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7 de mayo de 2012

Ciudades más verdes gracias a los jardines verticales

  • ¿Por qué no cambiar el hormigón y los ladrillos por jardines verticales? ¿Qué hace falta para hermanar las ciudades con la naturaleza?
  • El inventor y gran experto en 'muros verdes' nos lo explica.
Alcen la vista: probablemente, estén rodeados por montañas de ladrillos y ejércitos de hormigón y cemento. Por eso llama tanto la atención andar por el madrileño paseo del Prado y toparse con el inmenso muro vegetal que flanquea el Caixa Forum de Madrid, la cascada verde del edificio Planeta de Barcelona o los vergeles urbanos que ponen color y vida a monótonas y grises ciudades.

¿Por qué? ¿Por qué no aprovechar tanto muro con jardines verticales? Sus ventajas están demostradas: bajan la temperatura, generan oxígeno, filtran toneladas de gases nocivos, reducen la contaminación sonora... Y son espacios vivos, cambiantes y bellos, que nos acercan a una naturaleza añorada y lejana.

"En España nos hemos empeñado en hacer las cosas mal -explica Ignacio Solano, creador de Paisajismo Urbano, una exitosa empresa que está proyectando jardines verticales por medio mundo-. Queremos trabajar lo mínimo y ganar lo máximo, y eso se ha trasladado a la arquitectura. Es absurdo forrar un edificio de mármol, con el coste ecológico y económico que eso tiene, cuando podríamos cubrirlo con jardines".

Sería, además de más barato y bonito, más sencillo. Los  jardines verticales, que nacieron hace más de 2.500 años en Babilonia, han sido perfeccionados durante las últimas décadas gracias al cultivo hidropónico. El proceso no es difícil: se adosa una estructura muy ligera a la pared, se rellena con un material inorgánico que sustente las raíces, se plantan los distintos tipos de especies y, a través de un riego automático, se alimentan con agua y nutrientes, que además son reutilizados al ser un sistema cerrado.

El proceso, entonces, no es difícil. Sí lo es hacerlo bien: apostar por las plantas correctas según la luz y la temperatura que tendrán que soportar. Estudiar la simbiosis entre raíces, hongos o bacterias. "No es solo una cuestión estética -explica Solano-, sino combinar muchas cosas. Leer qué sucede, qué puede suceder. Un trabajo multidisciplinar en el que se combinan la botánica, la biología y la arquitectura".

¿El coste? Inferior al que están sospechando. Lo más caro es el equipo técnico, la sala de máquinas que hace que todo funcione y que es el mismo para un jardín de 14 metros cuadrados que para uno de 140: unos cuantos miles de euros. Luego están los materiales, las plantas... Los costes se reducen cuanto mayor sea el jardín. Uno de 50 m2 puede salir por unos 22.000 euros; uno de 100  m2, por 35.000. Depende de dónde se haga. De quién lo haga. Como todo.

Lo curioso: el del CaixaForum (460 m2, 15.000 plantas, 250 especies) costó unos 250.000 euros. Menos de lo que cuesta cualquiera de las miles de rotondas que salpican nuestro país. Nadie va a visitar ni se detiene a contemplar una rotonda, pero sí un jardín vertical, que además de revalorizar una ciudad hace lo mismo con un edificio, un restaurante, una oficina. O cualquier otra cosa sin precio, porque hacer más verde el entorno también revaloriza la vida.

No hace falta disponer de decenas de metros cuadrados libres en casa para gozar de un jardín vertical: en los últimos tiempos, distintas empresas ofrecen incluso pequeños tiestos para colgar de esta forma. Flowerbox, que se autodenomina "inventor del cuadro vegetal", ofrece plantas de varios tamaños (de 15 centímetros a 2 metros de altura) a partir de 15 euros.
 
Patrick Blanc: Pionero y gran experto en jardines verticales 
¿Cómo afronta cada proyecto?
Todos son distintos: ayer estaba en Japón, querían un jardín en una estación de tren. Hoy, en París, me han consultado para hacer otro sobre unas piedras volcánicas. Hace años, casi todos mis clientes eran arquitectos que querían mejorar el diseño de sus obras. Ahora se buscan ideas más globales, de más tamaño. 


