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14 de noviembre de 2011

Hollywood se equivocó con los extraterrestres









No tienen cabezas de formas curiosas ni ojos saltones ni son de un tono verdoso. Dimitar Sasselov está convencido de eso.

De lo que no está seguro es de que cuando los veamos los reconoceremos.

El astrofísico Sasselov piensa que si existe vida en otra parte -y él cree que sí-, probablemente sus componentes básicos serán distintos de los nuestros, así que quizás no nos demos cuenta de que son seres vivos.

Un proyecto que está dirigiendo en la Universidad de Harvard, llamado los Orígenes de la Vida, está tratando de imaginar cómo sería la vida si estuviera basada en químicos y condiciones diferentes y tuviera una historia distinta a la de la Tierra.

No hay razón para que la vida sólo se pueda formar bajo un conjunto único de circunstancias... o al menos eso es lo que él espera que el proyecto eventualmente pueda probar.

Revolución a puertas

Imagen conceptual de vida extraña

Es posible que aunque encontremos extraterrestres, no los reconozcamos como tales.

La humanidad se ha venido haciendo preguntas como "¿cómo llegamos aquí?" y "¿estamos solos?" desde siempre y, según Sasselov, probablemente no tendremos una respuesta definitiva hasta el próximo siglo.

Pero nuevos instrumentos y nuevos datos en una amplia gama de especialidades están permitiendo que los científicos se acerquen a esas respuestas más que nunca.

Y esfuerzos interdisciplinarios de gran envergadura, como el proyecto de Harvard y otros similares de la Universidad del Estado de Arizona, la Universidad de Washington y University College London, están cambiando radicalmente la manera en la que hacemos la búsqueda y, por ende, lo que tenemos posibilidades de encontrar.

Así como Copernico revolucionó la forma en la que la gente se concebía a sí misma y a su mundo hace 450 años, y Charles Darwin lo volvió a hacer hace 150 años, Sasselov profetiza que estamos acercándonos a otro momento transformativo.

"Una mañana nos despertaremos con una visión del mundo y de quienes somos fundamentalmente diferente", asegura.

¿Estamos solos?

Éste es un momento fértil para seguir buscando vida en otros planetas.

El telescopio espacial Kepler, lanzado por la agencia espacial estadounidense NASA en marzo de 2009, ha oteado cientos de planetas con características parecidas a las de la Tierra.

La humanidad se ha preguntado si está sola en el Universo desde el principio.

Eso ha energizado el campo de los científicos planetarios; si planetas parecidos a la Tierra son comunes, entonces es más realista pensar que la vida también podría serlo, dice Sasselov, cuyo libro sobre el tema "La vida de las súper Tierras" será publicado en enero.

Los láser rojos y verdes que Sasselov y su equipo pulsan en el sótano del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian les permite calcular los cambios de intensidad de onda que indican cuál es la composición química de un planeta.

Sasselov los compara usando un sistema de posicionamiento satelital (GPS), pero en vez de identificar la posición del planeta en el espacio, los láser revelan su posición en la frecuencia.

Buscando los orígenes

Pero se necesitará más que un telescopio elegante y unas luces brillantes para responder a las preguntas sobre el orígen de la vida.

Imagen conceptual del origen de la vida

La idea es entender el origen de la vida.

En Harvard, el equipo Orígenes también incluye a un geneticista, un químico, un geoquímico, un químico de medioambiente y un palenteólogo... y eso es apenas el comité directivo.

El hecho de que científicos de todas esas disciplinas diferentes estén compartiendo su progreso es de por sí una gran noticia para la ciencia, conocida por su tendencia al aislamiento.

"La mayoría de las universidades están configuradas de acuerdo a las líneas establecidas por los victorianos: química, matemáticas, físicas, etc.", explica el biólogo molecular John Sutherland del Medical Research Council de Cambridge.

La única manera de abordar esas preguntas gigantes sin embargo -apunta Sutherland- es que científicos de disciplinas diferentes trabajen juntos, aprendan de cada uno y sugieran soluciones que nunca surgirían si estuvieran inmersos en sus especialidades.

En Harvard, los miembros del equipo almuerzan o cenan juntos una vez al mes, y tienen reuniones de trabajo cada una o dos semanas.

