Los capitalistas, habituados a arriesgar su dinero en la Bolsa y sectores punteros, se han comprometido a sostener el Open Education Challenge, y a poner el capital inicial de estas empresas (más de 20.000 euros cada una). “En el siglo XXI la educación está muy relacionada con las tecnologías, pero las diez empresas no tienen por qué serlo. Por ejemplo, sería muy interesante idear unas aulas adaptadas a las necesidades de ahora”, cuenta Ullmo. En la convocatoria caben, pues, no solo contenidos y herramientas, sino sistemas de aprendizaje o de organización de las escuelas.
“A favor de este avance está el que la tecnología es cada vez más barata y manejable”, sostiene. En junio se elegirán los 20 proyectos semifinalistas —el plazo para enviar candidaturas termina el 17 de marzo— y serán sometidos a un análisis de viabilidad. Preside el jurado el productor de Carros de fuego, David Puttnam, y los diez escogidos recibirán asesoramiento en Barcelona, París, Londres, Berlín y Helsinki de expertos en educación, tecnologías y negocios. “Ofrecemos lo mejor de Europa. Es decir, mentores que ayudarán los innovadores a entender que la diversidad europea es una fantástica oportunidad para liderar el cambio en educación”.
En Estados Unidos los ejemplos de apuestas educativas exitosas son infinitos y muchos de ellos han nacido espontáneamente de la pura necesidad. Salam, el fundador de la Khan Academy, empezó a grabar vídeos para enseñar desde allí a su prima en India. Hoy su “academia” cuenta con diez millones de usuarios únicos al mes que se valen de 4.000 vídeos gratuitos almacenados en YouTube. El entrenador Greg Green, por su parte, grababa vídeos de técnicas de béisbol para no perder tiempo con las explicaciones y al final ha aplicado este método en el colegio que dirige. Mientras, la NewSchools invierte en organizaciones sin ánimo de lucro que construyen ideas educativas, como una televisión o una página para que los niños lean artículos organizados en cinco niveles de dificultad.
En el sur de Israel funciona el centro Mindcet, socio de la incubadora europea. Su lema —Cambiando la mentalidad de la educación— da idea de lo que llevan haciendo desde hace 40 años. Hoy disponen de un laboratorio de ideas, una incubadora con proyectos empollados durante seis meses y una red de contactos entre centros, profesores y estudiantes. Eso sí, convencidos de que “solo se han dado los primeros pasos de la revolución educativa”.
Fuente: