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8 de diciembre de 2010

Cancún, el mejor ejemplo de lo que no hay que hacer

Especial: COP16

Cancún, el mejor ejemplo de lo que no hay que hacer





Miembros de WWF representan la tierra en las playas de Cancún.

Hace sólo 40 años, Cancún se parecía más al 'Kaan-kun' de los Mayas que al monstruoso complejo en que se ha convertido hoy. Hace sólo cuatro décadas aquella barra de arena, rodeada de aguas cristalinas, selvas, manglares y cocoteros, tenía más el aspecto de un 'nido de serpientes', como era conocido por los indígenas, que uno de los centros turísticos más importantes del mundo. Y es que en un tiempo récord, Cancún ha pasado de tener una improvisada torre de control levantada con palos y hojas de palmera, desde la que se organizaron los primeros vuelos montados para inversores, a tener el aeropuerto con más tráfico internacional del país. Y todo en un puñado de años.

Hasta 1970 Cancún era un pequeño pueblo de pescadores, rodeado de selvas y ocupado hasta entonces por las familias de Emilio, de Antonio y de Gabriel. Eran los Hernández, 'Cachito' y 'Gabuch' que, apartados del resto del mundo, vivían de la pesca y la recolección, pero que hoy en día son reconocidos oficialmente como los primeros habitantes de una lugar que nunca imaginaron.

Porque Cancún, sede estos días de la Cumbre sobre el cambio climático (COP-16), es un proyecto creado desde cero por arquitectos y banqueros del Distrito Federal, ansiosos por encontrar nuevos focos turísticos para un país que buscaba el relevo para Acapulco. Al fin y al cabo ese era el legado que cada presidente del PRI dejaba antes de despedirse; Acapulco, Cancún, Puerto Vallarta, Los Cabos, Huatulco....y así sucesivamente.

Pero 40 años después aquel proyecto "sustentable", Cancún se ha convertido en el mejor modelo de lo que no hay que hacer. "Este lugar es ejemplo de todas la violaciones en legislativas y medioambientales, de desorden y de la destrucción de los ecosistemas, de cómo no se debe crecer en zonas vulnerables" sostiene Alejandra Serrano, coordinadora regional del Centro mexicano de Derecho Ambiental en Quintana Roo.

El lugar que perfeccionó como ninguno el "todo incluido", la pulsera de colores y los asientos para seguir bebiendo sin salir del agua, surgió devastando la selva y desplazando a flores y fauna.

Hasta entonces era una isla virgen formada por una duna, separada de tierra firme por dos estrechos canales que conectaban con una laguna y con el mar. Precisamente esta laguna es ejemplo de uno de los cuerpos acuáticos más contaminados y según algunos estudios señalan que en el lugar existen 100 tipos distintos de bacterias como la salmonella o metales pesados como plomo. "Al construir sus más de 100 hoteles sobre la duna costera se removió la vegetación natural de la playa y rellenó manglares, lo que elevó no sólo su vulnerabilidad a los ciclones, sino el nivel erosivo de sus arenales", explica Juan José Morales, premio Latinoamericano de Divulgación Científica.

Y hay un ejemplo que explica mejor que nadie como se han hecho aquí cosas en los últimos años; para adecentar el lugar de cara al comienzo de la Cumbre y la llegada de 8.000 personas de 194 delegaciones diferentes, se decidió pintar y sembrar los camellones de plantas y árboles exóticos. Pocos tiempo después hubo que arrancar las plantas porque eran especies agresivas que no formaban parte de la flora autóctona del lugar. Paralelamente la única torre de energía eólica que hay en la zona se inauguró solo un mes antes de esta Cumbre, más como un elemento decorativo que un proyecto a futuro de basar el desarrollo en energías renovables...y así sucesivamente.

Complejos turísticos como Puerto Cancún, en isla Mujeres, necesitaron derribar más de 300 hectáreas de manglar para construir un campo de golf, centros comerciales y hoteles de lujo. Por los huracanas y la voracidad urbanística, el agua llega hoy hasta los cimientos de muchas construcciones. A consecuencia de los huracanes y de la deforestación de los manglares hubo que traer muchos metros cúbicos de arena del fondo para ampliar las playas lo que ha dañado el lecho marino y la segunda barrera coralina más importante del mundo (tras la australiana).


Al asedio medioambiental, a Cancún le ha seguido el asedio de miles de trabajadores llegados de las zonas más pobres del país para trabajar en los grandes hoteles de la llamada 'barra hotelera'. En los últimos años, en la periferia de la ciudad crece la mancha urbana sin orden, sobre la selva y poniendo en riesgo los acuíferos subterráneos. De las mil 664 hectáreas que abarca el municipio de Benito Juárez, con cabecera en Cancún, 22% es ocupado por asentamientos irregulares que carecen de drenaje y servicios. La falta de drenaje ha provocado que los desechos sean arrastrados hacia el mar, ocasionando contaminación y degradación de los arrecifes de coral que, además de ser productores de la arena blanca que ha dado fama a Cancún, funcionan como barreras protectoras contra los huracanes.

A ello se suma la agresividad en Playa del Carmen y la Riviera Maya, donde los hoteles, muchos de ellos españoles, han destruido gran parte de los acuíferos subterráneos. Greenpeace México informó que en 1994 ya se había destruido el 65 por ciento de los bosques de manglar del país y que, precisamente, la región en la que más se ha deteriorado este ecosistema es en la Rivera Maya. En esta región tres de cada cuatro hoteles son españoles.

Fuentes:

El Mundo Ciencia
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