Los miembros del equipo además tienen su "trabajo fijo", enfocado en investigación de más corto plazo, señala el miembro del comité directivo Andrew H. Knoll, un profesor de Historia Natural que está usando sus conocimientos sobre el ambiente en la infancia de la Tierra para ayudarle a NASA a explorar Marte.

¿Qué es la vida?

Mientras Sasselov mira para afuera, el cofundador de Orígenes Jack Szostak mira para adentro.

El foco del laboratorio de Szostak es entender cómo la vida -que depende de la autoréplica y la evolución darwiniana- emerge de la química.

Extraterrestre

Si encontramos vida fuera de la Tierra, es probable que no sea como nos la hemos imaginado.

Durante décadas los científicos han tratado de entender los componentes básicos de la vida tomando vida existente y llegando a su esencia. Pero sus experimentos no han prosperado.

En la década pasada, los investigadores de Orígenes empezaron a armarla desde cero.

Jack Szostak, el profesor de genética del Harvard Medical School que fue galardonado con en premio Nobel, mostró por primera vez cómo se podía formar una simple membrana en el barro que había en la Tierra temprana. Más recientemente, él y otros han estado tratando de encontrar una serie de pasos sencillos que puedan explicar cómo el material genético primitivo se replicaba.

Si lo logran, "como sabemos que hay probablemente cientos de millones de planetas parecidos a la Tierra en nuestra galaxia, sería muy probable que haya vida en otros lugares allá afuera", dice.

Si los experimentos de laboratorio demuestran que el proceso de tornar química en vida es extremadamente complicado o que es improbable que haya sucedido, "entonces sería posible que la vida sólo haya empezado aquí. Quizás sólo haya vida en la Tierra".

Por su parte, Lawrence Krauss, el físico que dirige el Proyecto Orígenes en la Universidad del Estado de Arizona, dice que tratar de entender cómo el universo vino de la nada.

"Mucha gente dice que es una cuestión religiosa, pero yo he estado tratando de explicar que es una cuestión científica", dice Krauss, cuyo libro sobre el tema, Un universo de la nada, será publicado en enero.

Una catedral que dure un milenio

El trabajo de Orígenes, como la mayoría de otras iniciativas "puramente científicas" a largo plazo, seguramente llevará a innovaciones que impulsarán a la ciencia y quizás a la vida en este planeta.

Esos beneficios complementarios, no obstante, no son los que motivan la investigación de Orígenes.

"Seguramente habrá toda clase de inesperados beneficios tecnológicos derivados, que servirán para que alguien se haga rico en alguna parte, pero esa no es la razón por la que se está haciendo", dice Steven Benner, un miembro distinguido de la Fundación para la Evolución Molecular Aplicada en Florida, que está buscando vida en la luna de Saturno Titan, así como desarrollando kits de pruebas para VIH y hepatitis.

En vez de construir los tres edificios metafóricos que la mayoría de becas científicas de tres años permiten hoy en día, señala, los investigadores de Orígenes están construyendo una catedral.

Es posible que les tome un siglo encontrar las respuestas, pero lo que ellos construyan se mantendrá erecto por un milenio.

Fuente:

BBC Ciencia

"Nuestro cerebro es el órgano más caro que existe"


"Nuestro cerebro resulta excepcionalmente caro porque es excepcionalmente grande. Además, en comparación con otros tejidos, el tejido nervioso consume mucha energía. En recién nacidos, en los que el cerebro aún está en desarrollo, consume un 60%. En adultos, nuestro cerebro consume una quinta parte de la energía que producimos diariamente y, con ello, consume lo mismo que toda nuestra musculatura en estado de reposo. Es decir, 1,3 kilos de cerebro están consumiendo lo mismo que 27 kilos de músculo (en un hombre de 65 kilos). Para hacerse una idea de lo costoso que es el cerebro humano en comparación con cerebros de otras especies, en chimpancés “sólo” consume un 13%, en otros mamíferos más pequeños como el ratón doméstico un 8.5% y en el mamífero medio 5%. Podríamos decir sin mucho margen de errar que nuestro cerebro es el órgano más caro que existe".

