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12 de agosto de 2011

El ejercicio aeróbico reduce el consumo de cannabis

Especial: Medicina

En Conocer Ciencia apostamos por el origen social y cultural de las adicciones, es verdad que también interfierene patrones mentales y factores bioquímicos, pero el origen de las adicciones es fundamentalmente social: no ser aceptado en determinados grupos sociales, la falta de aprecio o respeto por lo que somos y por lo que hacemos, el bombardeo de los medios de comunicación que nos enrumban hacía valores erróneos (consumismo, individualismo e intolerancia) y hábitossocialmente aceptable en un determinado tiempo histórico (como beber o fumar en reuniones sociales son los detonantes que pueden llevar a las personas a sentirse mal mentalmente ya buscar en las drogas formas de evasión de estas realidades que no nos satisfacen... hasta llegar a la evasión definitiva: la muerte.

Por lo tanto las terapias contra las dependencias deberían centrarse en: 1) el autodescubrimiento de la identidad como persona, 2) el papel social e histórico que cumplen las personas en una sociedad, 3) la revalorización (reinserción social) de la persona con un empleo digno (de preferencia trabajos manuales, sobre todo en las primeras etapas) y con metas a corto, mediano y largo plazo (tanto para el paciente como para la sociedad en la que vive).

El gran problema es que la sociedad no tiene metas en función a los seres humanos sino en función a los grupos de poder que controlan las sociedades, por lo tanto son las sociedad las que nos enferman... pero también son las sociedades las que nos podrán curar, sociedades justas y fraternas que veremos en un futuro cuando la Humanidad alcance la Libertad.



Sin duda es necesario mejorar los tratamientos para combatir las adicciones. Muchas personas drogodependientes terminan con una enfermedad crónica y las recaídas son muy frecuentes a pesar de que hayan pasado largos periodos de abstinencia.

El ejercicio aeróbico parece ser un buen candidato para mejorar estos tratamientos en un gran número de adicciones a diversas substancias ya que produce una gran variedad de cambios en el cerebro que influyen en los niveles de ansiedad y el uso de drogas.

Los mecanismos mediante los cuales el ejercicio aeróbico influye en el uso de drogas y mitiga el ansia por su consumo son los siguientes:

  • Alteraciones en el circuito de recompensa cerebral
  • Incremento de la liberación de dopamina por el cerebro y cambios en la sensibilidad del receptor de dopamina.
  • Disminución de la ansiedad y síntomas depresivos.

Teniendo en cuenta esto, Maciej Bukowski y sus colegas de la Universidad de Vanderbilt (Nashville, EEUU) estudiaron la sensación de adicción y el uso de cannabis en una serie de sujetos consumidores habituales de cannabis sometidos a ejercicio aeróbico. Estas personas fueron intervenidas con diez sesiones de tratamiento durante 14 días. Sesiones que consistieron en 30 minutos de ejercicio en una cinta de entrenamiento al 60% de su tasa cardíaca máxima.

Todos los sujetos cumplieron con los criterios DSM-IV que miden la dependencia de cannabis. Además, éstos no estaban involucrados en ningún programa de tratamiento de abusos de sustancia estupefacientes y no habían expresado el deseo de reducir o suspender el consumo de cannabis, es decir, eran consumidores habituales y querían seguir siéndolo. El consumo diario de porros de cannabis por parte de los participantes en el estudio antes, durante y después del tratamiento se puede observar en la siguiente gráfica tomada directamente del trabajo:

Aerobic Exercise Training Reduces Cannabis Craving and Use in Non-Treatment Seeking Cannabis-Dependent Adults

Como se puede observar, la gráfica muestra una reducción significativa en el consumo diario de cannabis durante el período de ejercicio aeróbico. El número de porros consumido durante el período de ejercicio se redujo en todos los participantes aproximadamente desde unos seis porros al día a un promedio de entre dos y tres. Al finalizar la fase de ejercicio, el consumo diario volvió a subir paulatinamente, hasta prácticamente alcanzar de nuevo los niveles previos al periodo de ejercicio. Además del uso, también se estudió los niveles de ansiedad por consumir cannabis –separados comportamiento compulsivo, reacciones emocionales, expectación e intención-, los cuales también se vieron reducidos significativamente durante los periodos de ejercicio.

