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13 de junio de 2012

Así se orienta un SmartPhone

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Este interesantísimo video de “EngineerGuy” en YouTube nos muestra una de las más intrigantes características del smartphone: su habilidad de distinguir arriba, de abajo. O mejor dicho, cómo un smartphone puede orientarse.

En el video, veremos cómo, gracias al acelerómetro, el teléfono puede rotar fácilmente su pantalla. Es fascinante ver cómo algo que ya damos por hecho en todo smartphone, funciona.

No se olviden de activar los subtítulos en español! 


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¡Hey, el tamaño (de los testículos) si importa!



¿Sabías que según Helen Fisher, autora de “The anatomy of love“, las especies promiscuas necesitan más espermatozoides– y por tanto, testículos más grandes – para garantizar que sean los suyos los que fecundan? Eso explica que los orangutanes tengan pequeños testículos, ya que en su harén ellos son los únicos que copulan. Entre los bonobos, las hembras se lo “montan” sin distinciones, lo que ha llevado a los machos de esa especie a tener unos testículos enormes. Los hombres gozamos de un tamaño intermedio. 

¿Veis como el tamaño si importa?

Esta es solo una de las curiosidades sobre los espermatozoides que podréis descubrir en la Revista Quo leyendo el ameno e instructivo artículo titulado: Cómo ser un espermatozoide campeón.

Fuente:

Robert Zatorre: “Todo el cerebro está dedicado a la música”

El argentino Robert Zatorre es cofundador del laboratorio de investigación Brain, Music and Sound (BRAMS) en Canadá y uno de los mayores expertos mundiales sobre cómo el cerebro procesa la música y produce emociones. De joven quería ser organista pero se dio cuenta que sería mejor científico. La canción del verano no le llama mucho la atención.
Robert Zatorre: catedrático de Neurología y Neurocirugía de la Universidad McGill


Robert Zatorre: catedrático de Neurología y Neurocirugía de la Universidad McGill.

¿Por qué hacemos música?
No tenemos la respuesta. Pero junto con el lenguaje, es una seña de identidad de todo ser humano.

¿Y es exclusiva de los seres humanos?
Totalmente. Hay algunos especialistas que hablan de música para referirse al canto de los pájaros, pero yo creo que no es lo mismo. La canción de las aves tiene como función la defensa del territorio y, que yo sepa, nadie se pone música en su casa con el objetivo de ahuyentar al vecino. Además, desde un punto de vista neurológico, el cerebro de los pájaros y el de los mamíferos no tiene nada que ver. Ni siquiera el cerebro de animales más cercanos a nosotros, como el chimpancé, tiene ninguna función musical.

¿Qué funciones tiene?
Muchas y muy valiosas. Para empezar es universal. No existe ni ha existido cultura humana que no tenga música. Pensemos en bodas, fiestas, entierros… Es impensable que exista un rito social o un momento importante en la vida sin música. Su función principal es la de cohesión social ya que a través de ella el grupo se siente unido en un acto o en un estado de ánimo, como pasa con los himnos nacionales y de fútbol. Otra función no menos importante es la del vínculo emotivo que crea entre la madre y el hijo. La música modula el estado de ánimo de un bebé ya que este responde muy temprano a ritmos y armonías.

¿Así como el lenguaje tiene áreas especializadas en el cerebro, la música también?
No me gusta hablar de zonas especializadas porque creo que todo el cerebro está dedicado a la música. Pero sí hay algunas. Por ejemplo, con técnicas de neuroimagen hemos observado neuronas en la corteza auditiva que responden a la altura tonal. Los pacientes con lesiones en esta región tienen ‘amusia’, se dan cuenta del volumen y la duración de una nota, pero no del tono. No reconocen las canciones y no saben por qué a la gente le gusta tanto la música.
“La mente predice la nota que viene y evalúa si es la esperada, entonces hay dos ‘disparos’ de dopamina, la molécula del placer: el primero, durante la tensión de un acorde, y el segundo en su resolución”

¿Alguna región ‘musical’ más?
En paralelo con la zona de Broca, relacionada con el lenguaje, existe una región frontal que es muy importante para unir los sonidos en el tiempo. Para entender una canción es necesario un circuito que establezca relaciones entre las distintas notas. El cerebro trabaja con la música igual que con el lenguaje. Los sonidos individuales no representan nada, pero sí la relación entre ellos: las notas forman acordes, que forman melodías, que forman temas…

En lenguaje tenemos estructuras comunes en todos los idiomas. ¿Pasa lo mismo en la música?
Existe la sintaxis musical. En lenguaje hablamos de probabilidades en el sentido de que uno puede predecir de antemano cuál va a ser la siguiente palabra de una serie. Por ejemplo, si yo digo “Tengo mucha sed y me gustaría una copa de…”, existen varias opciones para completar la frase, pero la palabra “perro” no está entre ellas. En música pasa lo mismo. Si yo toco cuatro acordes, el quinto no puede ser cualquiera. Depende del que yo elija, tú me dirás sin dudar: “Te has equivocado”. Esto sucede en todas las culturas, pero es específico de cada una de ellas, ya que la sintaxis es particular de cada sistema musical.
 
