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25 de abril de 2012

Nace el braille digital para tabletas y 'smartphones'

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La exclusión de ciegos, sordos o cualquier otro tipo de discapacitados del uso de las nuevas tabletas y 'smartphones' amenaza con convertirse en un tipo de marginación que en breve plazo puede ocasionar aislamiento, además de graves consecuencias comunicativas, laborales y sociales.

La Universidad del Arte de Berlín se ha adelantado a este peligro y ha desarrollado un guante que permite a personas con dificultades sensoriales acceder al correo electrónico, leer y escribir mensajes y disfrutar del contenido de los libros electrónicos. Lo que una vez fue el braille, ahora es el Mobile Lorm Glove.
Así funciona: el guante está dotado de sensores de presión ubicados en la palma del aparato. De acuerdo con el laboratorio de investigación y diseño de esta universidad berlinesa, a través de bluetooth se transmiten los datos del guante al dispositivo portátil del usuario, de forma que si el usuario recibe un mensaje, los motores de vibración ubicados en la parte posterior del guante emitirán una señal, la cual, gracias a patrones de realimentación táctil, permitirá al portador leerlos.

El sistema toma como base el alfabeto Lorm, un lenguaje utilizado en algunos países de Europa y en Estados Unidos, en el cual los interlocutores se tocan las palmas para presionar puntos concretos que van definiendo las distintas letras del alfabeto.

El nuevo 'gadget', que hace posible a las personas sordas y ciegas 'sentir' el universo virtual y acceder a los libros electrónicos, incluye una aplicación en la que el sistema Lorm funciona como un traductor simultáneo.

Todavía no ha sido comercializado y aún es susceptible de mejoras: la universidad se ha propuesto como el siguiente paso de la investigación preparar la aplicación de entrada de voz directa y de salida.

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Fuente: El Mundo Ciencia

Sacar oro de los asteroides es el nuevo negocio



Ilustración sobre minería en asteroides

Este martes, se revelaron los detalles de un multimillonario proyecto ideado por magnates para explotar comercialmente los recursos minerales de los asteroides.

El plan utilizaría naves espaciales robóticas para obtener componentes químicos de los combustibles y minerales como platino y oro de las rocas. 

Entre los fundadores se encuentra el director de cine y explorador, James Cameron, y los directivos de Google, Larry Page y Erick Schmidt.

Su objetivo incluye, además, crear un depósito de combustible en el espacio para 2020.

Sin embargo, varios científicos respondieron con escepticismo a la idea, tildándola de audaz, difícil y extremadamente cara.

Aseguran que no ven la forma en que podría ser rentable, incluso con el valor del platino y oro alrededor de US$1.600 la onza. Una misión de la Nasa que estaría por traer sólo 60 gramos (dos onzas) del material desde un asteroide a la Tierra costará alrededor de US$1.000 millones.

Primer paso

El paso inaugural, que debería alcanzarse entre los próximos 18 a 24 meses, lanzaría el primero de una serie de telescopios privados que buscaría asteroides ricos en recursos minerales. La intención sería abrir la exploración del espacio profundo a la industria privada.

En los próximos cinco a diez años, la compañía espera progresar en la venta de plataformas de observación puestas en órbita alrededor de la Tierra para servicios de prospección. La empresa planea aprovechar algunos de los miles de asteroides que pasan relativamente cerca de la Tierra para la exploración de materias primas.

La compañía, conocida como Planetary Resources, también está respaldada por el operador pionero en turismo espacial, Eric Anderson, el fundador de X-Prize, Peter Diamandis, el hijo del excandidato presidencial de EE.UU., Ross Perot Jr. y el astronauta veterano Tom Jones.

"Tenemos una visión a largo plazo. No esperamos que esta empresa sea un exitazo financiero de la noche a la mañana. Esto va a tomar tiempo", dijo Eric Anderson a la agencia de noticias Reuters.

Los multimillonarios esperan que los rendimientos financieros reales, que están aún a décadas de distancia, vendrán de la minería en los asteroides en busca de metales del grupo del platino y los minerales raros.