Los resultados obtenidos sugieren que el ejercicio aeróbico puede tener un gran valor para ser usado como tratamiento para dejar de consumir cannabis y además ayudar a reducir la ansiedad y el ansia por volver a consumir después de un largo periodo de abstinencia. Teniendo en cuenta que este estudio fue realizado sobre consumidores habituales de cannabis que no tenían intención de dejar de consumir, se supone que los resultados serán mejores para personas que sí estén motivadas para dejar de consumir. De todas maneras, nuevos estudios son necesarios para saber exactamente porqué se producen los efectos observados y de esta manera mejorar el tratamiento y conseguir efectos duraderos a lago plazo.

Referencia:
Buchowski MS, Meade NN, Charboneau E, Park S, Dietrich MS, Cowan RL, & Martin PR (2011). Aerobic exercise training reduces cannabis craving and use in non-treatment seeking cannabis-dependent adults. PloS one, 6 (3) PMID: 21408154

Fuente:

¡Cuánta Ciencia!

Desvelado por qué las dietas de ayuno no adelgazan

Especial: Medicina

El hambre dispara un autocanibalismo de las neuronas que aumenta la necesidad de comer. Por lo tanto no dejes de desayunar... ¡tendrás mucha, mucha más hambre al mediodía! (Suena demasiado elemental, ¿no?).

Neuronas en cultivo

Neuronas en cultivo

Ayunar para hacer dieta no es una buena opción, porque, como ya habrá notado más de uno, no comer da más hambre. Las culpables de este apetito desmesurado son unas neuronas que se devoran a sí mismas en cuanto detectan alguna señal de huelga de hambre, según muestra un estudio realizado por la Facultad de Medicina Albert Einstein de Nueva York que publica hoy la revista Cell Metabolism.

El cuerpo necesita extraer energía de los azúcares para realizar cualquier actividad, desde intercambiar moléculas hasta correr una maratón. Cuando se pasa hambre, el organismo utiliza fuentes de energía alternativas como las grasas o lípidos, que rompe hasta dejar un residuo que son los ácidos grasos. La presencia de estos circulando libremente por el cuerpo está asociada al ayuno.

Cuando unas neuronas llamadas AgRP (cuyo nombre deben a la hormona que producen) detectan ácidos grasos libres, lo toman como una señal de alerta del estado de hambruna; un aviso de que el organismo empieza a estar desnutrido. Estas neuronas inician entonces un proceso llamado autofagia, literalmente comerse a sí mismas. Es una especie de autocanibalismo con dos funciones. Por un lado, la neurona que se digiere a sí misma obtiene de este proceso la energía suficiente para mantenerse. Por otro, y esta es la novedad del estudio, la autofagia libera aún más ácidos grasos (restos de los lípidos que forman las estructuras de las neuronas) que estimulan la producción de la hormona AgRP. Como la describe Ana María Cuervo, investigadora española del proyecto, "es la hormona del necesito comer". Dicho de otro modo, no comer provoca autofagia que, a su vez, incita a comer.

En contra de la dieta radical

"No es que hacer dieta sea malo explica Rajah Singh, otro de los investigadores del proyecto, pero este estudio explica por qué es más difícil seguir una dieta radical en la que la grasa del cuerpo se moviliza de forma masiva".

Los investigadores creen que controlar la autofagia puede servir para luchar contra la obesidad. Singh explica que crearon ratones cuyas neuronas no podían autodevorarse. "Los ratones disminuyeron de peso y comían menos".

