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19 de julio de 2011

Japón prohíbe la carne de Fukushima cuatro meses después del incidente nuclear

Especial: Seres vivos

Preocupación por los niveles de radiación

Un trabajador alimenta a una vaca en Ishikawa-gun, en la prefectura de Fukushima. | Efe

Un trabajador alimenta a una vaca en Ishikawa-gun, en la prefectura de Fukushima

El Gobierno japonés ha anunciado la prohibición de la distribución y venta de carne producida en la provincia de Fukushima, cuatro meses después del terremoto y posterior 'tsunami' que causaron un serio accidente en una central nuclear de la zona.

El ministro portavoz, Yukio Edano, informó de la prohibición. Edano, citado por la agencia Kyodo, detalló que el Gobierno ofrecerá compensaciones a los ganaderos.

Según informaciones publicadas recientemente, 648 vacas, la mayor parte detectadas en esa misma región, fueron alimentadas con piensos contaminados con cesio radiactivo. Su carne fue vendida por todo Japón, lo que ha incrementado la ansiedad de los consumidores nipones.

Últimamente se han detectado 505 nuevos casos de animales alimentados con el forraje contaminado, que se unen a los 143 localizados desde el pasado 10 de julio, cuando se registraron por primera vez niveles de este isótopo radiactivo por encima de los permitidos en la carne de seis vacas procedente de Fukushima.

El Gobierno de Fukushima había pedido a sus ganaderos que dejaran de distribuir carne por el momento. De estos 505 ejemplares, 411 procedían de siete granjas en la provincia de Fukushima.

El pienso de una de estas siete explotaciones, situada en Motomiya, 57 kilómetros al noroeste de la planta, contenía 690.000 becquereles de cesio por kilo, 1.380 veces el límite permitido por el Gobierno nipón, y la máxima concentración registrada hasta el momento.

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El Mundo (España)

Un millar de africanos colonizó el planeta

Especial: Seres Vivos

Una asiática, una africana y un europeo, muestra de la diversidad humana.|EL MUNDO

Una asiática, una africana y un europeo, muestra de la diversidad humana.|EL MUNDO

Poco más de un millar de seres humanos salieron de África hace entre 20.000 y 40.000 años para colonizar el resto del planeta y algunos de sus descendientes volvieron al continente de sus antepasados posteriormente para mezclarse con ellos. Fue en entonces, en el Paleolítico Superior, cuando se consolidaron las diferencias genéticas entre los diferentes humanos.

Esta es la conclusión a la que han llegado dos investigadores, Richard Durbin y Heng Li, de la Universidad de Cambridge, después de analizar el genoma completo de 12 personas, seis de origen africano, tres europeos y tres asiáticos (de China y Corea), abriendo la puerta a una nueva categoría de estudios de genética evolutiva que hace unos años, pocos, comenzaron a revelar detalles del pasado que no se encontraban en los fósiles.

Fue gracias a estudios del ADN mitocondrial, transmitido por las madres, como se pudo rastrear el linaje de una mujer, la Eva africana, que vivió en África hace unos 200.000 años, y cuyos descendientes habrían dado origen a la Humanidad. También el cromosoma Y, heredado de los padres, ha permitido echar la vista atrás y ver las rutas migratorias que siguieron los primero 'sapiens'.

Pero lo que Durbin y Li han publicado en 'Nature' esta semana es el primer trabajo comparativo realizado con genomas completos: "Las conclusiones se acercan a las que se tenían por otro medios, pero con más datos, las fechas se afinan más, aunque es difícil establecer las tasas de mutación que ha habido", comenta Carles Lalueza-Fox, experto en ADN antiguo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Mutaciones por generación

No hace mucho, como recuerda Lalueza-Fox, y gracias a los genomas de dos progenitores y su hijo se determinó que en el vástago había entre 60 y 100 modificaciones en los nucleótidos respecto a sus padres (de un total de 3.200 millones). "Eso supone una mutación por gen, que no es poco", afirma el investigador español.

De los genomas analizados, los científicos de Cambridge confirman que fue hace unos 100.000 años cuando los humanos modernos comenzaron a abandonar África, pero tras su salido sufrieron una fuerte caída de sus poblaciones, hasta disminuir a una décima parte, de forma que hace entre 40.000 y 20.000 años eran sólamente unos 1.200 en edad reproductiva, que son los antepasados de todos los europeos y los asiáticos.

