Latest Posts:

7 de junio de 2011

Uno de los primeros científicos europeos fue un Papa

A pesar de la idea oscura y tenebrosa que todos tenemos de la Edad Media, con su Inquisición o la Peste, lo cierto es que en esta época también hubo vislumbres de genio y ciencia. Por ejemplo, se inventó el botón, las gafas o los espejos. Y alrededor del año 1000, incluso nació el que sería tal vez el primer científico europeo.

Un científico que, además, acabó siendo Papa.

Su nombre fue Gerberto de Aurillac. Antes de convertirse en el Papa Silvestre II, Aurillac viajó a España y tuvo acceso a la gran biblioteca del califa Abderramán III, donde aprendió mucha ciencia árabe, especialmente matemáticas y astronomía.

En 969 viajó a Roma acompañando, en una peregrinación, a su protector el conde Borrell II, lo que le permitió conocer al entonces papa Juan XIII y al emperador Otón I, quien le nombró tutor de su hijo, el futuro Otón II. Tras la muerte de Gregorio V, el 18 de febrero de 999, Gerberto de Aurillac fue nombrado papa y consagrado el 2 de abril con el nombre de Silvestre II.

Enseguida destacó él mismo como inventor de ábacos, planetarios, instrumentos musicales y varios relojes, además de realizar multitud de investigaciones, lo que le mereció ser acusado de brujo y de nigromante. Para otros contemporáneos, sin embargo, fue “luz de la Iglesia y la esperanza de su siglo”. Uno de sus logros más trascendentales para la historia fue la introducción en la Europa cristiana del número cero y de las cifras árabes (en realidad indias, ya que se inventaron en la India), así como el sistema decimal que otros estudiosos perfeccionarían posteriormente.

En Europa se decía “¿A qué viene esta moda de escribir las cantidades con signos árabes? ¡Eso es cosa del diablo! Las cifras romanas son cristianas y hace siglos que se usan en la Iglesia, mientras que las arábigas vienen de infieles y no se pueden aceptar”.

También difundió el astrolabio, de origen árabe. Fabricó una nueva versión del monocordio, un instrumento musical consistente en una caja de resonancia sobre la cual se tensaba una cuerda de longitud variable con la que se medían las vibraciones sonoras y los intervalos musicales. Estos cálculos le permitieron clasificar las distancias entre las diferentes notas en lo que luego se ha llamado, tonos y semitonos.También se le atribuye la introducción del péndulo y la invención de un reloj de ruedas dentadas.

Silvestre II, además, fue el precursor de una especie de sistema taquigráfico o criptográfico (porque su serie de símbolos no podían ser leídas por profanos), inspirado en una escritura abreviada que recuperó de los antiguos sabios romanos. Se le conocía como apuntes tironjanos.

Tal era su capacidad como científico, que sus colegas acudían a él para solventar problemas científicos incluso cuando ya había sido nombrado Papa.

Además, con el cambio del milenio (como sucedió hace unos años cuando llegamos al año 2000), hubo mucha gente que propagó miedos y terrores, Apocalipsis y cosas semejantes. Habladurías que Silvestre II se encargó de apaciguar.

Al misterioso Papa del Año 1000, se le acusó de tener un pacto con el diablo y de inspirarse en obras de autores herejes. Algunos historiadores románticos del siglo XIX presentaron el cambio de milenio, que coincidió con su papado, como un tiempo de oscurantismo, de guerras, de epidemias y de terror. Insistieron en sus contactos con el mundo árabe, ya que se presume que durante sus estudios de matemáticas en Barcelona bajo la protección del conde Borrell, mantuvo contacto con sabios musulmanes que le iniciaron en los conocimientos mágicos y místicos, y en sus pactos con el diablo.

