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22 de enero de 2013

Las 10 peores torturas del Medioevo

El medievo. Época caracterizada por la descentralización del poder político, los juglares, el estancamiento cultural y la Inquisición. Cualquier persona opuesta a las doctrinas religiosas (brujas, homosexuales, blasfemos y herejes), era brutalmente interrogada, torturada y finalmente ejecutada sin ninguna piedad. Da un paseo por los diez instrumentos más bizarros –y enfermos– de tortura medieval y agradece que vives en el siglo XXI. 

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Desgarrador de senos
 

Este instrumento era utilizado para castigar a las mujeres pecadoras. El procedimiento consistía en aplicar sus cuatro puntas afiladas –al rojo vivo– sobre los pechos. En 1600, Ana Pappenheimer (acusada de brujería en Alemania), fue torturada con el dispositivo, hasta que sus senos fueron lentamente desgarrados. Una vez seccionados, fueron dados a comer de manera forzosa a sus hijos. 

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Empalamiento
 

La técnica que hizo famoso a Vlad Drăculea, mejor conocido como ‘Vlad el Empalador’, consistía en atraves ar a la víctima con una estaca (por un costado, por el recto, la vagina o por la boca). El palo se clavaba en el suelo dejando a la persona colgada hasta que muriera (se dice la agonía podía durar hasta 3 días). 

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La rueda
 

En lugar de traer fortuna, esta método de ejecución giratorio representaba tragedia y dolor. La primera parte de la tortura radicaba en atar firmemente al reo en un banco, tras lo cual el verdugo procedía a triturar, mediante una barra de hierro, todos sus huesos y articulaciones. Después de este proceso, el sujeto era colocado en una rueda de carro hasta que muriera. Para mayor ‘diversión’, la rueda se colocaba en un poste para que las aves se deleitaran con los ojos y partes del condenado. La muerte se podía prolongar horas, e incluso hasta un día. 

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La Sierra
 

La gran ventaja de este sistema era que no requería de un equipo especializado. Solo se necesitaban dos hombres, una cuerda, un árbol para colgar a alguien, ah, y un tortura do. Para asegurar que la víctima se mantuviera consciente el mayor ti empo posible, era colgada boca abajo, de forma que su cerebro estuviera bien irrigado. Mientras, el verdugo comenzaba a serrar al individuo desde el ano o los genitales verticalmente hacia el abdomen. En algunas ocasiones, la sierra llegaba al ombligo y algunas veces hasta al pecho. ¡Ouch!


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