Estudios de otros grupos cientificos tambien han detectado 'cuellos de botella' poblacionales en África, pero no tanto, como mucho hasta los 5.700 individuos en edad reproductiva. "Esta es una de las razones por las que la diversidad genética africana es mucho mayor que entre el resto de los humanos", explica Lalueza-Fox.

Durbin y Li también compararon el cromosoma Y de un yoruba africano y de un no-africano para averiguar cuando ambas grupos dejaron de entrecruzar los genes y la conclusión es que, pese a que hace 40.000 años los 'emigrantes' estaban muy ocupados colonizando Europa, Asia y Australia, también se cruzaron con africanos hasta fechas tan recientes como hace 20.000 años.

Según Durbin, la explicación estaría en que tras una primera salida hace unos 60.000 años, hubo nuevas oleadas de salidas y viajes de vuelta, una explicación que no convence a Chris Stringer, del Museo de Historia Natural de Londres: "Pudeo haber flujo de genes puntuales, pero sería asombroso que continuase en ese período", ha señalado en 'News Nature'.

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El Mundo Ciencia

Así "vuelan" los pingüinos

Especial: Seres vivos

¿Sabía que los pingüinos pueden volar? No literalmente, pero un grupo de científicos ha demostrado que los pingüinos se impulsan fuera del agua como si fueran proyectiles. Vea el video en este enlace.


Esta capacidad de "volar", aunque sea por un breve instante, es una estrategia vital para escapar de los depredadores como las focas leopardo o las orcas.

Esta técnica, que consiste en envolver el cuerpo con una capa de burbujas de aire, curiosamente es un método similar al que idearon los ingenieros para acelerar el movimiento de barcos y torpedos en el agua, aunque mejorado.

Otro aspecto interesante es que los científicos lograron este descubrimiento al analizar en detalle las imágenes del programa "Planet Blue" (Planeta Azul), una famosa serie de la BBC sobre la vida en los océanos.

Es inverosímil que los pingüinos vuelen

Si lo pensamos bien, es casi inverosímil que los pingüinos puedan volar debido a sus características físicas. Estas aves son anchas y cuentan con unas aletas que son fantásticas para nadar, pero inútiles para el vuelo.

Los científicos estudiaron a los pingüinos imperiales, pero otras muchas especies utilizan la misma técnica para salir del agua y alcanzar rocas o plataformas de hielo que de otra manera sería imposible acceder a ellas.

Un pingüino emperador a la hora de salir del agua

Para poder salir disparadas, los pingüinos envuelven sus cuerpos con burbujas de aire

Las especies más pequeñas, como los pingüinos Adelia, pueden saltar hasta 3 metros fuera del agua y aterrizar en peñascos sin ninguna lesión. Especies más grandes alcanzan alturas de 20 a 45 cm, que es suficiente para que puedan alcanzar las plataformas de hielo y escapar así de sus perseguidores.

Por mucho tiempo esta capacidad de "volar" había desconcertado a los biólogos. Sabían que las aves dejaban una estela de burbujas al nadar hacia la superficie, pero no sabían de dónde provenían.

Hace cinco años, el profesor Roger Hughes de la Universidad de Bangor en Gwynedd y su colega John Davenport, del University College Cork, decidieron investigarlo seriamente.

Con la ayuda del estudiante de doctorado, Marc Acortar y del profesor Poul Larsen, de la Universidad Técnica Danesa en Lyngby, analizaron las imágenes que obtuvieron de la BBC y crearon un modelo básico biomecánico de las velocidades y ángulos que los pingüinos emperador utilizan al salir del agua.

Una técnica que supera a los ingenieros

Uno de los descubrimientos más interesantes es que las burbujas de aire no salen de los pulmones de las aves a través del pico, sino de las plumas. Los investigadores también se dieron cuenta de que estas burbujas de aire forman una "capa" en torno a los cuerpos de las aves que los impulsan a salir como cohetes hacia la superficie a una velocidad de 19 kilómetros por hora.

