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20 de marzo de 2011

Siete días en alerta nuclear

El reactor 3 de Fukushima, destruido y lanzando vapores. | AP

El reactor 3 de Fukushima, destruido y lanzando vapores. | AP

  • Contener el calor del núcleo y de las piscinas de residuos es la clave

Ha pasado ya una semana desde el terremoto que conmovió Japón y provocó la alerta nuclear en el país asiático. Medio mundo mira con preocupación a la planta atómica de Fukushima e intenta entender qué ocurre en esa instalación convertida en un foco de radiactividad. Pero por complejo que parezca lo que ocurre, puede explicarse de forma simple. La mayoría de los problemas de Fukushima son de fontanería. Puede sonar como una ligereza, pero no hay mejor forma de explicarlo.

Debido a la cadena de accidentes tras el terremoto, la central perdió la corriente eléctrica y el control del suministro de agua. Dejó de funcionar el circuito de tuberías y bombas que distribuye un agua que es esencial para mantener refrigeradas dos fuentes de alta radiactividad: el combustible del núcleo de los reactores y los residuos que se almacenaban en la parte alta del edificio de los propios reactores.

Recuperar el uso de esa fontanería y devolver el suministro eléctrico a la planta para accionar el bombeo es la clave para evitar que esos materiales se calienten más, se degraden y aumenten la emisión de vapores y gases radiactivos a la atmósfera. De momento ya lo están haciendo, y hay altas dosis, de hasta 400 milisieverts / hora (equivalente a 400 veces lo recomendable al año) en torno a los reactores 3 y 4.

El enemigo

Tanto el combustible del reactor como el combustible gastado o basura radiactiva de las piscinas tienen un gran calor de residual que llega a cientos de grados incluso años después. Deben estar siempre fríos y cubiertos de agua. Si no es así, se calientan, reaccionan con los aislantes, lanzan vapores radiactivos y se funden aumentando la liberación de su carga. Enfriarlos es ahora la gran batalla de Fukushima.

Cronología

Una semana después del terremoto, y pese a la confusión y falta de información, es posible reconstruir lo ocurrido hasta ahora. Hay que unir los datos de la compañía propietaria de Fukushima, Tepco, y el Gobierno japonés a los informes del Organismo Internacional de la Energía (OIEA), los del Japon Atomic Industrial Forum (la patronal del sector nipón) y otras fuentes independientes. El Instituto Tecnológico de Massachusetts, que no tiene ninguna implicación con la emergencia, ha preparado sin embargo un estupendo trabajo sobre lo que está ocurriendo en Fukushima, con la ayuda de los ingenieros industriales de esa organización de investigación estadounidense. El texto puede consultarse en este enlace.

El terremoto

. A las 14.46, hora local (06.46 en España), del viernes 11, se registró un terremoto de 9 grados en la escala Richter. En ese momento, la planta de Fukushima (con seis reactores construidos por General Electric entre 1970 y 1978) respondió al protocolo e inició la parada. Los reactores 4, 5 y 6 estaban cerrados y sin combustible por mantenimiento. Se actuó por tanto en los números 1, 2 y 3, introduciendo en el núcleo las barras de control, que se añaden al combustible para frenar las reacciones en cadena. Eso ha resultado fundamental, pues al hacerlo se contiene la actividad y el calor del núcleo y, aunque este sigue caliente y hay que enfriarlo, no es tanto como si no se hubiera parado. En Chernobil, el accidente ocurrió con un núcleo en plena aceleración.

La parada de los reactores fue una de las pocas cosas que salieron bien. Después, todo fueron percances. El terremoto no afectó a los edificios, pero tumbó el suministro eléctrico exterior. Se recurrió a los generadores diesel de emergencia. Pero una hora después, la ola del tsunami entraba en la central y se llevaba por delante los generadores y los tanques de combustible. Fukushima tenía un dique para olas de dos metros y el tsunami alcanzó de cinco a 10.

Emergencia

. A partir de ese momento, todo tuvo que ser improvisado. Desprovistos de energía para accionar las bombas, los tres reactores cargados de combustible (el 1, 2 y 3) empezaron calentarse y a evaporar el agua de la vasija. En los tres, llegó a quedar expuesto fuera del agua el combustible, algo que no debe ocurrir jamás. Se generaron gases radiactivos en la vasija e hidrógeno residual, que fueron venteados hacia el edificio del reactor. En los tres días siguientes, ese hidrógeno explosivo causó deflagraciones en los tres edificios, que quedaron tocados. Además, en el reactor 2 se teme que también se dañó la estructura de contención, lo que es un riesgo de emisiones desde el núcleo. Y también preocupa el reactor 3, porque en lugar de uranio, como el resto, tiene una mezcla de uranio y plutonio, un elemento dañino. Durante la semana, se ha bombeado agua de mar cargada con boro y se ha frenado, por lo menos, la evaporación en la vasija, pero no se ha logrado devolverla a su punto de llenado óptimo. La última noticia del viernes 18 es que se había conseguido tender una línea eléctrica hacia el reactor 2. Lo comunicaba Tepco a la OIEA, pero también advertía que el suministro de energía todavía no está establecido. Esta electricidad, si llegara, serviría para activar los sistemas de bombeo.

Las piscinas de residuos radiactivos

El miércoles 16 se hizo evidente que había otro problema aparte de los reactores. Las piscinas de combustible gastado, que en el diseño de Fukushima estaban encima del reactor y no en un edificio anexo, empezaron a calentarse por la falta de renovación del agua. Y lo siguen haciendo todavía. Esa basura nuclear, expuesta al aire, emite materiales radiactivos más letales que los del núcleo, pues ya no es uranio, sino una mezcla de productos de fisión.

En las piscinas 5 y 6, se ha activado un motor diesel que está dando energía para aportarles agua. Sobre la piscina 1 y 2 no hay información. Y la emergencia está en las piscinas 3 y 4. Se ha intentado echarles agua desde helicópteros, pero se han retirado porque la radiación freía los aparatos. Son operarios en tierra los que ayer seguían aportando agua, en breves incursiones de no más de cinco minutos para no acumular tiempo de exposición. El Gobierno japonés ha cambiado esta semana de 100 milisieverts /año a 250 milisieverts / año la tasa de radiación que un trabajador puede recibir para que los héroes de Fukushima puedan trabajar legalmente.

Lo que puede pasar

Quedan días de agonía. La explosión del reactor al estilo Chernobil se descarta porque los de Fukushima tienen la estructura de contención que faltó en la planta ucraniana. Una fusión total del combustible que lo hiciera caer al fondo y traspasar la vasija (el llamado síndrome de China) tampoco se contempla.

Pero se teme que, si el núcleo sigue sin enfriarse, el calor agriete la contención y provoque fugas. Además, los residuos de la piscina, si no son tapados con agua, arderán y rociarán de alta radiación el ambiente. Que el entorno más cercano de Fukushima está condenado es algo que todos dan por hecho. Y que habrá que construir un gran sarcófago para tapar y contener esa brasa radiactiva es algo que será necesario en cualquiera de los escenarios, mejores o peores, que deparen los próximos días.

Fuente:

El Mundo Ciencia

19 de marzo de 2011

Hoy sábado, hoy sábado... no deje de mirar la súper Luna

Actualización - Sábado 19 de marzo (8:30 p.m.)

Primero la luna salió muy lentamente...





Luego el cielo se empezó a nublar, pero pude filmar una breve secuencia de la luna llena, con algunas nubes. Así se vio la luna llena en Barranca (Perú), aproximadamente a las 7:30 p.m.



En Conocer Ciencia dudabamos entre colocar o no esta noticia. Y es que, la verdad, no hay muchos motivos para observar la Luna y su belleza cuando la situación en el reactor nuclear de Fukushima no es estable, y ya se encontró radiación en alimentos y el agua de Tokio, además de que ya la radiación llegó a California (EE.UU.).

Y si a esto le sumamos la situación en Haití con casi un millón de enfermos con cólera, la crisis de Costa de Marfil al borde la guerra civil, la situación de represión en Yemen y Baherin (y practicamente en casi todos los países árabes), las luchas de los trabajadores norteamericanos en la defensa de sus derechos, los profesores de Honduras e Inglaterra en huelga y que vienen siendo duramente reprimidos, y el inminente ataque a Libia (ya están volando aviones franceses por ese país)... pues, la verdad, pensamos al inicio, no era momento para estar mirando al Luna.


Cabe recalcar que en Conocer Ciencia defendemos todos los puntos de vista de manera objetiva y multilateral. Así que luego pensamos que debemos hacer un alto y ver la Luna, pero pensando en que esa misma Luna la ve el niño que va a morir de cólera dentro de algunas horas en Haití, es la mima Luna que verá el ciudadano libio de a pie y que no comprende con qué derecho un país extranjero lo va a bombardear, es la misma Luna que observan los aterrados ciudadanos japoneses que desean con todo su corazón que no se desate una crisis nuclear. Entonces decidimos colocar esta nota y lo invitamos a ver la Luna, pero al observar el satélite piense también en los millones de seres humanos que en distintas partes del planeta están mirando la Luna.

Y es que, al final de cuentas, el Sol sale para todos... y la Luna también...


La Luna. Cortesía de la NASA

La última vez que se vio la Luna tan grande fue en 1993. Cortesía de la NASA.

La Luna será vista este sábado 19 de marzo de un tamaño gigante, el más grande observado en casi 20 años, y con una belleza que, según los expertos, será única.

"Cuando la Luna aparezca sobre el horizonte, que en el caso de Chile sería sobre la cordillera de los Andes, se va a ver bastante grande", le dijo a BBC Mundo, Arturo Gómez, astrónomo del Observatorio del Cerro de Tololo en el norte de Chile.

De acuerdo con el experto, se trata de un fenómeno óptico muy interesante.

"La última Luna llena que se vio tan grande y tan cerca de la Tierra fue en marzo de 1993", señaló Geoff Chester, experto del Observatorio Naval de Estados Unidos (USNO, por sus siglas en inglés), según informó la página en internet de la NASA.

La Luna llena varía de tamaño debido a la forma oval que tiene su órbita.