"Si uno mira hacia atrás históricamente, lo que ha impulsado a la humanidad a realizar las inversiones más grandes en exploración y transporte es ir detrás de los recursos. Ya sea los europeos detrás de las rutas de las especies o los colonos estadounidenses hacia Occidente en busqueda de oro, el petróleo , la madera o la tierra", explicó Diamandis.

Escepticismo

James Cameron, explorador y director de cine

Entre los fundadores del proyecto está el director de cine y explorador, James Cameron.

Además, el agua de los asteroides podría ser convertida -en el espacio- en oxígeno líquido e hidrógeno líquido para usarse como combustible para cohetes. Es muy caro llevar el agua desde la Tierra, por lo que el plan es tomarla de los asteroides y ponerla en un lugar en el que podría ser convertida en combustible.
Entonces, podría ser enviada a la órbita terrestre para reabastecer de combustible a los satélites comerciales o a las naves espaciales.

El profesor Jay Melosh, de la Universidad de Purdue, dijo que los costos eran demasiado elevados, llamando a la exploración del espacio como "el deporte de los países ricos y que aquellos que desean demostrar su poderío tecnológico pueden darse el lujo de disfrutar".

Eric Anderson, quien cofundó la firma de turismo espacial, Space Adventures, dijo que estaba acostumbrado a los escépticos.

"Antes de empezar a enviar al espacio a ciudadanos comunes, la gente pensaba que eran castillos en el aire", dijo.

"Estamos en esto desde hace décadas. Pero no es una obra de caridad. Y vamos a ganar dinero desde el principio", concluyó Anderson.

Por su parte, el científico espacial David Whitehouse dijo a la BBC: "Creo que este grupo está explorando estas tecnologías porque sabe que hay un premio allí afuera, en el Sistema Solar, y que bien vale la pena tener (...) hay más oro, platino y aluminio del que jamás se haya extraído en la Tierra o que se podría extraer en el futuro de la corteza de nuestro planeta".

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BBC Ciencia

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Ruth Shady: De las pirámides de Caral a Galicia (España)


La arqueóloga Ruth Shady, en el Instituto de Estudios Galegos Padre Sarmiento de Santiago.

Con su país aterrado por el devastador terremoto de marzo de 2011, un grupo de ingenieros japoneses se plantó en el valle del río Supe, a unos 200 kilómetros de Lima, para conocer las medidas antisísmicas que 5.000 años antes había diseñado la civilización Caral, la más antigua del continente americano, para defenderse de las violentas fallas del Pacífico. “Con 5.000 años de adelanto llegaron al mismo resultado”, sostiene Ruth Shady (Callao, 1946), la arqueóloga peruana que en 1994 dató la antigüedad de Caral, contemporánea a las otras cuatro grandes civilizaciones ya conocidas —China, India, Egipto y Mesopotamia. La investigadora, catedrática en la Universidad San Marcos de Lima, está de visita en Santiago, invitada por el Instituto de Ciencias do Patrimonio del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), con el que aspira a compartir experiencias educativas y de gestión del patrimonio arqueológico en el futuro.

En los días que ha pasado en el CSIC atendiendo seminarios y hablando con investigadores gallegos, ha visitado yacimientos de O Barbanza y la Costa da Morte, además de la capital de Galicia, que le interesa por su estado de conservación pero también, argumenta, “porque hay mucha consciencia del papel que tiene el simbolismo del itinerario cultural de Santiago”. De este lado del Atlántico, dice la arqueóloga, aprecia “la actitud siempre proactiva y amable de los hosteleros” y la importancia “social y económica” de la Compostela de los caminantes y turistas.

