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4 de octubre de 2011

A un año del mayor desastre ambiental en la historia de Hungría

Casa en Kolontar

La mancha roja en esta casa en Kolontar muestra hasta dónde llegó el vertido tóxico.

En octubre del año pasado, el vertido tóxico de una fábrica de alúmina se tragó decenas de hogares en el oeste de Hungría en el peor desastre ambiental en la historia del país.

Hoy en día, no hay nada para fotografiar más allá del arroyo que pasa por el pueblo de Kolontar. Apenas algunos charcos y malezas y un camino que termina en un basural junto a una zanja. Es asombroso cuán corto se ve un camino cuando todas las casas han desaparecido.

Diez personas murieron cuando dos poblados fueron arrasados por el vertido de la fábrica.

Erzsebet y Zoltan Juhasz recorren este sendero a veces y llegan hasta el lugar donde se encontraba su hogar. Hallaron incluso una planta de tomate, creciendo entre las malezas de lo que fue su jardín.

"La recogí y la planté en mi nuevo jardín y ahora está llena de fruta", explica Erzsebet.

Es el único momento ameno de una conversación en la que el tema central es aún demasiado doloroso para mencionar: el momento en que Angyalka, su hija de 14 meses, fue arrastrada de sus brazos cuando una avalancha de barro rojo invadió la casa de la familia el 4 de octubre de 2010.

Mientras hablamos en la nueva cocina, otra niña pequeña, Dori, de tres años, entra corriendo y riendo en busca de un compañero para jugar. Gergo, de siete años, se acerca con gesto solemne para escuchar a los adultos.

El padre pide a Gergo y a Erzsebet que salgan un momento, ya que no paran de llorar. Pero no quieren irse. Renata, de 13 años, está afuera. En noviembre, Erzsebet dará a luz un varón.

"Estamos muy agradecidos por toda la ayuda que recibimos, de la Cruz Roja, de una organización de caridad de la Iglesia Bautista, del Estado. Nos dieron esta casa, pero no tenían por qué hacerlo. Podían haber esperado a que la compañía de aluminio nos indemnizara".

Pero no fue preciso esperar. La mitad de Kolontar que arrasó el vertido fue reconstruida en tiempo récord y hay 21 casas flamantes en la parte más alta del pueblo.

Promesa cumplida

Cuando visitó la zona del desastre el 9 de octubre del año pasado, el primer ministro Viktor Orban prometió que todos serían indemnizados y que cada familia recibiría una casa nueva o el equivalente en dinero.

Vertido tóxico en Hungría

El barro rojo recogido en los poblados afectados fue colocado en reservorios.

Para sorpresa de todos, la promesa fue cumplida. Las casas son blancas y brillantes, cada una algo diferente de la otra. La madera está barnizada y los niños juegan nuevamente en jardines. En la distancia se ve la meseta de Somlo, que es posible divisar entre la bruma.

"No me hubiera gustado mudarme a un lugar sin vista de la meseta", dice con una sonrisa Endre Csipszer, señalando con su mano el horizonte. Estamos ahora en el pueblo de Devecser, un poco más allá de Kolontar.

Se ve un gran complejo de viviendas, con 87 casas nuevas, cada una con flores en la ventana. Y varios trabajadores cargan sofás y muebles hacia los nuevos hogares. "Mire esto, algunos incluso llaman a todo este flujo de actividad el 'vertido dorado'".

"Nunca soñamos con vivir en una casa nueva como ésta, dice su esposa Tereza. Unos pocos muebles que lograron salvar de su antiguo hogar están en una de las habitaciones, pero todo lo demás en la casa es nuevo.

Junto a las ruinas de la antigua oficina de correos en Devecser encontramos a Tamas Toldi, el alcalde del pueblo. El correo es uno de los cerca de 300 edificios que debieron ser derribados, porque los cimientos fueron debilitados por el vertido corrosivo.

