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13 de julio de 2011

Los rostros de bebés captan la atención de hombres y mujeres por igual



Desde los primeros escritos sobre etología cuya autoría corresponde a Charles Darwin y Konrad Lorenz, ya se tuvo en cuenta la “atracción” que ejercen las caras de los bebés como un mecanismo de adaptación. Se supuso que la atracción que producen las caras de los bebés podría ser una manera natural de garantizar el cuidado, es decir, que una cara de bebé nos resulte “bonita” es una manera que ha fijado en nosotros la naturaleza para que les prestemos atención y así, certificar su supervivencia. Ahora, un equipo dirigido por Morten Kringelbach y Christine Parsons ha demostrado que los hombres tienen la misma atracción por las caras de los bebés que las mujeres. Kringelbach es el mismo investigador que hace unos años mostró que el observar caras de bebés, pero no el o observar caras de adultos, está asociado con un patrón específico de actividad cerebral en la corteza orbitofrontal -una especie de "respuesta neural a lo bonito".

Para este estudio 31 hombres y 37 mujeres (20 años de edad media), todos ellos con experiencia limitada con bebés, observaron fotografías de rostros de 70 niños (de 3 a 12 meses) durante cinco segundos cada una, y calificaron su atractivo. Los resultados se ajustaron según estereotipos culturales acerca de las diferencias de género, siendo las mujeres las que tienden a ver a los bebés como más atractivos que los hombres (no hay diferencia de género en el caso de clasificar caras de adultos). El deseo de ajustarse a los roles de género podría haber jugado un papel importante, sin embargo, tanto los hombres como las mujeres calificaron como más atractivos los rostros bebé que más se ajustaban al patrón de belleza ideal: una gran frente redondeada, ojos grandes, nariz corta y estrecha y un mentón pequeño.

En otra parte del experimento, realizado tanto antes como después de haber valorado el atractivo, los participantes tenían que presionar un botón varias veces para controlar la duración de cada cara de bebé en la pantalla. Esto se tomó como una medida de la motivación de los participantes para ver las caras, es decir, una medida de lo que les gustaba determinada cara. Otra vez los hombres puntuaron lo mismo que a las mujeres. Además, tanto hombres como mujeres mantuvieron más tiempo en pantalla las caras que más se ajustaba al ideal de belleza para bebés.

Los investigadores indicaron que sus hallazgos revelan que tanto hombres como mujeres valoran de manera positiva lo que coloquialmente se describe como un niño "bonito”, y además, que tienden a velar por ese bebé más tiempo que por un niño con características menos “bonitas”. Además también señalaron que sus hallazgos están en consonancia con estudios anteriores que muestran que los niños “más bonitos” son calificados como más amables, alegres y simpáticos, y se valoraron como más "adoptables".

Referencias
Parsons, C., Young, K., Kumari, N., Stein, A., and Kringelbach, M. (2011). The Motivational Salience of Infant Faces Is Similar for Men and Women. PLoS ONE, 6 (5) DOI: 10.1371/journal.pone.0020632

Tomado de:

La Bitácora del Beagle

"Somos lo que comemos" (y tus hijos "serán lo que comiste")

Hay una mesa llena de platos: huevos, cordero, patatas, algo de embutido. Un joven dice: deberías cuidarte. Otro contesta: déjame, es mi vida, no hago daño a nadie. La conversación acaba y la comida continúa, pero no saben que quizá sus hijos acaben sufriendo por ello.

