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23 de abril de 2012

Cómo crear un virus letal en su cocina

La página web DIYbio.org cuenta con más de 2.000 miembros 

¿Hasta qué punto es fácil producir un virus letal? La pregunta ha surgido recientemente gracias a dos experimentos controvertidos que transformaron el virus H5N1 de la gripe aviar en formas mutantes que se propagaron en mamíferos.

Tras meses de intenso debate en todo el mundo, varios científicos reunidos por la Organización Mundial de la Salud en febrero recomendaron publicar los resultados. El mes pasado, asesores de bioseguridad del Gobierno de Estados Unidos apoyaron la publicación de los estudios ya revisados porque no revelan detalles que los terroristas puedan utilizar. Las revistas Nature y Science tienen intención de publicar los trabajos lo antes posible.

Aunque terroristas y sectas son motivo de preocupación desde hace tiempo, algunos científicos también temen que la publicación pueda permitir a aficionados curiosos recrear el virus mutado, lo que acentuaría el riesgo de una liberación accidental.

Durante la última década, un creciente número de aficionados a la biología ha empezado a realizar experimentos. La página web DIYbio.org cuenta con más de 2.000 miembros en estos momentos. “Me preocupa el científico de garaje, el científico artesano, la persona que solo quiere comprobar si puede hacerlo”, explicaba Michael T. Osterholm, de la Universidad de Minnesota, en una reunión de expertos en bioseguridad celebrada recientemente en Washington.
Me preocupa el científico de garaje, el científico artesano, la persona que solo quiere comprobar si puede hacerlo
Coincide con él, Arturo Casadevall, del Albert Einstein College of Medicine, en Nueva York, quien, junto a Osterholm, es miembro de la junta que al principio desaconsejó la publicación: “Los humanos son muy imaginativos”.

Los biólogos artesanos aseguran que esos temores son exagerados. “Estoy realmente harta de la gente que ondea esta bandera roja en particular”, se queja Ellen D. Jorgensen, bióloga molecular y presidenta de Genspace, un “laboratorio de biotecnología comunitario” en Nueva York.
En la reunión sobre bioseguridad, Ron Fouchier, que lideró el equipo holandés que creó el virus mutante conocido como mutH5N1, describía parte del experimento, para el que se utilizaron métodos ya establecidos: los científicos introdujeron mutaciones en los genes del H5N1 que consideraban que podían ayudar a que la gripe aviar infectara a mamíferos. Administraron los virus a hurones, esperaron a que cayeran enfermos y luego los transfirieron a otros ejemplares. De este modo consiguieron una cepa que podía propagarse de un hurón a otro a través del aire.

Los virólogos preparados pueden fabricar el mutH5N1 de varias maneras. Podrían tomar la secuencia del genoma del H5N1, que está al alcance de todo el mundo, reescribirla para incluir nuevas mutaciones y después copiar la nueva secuencia en un correo electrónico. Una empresa de síntesis de ADN podría enviar fragmentos inofensivos de los genes de la gripe incorporados al ADN de bacterias. Los científicos podrían cortar los segmentos víricos, unirlos e inyectar los genes reconstruidos del virus en células.

Las empresas de síntesis buscan equivalencias entre el ADN solicitado y los genomas de patógenos peligrosos. Pero algunos expertos desestiman esas salvaguardas. “Un agente empecinado puede ocultar hábilmente las órdenes”, según Casadevall.

“Sobrevaloran nuestras capacidades tecnológicas e infravaloran nuestra ética”, señala Jason Bobe, uno de los fundadores de DIYbio.org

Los virólogos expertos, que conocen las mutaciones adquiridas por el mutH5N1, podrían alterar virus corrientes del H5N1 en los mismos lugares para obtener otro igual. Incluso podrían averiguar cómo fabricar mutH5N1 a partir de los pocos detalles que se conocen. Los informes dicen que solo había cinco mutaciones en los virus holandeses, y probablemente se encontraban en lugares clave dedicados a introducir los virus en células huésped (los virus deben infectar células huésped para reproducirse, no pueden hacerlo por sí solos). Los dispositivos para duplicar fragmentos de ADN cuestan unos pocos cientos de dólares en eBay.

