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4 de abril de 2013

Las mentiras del mono manipulador

Un mono capuchina en Costa Rica. | Reserva Playa Tortuga

Un mono capuchina en Costa Rica. | Reserva Playa Tortuga
'Pura vida' es la frase que responden los costarricenses o ticos cuando se les pregunta: '¿cómo estás?' Es sinónimo de estar bien y tranquilo. Una sensación de estar satisfecho con la vida y uno mismo. Entonces uno exclama 'pura vida' también, cerrando así el círculo. La expresión no me extraña dada la ingente cantidad de animales y plantas que viven en este hermoso país, el cual rebosa vida por todos lados, ya que posee el 4,7% del total de las especies conocidas en el planeta Tierra.

Hace unos días aterricé en el país para hablar con varios biólogos y guías encargados de seguir el rastro a las cuatro especies de primates que habitan esta zona de Centro América: mono araña, mono ardilla, mono aullador y capuchino.

He comenzado por la reserva biológica de Playa Tortuga, en el cantón de Osa, situada en la costa sur del pacífico, la cual cuenta casi 40 hectáreas donde habitan, entre otros animales, pizotes, caimanes, boas constrictor, serpientes coral y terciopelo, tortugas, mapaches, ocelotes, monos aulladores y monos capuchinos.

Estoy interesado desde hace tiempo en los monos capuchinos debido a algunas capacidades que poseen y que sólo han sido encontrados en otros grandes simios, razón por la cual se han ganado a pulso el calificativo de 'Chimpancé del Nuevo Mundo'.

Los simios 'huelguistas'

Para adentrarme en la selva me acompañó Aitor Agirregoikoa, un gran amigo que lleva varios años trabajando por la conservación de la flora y fauna de este espacio. Le pedí que me enseñara la tropa de capuchinos que habita en la selva que pertenece a la reserva y habláramos sobre su comportamiento en el camino.

Comenzamos por un pequeño sendero que conducía a una playa donde las tortugas vienen a desovar cada año. Aitor me contó que sólo una de cada mil llegan al océano. El resto son comidos por los mapaches, iguanas y otros depredadores. Desafortunadamente, existe el mito de que son afrodisiacos, con lo que ser humano también forma parte de esta 'lista negra'.

Continuamos selva adentro, cuando al rato de caminar ya nos sorprendieron los primeros monos capuchinos. Éstos asomaban sus pequeñas cabezas de entre los árboles y nos miraron con curiosidad. Al sentirse observados, nos vigilaron y siguieron durante el trayecto. Haciéndonos los despistados continuamos para no asustarlos. No sirvió de nada ya que comenzaron a tirarnos ramas de los árboles y a orinar sobre nosotros. No nos querían allí, así que nos movimos de lugar. Ya llegando a la playa, apareció un mapache y paramos para no despertar la mala leche que exhiben cuando se sienten amenazados. Llegado el caso, se ponen a dos patas y te enfrentan. No huyen como hacen otros animales.

Sentados en un tronco varado en la playa, desde donde se apreciaba la frondosidad de la selva, le conté a Aitor algunas capacidades que esta especie ha demostrado en pruebas de laboratorio: tendencia a compartir y cooperar con otros miembros, sentido de la justicia e incluso hacer huelga cuando perciben que han sido tratados de manera injusta. Este descubrimiento es muy importante porque nos ofrece evidencias de que la moral, a un nivel muy básico, puede que sea una capacidad innata. Esto significaría que los humanos y otros primates nacemos con cierta idea de lo que está bien o mal, lo cual situaría los orígenes de los valores en hace millones de años, muchos antes de que lo que algunos filósofos y religiones lo sitúan.

La picaresca del primate

Proseguimos por la línea de la playa y cogimos varias pipas (cocos) para bebernos su deliciosa agua. A 35 grados de temperatura es fácil deshidratarse. A lo lejos, observamos a través de los prismáticos a otros capuchinos frotarse el pelaje con hojas de plantas del género Piper, las cuales contienen un compuesto que está presente en muchos spray antimosquitos de los que consumimos en Europa.

Aunque en Costa Rica se desconoce si lo hacen, en Brasil se han detectado grupos de capuchinos que usan herramientas, como por ejemplo piedras y yunques con los que abren frutos secos a base de calculados golpes que dejan madurar varios días en el suelo antes de ser transportados. Pero aún más interesante es el hecho de que tanto los instrumentos como los frutos son transportados desde varios kilómetros de distancia hasta la base de piedra que hace de yunque, con lo que es necesaria una planificación previa. El fácil acceso a comida y agua que tienen en este área del pacífico, puede que haya hecho innecesaria esta adaptación.

Iniciando el camino de vuelta a las instalaciones de la reserva, vimos de nuevo a varios capuchinos, esta vez en las orillas de un río, donde probablemente se hacen con pequeños cangrejos que golpean contra las piedras para poder comer su carne. Se ha comprobado que dan falsas llamadas de alarma que indican la presencia de depredadores para ahuyentar a los compañeros y poder así comerse a solas los moluscos y crustáceos que encuentran.

Es decir, manipulan lo que otros piensan en un momento dado mediante la mentira, una capacidad difícil de encontrar en otros primates no humanos y que prueba la enorme inteligencia de estos pequeños animales de apenas 5 kilos de peso.

Mañana me traslado en autobús al Parque Nacional de Corcovado, que está a unos 100 km en línea recta hacia el suroeste desde el lugar donde me encuentro. Se trata de una gran extensión de selva virgen primaria donde habitan monos araña, jaguares y tapires. Por esta razón algunos lo denominan "el Amazonas de Costa Rica". Desde allí os escribiré de nuevo, para compartir conocimientos con expertos de la zona y recordar una vez más que tú, al igual que yo, somos monos.

¡Pura vida, amigos!

Tomado de:

Yo Mono (El Mundo)

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