¿Hay más demanda que antes?
Sí, incluso con la crisis. Tengo proyectos en Australia, Miami, Bali... Más de 15. Y no solo yo: hay mucha gente que me copia en el mundo. Para cosas simples prefieren llamarlos a ellos, pero para proyectos más conceptuales siguen llamándome a mí. 


¿No es muy caro? 
¡No! El precio depende, mucho, del lugar donde se trabaje. Por dibujar el proyecto y los materiales inorgánicos no suelo cobrar más de mil euros el metro cuadrado. Por las plantas y la irrigación, entre mil y dos mil euros. En total: unos tres o cuatro mil euros, pero en Australia puede costar hasta ocho mil el metro. 

¿Cómo se le ocurrió esto?
Probé con jardines normales, luego experimenté con filtros biológicos, combiné nutrientes con plantas en un acuario y empecé a hacer jardines verticales en mi casa... Varios amigos me pidieron que también los hiciera en las suyas, y en 1986 mostré mi primer trabajo en público en París, en un museo tecnológico.


Y sorprendió a todo el mundo.
¡No le interesó a nadie! Y es una pena, porque era muy bueno. Pero en 1994 hice una exposición y le encantó a la gente: era lo mismo, pero fue recibido con más entusiasmo. Aunque me daba un poco igual: no veía esto como un negocio, y tuve ese tiempo para estudiar e investigar.  


¿Por qué gustan sus jardines?
Porque, al encontrarte con uno de ellos, sientes que estás ante un ecosistema natural. En un jardín normal está demasiado presente la huella humana: en cambio, aquí la sensación es distinta, te evoca algo más salvaje.


¿Cómo serán las ciudades?
Más y más verdes. Aunque no sea fácil, los arquitectos piensan cada vez más en la ecología, porque no hay otra elección: más de la mitad de la población mundial, y somos 7.000 millones, vive ya en las ciudades. La gente valora cada vez más, gracias a Internet o la tele, la diversidad natural y es más sensible a la creencia de que tenemos que regresar de alguna manera a la naturaleza. Estoy convencido de que los jardines verticales no son una simple moda, sino que serán habituales en la ciudad del futuro.


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20 Minutos


Las temperaturas en Europa aumentarán hasta 2,5 ºC de 2021 a 2050

El sur y sureste de Europa, así como Escandinavia, sufrirán el mayor calentamiento. 

Expertos de la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA, pos sus siglas en inglés) han creado una serie de mapas en los que pronostican los cambios de las temperaturas y las precipitaciones que sufrirá el continente europeo durante el siglo XXI. Según los mapas, todas las áreas europeas se calentarán entre 0,4 y 2,5 ºC a mediados de siglo. 


Cambio anual de temperatura 2021-2050. Fuente:EEA.
 
Cambio anual de temperatura 2021-2050. Fuente:EEA
 
Según el conjunto de las predicciones climáticas regionales del proyecto europeo ENSEMBLES, Europa será de media 1,5 ºC más cálida en el periodo 2021-2050 que de 1960 a 1990, según informa la Agencia Europea de Medioambiente en un comunicado.
A mediados de siglo XXI, los expertos sugieren que todas las áreas del continente se calentarán un mínimo de 0,4 ºC y un máximo de 2,5 ºC. Pero el sur y sureste de Europa así como Escandinavia sufrirán el mayor calentamiento.

Los mapas, creados en Eye on Earth –un servicio público de información global que permite a los usuarios integrar todo tipo de datos–, predicen además que en el periodo de 2071 a 2100 las temperaturas serán 3 ºC más cálidas que de 1960 a 1990.


A finales de siglo, en el noreste de Escandinavia las temperaturas podrían ascender hasta los 6 ºC, y en la cuenca mediterránea los cambios serán mayores que en otras zonas.