Los biólogos artesanales se ríen de los poderes siniestros que se les atribuye. “Sobrevaloran nuestras capacidades tecnológicas e infravaloran nuestra ética”, señala Jason Bobe, uno de los fundadores de DIYbio.org. A los aficionados, además, les faltan los años de formación necesarios para fabricar virus.
Es difícil predecir cómo afectará la evolución de la biotecnología al riesgo de los patógenos caseros. Según Steffen Mueller, virólogo de la Universidad Stony Brook en Nueva York, “un agricultor en China” podría crear un virus nuevo poniendo en contacto unos pollos enfermos con hurones.

Algunos expertos aseguran que, con independencia de cómo pueda surgir un virus letal, lo importante es poder derrotarlo y evitar una catástrofe mundial, como la pandemia de gripe de 1918, que acabó con la vida de 50 millones de personas. “Necesitamos un programa urgente para crear una vacuna generalizada contra la gripe”, dice Ron Atlas, microbiólogo de la Universidad de Louisville. “Acabaríamos con la posibilidad de otro acontecimiento como el de 1918”, precisa.

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La promesa de la fotosíntesis artificial

Es el mayor reto de la química, inventar sistemas que conviertan el agua y el sol en energía limpia, de manera eficiente y barata para todos.

Si miramos una planta al sol, es difícil no sentir un poco de envidia. Ahí están, día tras día, extrayendo grandes cantidades de combustible a partir de la luz solar, al tiempo que expelen el nada cuestionable oxígeno que necesitamos para respirar. Nuestra hazañas en la toma de combustible son ruinosamente costosas, y perjudiciales en comparación: extraer el carbón, petróleo o el gas del suelo y quemarlo produce mucho más dióxido de carbono planetario del que cualquiera pueda utilizar.


Lo que uno daría por imitar la técnica de las plantas, esos auténticos guerreros verdes. "Desde el sol llega a la Tierra más energía en una hora del que la humanidad al completo utiliza en un año entero", comenta Nate Lewis, un químico en el Instituto de Tecnología de California, en Pasadena. Sabemos cómo convertir esa energía en electricidad, es lo que hacen las células fotovoltaicas, pero el sol no siempre brilla cuándo y dónde nosotros queremos. A través de la fotosíntesis, las plantas tienen la envidiable capacidad de convertir la luz solar en combustible, almacenarlo en el momento y quemarlo más tarde. Si pudiéramos hacer lo mismo, guardar la energía solar para un día lluvioso, transportarlo a climas más plomizos o bombearlo en directamente a un tanque de combustible, una gran parte de nuestros problemas con la energía se resolverían.

Ahora, los megadólares están fluyendo desde el gobierno de EE.UU. y las grandes corporaciones energéticas para intentar hacer que eso suceda. El reto de la fotosíntesis artificial es el objetivo, pero está demostrando ser uno de los mayores desafíos de todos.

Nadie dijo que la fotosíntesis fuese fácil. A las plantas les ha llevado millones de años de evolución, y hasta ahora no son especialmente buenas en ello. La fotosíntesis lo es todo acerca del uso de la energía del sol y cómo dividir el agua en sus componentes hidrógeno y oxígeno, y reorganizarlos en moléculas químicamente más energéticas, en el caso de las plantas, con los carbohidratos hechos con la ayuda del dióxido de carbono atmosférico. No obstante, una planta de cultivo estándar, almacena sólo un pequeño porcentaje de la energía solar disponible en hidratos de carbono. Si el sol brilla muy intensamente su maquinaria se siente saturada, se viene abajo la producción después de una media hora. Los complejos catalizadores naturales que ayudan en este proceso se degradan rápidamente y constantemente deben ser renovados.