Además, la investigación da un paso más en los estudios que relacionan el envejecimiento con la obesidad. "Tenemos evidencias de que la autofagia podría disminuir con la edad, pero hay que estudiar más", concluye Singh.

Fuente:

Público Ciencia


Vitamina D. ¿La nueva panacea?

Vida saludable

Es posible que, mientras te relajas tranquilamente tumbado en la playa o dando un paseo por la montaña, estés haciendo más por tu salud de lo que se esperaría del mero descanso o de los beneficios propios del ejercicio. La razón: que mientras tomas el sol estás también produciendo vitamina D. Su principal fuente, al contrario que en el resto de vitaminas, no se encuentra en la dieta, sino en un curioso proceso que tiene lugar en la piel.
Cuando tomamos el sol, los rayos ultravioleta B (UVB) transforman una sustancia relacionada con el colesterol (el 7-dehidrocolesterol) en previtamina D, que posteriormente sufrirá pequeños cambios en el hígado y en el riñón hasta dar lugar a la molécula activa. Este mecanismo actuaba hace ya miles de años, adaptado a épocas en que vivíamos la mayor parte del tiempo al aire libre y sin usar apenas ropa, y en las que aún no existían las oficinas o los gimnasios. ¿Es posible, por tanto, que la forma de vida actual, tan alejada de la naturaleza, tenga repercusiones sobre los niveles de vitamina D? Parece que sí.
El precio del progreso
Los valores de vitamina D deseables se establecieron en su momento alrededor de 75 nanomoles por litro (nmol/l), y se consideró que había riesgo de raquitismo u osteomalacia (dos enfermedades por falta de vitamina D que provocan graves deformidades esqueléticas) por debajo de 25 nmol/l. Las personas que tenían entre 25 y 75 se consideraban deficitarias en vitamina D, pero sin riesgo de padecer tales enfermedades. Actualmente se discuten estos valores, entre otras cosas porque se ha tenido en cuenta una población que trabaja en oficinas, hace deporte en gimnasios, etc. (El doctor Giovanucci, investigador de nutrición en Harvard, EE. UU., estima que los valores ‘naturales’ serían de unos 125 nmol/l.) Aun así, y admitiendo los 75 nmol/l como valor de referencia, resulta impactante saber que hasta el 83% de los hombres que acudieron a un centro de atención primaria en Boston (EE. UU.) presentaron niveles insuficientes de vitamina D (Boston tiene una latitud, y por tanto una exposición al sol, muy semejante a la de España). Pero la repercusión puede ser mayor, y es que parece que la vitamina D no influye únicamente en el metabolismo de los huesos.
No solo para los huesos
Desde hace tiempo se conoce que la vitamina D participa en el proceso de formación de los huesos, principalmente aumentando la absorción intestinal de calcio y favoreciendo su depósito óseo. Es por ello que el uso de suplementos de vitamina D está globalmente extendido para la prevención y tratamiento de la osteoporosis. Sin embargo, desde hace unos años se ha venido observando que, sorprendentemente, hay una gran cantidad de tejidos en nuestro organismo que tienen también receptores para la vitamina D, como por ejemplo el cerebro, la próstata o el colon, y que la vitamina D se comporta como una hormona que controla directa o indirectamente más de 200 genes diferentes.
¿En qué se traducen todas estas observaciones? Todavía es pronto para extraer conclusiones, ya que la mayoría de los trabajos publicados hasta la fecha son de observación, que no permiten determinar el papel causal de la vitamina. No obstante, a la espera de estudios más definitivos, los primeros datos son esperanzadores: se ha visto que las personas que viven en latitudes más altas –donde la luz solar es de menor intensidad y, por tanto, produce menor cantidad de vitamina D– presentan un mayor riesgo de desarrollar hasta 17 tipos diferentes de cáncer, entre ellos algunos de los más comunes, como los de colon, mama o próstata. Pero también se ha observado esta relación con un gran número de enfermedades de lo más diverso, como la diabetes de tipo 1, la esclerosis múltiple, la hipertensión o enfermedades mentales como la esquizofrenia, el alzhéimer o la depresión.