Los expertos también señalan que las diferencias entre verano e invierno serán mayores. El mayor ascenso de temperaturas en verano se producirá en el área mediterránea. Los mapas muestran que de 2021 a 2050 las temperaturas podrían ascender en verano a 2,5 ºC respecto a las temperaturas de 1960 a 1990 en estas zonas.


Para los investigadores, temperaturas más altas suponen un aumento de las olas de calor y la sequía, que provocan impactos en el abastecimiento de agua, la producción agrícola y la salud humana.


Cambio anual de lluvias 2021-2050. Fuente:EEA.
 
Cambio anual de lluvias 2021-2050. Fuente:EEA.
 
Aumentan las lluvias en invierno

En cuanto a las precipitaciones, en las regiones del norte, los modelos pronostican un aumento de lluvias, mientras que en sur y en las regiones mediterráneas disminuirán hasta un 15%.


Para el periodo 2021-2050, las precipitaciones aumentarán en invierno en toda Europa. Sin embargo, las lluvias en verano disminuirán. Según los expertos, ambas tendencias serán más pronunciadas de 2071 a 2100.


Todos los datos recogidos proceden de 25 modelos climáticos regionales en el marco del proyecto ENSEMBLES. Los cambios climáticos se producirían en un escenario que asume un rápido crecimiento económico, y una población mundial que llega a los 9.000 millones de personas en 2050, que a partir de ese momento disminuye de forma gradual. 
 
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Pensar analíticamente fomenta la incredulidad religiosa hasta en los creyentes

Vidriera de la catedral de Colonia en la que se ve a Moisés en el monte Sinaí. Foto: Jan van der Crabben. 

Pensar analíticamente fomenta la incredulidad religiosa hasta en los creyentes, según una investigación de dos psicólogos de la Universidad de la Columbia Británica (UBC) cuyos resultados publica hoy la revista Science. “Nuestro estudio se basa en investigaciones previas que vinculan las creencias religiosas con el pensamiento intuitivo. Nuestros hallazgos sugieren que la activación del sistema cognitivo analítico en el cerebro puede socavar el soporte intuitivo para la creencia religiosa, al menos temporalmente”, ha indicado Ara Norenzayan, uno de los autores del artículo.

Will Gervais y Norenzayan parten de la “vieja idea de la psicología” de que podemos procesar la información de dos maneras: una intuitiva, rápida y para la que tomamos atajos mentales; y otra basada en el pensamiento analítico, que exige un mayor esfuerzo intelectual, pararse a pensar. Ambos sistemas funcionan, a veces, en paralelo; y, en ocasiones, el pensamiento analítico se impone al intuitivo, que está demostrado que “facilita y apoya la creencia en lo sobrenatural, el aspecto central de las creencias religiosas”. “Si la creencia religiosa emerge gracias a la convergencia de una serie de procesos intuitivos, y el procesamiento analítico puede inhibir o anular el intuitivo, entonces el pensamiento analítico puede socavar el soporte intuitivo de la creencia religiosa“, apuntaban inicialmente los autores como hipótesis. Para ponerla a prueba, hicieron cinco experimentos.

En el primero, un grupo de universitarios tuvo que resolver tres problemas simples en los que la intuición lleva a una solución rápida y errónea, y responder después a tres series de preguntas sobre sus creencias religiosas. Los problemas eran del estilo de: “Un bate y una pelota cuestan 1,10 dólares. El bate cuesta 1 dolar más que la pelota. ¿Cuánto cuesta la pelota?”. Los investigadores comprobaron que los individuos que aplicaban el pensamiento analítico -que daban con la solución correcta- tendían a mostrarse menos religiosos en el cuestionario subsiguiente. ¿Pero se trataba de una correlación o había una relación causa-efecto entre pensamiento analítico e incredulidad?

Para responder a esa pregunta, diseñaron otras pruebas en las que recurrieron a estratagemas para inducir a parte de los sujetos a pensar analíticamente. Así, descubrieron que, independientemente de sus creencias iniciales, los individuos pensaban más analíticamente si veían una figura que parecía estar haciéndolo -como El Pensador, de Rodin- que si tenían delante otra que no -como El Discóbolo, de Mirón-; si, en un juego de completar frases, las palabras entre las que podían elegir eran pensar, analizar, racional…; y hasta si se les preguntaba por sus creencias usando en el cuestionario un tipo de letra de más difícil lectura que lo normal. En todas estas pruebas, el grupo inducido a pensar analíticamente mostraba una mayor incredulidad religiosa que el de control.