Los hidratos de carbono no son los mejores combustibles de almacenamiento para nuestro propósito. Se necesita algo más puro, de combustión más limpia y con una mayor densidad de energía. El hidrógeno es una opción clara. Es capaz de empaquetar gran cantidad de golpe, almacenando dos veces y media más energía por kilogramo que la gasolina convencional. Pongámoslo en una célula de combustible y podrá generar electricidad bajo demanda al combinarlo con el oxígeno, con un producto secundario de agua limpia y potable.

Todo esto significa que la fotosíntesis artificial no trata sólo de imitar la fotosíntesis, sino de alguna manera mejorarlo. "Suena muy simple: no es más que dividir el agua", dice Daniel Gamelin, químico de la Universidad de Washington, en Seattle. El diablo, sin embargo, está en los detalles. En primer lugar debe construir una "antena" similar a una célula fotovoltaica convencional para absorber la luz y utilizar su energía para liberar electrones. Entonces viene la química: los electrones deben ser guiado por los catalizadores en una compleja danza para reaccionar con las moléculas adecuadas capaces de producir los combustibles que queremos.

En 1998, John Turner, en colaboración con su colega Oscar Khaselev, del Laboratorio Nacional de Energías Renovables de EE.UU. en Golden, Colorado, asentó el estándar. "Estaba caminando un día por el pasillo y vi un cartel sobre la fotosíntesis artificial, y me surgió la idea, yo puedo ayudar con eso", recordó. Después de un año de juguetear con el asunto, incluyendo los paneles solares del Mars rovers de la NASA, consiguió su equipo: un chip semiconductor de unos pocos milímetros que se asentaba en un vaso de ácido diluido de batería con catalizadores de platino. A la luz del sol, el gas hidrógeno comenzó a burbujear alegremente fuera de la superficie del chip llevándose un total del 12 por ciento de la energía de la luz solar entrante (Science, vol 280, p 425).

Pero existían algunos inconvenientes. El hidrógeno burbujeó hacia fuera junto con el oxígeno, en una mezcla potencialmente explosiva. El dispositivo se corroyó después de unas 20 horas, ya que sus partes se oxidaban y quedaban marcados; un sistema más suave se habría alimentado del agua, no del ácido de la batería. Y no era barato: de uno a dos dólares por centímetro cuadrado, Turner reconoce que salía unas 10 veces más caro producir un hidrógeno asequible.

Problemas similares han afectado a todos los sistemas fotosintéticos artificiales desde entonces. "Tenemos un taburete con tres patas: un sistema debe ser eficaz, barato, y ha de ser sólido", apunta Gamelin. Tener los tres a la vez es el problema, dice Lewis. "Elige cualquiera de dos criterios y es posible".

El nuevo objetivo es conseguir esa tercera pata. En 2010, Lewis fue contratado para dirigir el nuevo Joint Center for Artificial Photosynthesis con sede en California, con el apoyo de $122 millones de fondos del Departamento de Energía. Ese mismo año, Sun Catalytix, una empresa que nace del trabajo del químico Dan Nocera sobre la fotosíntesis artificial, en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, recaudó $9,5 millones de fondos incluyendo el conglomerado indio Tata. Y así también otros grupos de investigación, como los de Turner y Gamelin.

Bestias meticulosas

La primera tarea importante es encontrar el mejor material para la antena. El silicio es relativamente barato y abundante, y absorbe una buena parte de los fotones de alta energía de los rayos solares, por lo que es el estándar para las células solares convencionales. Aunque escupe electrones con una energía de 1,1 electronvoltios. Dividir el agua le lleva un mínimo de 1,23 electronvoltios, y en la práctica necesita más para iniciar la marcha de la reacción.