Silvestre II no fue el único religioso que, además, era un científico. Alberto Magno, Guillermo de Occam, Roger Bacon, Nicolás de Oresme, Nicolás de Cusa… todos ellos fuente de inspiración para Umberto Eco para crear el Fray Guillermo de Barkerville, el protagonista de El nombre de la rosa, como ya os expliqué en Los fundamentalistas religiosos tienen menos sentido del humor.

Tomado de:

Xacata Ciencia

Nuevo récord para un robot: resuelto el cubo de Rubik en 10,69 segundos

Fabricado por estudiantes de la Universidad de Tecnología Swinburne (Australia), un autómata llamado Ruby ha conseguido resolver el cubo de Rubik en menos de 10,69 segundos. Lo que supone un nuevo récord para los robots, sí, (la mejor marca la ostentaba Cubinator, con 18,2 segundos), sin embargo todavía no han alcanzado a los humanos: Feliks Zemdegs lo consiguió en 6,24 segundos en el Kubaroo Open en 2011.

Pero también parecía imposible que en una computadora pudiera vencer al ajedrez a un ser humano, y finalmente ha sucedido. Así que Humanos 1 – Robots 0 (De momento).

El robot escanea primero cada cara de un cubo desordenado con ayuda de una webcam, y posteriormente emplea un algoritmo para desarrollar una solución, que aplica a gran velocidad con unas “pinzas”. El tiempo total empleado por el robot ncluye el tiempo que toma para hacer la exploración inicial del cubo.

A continuación podéis ver un video que muestra la hazaña:



Un experto humano es capaz de ejecutar entre 2 y 5 giros de las caras del cubo por segundo, y existe un número mínimo máximo de movimientos para resolverlo. El número ha sido llamado “número de Dios”, y se ha establecido en 20 únicos pasos.

Para ello se tuvo que calcular todas las posiciones posibles con el cubo (43.252.003.274.489.856.000), una tarea que hasta hace poco era imposible, según el profesor Morley Davidson, matemático de la Universidad de Kent y miembro del grupo de investigadores que han conseguido llegar al “número de Dios”.

Tomado de:

Xacata Ciencia

Un computador de ADN flexible halla raíces cuadradas

Un nuevo circuito digital diseñado para usar moléculas que calculen una amplia variedad de problemas matemáticos complejos.

El ADN, la molécula de la vida, se convierte en un participante en las olimpiadas matemáticas.

Usando el comportamiento natural de unión y desunión de las hebras de ADN, investigadores de Caltech han desarrollado un nuevo y adaptable método para convertir las moléculas en calculadoras. El diseño abre un rango de posibles circuitos completamente construidos a partir de ADN, capaces de resolver problemas matemáticos básicos, según informa el equipo el 3 de junio en la revista Science.

“Esto es más que genial”, dice Andrew Ellington, biotecnólogo de la Universidad de Texas en Austin. “Es complejo y sofisticado”.

El diseño inicial del equipo de Caltech, un circuito creado a partir de 130 hebras únicas de ADN, calcula la raíz cuadrada de números hasta el 15. En esta calculadora, distintos tipos de hebras de ADN representan 1 y 0, los números binarios en los circuitos digitales estándar.

Los científicos han estado sustituyendo el ADN por números binarios desde 1994, cuando el matemático Leonard Adleman propuso el concepto de computación de ADN en Science. Pero el diseño del grupo de Caltech, como una maqueta de tren, contiene partes básicas que pueden mezclarse y encajar, con lo que el equipo espera que sea capaz de permitir el campo más amplio de cálculos hasta la fecha. “Esto no es un juguete”, dice Ellington.

Los coautores del estudio, Lulu Oian y Erik Winfree, aprovecharon la capacidad natural del ADN de enlazarse, en la cual dos hebras de ADN se unen en sitios complementarios, y desligarse. El diseño básico incorpora dos tipos de ADN sintético en un tubo de ensayo: Moléculas de ADN en una hebra que flotan libres como lobos solitarios, y dobles hebras que transportar una pequeña muesca de ADN abierto llamada “punto de apoyo” (“toehold”). El ADN de hebra simple navega solo hasta tropezar con un par entrelazado de hebras de ADN con un punto de apoyo en el que encaja. Los lobos solitarios se anclan en el punto de apoyo desplegándose, expulsando finalmente una de las dos hebras originales. Después de que esta apertura y cierre de cremallera se realice, en el tubo de ensayo flotarán una nueva molécula de doble hebra y una de hebra simple.

