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4 de julio de 2011

Unas cuantas razones prácticas para convertirse en científico


Mamá, quiero ser artista. Esa una frase que no asustaría a ningún padre. Bueno, sí, le asustaría pero por otros motivos: porque lo del artisteo no es serio, porque no es un trabajo seguro, etc. Pero digamos que aspirar a ser cantante o actor es como aspirar a ser bombero o astronauta, sueños legítimos de los niños. Aspiraciones normales. Sin embargo, a ver qué cara se le pone a tu madre si le sueltas a bocajarro: mamá, quiero ser científico. A no ser que seas el niño protagonista de Lluvia de albóndigas, cuya posesión más preciada en una bata blanca de científico, vuestros padres pensarán que tienes un problema: que quieres dominar el mundo, que eres un mad doctor emparentado con el doctor Frankenstein (o Fronkonstin) o que en clase no ligas nada, pero nada de nada.

Y hasta cierto punto es así. Además, desde la famosa conferencia sobre las dos culturas de C.P. Snow, lo de estudiar ciencias en vez de letras no sólo está asociado generalmente con mentes frías y esquemáticas, desprovistas de humanidad, sino que además no mola nada en la sociedad: uno puede ignorar lo que es el segundo principio de la termodinámica y no pasa nada, pero como digas que no sabes quién escribio Crimen y castigo, no tardarán en reírse en tu cara: ¡ignorante!

¿Entonces? ¿Para qué convertirse en científico? La verdad es que no hay muchos alicientes externos: todos los alicientes son demasiado privados: alimentar la curiosidad, entender cómo funcionan las cosas, emocionarse con la naturaleza. Sí, puede que por obra y gracia de la serendipia un día descubras una vacuna que salvará millones de vidas, pero eso sólo te servirá para que te pongan una placa en alguna plaza y poco más: al que seguirán citando en el colegio es al pesao ese de Dostoievsky. ¿O era Tolstoi? Ser científico no sólo no es cool sino que resulta tremendamente ingrato: por eso las carreras científicas sufren descensos en sus alumnos (en el aula de Física me han dicho que hasta se oye eco) y, al doctorarse, muchos deciden marchar a países donde mimen un poco más sus cerebros.

Pero si queréis unas cuántas razones prácticas y universalmente comprensibles que acaso os harán olvidar el mote de cuatro ojos, geek y todo lo demás, podéis pasarle por la cara a cualquiera un estudio reciente de la Comunidad de Madrid, titulado “Egresados universitarios. Inserción laboral de los titulados en 2006 y 2007 en las Universidades Públicas de Madrid“, que presenta un análisis pormenorizado de los tipos de contrato, los sectores de actividad y la temporalidad, entre otros factores. Del cual pueden hacerse algunas extrapolaciones presentadas por el portal madri+d:

-Menor tendencia a la desocupación. El paro de todos los titulados en carreras científico-técnicas se ubica por debajo del 10 %, siendo especialmente bajo entre los informáticos (3 %) y el resto de ingenierías (4,1 %), seguidas muy de cerca por los matemáticos y estadísticos (4,6 %).

-Muchos de los titulados en ciencias de la vida, informática, mecánica, electrónica y otra formación técnica consiguieron encontrar empleo en menos de 6 meses (41,8 %, 53,6 % y 64,5 %, respectivamente).

-Más de un tercio de los empleos creados para este grupo de egresados, por encima de los ‘empleados de tipo administrativo’, corresponde al grupo ocupacional ‘técnicos profesionales científicos e intelectuales’. Además, más de un 36 % de los titulados encuentran un empleo ajustado a su formación y para el que no están sobrecualificados.

-De entre los titulados en mecánica, electrónica y otra formación técnica con algún contrato en los tres años siguientes a su fin de titulación, sólo el 11,4 % lo subscribieron con una duración inferior a 12 meses. En el caso de los informáticos, ese porcentaje baja hasta el 7,7 %, mientras que los contratos indefinidos alcanzan un 81,1 % del total.

