16 de marzo de 2010

¿Cómo ven nuestros ojos en la oscuridad?


Martes, 16 de marzo de 2010

¿Cómo ven nuestros ojos en la oscuridad?

¿Alguna vez os habéis planteado por qué durante el día los colores rojos, naranjas y amarillos parecen los más brillantes, pero cuando la luz se ausenta por completo únicamente somos capaces de reconocer colores de tonos azules, verdes y violetas? El efecto Purkinje es la explicación.

A medida que la luminosidad se pierde, la retina del ojo humano pierde sensibilidad para largas longitudes de onda de la luz (corrspondientes a los colores amarillo, naranja y rojo), a la par que gana sensibilidad para cortas longitudes de onda de la luz (correspondientes a los colores verde, azul y violeta). De tal modo que observando a la penumbra cualquier superficie coloreada, a medida que se pierde la luz pasaríamos de apreciar los colores rojos como los más brillantes, a apreciar los colores azules como los más brillantes.

La razón fisiológica es la presencia en la retina de dos tipos de células receptoras distintas. Los conos son más sensibles a la luz amarilla, mientras que los bastones, que son más sensibles a la luz en general (y por lo tanto más importantes con pocas luz). Los bastones, pese a no distinguir colores, responde mejor ante los colores azules y verde, razón por la cuál estos se muestran más brillantes en situaciones de baja luminosidad.



Efecto Purkinje

La imagen de arriba muestra como existen dos tipos de equilibrio y de luminosidad ideal para el ojo humano. La visión fotópica es la que se da con gran luminosidad, los conos alcanzan su mayor respuesta consiguiendo que el ojo tenga una interpretación de los colores adecuada. El segundo punto de equilibrio se corresponde con la visión escotópica, cuando los conos dejan de funcionar adecuadamente, y los bastones se convierten en los receptores principales, provocando que se aprecien mejor los colores correspondientes a cortas longitudes de onda.

Esta peculiaridad es también la responsable de que nuestra vista durante el amanecer y el atardecer sea más imprecisa que de día o de noche, ya que nuestros ojos no consiguen adaptarse ni a la visión fotópica, ni a la visión escotópica.

Este efecto fue descubierto por el investigador Johannes Evangelista Purkinje en el siglo XIX, el mismo que fue responsable de muchos otros descubrimientos y avances relacionados con el ojo humano como las células de Purkinje o las fibras de Purkinje



Johannes Evangelista Purkinje

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