Seguir leyendo en: "Nuestro cerebro es el órgano más caro que existe" (lainformacion.com)

Tomado de:

Fogonazos

La extraña historia de la lobotomía

Hace 75 años, en Estados Unidos, se llevó a cabo un proceso que un psiquiatra describe como "meter una aguja en el cerebro y agitarla": la lobotomía. ¿Cómo llegó a ser considerada una cura mágica (que ya realizaban, desde hace 3000 años, los hombres de Paracas (Perú)?

Haciendo hueco en cráneo

La idea de abrirle huecos al cráneo para curar enfermedades viene de la noche de los tiempos.

En las profundidades de los archivos de la Colección Wellcome de Londres, ese magnífico tesoro oculto de curiosidades médicas, hay una pequeña caja blanca de cartón.

Adentro hay un par de aparatos médicos. Son sencillos. Cada uno consiste en una barra de acero de 8cm, con un mango de madera.

"Estas horripilantes cosas son instrumentos de lobotomía. Nada sofisticado", dice el archivista Lesley Hall.

Estas barras alguna vez representaron lo más avanzado de la ciencia psiquiátrica. Eran las herramientas operativas de la lobotomía, también conocida como leucotomía, una operación que era considerada como una cura milagrosa para una variedad de enfermedades mentales.

Por miles de años la humanidad había practicado la trepanación, agujereando el cráneo para dejar salir a los espíritus malvados.

La idea de la lobotomía era diferente. El neurólogo portugués Egas Moniz creía que los pacientes con conductas obsesivas sufrían de problemas en los circuitos del cerebro.

En 1935, en un hospital de Lisboa, pensó haber encontrado la solución. "Decidí cortar las fibras conectivas de las neuronas activas", escribió en una monografía titulada "Cómo llegué a hacer una leucotomía frontal".

Freeman (izquierda) potenció el descubrimiento de Moniz.

Su técnica original fue adaptada por otros, pero la idea básica se mantuvo.

Los cirujanos perforaban un par de huecos en el cráneo, ya sea en un lado o en la parte superior, e introducían un instrumento afilado -un leucotomo- en el cerebro.

El cirujano luego lo movía de un lado a otro para cortar las conecciones entre los lóbulos frontales y el resto del cerebro.

Moniz reportó mejoras dramáticas en sus primeros 20 pacientes. La operación fue acogida con entusiasmo por el neurólogo estadounidense Walter Freeman, quien se convirtió en un evangelista del proceso. Fue él quien hizo la primera lobotomía en Estados Unidos en 1936, y luego la divulgó por el mundo entero.

Desde principios de la década de los '40, empezó a ser vista como una cura milagrosa en el Reino Unido, donde los cirujanos ejecutaron proporcionalmente más lobotomías que EE.UU.

A pesar de la oposición de algunos doctores -particularmente los psicoanalistas- se convirtió en parte integral de la psiquiatría.

La razón de su popularidad era simple: la alternativa era peor.

"Cuando visitaba hospitales de salud mental... veía camisas de fuerza, celdas acolchonadas, y era patente que algunos pacientes eran -siento tener que decirlo- sujetos a violencia física", recuerda el neurocirujano retirado Jason Brice.

El chance de una cura a través de la lobotomía parecía preferible a una cadena perpetua en una institución.

"Esperábamos que ofreciera una salida", dice Brice. "Esperábamos que ayudaría".

Miles y miles

Escena de Atrapados sin Salida

Al hiperactovo McMurphy, encarnado por Jack Nicholson, le hacen una lobotomía en Atrapados sin Salida.

La operación se volvió tan popular que había doctores , como el británico Sir Wylie McKissock, que llegaron a hacer miles.

Terry Gould, quien trabajó con McKissock como anestesista, piensa que su antiguo jefe llevó a cabo unas 3.000.

"Era un proceso que tomaba cinco minutos", y McKissock -cuenta Gould- se prestaba para hacerlas hasta en los fines de semana.

"Iba a otros hospitales en la mañana de un sábado, hacía tres o cuatro leucotomías, y regresaba".

Según Brice, la operación podía tener resultados dramáticos en algunos pacientes, pero cada vez tenía más dudas al respecto, especialmente cuando se trataba de pacientes con esquizofrenia.