“Lo que queremos es promover un desarrollo rural sostenible”

La relación de Shady con Galicia comienza cuando el arqueólogo Felipe Criado, coordinador del área de Humanidades del CSIC de Santiago, viaja a Perú para conocer Caral, un asentamiento urbano ubicado en una árida planicie en la orilla izquierda del río Supe, donde la historiadora coordina un programa educativo y turístico para la población local, un plan que afecta tanto a los temarios escolares como a la formación como guías turísticos de los vecinos del entorno y a las técnicas culinarias de las vianderas, las vendedoras de alimentos, cuyo número se incrementó con la llegada de los turistas. “Lo que queremos es promover un desarrollo rural sostenible en el área. Es la visión que tenemos como trabajadores de la arqueología; queremos que cumpla una función social y que no se quede en el mundo académico. Falta asumir que el gasto que se asigna en los presupuestos del Estado es un servicio para la sociedad, una inversión”, recalca Shady, que a pesar del aplauso de sus colegas también se ha visto implicada en conflictos con los vecinos de Supe por la propiedad de las tierras en las que se asienta la ciudad, Patrimonio de la Humanidad desde 2009.

“No se ocuparon de la guerra, los asentamientos no están amurallado”

Además del testimonio sobre la precoz civilización de Caral —el mayor asentamiento de la veintena que salpica el valle, estudiado desde mediados de siglo XX, aunque fue Shady la que logró la datación definitiva y crucial—, la antigua ciudad también interesa a los filólogos porque en esta zona del noroeste peruano aparece el límite más antiguo de la lengua quechua, el idioma de relación de los habitantes del asentamiento, que ya fue estudiado en los años 70.

“En el planeta hemos tenido cinco focos de civilización precoces, y Caral es uno de ellos. Lo peculiar es que en América esta sociedad avanzó en aislamiento. Era una cultura organizada en núcleos urbanos y que producía excedentes de producción. Vieron que su principal recurso era organizar las poblaciones y no se ocuparon de la guerra. Ninguno de los 21 asentamientos está amurallado y no hemos encontrado ningún rastro de instrumentos bélicos”, explica la arqueóloga, que entre las maravillas de Caral destaca el poderío comercial —el intercambio unía la costa del Pacífico y la sierra del interior— y las innovaciones textiles, como la producción de algodón natural de colores gracias a la manipulación de la planta, una técnica ancestral ahora resucitada por el turismo.

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El País Ciencia

23 de abril de 2012

Cómo crear un virus letal en su cocina

La página web DIYbio.org cuenta con más de 2.000 miembros 

¿Hasta qué punto es fácil producir un virus letal? La pregunta ha surgido recientemente gracias a dos experimentos controvertidos que transformaron el virus H5N1 de la gripe aviar en formas mutantes que se propagaron en mamíferos.

Tras meses de intenso debate en todo el mundo, varios científicos reunidos por la Organización Mundial de la Salud en febrero recomendaron publicar los resultados. El mes pasado, asesores de bioseguridad del Gobierno de Estados Unidos apoyaron la publicación de los estudios ya revisados porque no revelan detalles que los terroristas puedan utilizar. Las revistas Nature y Science tienen intención de publicar los trabajos lo antes posible.

Aunque terroristas y sectas son motivo de preocupación desde hace tiempo, algunos científicos también temen que la publicación pueda permitir a aficionados curiosos recrear el virus mutado, lo que acentuaría el riesgo de una liberación accidental.

Durante la última década, un creciente número de aficionados a la biología ha empezado a realizar experimentos. La página web DIYbio.org cuenta con más de 2.000 miembros en estos momentos. “Me preocupa el científico de garaje, el científico artesano, la persona que solo quiere comprobar si puede hacerlo”, explicaba Michael T. Osterholm, de la Universidad de Minnesota, en una reunión de expertos en bioseguridad celebrada recientemente en Washington.
Me preocupa el científico de garaje, el científico artesano, la persona que solo quiere comprobar si puede hacerlo
Coincide con él, Arturo Casadevall, del Albert Einstein College of Medicine, en Nueva York, quien, junto a Osterholm, es miembro de la junta que al principio desaconsejó la publicación: “Los humanos son muy imaginativos”.