Los pingüinos salen disparados del agua

Gracias a esta técnica los pingüinos logran huir de sus depredadores.

Para crear esta capa de burbujas los pingüinos tienen un gran control sobre su plumaje. Antes de sumergirse en el agua, levantan sus plumas para llenarlas de aire. Cuando deciden salir disparados, los pájaros bajan sus plumas y nadan verticalmente hacia arriba tan rápido como pueden, de manera que el aire en el plumaje se expande.

Fundamentalmente, esta capa de pequeñas burbujas de aire actúa como un lubricante, reduciendo drásticamente la fricción, permitiendo que los pingüinos lleguen a velocidades de despegue.

Este efecto de aislamiento de aire lo utilizan desde hace mucho los ingenieros y arquitectos navales. Sin embargo, nunca se pensó que este proceso fuera utilizado por los animales, según explicó a la BBC el profesor Davenport.

Por si fuera poco, la naturaleza supera a los arquitectos navales, que no pudieron perfeccionar esta técnica debido a que las mismas burbujas, al entrar en contacto conla hélice del barco o torpedo, producen también un importante efecto de desaceleración. Las aletas de un pingüino, que son el equivalente a la hélice, quedan fuera de la capa de burbujas por lo que no ninguna reducción en su velocidad.

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BBC Ciencia

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Algunos chimpancés se limpian después del acto sexual

Especial: Seres vivos

Limpios y contentos


Chimpancé

Los chimpancés del bosque de Budongo en Uganda, tienen un hábito que los diferencia de chimpances que viven en la parte occidental del país: se limpian el pene después del acto sexual.

Esa fue la conclusión de un estudio dirigido por el antropólogo Sean O'Hara de la Universidad de Durham (aunque actualmente trabaja en la Universidad de Salford).

"No todas las comunidades de chimpancés de África se limpian el pene después del coito. En muchos casos en los que se ha estudiado a los chimpancés durante 10, 20, 30 y hasta 50 años, este comportamiento es raro", dijo a BBC Mundo el profesor O'Hara.

"En cambio hallamos que la limpieza del pene tras el acto sexual es algo habitual entre los chimpancés que viven en Budongo", añadió el antropólogo.

¿Por qué lo hacen? le preguntó BBC Mundo.

Hipótesis cultural

"Es una buena pregunta para la que realmente no tenemos una respuesta, sólo especulaciones", respondió O'Hara.

"Puede que una vez un chimpancé se limpiara el pene después del acto sexual, y otros individuos en esa comunidad en particular adoptaran ese comportamiento que luego se extendió a través del aprendizaje social"

Sean O´Hara, antropólogo

"Una de ellas es que podría estar relacionado con la higiene personal, porque los chimpancés transmiten enfermedades sexuales", explicó.

Otra explicación, según O'Hara es que "podrían hacerlo para de alguna manera inspeccionar el estatus reproductivo de la hembra, limpiándose y luego examinando los residuos que se adhieren a sus dedos".

De todas maneras la hipótesis que más convence a los científicos es que se trata de un "comportamiento cultural".

"Puede que una vez un chimpancé se limpiara el pene después del acto sexual, y otros individuos en esa comunidad adoptaran ese comportamiento que luego se extendió a través del aprendizaje social."

"Puede", dijo el experto, "que esa sea la razón por la que es algo que se produce en algunas poblaciones de chimpancés y no en otras".

"Estoy convencido", dijo el experto, "que si observamos este comportamiento en poblaciones de humanos lo describiríamos como algo cultural. Pero debido a que se trata de animales, no humanos, es muy dificil para algunas personas etiquetar este comportamiento como cultural".

Hojas como utensilios

Aunque en la mayoría de los casos los chimpancés se limpian el pene con los dedos, en el 10% de los casos lo hacen con la ayuda de hojas.

"Algunos chimpancés arrancan las hojas de los árboles, se las meten a la boca y las mastican para utilizarlas como una especie de esponja que sumerjen en agua para luego beberla"

Sean O´Hara, antropólogo

Pero, los chimpancés no utilizan las hojas sólo para limpiarse.

"Algunos chimpancés arrancan las hojas de los árboles, se las meten a la boca y las mastican para utilizarlas como una especie de esponja que sumerjen en agua para luego beberla", explicó O´Hara.