Diseñando con precisión estas cascadas de ADN, el equipo pudo generar moléculas que representaban 1001 en notación binaria, o 9, en la mezcla y aislar una respuesta binaria una vez que terminaban las reacciones resultantes. En este caso, la respuesta fue una raíz cuadrada: Binario 11, o 3. Pero las cascadas, como las maquetas de trenes, son personalizables, y el equipo podría fácilmente haber diseñado un circuito para hacer sumas o restas. “Es la simplicidad lo que permite la complejidad”, dice Winfree, bioingeniero. Al contrario que una de las veloces calculadoras, este ábaco de tubo de ensayo necesitó casi 10 horas para calcular una raíz cuadrada, añade.

Limitaciones aparte, los circuitos que usaron este diseño podrían diagnosticar enfermedades médicas mediante la presencia de cierta molécula en la sangre, comenta Ellington.

Sorprendentemente, el diseño del equipo de Caltech es “muy similar a lo que hacen las células para organizar y calcular su futuro”, dice Adleman, de la Universidad del Sur de California en Los Ángeles. Como un supercomputador orgánico, la propia célula realiza cálculos similares a los de un circuito diariamente – y de forma rápida. La mejor aplicación de tal experimento puede terminar en la exploración de cómo la biología convierte los trozos de ADN en un organismo dinámico.


Tomado de:

Ciencia Kanija

Científicos crean luz de la nada por primera vez

Los físicos lograron sacar «chispas» del vacío gracias a una sofisticada máquina cuántica


Un grupo de físicos de la Universidad Tecnológica de Chalmers en Gothenburg, Suecia, ha logrado algo casi «divino». Ha producido fotones visibles a partir de las partículas virtuales que se creía existían en el vacío cuántico. En pocas palabras: han obtenido luz prácticamente de la nada. Para conseguir esta hazaña científica, algo que hasta ahora era solo una teoría, el equipo ha utilizado un dispositivo superconductor de interferencia cuántica (SQUID) que consigue modular la velocidad de la luz.

Los investigadores presentarán sus conclusiones la próxima semana en Padua, Italia. De momento, la investigación aparece publicada en arXiv.org, y los autores no quieren ofrecer más datos hasta que su trabajo esté listo para su publicación en una revista de alto nivel. Sin embargo, científicos que no están directamente vinculados al equipo de Chalmers aseguran en la web de Nature que el resultado es impresionante. Si la investigación se verifica, se convertirá en una de las pruebas experimentales más inusuales de la mecánica cuántica en los últimos años y «un hito importante», afirma John Pendry, físico teórico del Imperial College de Londres, ajeno al estudio. «Es un gran avance», añade Federico Capasso, un físico experimental en la Universidad de Harvard en Cambridge, Massachusetts, quien ha trabajado en los efectos cuánticos similares.

El experimento radica en uno de los más extraños y más importantes principios de la mecánica cuántica: el principio de que el espacio vacío es.... todo lo contrario. La teoría cuántica predice que el vacío es en realidad una espuma retorcida en el que las partículas revolotean.

La existencia de estas partículas es tan fugaz que a menudo se describe como virtual. Sin embargo, puede tener efectos tangibles. Por ejemplo, si dos espejos se colocan muy muy próximos entre sí, las partículas virtuales que existen entre ellos y fuera crearán una fuerza que empujará las placas metálicas entre sí. Es lo que se conoce como «Efecto Casimir», en honor al físico holandés Hendrik B.G. Casimir, quien propuso esta teoría junto a su colega Dirk Polder en 1940.

Un experimento «muy inteligente»

Durante décadas, los teóricos han predicho que un efecto similar puede producirse en un solo espejo que se está moviendo muy rápidamente. Según la teoría, un espejo puede absorber la energía de los fotones virtuales en su superficie y volver a emitir esa energía como fotones reales. El efecto sólo funciona cuando el espejo se mueve a través del vacío a casi la velocidad de la luz, lo que es casi imposible para los dispositivos mecánicos que utilizamos a diario.

Los físicos de Chalmers consiguieron evitar el problema utilizando una pieza de la electrónica cuántica conocida como dispositivo superconductor de interferencia cuántica (SQUID), que es extraordinariamente sensible a los campos magnéticos. De esta forma, el dispositivo actuó como un espejo y ajustando la dirección del campo magnético miles de millones de veces por segundo consiguieron «menearlo» a alrededor del 5% de la velocidad de la luz, lo suficiente para ver el efecto.

El resultado fue una lluvia de fotones saltando desde el vacío. Capasso cree que el experimento es «muy inteligente», y una buena demostración de la mecánica cuántica, aunque duda de que pueda tener algún efecto práctico. Sea como sea, para los físicos es un logro realmente emocionante.

Fuente:

ABC (España)

Auguste Piccard, un físico de altura


Muchos de vosotros habréis reconocido la foto superior, que bien pudiera ser la foto más famosa de la historia de la ciencia. Se hizo durante la conferencia Solvay de 1927, a la que acudieron muchas de las mentes más preclaras del momento. Einstein, Bohr, Born, Lorentz, Marie Curie... todos ellos se pueden reconocer entre los asistentes. Hoy voy a hablar de uno de ellos, concretamente del señor alto de la izquierda: el genial físico suizo Auguste Piccard.

Auguste Piccard nació en Basilea en 1884. Estudió en la ETH de Zurich, y se trasladaría posteriormente a Bélgica, donde aceptó una posición como Catedrático de Física en la Universidad Libre de Bruselas. A finales de los años 20, el objeto de estudio de Auguste eran eventos de alta energía detectados de forma natural: los rayos cósmicos.

Hoy sabemos que los rayos cósmicos son producidos por partículas subatómicas muy energéticas procedentes del espacio, y la cascada de partículas secundarias que producen al interactuar con la atmósfera, pero en aquella época no estaba nada claro. Había quien proponía, como por ejemplo el propio Piccard, que los rayos cósmicos se originaban en la estratosfera.

Otro científico cualquiera hubiese encontrado el modo de estudiar el problema sin moverse de su laboratorio, o al menos de la superficie terrestre. Sin embargo, no estamos hablando de un científico normal: Auguste decidió que éĺ mismo iría a las capas medias de la atmósfera para hacer los experimentos.

VIAJE A LA TROPOSFERA:


No sería la primera vez que Piccard se subía a un globo para hacer un experimento. Así, por ejemplo, en junio de 1926, había repetido junto a Émile Stahel el experimento de Michelson-Morley, pero a 4.500 metros de altura sobre Bruselas en el globo Helvetia.

Claro que subir hasta la troposfera era otro cantar, y más a comienzos de siglo XX. Auguste tenía que inventarlo todo, y en 1930 diseñó y mandó construir (a una fábrica de toneles de cerveza) su propio medio de alcanzarla: una cápsula presurizada de aluminio de 2.1 metros de diámetro y 3 milímetros de espesor, propulsada por un globo de hidrógeno. De este modo, acompañado sólo por su asistente Paul Kipfer, Auguste alcanzó en Mayo de 1931 una altitud record de 15.785 metros.

Os imaginaréis que tanto atrevimiento resultaría arriesgado, y no os equivocáis. Al mirar fugazmente por la ventana, mientras los dos exploradores troposféricos estaban haciendo los últimos chequeos, Paul observó con horror cómo pasaban entre las chimeneas: el globo había despegado accidentalmente. Más tarde tuvieron que enfrentarse a una fuga de mercurio, a un fallo del sistema de refrigeración, y en un momento dado empezaron a quedarse sin aire y sin agua...

