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15 de abril de 2012

El hombre que confundió un dinosaurio con el escroto de un gigante


Dibujo de Richard (1763) del que probablemente fue el primer hueso conocido de dinosaurio, bautizado como 'Scrotum humanum'

Dibujo de Richard (1763) del que probablemente fue el primer hueso conocido de dinosaurio, bautizado como 'Scrotum humanum'

Antes de que Richard Owen pronunciara por primera vez la palabra 'dinosaurio'en 1841, muchos naturalistas ya habían comenzado a extraer del suelo grandes restos fósiles sin saber exactamente a qué pertenecían. Incluso llegaron a ver los testículos de un superhombre en el fémur del primer terópodo descubierto. Lo llamaron 'Scrotum humanum'.

En 1677, el reverendo inglés Robert Plot describió en su libro 'Historia Natural de Oxfordshire' el hallazgo de un enorme trozo de hueso fosilizado. Según el inglés, se trataba de “un hueso auténtico, ahora petrificado” que recordaba “exactamente la figura de la parte de debajo del fémur de un hombre, o al menos de algún otro animal”. Este fósil correspondía en realidad a un dinosaurio, aunque este crucial dato no se conocería hasta un siglo más tarde.

Una de las explicaciones de los fósiles en el siglo XVII era la 'virtus formativa', una capacidad de la Tierra para generar formas caprichosas

Fallidas interpretaciones

Plot, un naturalista inquieto y con las mejores intenciones de hacer avanzar la ciencia de la época, no tuvo demasiado acierto. Basándose en los datos disponibles en aquella época y en partes de la Biblia, el reverendo creyó que el hueso pertenecía a un gigante. Y en una desafortunada serie de hipótesis posteriores, este mismo fósil fue tomado por los testículos petrificados de un coloso. Así, durante años, el primer dinosaurio identificado recibió el nombre de Scrotum humanum.

A simple vista, Jose Luis Sanz, Catedrático de Paleontología de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), identifica el fósil de Plot como "el fragmento distal del fémur de un gran dinosaurio terópodo, probablemente Megalosaurus".

Sanz formó parte del equipo que halló en Cuenca el esqueleto del dinosaurio más completo hallado en España hasta la fecha, correspondiente a un nuevo dinosaurio carnívoro, el Concavenator concorvatus. El descubrimiento de Pepito, como se le llamó coloquialmente, fue publicado en la revista Nature en septiembre de 2010.

"La formación de los fósiles ha sido explicada en términos muy diferentes a lo largo de la historia", cuenta este paleontólogo. "Una de las hipótesis más en boga en el siglo XVII era la virtus formativa, una capacidad de la Tierra para generar formas caprichosas, que no eran tanto anomalías sino dones que Dios había puesto, igual que había puesto las flores en los campos para alegrar la vista de los seres humanos. Esta aproximación es la que Plot había utilizado para explicar muchos de los fósiles que encontró".

En este caso particular, la primera hipótesis de Plot fue que se trataba de restos óseos de elefante, probablemente traídos por los romanos en su invasión de las islas británicas. Sin embargo, cuando el reverendo tuvo acceso a los restos de un elefante se dio cuenta de que la forma y el tamaño de su fósil, de unos 60 centímetros de diámetro, no encajaban con la conjetura inicial.

Entonces, inmediatamente, optó por la hipótesis gigantológica. Creyó ver en ese hueso los restos de uno de los patriarcas de los que hablaba la Biblia, personajes como Matusalén, Abraham o Noé a los que se suponía un tamaño y longevidad sobrenaturales.

Los testículos de un gigante

Este argumento no sólo se mantuvo durante décadas, sino que tomó un giro sorprendente a mediados del siglo XVIII. En 1763, el naturalista Richard Brookes reinterpretó el fósil de Plot no como la base del fémur de un gigante, sino como sus testículos petrificados. Brookes aplicó además a este razonamiento el célebre binomio latino que el taxónomo sueco Carlos Linneo había popularizado como sistema de nomenclatura de especies.