En el estudio participaron 650 adultos estadounidenses y canadienses. Gervais reconoce que, aunque los resultados son “robustos”, queda por explorar si el aumento de la incredulidad religiosa tras practicar el pensamiento analítico es temporal o se mantiene a largo plazo, y hacer pruebas similares en otras culturas.

Tomado de:

El Correo Magonia

Las ventosidades de los dinosaurios influyeron en el clima del Mesozoico

[foto de la noticia]
  • Como los rumiantes actuales, los saurópodos emitían gran cantidad de metano
  • Se trata de un gas que contribuye al calentamiento de la Tierra
  • Los saurópodos expulsaban unas 520 millones de toneladas de metano al año
  • Los rumiantes actuales producen entre 50 y 100 millones de toneladas
Las vacas están en el punto de mira en la lucha contra el cambio climático. A través de sus ventosidades, los rumiantes expulsan una gran cantidad de metano, un gas que contribuye notablemente al calentamiento global. Este problema ambiental debía darse ya durante la era de los dinosaurios, según revela un estudio publicado esta semana en 'Current Biology'.

Los dinosaurios saurópodos que vivieron durante el Mesozoico probablemente emitieron considerables cantidades de metano que contribuyeron al calentamiento del clima, según afirman los investigadores británicos que firman este estudio.

Como ocurre en muchas especies de herbívoros, los microbios que producen metano les ayudaban a hacer la digestión mediante la fermentación de la comida que ingerían. Estas bacterias están presentes en el aparato digestivo de los rumiantes (rumen). La fermentación se produce de forma natural en el estómago de los animales y es la causa de las emisiones de metano.

Este estudio surgió a raíz de una investigación sobre la ecología de los saurópodos. Los científicos se preguntaron: Si las vacas actuales producen suficiente gas metano como para acaparar la atención de los científicos, ¿qué ocurría con los saurópodos? Para calcular la cantidad de gas que podrían haber producido contactaron con Euan Nisbert, experto en metano de la Universidad de Londres.

El Mesozoico es el periodo comprendido entre hace 250 millones y 65 millones de años. Los saurópodos se expandieron por la Tierra hace unos 150 millones de años, y se caracterizaban por tener un enorme tamaño, una cabeza pequeña y un largo cuello. Un ejemplar de tamaño medio pesaba alrededor de 20.000 kilogramos.

Cálculo de las emisiones

Los fósiles hallados muestran que estos dinosaurios eran muy diversos y debieron expandieron por amplias zonas, convirtiéndose en una especie clave en muchos ecosistemas tanto durante el Cretácico como durante el Jurásico. Teniendo en cuenta que la densidad de estos animales oscilaba entre unos pocos ejemplares a varias decenas de dinosaurios por kilómetro cuadrado, los científicos han establecido que los saurópodos eran responsables de la emisión de nada menos que 520 millones de toneladas de metano cada año. La cifra, aseguran en este artículo, es comparable a las emisiones totales de metano que se generan en la actualidad.

Antes del desarrollo industrial (hace unos 150 años) las emisiones de metano apenas alcanzaban las 200 millones de toneladas por año, recuerdan los autores. En la actualidad, los rumiantes modernos, entre los que se encuentran, entre otros, las vacas, las cabras, las ovejas y las jirafas, generan entre 50 y 100 millones de toneladas cada año.

Dave Wilkinson, investigador de la Universidad John Moores de Liverpool y autor principal del artículo señala que un simple modelo matemático sugiere que los microbios que vivían en los dinosaurios saurópodos podrían haber producido suficiente metano como para causar un efecto importante en el clima del Mesozoico. De hecho, nuestros cálculos sugieren que estos grandes dinosaurios podrían haber generado más metano que todas las fuentes que en la actualidad generan metano juntas, tanto naturales como debido a la actividad humana", afirma.