"En el pueblo habrá un parque con bancos, patios para juegos, estanques con peces y una cancha de fútbol. También se construirá un parque industrial donde esperamos desarrollar proyectos de energía renovable para crear trabajos locales”.

"La gente aquí ha sufrido mucho por culpa del daño ambiental. Es muy importante para ellos que los trabajos que se creen en el futuro no sean a costo de mayor destrucción de la naturaleza".

Batalla de indemnización

En los campos entre Kolontar y Devecser, Csaba Szabo, comisionado gubernamental para la rehabilitación de la agricultura en el área, muestra con orgullo cultivos de maíz, con plantas altas y verde oscuras, en el medio de un valle.

Csaba Szabo, comisionado gubernamental para la rehabilitación de la agricultura local

Csaba Szabo está a cargo de la rehabilitación de la agricultura en las zonas afectadas.

"En un principio pensamos quemar el maíz para biomasa, pero los estudios confirmaron que podía consumirse sin problemas". Aún así, se decidió que el maíz fuera utilizado para alimentar al ganado.

Cerca del lugar se ha plantado un bosque de álamos, en una zona en la que el vertido alcanzó su mayor altura.

La capa superior del suelo debió ser extraída y reemplazada por tierra nueva. Los álamos son de crecimiento rápido y serán cortados en dos años como fuente de energía.

La población local habla una y otra vez del increíble poder de la naturaleza para regenerarse y de la sorprendentemente generosa y rápida respuesta del Estado. La operación de limpieza ha costado hasta ahora más de US$150 millones y aún continúa. Pero el gobierno insiste en que recuperará el dinero de MAL Zrt, la compañía de aluminio.

"Para que la empresa pueda pagar la indemnización, es importante que siga produciendo y generando ingresos", señaló Gyorgy Bakondy, jefe de la división de manejo de desastres del gobierno húngaro, quien ha venido supervisando el funcionamiento de la compañía.

Antigua estación de trenes de Kolontar

La estación de trenes de Kolontar era el corazón de lo que es ahora un pueblo desolado.

Bakondy monitoreó la implementación de un nuevo sistema para almacenar el subproducto de la obtención de alúmina a partir de bauxita (un proceso en el que se usa soda caústica. Una vez extraída la alúmina queda un barro rojo tóxico que suele almacenarse en depósitos a cielo abierto, que lentamente van perdiendo por acción de la lluvia y el tiempo su poder corrosivo). En lugar de almacenar un fluido de barro rojo, se utilizará una nueva tecnología, que permite el depósito de residuos secos.

El mes pasado, la empresa fue multada por un monto de US$650 millones. La compañía está envuelta en un mar de procesos judiciales. Cerca de 30 víctimas interpusieron una demanda exigiendo indemnización y la Oficina Nacional de Investigaciones nombró a cuatro ex gerentes de la empresa como sospechosos en un proceso criminal.

Por su parte, el gobierno confirmó que existen intensas negociaciones con la compañía y que hará todo lo necesario para que siga solvente y operativa. Una forma de conseguirlo podría ser la nacionalización parcial de la empresa.

Fuente:

BBC Ciencia

Más sobre el desastre de Hungría en los Archivos de Conocer Ciencia:

Claves para entender el derrame tóxico

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Captan por primera vez el nacimiento de una supernova

  • Hasta ahora solo se había captado horas o días después de su nacimiento
  • Ha sido descubierta por casualidad, mientras se estudiaban la 'muerte' de otra supernova

SUPERNOVA

Momento justo del nacimiento de la supernova.

Científicos de la Universidad de Princeton (EEUU) han captado el momento exacto del nacimiento de una supernova, un acontecimiento del que sólo se tenían imágenes de horas o días después de que ocurriera, según un estudio publicado hoy por la revista científica británica Nature.

La mayoría de las estrellas masivas (aquellas que tienen una masa ocho veces mayor a la del Sol) terminan su corta vida en medio de una espectacular explosión, que da lugar al nacimiento de una supernova. De la muerte de estas estrellas surgen nuevos materiales que contribuyen a la evolución de la galaxia.