Son razones prácticas que nada tienen de romántico y que por supuesto significarán muy poco para los que de verdad amen la ciencia o que sean epistémicamente hambrientos por naturaleza. Pero al menos son unas buenas razones para esgrimir delante de tu madre cuando te diga eso de ¿que quieres ser qué?

Tomado de:

Xakata Ciencia

12 descuidos en fotografía que debemos evitar

Trasteando en el baúl de los recuerdos (queda mejor que decir "en el armario desordenado donde guardo las cosas que ya no uso") encontré mi primera cámara digital, una Sony P92 y con ella recordé, la de fotos mal sacadas por culpa de mis descuidos fotográficos, por otra parte habituales en cámaras compactas, por ser más pequeñas y por tanto, tener mayores posibilidades de poner la mano encima de cualquier parte frontal sin darte cuenta. Esto me hizo escribir un post para ayudar a evitar estos descuidos a los usuarios de cámaras compactas (con las réflex pueden darse algunos de estos descuidos, pero son menos habituales). Realmente son errores "bobos" y de fácil corrección, pero que se cometen por descuido nuestro.
  1. No leer el manual de instrucciones: Es cierto que las cuestiones básicas están a primera vista, pero hay otras opciones que están "ocultas" en el menú y, además, habrán otras muchas opciones que si no sabemos que existen, no podremos sacar el máximo rendimiento de la cámara. Por otro lado, hay cámaras en que el menú de borrado no es muy intuitivo y puede llevar a borrar las imágenes tomadas por error.
  2. Disparar nada más sacar la cámara. Aunque la cámara en el modo automático lo haga todo ella solita, hay que darle unos segundos para que enfoque correctamente y tome las medidas necesarias, en caso contrario saldrá mal la fotografía o enfocará lo primero que capte.
  3. Pensar que el flash sirve para todas las ocasiones "oscuras". No debemos olvidar que el flash que trae la cámara es de relleno y solo iluminará correctamente lo que tengamos en una distancia de entre 1 y 5 metros.
  4. Disparar con flash en zonas muy húmedas: Un error bastante frecuente que estropea las fotos irremediablemente, ya que al disparar el flash, su luz se refleja en todas las gotitas de agua en suspensión por lo que las resalta y, a su vez, ocultará el motivo principal de la fotografía.
  5. Poner el dedo delante de flash. Nos ha pasado a todos, disparar con el dedo delante del flash por coger incorrectamente la cámara.
  6. Poner el dedo delante del sensor de enfoque. Aunque poco a poco va siendo menos frecuente, algunas cámaras sencillas tienen el sensor de enfoque en el exterior, en uno de esos cristales que no sabemos para que son. Asegurémonos de que cogemos la cámara correctamente, si tapar nada de lo que haya en su parte frontal, incluyendo esos orificios raros que no sabemos para que son.
  7. No cargar la batería antes de salir. Recomendable tener la batería llena (o pilas) cuando salgamos y evitar perder momentos únicos a causa de faltarnos batería.
  8. Tarjeta llena o con fotos. Si salimos por ahí, es recomendable salir con la tarjeta vacía, ya que puede que se nos llene enseguida y no podamos seguir fotografiando o tener que borrar fotos que aún no hemos guardado en nuestro ordenador para sacar fotos nuevas.
  9. Disparar con una velocidad lenta sin estabilizarnos o no usar trípode. Muchas veces nos olvidamos del trípode, aunque sea uno de sobremesa, cuando disparamos sin flash o lo que es peor, por no habernos leído el manual no sabemos como subirle la sensibilidad para intentar sacar fotografías sin necesidad de flash.
  10. Olvidarnos de reestablecer las opciones a un modo normal. Posiblemente hemos tenido que cambiar las opciones de nuestra cámara en algunas ocasiones especiales para que pueda sacar bien las fotografía (subirle la ISO, activar el estabilizador, flash forzado, un programa específico...), pero luego olvidarnos de reestablecerlas a su posición normal. Esto conlleva a que las fotos normales salgan mal, ya que la configuración para ese momento no es la correcta.
  11. No usar el balance de blancos. Aunque no es tan grave el error, si que puede estropearnos algunas fotos si descuidamos el modo en el que se encuentra el BB o lo dejamos siempre en modo automático, ya que algunas fotografías podrán salir con un color o un tono que estropeará la imagen y poco se podrá hacer por ella después si no somos unos expertos profesionales del retoque y no tenemos las herramientas (programas ) necesarias para ello.
  12. Retocar las imágenes sin hacer una copia de seguridad de ellas. Seguro que más de una vez hemos tenido la desgracia de empezar a retocar las fotos que hemos hecho (recortar, ajustar niveles, enfocar...), guardarla y poco después ver que no nos convence y volvemos a la original, pero no podemos, porque hemos trabajado sobre ella. Fotografía perdida.