El psiquiatra John Pippard le hizo seguimiento a varios cientos de pacientes de McKissock y encontró que alrededor de un tercio se benefició, a un tercio no le afectó y el otro tercio empeoró.

A pesar de que él mismo había autorizado lobotomías, luego se opuso a su práctica.

"No creo que ninguno de nosotros estabamos realmente cómodos poniendo una aguja en el cerebro y agitándola".

En 1949, Egas Moniz ganó el premio Nobel por inventarse la lobotomía, y la operación llegó a la cima de su popularidad.

Pero a partir de mediados de los '50, rápidamente cayó en desgracia, en parte porque los resultados eran pobres y en parte gracias a la introducción de la primera ola de medicamentos psiquiátricos efectivos.

Décadas más tarde, cuando trabajaba como enfermero psiquiátrico en una institución, Henry Marsh cuidaba pacientes a los que se les hizo lobotomías.

"Eran esquizofrénicos crónicos y eran a menudo los más apáticos, lentos y acabados", dice.

Marsh, quien hoy en día es un eminente neurocirujano, dice que la operación sencillamente era mala ciencia. "Era muy mala medicina, mala ciencia, pues era claro que nunca se le hizo seguimiento apropiado a los pacientes".

"Si uno veía al paciente después de la operación, parecía que estaba bien: hablaba, caminaba y le decía 'gracias' al doctor", observa.

"El hecho de que los habían arruinado totalmente como seres humanos sociables probablemente no importaba".

Fuente:

BBC Ciencia

Volando por los cielos de Titán

Todos estamos de acuerdo en que Titán es un mundo espectacular. Porque, ¿quién no querría navegar por sus mares de metano o explorar sus misteriosos campos de dunas? No es de extrañar que en los últimos años se hayan sugerido todo tipo de sondas para estudiar este satélite en profundidad, desde barcos a globos, pasando incluso por submarinos.

AVIATR, un avión que podría volar por los fríos cielos de Titán (Mike Malaska/NASA).

Pero una de las propuestas más sugerentes consiste en el empleo de un avión para el estudio de esta luna de Saturno. Aunque parezca descabellado y a pesar de las bajísimas temperaturas (unos -190º C), lo cierto es que Titán es el mundo del Sistema Solar más favorable para el vuelo de aparatos más pesados que el aire. Con una aceleración gravitatoria superficial de tan solo 1,35 m/s2 y una presión atmosférica 1,44 veces superior a la Terrrestre, hacer volar un avión en Titán es realmente fácil. En concreto, la energía cinética específica requerida para que un avión vuele en Titán es una 1/30 parte de la que necesitamos en la Tierra y una 1/1200 parte de la que usaríamos en Marte (!). Por este motivo, la NASA lleva tiempo estudiando la viabilidad de construir una sonda capaz de surcar los cielos titánicos denominada AVIATR (Aerial Vehicle for In situ and Airborne Titan Reconnaissance). Aunque hace un año ya hablamos de AVIATR en este blog, recientemente hemos podido conocer más detalles sobre la misión.

Configuración actual de AVIATR. Abajo, las superficies de control (NASA).

Proyecto de globo para el estudio de Titán. AVIATR promete ser más interesante (NASA).

El principal problema de AVIATR es justificar sus ventajas frente a las de un globo, un concepto que a priori parece mucho menos arriesgado. En este punto, los diseñadores de AVIATR afirman que un avión es capaz de aprovechar mejor la energía proveniente de los generadores de radioisótopos (RTGs). No olvidemos que una sonda en Titán no puede utilizar energía solar al estar tan lejos del Sol y tiene que depender de baterías o RTGs. Y si queremos que nuestra nave esté en funcionamiento durante un tiempo razonable, sólo nos queda la opción de los RTG. Las propuestas actuales de globos en Titán usan MMRGs para calentar el aire (principalmente compuesto por nitrógeno), pero AVIATR haría uso de ASRGs -básicamente un RTG con partes móviles y más eficiente- para mover una hélice, aprovechando así las escasas reservas de plutonio de las que dispone la NASA en la actualidad.