Una supernova es una explosión estelar que produce objetos muy brillantes en la esfera celeste y suele aparecer donde antes no se observaba nada. En ocasiones son difíciles de distinguir si el polvo que desprenden no deja ver su brillo.

Su aparición es poco frecuente, con sólo unas cuantas por galaxia cada cien años, pero pueden verse desde galaxias distantes debido a su intensa luminosidad.

Hasta ahora, los científicos no habían recogido la emisión óptica del nacimiento de la supernova, sino señales posteriores a la explosión, por lo que ese momento era misterioso.

Hace unos días la NASA anunciaba el descubrimiento la supernova más joven de la Vía Láctea, la G. 1.9+0.3 de solo 140 años y a la que se estaba siguiendo la pista desde hacía más de dos décadas.

Descubren el 'nacimiento' por una 'muerte'

El equipo de investigación de Princeton, liderado por Alicia Soderberg, fue testigo casual del nacimiento de esta supernova en galaxia de la constelación Lince situada a 90 millones de años luz de la Tierra.

Mientras estudiaban la emisión de rayos X de una supernova que se apagó un mes antes, pudieron captar el estallido de rayos X "extremadamente luminosos" que se produjo en el preciso momento de la explosión de la estrella madre.

Utilizando el satélite Swift, perteneciente a una misión conjunta de la NASA con el Science Technology and Facilities Council (STFC) del Reino Unido y la Agencia Espacial Italiana, pudieron registrar las emisiones de rayos X durante cinco minutos.

Además, pronostican que futuros estudios de los rayos X emitidos podrían mostrar el nacimiento de muchas más supernovas, lo que contribuiría al conocimiento de la onda expansiva de la estrella que expulsa una gran parte de su masa al espacio.

Fuente:

RTVE

El Polo Norte también tiene su agujero de ozono

Niveles de ozono sobre el Polo Norte, en marzo de 2011. | Nature

Niveles de ozono sobre el Polo Norte, en marzo de 2011. | Nature

  • Algunas zonas perdieron hasta el 80% de ozono en la primavera de 2011
  • Una presencia inusualmente larga de aire frío en altura acelera el fenómeno
  • También hubo más niveles de gases dañinos para el ozono que en otros años
  • Los gases clorados que dañan el ozono fueron prohibidos a finales de los 80
  • La atmósfera todavía sufre el efeto de los químicos liberados hace décadas

La pérdida de ozono sobre el océano Ártico este año ha sido tan severa que por primera vez se le puede llamar "agujero de ozono", afirma un grupo de científicos que acaba de publicar sus conclusiones en la revista 'Nature'. Aseguran también que la pérdida de ozono en el norte este año es equiparable a la que ocurre desde hace tiempo sobre la Antártida. Hay que tener en cuenta que hasta ahora, cuando se hablaba de pérdida de ozono era en el hemisferio sur, pero este fenómeno no había sido noticia en el extremo norte del planeta.

A una altura de 20 kilómetros sobre el Polo Norte, el 80% del ozono se ha perdido, afirman los científicos. La causa ha sido una presencia inusualmente larga de aire frío a gran altura además de una mayor cantidad de gases destructores del ozono sobre la zona. Los compuestos clorados producidos por el hombre que destruyen el ozono son mucho más activos en ambientes fríos. Las causas de la pérdida de ozono han sido por tanto relativamente circustanciales, por lo que es imposible saber si el fenómeno observado este año se repetirá en próximas ocasiones.

La destrucción del ozono atmosférico por la presencia de compuestos clorados ocurre en primavera sobre las dos regiones polares. Sin embargo, puesto que esa estación es relativamente más templada en el Polo Norte que en el sur, los daños no son tan graves en aquel como en éste y la mayoría de los años la disminución de la capa de ozono es mucho menor en el Ártico que en la Antártida.

