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18 de julio de 2011

El agua fría tras un ejercicio físico intenso: verdades y mitos

¿Quién no ha oído alguna vez, justo después de haber hecho una actividad física importante, la archiconocida frase "No bebas agua fría, que es malo" o la variante "No bebas agua fría, que hubo un rey que se murió por eso"? Es una de las frases más típicas referidas al agua, aunque sin llegar al nivel supremo de "Tienes que esperar x horas para bañarte, que estás haciendo la digestión" (pocas órdenes han puesto a prueba la paciencia de tantos niños como la obligación anterior).

El famoso rey que, supuestamente, murió por beber agua fría tras haber realizado ejercicio físico (concretamente, tras jugar a la pelota) es, ni más ni menos, que Felipe I el Hermoso. Sin embargo, pese a que la cultura popular atribuye claramente al agua fría como la causa del fallecimiento, lo cierto es que las circunstancias de su muerte, cinco siglos después, siguen siendo un misterio. Las crónicas de su vida relatan que murió días después del suceso del partido de pelota, con una "recia calentura" esa misma noche tras el partido y un empeoramiento progresivo. Esto ha llevado a que diversos investigadores planteen como causa de la muerte el envenenamiento o la peste.

Imaginemos, por un momento, que realmente Felipe el Hermoso murió por haber bebido agua fría tras jugar a un partido de pelota, ¿cómo pudo desencadenarse la muerte por algo, en principio, tan anodino? Las dos principales hipótesis serían:

-La muerte fue desencadenada por una hidrocución (mal llamado corte de digestión). El agua fría, al entrar en contacto con el cuerpo del rey (acalorado tras el ejercicio físico) provocaría un potente reflejo cardiovascular de causa nerviosa (parasimpática) que llevaría a una alteración del ritmo cardíaco, con un súbito descenso de la frecuencia o incluso con una parada cardíaca.

-La muerte se produjo por una hiponatremia. El monarca fue perdiendo de forma severa líquidos y sales a través del sudor como consecuencia del partido de pelota. Cuando llegó el momento de beber agua, lo hizo con tanta ansia que, aunque se rehidrató muy bien, no repuso de igual manera las sales y provocó una alteración en la concentración de éstas en sangre (con el sodio bajo como principal peligro). Esto llevaría inicialmente a mareos, vómitos, aletargamiento, confusión, calambres, etc... Si la hiponatremia fuera a más podría darse el coma y la muerte poco tiempo después.

Ambas situaciones pueden darse en la realidad. La hidrocución por el contacto por agua fría, especialmente por sumergirse en agua muy fría tras haber hecho ejercicio físico intenso, está bien estudiada y se estima que un amplio porcentaje de los ahogamientos que se producen en el mundo puede deberse a esta causa. Es muy difícil conocer el alcance real, puesto que puede pasar desapercibida en las autopsias.

Mucho más rara y rocambolesca sería la muerte por la ingesta de una bebida fría tras haber realizado ejercicio físico ya que la superficie del cuerpo que está expuesta al frío líquido es pequeña comparada con una inmersión, lo que limita la potencia del reflejo parasimpático. Pese a todo, existen casos documentados de muerte súbita tras la ingesta de bebidas frías. Eso sí, hay que tener muy mala suerte. Porque la persona tendría que ser especialmente susceptible a este reflejo y porque, además, tendría que tener detrás un trastorno cardíaco que le volviera vulnerable ante la más mínima perturbación. En personas normales se produciría como máximo un síncope (pérdida de conocimiento) y de forma muy poco frecuente.

Sobre la hiponatremia, causada por reponer líquidos y no sales tras haber sudado en abundancia, es algo que ocurre con cierta frecuencia entre practicantes de deportes de larga duración, especialmente entre corredores de maratón. De hecho, se plantea que entre el 10 y el 40% de deportistas en disciplinas de muy larga duración (3-4 horas) desarrollan hiponatremia.

