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26 de noviembre de 2010

Reino Unido: ¿Se puede medir la felicidad?



El primer ministro inglés anuncia, y de manera muy pomposa (y, dicho sea de paso, es una magnífica cortina de humo ante el descontento del pueblo inglés ante la crisis económica), que mediran la felicidad de su pueblo, pues "la felicidad es el progreso de un país".

Se puede medir la felicidad. Para Conocer Ciencia la respuesta es clara y contundente: No. Es absurdo, sería como tratar de medir el grado de amor o de paz de una o de un grupo de personas. Pero, para no salirnos del tema proponemos lo siguiente: si consideramos el factor felicidad como un conjunto de variables relacionadas con la satisfacción de las necesidades humanas (alimento, vestido, salud, vivienda, educación, empleo digno y acceso a la cultura local y mundial) podemos inferir que una sociedad es más estable, y más feliz, en la medida en que resuelve estas necesidades para el conjunto de la población. En conclusión, para nosotros, felicidad = satisfacción de las necesidades humanas de todo un conjunto o población.

Lea:

Las dificultades de medir la felicidad


El gobierno británico va a empezar a medir la felicidad de sus ciudadanos

El gobierno del Reino Unido inició este jueves un proceso de consulta con miras a la elaboración de un "Índice de la Felicidad", cuya primera publicación se espera para abril de 2012.

Durante el lanzamiento de la consulta el primer ministro británico, David Cameron, explicó que el país continuaría midiendo el Producto Interno Bruto, "como siempre lo hemos hecho".

"Pero ya es hora de que reconozcamos que, por sí sólo, el PIB es una forma incompleta para medir el nivel de progreso de un país", agregó.

Cameron citó al ya fallecido senador estadounidense Robert Kennedy para describir al PIB como una herramienta que mide todo, "menos lo que hace que valga la pena vivir" y dijo que la información recogida en el Índice le ayudaría a Gran Bretaña a reconsiderar sus prioridades.

Esta no es la primera vez que el gobierno del Reino Unido piensa en incluir la felicidad, o el bienestar, dentro de las cuentas nacionales.

El gobierno laborista de Tony Blair también coqueteó con la idea, pero luego la abandonó por complicada.

Y el tema también interesa al presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, quien le pidió a dos ganadores del premio Nobel qué consideraran la cuestión.

Y es que como explica Michael Blastland, de la BBC, medir la felicidad no es tarea fácil.

"Intentar averiguar si hemos progresado más allá de lo material tiene sentido. El problema es ¿cómo?", afirmó.

Tremendamente difícil
Según el experto en estadísticas de la BBC, la forma más sencilla de medir el bienestar o la felicidad es tomar una muestra aleatoria de gente y preguntarle algo así como: "¿Al final de cuentas, tomando en cuenta lo bueno y lo malo y todo lo demás, qué tan bien dirías que te sientes en una escala de uno a 10?"

Y luego usar los resultados de esa encuesta para ver qué tanto aumenta, o disminuye, cada año.

"Eso, si embargo, inevitablemente plantearía nuevas preguntas como ‘¿qué motiva los cambios en la sensación de bienestar?’. Y también habría que responder a muchas preguntas sobre edad, género, estado civil, ocupación, educación, vivienda, diversión, etc.", explicó.

Por ejemplo, si los puntajes de los casados son más altos que los de los solteros, ¿significa eso que el matrimonio hace la felicidad?

"En realidad no. La cosa es mucho más complicada. Después de todo, es posible que la gente feliz simplemente acostumbre casarse más y no hayamos identificado correctamente la dirección de la causalidad", explicó Blastland.

"Ese es un riesgo que los investigadores minimizan dándole seguimiento a cierta gente durante un largo período de tiempo, para ver qué tan felices eran antes de casarse y ver así qué diferencia supuso el matrimonio".

"¿Pero qué pasa si la gente es más feliz a los 30 que a los 20? Si ese es el caso, las mediciones hechas a lo largo de varios años también reflejarían la felicidad producida por el envejecimiento, un efecto que le estaríamos atribuyendo equivocadamente al matrimonio", ilustró.

Según Blastland, para evitarlo habría que averiguar si los treintañeros son por lo general más felices que los veinteañeros y, si ese es el caso, separar ese efecto del que haya podido tener un matrimonio celebrado en ese mismo período.

¿Complicado? Bueno, imagínense que también habría que hacer lo mismo para cada uno de los factores que pueden influir sobre nuestro bienestar.

¿Bienestar o felicidad?

En otras palabras, el camino sencillo no es siempre sencillo. Y además hay otros problemas.

Hasta aquí, por ejemplo, hemos estado empleando los conceptos "bienestar" y "felicidad" como sinónimos. Pero, ¿es eso correcto?

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BBC Mundo
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