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14 de julio de 2011

Diario español "La Razón" anuncia que los ángeles de la guarda existen

El diario ultraderechista español informa de la existencia del Ángel de la Guarda en base a un "estudio matemático" basado en novelistas de terror, personajes de ficción, y grupos de investigación inexistentes.



El titular no deja lugar a ambigüedades: «Los ángeles de la guarda existen, según un estudio matemático».

Con estas palabras presenta el diario La Razón los resultados de un estudio realizado por un supuesto grupo de matemáticos rusos, dirigidos por un tal Valeri Isákov.

El arte del copy-paste o para qué contrastar fuentes

Hay una norma que se aprende en primer curso de la carrera de periodismo, se repite durante todos los siguientes cursos, y al parecer se olvida apenas se entra a trabajar en según qué medios de "información": la necesidad de contrastar las fuentes.

La Razón en este caso se ha limitado prácticamente a copiar y pegar una nota emitida en castellano por el portal RT, que se identifica como “organización autónoma sin ánimo de lucro”, ilustrada con un sugerente montaje de un ángelito junto a un avión en vuelo.

Ningún medio de comunicación relevante se ha hecho eco de la noticia, que sin embargo se ha multiplicado velozmente en infinidad de blogs católicos. ¿Por qué no lo publicaron los medios "serios"? Quizá porque contrastaron las fuentes.

Total desconocimiento de la institución científica

El artículo en cuestión no menciona a qué universidad o centro de investigación pertenece el supuesto grupo de matemáticos que da por demostrada la existencia de los ángeles de la guarda en base a un único argumento: supuestamente en los aviones siniestrados habría un mayor promedio de pasajeros que devuelven su billete a última hora. Los supuestos matemáticos y periodistas científicos consideran que este dato demostraría científicamente la existencia de estos ángeles.

Estos pseudoperiodistas científicos a sueldo de la iglesia desconocen por completo que una demostración científica es una cosa mucho más seria de lo que ellos conciben: ocurre cuando se consigue relacionar sistemáticamente el fenómeno observable A con el fenómeno B, observable inmediatamente antes, y entonces se puede afirmar que existe relación causal. Si este grupo de matemáticos afirma haber observado sistemáticamente el fenómeno "ángel de la guarda" todos juntos, quiere decir posiblemente que el cocinero del comedor universitario (o de la parroquia) en que se nutren utiliza el mismo psicoactivo para todos sus platos, y este es el hecho que debería ser investigado, pues constituye un posible delito contra la salud pública.

Nada se comenta en esta "noticia científica" sobre la metodología de estudio, datos consultables, sistemas de muestreo y proceso de datos, margen de error, etc. El artículo, copiado casi literalmente por el diario derechista Español, se limita a citar al novelista Stephen King y a un supuesto sociólogo estadounidense llamado James Staunton como precursores de esta misma teoría.

Científicos inexistentes

La realidad es que el tal matemático director de investigaciones Valeri Isákov, caso de existir realmente, no tiene ninguna publicación científica, no figura en ningún congreso o universidad, no es citado en ningún otro estudio, ni mencionado en Wikipedia: no ha producido absolutamente nada relevante a lo largo de su carrera como director de investigaciones. Les invito a que busquen su currículum académico en la red y contrasten el resultado con lo que obtienen si buscan el de cualquier otro matemático ruso, no hace falta que dirija investigaciones de relevancia internacional ni descubra ángeles. Yo apostaría a que el profseor Isakov bien no existe, como el ángel de la guarda, bien sencillamente "se siente" matemático.

En cuanto al tal sociólogo estadounidense James Staunton que según La Razón "analizó en 1958 doscientas catástrofes ferroviarias" para llegar a la misma conclusión, sencillamente no existe. Si googlean ustedes su nombre, encontrarán que no tiene absolutamente ninguna publicación, y que únicamente aparece como personaje en la novela "The Stand", de Stephen King, el novelista que aparece citado en este artículo como tercer precursor de la teoría. Staunton es un sociólogo de ficción.

La responsabilidad social de la divulgación científica

No sé si el consejo de redacción del diario La Razón ha reflexionado suficientemente sobre las consecuencias de divulgar descubrimientos tan revelantes en base a científicos inexistentes, novelas de terror y personajes de ficción, pero como profesional de la divulgación científica me atrevo a pedir a la redacción una necesaria rectificación pública con respecto al hecho de haber publicado información falsa por no haber contrastado fuentes.

La obligación moral de rectificar viene a ser otra de las leyes doradas de la profesión que sus periodistas deberían haber aprendido en la facultad de ciencias de la información, si es que pasaron por ella y no se pasaron la juventud con Isákov, Staunton, el Ángel de la Guarda y otras alucinaciones metafísicas comentando novelas de Stephen King.

Fuente:

Divulga UNED

13 de julio de 2011

teorema de Pitágoras: Aprender y comprender no son sinónimos




Cuando era un crío y me enseñaron el Teorema de Pitágoras (tal vez en 5º o en 6º de EGB, no recuerdo) lo primero que mi mente de chorras impenitente pensó es que resultaban graciosísimos aquellos nombres tan raros: cateto e hipotenusa. Lo del cuadrado y la suma era algo en lo que no pensé demasiado, cosas de una fórmula más que había que memorizar para aprobar la asignatura.

En aquel curso, para mi un cuadrado era un número multiplicado por si mismo y punto; no se me ocurrió ligarlo a la figura geométrica homónima con la que me habían bombardeado desde los tiempos de Barrio Sésamo. Ahora, tras ver este vídeo, pienso que si el profesor de turno nos lo hubiera mostrado (o nos hubiera hecho este sencillo experimento mesa por mesa) insistiendo en que el cuadrado de un cateto o de una hipotenusa (lado x lado, osea el resultado de calcular su área) era realmente un “cuadrado”, la cosa habría quedado mucho más clara.

En cambio, simplemente memoricé la fórmula y su relación de igualdad sin visualizar polígonos auxiliadores por ningún lado. Una pena, porque el concepto resulta tan evidente cuando se aprende de forma empírica con este antiguo juguete chino, que estoy convencido de que habría disfrutado muchísimo comprendiendo su belleza. Y es que aprender y comprender son dos cosas distintas.

Aunque nunca es tarde ¿verdad?



Demostracion del teorema de Pitagoras from angel on Vimeo.



Fuente:

Blog de Mailkenais

Da Vinci, también geólogo

Leonardo Da Vinci demostró ser uno de los hombres más inteligentes de su tiempo con sus grandes investigaciones, además de uno de los pintores más célebres de todos los tiempos. Fue capaz de imaginar el helicóptero en el Renacimiento, demostró técnicas muy avanzadas para su época y además demostró conocimientos de geología propios del siglo XX.

En muchos de sus cuadros, como “La Virgen, el Niño Jesús y Santa Ana” aparecen reflejados estratos sedimentarios, organizados en capas horizontales. Hoy en día se sabe que las capas que forman el suelo se acumulan progresivamente y que se puede asociar una capa determinada a una época concreta. Pero Leonardo parece que fue uno de los primeros en considerarlo.

lavirgenelnio

Pero esta investigación no apareció reflejada solo en sus cuadros. Además, recogió un gran número de observaciones y explicaciones sobre estos fenómenos en el Códice Leicester. En este texto aparecía información sobre paleontología y paleoecología, la disciplina responsable de reconstruir los ecosistemas y las relaciones entre especies en el pasado remoto.

En el Renacimiento la teoría de la evolución ni siquiera había sido imaginada. Pero por sus escritos, Leonardo no compartía ninguna de las dos principales corrientes de pensamiento que regían entonces.

La primera relacionaba todo lo perteneciente a los fósiles con el diluvio universal. Da Vinci observó que las conchas de los bivalvos (organismos como las almejas o los mejillones) no están cementadas en vida, sino unidas por un cartílago que se degrada al morir dicho animal. Por tanto, si las conchas aparecían juntas en un fósil, es porque el animal fue enterrado en vida. En cambio, si aparecían separadas era resultado de un transporte después de muertos. Si el diluvio hubiese sido responsable jamás aparecerían juntas.

La segunda filosofía se basaba en el pensamiento neoplatónico. Según ésta, los fósiles no eran restos de animales, sino que pertenecían al reino mineral. Se formaban, de forma "mágica", creciendo en el interior de la tierra conforme a una idea universal que determina la forma de la fauna y flora. Leonardo observó que los fósiles marinos aparecían en zonas con estratos claramente relacionados con un ambiente anterior oceánico. Además, los fósiles suelen agruparse, del mismo modo en que aparecen juntas las conchas de distintos animales movidos por las mareas.

Además, cabe sumarle sus estudios de esclerocronología, la investigación de las periodicidades de crecimiento. Los anillos de los árboles y las líneas de crecimiento de las conchas de los animales nos pueden dar su edad, una práctica muy común en la paleobiología actual, pero totalmente novedosa en el Renacimiento. Y el que los fósiles tuviesen edad, relacionada con las estaciones sobre la tierra, dejaba claro que no crecían bajo ella.

Sin duda, las investigaciones de Leonardo nunca dejan de sorprender. Incluso como geólogo, razonaba como un científico de principios del siglo XX.





Fuente:

Ya me lo sé

Si todos piensan diferente, yo pienso igual

Generalmente tendemos a creer que somos racionales en extremo. Que todo lo que hacemos, decimos y pensamos ha sido creado por nosotros, decidido por nosotros sin influencia alguna del medio que nos rodea. Esta idea se incrementa si hablamos de nosotros mismos, si tratamos de valorarnos y medirnos. Siempre nos valoramos por encima de los demás, tanto en valores éticos, morales, como en simples decisiones racionales.

¿Cuántas veces nos encontramos con bocadillos que nos enaltecen en cuestiones de valores éticos y morales, o bajo el mismo problema o situación, pensamos que actuaríamos diametralmente opuestos a lo que alguien más haría? Todo esto, considerando que nuestro punto de vista sería el más racional y acertado.

Lo interesante de todo esto, y que ya hablaré en otra oportunidad, es que estos pensamientos, estas ideas de ser el único absoluto racional se pueden derrumbar sin mucho esfuerzo (Bueno, tampoco es tan fácil, pero no es un mundo de complicado).

En todo caso, corría el año 1958 y Solomon Asch, psicólogo norteamericano realizó una serie de experimentos sobre la presión social y cómo esta afecta el nivel de conformidad de los individuos ante determinadas situaciones donde se veía, el sujeto, enfrentado a un grupo que presentaba una opinión distinta a la de este.

Lámina utilizada en el experimento

El experimento era muy simple. Un grupo de personas se encontraba en una sala y se le mostraba una diapositiva o lámina similar a la de la imagen Luego, se les pedía a todos los sujetos que respondieran preguntas como: - Teniendo la línea original (Izquierda). ¿Cuál de las líneas de la derecha (A, B y C) es del mismo tamaño que la original?

Uno a uno, los asistentes iban respondiendo, hasta llegar al último de ellos. Lo que uno de estos asistentes no sabía era que él, era el único que estaba siendo puesto a prueba, mientras que todos los demás estaban confabulados con el investigador para responder de forma incorrecta, todos con la misma respuesta. Así, el primero decía que la línea A era igual a la presentada, y los demás repetían la misma afirmación. Curiosamente, el último de los asistentes, o sea, el sujeto principal del experimento, después de mirar asombrado las respuestas, optaba por la misma que el grupo, o incluso llegaba a estar totalmente convencido de que la línea A era, efectivamente, igual a la presentada.

Este experimento se realizó varias veces más con algunas variaciones en el mismo para analizar cuanto podía llegar a influir en la toma de una decisión de una persona el grupo que la rodeaba, así como la posición que ocupaba en la cadena de respuestas, o si contaba con alguien que apoyara su opinión.

The tendency to conformity in our society is so strong that reasonably intelligent and well-meaning young people are willing to call white black. This is a matter of concern. It raises questions about our ways of education and about the values that guide our conduct.

El punto que quiero tratar es cómo, sin darnos cuenta, en el cotidiano de nuestras vidas podemos estar aceptando o tomando diferentes puntos de vista solo porque el grupo lo ve de una forma determinada, sin importar si es la mejor o peor respuesta, incluso suprimiendo nuestra respuesta y tomando automáticamente la del grupo.

En las universidades, por ejemplo (Y es a donde quería llegar), se puede ver este tipo de conflictos entre alumnos y profesores. Por supuesto en este caso no solo se pone en juego el elemento que planteamos al principio, pero lo reduciremos al mínimo para ver cómo podemos observarlo en nuestro medio y, por supuesto, estar atentos en momentos que pudiéramos ser víctimas, sin darnos cuenta, de este fenómeno llevándonos a aceptar ideas poco agraciadas solo porque el grupo lo aprueba.

En el caso de una clase universitaria, es normal encontrar todo tipo de profesores, desde aquellos que tienen conocimientos profundos en la temática que encaran, hasta aquellos que no tienen mucho más que el equivalente a un alumno novel pero que, sumado al desconocimiento general de los alumnos sobre la misma temática, suelen pasar desapersibidos. Para el último caso, el del profesor novel, he podido comprobar como el poder del grupo suele modificar las respuestas, tanto de algún alumno con conocimientos como el de un profesor sin los mismos.

Imaginemos una situación donde, por cuestiones en que los alumnos están en una fase de aprendizaje y no cuentan con las herramientas intelectuales para defenderse, un profesor podría estar dando datos completamente erróneos sobre la temática X. Más allá de la influencia del profesor como sinónimo de autoridad (También hablaré de esto en otro momento), si miramos una de estas clases desde afuera, podremos ver como muchos alumnos, para obtener aceptación por parte del profesor o cómo método de defensa, asienten con la cabeza en señal de, por un lado, comunicar que están entendiendo el contenido, y por otro para validar al profesor en cuestión. Esto último sirve como una retroalimentación positiva hacia el profesor, lo que le da la posibilidad de seguir dando rienda suelta al despilfarro de ignorancia.

Aquí es donde entra en juego alguien que sepa de la temática. Si esta persona plantea su discrepancia con el profesor y pone sobre la mesa los conocimientos que lo autorizan a tener esta discrepancia (En los casos más divertidos) podremos ver cómo si la mayoría de los alumnos deja de asentir y aceptan la postura del compañero, el profesor rápidamente cambiará su punto de vista, tratará de retraerse a algún punto de su discurso que le permita encausarlo con el objetivo de acoplarse al del alumno que ahora tiene el apoyo de la masa. Si por el contrario, el grupo no aprueba al interviniente y sigue aceptando lo que el profesor dice, este se remitirá a, de diferentes formas, censurar la idea y seguir campando a sus anchas y desinformando descaradamente.

Esto resulta de caracter altamente sensible, ya que el conocimiento que pudiera estar impartiendo este profesor será aceptado tal cuál es planteado, e incluso, como veíamos en el experimento de Asch, haciendo que el que lo acepte esté totalmente convencido de que lo hizo con absoluta libertad.

Fuente:

Matías Lacono

Los mamíferos les deben las patas a los peces



El ADN de las rayas permite a ratones comenzar a desarrollar muñecas y dedos



Embrión de ratón

El origen de los dedos humanos puede remontarse a las aletas de los peces más primitivos. Es lo que apunta un nuevo estudio que busca responder una de las mayores incógnitas de la evolución: ¿qué sucedió para que algunos peces de hace unos 375 millones de años abandonaran el agua y comenzasen a cambiar sus aletas por las patas que después heredarían anfibios, aves y mamíferos, incluido el hombre?

El trabajo, publicado hoy en PNAS, señala que algunas herramientas básicas para crear una pata, en forma de ADN, ya estaban presentes en criaturas acuáticas que vivieron millones de años antes de que los primeros peces diesen el salto a la orilla. Más aún, demuestra que esas herramientas son aún intercambiables, es decir, que un ratón podría generar sus dedos con fragmentos de ADN prestados de una raya, a pesar que entre ambas especies median 400 millones de años de evolución separada.

El estudio surge a raíz del descubrimiento en 2004 del tiktaalik, la criatura fósil que mejor ha encarnado la transición entre peces y tetrápodos, los vertebrados de cuatro patas. Aunque eran peces, los tiktaalik podían aventurarse fuera del agua como hacen los anfibios. Además, los extremos de sus aletas mostraban ya huesos similares a muñecas y manos. El fósil dinamitaba una hipótesis aún vigente que señala que, aunque peces y tetrápodos comparten el origen de sus brazos y antebrazos, las muñecas y los dedos son exclusivos de los tetrápodos, que los desarrollaron después de que su rama se separase en el arbusto evolutivo.

Neil Shubin, investigador de la Universidad de Chicago y descubridor del tiktaalik, propone ahora que peces y tetrápodos también comparten piezas de la maquinaria genética capaz de crear muñecas y dedos. Su equipo se ha centrado en "regiones reguladoras" del ADN que funcionan como interruptores. Determinan qué parte del embrión será un brazo o una mano y encienden los genes necesarios para que aparezca una u otra. Shubin ha demostrado que, cuando algunos interrup-tores de raya se inyectan en un embrión de ratón, se encienden los genes para crear dedos y muñecas. Cuando los interruptores de ratón se inyectan en un pez cebra, se encienden los que generan aletas. En resumen: los primeros ingredientes para la generación de dedos ya los tenía un antepasado común que nunca los necesitó, pues era acuático. "Es un estudio importante, pero bastante especulativo, porque trabaja con una región del genoma pequeña", opina Héctor Escrivá, experto en biología evolutiva del Observatorio Oceanográfico de Banyuls-sur-Mer, en Francia. "No va cerrar el debate", advierte.