Sin embargo, el trabajo aparecido en 'Nature' revela que este año, en determinadas altitudes, el periodo de bajas temperaturas en el Ártico duró 30 días más que cualquier otro invierno ártico, dando lugar a una destrucción de ozono sin precedentes. Para determinar los factores que motivaron que este periodo de bajas temperaturas fuera tan persistente serán necesarios otros estudios.

'Durante el invierno 2010-11, las temperaturas diarias no alcanzaron valores más bajos que en anteriores inviernos árticos', ha afirmado Gloria Manney, autora principal del estudio, que pertenece al Jet Propulsion Laboratory de la NASA de Pasadena (California), y al New Mexico Institure of Mining and Technology, de Socorro (Nuevo México). "La diferencia con respecto a anteriores inviernos es que las temperaturas extremadamente bajas persistieron durante un periodo mayor. Esto implica que si en el futuro las temperaturas estratosféricas disminuyeran ligeramente, como resultado del cambio climático, por ejemplo, la pérdida de ozono del Ártico podría ocurrir con mayor frecuencia.»

Gloria Manney, del California Institute of Technology, es la autora líder del artículo aparecido en 'Nature'. Los autores han analizado los datos de ozono sobre el Polo Norte a finales de 2010 y comienzos de 2011 y aseguran que la pérdida de este gas supera cualquier observación científica anterior.

En la investigación han participado científicos de 19 instituciones de nueve países (Estados Unidos, Alemania, Países Bajos, Canadá, Rusia, Finlandia, Dinamarca, Japón y España) que han analizado datos procedentes de un amplio conjunto de medidas. Se han empleado observaciones diarias de gases y nubes facilitadas por los satélites de la NASA Aura y CALIPSO, datos de ozono medidos por globos instrumentados, datos meteorológicos y modelos atmosféricos.

La aportación española corrió a cargo del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), que desde 1991, en colaboración con el Instituto Meteorológico Islandés, participa en proyectos europeos para la medida de destrucción de ozono en la región Sub-Ártica, realizando sondeos de ozono desde la base de Keflavik (Islandia).

Salvados gracias al acuerdo de Montreal

El ozono es una forma de oxígeno que se acumula de forma natural en la la parte alta de la atmósfera - desde los 15 a los 35 kilómetros por encima de la superficie de la Tierra - y protege la vida en la Tierra de los rayos ultravioleta solares.

Ciertos gases clorados producidos industrialmente por el hombre - CFCs - tienen la capacidad de destruir este ozono. El Protocolo de Montreal, que entró en vigor en 1989, fue un acuerdo internacional para dejar de usar y producir estos gases, que se empleaban como refrigerantes para frigoríficos o como propelentes para sprays, y sustituirlos por otros que no dañaran el ozono. El Protocolo de Montreal fue un éxito, pues se consiguió retirar del mercado mundial esos dañinos productos y frenar el problema.

Si dos décadas después el ozono sigue desapareciendo es porque los gases clorados o CFCs tienen una larga vida en la atmósfera. Los daños que se observan hoy se deben a los gases que se emitiron antes de la prohibición y que aún perduran. Los científicos, de hecho, aseguran que el agujero de ozono seguirá haciéndose mayor en las próximas décadas, y que no será hasta 2050 cuando empiece a remitir. Será para entonces cuando hayan desaparecido los CFCs emitidos en el pasado por el hombre. De no haberse prohibido su uso en 1989, el problema se habría acelerado y durado para siempre.

De hecho, la autora líder del estudio en 'Nature', Gloria Manney ha manifestado que sin el Protocolo de Montreal, los niveles de cloro serían ya tan altos que en el Ártico se formaría también cada primavera un agujero de ozono.

La persistencia en la atmósfera de las sustancias químicas que destruyen la capa de ozono implica que los agujeros de ozono de la Antártida, y la posibilidad de una futura pérdida severa de ozono en el Ártico, puedan seguir ocurriendo durante décadas, asegura el INTA en comunicado de prensa.