Volviendo a nuestro monarca, ni la hidrocución ni la hiponatremia coinciden con la descripción de su muerte. La hidrocución, de producir una muerte, sería fulminante. La hiponatremia aguda, por otro lado, produciría un rápido empeoramiento del monarca, en cuestión de horas y, de producirse la muerte, ésta sería rápida y no llegarían a pasar varios días. Además, está el detalle de la fiebre, que descarta (de nuevo) la hidrocución y vuelve mucho más improbable la hiponatremia.

Entonces ¿qué es más probable, la peste o el envenenamiento? Es difícil decirlo con tan pocos detalles de los síntomas previos a su muerte. La peste cursa con fiebre y en el envenenamiento también puede darse. Además, ambos pueden provocar la muerte en el periodo de tiempo comentado. Tendremos que confortarnos, por el momento, con conjeturas.

Así pues, el consejo de no tomar bebidas frías tras haber hecho ejercicio físico tiene cierta base rocambolesca detrás (especialmente para cardiópatas). Como precaución, es recomendable beber agua templada o ligeramente fría tras haber hecho ejercicio físico intenso. Lo que no se sostiene es que Felipe el Hermoso muriera por beber agua fría (salvo si ésta estaba envenenada, claro está). Habrá que buscar otro ejemplo mejor...

Fuente:

La Doctora Shora (El País)

17 de julio de 2011

Marte: "La colonización no es realista"

Personajes: Steve Squyres. Geólogo.



Steve Squyres. Geólogo. Lleva siete años al mando de ‘Spirit’ y ‘Opportunity’

Steve Squyres sería el mejor guía en una excursión por Marte. Este geólogo que viste botas de vaquero lleva siete años explorando el planeta con dos pequeños cochecitos de control remoto, Spirit (fuera de servicio) y Opportunity. Conoce al detalle la geografía escarpada de varios cráteres, la inesperada composición de sus suelos y las traicioneras dunas en las que sus vehículos han quedado atascados.

Cuando esto sucede, su equipo reconstruye un Marte en miniatura y ensaya la maniobra con una réplica de los rovers. Squyres (New Jersey, 1957) encarna a toda una generación de científicos que crecieron viendo las hazañas de los astronautas del programa Apolo en la Luna y que ahora escriben con sus robots el prólogo de la aún incierta llegada del hombre a Marte. De visita en Madrid para participar en el curso Marte y Sociedad, organizado por el Instituto Nacional de Tecnología Aeroespacial y la Universidad Complutense, Squyres explicó a Público su visión del futuro de la exploración de Marte.

El objetivo de ‘Spirit' y ‘Opportunity' era saber si existen en Marte las condiciones básicas para la vida ¿Las hay?

Sabemos que en ambos lugares de aterrizaje hubo en el pasado condiciones aptas para algunas formas de vida terrestre muy simples. No quiere decir que hubiese vida. Pero hay que recordar siempre que Marte es un planeta enorme. Es como la parábola de los ciegos y el elefante. Hay seis de ellos y quieren saber cómo es un elefante. Uno agarra la cola y dice "un elefante es como una cuerda". Otro coge la pata y dice "no, un elefante es como el tronco de un árbol". Y cada uno que toca una parte del elefante obtiene una imagen completamente diferente. Nosotros estamos igual. Sólo hemos tocado dos partes del elefante.

¿Qué puede encontrar ‘Opportunity' aún?

Tierra y rocas totalmente diferentes de lo que hemos visto hasta ahora. Es como una misión nueva, aunque con un rover muy machacado.

¿Cómo se siente estudiando un planeta que no puede pisar?

Me encanta escalar montañas. Pensé que me dedicaría a investigarlas. Pero tuve que dejar esa opción cuando decidí dedicarme a Marte. Por ello intenté diseñar un robot con unas capacidades lo más humanas posibles. Darle la visión de una persona, a un metro y medio del suelo, un brazo para que pueda alcanzar cosas, hacer que se pueda mover y escalar montañas como lo haríamos tú o yo si estuviésemos ahí. Podría equivocarme, pero creo que, si milagrosamente pudiese ir a Marte y observase uno de esos cráteres a través de mi escafandra, diría: esto es como me lo esperaba.

¿Significa eso que no hacen falta astronautas?