Fuente:

Público (España)

El estrés de vivir en la ciudad

[Adaptado de un artículo original de Daniel P. Kennedy & Ralph Adolphs publicado en Nature ]

El paisaje de la sociedad humana está cambiando drásticamente. En 1950, sólo el 30% de la población mundial vivía en zonas urbanas, mientras que hoy, más del 50% de nosotros lo hacemos y para el año 2050 se espera que esta cifra haya subido a casi el 70%1. Y, así como el aislamiento social es bien sabido provoca que efectos perjudiciales2, también extremo opuesto los tiene: el hacinamiento puede provocar estrés y enfermedades en las especies que van desde los insectos o roedores3, hasta los primates, incluyendo humanos4. En particular, en los seres humanos, las enfermedades mentales están significativamente relacionadas con el medio ambiente urbano: vivir en una ciudad aumenta el riesgo de depresión y ansiedad, y la tasa de la esquizofrenia es mucho mayor en las personas nacidas y criadas en ciudades5. Lederbogen et al.6 han publicado un estudio de resonancia magnética funcional para investigar por primera vez las estructuras específicas del cerebro humano que se ven afectados por la vida urbana.

Los participantes en el estudio vivían o habían vivido en lugares que van desde zonas rurales hasta grandes ciudades (Fig. 1). Los autores midieron la actividad cerebral regional, mientras los participantes realizaban una prueba sometidos a estrés social -la resolución de problemas aritméticos difíciles bajo presión de tiempo y con la retroalimentación negativa del experimentador. Esta tarea no sólo aumentó la frecuencia cardiaca de los participantes, su presión arterial y los niveles salivales de cortisol, la hormona del estrés, sino que también dio lugar a una importante actividad en las estructuras cerebrales que están involucradas en las emociones y el estrés.


Figura 1. Las condiciones de vida fueron clasificadas como zonas rurales (a), ciudades con más de 10.000 habitantes (b) y ciudades con más de 100.000 habitantes (c). Los resultados obtenidos sugieren que la vida en la ciudad afecta a la respuesta del cerebro al estrés.

De las regiones del cerebro que se activaron, dos fueron de particular interés: la activación de la amígdala, que se correlacionó con el tamaño de la ciudad en la que una persona actualmente reside; y la activación de la corteza cingulada anterior perigenual (PACC), que se correlacionó con el tiempo que los participantes habían vivido en una gran ciudad durante su infancia. La educación urbana también afectaba a la fuerza de la correlación funcional entre la amígdala y la PACC: los que habían pasado más tiempo durante su crecimiento en grandes ciudades mostraban una reducción de la conectividad funcional entre estas dos regiones.

Estas dos regiones y sus interacciones son importantes porque ya habían sido encontrados en otros estudios: un patrón similar de reducción del acoplamiento amígdala-PACC ha sido previamente asociado con el riesgo genético a sufrir trastornos psiquiátricos7, y la activación de la amígdala ha sido recientemente vinculada tanto al tamaño de las redes sociales8 como a la percepción de violación del espacio personal9. En conjunto, estos hallazgos y los del presente trabajo sugieren que el circuito corteza cingulada-amígdala es donde podrían converger la predisposición genética y ambiental a las enfermedades mentales.

En este estudio también se encontraron grandes variaciones en las preferencias individuales para vivir en la ciudad, y en la capacidad de las personas para hacer frente a este tipo de vida: algunos son felices en Nueva York, mientras que otros lo cambiarían inmediatamente por vivir en una isla desierta. Los psicólogos han encontrado que un factor que explica bastante esta variabilidad es el grado de control percibido que la gente tiene sobre su vida diaria10. La amenaza social, la falta de control y la subordinación, son todos posibles candidatos para provocar los efectos estresantes de la vida en la ciudad, y probablemente expliquen gran parte de las diferencias individuales observadas.

Pero a pesar de que los aspectos negativos de la vida en la ciudad se han destacado mucho, la vida en la ciudad no es siempre mala. En muchos países, por ejemplo, los estudios sobre la compleja relación entre la urbanidad y el suicidio muestran tasas más altas de suicidio en las zonas rurales que en ciudades11. Aunque hay varias posibles explicaciones para este caso, lo más probable es que esté relacionado con que en las ciudades existe un entorno social más rico, más estimulante y más interactivo, una red más amplia de apoyo social y un acceso más fácil a la atención médica.

Hacen falta nuevos estudios que complementen el trabajo de Lederbogen y su equipo y que podrían dirigirse a investigar los efectos positivos de la vida de la ciudad con más detalle y comenzar a hacer recomendaciones para la planificación urbana –espacios verdes, zonas peatonales, regulación del tráfico,…- y la arquitectura –pisos más amplios, mejor situados… Dada la creciente población mundial (estimada en 7000 millones para el próximo otoño), el hecho de que viviremos principalmente en las ciudades parece ineludible, por lo que es de vital importancia el comprender los efectos que estas condiciones de vida tienen en la salud mental humana y como se pueden mejorar.

Fuente:

La Bitácora del Beagle

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