En su último estudio usted afirma que cuando escuchamos música estamos continuamente creando expectativas. Y que si estas se materializan, nos produce placer.
La investigación de mi grupo se centra en las emociones musicales. Nuestra mente está continuamente haciendo predicciones de la nota que viene y evaluando si se corresponde o no a lo esperado. Hemos descubierto que estas dos fases se relacionan con dos ‘disparos’ de dopamina, la molécula del placer, en distintas zonas del cerebro. El primero sucede durante la tensión de un acorde, y el segundo en su resolución, que es cuando llega el placer.

¿Además de provocar placer, la música tiene alguna aplicación como terapia?
Sí y además hay mucho interés en este tema. Por ejemplo en pacientes con afasia, que tienen problemas para hablar a causa de una lesión cerebral. Se ha demostrado que cantando les salen las palabras que no les salen hablando. También se aplica a enfermos de Parkinson, a quienes les cuesta mucho empezar y continuar una acción, como por ejemplo caminar. Una estrategia muy fácil para ayudarlos es ponerles música con mucho ritmo y esto les facilita enormemente el movimiento.
“El cerebro trabaja con la música igual que con el lenguaje y existe una sintaxis musical particular para cada cultura”

¿Y a qué es debida esta mejora?
El sistema motor y el auditivo tienen una conexión muy particular, por eso el baile va de la mano de la música en todas las culturas. También los soldados marchan con más facilidad siguiendo un ritmo. Esta conexión no existe entre el sistema motor y la visión. Si miras el péndulo de un reloj no te pones a moverte de lado a lado sin querer, pero cuando escuchas música tu cuerpo reacciona de manera inevitable.

¿La conexión entre el sistema motor y el auditivo es la responsable de que podamos tocar instrumentos?
Los dos sistemas han de estar finamente sintonizados para poder hacerlo. Lo maravilloso es que para llegar a este nivel se producen cambios tanto en la función como en la anatomía del cerebro: se crean nuevas conexiones neuronales. Esta habilidad del sistema nervioso de cambiar su estructura según las necesidades la llamamos plasticidad cerebral. Ya lo predijo Ramón y Cajal en 1908 sin ninguna prueba, pero ahora lo podemos medir y observar sin cortarle la cabeza a nadie. Sabemos que un músico tiene ciertas regiones del cerebro más desarrolladas de lo normal.

¿Es cierto que los ciegos oyen mejor?
Algunos sí que tienen las funciones musicales y de percepción del sonido en el espacio más desarrolladas. Es un ejemplo increíble de plasticidad porque en estos individuos hay una reorganización cerebral masiva y la región dedicada a la vista se dedica a procesar el sonido. Esta región visual que no recibe ningún estímulo, en vez de atrofiarse o morir, se reaprovecha para nuevas funciones.

¿Esto puede tener repercusión terapéutica?
Ahora estamos estudiando cómo, dónde y por qué ocurre esto. Si podemos comprenderlo en los ciegos, tal vez lo podamos aplicar a pacientes con otros trastornos neurológicos. Quizás en 10 ó 20 años podamos reentrenar regiones averiadas y hacer que retomen su función.

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SINC

Perú: ¡Ahora ya puedes ganar dinero con los videos que subes a YouTube!

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Así es! Chile y Perú se unen a otros países de habla hispana como Argentina, Colombia, España y México para ofrecernos la posibilidad de monetizar nuestros videos en YouTube (siempre y cuando, por supuesto, todo el contenido de audio / video sea de nuestra pertenencia).

Según Youtube, son ya 30 mil los partners o socios, distribuídos en más de 27 países, que tienen la posibilidad de generar ingresos a través de este servicio.

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El servicio es bastante sencillo de implementar. Pueden seguir este link para hacerlo, donde encontrarán un botón azul que dice “Cómo Empezar”. Esto nos dirá si podemos o no activarlo.

Una vez hecho esto, es cuestión de elegir los videos que cumplan con las reglas y requisitos de YouTube (básicamente, que todo el contenido nos pertenezca, pero pueden leer más al respecto aquí) y empezar a monetizarlos. Los pagos se realizan a través de adsense, así que tendrán que solicitar una cuenta en dicho servicio de Google para recibirlos.