Fuente:

El Mundo Ciencia

Descubren la bacteria que convierte la orina en combustible para cohetes

  • La bacteria Anammox puede crear combustible a partir del amoníaco
  • Es la responsable de producir hidrazina, aunque en pequeñas cantidades
El combustible de los cohetes podría estar compuesto de amoníaco, una de las sustancias químicas de la orina

El combustible de los cohetes podría estar compuesto de amoníaco, una de las sustancias químicas de la orina.

Un equipo de científicos han logrado identificar una proteína capaz de convertir la orina en combustible para cohetes.

Lo han conseguido estudiando el proceso bacteriológico Anammox en el que han logrado identificar el mecanismo que permite 'convertir' el amoníaco, una sustancia química presente en la orina, en este tipo de combustible.

Este proceso, según publica Discovery News, causó sensación cuando fue descubierto en la década de los 90 por su capacidad de producir la hidrazina, que se emplea como complemento para misiles, cohetes espaciales y satélites.

Los investigadores han publicado sus conclusiones en la revista Nature, en las que han reflejado que habían identificado el mecanismo molecular por el que las bacterias lograban 'fabricar' la hidrazina.

Demostrarlo, señala Mike Jetten, uno de los investigadores, "ha sido toda una hazaña". Pero después de llevar a cabo novedosos métodos experimentales, consiguieron "aislar la proteína responsable de la producción de hidrazina".

El trabajo ha sido seguido de cerca por científicos de la NASA, pero sus ilusiones se derrumbaron al comprobar que solo se producen pequeñas cantidades de esta sustancia, "que ni mucho menos será suficiente para enviar un cohete Marte", asegura Jetten.

Actualmente este proceso se emplea en la purificación de agua, porque es muy eficaz en la descomposición de amoníaco, aunque tiene otras aplicaciones como los biocombustibles o la limpieza de alcantarillado sin necesidad de bombas de aire.

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RTVE

Consiguen hacer un objeto invisible recreando el efecto de los espejismos

Un equipo de la Universidad de Texas utiliza el efecto de refracción fototérmica para conseguir la invisibilidad. El mecanismo recrea las condiciones que se producen durante un espejismo y hace desaparecer de la vista una película de nanotubos de carbono desde determinados ángulos.




Lo que vemos en las imágenes no es un truco de magia ni un efecto añadido por ordenador. La película de material del centro de la pantalla desaparece literalmente de nuestros ojos mediante el mismo efecto que se produce en los espejismos y en esos charcos ilusorios que aparecen al final de una larga carretera en un día caluroso. El experimento ha sido realizado por un equipo de investigadores de la Universidad de Texas (EEUU) comandados por Ali Aliev, del NanoTech Institute.

"El nombre científico del fenómeno", explica Aliev a lainformacion.com, "es refracción fototérmica, se origina en el gradiente de refracción que se genera alredededor de una superficie caliente". Es exactamente el mismo efecto que vemos en las carreteras en verano, explica, "pero a diferencia de la carretera, que es calentada por el sol muy lentamente, nosotros podemos crear una diferencia de temperatura de 2.000ºC en milisegundos"

El efecto óptico que se produce durante un "espejismo" es conocido desde hace más de cien años. En el caso de los "charcos de carretera", el aire cercano a la superficie del asfalto está a una temperatura mayor, lo que provoca un cambio de su densidad y a su vez una reducción en su índice de refracción. Los rayos de luz procedentes del sol son desviados al atravesar un medio con diferente índice de refracción. Bajo ciertas condiciones críticas, dichos rayos rebotan y generan en el espectador la ilusión de encontrase ante un auténtico espejo.

Este efecto es el que tratan de reproducir los investigadores mediante el uso de materiales que se calienten a gran velocidad (en el orden de milisegundos). Uno de los objetivos de estas investigaciones es la búsqueda de un material que haga rebotar la luz incidente de tal modo que el efecto espejismo nos oculte aquello que hemos situado detrás.