También se ha visto que las personas de raza negra (cuya melanina dificulta la formación de vitamina D) tienen mayor tendencia a presentar diversas enfermedades, entre ellas la tuberculosis, y, de hecho, parece que la vitamina D puede mejorar la inmunidad y ser eficaz en la prevención de infecciones.
Además, otro número considerable de estudios han visto de forma consistente una relación entre las concentraciones sanguíneas de vitamina D y las enfermedades comentadas –incluso con la fuerza muscular o la pérdida de peso–, con una mayor protección cuando los niveles alcanzaban los 100 nmol/l. Recientemente se ha publicado, en ‘Archives of Internal Medicine’, un artículo que engloba una serie de estudios en los que se habían usado suplementos de vitamina D o placebo: la conclusión ha sido que la mortalidad entre la gente que tomaba algún tipo de suplemento era un 7% inferior a la de la gente que tomaba un placebo. De hecho, basándose en los datos más optimistas, algunos científicos han estimado que, de confirmarse todas estas observaciones, el uso de suplementos de vitamina D podría ahorrar hasta 180.000 millones de euros a la sanidad europea. Sin embargo, es preciso ser cautos y recordar que son todavía pocos y ambiguos los ensayos clínicos debidamente diseñados y publicados; por esta razón no pueden aún establecerse con certeza los posibles beneficios que tendría el tomar preparados con vitamina D.
Suplementos ¿sí o no?
Las recomendaciones actuales sobre vitamina D en la dieta son de 200 unidades internacionales (UI) hasta los 50 años, 400 UI de 50 a 70 años y 600 UI a partir de los 70. Sin embargo, con las actuales condiciones de vida, estas dosis parecen insuficientes para alcanzar el ‘objetivo’ de 75 nmol/l, la cifra de vitamina D deseable. Así, el doctor Holick, –del Departamento de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario de Boston y autor del libro ‘The Vitamin D Solution’– afirma que en verano bastaría con tomar el sol durante unos 15 minutos al día sin protección. Este tiempo sería lo suficientemente breve como para no influir en el riesgo de melanoma, que no debemos olvidar es uno de los mayores peligros que tiene exponerse a la luz solar sin las debidas precauciones; de hecho, tras cierto tiempo de exposición, la piel ya no produce más vitamina. Pasado el verano, sin embargo, sería necesario tomar entre 1.000 y 2.000 UI diarias, cantidad que es prácticamente imposible obtener a través de la dieta -una dieta normal aporta apenas 200 UI al día-, y que implicaría la toma de suplementos.
Uno de los riesgos que se les han atribuido a estos suplementos es que podrían elevar en exceso los niveles de calcio, pero parece que tal situación se da solo a partir de dosis superiores a 10.000 UI al día. De hecho, dados los mínimos riesgos que parecen entrañar, Holick recomienda ya el uso de suplementos incluso sin necesidad de esperar a que se publiquen los estudios más definitivos que se encuentran en marcha. En el mismo sentido, la Sociedad Canadiense del Cáncer aconseja ya tomar suplementos para alcanzar las 1.000 UI diarias en otoño e invierno.
Estas recomendaciones no se han adoptado aún en España, y habrá que esperar un tiempo para comprobar si eran realmente apropiadas: dentro de unos años dispondremos de muchos más datos para determinar si los beneficios son los que se sugieren y si no hay problemas a largo plazo derivados de la administración de suplementos de vitamina D. Al fin y al cabo, la panacea universal no es algo fácil de encontrar.