Pero, utilizar utensilios no es lo excepcional. Muchos animales utilizan algún tipo de herramienta como delfines, cuervos y avispas.

"Lo excepcional en el caso de los chimpancés", dice el experto, "es que pueden utilizar varios utensilios al mismo tiempo e incluso darle diferentes funciones a una misma herramienta, en este caso la hoja, que utilizan para limpiarse el pene y para beber agua".

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BBC Ciencia

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El "boom" de lasgallinas ponedoras en los EE.UU.

Especial: Seres Vivos:

La gallina y la ciudad


Fotos: Isaac Hernández

Vuelven las gallinas a la ciudad. Nueva York reclama a sus viejas y cacareantes moradoras, que andan picoteando alegremente en los jardines comunitarios y en los patios traseros, del todo ajenas a la cacofonía de las ambulancias y los coches de bomberos...

“Tenemos la idea equivocada de que las gallinas no pertenecen a la ciudad”, admite Owen Taylor, “padrino” de la nueva generación de ponedoras neoyorquinas. “Durante cientos de años, las gallinas han sido siempre parte del paisaje urbano. Al menos así fue hasta los años cincuenta, cuando las ciudades cedieron definitivamente el espacio al coche”.

Owen, 30 años, se crió en una zona rural de Connecticut. Fue profesor de ecología y diseño urbano antes de pasar a la práctica con el Chicken Project, el programa lanzado por la organización Just Food para promover la crianza de las gallinas en el fragor de la gran urbe y allá donde no llegan los alimentos frescos.

Quedamos con Owen en el Jardín La Unión, en Sunset Park, uno de tantos “desiertos alimenticios” de Brooklyn donde no es posible encontrar más que comida enlatada y “fast food”. Con el gallinero recién concluido, Monica Vega, Leslie Velasquez y otras voluntarias del jardín confían en sacar de sus diez gallinas al menos 40 huevos a la semana...

“Las gallina son las únicas mascotas que nos dan de comer”, atestigua Owen. “Y si tenemos un huerto cerca, fertilizan la tierra y mantienen a raya a la población de insectos. Los niños tienen además una conexión muy directa con ellas. Es cierto que son muy huidizas y difíciles de coger, pero hay pocos animales tan divertidos”.

Eso sí, criar gallinas “es una responsabilidad diaria”, advierte el experto. “Hay que darles agua y comida todos los días, y hay que mantener limpio el gallinero para evitar problemas de olores. Cualquiera puede cuidar gallinas en su patio trasero, es perfectamente legal. Pero los vecinos pueden denunciarte si causas “molestias”. Aunque hay una forma infalible para convencerlos: ofréceles huevos”.

Dejamos a Owen en Brooklyn y con su bicicleta, y saltamos a otro de los gallineros predilectos de Just Food. Salimos al encuentro del afromaericano Abu Talib, nacido hade 77 años en Carolina del Sur y “renacido” como agricultor urbano en la Taqwa Community Farm, a la sombra del estadio de los Yanquees. Estamos en el corazón del Bronx neoyorquino, con sus tristes bloques de ladrillo descolorido, a donde llega de pronto el olor al campo...

“Esto fue como volver a mis orígenes, en 1934 y en el sur. Entonces había aún muchas granjas en las ciudades; a todos nos despertaba el canto del gallo y los pollos correteaban por las calles... Yo también di el salto a la jungla asfalto, y he trabajado en todos los oficios imaginables en Nueva York, incluido el de taxista. Pero por fin he encontrado un propósito. Esta no es mi pasión, es mi “misión” en la vida”.

“Imagina que no existe el hambre”... Lo lleva escrito Abu Talib en su camiseta negra, con la estampa de John Lennon. Y ésa es la “misión” a la que se entrega con devoción religiosa: traer verdura, fruta y huevos frescos a estas barriadas pobres invadidas por la “comida basura”.

El gallinero anda hoy alborotado. Abu Talib entra sigilosamente y se lleva cuatro huevos de rigor. Vuelve luego, con la intención de atrapar a una gallina, pero todas huyen, y además suelen aprovechar cuando las tienes en tus brazos: “Cagan mucho y en cuanto te descuidas...”.