En el experimento que vemos en la imagen, los científicos han colocado una capa de nanotubos transparentes de carbono y detrás de ellos han situado una placa sobre la que se puede leer el texto “invisibility cloaks” (capa de invisibilidad). "Cuando los nanotubos son calentados con corriente continua", asegura Aliev, "la luz bajo el ángulo elegido es reflectada y el texto queda oculto". Si uno se fija en la parte inferior, hay una especie de espejo en el cual se sigue viendo el texto reflejado para demostrar que no es un truco.

El experimento se ha realizado en agua porque presenta un índice de refracción más alto que el aire y el experimento es más fácilmente observable. "Para demostrar el mismo efecto en el aire", asegura Aliev, "habríamos necesitado una capa de nanotubos de medio metro". La elección de los nanotubos de carbono se debe a la baja capacidad térmica de este material que permite transferir calor a gran velocidad y cambiar el índice de refracción en el líquido o gas adyacentes.

¿Se podría aplicar este truco para hacer desaparecer grandes objetos, al estilo de la nave Klingon de Star Trek? "Un objeto cubierto con una gran capa de nanotubos de carbono", indica Aliev, "sería invisible desde determinados ángulos, como algo cubierto por una suave lámina de aluminio. La capa es trasparente al 90% cuando está fría. Cuando es activada con una corriente, o por la absorción de ondas electromagnéticas, bajo ciertos ángulos se convierte en un espejo. Este tipo de ocultamiento sería adecuado para cambiar la silueta de los objetos, haciendo desaparecer los bordes, pero la parte central seguiría siendo visible".

De momento, el mejor material son los nanotubos de carbono, altamente conductores, pero en el futuro, apuntan los investigadores,serán sustituidos por láminas de grafeno.

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La Información

Tres figuras clave para conocer el 'armamento' del organismo

De izqda. a dcha, Steinman, Hoffmann y Beutler. | Nobelprize.org

De izqda. a dcha, Steinman, Hoffmann y Beutler. | Nobelprize.org

  • Hoffmann, Beutler y Steinman tienen una brillante carrera a sus espaldas
  • Sus trabajos son claves para comprender los mecanismos del sistema inmune

Conocer un poco mejor los mecanismos por los que nuestro organismo es capaz por sí mismo de defenderse de virus, bacterias y otros microorganismos. Esa es la gran aportación de Beutler, Hoffmann y Steinman (fallecido el pasado viernes), que acaba de reconocer el Premio Nobel de Medicina y Fisiología 2011.

Gracias a la conjunción de los trabajos de los tres científicos, se conocen cuáles son los mecanismos por los que se ponen en marcha nuestras defensas y se trabaja en nuevas armas para combatir distintos tipos de enfermedades.

Beutler y Hoffman, cuyos trabajos ya han sido premiados de forma conjunta en otras ocasiones, han sido fundamentales para comprender de qué forma el organismo reconoce al 'enemigo' y activa su respuesta de combate. Por su parte, Steinman ha contribuido de forma clave al conocimiento del funcionamiento de la 'segunda línea' de armamento –la inmunidad adaptativa- y la forma en la que los microorganismos señalados como atacantes son finalmente eliminados.

Cuando un microorganismo ataca al organismo, la primera línea de fuego que se activa es la respuesta inmune, que a través de distintos mecanismos –como la inflamación- intenta bloquear el asalto. Si esta defensa es superada, entra en acción un segundo armamento –la inmunidad adaptativa- que, a través de las células B y T, produce anticuerpos para destruir las células infectadas. Este cuerpo de defensa tiene 'memoria', es decir, es capaz de recordar ataques similares para agilizar la respuesta en el próximo ataque.

Los componentes del sistema inmunitario fueron descubriéndose a lo largo del siglo XX, pero hasta que llegaron los trabajos de Beutler, Hoffmann, y Steinman no se conocían a fondo los mecanismos de activación de las defensas y de qué manera se comunicaban las dos líneas de combate básicas.