Los científicos creen que el clima en el Mesozoico era cálido, húmedo y sin capas de hielo en los polos permanentes. Los cálculos realizados en este estudio, señalan los autores, sugieren que los saurópodos pudieron haber influido de manera significativa en el calentamiento del clima a través de sus emisiones de metano.

Según Naciones Unidas, el sector ganadero es responsable en la actualidad del 18% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Esta cifra engloba tanto las emisiones causadas por la producción de piensos como las generadas por el metano que expulsan los rumiantes

Fuente:

El Mundo

La guerra sexual de los bichos de estanque

Insectos de agua

Las antenas funcionan como un arnés que inmvoliza a la hembra.

En la aparente tranquilidad de un estanque se libra una batalla sexual. Los insectos de agua machos, que viven sobre la superficie, intentan aparearse con las hembras mientras éstas los repelen con sus antenas.

Hasta ahora se sabía que las hembras resisten con vehemencia el avance de los machos que consideran de peor nivel.

Pero con el uso de video de alta velocidad investigadores de las universidades de Toronto y McGill de Montreal pudieron analizar cómo los insectos responden a la defensa.

Después de analizar las imágenes en un microscopio electrónico, los científicos encontraron que los machos utilizan unas antenas con forma de gancho para aferrarse a las hembras y aparearse con éxito.

"Los machos evolucionaron sus antenas para adaptarse perfectamente a los contornos de la cabezas de las hembras", detalla el profesor Locke Rowe en los resultados del estudio publicados en la revista Science.

Guerra de sexos

Los Rheumatobates rileyi son bichos que abundan en los estanques y arroyos de Canadá. Son conocidos además por la guerra de sexos que tienen cuando intentan aparearse. 

Insectos de agua

La "guerra de sexos" es común entre este tipo de insectos.

"Después de un apareamiento las hembras guardan el esperma, así que los demás posibles apareamientos no tienen importancia y son desgastantes para ella. Al estar enganchada con otro macho le resulta más difícil alimentarse y aumenta su vulnerabilidad", explicó Rowe.

"De ahí que cuando machos y hembras se encuentran generalmente hay una lucha", agregó.

No obstante, los científicos encontraron en los machos algo que no esperaban: un par de antenas con forma de garfio.

En los videos e imágenes los investigadores pudieron ver cómo los machos bloquean las antenas de las hembras y luego doblegan sus cabezas, lo que les permite acoplarse y depositar el semen.

El ajuste de las antenas del macho funciona como un arnés inmovilizador sobre la cabeza de la hembra.

"No es una simple modificación, es un dispositivo sensorial que evolucionó como una herramienta de agarre espectacular, grande, musculosa y dotada de ganchos adaptados para agarrarse a la hembra", detalló el experto.

"Es un largo camino desde un insecto con una simple antena que explora lo que hay a su alrededor", agregó Rowe.

La novedad en el proceso evolutivo

Como parte del experimento los investigadores también identificaron que en la evolución de las antenas garfio sólo influye un gen.

Mediante la manipulación de este gen en las larvas de los insectos de agua, el equipo científico creó especies en diferentes etapas de desarrollo para estudiar su éxito reproductivo.

"Nos sorprendió ver que cada pequeño paso en la evolución de las antenas, aumentaba el éxito de apareamiento de los machos", dijo el profesor Rowe.

"El estudio nos da una nueva visión de la evolución que es la novedad. Y la novedad es uno de los resultados más espectaculares del proceso evolutivo", subrayó el experto.

Fuente:

BBC Ciencia

6 de mayo de 2012

El creador de Twitter: "¿Twitter es rentable? No tengo por qué responder"

El amo de los 140 caracteres está a punto de ver cómo su red social se convierte en un imperio, comparable a Facebook y Google.