La “fiebre” de las ponedoras arrancó hace dos d'ecadas en dos ciudades de la costa oeste. Oakland y Portland (récord nacional de pollos per cápita) marcaron una tendencia que ha arraigado ya entre las autopistas de Los Angeles y entre el cemento neoyorquino. El Ministerio de Agricultura se ha visto desbordado y no dispone de momento de un censo siquiera aproximado de gallinas urbanas. A falta de estadísticas oficiales, lo más fiable es la web Backyard Chickens, que reúne a 60.000 criadores.

En algunas ciudades, como Madison, la cría comenzó clandestinamente, a través de grupos como The Chicken Underground. Cada vez son más las ciudades que se suman a la imparable tendencia, con ordenanzas que fijan un número máximo de gallinas por familia (el auténtico “paraíso” gallináceo es Albuquerque, hasta 15 polluelos por cabeza).

El “lobby” de las gallinas, encabezado por la Yellow House Farm de Nueva Jersey, está intentando ahora seducir a la mismísima Michelle Obama para que incorpore unas cuantas “mascotas” ponedoras al famoso huerto urbano de la Casa Blanca, para mayor deleite de Sasha y Malia.

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El Mundo (España)

Redescubren hongo luminoso en Brasil

Especial: Seres vivos


Neonothopanus gardneri

Aunque a los pobladores locales nunca se les perdió y lo conocen desde siempre, el hongo "flor de coco", que emite luz, a los científicos se les había desaparecido: habían pasado más de 170 años desde la última vez que había sido estudiado.

Pero ahora, un grupo de científicos e investigadores de universidades estadounidenses y de la Universidad de San Pablo (USP) redescubrió la llamativa seta en Piauí, estado del nordeste de Brasil.

Neonothopanus gardneri

A la luz del día no se aprecian sus propiedades.

El Neonothopanus gardneri es el hongo bioluminiscente (es decir, que emite luz propia) más grande de Brasil y uno de los más grandes del mundo.

"En los últimos años vi hongos que emiten luz en Brasil, pero más pequeños, algunos del tamaño de un cabello", le señala a BBC Mundo Cassius Vinicius Stevani, profesor de Química de la USP y participante del estudio.

"Éste es el más grande y emite una cantidad considerable de luz", dijo.

La primera vez que el hongo fue descubierto por la comunidad científica fue en 1840, cuando el botánico británico George Gardner vio a unos niños jugando con lo que él pensaba que eran luciérnagas enormes en las calles de un pueblo que hoy es la ciudad de la Natividade, en Tocantins, estado de Goiás, en el centro-oeste de Brasil.

"Flor de coco"

Llamado por los locales "flor de coco" por crecer bajo una palmera, este hongo bioluminiscente se clasificó como Agaricus gardeni y no había sido vuelto a ver.

"Me enteré de que todavía había hongos alrededor de 2001. En los años siguientes, me llegaron informes de Tocantins y Goiás de un hongo grande y amarillo, que emitía una luz", dice Stevani.

"Pero sólo pude verlos en 2005, en fotos tomadas en Piauí", dice el científico, que ha participado en expediciones nocturnas para recoger setas.

Agaricus gardeni

Aún no se sabe el porqué de la fluorescencia.

"Las búsquedas tienen lugar en las noches oscuras, de luna nueva, con las linternas apagadas", explica.

Hay 71 especies de hongos que emiten luz, de los cuales 12 están presentes en Brasil.

La ciencia aún no ha resuelto el proceso químico que le permite al hongo producir luz, ni se sabe para qué le sirve.

Una teoría, dice Stevani, considera que la luz es emitida para atraer a los insectos nocturnos que les ayudan a los hongos a dispersar sus esporas para reproducirse. Otra dice que la luz atrae a los insectos depredadores que se alimentan de pequeños insectos que atacan al hongo.

Otros seres vivos que emiten luz son las luciérnagas y ciertos moluscos, peces, crustáceos y algas. En todos los casos las luz se produce cuando una enzima llamada luciferasa oxida a un sustrato llamado comúnmente luciferina (del latín lucifer, "que trae luz").

El hallazgo fue publicado en el último número de la revista Mycologia.

Fuente:

BBC Ciencia

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