Una forma de compensar la diferencia es apilar capas de silicio. Algo así como conectar baterías en serie, esto ofrece electrones que aumentan el voltaje. Lo último del sistema Sun Catalytix usa el silicio de "triple empalme", que funciona, aunque viene a ser unas tres veces el coste del material de los paneles solares. El silicio también reacciona con el oxígeno para crear una capa aislante de sílice, que detiene los electrones que alcanzan la superficie de la antena, donde pueden ser de utilidad. Este recubrimiento del silicio con un antioxidante puede añadir costes y reducir la eficiencia. El dispositivo de referencia de Turner, utiliza pilas de arseniuro de galio y semiconductores de fosfuro de galio e indio, que absorben la energía de diferentes longitudes de onda de la luz, multiplica el voltaje producido, pero también sufre de oxidación.

Una solución podría ser la utilización de semiconductores de óxido metálico. Por su propia naturaleza estos no se oxidan más, lo cual les hace extremadamente resistentes, y a menudo son baratos. Pero hay miles de millones de combinaciones de metales diferentes que pueden crear óxidos, y encontrar uno con las propiedades adecuadas, que absorba el espectro correcto de la luz y suelte suficientes electrones con la energía adecuada, no es tan fácil. "Los óxidos son bestias muy meticulosas", resalta Turner. Su equipo está modelando el comportamiento probable de los diferentes óxidos y ya han dado con algunos buenos candidatos, a pesar de que todavía tienen que crearlos. Tampoco está muy claro qué dichos resultados se traduzcan en una realidad, ya que los modelos no manejan las complicaciones que pueden surgir, como las estructuras cristalinas imperfectas que son tan usuales en los materiales más baratos.

Lewis y su equipo, entretanto, planean simplemente hacer todo el óxido posible e ir testeándolo. "El está con esas cosas en la sala de mezcla", señala Turner. Para ayudar a descomponer toda esa jungla, el ex supervisor de Lewis, Harry Gray, ha reclutado un ejército de estudiantes de secundaria para crear y probar sus propios óxidos. Ellos mezclan las combinaciones de diferentes metales en distintas proporciones, en un banco de luces LED se queman y se mide el voltaje y la corriente producida. El equipo de Gray revisa las muestras que parecen prometedoras, para determinar las cantidades exactas de ingredientes y la estructura del material. "Hemos recibido cientos de posibles candidatos, y entre ellos, unos 20 que son muy buenos."

Pero una buena antena es, a lo sumo, sólo una parte del problema. El baño de luz solar, crea electrones y "agujeros" de carga positiva ausentes de electrones. Abandonados a sí mismos, los electrones podrían volver a caer en los agujeros y el resultado no sería nada útil. Al separar el agua, el dispositivo necesita para alinear cuatro agujeros en un extremo para absorber electrones de las moléculas de agua, produciendo oxígeno molecular y protones libres. En el otro extremo, los dos electrones de la antena se combinan con esos protones liberados para formar hidrógeno molecular (ver diagrama). Los catalizadores pueden facilitar estos procesos, la reducción de la energía necesaria para conseguir que vayan y actúen como áreas de estacionamiento para los electrones y los agujeros. En general, son necesarios dos catalizadores distintos, una para el hidrógeno y otro para el oxígeno. La fabricación de catalizadores eficientes, al menor costo posible, es otra parte importante del desafío.


El platino, utilizado por Turner para ambos catalizadores, funciona bien, pero cuesta casi lo mismo que el oro, por lo que al taburete de tres patas que aún falta una pata. La naturaleza tiene sus propias soluciones imperfectas. Para que el hidrógeno, las plantas usan enzimas hidrogenasa, que contienen un par de átomos de hierro para mezclar los electrones. Las ramas de proteínas alrededor de los átomos ayudan en el proceso de hacer malabares con los protones. El año pasado, Monte Helm y sus colegas, del Laboratorio Nacional Pacific Northwest en Richland, Washington, mostró que un catalizador similar con dos átomos de níquel, un elemento abundante y barato, funciona mucho más rápido que la versión natural (Science, vol 333, p 863), aunque aún no se ha probado en un sistema fotosintético. Los compuestos más simples, como el sulfuro de molibdeno, también puede funcionar. "No llegaría a tanto como decir que cualquier puede tener un catalizador de hidrógeno perfecto, pero hay una gran variedad de buenas opciones", señala Gamelin.