Los biólogos artesanos aseguran que esos temores son exagerados. “Estoy realmente harta de la gente que ondea esta bandera roja en particular”, se queja Ellen D. Jorgensen, bióloga molecular y presidenta de Genspace, un “laboratorio de biotecnología comunitario” en Nueva York.
En la reunión sobre bioseguridad, Ron Fouchier, que lideró el equipo holandés que creó el virus mutante conocido como mutH5N1, describía parte del experimento, para el que se utilizaron métodos ya establecidos: los científicos introdujeron mutaciones en los genes del H5N1 que consideraban que podían ayudar a que la gripe aviar infectara a mamíferos. Administraron los virus a hurones, esperaron a que cayeran enfermos y luego los transfirieron a otros ejemplares. De este modo consiguieron una cepa que podía propagarse de un hurón a otro a través del aire.

Los virólogos preparados pueden fabricar el mutH5N1 de varias maneras. Podrían tomar la secuencia del genoma del H5N1, que está al alcance de todo el mundo, reescribirla para incluir nuevas mutaciones y después copiar la nueva secuencia en un correo electrónico. Una empresa de síntesis de ADN podría enviar fragmentos inofensivos de los genes de la gripe incorporados al ADN de bacterias. Los científicos podrían cortar los segmentos víricos, unirlos e inyectar los genes reconstruidos del virus en células.

Las empresas de síntesis buscan equivalencias entre el ADN solicitado y los genomas de patógenos peligrosos. Pero algunos expertos desestiman esas salvaguardas. “Un agente empecinado puede ocultar hábilmente las órdenes”, según Casadevall.

“Sobrevaloran nuestras capacidades tecnológicas e infravaloran nuestra ética”, señala Jason Bobe, uno de los fundadores de DIYbio.org

Los virólogos expertos, que conocen las mutaciones adquiridas por el mutH5N1, podrían alterar virus corrientes del H5N1 en los mismos lugares para obtener otro igual. Incluso podrían averiguar cómo fabricar mutH5N1 a partir de los pocos detalles que se conocen. Los informes dicen que solo había cinco mutaciones en los virus holandeses, y probablemente se encontraban en lugares clave dedicados a introducir los virus en células huésped (los virus deben infectar células huésped para reproducirse, no pueden hacerlo por sí solos). Los dispositivos para duplicar fragmentos de ADN cuestan unos pocos cientos de dólares en eBay.

Los biólogos artesanales se ríen de los poderes siniestros que se les atribuye. “Sobrevaloran nuestras capacidades tecnológicas e infravaloran nuestra ética”, señala Jason Bobe, uno de los fundadores de DIYbio.org. A los aficionados, además, les faltan los años de formación necesarios para fabricar virus.
Es difícil predecir cómo afectará la evolución de la biotecnología al riesgo de los patógenos caseros. Según Steffen Mueller, virólogo de la Universidad Stony Brook en Nueva York, “un agricultor en China” podría crear un virus nuevo poniendo en contacto unos pollos enfermos con hurones.

Algunos expertos aseguran que, con independencia de cómo pueda surgir un virus letal, lo importante es poder derrotarlo y evitar una catástrofe mundial, como la pandemia de gripe de 1918, que acabó con la vida de 50 millones de personas. “Necesitamos un programa urgente para crear una vacuna generalizada contra la gripe”, dice Ron Atlas, microbiólogo de la Universidad de Louisville. “Acabaríamos con la posibilidad de otro acontecimiento como el de 1918”, precisa.

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La promesa de la fotosíntesis artificial

Es el mayor reto de la química, inventar sistemas que conviertan el agua y el sol en energía limpia, de manera eficiente y barata para todos.

Si miramos una planta al sol, es difícil no sentir un poco de envidia. Ahí están, día tras día, extrayendo grandes cantidades de combustible a partir de la luz solar, al tiempo que expelen el nada cuestionable oxígeno que necesitamos para respirar. Nuestra hazañas en la toma de combustible son ruinosamente costosas, y perjudiciales en comparación: extraer el carbón, petróleo o el gas del suelo y quemarlo produce mucho más dióxido de carbono planetario del que cualquiera pueda utilizar.