Los robots son muy limitados. Lo que Spirit y Opportunity han hecho en siete años en Marte, tú o yo lo podríamos haber hecho en una semana. Además, mandamos humanos al espacio por más razones que la ciencia y la exploración. Lo hacemos porque inspira a la gente en la Tierra. Los humanos tienen una capacidad para inspirar a la gente que no creo que tengan los robots.

¿Renunciaría a parte de la exploración robótica para acelerar la llegada de astronautas a Marte?

Ese argumento se escucha a menudo. Pero si haces historia, no se sostiene. Los presupuestos de misiones robóticas y humanas de la NASA han ido siempre juntos, hacia arriba o hacia abajo. La inversión en robots ha sido bastante constante a lo largo de la historia y es lógico. Mira la Luna. Primero fueron Ranger, Surveyor y el Lunar Orbiter. Misiones robóticas que precedieron a las humanas. Es lo mismo que estamos haciendo hoy, asfaltando el camino para que el hombre vaya a Marte.

¿Es realista llegar a Marte en la década de 2030?

No hay plan articulado para ello. La NASA no tiene ese objetivo ni esa fecha. Es difícil comentar si es realista porque el objetivo aún no existe.

Se ha fantaseado con el viaje sólo de ida ¿Lo haría usted?

Marte es un sitio terrible. Hace frío, no hay agua, está lleno de polvo. La gente lo ha idealizado. Hablan de colonizar Marte, llevar allí a sus familias y tener un hogar. Pero, por ejemplo, nadie vive en la Antártida, y es un sitio mucho más agradable que Marte. No entiendo por qué nadie querría vivir allí. La colonización de Marte no es realista.

¿Entonces por qué le gusta este planeta?

Es crudo y estéril, pero es un lugar muy bonito. No obstante, lo que más me gusta de él es que en algún lugar de sus rocas se esconde el secreto de cómo se desarrolló la vida por primera vez y si hay vida en otros lugares del sistema solar y el universo. Me gusta Marte por lo que puede decirnos sobre quiénes somos y cómo hemos llegado hasta aquí.

Fuente:

Público (España)

La falacia del continuo

Imaginad que tenemos un grano de arena. Evidentemente, no diremos que es un montón de arena. Ahora tenemos dos granos. ¿Es un montón? ¿Y tres? ¿Y cuatro? … ¿Y un millón? A esta última pregunta podemos responder que sí. Pero si en uno, dos, tres y cuatro hemos dicho que no y en un millón hemos dicho que sí, la pregunta es ¿cuándo decimos que n granos de arena no son un montón pero n+1 granos de arena sí son un montón? Bienvenidos a la falacia del continuo o paradoja sorites.

Podemos decir que un grano de arena es un montón ya que si tenemos un millón vamos quitando grano a grano y sigue siendo un montón, llegando un momento en que tenemos un solo grano, concluyendo que un grano es un montón. Y viceversa, podemos decir que si un grano de arena no es un montón, vamos sumando grano a grano y aunque lleguemos a un millón seguirá sin ser un montón. Pero, seamos realistas, pocas personas dirían que un grano de arena es un montón y otras pocas dirían que un millón de granos no lo es. Y esto que parece una nimiedad tiene unas repercusiones bárbaras, ya que hay quien lo utiliza, a veces en un sentido (diciendo que un grano y un millón de granos es lo mismo) y a veces en otro (diciendo que un grano es una cosa y un millón otra). La paradoja se da siempre que utilizamos el “sentido común” sobre conceptos vagos.

El caso dónde ha sido aplicada de forma más famosa es en si los embriones son seres humanos o no. Todos podemos tener más o menos claro que cuando vemos un ser humano lo reconocemos al instante. Pero, dejando fanatismos religiosos aparte, hemos de reconocer que el concepto “ser humano” ya en sí es un concepto vago. ¿Qué es un ser humano? ¿una cadena de ADN? ¿una célula con potencial de convertirse en un ser humano? Si lo creéis así, os recuerdo que la oveja Dolly salió de la célula de una ubre de otra oveja, así que por la misma regla de tres, cualquier célula humana también sería un ser humano. Un ser humano, por ejemplo, debe tener neuronas y estas tardan alrededor de 20 días en aparecer después de la fecundación y el encefalograma de un feto no sale hasta la semana 30 de gestación (fuente). Y si creéis que reconoceríais un ser humano y pensáis que los fetos de siete semanas lo son, decidme cuál de estos es humano y cuál no:

(foto: vía)

Cabe recordar que nuestro concepto sobre los embriones ha ido cambiando con el tiempo. Aristóteles creía que el embrión estaba formado de sangre menstrual y que el elemento dinámico masculino le daba forma. Se preguntó si todas las partes del embrión empezaban a existir al mismo tiempo o se iban formando sucesivamente, como cuando se teje una red. Después de abrir huevos de gallina entre distintas fases o etapas, argumentó a favor de la existencia de estructuras embrionarias. Pero su rechazo de la preformación, de la idea de que todo estaba ya preformado en miniatura desde el primer momento, se basaba no en observaciones, sino en argumentos filosóficos. Por otro lado, en tiempos pasados, la idea predominante entre los teólogos era que el alma humana entraba en el feto masculino alrededor del día número 40, y en el feto femenino en torno al día 80. Y sin alma, ya no eran humanos, ¿no?

No obstante, no quiero entrar en si un embrión es un ser humano o no lo es, pues me parece que pocos vamos a cambiar la opinión que tenemos formada. Lo que sí quiero poner sobre el tapete es que no me sirve el razonamiento de que un embrión es un ser humano porque si lo dejamos desarrollarse llegará en una serie de pasos continuos a un adulto. Y un adulto, no cabe duda que lo es. Quiero decir que si queréis decirme que un embrión es un ser humano, buscad otro razonamiento, pues ese argumento no me sirve. Y ¿por qué?, porque si lo aceptáis por también tendréis que aceptar que un chimpancé también es un ser humano, cosa que no me vais a admitir, ¿verdad? Pero este punto tengo que explicarlo con algo de detalle.

Tomemos como ejemplo la gaviota sombría (Larus fucus) y la gaviota argéntea (Larus argentatus). Ambas pertenecen claramente a especies distintas, sobre todo, en lo que respecta al color. Cualquiera puede distinguirlas. En Gran Bretaña conviven ambas especies.

(foto: vía)

La gaviota argéntea y la sombría jamás procrean entre sí, pero entre ellas hay una relación fascinante. A medida que nos desplazamos por la Tierra hacia el oeste (alrededor del Polo Norte; pasando por América del Norte, Alaska, Siberia, y luego regresando otra vez a Europa) las gaviotas argénteas van dejando gradualmente de parecerse a gaviotas argénteas y se parecen cada vez más a gaviotas sombrías. Finalmente se observa que nuestra gaviota sombría es, en realidad, el otro extremo de un anillo que partió como gaviota argéntea. En cada punto del anillo, las aves son lo suficientemente semejantes a sus vecinas como para procrear entre sí, pero no sucede con los extremos de ese anillo.

(foto: vía)

Volvemos a topar con la falacia del continuo: por un lado, podríamos decir que ambas son una misma especie, pero por otro no. Este tipo de especies reciben el nombre de especies anillo.

Y ahora vamos a suponer que una persona da la mano su madre quien, a su vez, da su otra mano a la suya (abuela de la primera), esta última a su madre y así sucesivamente. Si pudiéramos hacer eso iríamos poco a poco a encontrarnos a nuestro antepasado común con los chimpancés. Supongamos ahora que este antepasado, en vez de dar la otra mano a su madre, se lo da a su hija que empieza la rama de los chimpancés: formaría la cadena que llevaría a los chimpancés modernos. Si pudiéramos recorrer la cadena humana, llegar al antepasado común y volver a caminar por la línea de los chimpancés, llegaríamos al que estamos mirando. Y todo ello sin discontinuidades. Cuando miramos a un chimpancé a los ojos, estamos mirando realmente a un primo lejano nuestro.

Y aquí viene el problema: ¿cuál es el primer ser humano cuya madre no lo es? No me sirven explicaciones que afirmen que se es humano al 80% o al 90%, pues es una característica que nosotros asignamos o no asignamos; no sirven términos medios. Es cierto que serían unas cuantas generaciones. Carl Sagan decía que si un hombre entrara en su habitación, detrás viniera su padre, detrás su abuelo, etc., ¿cuánto tiempo deberían estar pasando personas hasta que entrara uno que caminara a cuatro patas? La respuesta es que una semana. Una semana pasando una persona detrás de otra. En fin, continuemos.