El catalizador que produce oxígeno es más complicado. Las plantas utilizan proteínas con cuatro átomos de manganeso, uno para cada agujero implicado en la división del agua. Sin embargo, esta proteína se degrada rápidamente y no es necesariamente más rápida. En el laboratorio, hay mejores opciones. El superior de verdad,  altamente eficiente, es el óxido de iridio, pero es enormemente caro. Las alternativas basadas en manganeso y el cobalto se están estudiando, pero ninguno cumple todavía todos los requisitos.

Y esto nos lleva a la parte realmente difícil del proceso. Una antena perfecta y unos catalizadores perfectos no son suficientes, dice Lewis. "Todas las partes tienen que trabajar en conjunto y al unísono." Muchos catalizadores sólo funcionan en determinados rangos de pH, por lo que, simplemente, no puedes ser emparejados. Tales cosas tan remilgadas, como las nanoestructuras de la antena y los catalizadores, pueden afectar seriamente la eficiencia global. El equipo de Gamelin, por ejemplo, está tratando de optimizar las cosas por capas de cobalto-fosfato en el catalizador productor de oxígeno, justo en la partes de envío del agujero de una antena de gran área superficial. "Hay un poco de duende en este proceso."

Cubos de sol

Entonces, ¿cómo estamos de cerca de hacer de este duende algo viable, o sea, un sistema realista de fotosíntesis artificial? Aunque no haya habido ningún momento eureka, sí que ha habido algunos avances prometedores. El año pasado, el equipo de Sun Catalytix anunció una red inalámbrica de "lámina artificial" que funciona, no en el ácido de batería, como hizoTurner, sino en el agua del río Charles de Boston. Usa unos catalizadores que son relativamente eficiente y baratos, una mezcla de níquel, molibdeno y zinc para producir hidrógeno, y el cobalto-borato para escupir el oxígeno (Science, vol 334, pág 645).

Pero sigue siendo un taburete al que le faltan patas. La eficiencia del dispositivo es de un 2,5 por ciento, significativamente menor que el sistema de Turner de hace más de una década, y sus componentes se degradan después de una semana. La antena, hecho de un triple empalme de silicio, es caro. El hidrógeno se sale a $6 ó $7 por kg., según Tom Jarvi, director de tecnología de la empresa. Por el momento, crear hidrógeno por re-formación del metano cuesta alrededor de $2,50 por kilo.

Por supuesto, la empresa no está a punto de revelar sus ideas al respecto, pero el objetivo general es disponer de un sistema dentro de los 10 años, que pueda escupir el hidrógeno al menos a 3 dólares por kg. con un 5 por ciento de eficiencia, con el énfasis en un bajo coste y al precio de una menor eficiencia. El objetivo final es producir en masa partículas fotosintéticas de la clase que puedan ser lanzadas en un cubo de agua sucia y producir combustible en serie. "Se puede reducir semiconductores hasta la nanoescala y dispersarlos en el agua. Es el mejor camino para un bajo costo", señala Mike Decelle, CEO de Sun Catalytix. También podría significar una revolución energética en algunas partes del mundo, lejos de las redes eléctricas, y donde la luz solar es abundante, pero a menudo el acceso al agua potable es un problema. Si el combustible está disponibles con sólo poner un balde de agua salobre al sol y verter dentro algunas motas de polvo metálico, eso podría significar el fin de las lámparas de parafina y los sucios y caros generadores diésel cascarrabias, de los que millones de personas dependen para mantener las luces encendidas y poder acceder a otros servicios esenciales.

"En definitiva, es una idea genial", dice Gamelin, por lo que Sun Catalytix ha demostrado hasta ahora. Aun así, las conjeturas de Turner deberán esperar  por lo menos 15 años antes de que algo comercial llegue a los estantes de cualquier laboratorio. Lewis promete prototipos de trabajo dentro de un par de años, pero admite que los primeros no serán baratos. Más allá de eso, está pensando un momento futuro en que los sistemas no se limiten a producir hidrógeno, sino que, con un un poco más de química se llegue a hacer más fácil el transporte de combustible, como el etanol, posiblemente también tirando del dióxido de carbono del aire para su producción.
               