Lo que uno daría por imitar la técnica de las plantas, esos auténticos guerreros verdes. "Desde el sol llega a la Tierra más energía en una hora del que la humanidad al completo utiliza en un año entero", comenta Nate Lewis, un químico en el Instituto de Tecnología de California, en Pasadena. Sabemos cómo convertir esa energía en electricidad, es lo que hacen las células fotovoltaicas, pero el sol no siempre brilla cuándo y dónde nosotros queremos. A través de la fotosíntesis, las plantas tienen la envidiable capacidad de convertir la luz solar en combustible, almacenarlo en el momento y quemarlo más tarde. Si pudiéramos hacer lo mismo, guardar la energía solar para un día lluvioso, transportarlo a climas más plomizos o bombearlo en directamente a un tanque de combustible, una gran parte de nuestros problemas con la energía se resolverían.

Ahora, los megadólares están fluyendo desde el gobierno de EE.UU. y las grandes corporaciones energéticas para intentar hacer que eso suceda. El reto de la fotosíntesis artificial es el objetivo, pero está demostrando ser uno de los mayores desafíos de todos.

Nadie dijo que la fotosíntesis fuese fácil. A las plantas les ha llevado millones de años de evolución, y hasta ahora no son especialmente buenas en ello. La fotosíntesis lo es todo acerca del uso de la energía del sol y cómo dividir el agua en sus componentes hidrógeno y oxígeno, y reorganizarlos en moléculas químicamente más energéticas, en el caso de las plantas, con los carbohidratos hechos con la ayuda del dióxido de carbono atmosférico. No obstante, una planta de cultivo estándar, almacena sólo un pequeño porcentaje de la energía solar disponible en hidratos de carbono. Si el sol brilla muy intensamente su maquinaria se siente saturada, se viene abajo la producción después de una media hora. Los complejos catalizadores naturales que ayudan en este proceso se degradan rápidamente y constantemente deben ser renovados.

Los hidratos de carbono no son los mejores combustibles de almacenamiento para nuestro propósito. Se necesita algo más puro, de combustión más limpia y con una mayor densidad de energía. El hidrógeno es una opción clara. Es capaz de empaquetar gran cantidad de golpe, almacenando dos veces y media más energía por kilogramo que la gasolina convencional. Pongámoslo en una célula de combustible y podrá generar electricidad bajo demanda al combinarlo con el oxígeno, con un producto secundario de agua limpia y potable.

Todo esto significa que la fotosíntesis artificial no trata sólo de imitar la fotosíntesis, sino de alguna manera mejorarlo. "Suena muy simple: no es más que dividir el agua", dice Daniel Gamelin, químico de la Universidad de Washington, en Seattle. El diablo, sin embargo, está en los detalles. En primer lugar debe construir una "antena" similar a una célula fotovoltaica convencional para absorber la luz y utilizar su energía para liberar electrones. Entonces viene la química: los electrones deben ser guiado por los catalizadores en una compleja danza para reaccionar con las moléculas adecuadas capaces de producir los combustibles que queremos.

En 1998, John Turner, en colaboración con su colega Oscar Khaselev, del Laboratorio Nacional de Energías Renovables de EE.UU. en Golden, Colorado, asentó el estándar. "Estaba caminando un día por el pasillo y vi un cartel sobre la fotosíntesis artificial, y me surgió la idea, yo puedo ayudar con eso", recordó. Después de un año de juguetear con el asunto, incluyendo los paneles solares del Mars rovers de la NASA, consiguió su equipo: un chip semiconductor de unos pocos milímetros que se asentaba en un vaso de ácido diluido de batería con catalizadores de platino. A la luz del sol, el gas hidrógeno comenzó a burbujear alegremente fuera de la superficie del chip llevándose un total del 12 por ciento de la energía de la luz solar entrante (Science, vol 280, p 425).

Pero existían algunos inconvenientes. El hidrógeno burbujeó hacia fuera junto con el oxígeno, en una mezcla potencialmente explosiva. El dispositivo se corroyó después de unas 20 horas, ya que sus partes se oxidaban y quedaban marcados; un sistema más suave se habría alimentado del agua, no del ácido de la batería. Y no era barato: de uno a dos dólares por centímetro cuadrado, Turner reconoce que salía unas 10 veces más caro producir un hidrógeno asequible.