Fijaos que el ejemplo de la cadena (del anillo, tal como hemos explicado antes) de los seres humanos es totalmente análogo al de las gaviotas argénteas y sombrías, solo que ahora tenemos a un ser humano por un lado y a un chimpancé (para el caso de los religiosos y su famoso anuncio, un lince; ¿por qué no?, solo que el antepasado común estaría más lejos). Bien, ¿cuál es el principal problema de lo que os estoy hablando? ¿Cuál es la diferencia real entre el anillo que formaban las gaviotas y el que forma el ser humano con un chimpancé? Yo os lo diré: los seres intermedios entre gaviotas argénteas y sombrías están vivos y los seres de las cadenas intermedias entre chimpancé y hombre han muerto. Y de muchos de ellos todavía no se han encontrado fósiles. Ahora, ¿os imagináis que estuvieran vivos? ¿No da para pensar si tendríamos clar0 qué es un ser humano y qué un chimpancé si existieran todos los pasos intermedios?

Aun así, si seguís pensando que los embriones tienen un estatus particular, os propongo una situación particular. Imaginad que tenéis que tomar una horrible decisión. Un misil nuclear va a caer sobre España y debéis decidir entre dos objetivos: una ciudad de un millón de habitantes y un pueblo abandonado donde vive una única persona. ¿Qué haríais? Y ahora imaginad que entráis en un hospital en llamas y solo tenéis una oportunidad para salvar a alguien. En una habitación hay una mujer y un recipiente con un millón de embriones congelados. ¿A quién salvaríais? ¿Elegiríais igual que en el caso anterior? Quizá todos seamos seres humanos, pero unos más que otros.

Y es por ello que yo no podré deciros si un embrión es o no un ser humano, pero si me decís que lo es por una serie de pasos continuos hasta llegar a un ser adulto, entonces un chimpancé también es un ser humano.

Para finalizar, os dejo con esta misma reflexión pero en palabras de Richard Dawkins:

Quiero pensar que todos nosotros abogamos por los derechos humanos. Hay personas, sin embargo, que abogan por los derechos de los gorilas. En ese momento, todos le haremos la pregunta: ¿y qué tienen de especial los gorilas? Si a esas mismas personas les dijéramos que para nosotros son más importantes los cerdos hormigueros africanos, a buen seguro, nos preguntaría: ¿qué tienen de especial los cerdos hormigueros africanos?

Ahora bien, nadie se plantea la pregunta que debería ser más obvia: ¿qué tienen de especial los seres humanos? Como somos especistas, la respuesta es evidente: los seres humanos son humanos y los gorilas son animales. En ese momento se abre un abismo, ya que la vida de un solo ser humano vale más que la vida de todos los gorilas del mundo. Y si le adosamos la etiqueta de “Homo sapiens a un trozo insensible de tejido embrionario, el valor de esa vida se catapulta repentinamente hacia el infinito.

(…)

A una persona con mentalidad discontinua no se le ocurre la posibilidad en un término medio entre gaviotas argénteas y sombrías. Esto, por supuesto, es totalmente extrapolable a las especies. Muchas asociaciones autodenominadas “provida” y otras se tiran el día hablándonos del momento exacto en que un feto se torna humano. Es inútil decir que un feto es “medio humano” o “en una centésima parte”. Para ellos no puede haber etapas intermedias y de ahí surgen muchos males.

(…)

Si alguien tuviese éxito en producir un híbrido de chimpancé y ser humano, la noticia produciría un terremoto. Los obispos plañirían, los abogados se regocijarían malignamente de antemano, los políticos conservadores tronarían, los socialistas no sabrían dónde levantar sus barricadas. El científico que hubiese logrado la hazaña sería muy solicitado en las salas de profesores, denunciado en el púlpito y en la prensa amarilla y condenado, tal vez, por la fatwah de algún ayatolá. La política no volvería a ser la misma, al igual que la teología, la sociología, la psicología y la mayoría de las ramas de la filosofía. El mundo, que se estremecería por un acontecimiento de índole incidental como lo es una hibridación, es, por cierto, un mundo especista, dominado por una mentalidad discontinua.

Fuentes:
Richard Dawkins, El capellán del diablo.
Stephen Jay Gould, Ciencia versus religión.

omado de:

Historias de la Ciencia

15 de julio de 2011

Lagartijas ingeniosas resuelven acertijos

Especial: Reino Animalia


Las lagartijas fueron capaces de reconocer colores

Unas lagartijas lograron sorprender a los científicos al resolver con gran ingenio las pruebas a las que fueron sometidas.

En primer lugar, los investigadores de la Universidad de Duke, en Estados Unidos, ocultaron un gusano debajo de un disco para saber si el reptil sería capaz de superar el obstáculo.

Las Anolis Evermanni, una especia de lagartija que vive en Puerto Rico, giraron los discos con la cabeza o los desplazaban con el hocico hasta hacerse con la lombriz.

Esta especie de lagartos, que saltan de rama en rama, usualmente capturan a sus presas desde arriba y no tienen que utilizar estas artimañas para abrir tapas, ni escarbar agujeros. Su capacidad de adaptación llamó la atención a los científicos.

"No esperábamos encontrarnos con esta capacidad para resolver problemas", según dijo a la BBC el líder del proyecto, Manuel Leal.

Todo por comida

Según los resultados publicados por Biology Letters, las lagartijas además fueron capaces de reconocer colores y recordar la solución de un enigma en busca de comida.

Al igual que hacen en experimentos con pájaros, los investigadores pusieron dos pequeños discos, uno completamente azul y otro con una franja amarilla, para esconder la lombriz.

"Ellos aprendieron a asociar el color del disco con un premio de comida," dijo el profesor Leal.

Para asegurar los resultados, los científicos escondieron el gusano bajo el otro disco. Primero las lagartijas instintivamente giraban el disco donde su experiencia les decía que estaba escondida la lombriz, pero luego aprendieron a buscar en el otro.

"Y cuando se intercambian los discos, fueron capaces de revertir lo que había aprendido", enfatizó el investigador.

Estos resultados sugieren que los reptiles son más inteligentes de lo que se pensaba anteriormente. Según los investigadores, además, este experimento desafía la creencia de que las lagartijas poseen una limitada capacidad cognitiva ya que lograron superar las pruebas con más facilidad que algunos pájaros.

Fuente:

BBC Ciencia

Los catastróficos efectos en los ecosistemas de la desaparición de grandes depredadores

Especial: Reino Animalia

Recreación de un ecosistema en el Parque de Yellowstone (EEUU). | Science.

Recreación de un ecosistema en el Parque de Yellowstone (EEUU). | Science.

  • Un estudio alerta de los efectos del gran declive de leones, lobos o tiburones
  • Provoca cambios en la vegetación y la llegada de especies invasoras
  • Han aumentado los incendios forestales y las enfermedades infecciosas
  • La caza y la pérdida de hábitats por la acción del hombre, principales causas

El gran declive de grandes depredadores como leones, tigres, leopardos, lobos o tiburones está haciendo estragos en los ecosistemas terrestres. Según asegura un estudio internacional publicado esta semana en la revista 'Science', la alarmante pérdida de estos animales representa el mayor impacto causado por el hombre en los ecosistemas a lo largo de la historia.

Y es que entre las causas que explican el dramático descenso que las poblaciones de algunas especies están experimentando en los últimos años está la caza incontrolada y la pérdida de sus hábitats, dos fenómenos provocados por la acción del hombre.

Tras examinar la situación de un amplio abanico de ecosistemas terrestres, marinos y de agua salada, los 24 investigadores que forman parte de este estudio concluyeron que el descenso en la población de los depredadores en todo el mundo es mucho mayor de lo que hasta ahora se pensaba. Este declive afecta ahora a muchos otros procesos ecológicos en la naturaleza, pues la pérdida de los depredadores tiene graves consecuencias para otras especies vegetales y animales.

Graves consecuencias para el hombre

El ser humano es, asimismo, uno de los principales perjudicados por esta pérdida, una situación que presumiblemente se agravará en los próximos años ni no se toman drásticas medidas para proteger a estas especies.

James Estes, profesor de Ecología y Biología evolutiva de la Universidad de California (EEUU) y autor principal, recuerda que hubo una época en la que los grandes depredadores estaban presentes en todos los rincones de la Tierra. Fueron ellos los que modelaron las estructuras y las dinámicas de los ecosistemas.

Su declive, causado en gran medida por la caza y la fragmentación de sus hábitats, está teniendo graves consecuencias para otras especies. Entre ellas, los autores de esta investigación destacan cambios en la vegetación, introducción de especies invasoras, aumento de incendios forestales, de la contaminación y de enfermedades infecciosas. Asimismo, está afectando a la calidad de agua y modificando los ciclos de nutrientes en la cadena alimenticia.

La sexta gran extinción, en marcha

El estudio destaca, además, que la desaparición progresiva de los depredadores está contribuyendo decisivamente a la sexta gran extinción en la historia de la Tierra, que según advierten los científicos, está en marcha.

William Ripple, investigador de la Universidad del estado de Oregón (EEUU) y coautor de este estudio, asegura que ahora han encontrado "pruebas demoledoras" que demuestran que los grandes depredadores son tremendamente importantes en el engranaje de la naturaleza, "desde las profundidades de los océanos a los picos más altos de las montañas, del trópico al Ártico", señala. "El colapso de estos ecosistemas ha alcanzado un punto en el que ya no sólo resultan afectados los lobos o ciertas especies de árboles, la deforestación, el suelo o el agua. Estos depredadores y procesos protegen, en última instancia, a los humanos. No se trata sólo de ellos, sino de nosotros", advierte Ripple.

Los investigadores, pertenecientes a 22 instituciones de seis países, señalan que históricamente se ha valorado poco cómo afectan los grandes depredadores a otras especies. Con frecuencia, los procesos ecológicos se centraron en estudiar una determinada especie vegetal o animal en un área pequeña, por lo que no se apreciaban los cambios que se estaban produciendo en la naturaleza.

Uno de los estudios citados en esta investigación se centró en analizar el efecto de la pérdida de lobos en el Parque Nacional de Yellowstone (EEUU). Cuando los lobos desaparecieron, la población de alces aumentó. También cambió su comportamiento, puesto que ya no tenían miedo de alimentarse de árboles jóvenes, como el álamo temblón, que se encontraban en zonas en las que antes solían ser atacadas por lobos. Sin estos animales al acecho, la población del álamo temblón y de sauces se vio muy afectada. También se redujo la población de castores. Con el regreso de los lobos, la zona volvió a restablecer su equilibrio.

En la investigación se mencionan muchos más casos que muestran el importante papel de los depredadores en los ecosistemas. En África, por ejemplo, la reducción de leones y leopardos provocó la explosión en la población de una especie de babuino ('Papio anubis') que transmite parásitos intestinales a los humanos que viven en las proximidades.

El declive de tiburones, tan amenazados por la pesca incontrolada debido a sus apreciadas aletas, propició un gran aumento de una especie de raya ('Rhinoptera bonasus') y, con ello, el colapso de las pesquerías de vieiras. Y es que, como señala este estudio, la reducción de los recursos pesqueros es otro de los efectos indirectos causados por la pérdida de estos animales clave en la naturaleza.

Fuente:

El Mundo Ciencia

El gorila que filma sus propias películas

Especial: Reino Animalia



Cuando sus cuidadores le facilitaron una cámara, el gorila -que vive en el Reino Unido -comenzó a grabar. Vea cómo se ve el mundo a través de sus ojos.



Se llama Ya Kwanza, vive en la Fundación Durrell para la Conservación de la Vida Silvestre en Jersey, en el Reino Unido, y ya ha filmado su primera película.

Gracias a las imágenes inéditas tomadas por este gorila de 27 años, sus cuidadores pudieron ver el mundo desde el punto de vista del animal
Vea cómo hicieron para animar al gorila a realizar su primera producción, en este video de BBC Mundo.

Fuente:

El Mundo Ciencia
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