Además, un avión podría recorrer mayores distancia en menos tiempo, maximizando la superficie explorada durante el transcurso de la misión. A diferencia de un globo aerostático, AVIATR podría controlar su trayectoria y mantenerse siempre en el hemisferio diurno estudiando las formaciones geológicas titánicas. En caso de que surgiese algún problema, la sonda estaría diseñada para entrar en modo seguro de tal forma que mantuviese la antena de comunicaciones apuntando al Sol (o lo que es lo mismo, a la Tierra) y evitando que el vehículo se internase en la oscuridad de la noche (bloqueando las comunicaciones con la Tierra).

La alta densidad atmosférica de Titán permite que el avión tenga unas alas relativamente pequeñas, pero éstas tendrían que estar plegadas dentro de la cápsula de entrada atmosférica durante los siete años de viaje hasta Saturno. Con el fin de simplificar la construcción de la sonda, AVIATR emplearía un diseño basado en los aviones UAV sin tripulación empleados por los militares norteamericanos.

Cápsula de entrada atmosférica de AVIATR con la etapa de crucero (NASA).


AVIATR desciende dentro de su cápsula después de un viaje de siete años (Mike Marlaska/NASA).

Estructura interior de AVIATR. Destaca la antena en la parte frontal (NASA).

AVIATR incluiría varios instrumentos. Entre ellos destacan dos cámaras, una de alta resolución (HRI, High-Resolution Imager) para cartografiar el terreno sobrevolado por la aeronave y otra para estudiar el horizonte (HLI, Horizon-Looking Imager). HRI estaría inclinada 15º hacia delante, trabajaría en las longitudes de onda de 1,97-2,09 micras (transparentes al metano) y alcanzaría una resolución de 0,5 metros/píxel a una altura de 3,5 kilómetros o de 2 metros/píxel a 15 kilómetros). Por su parte, HLI promete obtener vistas impresionantes del horizonte de Titán y, de paso, estudiar en detalle las nubes y los aerosoles de la atmósfera. Trabajaría en el rango de 4,87-5,15 micras con una resolución de 15-34 metros/píxel. A estos instrumentos habría que añadir un espectrómetro en el infrarrojo cercano (NIS, 1.5-5,4 micras) con más de 400 canales y una resolución espacial de 3,5-34 metros/píxel dependiendo de la altura.

AVIATR volaría a una altura de crucero de unos 15 kilómetros, aunque realizaría descensos en espiral hasta los 3 kilómetros para analizar determinadas zonas con mayor resolución. Al terminar la misión, se intentaría atravesar alguna nube de metano para estudiar sus propiedades (¿se imaginan las vistas?) y, finalmente, se haría entrar el vehículo en pérdida para forzarlo a "aterrizar" con una velocidad vertical de pocos metros por segundo. En el caso de que la aeronave sobreviviese al impacto, dejaría de funcionar poco después por culpa de la ausencia de refrigeración por aire.

De salir adelante, la primera aeronave titánica despegaría en febrero de 2017 y llegaría al Saturno después de sobrevolar la Tierra en 2020 y pasar por Júpiter en 2021 para recibir asistencia grvitatoria. Entraría en la atmósfera de Titán el 22 de octubre de 2024 y funcionaría durante un año aproximadamente. AVIATR promete convertirse en el primer avión que surcará los cielos de otro mundo y todo por un coste estimado de 715 millones de dólares (aunque probablemente el precio final será mucho mayor).

Trayectoria y fechas de AVIATR (NASA).

Es casi imposible que AVIATR sea aprobada a tiempo para que pueda despegar en 2017. Pero tranquilos, porque los fanáticos de Titán tenemos las esperanzas puestas en la sonda TiME (Titan Mare Explorer), candidata a la próxima misión Discovery de la NASA. Si finalmente es seleccionada, TiME sería el primer barco que navegase en otro mundo.

Siempre nos quedará TiME para navegar por los mares de metano de Titán (NASA).


AVIATR sobrevolando los mares de Titán (Mike Marlaska/NASA).



