamos a progresar? Peor aún es la depresión. Desde un desorden
completamente incapacitante a un pequeño síntoma que todos podemos
padecer en algún momento. ¿Qué es la depresión?
La evolución del modelo farmacéutico contra la enfermedad mental ha
fracasado. En el futuro la estrategia debe de cambiar. El estudio
bioquímico de la enfermedad mental es imprescindible. También la
catalogación de los distintos síndromes y enfermedades mentales. Solo
así podremos disponer de nuevos medicamentos que alivien el sufrimiento que comporta la enfermedad mental.
Fuente:
15 de marzo de 2007
Nueva investigación:
Vivir episodios estresantes provoca muerte de neuronas durante los días siguientes

AMALIA TORRES
Consultar a tiempo es clave para frenar el deterioro cerebral. Los antidepresivos ayudarían a regenerar las células.
Un choque, un asalto o cualquier episodio de estrés severo no sólo causa miedo y angustia en quienes lo viven. Ese solo hecho también es suficiente para terminar con la vida de algunas neuronas del hipocampo, área donde se procesan el aprendizaje, la memoria y las emociones. Así lo demostró una investigación publicada en el último número del "Journal of Neuroscience".
En el estudio se puso a ratas jóvenes en una jaula con roedores mayores, quienes las arrinconaron y mordieron, lo que elevó su nivel de estrés seis veces más de lo normal. Y aunque las recién llegadas siguieron desarrollando nuevas neuronas en el hipocampo -un hecho que ya se había demostrado en investigaciones anteriores-, sólo un tercio de estas células cerebrales logró sobrevivir después de una semana.
"Existe este marco de tiempo (entre 24 horas y una semana) después de que se produce el episodio estresante en el que se podría intervenir. Si podemos mantener vivas estas nuevas células, lograríamos anticipar o prevenir los tipos de síntomas depresivos que normalmente ocurren después", señaló el doctor Daniel Peterson, investigador de la Universidad de Medicina y Ciencia Rosalind Franklin (EE.UU.), quien estuvo a cargo del estudio.
Esto no significa que el estrés sea malo de por sí. De hecho, un nivel moderado parece ser necesario para la vida.
"Se requiere una cantidad baja de estrés para lograr interés y atención, lo que facilita el aprendizaje. Pero en cantidades muy altas, estos mecanismos de aprendizaje se entorpecen", explica el doctor Renato Verdugo, presidente de la Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía de Chile (Sonepsyn).
Mal común
Para el psiquiatra y director del Instituto Neuropsiquiátrico de Chile (INC), José Bitran, el estudio norteamericano viene a reforzar algo que ya se vislumbraba en investigaciones anteriores: en cuadros agudos de estrés, "éste es tóxico para el cerebro y la depresión es nociva por ser estresante", explica.
Y agrega que en ese tipo de cuadros, "el estrés es capaz de generar una atrofia en el hipocampo, lo que también ocurre en personas que sufren una depresión y a quienes tienen la enfermedad de Cushing, donde se aumenta de manera patológica el cortisol, la hormona del estrés".
Por eso es necesario detectar cuándo se está frente a un caso de estrés agudo.
Los especialistas coinciden en que entre sus síntomas está la presencia, durante al menos dos días, de decaimiento e insomnio, la disminución de concentración y, por ende, de la capacidad de estudiar o trabajar. Tampoco hay que descartar las pesadillas recurrentes, sobre todo cuando impiden un descanso reparador.
El doctor Bitran advierte que también hay que estar alerta a los niveles de estrés propios de la vida diaria: "Aunque las situaciones de estrés crónico o muy profundo producen daños importantes, podría pensarse que las situaciones de estrés por sobre lo normal también producirían daño, aunque de menor cuantía".
Así, agrega, tener un trabajo muy demandante, estar en una relación de pareja perturbadora o vivir un apremio económico severo podrían ocasionar daños en el hipocampo.
Incluso bastaría con que las personas hayan vivido traumas severos, aunque fuera en etapas tempranas de la vida, como en el caso de un abuso infantil, para que queden con marcas, explica el psiquiatra.
Tratamiento
Pero no todo está perdido, ya que un tratamiento a tiempo puede revertir estos efectos.
"Se sabe que una terapia con antidepresivos, litio, y se sospecha que también la psicoterapia, son capaces de producir al cabo de unas semanas recuperación de las neuronas, mejoría de su tamaño y reaparición de nuevas", dice el psiquiatra Pedro Retamal. Y recuerda que en algunos casos es necesario ingerirlos por un tiempo prolongado o incluso durante toda la vida.
La función de estos medicamentos es "estimular determinados genes, con lo que se produce una proteína que ayuda a reconstruir distintas funciones. Además, estimula la actividad neuronal".
Pero no son la única solución: "El ejercicio energético y sistemático también ayuda a apurar el proceso neurogenético", asegura el doctor José Bitran.