Ni la vuelta salió cómo estaba planeado. Tras haber despegado de Ausburg, Alemania, y llegar a la troposfera, Piccard tenía pensado amerizar en el Adriático. Sin embargo, el viaje duró 10 horas más de lo previsto, y la cápsula con los dos hombres se estrelló en un glaciar de los Alpes a 1950m de altitud. Tras pasar la noche, los dos hombres contactaron con una expedición enviada en su rescate.

Estos avatares no evitaron nuevos intentos: en 1932, en una nueva cápsula equipada con radio, Piccard pudo alcanzar una altitud de 17.008 metros, y en un intento posterior, 23.000 metros. Piccard completó un total de 26 viajes a grandes alturas y en ellos realizó los más variados experimentos.

VIAJE A LAS GRANDES PROFUNDIDADES:


Nuestro científico descubrió enseguida una nueva aplicación para sus cápsulas presurizadas. Si antes había viajado con ellas a grandes altitudes, ahora quería usarlas para explorar las profundidades del océano.

Diseñar un submarino capaz de alcanzar grandes profundidades no era sencillo. Un submarino mantiene normalmente un flotador lleno de aire. Si el submarino quiere sumergirse, parte de ese aire es expulsado, sustituyéndose por agua. Si, por el contrario, se inyecta al flotador aire que estuviese comprimido, se desplaza parte del agua en él, disminuyendo la densidad del submarino y haciéndolo ascender. Sin embargo, a grandes profundidades, la presión existente hace que el aire del flotador se comprima, eliminando su capacidad de afectar la flotación del submarino.

La idea de Picard fue sustituir ese aire por gasolina. La gasolina es sólo un poco menos densa que el agua, pero es incompresible, manteniendo la capacidad de hacer flotar al submarino incluso a grandes profundidades. Ni corto ni perezoso, en 1937 Auguste había diseñado un prototipo basado en esta idea, el FNRS-2, aunque su construcción fue interrumpida por la invasión alemana de Bélgica.

Finalmente en 1948 el batíscafo de Piccard estaba preparado, y a finales de ese año, alcanzó una profundidad de 1.400m. Problemas técnicos (el batíscafo fue dañado en una inmersión) y económicos hicieron que tuvieran que venderlo al gobierno francés, quien lo mejoró y cambió de nombre a FNRS-3.

Al mismo tiempo, la ciudad de Trieste se ofreció a financiar otro batíscafo diseñado por Piccard. El "Trieste", como así se llamó, fue botado en Agosto de 1953, y en 1960 llegó a las mayores profundidades conocidas del océano, el abismo Challenger en la fosa de las Marianas. En su cápsula viajaban Don Walsh y Jacques Piccard (hijo de Auguste). Esta hazaña no ha sido repetida desde entonces.

Auguste moriría en Laussane, Suiza en 1962, sólo dos años después de que su creación alcanzase los puntos más profundos del océano. Tenía entonces 78 años.


Un personaje tan carismático como Auguste Piccard no pasó desapercibido entre sus coetáneos. Hergé, dibujante de Tintín, se inspiró en él para crear el personaje del Profesor Tornasol, algo que no parece muy difícil de imaginar comparando los dibujos con sus fotografías. Según las propias palabras del dibujante:

"El Profesor Tornasol es una versión reducida de Piccard, ya que el real era demasiado alto. Tenía un pescuezo interminable que surgía de una camisa con un cuello excesivamente grande... Hice a Tornasol un mini-Piccard, pues de otro modo hubiese tenido que agrandar las viñetas."

Esta entrada participa en la XX Edición del Carnaval de la Física, que este mes es acogido por este blog, Resistencia Numantina.