Tomado de:

Fotografía Fácil

Humor: La camiseta social de Venn


Entre el narcisismo, el trastorno por déficit de atención y el acoso

Esta camiseta «social media» de Despair, Inc. demuestra nuevamente por qué aunque los diagramas de Venn eran un rollo en el colegio y no parecían servir para nada cuando uno de se hace mayor resultan ser lo más divertido y descriptivo del mundo: nuestras cuatro redes sociales favoritas, conveniemente explicadas.

Fuente:

Microsiervos

Notas con Enlaces en Evernote: un mundo nuevo


No soy muy amigo de comentar actualizaciones, pero la última de Evernote (para Mac y Win) ha traído un puñado de funcionalidades que me han gustado mucho. Algunas se echaban en falta, otras no tanto. Pero hay una que es demoledora y cambia por completo la forma en la que voy a utilizar Evernote. Es la posibilidad de obtener (copiar) el enlace único para cada una de tus notas. Esto permite enlazar y conectar notas entre sí dentro de Evernote… pero también utilizar el enlace de la nota fuera de Evernote.

Esta nueva funcionalidad tiene una trascendencia tremenda, equivale a reiventar la aplicación y dispara sus posibilidades. A partir de ahora podrás conectar notas de Evernote con otras aplicaciones que tengas en tu ordenador o en la nube. Simplemente indicando el link de la nota que quieres relacionar. Las posibilidades y usos que abre dentro y fuera de Evernote se disparan. Y a bote pronto se me ocurren unos cuantos.

El enlace de cada nota se obtiene desde el nuevo menú “Nota” o desde la lista de notas. Si haces clic derecho sobre cualquiera de ellas podrás encontrar su enlace único. Y ojo, porque esto no sólo funciona con notas propias sino también con aquellas que estén compartidas.

Una vez copiado (en el portapapeles) ya podrás pegarlo donde quieras. Y donde quieras significa que puedes poner el enlace dentro de otra nota de Evernote o bien en cualquier aplicación externa.

¿Cómo? Los enlaces de las notas de Evernote tienen este formato: evernote:///view/... Eso te permite pegar ese link en otra aplicación o bien compartirlo (si es una nota compartida, claro). Muy parecido a lo que ya haces con las canciones de Spotify. Cuando hagas clic sobre el enlace o lo abras desde el navegador, Evernote se lanzará y automáticamente te mostrará esa nota. Estés donde estés.

Dentro de Evernote, tienes dos opciones a la hora de poner el enlace a una nota.

  • Pegándolo dentro de otra nota: se copiará el título y el link de la otra nota.
  • Enlazando una palabra o palabras: selecciónalas, pulsa Cmd+K y luego Cmd+V para pegar el link. Como si fuera un hipervínculo, estás enlazando esa palabra con la otra nota.

Algunas ideas que se me ocurren para aprovechar los nuevos enlaces de notas en Evernote. Tanto dentro como fuera de la aplicación:

  1. Conectar información relacionada. ¡Evidente! Por fin puedes tener dos notas en distintos sitios y emparentarlas con un enlace, saltando de una a otra con el enlace y volviendo atrás con el botón de “Atrás” (otra nueva funcionalidad recién presentada). Por ejemplo puedes enlazar una nota de una reunión con otra donde figuran los contactos de los participantes. Ambas guardadas en libretas distintas.
  2. Desglosar Notas y hacer un Índice. Hay notas que van creciendo y su contenido puede volverse inmanejable. Puedes dividirlas en varias partes (notas) y crear un sencillo índice con enlaces. Podrás saltar a cualquier parte con un solo clic.
  3. Adjuntar en un email el enlace a una nota compartida para que la otra persona la abra directamente desde su aplicación de correo. O bien ponerlo en una página web (como una wiki).
  4. Archivar información antigua de un proyecto, producto o cliente y dejar sólo la actual. Con un simple clic podrás acceder a todo su historial pero limpiar y despejar la nota actual. De alguna forma actuaría como un “Más información aquí…”
  5. Crear un Archivo o Índide por Año, Mes, Nombre de Cliente, Nombre de Producto…
  6. Enlazar Tareas y Notas dentro de Evernote. Aquellas personas que utilizan Evernote como gestor de tareas pueden añadir un enlace a una nota interna relacionada con esa tarea.
  7. Enlazar Tareas y Notas fuera de Evernote. En aplicaciones como Omnifocus o Things puedes pegar el enlace a una nota específica dentro de cualquier tarea (en las notas adicionales). Cuando hagas clic sobre el enlace, Evernote se abrirá y te mostrará la nota.
  8. Enlazar Eventos y Notas. Puedes poner el enlace a una nota en iCal, GCalendar… De ese modo puedes conectar citas con toda la información que ya guardas en Evernote (un viaje, un cliente, un evento…)
  9. Complementar documentos con información extra. En un documento de Word, Pages, Excel… puedes enlazar cualquier palabra o sección con una nota propia o compartida que tengas en Evernote.
  10. Conectar Agenda de Contactos con Historial. Mediante un enlace podrás saltar al historial de emails, cambios en un proyecto, logs de reuniones…

Seguro que hay más. Y habrá más. A medida que los vaya pensando y desarrollando los incluiré en la serie de 101 Usos de Evernote. Como apuntaba al principio, esta funcionalidad no sólo responde a las demandas de muchos usuarios, sino que mejora drásticamente el trabajo con otras aplicaciones y las posibilidades. Un Epic Win en toda regla.

Fuente:

Think Wasabi

La historia del Sistema Solar o de cómo Saturno salvo la Tierra

¿Es nuestro Sistema Solar una rareza? Hasta hace quince años pensábamos que debía ser la norma, uno más del montón. Mundos rocosos cerca del Sol y gigantes gaseosos con satélites de hielo en órbitas alejadas. Un patrón totalmente lógico, ¿qué otra disposición podría tener un sistema planetario? Pero en 1995 comenzamos a descubrir nuevos mundos alrededor de otras estrellas y pronto nos dimos cuenta que, como suele suceder en la historia de la ciencia, las cosas son más complicadas de lo que uno pudiera esperar a primera vista. La mayoría de los exoplanetas descubiertos eran "júpiteres calientes", es decir, gigantes gaseosos que orbitan sus estrellas a muy poca distancia. A tan poca que durante algún tiempo se pensó que su existencia era imposible.


¿Es nuestro Sistema Solar único? (NASA).

De repente tuvimos que cambiar nuestra visión sobre los mecanismos de formación planetaria. La mayor parte de teorías indicaban que los planetas del Sistema Solar se habían formado en sus posiciones actuales hace 4500 millones de años y que desde entonces apenas habían modificado sus órbitas. Por supuesto, era de sentido común pensar que lo mismo habría ocurrido en otros sistemas estelares. Pero la simple existencia de los júpiteres calientes contradecía esta hipótesis tan simplista. Puesto que los gigantes gaseosos no se pueden formar tan cerca de sus estrellas, debían existir mecanismos que los acercasen progresivamente.