Un largo currículo

En realidad, el nombre de Bruce A. Beutler ya sonó en 2008 como uno de los posibles candidatos a este galardón por su decisiva contribución al estudio de la inflamación y la inmunidad innata.

Experto en genética e inmunología, este científico estadounidense ha descubierto el mecanismo de funcionamiento de unos receptores clave en la lucha contra los patógenos (los TLR o de lipopolisacáridos), que comparten seres vivos tan distantes como la mosca de la fruta y el hombre. Nacido en 1957 en Chicago, es catedrático y jefe del Departamento de Genética del Instituto de Investigación Scripps en La Jolla, California.

Procede de una familia de raíces europeas (todos sus abuelos emigraron a EEUU desde el viejo continente) y con "fuertes principios académicos", tal y como él mismo explicó con motivo de la recepción del premio de la Fundación Shaw de Hong Kong. Beutler también ha realizado otros descubrimientos importantes como el del factor alfa de necrosis tumoral en ratones (TNF).

Los trabajos de Jules A. Hoffmann, que partieron del estudio de cómo la mosca drosofila combate las infecciones, han permitido descodificar la naturaleza de ciertos receptores que reconocen a los agentes patógenos, establecer las vías de señalización que se desencadenan cuando se produce una infección y conocer de qué manera se expresan los genes que codifican las proteínas de la respuesta inmune.

Su hallazgo más importante tuvo lugar en 1996, cuando descubrió el papel clave que un gen denominado Toll tenía en la respuesta a las infecciones de una muestra de moscas. Varios ejemplares con una mutación en esa zona del genoma eran incapaces de hacer frente a los ataques de bacterias y hongos, por lo que Hoffamann concluyó que este gen regulaba un mecanismo clave en la identificación de los patógenos y la activación de las primeras alertas en el organismo.

Nacido en Echternach (Luxemburgo) en 1941, realizó sus estudios universitarios en Estrasburgo (Francia), donde se especializó en Biología experimental. Este científico de nacionalidad francesa ha desarrollado gran parte de su carrera ligado Centro Nacional de Investigación Científica (Francia) y, entre 2005 y 2008, asumió la presidencia de la Academia de las Ciencias del país galo.

Entre otros galardones, Hoffmann ha recibido el Gran Premio de la Fundación de la Investigación Médica, el Premio Robert Koch de Inmunología, el premio William Cooley o el Lewis Rosentiel.

Por su parte, Ralph Marvin Steinman(1943, Canadá), fue quien descubrió en 1973 -junto con su colaborador Zanvil A. Cohn- la existencia de una nueva clase de células defensivas, las células dendríticas, y quien acuñó su nombre mientras trabajaba en un postdoctorado.

Inmunólogo y biólogo celular de la Universidad Rockefeller, él fue quien especuló que estas células podrían potenciar la respuesta de otras células del sistema inmunitario, los linfocitos T.

El sistema inmune contiene un sistema de células dendríticas que capturan, procesan y presentan los antígenos y ofrecen controles adicionales en el desarrollo de un sistema inmunitario específico a ese patógeno. Cuando estas células capturan los antígenos los desintegran en péptidos (unidades más pequeñas) para unirse de nuevo al complejo de histocompatibilidad, una región del genoma importante para la inmunidad y autoinmunidad, y es entonces cuando vuelven a salir a la superficie de la célula para presentarse ante las otras células defensivas T.

La segunda función importante es su papel en el control de la inmunidad y tolerancia. En ausencia de infección, estas células capturan y procesan los patógenos. Pero durante una infección, las células dendríticas expresan receptores adicionales que les permiten responder a componentes patógenos y otros cuerpos extraños del medioambiente.

Este investigador canadiense ha recibido numerosos premios y reconocimientos por su trabajo sobre este tipo de células, como el Albert Lasker en 2007 y el Premio Internacional de la Fundación Gairdner.

Fuente:

El Mundo Ciencia

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