Fuente:

Eureka

10 de noviembre de 2011

Lo que el cerebro ve cuando los ojos dejan de mirar

Un estudio demuestra que la imagen de un objeto que permanece en nuestra retina cuando cerramos los ojos no se reconstruye por la impresión de la luz en los receptores sino que se produce en la corteza visual del cerebro. En una serie de experimentos, científicos japoneses han demostrado que las formas que vemos en un ojo alteran la imagen residual en el otro.


El japonés Hiroyuki Ito estudia la percepción visual. La primera pista para su investigación se la dio un sencillo experimento consistente en comparar las imágenes que permanecen en la retina durante unos instantes después de cerrar los ojos. Cualquiera que haya mirado al sol, o haya hecho un juego de ilusión óptica, habrá experimentado el efecto. Miramos fijamente un punto de luz y, cuando se apaga y miramos un fondo neutro, la imagen permanece impresa en nuestra retina, como una huella de luz que tarda un rato en desaparecer. ¿Dónde se queda esta impresión? ¿Acaso son las células receptoras las que se quedan estimuladas temporalmente y producen el efecto?

A Hiroyuki Ito le llamaba la atención un aspecto concreto de este fenómeno conocido como "imagen residual". Si hacemos la prueba con círculos y hexágonos se da una curiosa circunstancia. Si miramos fijamente los círculos, cuando nos ponen un fondo neutro la impresión posterior aparece en forma de polígonos, generalmente hexágonos. Y viceversa, cuando se mira a los hexágonos algunas personas ven círculos sobreimpresionados en un fondo neutro. Es más, cuando añadimos movimiento a la escena el efecto se intensifica. Para comprenderlo, nada mejor que hacer la prueba con una serie de tests diseñados en su laboratorio:




Para su siguiente investigación, Ito se propuso ir un poco más lejos y añadir nuevos estímulos. Para ello realizó tres experimentos. En los dos primeros mostró a los participantes una serie de círculos y hexágonos de colores durante intervalos de diez segundos y les pidió que indicaran podían apreciar en la imagen posterior sobre fondo neutro. Como suele suceder, y ya hemos visto, lo normal era que los sujetos viesen hexágonos cuando les ponían círculos y viceversa.

En el tercer experimento el equipo fue más atrevido y quiso comparar los resultados al estimular los dos ojos de forma independiente. De este modo, mediante un visor binocular, el ojo izquierdo de los participantes contemplaba círculos, hexágonos y asteriscos rotando y el ojo derecho era expuesto a círculos estáticos. Cuando las imágenes desaparecían, al ojo derecho se le colocaba un fondo negro, para suprimir la formación de imágenes posteriores, y al ojo izquierdo se le ofrecía un fondo blanco, para potenciarlas. ¿Qué sucedía en el ojo derecho al apagar a pesar de no haber recibido estímulos de formas angulares? El resultado fue que producía hexágonos muy marcados cuando se proyectaban círculos en el otro ojo, formas redondeadas cuando se proyectaban hexágonos y una forma sin determinar cuando eran asteriscos.

El experimento, según sus autores, descarta que las imágenes posteriores aparezcan como consecuencia de un estímulo en la retina y sitúan el proceso en el cerebro. Si así fuera, no se entendería que se produzcan cambios en el ojo que no ha recibido el estímulo como sucedía en el experimento 3. Por decirlo de otra forma, la retina del ojo izquierdo no puede transferir información a la retina del ojo derecho sobre lo que tiene que ver, de modo que “el único sitio donde puede suceder esto es el cerebro”.

"Que la información que recibe un ojo es compartida con el otro a través del cerebro es un efecto bien conocido", asegura Ito a lainformacion.com. "Mis experimentos muestran que la imagen residual se forma en el cerebro donde la información de ambos ojos está disponible". "Después de ver la forma con un ojo", resume, "la información sobre la silueta se refleja en la imagen residual del otro ojo. A esto lo hemos llamado "trasnferencia interocular", un término técnico para entender el fenómeno".

La investigación, publicada en Psychological Science, pretende contribuir a comprender mejor el papel del cerebro en la visión y el papel determinante de la corteza visual en nuestra percepción. "Estas imágenes residuales podrían ser una herramienta para estudiar funciones cerebrales", nos dice el investigador japonés. "En el presente estudio sugiero que la detección de curvatura y bordes rivalizan en el sistema visual. Esto podría estimular a otros neurocientíficos a encontrar un paralelismo con la actividad de otras neuronas. También estamos buscando aplicaciones para la investigación médica".