Problemas similares han afectado a todos los sistemas fotosintéticos artificiales desde entonces. "Tenemos un taburete con tres patas: un sistema debe ser eficaz, barato, y ha de ser sólido", apunta Gamelin. Tener los tres a la vez es el problema, dice Lewis. "Elige cualquiera de dos criterios y es posible".

El nuevo objetivo es conseguir esa tercera pata. En 2010, Lewis fue contratado para dirigir el nuevo Joint Center for Artificial Photosynthesis con sede en California, con el apoyo de $122 millones de fondos del Departamento de Energía. Ese mismo año, Sun Catalytix, una empresa que nace del trabajo del químico Dan Nocera sobre la fotosíntesis artificial, en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, recaudó $9,5 millones de fondos incluyendo el conglomerado indio Tata. Y así también otros grupos de investigación, como los de Turner y Gamelin.

Bestias meticulosas

La primera tarea importante es encontrar el mejor material para la antena. El silicio es relativamente barato y abundante, y absorbe una buena parte de los fotones de alta energía de los rayos solares, por lo que es el estándar para las células solares convencionales. Aunque escupe electrones con una energía de 1,1 electronvoltios. Dividir el agua le lleva un mínimo de 1,23 electronvoltios, y en la práctica necesita más para iniciar la marcha de la reacción.

Una forma de compensar la diferencia es apilar capas de silicio. Algo así como conectar baterías en serie, esto ofrece electrones que aumentan el voltaje. Lo último del sistema Sun Catalytix usa el silicio de "triple empalme", que funciona, aunque viene a ser unas tres veces el coste del material de los paneles solares. El silicio también reacciona con el oxígeno para crear una capa aislante de sílice, que detiene los electrones que alcanzan la superficie de la antena, donde pueden ser de utilidad. Este recubrimiento del silicio con un antioxidante puede añadir costes y reducir la eficiencia. El dispositivo de referencia de Turner, utiliza pilas de arseniuro de galio y semiconductores de fosfuro de galio e indio, que absorben la energía de diferentes longitudes de onda de la luz, multiplica el voltaje producido, pero también sufre de oxidación.

Una solución podría ser la utilización de semiconductores de óxido metálico. Por su propia naturaleza estos no se oxidan más, lo cual les hace extremadamente resistentes, y a menudo son baratos. Pero hay miles de millones de combinaciones de metales diferentes que pueden crear óxidos, y encontrar uno con las propiedades adecuadas, que absorba el espectro correcto de la luz y suelte suficientes electrones con la energía adecuada, no es tan fácil. "Los óxidos son bestias muy meticulosas", resalta Turner. Su equipo está modelando el comportamiento probable de los diferentes óxidos y ya han dado con algunos buenos candidatos, a pesar de que todavía tienen que crearlos. Tampoco está muy claro qué dichos resultados se traduzcan en una realidad, ya que los modelos no manejan las complicaciones que pueden surgir, como las estructuras cristalinas imperfectas que son tan usuales en los materiales más baratos.

Lewis y su equipo, entretanto, planean simplemente hacer todo el óxido posible e ir testeándolo. "El está con esas cosas en la sala de mezcla", señala Turner. Para ayudar a descomponer toda esa jungla, el ex supervisor de Lewis, Harry Gray, ha reclutado un ejército de estudiantes de secundaria para crear y probar sus propios óxidos. Ellos mezclan las combinaciones de diferentes metales en distintas proporciones, en un banco de luces LED se queman y se mide el voltaje y la corriente producida. El equipo de Gray revisa las muestras que parecen prometedoras, para determinar las cantidades exactas de ingredientes y la estructura del material. "Hemos recibido cientos de posibles candidatos, y entre ellos, unos 20 que son muy buenos."