Jack Dorsey no es un 'geek' (un friqui de la tecnología) cualquiera. Cuando se presenta ante el entrevistador, luce un 'look' a la última. Mocasines, calcetines multicolor, jersey negro de cuello abierto y camisa de Dior con el cuello invertido de color azul pálido. A años luz del uniforne 'vaquero-zapatillas-camiseta negra de manga larga' que es la norma en Silicon Valley.

Habla poco, con una voz suave y pausada. Pero su ritmo es rápido. Jack Dorsey habla de la misma manera que tuitea: utilizando 140 caracteres, puntuados por 'yup' (sí) y 'no'. Tiene un aire juvenil y soñador que contrasta con su personaje de visionario inspirado que ejerce sus responsabilidades como empresario con mano de hierro.

A los 20 años se interesó por la botánica, los masajes, la moda... antes de volver a sus ordenadores. En 2006 trabajaba en una compañía informática al borde de ser devorada por Apple. Su jefe, Evan Williams, estaba enloquecido. Un día se dirige a su colaborador de aspecto grunge, con aro en la nariz y pendientes: «Jack, por favor, ¡encuentra una idea para que salgamos de esta!». Respuesta de Jack: un servicio que permite contar a quien queramos, en pocas líneas, dónde estamos y qué hacemos. Acababa de nacer Twitter.

La start-up está hoy a punto de convertirse en un imperio, comparable a Facebook y Google. En pocos meses abandonará sus anónimas oficinas de Folsom Street, en San Francisco, donde el jefe ocupa un cubículo sin ventana en una sala diáfana de la sexta planta... Twitter se muda a un edificio art déco, en plena reforma, en Market Street. El lugar es 10 veces más grande, para poder alojar a todos sus empleados -700 en la actualidad-, que deberían duplicarse este año.

Nos recibe un jueves, «el día de la semana que dedico a las relaciones externas. Aprovecho para salir del despacho». Su vida cotidiana está extremadamente organizada: cada día lo dedica a un tema. Nació hace 35 años en Saint Louis, Misuri, y siempre ha convertido su vida en un prototipo, siempre ha sometido su universo a una cuadrícula. «Simplifico la complejidad», afirma.

¿Cómo se le ocurrió la idea de Twitter?
Jack Dorsey. Mi padre era ingeniero. En 1984, cuando yo tenía ocho años, trajo a casa un ordenador, un Macintosh que acababa de salir al mercado, y después un PC Junior de IBM. Me fascinaban las ciudades, su movimiento, la animación que albergan. Coleccionaba planes de urbanismo en mi habitación infantil. Y cuando los miraba, me preguntaba: «¿Qué estará pasando en esa glorieta, en ese parque?». Creé programas informáticos que pudieran darme la respuesta. Contribuyeron a crear Twitter años más tarde.

¿De dónde le viene esa pasión por los ordenadores?
J.D. Tuve la suerte de crecer en Saint Louis, en Misuri, donde son legión los pequeños genios de la informática. Era fácil encontrar medios para desarrollar esos programas. Siempre había alguien dispuesto a ayudarme. Mis padres me apoyaron mucho.

¿Con qué soñaba?
J.D. Me fascinaban los trenes, me pasaba el tiempo filmándolos... Y luego buscaba a dónde iban, y construía un modelo con toda esa información en mi ordenador. Siempre quise crecer muy rápido. Con ocho años, me hice mi primera tarjeta de visita: «Jack Dorsey, consultor». No sabía lo que quería decir, pero me parecía cool. Evidentemente, nadie me tomaba en serio...

Antes de fundar Twitter, tocó un montón de teclas...
J.D. Me gusta la diversidad. Primero, me apasionó la botánica, porque me encantaban las flores. Me interesé por los masajes por una cuestión de orden práctico: las muñecas me mataban, a fuerza de pasarme horas tecleando en los ordenadores. Tenía que cuidarme. Los masajes me permitieron descubrir las formas y el funcionamiento del cuerpo humano, comparable a un programa informático, pero más complejo.

También quiso dedicarse a la moda...
J.D. Siempre me fascinó la estética, un poco como a Steve Jobs, al que lamento no haber conocido nunca. La belleza me inspira. Mire a Einstein: no era el hombre mejor vestido de la Tierra, pero sus fórmulas matemáticas eran de una belleza excepcional. Todo depende de dónde se ponga el cursor.