En resumen, es una excelente oportunidad para los creadores de video / vloggers y demás, ya que abre una gran oportunidad de poder convertir este hobby o pasión, en algo rentable.

Fuente:

El problema del "billón" (sí, del número billón)

Este artículo no trata de la existencia de algún problema extraño que en caso de resolverse, algún empresario generoso recompensaría con semejante suma de dinero. Trata de un problema que molesta a quienes sabemos algo de ciencia y solemos encontrarnos con aberrantes noticias en los medios de comunicación en las que las cifras numéricas casi siempre están mal traducidas. Especialmente el billón.

Y pongo la ciencia como ejemplo, porque es uno de los ámbitos en los que se utilizan y traducen cifras de gran magnitud: el Universo tiene 13,7 billones de años y en la Tierra hay 7 billones de personas. Y otro campo es la economía, como en las noticias recientes que comentaban que Facebook perdió unos 4,6 billones de dólares
en las primeras semanas de cotización en la bolsa.

Tal vez algunos hayan notado que las tres cifras que mencioné son erróneas. ¿Por qué? Porque son traducciones literales del idioma inglés:
13.7 billions years, 7 billion people, y 4.6 billion dollars. El problema es que billion y billón no significan exactamente lo mismo. O mejor dicho, si bien la palabra traducida sería la misma, en los países de habla hispana tiene un significado y en los de habla inglesa, otro.

En los países de habla hispana usamos un sistema numérico llamado
Escala de Cuenta Larga, que significa que a partir de la cifra del millón, cada nuevo término corresponde a un número un millón de veces más grande. Así, un billón es "un millón de millones", un trillón es "un millón de billones", y así sucesivamente.

En muchos países de habla inglesa suelen utilizar la
Escala de Cuenta Corta: a partir del millón, cada nuevo nombre corresponde al número que es mil veces más grande que el anterior. One billion sería "mil millones", one trillion "un millón de millones".

La cifra más comunmente mal traducida es billion: lo correcto es mil millones y no billón (como suele verse). El Universo tiene 13 700 millones de años, hay 7 000 millones de terráqueos y Facebook perdió 4 600 millones de dólares en su primer mes en la bolsa. Para ver más gráficamente qué tanto se equivoca un periodista que traduce mal billion, vamos a ponerlo en imágenes:

Esto es mil millones de dólares (
one billion) en billetes de 100. En el suelo hay un fajo de 10 000 dólares y un paquete con un millón, para tener una referencia. Cada "cubo" son 100 millones.

Esto de abajo es realmente un billón de dólares. En inglés sería one trillion. Nótese que cada uno de los cubos de 100 millones tiene otro arriba.

Si bien para muchos da lo mismo, no creo que a gente como Mark Zuckerberg le de lo mismo perder un billón en lugar de one billion. Y no es sólo una cuestión de dinero, sino más bien de cultura general. Argentina tiene 41 millones de habitantes, España 47, México 112 y China 1340.
Si queremos tener una buena percepción de nuestro mundo, no nos puede dar lo mismo pensar que en la Tierra somos 7000 millones o 7 billones.

Algunos problemas con los que puede llegar a encontrarse un traductor, es que antes durante gran parte del siglo XIX y XX, Reino Unido utilizaba la escala larga (billion significando lo mismo que billón), mientras que en Estados Unidos se usaba la corta. En Reino Unido se estandarizó la cuenta corta en 1974, aunque todavía pueden encontrarse los dos usos.


Brasil es el único país latino que usa la cuenta corta: su
bilhão significa mil millón. Y para compensar la no existencia de una palabra para traducir billion, la RAE no tuvo mejor idea que inventar el millardo en los años 90. Hoy en día sólo se utiliza de forma frecuente en Venezuela.

En los casos donde un error de este tipo pueda tener consecuencias graves (como en artículos científicos, y para dramatizar la situación, artículos que hablen de cantidades de veneno por ejemplo), se utiliza la
notación científica: la cifra 1 000 000 000 se escribe 10 9 y 1 000 000 000 000 como 10 12 y así nos evitamos el problema del billón.


Más información:

Escala corta y larga en Wikipedia (más completo en inglés)
Nombres de los números en Español

Billón
- Millardo

Fuente:

Se publica el primer mapa de los microbios que habitan el cuerpo sano

Esta semana, las revistas científicas Nature y PLoS publican un total de 16 artículos en los que se anuncian nuevos resultados del Proyecto Microbioma Humano: el mapa de la diversidad microbiana de 18 partes del organismo sano. El estudio de los microorganismos que habitan en nuestro interior está cambiando el concepto médico y biológico del cuerpo humano y de la enfermedad.

