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12 de noviembre de 2009

¿Cuál ha sido el momento más crítico en la historia de la Humanidad?


Jueves, 12 de noviembre de 2009

¿Cuál ha sido el momento más crítico en la historia de la Humanidad?

Si les preguntara cuál ha sido el momento más crítico en la historia de la humanidad tal vez recuerden los titulares de los diarios y respondan que la guerra fría, cuando hace veinte años dos potencias globales (la URSS y los EEUU) tenían el poder de aplastar el botón ¡y entonces sería el fín!; ese período culminó – hace 20 años – con la caída del muro de Berlín.

Pero eso, amigos míos, fue un plátano machucado. Lo cierto es que a pesar de que ahora seamos más de 6 600 millones de personas, si retrocediésemos 70 000 años (un suspiro en la escala geológica) descubriríamos que la población humana total llegó a ser de solo dos millares de individuos. ¡Y estuvimos casi, casi a punto de extinguirnos!




Esto por supuesto, no lo sabemos por ningún Herodoto cavernícola (hablamos de tiempos prehistóricos en los que el hombre probablemente ni siquiera había desarrollado la capacidad del habla) sino por la información escrita en nuestro ADN mitocondrial (o ADNmt). Según Spencer Wells del proyecto Genographic iniciado en 2005, hace 70 milenios las condiciones extremas hicieron que la población humana, separada entonces en diminutos grupos, tuviera que reunirse para aumentar su población y esquivar el peligro de desaparición.

Es asombroso lo que hemos podido aprender gracias al ADNmt (que se transmite solo a través del linaje materno). En 1987, un grupo de genetistas liderado por Rebecca Cann, observó el ADNmt de 147 personas que representaban a todos los grandes grupos raciales del planeta, y descubrió que el linaje de todos ellos terminaba en una de las dos ramas del árbol de familia de los humanos. Una de estas ramas consta únicamente de un linaje africano, la otra contiene al resto de grupos, incluidos otros provenientes de África.

Este asombroso descubrimiento, que acabó publicado en Nature, implicaba en la práctica ubicar el origen de nuestra especie en África. De hecho, el ADNmt de los africanos era el que más diversidad mostraba, lo que significaba que era el más antiguo. Esto significaba que todos los humanos modernos podíamos retroceder en el tiempo hasta encontrarnos con una madre común… una “Eva mitocondrial” africana que vivió hace 200.000 años. (A algunos snobs les resultará duro aceptar que más de una tercera parte de la historia de la humanidad sea únicamente africana).

Por los restos fósiles, sabemos que hace aproximadamente 60.000 años, los Homo sapiens abandonaron África, y recientemente – gracias a la datación del gen FOXP2 responsable del habla – sabemos que ese fue también el momento en el que desarrollamos la compleja habilidad de comunicarnos oralmente, algo que debió ser fundamental a la hora de cooperar e iniciar la colonización del mundo. Sin embargo, sabemos muy poco del periodo intermedio entre la aparición de nuestra especie (el tiempo de esa “Eva” antes mencionada) y el inicio de la colonización del mundo.

Al menos así era hasta el año pasado, cuando otro estudio del ADN mitocondrial llevó a los científicos hasta el pueblo bosquímano de los Khoi-san, cuya presencia se restringe en la actualidad a Sudáfrica. Los Khoi-san (considerados el linaje humano más antiguo del mundo) se diferenciaron de otros linajes hace entre 90.000 y 150.000 años, y aún conservan el estilo de vida tradicional del paleolítico: cazador-recolector.

Gracias a algunas variaciones únicas en el ADNmt de los Khoi-san, los investigadores descubrieron que hace 150.000 años los humanos no formaban una única población homogénea, sino que se habían dispersado en pequeños grupos. Posteriormente esos grupos contactaron de nuevo entre si, crecieron en número, e iniciaron la colonización de otras áreas.

Los científicos achacan esta disgregación a episodios de severa sequía que afligieron el este de África durante miles de años (y que se cree tuvieron lugar hace entre 135.000 y 90.000 años). Fue el seco y severo clima quien separó a la especie en poblaciones pequeñas y aisladas que evolucionaron de forma independiente por el noreste y sur de África durante decenas de miles de años (tal vez incluso 100.000 años).

¿Pero cómo puede ser el ADNmt tan específico a la hora de relatar nuestra historia? Bueno, al parecer todo esto ha podido saberse gracias a la información que el Proyecto Genographic, ha extraído de los llamados microsatélites (segmentos cortos y repetitivos de ADN que varían entre los diferentes pueblos de la Tierra). Estos microsatélites presentan un alto porcentaje de mutaciones – o errores – según pasan de generación a generación. Característica que les convierte en un indicio muy útil para determinar la diversificación de la especie humana.

La mínima diversidad en las muestras tomadas por todo el mundo – en contraste a la múltiple diversidad encontrada en el ADNmt de humanos con “pedigrí” como los Khoi-san – implica que, en algún momento durante los últimos 100.000 años, la población humana se debió ver reducida a niveles mínimos. De ahí que a efectos de ADNmt parezcamos ahora todos tan similares; no puede ser de otro modo puesto que compartimos un cercano origen “poblacional“ común.

Así es como los científicos han logrado deducir que, únicamente cuando aquellos grupúsculos de humanos dispersados por la aridez climática volvieron a reencontrarse y cruzarse – hace ahora 70.000 años – pudo aquella exigua población de apenas 2.000 hombres, alejar el fantasma de la extinción y – con el tiempo – multiplicar su número por un factor superior a los 3 millones.

Resulta curioso pensar que el clima extremo africano estuvo a punto de lograr nuestra desaparición como especie (tal y como probablemente hizo con los Neandertales en Europa). No obstante, de algún modo, aquella pequeña población de humanos se las arregló para sobrevivir, y 10.000 años más tarde emprendió la colonización que le llevaría a conquistar el mundo.

Así que ya sabéis, si volvéis a pensar que la especie humana estuvo en peligro durante la guerra fría, o en estos tiempos de gripe porcina y SIDA, pienesen en aquellos 2.000 humanos que hace 70.000 años estuvieron a punto de perecer a causa de la – entonces si – pertinaz sequía.

Fuente:

Mailkeinai´s Blog

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