Eso sigue estando a distancia. Por el momento, dice Lewis, "somos como los hermanos Wright. Nuestro trabajo es ensayar,  fallar con frecuencia y seguir adelante". Lo que determinará nuestro éxito o fracaso vendrá determinado cuando consigamos hacer combustible cuando el sol brilla.


- Referencia: NewScientist.com, 16 abril 2012, por Nicola Jones
- Título original: "New leaf: The promise of artificial photosynthesis"
- Imagen e ilustración de New Scientist. 

Fuente:

Unos obreros descubren los huevos de dinosaurios más grandes

Los huevos de dinosaurios encontrados en Chechnyam, Rusia. |Reuters

Los huevos de dinosaurios encontrados en Chechnyam, Rusia
Un equipo de obreros y geólogos rusos ha anunciado el hallazgo, en la región de Chechenia, de unos huevos de dinosaurio fosilizados que, según aseguran, son los más grandes que se han encontrado hasta ahora en todo el mundo. "Hasta ahora hemos encontrado unos 40, pero puede haber más debajo de la tierra", ha señalado Said-Emin Dz habrailov, geólogo de la Universidad de Chechenia, según informa Reuters.

El hallazgo tuvo lugar por un grupo de trabajadores que estaban picando en una ladera para construir un camino, cerca de la frontera con Georgia, en las montañas del Cáucaso. Enseguida, los geólogos se percataron de que las formaciones lisas y ovaladas que presentaban las rocas, y se extendían desde los 25 centímetros al metro de longitud, podían ser fósiles de huevos de los extintos reptiles del Jurásico.

Dz habrailov señaló que es necesario un estudio paleontológico para determinar la especie de dinosaurio que los habría puesto y destacó que el Gobierno de la región "está impaciente" porque este hallazgo pueda cambiar la imagen internacional de región violenta que tiene Chechenia por otra que pueda atraer a los turistas.

Sin embargo, una paleontóloga de Moscú, Valentina Nazarova, ha puesto en duda el hallazgo y no cree que los dinosaurios vivieran nunca en las montañas del norte del Cáucaso. "Los dinosaurios no dejaban huevos mientras saltaban por las montañas, lo siento por ellos", ha dicho.

No obstante, desde Chechenia aseguran que son huevos y que esperan poder estudiarlos con profundidad en los próximos meses.

Fuente:

El Mundo Ciencia

Los Himlayas se siguen derritiendo... pero más lentamente


El glaciar Imja, en Nepal, con el lago de agua derretida que empezó a formarse a comienzos de los 60. | Jeffrey S. Kargel/GLIMS/University of Arizona

El glaciar Imja, en Nepal, con el lago de agua derretida que empezó a formarse a comienzos de los 60.

  • La situación no es tan grave como dijo el IPCC, pero sigue preocupando
  • Los expertos dicen que cualquier pérdida afecta al abastecimiento de agua

Los glaciares del Himalaya retroceden y pierden reservas de agua, pero no tan rápido como se pensaba hasta ahora. Esta es la conclusión de un estudio recién publicado en la revista 'Science' . El trabajo es una revisión de todas las investigaciones existentes sobre los glaciares del Himalaya que ha sido llevado a cabo por un equipo internacional de científicos dirigidos por Tobias Bolch, de la Universidad de Zurich.

Los resultados indican que el ritmo de deshielo que padece la gran cordillera asiática es similar al del resto del mundo. Eso contradice las severas predicciones que diversos organismos habían hecho sobre el destino de los hielos eternos del techo del mundo. Hay que recordar que en 2007, el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) aseguró en su IV Informe de Evaluación sobre el Cambio Climático que los glaciares del Himalaya podrían fundirse del todo en 2035. Tiempo después, el IPCC reconoció que se había equivocado y que había incluido en su informe esa referencia sobre el Himalaya que no estaba científicamente contrastada.


