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30 de julio de 2013

¿Por qué los velorios no siempre son ocasiones de duelo?

Aunque los deudos o parientes del fallecido sientan una gran pena, la ceremonia del velorio no siempre es una experiencia dolorosa. En muchas provincias de la República Mexicana se acostumbra que los dolientes preparen tamales, mole y atole para convidar a los asistentes. Entre rezos y lágrimas se toman sorbitos de café con "piquete" o licor, que entonan el ánimo. Muchas veces se juega a las cartas o se cuentan chistes "verdes".

Estas peculiares costumbres parecieran contradecir el ánimo luctuoso que necesariamente reina en un velorio, pero en México no sucede así. Hay un viejo dicho que reza: "El muerto al hoyo y el vivo al pollo". No es que carezca de importancia el deceso de un ser querido, más bien se trata de una extraña mezcla del instinto de supervivencia y la tradición folklórica. La antigua creencia de que existe otra vida "más allá" deja esperanzados a los deudos con la idea de que pronto volverán a encontrarse.

Los velorios pueden ser ceremonias muy tristes y dolorosas, en especial si el muerto es un niño, pero aun cuando se está rezando por su alma, puede oírse la gritería de los compañeritos del fallecido que juegan en el patio.

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