Link: entrevista de la televisión suiza a Auguste Piccard

Tomado de:

Resistencia Numantina

El mono que salió de África y volvió 'hecho un hombre'



Un hallazgo en el yacimiento georgiano de Dmanisi sugiere que los humanos evolucionaron a partir de especies asiáticas y no africanas como se creía.


David Lordkipanidze (derecha) posa con una recreación del Homo georgicus'. museum.ge

Durante casi un siglo, los libros de texto han contado una historia épica. Tras millones de años de evolución, la vida en la Tierra habría desembocado, en una de sus ramas, en el Homo erectus, un ser humano con un cerebro suficientemente desarrollado como para armarse con un arsenal de piedras para salir, por fin, de África, la supuesta cuna de la humanidad. El erectus habría sido el viajero que colonizó el mundo, que puso un continente, Eurasia, en su mochila y dio lugar a otras especies humanas. Entre ellas, por qué no, el Homo sapiens: usted.

Esta epopeya, repetida como un mantra, era mentira. Un agujero vertical en la tierra, una cata en el melón del yacimiento de Dmanisi (Georgia), ha destapado un conjunto de piedras trabajadas, inequívocamente por humanos, hace 1,85 millones de años. El descubrimiento, que se publica hoy en la revista PNAS, convierte en 80.000 años más viejos a los habitantes de Dmanisi, cuyos primeros fósiles fueron hallados en 1991 y estaban datados en 1,77 millones de años.

Durante un siglo se pensó que el 'Homo erectus' colonizó el mundo desde África

El salto hacia atrás en el tiempo no es baladí. Aquellos humanos, clasificados como Homo georgicus, vivían en lo que hoy es el Cáucaso antes de que los Homo erectus salieran de África. De nuevo, hay que reescribir la evolución humana. Para el paleontólogo Jordi Agustí, uno de los autores del hallazgo, se veía venir. "Hace entre 1,8 y 1,7 millones de años, las condiciones climáticas no eran muy buenas. Hacía mucho frío en el norte y había sequía en las bajas latitudes. No era el mejor momento para atravesar zonas desérticas, para salir de África", explica.

"Ahora queda claro"

La fuga hacia Asia tuvo que producirse antes, hace alrededor de dos millones de años. Y debió de tener otro protagonista: el Homo habilis, un ser mucho más torpe que el erectus. Tan zote que en los últimos años buena parte de la comunidad científica ha querido descabalgarlo del género Homo, del que sólo quedamos vivos los humanos modernos, y clasificarlo como australopiteco, casi como si fueran monos.

El 'Homo georgicus' ya pululaba por Dmanisi hace 1,85 millones de años

Con las piezas que hay ahora sobre la mesa, el puzle de la evolución humana ofrecería esta imagen: el Homo habilis (o Australopithecus habilis) habría salido hace unos dos millones de años de África y ya en Asia habría dado lugar al Homo georgicus, que habría desembocado en el Homo erectus, que a su vez habría vuelto a África rebautizado como Homo ergaster, hace 1,6 millones de años, según detalla Agustí. Los primeros fósiles desenterrados en Dmanisi ya apuntaban a este recorrido por el planeta. "Ahora queda claro", asegura Agustí, del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social.

La otra posibilidad, argumenta el investigador catalán, es mucho más difícil de sostener. La comunidad científica acepta que Homo erectus, en Asia, y Homo ergaster, en África, eran la misma especie. Si la hipótesis del Homo georgicus se desmorona, el Homo habilis tendría que haber dado lugar, de manera independiente, al ergaster en África y al erectus en Asia. En la evolución, este salto vendría a ser como un triple mortal con tirabuzón.