Hace unos meses publicamos en el blog un artículo de largo título; lo llamamos “Las jirafas de Lamarck, los gemelos, el cáncer y la guerra en Holanda”, y explicábamos que había algo en común en todos estos conceptos: la epigenética. La epigenética incluye todos los cambios que se producen en el ADN que no alteran su secuencia pero que también pueden pasar a los hijos. Serían algo así como las marcas que se van depositando a lo largo de la vida. Darwin pensaba que esos cambios no se transmitían, pero en eso estaba un poco equivocado. Una prueba nos la dan un tipo de ratones, llamados ´agouti´. Estos ratones son de color amarillo, pero si comen muchas proteínas pueden cambiar y volverse marrones. Tal cual. Lo más curioso es que sus hijos también serán marrones: el ADN de los padres cambia, pero sin necesidad de que se produzca ninguna mutación. ¿Y esto nos afecta a nosotros? Parece que sí. Desde hace tiempo se ha visto que los descendientes de personas que siguen dietas ricas en grasas tienen más posibilidades de ser diabéticos. Lo malo de estos estudios es que pueden confundirse: podría ser que los niños también comieran mal, tuvieran hábitos como los de sus padres, etc… Pero parece que no es sólo eso.

Uno de los comentarios en el blog nos avisó de la publicación de un artículo en la revista Nature: en ese estudio se usaron dos grupos de ratas, todas ellas machos. A uno le dieron una dieta sana y a otro una rica en grasas. Cuando vieron cómo eran sus hijas descubrieron lo que Darwin no esperaría: aunque al nacer eran todas iguales, con el tiempo las hijas de los que comieron mal comenzaron a ser diabéticas, y además estaban peor a cada semana que pasaba. No hubo ninguna mutación, no hubo diferencias durante el ´embarazo´ -las madres eran similares-, y sin embargo algo erróneo habían recibido.

Una vez aceptado que ´somos lo que comemos´, quizás habría que pensar que también ´serán lo que comemos´. La vida está llena de responsabilidades.

Fuente:

De Cero a Ciencia

Las jirafas de Lamarck, los gemelos, el cáncer y la guerra en Holanda

Las jirafas de Lamarck, los gemelos, el cáncer y la guerra en Holanda. ¿Tienen algo en común? Sí, la epigenética.

Lamarck ha sido uno de los personajes más maltratados de la historia. No sé si debido a la estética del perdedor, pero confieso que siempre le tuve aprecio. Recordemos: cuando aún campaban a sus anchas las teorías creacionistas, él fue el primero en formular una teoría de la evolución. Según sus ideas, los esfuerzos que un individuo hace por adaptarse al ambiente pueden pasar a sus descendientes, mejorando por lo tanto su supervivencia. O con el típico ejemplo: las jirafas que se esfuerzan por llegar a las copas de los árboles para alimentarse consiguen que su cuello sea un poco más largo, y esta ventaja la transmiten a sus crías, con lo que el cuello de las jirafas irá siendo cada vez más largo generación tras generación. Al poco tiempo de esta formulación apareció Darwin, con sus teorías de la variabilidad y la selección natural, según las cuales eran cambios espontáneos (mutaciones) los que podían heredarse y seleccionarse, pero no aquellos que se acumulaban a lo largo de la vida, que sólo afectaban al individuo en particular. Con los años, Lamarck pasó a ser aquel ingenuo que acompañaba a Darwin tan sólo al principio de los libros de texto.

Pero la ciencia es frágil. Y absolutamente permeable. Hace poco que se sabe que Lamarck tenía parte de razón: ciertas variaciones que un individuo acumula a lo largo de su vida se pueden transmitir a su descendencia; y este hecho es de una importancia capital. La explicación: la epigenética.

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La epigenética, en sentido estricto, se define como “el conjunto de cambios heredables en la expresión génica que no van acompañados de cambios en la secuencia de ADN”. Pero expliquémoslo brevemente desde la base: el ADN es como un libro formado por la combinación de cuatro letras diferentes. Estas diferentes combinaciones, al ser leídas, dan lugar a diferentes proteínas. Hasta ahora se pensaba que la evolución se basaba únicamente en cambios (mutaciones) en el orden de estas letras: un cambio da lugar a una proteína distinta. Si esta nueva proteína funciona mejor, el individuo vivirá más, pasará el cambio a sus hijos y la nueva proteína se conservará. Si no, posiblemente muera antes y el cambio se perderá. Sin embargo, estos cambios deben estar desde el nacimiento. Si se producen a lo largo de la vida seguramente no afectarán a las células reproductoras (espermatozoides, óvulo) y por tanto no pasarán a la descendencia. Por eso se pensaba que Lamarck estaba completamente equivocado. La epigenética, sin embargo, no actúa cambiando las letras, sino haciendo que sus combinaciones sean más o menos leídas. No cambia la secuencia, pero sí la cantidad de proteína que se fabrica. Lo puede hacer de diversas formas: la más estudiada consiste en la mera unión de un simple grupo metilo (-CH3) a una de esas letras (a este proceso se le llama metilación). De esa forma el ADN tiende a juntarse e impide que la maquinaria de fabricación necesaria para la síntesis de proteínas pueda actuar. Y lo importante es que estos cambios se transmiten de una célula a otra, en el mismo individuo, y también a sus hijos. Y que depende en gran medida del ambiente: de lo que comemos, lo que respiramos. De la vida que llevamos. Por ejemplo:

  • Los ratones agouti son un tipo de ratones cuyo pelo es de color amarillo debido a que fabrican una proteína característica. Pues bien, si estos animales siguen una dieta que les aporte gran cantidad de grupos metilo, esa proteína se fabrica mucho menos y pasan a tener un color marrón. ¡Pero es que además los descendientes también serán marrones!
  • Todos sabemos que dentro de un panal existen diferentes tipos de abejas: hay una abeja reina, están los zánganos y también las obreras. De esto ya se habló aquí . Lo curioso es que todas tienen el mismo ADN; el hecho de que sean de un tipo u otro depende exclusivamente de la comida que sus compañeras les proporcionen. Si se alimentan de jalea real, serán reinas, por ejemplo. Pero eso sólo lo hacen cuando muere la anterior, y solamente con una de las crías. Es decir, todas las abejas hembras podrían haber sido reinas.
  • ¿Y sucede esto con los humanos? Parece que sí, y poco a poco van apareciendo pruebas: por ejemplo, se ha visto que en un área de Holanda especialmente castigada y que pasó una gran hambruna durante la Segunda Guerra Mundial, los descendientes de los afectados son considerablemente más bajos que ellos, y este cambio se ha mantenido a lo largo de las generaciones, a pesar de que estas últimas llevan ya una dieta normal. Y también se ha observado que los descendientes de personas que han comido una dieta especialmente rica en grasas durante su vida tienen más probabilidad de desarrollar diabetes -si somos lo que comemos, es posible entonces que también debamos decir: somos lo que comieron, o serán lo que comemos-. En cualquier caso, y a pesar de estos indicios, no se sabe aún con exactitud qué patrones pueden heredarse o no y hasta qué punto, para lo cual se necesitan todavía muchos más estudios. Lo que sí se va conociendo con más seguridad es la importancia del entorno y la repercusión que los cambios epigenéticos pueden tener en el propio individuo. Por ejemplo:
  • La epigenética permite añadir una gran dosis de indeterminismo a la genética y refuerza la importancia del ambiente. Se ha visto que las ratas que más cuidan a sus crías modifican en ellas la metilación de un gen relacionado con el estrés , por lo que en general serán más tranquilas en su vida adulta (y además parecen también transmitirlo a su descendencia). Además, la epigenética parece explicar en parte las diferencias que se observan entre gemelos monocigotos , que tienen exactamente la misma información genética. Se sabe que a pesar de esta información común, uno de los gemelos puede tener más riesgo de enfermedad cardiovascular, o de enfermedad mental, por ejemplo, y se ha visto que los patrones de metilación en estos individuos son distintos, y tanto más cuanta más edad van teniendo (y cuanto más diferentes son sus entornos): es decir, el ambiente modifica el papel de la genética. Pero además, e independientemente de la herencia, cambios epigenéticos se están relacionando con multitud de patologías, de las cuales las más estudiadas han sido los procesos cancerígenos. Pues bien, se han descubierto mecanismos epigenéticos en prácticamente todos los tipos de tumores . Y a nivel práctico, ya se están desarrollando herramientas diagnósticas basadas en marcadores epigenéticos -que pueden permitir detectar un tumor mucho antes y en ocasiones con un simple análisis sanguíneo- y ya se han aprobado varios fármacos desmetilantes para su uso contra diversos tipos de leucemia -una ventaja es que estos procesos epigenéticos son potencialmente reversibles, al contrario que las mutaciones-. También se ha visto su relación con la diabetes, con enfermedades autoinmunes, con enfermedades mentales como la depresión, la esquizofrenia o el alzhéimer, e incluso con el envejecimiento. En relación con este último se sabe que con la edad se van acumulando marcas epigenéticas -como aumentos o disminuciones de la metilación en diferentes zonas del ADN- que no solo podrían ser responsables de una mayor incidencia de enfermedades, sino también por ejemplo de la mayor probabilidad que tienen las embarazadas más mayores de tener un niño con síndrome de Down. Incluso se cree que la oveja Dolly murió antes de lo que se esperaba porque las células usadas para la clonación eran ya células viejas, con gran cantidad de esas marcas epigenéticas. Todo esto ha hecho que tras lo que se llamó el Proyecto Genoma, ya se pretenda iniciar un Proyecto Epigenoma , mediante el cual se puedan conocer con mucha más profundidad todos estos mecanismos e implicaciones. Y uno de sus mayores impulsores lo tenemos aquí, al lado .

El cuello de las jirafas, ratones que cambian de color, gemelos no tan parecidos, unos niños holandeses demasiado bajitos, abejas todas ellas tan reinas, la genética y el ambiente, el cáncer, la depresión, el Alzheimer. La oveja Dolly. Parecen demasiadas cosas, demasiados temas en los que esté involucrado algo que hasta hace poco no se conocía. Pero tampoco debería extrañarnos. Al fin y al cabo la epigenética está en la base de la vida, o justo por encima, jugando con el ADN. Y éste no hace tanto tiempo que se conoce.

Lo dicho: la ciencia es frágil y permeable. Ése es también uno de sus encantos. Un saludo, Lamarck.

Fuente:

De Cero a Ciencia

Un tsunami destruyó el mítico templo de Olimpia

  • Nuevos estudios determinan que no fue una riada la que destruyó Olimpia
  • La presencia de conchas de moluscos y los restos de abundantes microorganismos, son una clara evidencia.
  • El templo fue golpeado repetidamente por enormes inundaciones, en vez de ser sepultado bajo una gran capa de sedimentos.

Nuevas pruebas apuntan a que la causa de la destrucción de Olimpia fue un tsunami y no una riada, como se pensaba anteriormente. El profesor Andreas Vött, del Instituto de Geografía de la Universidad Johannes Gutenberg de Mainz,en Alemania, investigó el lugar como parte de un estudio de los paleotsunamis que se produjeron a lo largo del Mediterráneo oriental durante los últimos 11.000 años.

Los resultados geomorfológicos y sedimentológicos concluyen que las aguas del tsunami desbordaron el estrecho valle, entre el famoso santuario de Zeus y el mar. "Tanto la composición y el espesor de los sedimentos que se encuentran en Olimpia no concuerdan con el potencial hidráulico del río Kladeos y el inventario geomorfológico del valle. Es muy poco probable que esto pudiera haber sido la obra de este arroyo", afirma el profesor.

"En épocas anteriores, Olimpia no estaba a 22 kilómetros del mar, como hoy. En aquel entonces, la costa se encontraba a ocho, o tal vez incluso más, kilómetros más lejos", explica Vött. En su caso, los tsunamis llegaron desde el mar y se precipitaron en el estrecho valle del río Alfeo, en el que desemboca el Kladeos, abriéndose paso hasta el lugar dónde se encuentra Olimpia, provocando su inundación.

La presencia de conchas de moluscos y los restos de abundantes microorganismos, son una clara evidencia de que los sedimentos tienen origen marino. Los sedimentos fueron transportados hacia el interior a gran velocidad y potencia, llegando al antiguo templo olímpico. Aunque el sitio se encuentra a unos 33 metros sobre el nivel del mar. Por otro lado,también afirman que el templo fue golpeado repetidamente por enormes inundaciones, en vez de ser sepultado bajo una gran capa de sedimentos.

Vött supone que la inundación disminuyó muy lentamente debido a que la salida del río por el valle del Alfeo fue bloqueado por las aguas de entrada del tsunami y los depósitos sedimentarios. Además, este hecho podría haberse repetido en varias ocasiones durante los últimos 7.000 años, tal y como muestra el análisis de las distintas capas de sedimentos en el área de Olympia. Probablemente, en el siglo VI, el templo finalmente se acabó destruyendo y quedó enterrado por completo.

Tsunamis en el Mediterráneo

Los tsunamis son bien conocidos desde el Mediterráneo oriental y son principalmente el resultado de intensas actividades sísmicas a lo largo del arco helénico. El más reciente mega-tsunami en el Mediterráneo se produjo en 1908 en relación con un terremoto en el Estrecho de Messina, en el sur de Italia, devastando la región de la costa vecina, con más de 100.000 muertos.

Fuente:

20 Minutos

James Garner y la máscara antigás. De las trincheras a las fábricas

James Bert Garner fue un ingeniero químico estadounidense, al que se le atribuye la creación de uno de los artilugios más útiles como medio de protección personal frente a gases y vapores tóxicos: la máscara antigás.

En 1915, en plena primera guerra mundial, James Garner, que en aquel entonces era profesor becario del Mellon Institute of Industrial Research en Pittsburg (Pensilvania), leyó un artículo en la prensa en el que se narraba un ataque con gas venenoso contra las tropas canadienses y francesas en los alrededores de la ciudad belga de Ypres. El ataque del ejército alemán, que ocurrió concretamente el día 22 de abril de 1915, fue uno de los primeros en los que se utilizaron armas químicas letales de forma masiva. Los alemanes emplearon en la contienda una cantidad estimada de unas 160 toneladas de cloro (gas) repartidas en casi 6.000 cilindros contenedores. A media tarde y con una ligera brisa procedente del este que les favorecía, las tropas alemanas liberaron el gas letal de los cilindros. Unos cilindros llenos de gas de cloro, que habían sido sintetizados y preparados en las instalaciones de la industria química de colorantes IG Farben, bajo la supervisión y diseño del premio Nobel de Química Fritz Haber.



Ataque mediante gas liberado de sus cilindros contenedores (Primera Guerra Mundial) | Wikimedia

Una asfixiante nube verde más pesada que el aire se extendió hacia las posiciones de las tropas aliadas, las cuales se vieron obligadas a abandonar sus trincheras debido a los efectos irritantes producidos por la reacción del cloro con el agua de las mucosas del sistema respiratorio. En altas dosis llegó incluso a producir la muerte por edema pulmonar a varios soldados aliados.
Durante el ataque, un oficial canadiense que era químico en su vida civil, se percató rápidamente de que el gas con el que estaban siendo masacrados era cloro (debido al color verde de la nube y a su olor característico) e inmediatamente instó a las tropas aliadas a que humedecieran un trapo con orina y se taparan la zona buconasal (hubiera bastado con un trapo con agua, pero el oficial pensó que el amonio de la orina neutralizaría el cloro).

Recorte de prensa de la época | Wikimedia
Desde el otro lado del océano Atlántico, James Garner leyó la crónica de la batalla de Ypres, y aunque el artículo periodístico no especificaba que el ataque había sido realizado con cloro gas, él lo intuyó e inmediatamente se puso manos a obra e ideó un sistema de protección respiratorio moderno, perfeccionando prototipos más antiguos e ineficaces. Garner recordó una serie de experimentos que había realizado mientras trabajaba en la universidad de Chicago y que estaban relacionados con la capacidad del carbón activado para adsorber ciertos gases. Garner probó con éxito su prototipo de máscara antigás con dos de sus colaboradores (ver imagen) a los cuales recluyó en una cámara cerrada en la que liberó gases tóxicos. Garner desarrolló el filtro de carbón activado como elemento de retención de agentes químicos tóxicos volátiles.