En opinión de Sanz, Brookes no denominó 'Scrotum humanum' a este fósil "porque pensase que aquello podía interpretarse como los testículos de un gigante, sino porque de alguna manera le recordaba a un escroto humano", aunque otros naturalistas de la época, como el francés Jean-Baptiste Robinet, sí que se inclinaron por esta aproximación. "Desde el punto de vista linneano, para denominar una especie estás obligado a crear un binomio, y ese 'Scrotum humanum', en mi opinión, era una cualidad descriptiva del fósil, nada más".

En cualquier caso, y merced a las leyes de prioridad del Código Internacional de Nomenclatura Zoológica, pasarían años hasta que este binomio fuera reescrito.

El concepto de 'dinosaurio'

En 1841, durante una conferencia impartida en Plymouth (Reino Unido), el paleontólogo inglés Richard Owen pronunció por primera vez la palabra 'dinosaurio', aunque otros ya se habían aproximado años antes al concepto. Principalmente fueron dos personas: William Buckland, de profesión clérigo, y Gideon Mantell, que era médico rural. Como naturalistas, ambos interiorizaban el sistema de Linneo, por eso Mantell llamó a su especie descubierta Iguanodon –aunque olvidó poner el segundo término del binomio– y Megalosaurus bucklandii al espécimen hallado por Buckland.

Cuenta José Luis Sanz que, pese a todo, Buckland "no estaba muy seguro de lo que estaba publicando. Este Megalosaurus tenía caracteres mixtos, por un lado caracteres que se podían encontrar en cocodrilos o incluso en mamíferos, y por otro caracteres típicos de algunos tipos de lagartos, como los varanos. Entonces, su decisión final fue que se trataba de un lagarto gigante, hipótesis que fue refutada más tarde por Owen" con un paradigma nuevo e integrador.

Desde nuestra butaca en el siglo XXI, las interpretaciones dadas entonces a los fósiles pueden parecer exóticas, aunque como bien apunta Sanz, los hombres de aquella época "podían ser ignorantes en algunos aspectos, pero no eran tontos". La edad de la Tierra, por ejemplo, no fue un conflicto para Buckland, que “representa al paradigma de la teología natural, y dentro de esta, no tenía problema en admitir que el planeta tenía varios cientos de miles de años. Buckland estaba equivocado en tres o cuatro órdenes de magnitud, lo cual hoy nos parece mucho, pero para la época era algo aceptable”.

En el fondo, así es como avanza la historia de la ciencia. La hipótesis errónea de Plot se transformó en la hipótesis, más sofisticada pero igualmente errónea, de Brookes y luego en la de Buckland y luego en la de Owen. Y así hasta nuestros días, donde aún son muchas las piezas que faltan en el puzle de los dinosaurios.

Cuando José Luis Sanz, hoy autor o coautor de ocho géneros de estos animales, comenzó a excavar por primera vez, hace más de veinte años, “no teníamos ni idea de que existiera todo un linaje de dinosaurios, que son básicamente los ancestros directos de las aves, completamente cubiertos de plumas. Hoy en día tenemos una evidencia abrumadora y datos que demuestran el parentesco de estos terópodos, del tipo de los velocirraptores, con las aves”.

La ciencia no puede aún explicar, por ejemplo, para qué servía la 'joroba' que Sanz y su equipo encontraron en mitad del lomo del dinosaurio de Cuenca. La paleontología es una ciencia histórica que, en los últimos tiempos “ha hecho esfuerzos titánicos para generar herramientas de refutación cada vez más fiables y sólidas. Obviamente no pueden ser tan sólidas como en la física o la química”, dice el catedrático de la UAM.

En las últimas décadas, el trabajo de historiadores de la paleontología como Stephen Jay Gould ha contribuido a modernizar los métodos y las pruebas necesarias para validar este conocimiento. Pero en definitiva, como reconoce Sanz, "nuestro conocimiento epistemológico de la paleontología sigue siendo el mismo desde los comienzos del siglo XIX, aunque los paleontólogos de entonces no lo supieran. Todas nuestras hipótesis se contrastan en el registro fósil. Tienes una hipótesis de cómo era el esqueleto, el cerebro o dónde vivía el dinosaurio y la vas desarrollando hasta que nuevos descubrimientos fósiles y herramientas de análisis te permitan refutar todas las incorrecciones que has dicho hasta ese momento".