Bajo las bombas

Los habitantes del yacimiento apenas levantaban metro y medio del suelo

La paleoantropóloga María Martinón-Torres, que no ha participado en este estudio, ve en el nuevo hallazgo un empujón a una hipótesis que se resiste a calar en la comunidad científica: que el ser humano, el género Homo, no surgió en África, sino en Eurasia. "Los Homo georgicus tienen todas las características cronológicas, morfológicas y geográficas para dar lugar a todas las demás especies del género Homo que se conocen", afirma con rotundidad. Según este relato, el habilis habría salido de África como un mono y habría vuelto hecho un hombre.

Martinón-Torres, del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, en Burgos, lleva desde 2002 participando en las excavaciones de Dmanisi. En 2008 tuvo que abandonar el país a la carrera cuando Rusia comenzó a bombardearlo. A su juicio, los restos hallados en aquella encrucijada entre Europa, Asia y África representan al principal candidato a primer representante del género Homo, al primer humano. David Lordkipanidze, el jefe de las excavaciones y coordinador del nuevo estudio, es más escéptico. "No es descartable, pero hacen falta más pruebas", señala.

Según Martinón-Torres, no obstante, las piezas encajarían ahora perfectamente. Los Australopithecus habilis, hace dos millones de años, ya comían carne. El abandono de una dieta basada en frutos habría sido trascendental. El enrevesado estómago, adaptado a digestiones complicadas como puede ocurrir hoy con las vacas, se reduce y se optimiza. El cerebro empieza a desarrollarse con la energía sobrante. Y aún más importante: "Al hacernos carnívoros nos hacemos libres. Nuestro alimento se mueve, no está quieto. Y nosotros también nos podemos mover", añade la paleoantropóloga, miembro del equipo que rastrea los yacimientos burgaleses de Atapuerca. El australopiteco, libre, habría echado a andar fuera de África. Y, por el camino, dio lugar al Homo georgicus y este a todas las demás especies conocidas. "Es lo mismo que defendemos con el Homo antecessor de Atapuerca, que no se originó en África, sino en Eurasia", remacha Martinón-Torres.

Una fábrica de especies

Jordi Agustí asiente. "El Homo georgicus es, por lo menos, el primer representante del género Homo reconocible", aclara. Aquellos seres que apenas levantaban metro y medio del suelo, con sólo 600 centímetros cúbicos de capacidad craneal frente a los 1.400 de los humanos actuales, serían los tatarabuelos de todos los demás. "Conocemos muy mal el esqueleto del Homo habilis, pero con lo que sabemos podemos decir que era más parecido a los australopitecinos", destaca Agustí. Aquellos brazos eran desproporcionadamente largos como para ser humanos, según muchos investigadores.

Este verano, la cata en la que han aparecido los útiles de piedra se convertirá en una excavación en toda regla. Allí pueden aparecer algunas de las pruebas que reclama Lord-kipanidze. "Si hemos encontrado la industria lítica, deberían de aparecer también los fósiles", barrunta Agustí. Bajo el suelo de Dmanisi están las evidencias de que Eurasia fue, quizá antes que África, una fábrica de especies humanas.

"Los georgicus eran como hienas"

El principal candidato a primer representante del género Homo era un animal carroñero. "Los ‘Homo georgicus' se alimentaban de presas abatidas por otros. Eran como hienas", subraya Jordi Agustí, del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social. Pese a su reducida capacidad craneal, 600 centímetros cúbicos frente a los aproximadamente 1.400 de los humanos modernos, los investigadores han descrito comportamientos muy humanos en esta especie, que habría vivido en la actual Georgia hace 1,8 millones de años. En el yacimiento de Dmanisi se encontró una mandíbula de un individuo desdentado. De alguna manera, aquel ‘Homo georgicus' sobrevivió durante meses sin una de sus principales armas en el mundo: sus dientes. Paleoantropólogos como Agustí y Martinón-Torres ven aquí un más que posible "comportamiento solidario". Para Agustí, aquel desafortunado desdentado "tuvo que ser alimentado por el grupo" para salir adelante.

Tomado de:

Público (España)

google.com, pub-7451761037085740, DIRECT, f08c47fec0942fa0