Sobre el fenómeno de imagen residual ("afterimages") ya tenían bastante información los neurocientíficos. "Sabíamos que era debida al procesamiento que tiene lugar después de la retina, en el cerebro", nos explica Luis Martínez Otero, director del laboratorio de Neurociencias Visuales."Lo sabemos por ejemplo por la modulación en tamaño, por cómo cambia el tamaño percibido de la imagen residual de un punto luminoso cuando la enfocamos en paredes que se encuentran a distinta distancia de nosotros", explica. Este curioso fenómeno podría explicar incluso la conocida "ilusión de la luna", que hace que nuestro satélite parezca más grande cuando está cerca del horizonte.

Pero la novedad en este trabajo, explica Martínez Otero, está en "cómo cambia la percepción geométrica de las imágenes residuales, que contribuye todavía más a demostrar que el cerebro modifica la información que le envía la retina”. El hecho de que el cerebro transforme círculos en polígonos y viceversa puede tener que ver con la estructura de los mosaicos retinianos, lo que implica que, aunque el cerebro cambia la información que recibe de la retina, podría hacerlo basándose en un conocimiento implícito que tiene de la estructura de ésta. Es decir, el cerebro interpreta, pero las estructuras físicas influyen decisivamente en la información final.

* Vídeo: Diez ilusiones visuales explicadas y una sin explicación (lainformacion.com)

Tomado de:

La Informaciòn

Las mujeres contaminan menos que los hombres

Un estudio sueco sostiene que los hábitos de unos y otros no son iguales.

Debemos afirmar algo que quizás no contente a la mitad de nuestros lectores (teniendo en cuenta que dispongamos de paridad en términos de sexo en la audiencia): los hombres, pero que es cierto. Así pues, ésta no es una afirmación feminista (o una posible versión femenina del machismo, la creencia de que la mujer es superior al hombre por motivos biológicos), sino algo que está avalado por un estudio. Al menos así lo indican los hábitos de ocio, consumo y alimentación de ambos sexos en diversos países europeos.

Las mujeres tienen hábitos más respetuosos con el planeta

El estudio en cuestión se publicó en Suecia y se realizó a partir de muestras de población de Alemania, Suecia, Grecia y Noruega. Lo más sorprendente de todo, es que a pesar de que los ciudadanos de cada uno de estos países poseen hábitos ciertamente diferentes los unos de los otros, los resultados eran muy similares entre países.

  • Hábitos alimentarios. Se considera que los hombres tienden a ingerir más carne y otros alimentos de carácter proteico. La industria cárnica se considerada como una de las industrias alimentarias que más gases de efecto invernadero emite, a la vez que es una de las que produce un mayor impacto en el territorio. Las mujeres, en cambio, consumen más fruta, verdura y cereales, productos procedentes de industrias alimentarias donde la incidencia sobre el ecosistema es menor. Finalmente, los hombres tienen tendencia a beber más bebidas procesadas.
  • Hábitos en el transporte. El uso del vehículo privado es mucho más frecuente en el sexo masculino. Las mujeres, en cambio, son más propensas a utilizar el transporte público y, a pesar de tener vehículo propio y/o trabajar fuera de casa, al cabo del año realizan menos kilómetros que los hombres. Además, las mujeres se inclinan por los vehículos más eficientes energéticamente y menos contaminantes.
  • Hábitos de ocio y consumo. Los hombres gastan de media más de un 70% en gastos vinculados a los transportes, el alcohol y el tabaco que las mujeres. Las personas de sexo femenino, en cambio, gastan mucha más energía en ropa, higiene, salud, hogar y comida, si bien son más los hombres que prefieren comer fuera.

Lejos de ser una batalla para ver cuál de los dos sexos deja una huella ecológica menor, el estudio es una buena manera de comprobar que las acciones cotidianas, por pequeñas que parezcan, dejan un impacto muy significativo en nuestro entorno. Así pues, a veces sólo hay que modificar un poco nuestros hábitos para mejorar lo que les rodea.

Tomado de:

Zona Catastrófica

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