MARCAS
SECUELAS neurosicológicas, como las que tienen ex combatientes, podrían explicarse por este estudio, dice el neurólogo del Hospital Clínico de la U. de Chile, Archibaldo Donoso
"Cuando el estrés se vuelve crónico y se sale de control, se puede traducir en depresión".
PEDRO RETAMAL
Psiquiatra
Fuentes:
El Mercurio.com
Prensa Latina
La Jornada
Todito.com
Vivir episodios estresantes provoca muerte de neuronas durante los días siguientes

AMALIA TORRES
Consultar a tiempo es clave para frenar el deterioro cerebral. Los antidepresivos ayudarían a regenerar las células.
Un choque, un asalto o cualquier episodio de estrés severo no sólo causa miedo y angustia en quienes lo viven. Ese solo hecho también es suficiente para terminar con la vida de algunas neuronas del hipocampo, área donde se procesan el aprendizaje, la memoria y las emociones. Así lo demostró una investigación publicada en el último número del "Journal of Neuroscience".
En el estudio se puso a ratas jóvenes en una jaula con roedores mayores, quienes las arrinconaron y mordieron, lo que elevó su nivel de estrés seis veces más de lo normal. Y aunque las recién llegadas siguieron desarrollando nuevas neuronas en el hipocampo -un hecho que ya se había demostrado en investigaciones anteriores-, sólo un tercio de estas células cerebrales logró sobrevivir después de una semana.
"Existe este marco de tiempo (entre 24 horas y una semana) después de que se produce el episodio estresante en el que se podría intervenir. Si podemos mantener vivas estas nuevas células, lograríamos anticipar o prevenir los tipos de síntomas depresivos que normalmente ocurren después", señaló el doctor Daniel Peterson, investigador de la Universidad de Medicina y Ciencia Rosalind Franklin (EE.UU.), quien estuvo a cargo del estudio.
Esto no significa que el estrés sea malo de por sí. De hecho, un nivel moderado parece ser necesario para la vida.
"Se requiere una cantidad baja de estrés para lograr interés y atención, lo que facilita el aprendizaje. Pero en cantidades muy altas, estos mecanismos de aprendizaje se entorpecen", explica el doctor Renato Verdugo, presidente de la Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía de Chile (Sonepsyn).
Mal común
Para el psiquiatra y director del Instituto Neuropsiquiátrico de Chile (INC), José Bitran, el estudio norteamericano viene a reforzar algo que ya se vislumbraba en investigaciones anteriores: en cuadros agudos de estrés, "éste es tóxico para el cerebro y la depresión es nociva por ser estresante", explica.
Y agrega que en ese tipo de cuadros, "el estrés es capaz de generar una atrofia en el hipocampo, lo que también ocurre en personas que sufren una depresión y a quienes tienen la enfermedad de Cushing, donde se aumenta de manera patológica el cortisol, la hormona del estrés".
Por eso es necesario detectar cuándo se está frente a un caso de estrés agudo.
Los especialistas coinciden en que entre sus síntomas está la presencia, durante al menos dos días, de decaimiento e insomnio, la disminución de concentración y, por ende, de la capacidad de estudiar o trabajar. Tampoco hay que descartar las pesadillas recurrentes, sobre todo cuando impiden un descanso reparador.
El doctor Bitran advierte que también hay que estar alerta a los niveles de estrés propios de la vida diaria: "Aunque las situaciones de estrés crónico o muy profundo producen daños importantes, podría pensarse que las situaciones de estrés por sobre lo normal también producirían daño, aunque de menor cuantía".
Así, agrega, tener un trabajo muy demandante, estar en una relación de pareja perturbadora o vivir un apremio económico severo podrían ocasionar daños en el hipocampo.
Incluso bastaría con que las personas hayan vivido traumas severos, aunque fuera en etapas tempranas de la vida, como en el caso de un abuso infantil, para que queden con marcas, explica el psiquiatra.
Tratamiento
Pero no todo está perdido, ya que un tratamiento a tiempo puede revertir estos efectos.
"Se sabe que una terapia con antidepresivos, litio, y se sospecha que también la psicoterapia, son capaces de producir al cabo de unas semanas recuperación de las neuronas, mejoría de su tamaño y reaparición de nuevas", dice el psiquiatra Pedro Retamal. Y recuerda que en algunos casos es necesario ingerirlos por un tiempo prolongado o incluso durante toda la vida.
La función de estos medicamentos es "estimular determinados genes, con lo que se produce una proteína que ayuda a reconstruir distintas funciones. Además, estimula la actividad neuronal".
Pero no son la única solución: "El ejercicio energético y sistemático también ayuda a apurar el proceso neurogenético", asegura el doctor José Bitran.
MARCAS
SECUELAS neurosicológicas, como las que tienen ex combatientes, podrían explicarse por este estudio, dice el neurólogo del Hospital Clínico de la U. de Chile, Archibaldo Donoso
"Cuando el estrés se vuelve crónico y se sale de control, se puede traducir en depresión".
PEDRO RETAMAL
Psiquiatra
Fuentes:
El Mercurio.com
Prensa Latina
La Jornada
Todito.com
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