Pero una buena antena es, a lo sumo, sólo una parte del problema. El baño de luz solar, crea electrones y "agujeros" de carga positiva ausentes de electrones. Abandonados a sí mismos, los electrones podrían volver a caer en los agujeros y el resultado no sería nada útil. Al separar el agua, el dispositivo necesita para alinear cuatro agujeros en un extremo para absorber electrones de las moléculas de agua, produciendo oxígeno molecular y protones libres. En el otro extremo, los dos electrones de la antena se combinan con esos protones liberados para formar hidrógeno molecular (ver diagrama). Los catalizadores pueden facilitar estos procesos, la reducción de la energía necesaria para conseguir que vayan y actúen como áreas de estacionamiento para los electrones y los agujeros. En general, son necesarios dos catalizadores distintos, una para el hidrógeno y otro para el oxígeno. La fabricación de catalizadores eficientes, al menor costo posible, es otra parte importante del desafío.


El platino, utilizado por Turner para ambos catalizadores, funciona bien, pero cuesta casi lo mismo que el oro, por lo que al taburete de tres patas que aún falta una pata. La naturaleza tiene sus propias soluciones imperfectas. Para que el hidrógeno, las plantas usan enzimas hidrogenasa, que contienen un par de átomos de hierro para mezclar los electrones. Las ramas de proteínas alrededor de los átomos ayudan en el proceso de hacer malabares con los protones. El año pasado, Monte Helm y sus colegas, del Laboratorio Nacional Pacific Northwest en Richland, Washington, mostró que un catalizador similar con dos átomos de níquel, un elemento abundante y barato, funciona mucho más rápido que la versión natural (Science, vol 333, p 863), aunque aún no se ha probado en un sistema fotosintético. Los compuestos más simples, como el sulfuro de molibdeno, también puede funcionar. "No llegaría a tanto como decir que cualquier puede tener un catalizador de hidrógeno perfecto, pero hay una gran variedad de buenas opciones", señala Gamelin.

El catalizador que produce oxígeno es más complicado. Las plantas utilizan proteínas con cuatro átomos de manganeso, uno para cada agujero implicado en la división del agua. Sin embargo, esta proteína se degrada rápidamente y no es necesariamente más rápida. En el laboratorio, hay mejores opciones. El superior de verdad,  altamente eficiente, es el óxido de iridio, pero es enormemente caro. Las alternativas basadas en manganeso y el cobalto se están estudiando, pero ninguno cumple todavía todos los requisitos.

Y esto nos lleva a la parte realmente difícil del proceso. Una antena perfecta y unos catalizadores perfectos no son suficientes, dice Lewis. "Todas las partes tienen que trabajar en conjunto y al unísono." Muchos catalizadores sólo funcionan en determinados rangos de pH, por lo que, simplemente, no puedes ser emparejados. Tales cosas tan remilgadas, como las nanoestructuras de la antena y los catalizadores, pueden afectar seriamente la eficiencia global. El equipo de Gamelin, por ejemplo, está tratando de optimizar las cosas por capas de cobalto-fosfato en el catalizador productor de oxígeno, justo en la partes de envío del agujero de una antena de gran área superficial. "Hay un poco de duende en este proceso."

Cubos de sol

Entonces, ¿cómo estamos de cerca de hacer de este duende algo viable, o sea, un sistema realista de fotosíntesis artificial? Aunque no haya habido ningún momento eureka, sí que ha habido algunos avances prometedores. El año pasado, el equipo de Sun Catalytix anunció una red inalámbrica de "lámina artificial" que funciona, no en el ácido de batería, como hizoTurner, sino en el agua del río Charles de Boston. Usa unos catalizadores que son relativamente eficiente y baratos, una mezcla de níquel, molibdeno y zinc para producir hidrógeno, y el cobalto-borato para escupir el oxígeno (Science, vol 334, pág 645).

Pero sigue siendo un taburete al que le faltan patas. La eficiencia del dispositivo es de un 2,5 por ciento, significativamente menor que el sistema de Turner de hace más de una década, y sus componentes se degradan después de una semana. La antena, hecho de un triple empalme de silicio, es caro. El hidrógeno se sale a $6 ó $7 por kg., según Tom Jarvi, director de tecnología de la empresa. Por el momento, crear hidrógeno por re-formación del metano cuesta alrededor de $2,50 por kilo.