Pronto se propuso una explicación a este fenómeno, conocido como migración planetaria. Los planetas no nacen de la nada, sino que surgen a partir del material sobrante de la formación de su estrella, material que recibe el nombre de disco protoplanetario. Pero explicar el nacimiento de planetas en este disco no es nada sencillo. Hasta la fecha se han propuesto dos modelos contradictorios. El primero, denominado "acreción de núcleo" (core accretion), supone que los planetas se forman lentamente mediante la unión de pequeños cuerpos llamados planetesimales. Una vez adquieren una masa considerable, los futuros gigantes gaseosos empiezan a retener los gases del disco hasta alcanzar su masa final en un proceso que dura varios millones de años. El otro modelo, llamado "inestabilidad de disco" (disc inestability) presupone que el disco protoplanetario se divide en pequeñas zonas que colapsan a su vez para formar planetas de manera muy parecida a como se forman las estrellas. Este modelo predice la formación de planetas gigantes y enanas marrones en poco más de mil años. Tradicionalmente, el modelo de acreción de núcleo ha sido el favorito para explicar la creación de planetas rocosos como la Tierra o gigantes de hielo como Neptuno, prefiriéndose la inestabilidad de disco para dar cuenta de Júpiter o Saturno. Sin embargo, esta división dista de estar nada clara y cada vez más científicos invocan el modelo de acreción de núcleo para explicar la existencia de planetas de la masa de Júpiter, siempre y cuando no se hayan formado muy lejos (más de 50 UA) del Sol.


Representación artística de un júpiter caliente (ESO).

Una vez los planetas están en su sitio, la migración planetaria dará comienzo y seguirán una trayectoria en espiral hacia su estrella por culpa de dos mecanismos diferentes. El primero se llama migración de Tipo I y es el más intuitivo. El gas y el polvo del disco "frenan" el movimiento del planeta y, como resultado, éste tiende a orbitar cada vez más cerca (en realidad el fenómeno es mucho más complejo, ya que hay que tener en cuenta la interacción gravitatoria con el disco, los efectos de las ondas de densidad, turbulencias, etc., pero el concepto de "frenado" nos sirve para hacernos una idea). La migración de Tipo II, por contra, es más sutil y surge al tener en cuenta la interacción gravitatoria de un planeta gigante ya formado. En este caso, el planeta orbitará su estrella en una zona del disco relativamente "limpia", pero la interacción gravitatoria con las zonas interior y exterior del disco provocarán que se vaya acercando a la estrella a medida que el disco interior desaparece por la acción de la presión de radiación de la luz y los vientos estelares de la estrella. La migración de Tipo II es mucho más lenta que la de Tipo I y suele ser la preferida para explicar la presencia de júpiteres calientes en otras estrellas.


Migración planetaria (Nature).

Y aquí está el quid de la cuestión. ¿Por qué Júpiter no terminó cerca del Sol destruyendo todos los planetas rocosos -incluida la Tierra- a su paso? Por ahora nadie lo sabe con seguridad, pero todo apunta a que la explicación está en Saturno. Efectivamente, se cree que nuestro gigante anillado nació mucho más lejos del Sol de lo que está ahora. Después de formarse, los mecanismos de migración de Tipo I acercaron la órbita de Saturno hacia el Sol más rápidamente que Júpiter debido a su menor masa. Una vez que su distancia orbital llegó a ser el doble que la de Júpiter, los dos planetas entraron en lo que se conoce como resonancia 2/3. Es decir, por cada tres vueltas de Júpiter alrededor del Sol, Saturno daba dos. El resultado fue que la interacción gravitatoria de Saturno evitó que Júpiter continuase descendiendo hacia el Sol, salvando en el proceso los planetas del Sistema Solar interior.

O lo que es lo mismo, debemos nuestra existencia a Saturno. No es de extrañar que sea el planeta favorito de muchos.


Gracias a Saturno estás leyendo este blog (NASA).

Pero no debemos pensar que sólo hace falta tener un planeta como Saturno para evitar que un sistema estelar sea pasto de los terroríficos júpiteres calientes. Lo cierto es que nadie sabe con exactitud por qué Saturno se acercó al Sol mucho más rápidamente que Júpiter, pero la mayoría de expertos está de acuerdo en que los procesos de formación de los dos gigantes gaseosos tuvieron que ser bastante diferentes. En concreto, Saturno tuvo que crecer mucho más lentamente que su hermano mayor. O lo que es lo mismo, en otros sistemas planetarios donde los gigantes gaseosos hayan sufrido procesos de formación similares, el resultado final seguiría siendo una estrella con uno o dos júpiteres calientes.

Por otro lado, los modelos de resonancia sugieren que el material del disco protoplanetario exterior debería ser recogido (acretado) por Saturno al caer hacia la estrella. Aquí tenemos otro enigma, ya que entonces Saturno debería haber terminado siendo más grande que Júpiter. La explicación más plausible es que ambos planetas terminaron de formarse justo cuando el disco protoplanetario estaba en proceso de disipación. Primero se habría formado Júpiter, seguido de Saturno, Urano y Neptuno. Si Júpiter y Saturno se hubiesen formado antes, la interacción con el disco habría causado una migración hasta el Sistema Solar interior -a semejanza del sistema GJ876- o el encuentro y posterior expulsión de uno de los dos planetas al exterior del sistema.

Seguro que te habrás encontrado en alguna ocasión con la "hipótesis de la Tierra rara". Según esta teoría, los planetas como la Tierra deben ser muy poco abundantes en el Universo puesto que se necesita toda una serie de coincidencias cósmicas para explicar la existencia de nuestro planeta. Por ejemplo, si Júpiter no fuese tan masivo, los cometas y asteroides habrían impactado contra la Tierra con mucha mayor frecuencia, impidiendo la aparición de la vida. Pues bien, hora sabemos además que otro elemento importante para tener un Sistema Solar como el nuestro es la existencia de un mundo similar a Saturno.

En todo caso, la resonancia entre Júpiter y Saturno no sólo explica que se detuviesen los procesos de migración planetaria. Existen evidencias que sugieren que ambos planetas gigantes se volvieron a alejar con el tiempo hasta ocupar sus órbitas actuales, "empujando" a Urano y Neptuno hacia el exterior del Sistema Solar en el proceso.


Evolución de la distancia de los planetas según dos modelos de formación del Sistema Solar. El modelo de la derecha es el favorito actualmente. De acuerdo con el mismo, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno se formaron más cerca del Sol. Júìter y Saturno migraron hacia el interior, pero luego volvieron a alejarse, arrastrándose en el proceso a Urano y Neptuno (Morbidelli).


Variación del perihelio y el afelio de los planetas exteriores con el tiempo (Morbidelli).

Estos mecanismos migratorios deben ser comunes en otros sistemas planetarios, pero probablemente en muchos de ellos el resultado final ha sido muy distinto. En efecto, si los cuatro planetas gigantes del Sistema Solar hubiesen entrado en resonancia mutua, la excentricidad de las órbitas habría variado violentamente con el tiempo, provocando encuentros cercanos entre los planetas. Finalmente, todos los planetas gigantes excepto Júpiter habrían sido expulsados del Sistema Solar y éste permanecería con una órbita fuertemente excéntrica. Precisamente, este patrón es el que observamos actualmente en muchos sistemas exoplanetarios.

Y no es que estas carambolas planetarias no afectasen a la Tierra. Al contrario. Todo el Sistema Solar interior está repleto de pruebas que apuntan a que algo terrible ocurrió hace 3900 millones de años. Los impactos de asteroides y cometas aumentaron dramáticamente durante un periodo de 20 o 200 millones de años, dejando enormes cicatrices en la Luna y en todos los planetas rocosos con excepción de la Tierra, donde la erosión ha borrado las huellas de este cataclismo. Este episodio de violencia inaudita se denomina el Bombardeo Tardío (Late Heavy Bombardment, LHB). Hasta hace poco se interpretaba como los últimos coletazos de la formación planetaria, pero ahora parece que fue resultado directo del periodo de inestabilidad en las órbitas planetarias que estuvo a punto de desintegrar nuestro Sistema Solar. Según esta nueva teoría, la mayoría de cometas y asteroides del LHB procederían de zonas exteriores a la órbita de Neptuno, lo que hoy en día se conoce como el Cinturón de Kuiper.