COLUMNAS AL MARGEN
1.- EN BUSCA DE LA HIJA DEL DIOS DE LA SALUD
En la mitología griega, Panacea era la hija de Asclepio, el dios de la salud. De ahí el nombre que se le dio a un hipotético medicamento capaz de curar todas las enfermedades y alargar la vida. La panacea universal se buscó, sin éxito, durante siglos. Recientemente, sustancias como las vitaminas C y E prometían beneficios casi ilimitados que, a la larga, resultaron ser mucho menores de lo esperado. Ahora parece haber llegado el turno de la vitamina D, en la que hay muchas esperanzas depositadas. Una de las diferencias con las sustancias anteriores, como afirma el doctor Giovanucci, es que en este caso no se trata de aumentar las dosis fisiológicas, sino de recuperar las cantidades naturales que nuestra forma de vida ha reducido. Hay más de doscientos ensayos clínicos en marcha que nos dirán cuánto hay de verdad en esta esperanza. Estaremos atentos.
2.- EL METABOLISMO DE LA VITAMINA D
La vitamina D que se toma en la dieta o se obtiene del sol se denomina también colecalciferol. En un principio, esta molécula no tiene actividad, y para ejercer sus funciones precisa de una serie de modificaciones que tienen lugar primero en el hígado y más tarde en el riñón, aunque una gran parte se almacenará como reserva. En el hígado, la vitamina D se convierte en 25-OH-vitamina D, una molécula que tiene ya aproximadamente un 30% de actividad. Posteriormente, en el riñón –y en otros tejidos, como se ha visto recientemente– se transformará en 1-25-OH-vitamina D, que es la forma completamente activa.
En España la mayoría de los preparados con vitamina D (colecalciferol) contienen solamente unas 400 UI y se acompañan de distintas cantidades de calcio, ya que se suelen usar para el tratamiento o prevención de la osteoporosis. Los pocos suplementos que contienen únicamente vitamina D y que se comercializan en España suelen estar basados en la 25-OH-vitamina D (se desarrollaron en principio para personas cuyo hígado no funcionaba correctamente) y dan lugar a niveles de vitamina bastante más elevados que las mismas dosis de colecalciferol. Sin embargo, la inmensa mayoría de los estudios internacionales están basados en este último (la vitamina D original), que es la forma en la que se suele vender la vitamina D en otros países, por lo que hay que tener en cuenta que las conclusiones de dichos estudios pueden no ser del todo extrapolables.
3.- NO ES LO MISMO
Estudios de observación. Constituyen la base de la investigación en epidemiología. Permiten establecer asociaciones pero no causalidad. Un ejemplo de este tipo serían los estudios en los que se determinan los niveles de vitamina D en un grupo de personas y, pasado un tiempo, se observa si hay una relación entre dichos niveles y la aparición de una enfermedad. Como el investigador no controla los grupos, existe el riesgo de que la relación se deba a otros factores aparte de dichos niveles (los individuos con niveles más altos podrían tener una dieta más sana, hacer más ejercicio, etc.).
Ensayos clínicos. Son la base de los estudios experimentales y permiten establecer causalidad. En ellos, el investigador selecciona un número de personas y los divide al azar en dos grupos: por ejemplo, a uno se le dará vitamina D y a otro un placebo (pero ninguno de los grupos sabrá qué es en realidad lo que está tomando). Al estar el proceso mucho más controlado se puede establecer si una mejora en una determinada enfermedad puede ser debida a la administración de la vitamina.
Fuente:

11 de agosto de 2011

MIT desarrolla medicamento que podría curar todos los virus

Especial: Medicina

Nunca he confiado en panaceas, la vida es eso VIDA y se encuentra en movimiento permanente, en cambio constante... es imposible hallar una cura para eliminar TODOS los virus, recordemos que ellos han estado allí mucho antes de nosotros y, al parecer, continuarán allí mucho después de nosotros.