Dicen de usted que es un asceta que vive de manera austera, en un loft minimalista cerca de su despacho. 
¿Coge vacaciones alguna vez?
J.D. No, descanso los sábados... y punto. Veo a mis amigos, bebo vino, sobre todo champán, que me encanta. Hago carreras de marcha. Con eso me basta. El resto de la semana, domingos incluidos, trabajo 16 horas al día.

¿Cómo se le ocurren las ideas?
J.D. Camino muchísimo. Por la mañana, cuando me levanto, sobre todo.

¿Por qué limitó los tweets a 140 caracteres?
J.D. Cuando creé Twitter, los teléfonos móviles menos sofisticados permitían escribir SMS de 160 signos, no más, porque había que dejar un poco de espacio para escribir el nombre de los usuarios. Por eso limité los textos a 140 caracteres.

¿Cómo son sus jornadas?
J.D. Me levanto a las cinco y media de la mañana e intento volver a casa a las 10 de la noche. Mis jornadas empiezan siempre con un SMS que le envío a mi madre. Vive en Saint Louis y, por la diferencia horaria, ella amanece antes que yo. Generalmente, cuando me levanto, ella ya ha tuiteado sobre sus actividades cotidianas, por lo que siempre estoy al tanto de lo que hace.

¿Tienen una relación muy estrecha?
J.D. Sí, y con mi familia en general. Con mi madre hablo por teléfono una vez al mes. Pero como tuitea igual que yo todos los días, cuando hablo con ella, estoy al corriente de todo. Eso me permite tener conversaciones más profundas con ella.

Twitter jugó un papel muy importante en la 'primavera árabe' sobre todo. Los manifestantes lo utilizaron para derrocar dictaduras. ¿Se siente orgulloso?
J.D. Twitter es como la electricidad: uno puede utilizarlo como quiera. Todo el mundo lo emplea: las celebrities, las personas anónimas; y por todo tipo de razones: médicas, educativas, personales... políticas también. Nunca había sucedido antes. Twitter favorece la democracia directa. Es una revolución social y cultural que acerca a los ciudadanos al poder.

Viajó usted recientemente a París...
J.D. París es mi ciudad preferida. Voy varias veces al año, desde que me lo puedo permitir. En esta ocasión, me entrevisté con los candidatos a las elecciones presidenciales. Las elecciones son siempre momentos muy importantes para Twitter. El tráfico estalla. Lo constatamos en 2008 en Estados Unidos. Fue en ese momento cuando Twitter despegó de verdad. Hoy tenemos grandes ambiciones de desarrollo fuera de Estados Unidos. Twitter se adapta perfectamente a los debates que les entusiasman a los franceses...

Se dice que Mark Zuckerberg [el fundador de Facebook] sueña con comprarle la empresa...
J.D. Conozco a Mark. Estamos en contacto. Pero Twitter no está en venta. Desarrollo el negocio, es lo único que importa.

¿Twitter es rentable?
J.D. No tenemos por qué responder a ese tipo de preguntas, no cotizamos en Bolsa. Y si estuviera obsesionado por la salida a Bolsa, sería muy triste. Ni siquiera pienso en ello. Para mí, la Bolsa es simplemente un medio para obtener fondos para desarrollarnos; nada más.

Se ha convertido en un hombre muy rico. ¿Su vida ha cambiado?
J.D. No. El dinero me importa poco. No tengo un barco lujoso. Conozco a más gente. Pero permanezco concentrado en los mismos puntos de interés.

¿Qué le hace esforzarse, en el fondo?
J.D. Todos nos hacemos las mismas preguntas: «¿Qué hago en este mundo?, ¿para qué sirve mi vida?». Mi respuesta es: crear. Mi pasión es inventar soluciones. Si el producto gusta, entonces me rodeo de gente para desarrollarlo. Como hay que pagarles un sueldo, entonces creo una empresa. Y, créame, ¡soy muy feliz así!

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