Por supuesto, la empresa no está a punto de revelar sus ideas al respecto, pero el objetivo general es disponer de un sistema dentro de los 10 años, que pueda escupir el hidrógeno al menos a 3 dólares por kg. con un 5 por ciento de eficiencia, con el énfasis en un bajo coste y al precio de una menor eficiencia. El objetivo final es producir en masa partículas fotosintéticas de la clase que puedan ser lanzadas en un cubo de agua sucia y producir combustible en serie. "Se puede reducir semiconductores hasta la nanoescala y dispersarlos en el agua. Es el mejor camino para un bajo costo", señala Mike Decelle, CEO de Sun Catalytix. También podría significar una revolución energética en algunas partes del mundo, lejos de las redes eléctricas, y donde la luz solar es abundante, pero a menudo el acceso al agua potable es un problema. Si el combustible está disponibles con sólo poner un balde de agua salobre al sol y verter dentro algunas motas de polvo metálico, eso podría significar el fin de las lámparas de parafina y los sucios y caros generadores diésel cascarrabias, de los que millones de personas dependen para mantener las luces encendidas y poder acceder a otros servicios esenciales.

"En definitiva, es una idea genial", dice Gamelin, por lo que Sun Catalytix ha demostrado hasta ahora. Aun así, las conjeturas de Turner deberán esperar  por lo menos 15 años antes de que algo comercial llegue a los estantes de cualquier laboratorio. Lewis promete prototipos de trabajo dentro de un par de años, pero admite que los primeros no serán baratos. Más allá de eso, está pensando un momento futuro en que los sistemas no se limiten a producir hidrógeno, sino que, con un un poco más de química se llegue a hacer más fácil el transporte de combustible, como el etanol, posiblemente también tirando del dióxido de carbono del aire para su producción.
               
Eso sigue estando a distancia. Por el momento, dice Lewis, "somos como los hermanos Wright. Nuestro trabajo es ensayar,  fallar con frecuencia y seguir adelante". Lo que determinará nuestro éxito o fracaso vendrá determinado cuando consigamos hacer combustible cuando el sol brilla.


- Referencia: NewScientist.com, 16 abril 2012, por Nicola Jones
- Título original: "New leaf: The promise of artificial photosynthesis"
- Imagen e ilustración de New Scientist. 

Fuente:

Unos obreros descubren los huevos de dinosaurios más grandes

Los huevos de dinosaurios encontrados en Chechnyam, Rusia. |Reuters

Los huevos de dinosaurios encontrados en Chechnyam, Rusia
Un equipo de obreros y geólogos rusos ha anunciado el hallazgo, en la región de Chechenia, de unos huevos de dinosaurio fosilizados que, según aseguran, son los más grandes que se han encontrado hasta ahora en todo el mundo. "Hasta ahora hemos encontrado unos 40, pero puede haber más debajo de la tierra", ha señalado Said-Emin Dz habrailov, geólogo de la Universidad de Chechenia, según informa Reuters.

El hallazgo tuvo lugar por un grupo de trabajadores que estaban picando en una ladera para construir un camino, cerca de la frontera con Georgia, en las montañas del Cáucaso. Enseguida, los geólogos se percataron de que las formaciones lisas y ovaladas que presentaban las rocas, y se extendían desde los 25 centímetros al metro de longitud, podían ser fósiles de huevos de los extintos reptiles del Jurásico.

Dz habrailov señaló que es necesario un estudio paleontológico para determinar la especie de dinosaurio que los habría puesto y destacó que el Gobierno de la región "está impaciente" porque este hallazgo pueda cambiar la imagen internacional de región violenta que tiene Chechenia por otra que pueda atraer a los turistas.

Sin embargo, una paleontóloga de Moscú, Valentina Nazarova, ha puesto en duda el hallazgo y no cree que los dinosaurios vivieran nunca en las montañas del norte del Cáucaso. "Los dinosaurios no dejaban huevos mientras saltaban por las montañas, lo siento por ellos", ha dicho.

No obstante, desde Chechenia aseguran que son huevos y que esperan poder estudiarlos con profundidad en los próximos meses.

Fuente:

El Mundo Ciencia
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