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El Mundo Ciencia

Buenas noticias: En la Antártida hay el doble de pingüinos emperadores de lo que se pensaba

Pingüinos emperadores.

Un grupo de científicos utilizó imágenes por satélite para descubrir que en la Antártida hay el doble de pingüinos emperadores de lo que se pensaba.

El equipo internacional, liderado por el británico Peter Fretwell, estimó que su número asciende a 600.000.

Es la primera vez que se usan imágenes satelitales para contar el número de miembros de una especie y los investigadores dijeron que la técnica servirá para seguir de cerca el el efecto del cambio climático en los pingüinos.

Fretwell le dijo a la BBC que esperan usar la misma técnica para hacer seguimiento de otras especies, en especial aquellas que ofrezcan un fuerte contraste de color con el medio que los rodea.

clic Lea: Científicos localizan una colonia de pingüinos siguiendo sus excrementos

Fuente:

BBC Ciencia

¿Cuál es el animal más ruidoso?

Insecto

Eso depende de qué queramos decir con ruidoso. Pero si entendemos ruidoso como el que produce el sonido más fuerte, el Zoológico Nacional Smithsonian en Estados Unidos dice que es la ballena azul.

Sus pulsos de 188 decibeles son más fuertes que el sonido de un motor de reacción y pueden escucharse a una distancia de hasta 800 kilómetros.

En tierra, los animales que hacen los ruidos más fuertes son probablemente los monos aulladores (del género Alouatta) cuyos chillidos pueden escucharse a una distancia de cerca de 5 km.

El anfibio más ruidoso es la rana coquí, nativa de Puerto Rico.

En las aves, el guácharo (Steatornis caripensis), también conocido como pájaro aceitoso es igualmente ruidoso. Sus ruidos pueden alcanzar los 100 decibeles.

Una especie de insecto (Corixa punctata), del tamaño de un grano de arroz, puede llegar a "cantar" a un volumen de 103 decibeles. El insecto produce este sonido al frotar su pene contra su barriga.

Este es el sonido más fuerte en relación al tamaño del animal.

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13 de abril de 2012

La cerveza nos hace más inteligentes (para algunas cosas y por poco tiempo)



Los aficionados a la cerveza ya tienen otra excusa más para empinar el codo: quiero resolver un problema que precisa de toda mi creatividad.


Desde la antigüedad, la cerveza ha constituido un elemento básico de la dieta, llamándose a menudo “pan líquido”. En el antiguo Egipto los trabajadores recibían cerveza como parte de su salario, así como las damas de honor de la reina Isabel I de Inglaterra. En 1492, era la ración oficial de los marineros de la armada de Enrique VII. Además, no hay pruebas de que la ingesta de cerveza genere la popular “barriga cervecera”, a pesar del difundido mito de que el consumo de cerveza produce distensión abdominal.




Por si esto fuera poco, ahora unos investigadores de la Universidad de Illinois en Chicago sugieren que el consumo de cerveza también incrementa algunas parcelas de nuestra inteligencia. Aunque solo sea por una corto espacio de tiempo.







En el experimento llevado a cabo, Asociación Internacional de Psicología, los voluntarios (40 hombres con edades comprendidas entre los 21 y los 30 años) fueron sometidos a una prueba para medir su capacidad resolutiva: les ofrecieron tres palabras, y la prueba consistía en adivinar qué cuarto término se ajustaría a la sucesión. La mitad de los voluntarios no había tomado nada de alcohol, pero la otra mitad se tomaron dos vasos de cerveza. El resultado fue inesperado: los participantes que se habían tomado las ‘cañas’ resolvieron un 40% más de acertijos que sus compañeros sobrios y lo hicieron en mucho menos tiempo. Los bebedores llegaron a la solución en una media de 12 segundos, 3,5 segundos menos que sus compañeros abstemios.




Según la psicóloga Jennifer Wiley, una de las responsables de un estudio:




Descubrimos que una tasa de alcohol en sangre del 0,07% limita la memoria pero mejora la capacidad creativa para la resolución de problemas.