Hay cierta controversia sobre si realmente atribuir la invención de la máscara antigás moderna a James Garner o bien al británico Edward Harrison, o incluso previamente al ejército alemán, el cual la hubiera desarrollado bajo los auspicios del laureado y oscuro Fritz Haber.

Las máscaras antigás comenzaron a fabricarse en serie en las factorías de Gran Bretaña y Estados Unidos, y su uso se hizo extensivo incluso a la población civil.


Le masque à gaz | Fuente

Después del cloro llegaron otros agentes más tóxicos como el fosgeno y el gas mostaza, y desde entonces la maquinaria cruel e implacable de la industria de la guerra ha creado armas químicas cada vez más destructivas e infames. Pero el diseño de James Garner, aun ideado para una protección en caso de conflicto bélico, fue el comienzo de una era en la protección personal respiratoria de los trabajadores en los ambientes nocivos o tóxicos (gases y vapores) de la industria en general.

De las trincheras...



Imagen | La Aldea Irreductible

a las fábricas...




Fuente:

Ese punto azul pálido

Un mapa del mundo para terminar con los mapas del mundo

De igual modo a como cierto anillo podía gobernar al resto de anillos de poder en El Señor de los Anillos, hubo quien dedicó décadas de esfuerzos para construir un mapa del mundo tan perfecto que el resto de mapamundis se rendirían a sus pies. Armado con un arsenal matemático, toneladas de papel milimetrado y reglas de precisión, además de una paciencia infinita, el arquitecto y cartógrafo estadounidense Bernard Joseph Stanislaus Cahill (1866-1944) pasó casi toda su vida perfeccionando un mapa del mundo que finalmente publicó en 1909 y patentó en 1913. Se trata de un esfuerzo similar al que llevara a cabo Buckminster Fuller con su Mapa Dymaxion a mediados del siglo XX, solo que, según muchos, el mapa de Cahill es mucho más refinado y “perfecto”.

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Planteamiento original de B.J.S. Cahill para su Mapa Mariposa, 1909.

El resultado de los esfuerzos de Cahill fue el Mapa Mariposa, un desarrollo continuo del geoide terrestre que permite representar de forma muy precisa la superficie de la Tierra, sin introducir deformaciones tan monstruosas como las típicas de los mapas “clásicos”, como los de tipo Mercator, donde por ejemplo Alaska y Groenlandia aparecen con tamaños gigantescos, en nada parecidos a lo “real”. Eso sí, debe tenerse en cuenta que todos los mapas mienten, porque son representaciones más o menos afortunadas de toda o parte de la superficie de la Tierra o de un planeta, y además suelen estar influidos por los objetivos de quien realiza dicho mapa o de quien lo encarga. Pueden ser más o menos perfectos, pero siempre habrá deformaciones a la hora de trasladar al papel lo que en el mundo real cubre una “esfera”. Según el propio Cahill:

La idea de que un mapa del mundo debe estar realizado de forma compacta e indivisible y no articulado en partes móviles, es en gran parte un hábito mental engendrado por una larga tradición nacida de la contemplación de [mapas como el de Mercator]. (…) Presento como alternativa el Mapa Mariposa, que no se concibe como divertimento exclusivo para matemáticos virtuosos o para el entusiasta geodésico, sino para el uso práctico de los cartógrafos y para el avance del estudio del mundo entre la gente culta de toda clase y nacionalidad.

El fragmento anterior procede de la obra de Cahill titulada A World Map to End World Maps, publicada en Geografiska Annaler en 1934.

Cahill-Keyes Multi-scale Megamap (Fragmento)

Uno de los bocetos del “megamapa” ideado por Gene Keyes basado en una evolución del mapa de Cahill. [Se puede ampliar el mapa pinchando en la imagen.]

El esfuerzo por llevar a la máxima perfección este tipo de representación del mundo ha sido retomado por muchos cartógrafos, entre los que destaca Gene Keyes, que lleva años trabajando en ello y que cuenta con un website que se ha convertido en visita obligada para conocer este tipo de mapas, tanto en sus planteamientos sociológicos como matemáticos y técnicos.

Fuente:

Tecnología Obsoleta

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