Claro que hay que darles lucha, es imprescindible para evitar diversas enfermedades y llevar vidas plenas, se debe investigar los virus, conocer sus mecanismos de vida (si es que se les puede considerar seres vivos)... pero CREAR UNA MEDICINA CONTRA TODOS LOS VIRUS!!! me parece imposible, y si fuera posible me parece una acción de demasiado riesgo, no vayan a aparecer en breve súper virus que destruyan toda la Humanidad (digo, nomás).

Los dejo con el post:



Fue difícil elaborar un titular que hiciese honor a la verdad. Lo que tienen arriba, “…medicamento que podría curar todos los virus”, es tan cierto como que el MIT lo desarrolló, le ha puesto un nombre, DRACO, y le probado con éxito contra 15 muy distintos virus. En la nota de prensa dice:

DRACO induce selectivamente la apoptosis, un suicidio celular, en células que contienen cualquier virus dsRNA (bicatenario), lo que provoca la rápida muerte de las células infectadas sin dañar a las sanas.

Como consecuencia de esa selectividad DRACO sería capaz de curar de forma efectiva prácticamente todos los virus ARN bicatenarios. Además, lo haría a la brevedad y con poco daño colateral para el paciente. En tal sentido, consideremos que en la actualidad para cada virus corresponde un medicamento antiviral, lo cual es ineficiente y terrible, sobre todo ante la aparición de nuevos virus. Por cierto, sumemos a este nuevo medicamento el reciente hallazgo de un anticuerpo que cura todos los virus de la influenza.

El departamento del MIT encargado de llevar la investigación es el MIT Lincoln Laboratory. El proyecto madre de DRACO lleva por nombre uno insuperable: PANACEA (Pharmacological Augmentation of Nonspecific Anti-pathogen Cellular Enzymes and Activities), una clara alusión a la cura universal con la que soñaron los alquimistas durante siglos.

Entre los virus contra los que DRACO fue efectivo se encuentran el del resfriado común, la influenza H1N1, adenovirus, virus estomacal, virus de la polio, virus de la fiebre del dengue, entre otros. Como menciono más arriba, además de letal, DRACO es selectivo con sus víctimas, por lo que no es tóxico para el organismo. Como dato adicional, los científicos relatan que DRACO pudo curar un ratón con una dosis letal del conocido H1N1. Por supuesto, el proyecto está en vías de confirmar su principal hipótesis, así que más virus serán revisados.

El Dr. Todd Rider, investigador en jefe de esa increíble panacea, desde ya candidato al Nobel, afirma que

DRACO tiene el potencial para revolucionar el tratamiento y prevención de todas las enfermedades virales, desde el resfriado común hasta el Ébola.

No sé qué piensen ustedes, pero estás noticias son emocionantes, son como trompetas que anuncian la llegada de una nueva era para las Ciencias de la Salud, para la frágil humanidad.

Imagen: groovelock

Tomado de:

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Telecnoestrés: el problema que provoca la conexión continua

Especial: Medicina

Salud. Expertos insisten en la necesidad de tomar descansos periódicos



Buena parte del día, el cerebro procesa información de Internet, correos, redes sociales, tecleando, hablando por teléfono... Los especialistas en salud laboral empiezan a aconsejar que desconectar de vez en cuando es imprescindible.

Las siestas digitales son necesarias. Lo defiende José María Martínez Selva, catedrático de Psicobiología de la Universidad de Murcia y autor del libro Tecnoestrés. "Mucha tecnología durante mucho tiempo pone literalmente enferma a la gente", según el investigador, que no olvida las ventajas que aporta el mundo del ordenador. Sin embargo, las nuevas tecnologías son armas de doble filo.

Las siestas digitales -entendidas como pequeños descansos- ya se aplican en algunas empresas que ven con buenos ojos que sus trabajadores pasen un tiempo desconectados, pues redunda en la mejora de la productividad.

"Gestionar bien el tiempo es uno de los mejores instrumentos de los que se dispone para controlar los efectos nocivos de las nuevas tecnologías, del tecnoestrés y de las tecnoadicciones", afirma Selva.