De hecho, la profesora de la Universidad de Illinois defiende que “las cosas realmente creativas se nos ocurren después de tomar un vaso de vino, por ejemplo, durante la cena”, lo cual explicaría la razón de que tantos literatos y artistas usaran el alcohol para sobrealimentar su creatividad: Bukowski empinaba el codo que daba gusto, Faulker le daba al whisky, Raymond Chandler al Gimlet, Truman Capote a los Martinis y Hemingway a todo lo que se le ponía por delante.




Vía El Espectador




Tomado de:




Xakata Ciencia

Los babuinos no saben leer... pero reconocen las palabras



















Los babuinos, una especie de monos también conocida como papiones, pueden reconocer palabras de cuatro letras en la pantalla de una computadora, de acuerdo a un estudio realizado por científicos en Francia.

Los investigadores encontraron que estos monos podían diferenciar entre palabras y combinaciones de letras sin sentido.

Después de ser entrenados, los monos eran capaces de hacer distinciones, a pesar de no ser capaces de leer.

Un babuino mira una pantalla

Uno de los babuinos, llamado Dan, llegó a reconocer 300 palabras durante el estudio.

Los resultados indican que la habilidad de reconocer palabras podría estar más relacionada con la identificación de objetos que con habilidades lingüísticas.

El estudio, llevado a cabo por John Grainger y Joel Fagot de la Universidad de Aix-Marseille, fue publicado en la publicación Science.

"No fue de ninguna manera algo previsible que los babuinos serían capaces de controlar nuestra tarea de discriminación de palabras y algo sin sentido, por eso estamos bastante entusiasmados acerca del simple hecho de que tuvieran éxito", explicó Grainger.

Los investigadores evaluaron a un grupo de babuinos de Guinea, los más peueños de la especie, en una instalación especialmente construida en la universidad.

Reconocimiento de objetos

"En este estudio, los animales tienen completa libertad para participar, y son automáticamente identificados por las computadoras cuando se van de su grupo social para voluntariamente ingresar uno de los 10 posibles sistemas de evaluación", explicó Fagot, quien diseñó el sistema.

Dentro de las cabinas de evaluación encuentran una pantalla de computadora que muestra una palabra de cuatro letras o una combinación sin sentido de letras.

Para ganarse una recompense del sistema automatizado, tienen que tocar correctamente un signo positivo para una palabra sin sentido o un óvalo para una palabra.

Fagot explicó que los babuinos han tenido un entrenamiento extenso, llevando a cabo tests hasta en 61.000 oportunidades.

Babuino

Hay cinco tipos diferentes de monos babuinos, siendo los Guinea los más pequeños.

"Los monos prestan máxima atención a lo que están haciendo porque son ellos los que deciden participar", dijo.

Uno en particular, llamado Dan, pudo reconocer hasta 300 palabras correctamente.

"Las capacidades cognitivas varían entre los humanos también, y no es tan sorprendente que emerjan diferencias individuales" entre los babuinos, según Fagot.

Grainger le dijo a la BBC que reconocer secuencias de letras -anteriormente consideradas "un elemento fundamental" del lenguaje- podían estar relacionados a una habilidad más simple.

"Los babuinos usan inEnlaceformación sobre letras y las relaciones entre letras para hacer su tarea… Esto está basado en una habilidad básica para identificar cada día objetos en el entorno", dijo.

Fuente:

BBC Ciencia

El Mundo Ciencia

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Niños y chimpancés imitan el comportamiento de la mayoría

Niños alemanes que participaron en el estudio. |Max Planck Institute.

Niños alemanes que participaron en el estudio. |Max Planck Institute.

  • Humanos y chimpancés comparten estrategias para el aprendizaje social
  • Los niños y chimpancés de 2 años suelen repetir lo que hace la mayoría
  • Los orangutanes, sin embargo, son menos influenciables

La tendencia a imitar lo que hacen los demás no es exclusiva de los adultos humanos. Desde bien pequeños, los niños también optan por seguir a la mayoría, según ha comprobado una investigación publicada en 'Current Biology'.