El trabajo recién publicado en 'Science' confirma, efectivamente, que el IPCC no estaba en lo cierto y que el Himalaya no va a desaparecer en 2035. Los autores han utilizado todas las medidas de longitud, área y volumen de los glaciares existentes, desde las más recientes vía satélite hasta las históricas, algunas de las cuáles se remontan hasta 1840.


Han concluido que los glaciares están perdiendo una longitud de entre 15 y 20 metros por año y pierden entre un 0,1% y un 0,6% de su superficie anualmente. 

Respecto al volumen de hielo, el grosor desciende unos 40 centímetros de media al año. Curiosamente, el retroceso es generalizado excepto al noroeste, en las montañas del Karakorum, donde los glaciares se mantienen e, incluso, ganan algo de volumen en los últimos años. Eso sí, los autores señalan también que esa zona del Karakorum es más impredecible y experimenta avances y retrocesos de forma más brusca y rápida que el resto de la gran cordillera asiática.
 
"Los cambios detectados en longitud, superficie y volumen se corresponden con la tendencia media global", asegura el investigador Bolch. Y añade en un comunicado remitido por la Universidad de Zurich:: "La mayoría de los glaciares del Himalaya se están derritiendo, pero mucho más lento de lo que se predijo antes".

El glaciar y el lago Imja, en Nepal, con el Makalu detrás. | Koji Fujita/Nagoya University

El glaciar y el lago Imja, en Nepal, con el Makalu detrás. | Koji Fujita/Nagoya University

Consecuencias para el hombre

Hay que tener en cuenta que grandes ríos como el Ganges, el Indo y el Brahmaputra, del que dependen cientos de millones de personas en el subcontinente indio, se alimentan directamente de los hielos del Techo del mundo. Los científicos creen que aunque el descenso del hielo no es un tan vertiginoso como se decía, sigue siendo motivo de preocupación.

No creen que en el plazo inmediato vaya a haber falta de abastecimiento de agua en las grandes cuencas, pero sí consideran que a medio plazo, debido a los cambios en los glaciares y al deshielo veraniego puede haber falta o exceso de agua en algunos valles.


Especialmente preocupante son las avalanchas que pueden provocarse por los nuevos lagos que se forman tras el deshielo. Grandes superficies de agua han crecido en las últimas décadas donde antes había hielo. Ocasionalmente, cuando la pared de rocas que contiene el agua cede a la presión, esos lagos glaciares se vacían de golpe provocando enormes riadas de piedras y lodo aguas abajo. Bolch y sus colegas abogan por vigilar y monitorizar esas peligrosas balsas de agua glaciar.

Otra novedad aportada por el trabajo publicado en 'Science' es un cálculo final de la superficie del hielo en el techo del mundo. Así, la superficie que ocupan los glaciares en el Himalaya y en el Karakorum es de 40.800 kilómetros cuadrados, es decir, una extensión similar a la de Extremadura y que equivale a 20 veces más que todos los glaciares de los Alpes. Sin embargo, el dato ha resultado una sorpresa, pues hasta ahora se pensaba que los glaciares del Himalaya abarcaban unos 50.000 kilómetros cuadrados. De un plumazo, han perdido un 20% debido a los errores topográficos que se habían mantenido hasta ahora. 

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El Mundo Ciencia

22 de abril de 2012

Investigan muertes de delfines en Perú



En esta infografía usted se hará una idea de cómo están muriendo los delfines en la costa norte del Perú por obra y gracia de la "burbuja marina". Conocer Ciencia repudia este hecho y hace un llamado a la protesta ante este tipo de acciones que representan un crimen contra el delicado equilibrio de nuestro maravillosos medio ambiente.

Delfín muerto en costa peruana

 La siguiente nota apareció en BBC Mundo, la prensa nacional casi ni le ha dado importancia a este hecho:

Los delfines muertos han aparecido en la costa del Perú, 750 kilómetros al norte de Lima.