Escherichia coli

Escherichia coli, bacteria que se encuentra en el intestino de muchos animales.


“Nuestra vida y nuestra individualidad se la debemos a los microbios que viven en nosotros y este descubrimiento cambiará radicalmente la práctica de la medicina”, expone David A. Relman, de la Universidad de Standford, en un editorial de la revista Nature. Esta semana, dos de las principales publicaciones científicas, Nature y PLoS, dedican buena parte de sus páginas a los microorganismos que nos habitan. La razón es que se han obtenido nuevos resultados del Proyecto Microbioma Humano.

Cada lugar del cuerpo humano tiene su propia ‘firma’ de microorganismos y la diversidad taxonómica y genética es mayor en dientes y heces

Por primera vez, después de cinco años de investigación, el consorcio científico ha mapeado comunidades completas de microbios que habitan varias partes del organismo sano. Según los cálculos de los investigadores, han identificado entre el 81% y el 99% de todos los géneros de microorganismos en adultos sanos.

Las primeros indicios de la microbiota que vivía en el cuerpo humano se publicaron hace unos 300 años, poco después de la invención del microscopio. Hoy en día, gracias a la mejora de las técnicas de secuenciación de ADN el objetivo es descifrar el ‘segundo genoma humano’ el del microbioma. El proyecto Genoma Humano secuenció en el año 2000 la información genética contenida en el 10% de las células que forman nuestro cuerpo. El 90% restante no son células propias sino millones de microorganismos que reciben el nombre de microbioma. 

A finales de 2007 el Instituto de Nacional de Salud de los Estados Unidos (NIH) se embarcó en el Proyecto Microbioma Humano (HMP) y en 2008 la Comisión Europea y China crearon su homólogo, MetaHIT (Metagenomics of the human intestinal tract).

Con los primeros resultados de la iniciativa HMP, se publican dos artículos en Nature y en varias revistas de PLoS, 14 trabajos. Los datos obtenidos son de libre acceso para los investigadores de todo el mundo y para Relman representan “una lección de humildad”.

Cada lugar del cuerpo tiene su propia ‘firma’ de microorganismos

La materia prima de los investigadores ha sido el material genético de 11.174 muestras de microorganismos obtenidos de 242 individuos sanos estadounidenses de 18 a 40 años (129 hombres y 113 mujeres) de varias partes de su cuerpo –15 en hombres y 18 en las mujeres–, durante 22 meses. 

Los dos estudios publicados en Nature han sido liderados por Curtis Huttenhower, del Instituto de Salud Pública de Boston y del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y Bárbara A. Methé, del Instituto Craig Venter (EE UU). Estos trabajos han identificado la mayoría de microbios y genes presentes en los 242 individuos.

Huttenhower y sus colegas han descubierto que cada lugar del cuerpo humano tiene su propia ‘firma’ de microorganismos y que la diversidad taxonómica y genética es mayor en las muestras de dientes y heces, intermedia en piel y en la superficie interna de la mejilla, y baja en las muestras vaginales.

El equipo de Methé ha comprobado que el proyecto HMP y MetaHIT han identificado muchas especies distintas de microorganismos. Este resultado pone en duda si la muestra de personas incluida en ambas iniciativas es suficientemente representativa. En ambos estudios se han incluido individuos sanos de países económicamente desarrollados.

“Hemos de reconsiderar el concepto de ‘sano’ –opina Relman–. En estos estudios se ha excluido toda enfermedad intestinal, pero en países en vías de desarrollo esta patología es prácticamente ‘normal”. 

Además, la prevalencia de sobrepeso y obesidad aumenta progresivamente en los países enriquecidos.

“¿Qué factores hacen que el microbioma cambie entre personas o a lo largo del tiempo?. ¿Cómo responden los microorganismos a las alteraciones del cuerpo humano?. ¿Podemos predecir y restaurar las poblaciones de microbios?”, estas son solo algunas de las preguntas que lanza Relman a la luz de los nuevos datos. “Estos estudios son solo el principio”, concluye el experto.

Referencias bibliográficas

The Human Microbiome Project Consortium. “Structure, function and diversity of the healthy human microbiome” Nature 486: 208-214. Junio de 2012. DOI: 10.1038/nature11234
The Human Microbiome Project Consortium. “A framework for human microbiome Research” Nature 486: 216-221. Junio de 2012. DOI: 10.1038/nature11209
Relman D.A. “Learning about who we are”. Nature 486: 194-195. Junio de 2012

Fuente:

SINC
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