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15 de abril de 2007

En cada hogar hay 2,4 aparatos en promedio

¿Es bueno que la TV esté en el dormitorio?

Qué efecto tiene en la relación de pareja


Y un día el televisor se rompió. Fue sólo entonces cuando Marcelo cayó en la cuenta de que no era indispensable tener uno en la habitación. Es más, dice: “Nos dimos cuenta con mi mujer de que estábamos mejor sin él. Aprovechamos el tiempo que le dedicábamos a buscar algún programa bueno que nunca encontrábamos para leer, charlar o dormir más temprano”.

Hoy tiene cuatro televisores en su casa, pero ninguno en su dormitorio. “Creo que mejoró la comunicación en la pareja”, dice Marcelo, a sus 41 años.

El caso de Laura es distinto. A ella siempre le molestó cómo el televisor iluminaba la habitación cuando su marido se quedaba viendo una película de trasnoche.

“Aunque ponía el volumen al mínimo, el televisor prendido a las 3 de la mañana no me dejaba dormir”, cuenta Laura, de 29 años, y agrega: “Fui yo la que decidí sacarlo de la habitación; no le di ninguna opción". Ahora, asegura, duerme mucho mejor. Y el televisor duerme fuera del cuarto.

¿Tener televisor en el dormitorio puede convertirse en un obstáculo para la vida de pareja? Esa es una pregunta que vale formular, habida cuenta de que, según estadísticas locales, hay 2,4 televisores en promedio, en cada hogar argentino; en el 46%, son tres o más los aparatos de televisión.

"El televisor puede ser un instrumento usado para evitar la confrontación con el estado de cosas de la pareja; puede convertirse en un punto de fuga en relación con su intimidad", comenta el licenciado Miguel Espeche, coordinador general del Programa de Salud Mental Barrial del hospital Pirovano.

"El televisor puede interferir con la vida de pareja", admite Espeche, pero aclara: "Por sí mismo, no es culpable de la lejanía entre los cónyuges, ya que éstos tienen siempre la opción de apagarlo. En todo caso, el uso que se le da tiene que ver con un estado de cosas que es reflejado por el televisor".

La licenciada Silvia Rucker, psicoanalista del Centro de Salud Mental N° 3 Arturo Ameghino, coincide con Espeche: "No se puede generalizar qué lugar ocupa el televisor en la habitación de una pareja. Puede ser una forma de evitar cualquier tipo de comunicación, desde la verbal hasta la sexual, pero también puede ser un factor de unión y de intercambio".

"Como en muchos otros aspectos, el televisor en la habitación puede convertirse en un problema cuando se transforma en algo adictivo, que insume mucho tiempo e interrumpe el diálogo de la pareja y la sume en un letargo", opina la licenciada Liliana Niemtzoff, psicoterapeuta especialista en familia y docente de la cátedra de Salud Mental de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Un tercero en la habitación

"El televisor en el dormitorio a veces funciona como un tercero, que trae estímulos de todo tipo", afirma Niemtzoff, y recuerda el caso de una pareja en que la mujer no le dejaba mirar a su novio programas de televisión en los que aparecieran mujeres jóvenes y bonitas: "Cuando veía que a su novio se le iban los ojos, entraba en crisis y le apagaba el televisor. Se sentía disminuida ante esas imágenes, que consideraba tan reales como para competir con ella".

"Claro que el televisor también puede ser el punto de partida para el diálogo en la pareja, al introducir temas de conversación que, de no aparecer en la televisión, quizá no serían planteados", agrega Niemtzoff.

"Hay que preguntarse al servicio de qué está el televisor en la pieza de cada pareja", plantea Rucker.

"El televisor también puede ser utilizado como un punto de unión, al permitir a la pareja disfrutar en forma compartida de una buena película o un buen programa, comentarla y vivirla juntos", dice, por su parte, el licenciado Espeche.

En todo caso, concluye, "el deseo de sacarla de la habitación marca, por sí mismo, un deseo de la pareja de mirarse cara a cara, y de dejar de tener ese motivo de distracción".

¿Televisión en el cuarto de los chicos? No.


Por Sebastián A. Ríos

De la Redacción de LA NACION
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