Además, los investigadores del Instituto Max Planck que firman este estudio han detectado que los chimpancés se comportan de una forma parecida. Los orangutanes, sin embargo, otros primates muy cercanos al hombre, son más independientes y menos influenciables a la hora de dejarse guiar por las decisiones de los demás.

Tras realizar tres experimentos, los científicos comprobaron que los niños de dos años de edad son más propensos a imitar una acción que han visto realizar a tres pequeños de su entorno, que si esa acción ha sido realizada por un solo niño y repetida varias veces. Lo mismo ocurre con los chimpancés.

Aprendizaje social

Los autores del estudio, liderados por Daniel Haun, creen que el hallazgo muestra que humanos y chimpancés comparten estrategias para el aprendizaje social. "Creo que poca gente esperaba que los niños de dos años estén ya influenciados por la mayoría", señala Haun, que aconseja a padres y profesores que presten atención a las dinámicas de estas interacciones entre niños.

A pesar de que la idea de que a tan temprana edad ya se muestren tan influenciables no parece algo positivo, los autores de este artículo destacan que imitar lo que hace la mayoría tiene sus ventajas desde un punto de vista evolutivo. Afirma Haun que la tendencia a adquirir los comportamientos de la mayoría ha sido clave para transmitir estrategias de comportamiento relativamente seguras y productivas.

La transmisión cultural, subrayan los autores, es un componente clave de la evolución humana. Los científicos creen que los chimpancés ('Pan troglodytes') y los orangutanes ('Pongo pygmaeus'), dos de las especies más próximas al hombre ('Homo sapiens'), también comparten sus costumbres generación tras generación,, aunque se desconocía hasta qué punto esta transmisión se parece a la de los humanos. La tendencia a comportarse de la misma forma que lo hace la mayoría no había sido demostrada en primates hasta ahora.

La estrategia dominante

Anteriores estudios, recuerdan los investigadores, mostraron que algunos primates que habían observado dos maneras de abrir una fruta artificial optaban preferentemente por la estrategia dominante en su grupo. Sin embargo, en estos estudios, el comportamiento de la mayoría fue también muy probablemente el primero que habían observado y el que más veces se había repetido en el grupo. De modo que se desconocía si habían elegido esa alternativa porque lo habían visto primero, con más frecuencia o porque era la que escogía la mayoría.

Representación de las diferentes opciones en uno de los ejercicios. | C.B.

Representación de las diferentes opciones en uno de los ejercicios. | C.B.

El estudio se llevó a cabo con niños y niñas de dos años de edad. Los pequeños fueron reclutados en guarderías de Leipzig (Alemania) y pertenecían a familias con diferentes niveles de ingresos. Los chimpancés ('Pan troglodytes') se encontraban en el santuario Tchimpounga de República del Congo mientras que los orangutanes de Borneo ('Pongo pygmaeus') viven en el centro de Kalimantan, en Indonesia.

El equipo de Haun preparó cajas con tres agujeros, cada uno de un color diferente, para cada grupo (niños, chimpancés y orangutanes). Cada vez que se introducía una pelota en uno de los orificios, la caja entregaba una recompensa (cacahuetes para los monos y orangutanes, y pepitas de chocolate para los niños). Ninguno de los participantes en los experimentos había estado en contacto antes con estas cajas.

Primero, los niños, los chimpancés y los orangutanes pudieron ver cómo varios de sus compañeros manipulaban la caja. Estos compañeros habían sido entrenados anteriormente por los investigadores para asegurarse de que elegirían un color en concreto mientras el resto de los sujetos del experimento les observaban. Posteriormente, fueron ellos los que tuvieron que acercarse a la caja.

Los investigadores comprobaron que la mayoría de los niños y los chimpancés elegían el color por el que habían optado sus compañeros.

Los orangutanes, sin embargo, introdujeron la pelota indistintamente en todos los agujeros. El estudio señala que la diferente estructura social de estos primates (cuyo aprendizaje se centra en las enseñanzas de su madre) podría explicar por qEnlaceué no imitaban el comportamiento de sus compañeros, como hacían los chimpancés o los niños.

Fuente:

El Miundo Ciencia

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