La expulsión de Neptuno hacia el exterior del Sistema Solar fue una de las causas del Bombardeo Tardío (Nature).

Además, el movimiento de los planetas gigantes explicaría porque Marte es tan pequeño. Si Júpiter se formó más cerca de su posición actual y luego migró aún más adentro del Sistema Solar interior hasta alcanzar 1,5 UA, las perturbaciones gravitatorias impedirían que el planeta rojo aumentase su masa como predicen los modelos de formación con órbitas estáticas. Si esta hipótesis es correcta, el cinturón de asteroides tuvo que ser parcialmente destruido durante la primera migración interna de Júpiter, para volverse a formar una vez el planeta gaseoso llegó a su distancia actual. Si esta teoría fuese cierta, la parte exterior del cinturón debería estar formada por cuerpos con alto contenido en hielos que se crearon a una distancia superior a la órbita de Júpiter (asteroides de tipo C), mientras que la parte interior la compondrían los asteroides rocosos y metálicos de tipo S. Y precisamente, esto es lo que observamos en la actualidad. De paso, este escenario explicaría por qué los asteroides de tipo C del cinturón son tan similares a los cometas que se encuentran a mayores distancias del Sol.


El movimiento de planetas a lo largo del tiempo a movido los asteroides y cometas del Sistema Solar (Morbidelli).

Como vemos la historia del Sistema Solar dista de ser simple, aunque para desentrañarla hemos tenido que descubrir primero cientos de planetas extrasolares. ¿Es nuestro Sistema Solar un bicho raro? No lo sabemos con certeza, pero lo que es seguro es que no es uno más del montón.


Referencias:


Tomado de:

Blog Eureka

Investigadores desarrollan un chip que conecta redes de fibra óptica a mucha mayor velocidad

  • Ha sido creado en la Universidad Politécnica de Valencia.
  • Permitirá conectar estas redes de fibra óptica a través de una superficie 100.000 veces más pequeña.
  • El chip se trata de un "hito científico internacional", según la institución.

Un grupo de investigadores de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) han desarrollado un chip con las funcionalidades de los "enrutadores ópticos" (los dispositivos que conectan entre sí las redes de fibra óptica), pero con una superficie 100.000 veces más pequeña y una velocidad cien veces mayor.

Con este proyecto, en colaboración con la Universidad Técnica de Eindhoven (Holanda) y la McGill de Montreal (Canadá), los investigadores de la UPV han creado el primer circuito óptico integrado (chip) monolítico para enrutadores ópticos.

Este nuevo dispositivo es un "hito científico internacional en el campo de las comunicaciones ópticas", según ha destacado la UPV en un comunicado.

El nuevo chip es capaz de realizar directamente tareas de encaminamiento de paquetes ópticos, una funcionalidad imprescindible en los futuros enrutadores ópticos. Además, incorpora las funcionalidades básicas en una superficie unas 100.000 veces más pequeña que la de otros subsistemas y es capaz de operar a esa velocidad 100 veces mayor.

Este nuevo chip marca "una gran diferencia" respecto a los chips disponibles hasta la fecha, que eran de carácter híbrido o mixto, muy voluminosos, costosos de ensamblar, mantener y operar, ha explicado José Capmany, director del Instituto de Telecomunicaciones y Aplicaciones Multimedia (ITEAM) de la UPV.

Desde el punto de vista de su viabilidad comercial, el diseño se basa en una tecnología con componentes que no suponen costes adicionales a las líneas de producción de las fábricas de circuitos ópticos integrados existentes en la actualidad.

Fuente:

20Minutos

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