Científicos y funcionarios peruanos están investigando las muertes de centenares de delfines en la costa norte del país.

El viceministro de Desarrollo Estratégico de los Recursos Naturales del Ministerio del Ambiente, Gabriel Quijandría Acosta, explicó este jueves que podría tratarse del morbillivirus -similar al distémper- o del virus de brucella, tras indicar que se espera tener los resultados de los análisis la próxima semana.

Dijo que se han encontrado 877 delfines muertos, en su mayoría en estado de descomposición, en las regiones de Piura y Lambayeque.

Agregó que no es la primera vez que ocurre y que ha habido casos también en México y Estados Unidos.

¿Qué pasaría si todos los elementos de la tabla periódica se juntaran a la vez?

Últimamente ando un poco obsesionado con los elementos de la tabla periódica. Es irónico, porque en mis años instituto llegué a aborrecer esa tabla de letras raras y nombres marcianos que nos obligaban a memorizar. Ahora no dejo de lidiar con la tabla de marras. Estoy leyendo el libro La cuchara menguante, de Sam Kean, y también echándole un ojo a la visual Los elementos, Theodore Gray. Y leyendo y leyendo, he llegado a una pregunta un poco ociosa: ¿qué pasaría si entraran en contacto, simultáneamente, todos los elementos de la tabla periódica?

Todo lo que es tangible en este mundo está formado por elementos, y los elementos tienen dos caras: sus estados puros y una amplia variedad de compuestos químicos que forman al combinarse con otros elementos. Así pues, ¿cómo podríamos intentar unirlos en un mismo sitio?

Teóricamente hay dos maneras de hacerlo. 1. combinando átomos simples de cada elemento. 2. Juntar una porción de cada elemento en su estado natural. La primera requiere la energía de potentes colisionadores de hadrones, y la segunda otra podría convertirse en una calder a llena de plutonio abrasador. En cualquier caso, de ocurrir, seguramente ambas maneras acabarían creando monóxido de carbono y un puñado de sales y oxidación.

Al juntar átomos, no se creará una supermolécula que contenga un átomo de cada elemento. Los átomos no siempre se fusionan para generar moléculas. El oxígeno, por ejemplo, es muy reactivo, y si está cerca del hidrógeno formará el hidróxido. Si está cerca del carbón, formará monóxido de carbono. Y estas uniones serán básicamente azarosas, dependerá de qué átomo queda al lado de otro átomo, así que, cada vez que juntemos los átomos, aparecerán combinaciones diferentes. Otros elementos, como los gases nobles, no reaccionaría con nada. Al final, pues, tendríamos gases nobles y algunas moléculas comunes formadas por dos o tres átomos.

La única manera de se juntara más y mejor sería usando un acelerador de partículas, haciendo que choquen al 99,999 % de la velocidad de la luz. Así tal vez se fusionaran algunos núcleos, pero lo más probable es que se mezclaran formando plasma quark gluón, la materia que seguramente existió justo después de que se formara el universo, tal y como explica Bjorn Carey en ¿Sabías que…? Además, necesitaríamos un colisionador de partículas para cada elemento: 118 en total.

Y ¿si nos limitamos a juntar los elementos en una cámara sellada, en forma de polvo y gas? John Stanton, el director del Instituto de Química Teórica de la Universidad de Texas, lo ve así:
El oxígeno gaseoso reaccionaría con el litio o el sodio y se inflamaría, aumentaría la temperatura del contenedor hasta que pareciera un infierno. El grafito de carbón en polvo también se inflamaría. Hay más o menos unos 25 elementos radiactivos, y provocarían una mezcla inflamable un poco peligrosa. El plutonio en llamas no es algo muy recomendable. Inhalar el aire que desprende el material radiactivo causaría una muerte inmediata. (...) Al final, los elementos siempre llegarían a un equilibro y, en ese caso, sería una mezcla de compuestos comunes y estables.
Fuente:

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