Gestionar mal el tiempo significa sucumbir ante una de las ventajas de la red: la flexibilidad que otorga el poder estar conectado en cualquier momento desde cualquier lugar.

En cualquier instante puede llegar un mensaje de correo electrónico o una llamada profesional, con lo que el trabajador se siente obligado a mantener un rendimiento continuo y a no poder desconectar ni distanciarse de sus obligaciones y problemas. Es decir, a disfrutar de un tiempo de descanso necesario para la salud mental. De hecho, 26% de los empleados cree que el uso de Internet y del móvil aumenta su horario laboral y que esa disponibilidad permanente le genera estrés.

Tony Schwartz, director The Energy Project, desarrolló una encuesta para conocer los hábitos de sus trabajadores. El 60% reconoció que sólo se desconectan completamente del correo electrónico dos horas al día y 20% menos de media hora.

Internet y el móvil no hacen necesario el trabajo presencial. Pueden ser un excelente medio para conciliar vida laboral y personal; pero también puede acabar comiéndose la vida del teletrabajador.

"El teletrabajo es más flexible, pero rompe con las funciones de organización de actividades vitales, sean o no cotidianas, como los fines de semana, las vacaciones, el horario de comidas o verse con la familia", explica Selva.

Una encuesta de Cisco Systems revela que el 45% de los empleados con acceso externo al sistema informático de la empresa trabaja entre dos y tres horas más al día. Una cuarta parte de ellos trabaja hasta cuatro horas extras. A la extensión horaria hay que sumar la posible desconexión personal y emocional que supone trabajar en solitario.

Se desconoce cuantas personas pueden estar afectadas por el tecnoestrés, pero según un informe de PandaLabs, el 63% de los usuarios afirma que las incidencias en el funcionamiento de locomo los problemas de visión pero otras son más psíquicas que físicas. Es el caso de la pérdida de concentración, un fenómeno creciente y muy ligado no tanto al trabajo ante la pantalla, como a la entrada de estímulos constantes en él: correos electrónicos, chats, tuits y otras alertas que distraen de la tarea principal. Lo que puede parecer una distracción momentánea puede llegar a la pérdida de concentración constante y por tanto, a la baja productividad.

Tomado de:

El País (Uruguay)

¿El cerebro humano ya alcanzó su capacidad máxima?

Especial: Medicina

De corroborarse esta investigación podriamos decir que, en te siglo de sobreinformación, hemos llegado al máximo nivel de nuestras facultades mentales.


Malas noticias. Tanto que nos esperanzábamos con que el hombre recién utiliza sólo una décima parte del potencial máximo de su cerebro y que soñábamos con que teníamos opciones de llegar a ser más inteligentes que cualquier genio de la historia de la humanidad (o que varios de ellos juntos), y ahora un estudio reveló que simplemente ya tocamos techo.

Un análisis liderado por investigadores de la Universidad de Cambridge, determinó que nuestra estructura mental ya alcanzó su máxima capacidad porque -como explican- el cerebro requeriría vastas cantidades de energía y oxígeno adicionales para poder incrementarla, cosa que es imposible de lograr.

Simon Laughlin, profesor de neurobiología, expone que “demostramos que los cerebros deben consumir energía para funcionar y que estos requerimientos son lo suficientemente demandantes como para limitar nuestro rendimiento”, y agrega que “los poderes de largo alcance de la deducción demandan gran cantidad de energía, porque para buscar nuevas relaciones, el cerebro debe correlacionar información de manera constante desde diferentes fuentes”. Laughlin concluye que “semejante demanda de energía significa que existe un límite para la información que podemos procesar”.

Así las cosas, asoma como bien improbable que por ahora exista alguna manera de ser seres ultra-brillantes y deberemos conformarnos con seguir utilizando sólo una pequeña fracción de nuestra mente. Einstein literalmente nos saca la lengua en ésta pasada…

Fuente:

Fayer Wayer

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