Más cerca

En su órbita elíptica, el denominado perigeo está 50.000 kilómetros más cerca de la Tierra que el otro, llamado apogeo.

Según los expertos, el perigeo es el punto de máximo acercamiento de la Luna a la Tierra. Allí es donde se verá este fin de semana.

"La Luna en su lado perigeo es percibida alrededor de 14% más grande y 30% más brillante que cuando se observa en el lado apogeo de su órbita", explicó en el artículo de la NASA el doctor Tony Phillips.

La Luna llena de perigeo podría provocar las llamadas "mareas de perigeo", que representan un incremento de pocos centímetros de la altura de las mareas.

La Luna. Cortesía de la NASA

Cuando la Luna está en su lado apogeo, está lejos de la Tierra, mientras que cuando está en su perigeo, está más cerca. Cortesía de la NASA.

Un fenómeno que, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés), no debe generar preocupación alguna.

"La geografía local puede amplificar el efecto en unos 15 centímetros. No es exactamente una gran inundación", dijo Phillips.

La super Luna de marzo de 1983 y la que casi llega a ser una Luna gigante, en 2008, demostraron ser inofensivas.

El horizonte

Pero ¿cuál es el secreto para apreciar la belleza de la Luna este fin de semana?

"El mejor momento para verla es cuando esté cerca del horizonte. Ahí es cuando la ilusión se mezcla con la realidad para producir una vista realmente espectacular", indicó el experto de la NASA.

La Luna. Cortesía de la NASA

La Luna va a estar en la fase de Luna llena. Cortesía de la NASA.

Al verla de fondo -teniendo árboles, edificios u otros objetos en primer plano-, la Luna se ve poco natural.

"El globo hinchado saliendo por el este al atardecer podrá verse tan cerca que si uno extiende la mano cree que puede tocarlo", enfatizó Phillips.

Pero esa cercanía es pura ilusión, pues el lado perigeo de la Luna estará a unos 356.577 kilómetros de distancia de la Tierra.

"En promedio la distancia de la Luna en comparación con la Tierra es de 384.000 kilómetros", indicó Gómez.

Ahí, señalan los especialistas, es donde radica la belleza.

Fuente:

BBC Mundo

Radiación en el agua de Tokio y en algunos alimentos

Las autoridades han informado de que se ha detectado radiación en el agua corriente de Tokio y sus inmediaciones y en las prefecturas cercanas a la central de Fukushima-1.

En concreto, se han detectado pequeñas cantidades de yodo y de cesio radiactivo, según ha informado la agencia de noticias japonesa Kiodo citando al Ministerio de Educación, que asegura que los actuales niveles de radiación no afectan a la salud humana.

Las autoridades japonesas han ordenado interrumpir la venta de todos los productos alimentarios procedentes de la prefectura de Fukushima, según ha informado la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA).

Las autoridades habrían detectado altos niveles de radiación en análisis de alimentos procedentes de la región donde se encuentra la central nuclear de Fukushima-1 realizados entre el 16 y el 18 de marzo. En concreto, ha aparecido yodo radiactivo. "Hasta ahora no se ha detectado ningún otro isótopo", indica la AIEA.

Este yodo radiactivo tiene una prevalencia corta, de unos ocho días, tras los que su radiactividad comienza a declinar en un proceso que puede durar varias semanas. "Sin embargo, existe un riesgo a corto plazo para la salud humana si el cuerpo absorbe el yodo radiactivo de estos alimentos", explica.

En respuesta, las autoridades han adoptado "dos medidas críticas". La primera fue la recomendación del 16 de marzo para que los evacuados procedentes de los alrededores de Fukushima-1 --en un radio de 20 kilómetros-- comenzaran a ingerir yodo estable, no radiactivo para "vitar la acumulación de yodo radiactivo en la tiroides".

La segunda es la difundida este sábado por la que se prohíbe la venta de alimentos procedentes de la prefectura de Fukushima. Esta información ha sido transmitida por la AIEA a la Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y a la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La radiación en los alimentos de varias prefecturas ha sido reconocida este sábado por el portavoz del Gobierno nipón, Yukio Edano, que ha asegurado que la leche procedente de la prefectura de Fukushima y las espinacas recogidas en la prefectura de Ibaraki presentan una radiactividad superior a lo estipulado por la Ley de Higiene Alimentaria de Japón, según la agencia de noticias oficial Kiodo.

Sin embargo, Edano aseguraba que los niveles de radiación no suponen un riesgo para la salud humana y pidió a la población que mantenga la calma ya que el consumo de leche contaminada durante un año equivaldría a la realización de un solo escáner de rayos X.

Las autoridades japonesas han ordenado interrumpir la venta de todos los productos alimentarios procedentes de la prefectura de Fukushima, según ha informado la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA).

"Una mejora gradual" en la central

Yukio Edano también ha informado este sábado de que el estado de la planta nuclear Fukushima-1, gravísimamente dañada tras el terrremoto y el tsunami registrados el pasado viernes en la costa nororiental de Japón, ha experimentado "una mejora gradual" pero su situación sigue siendo "impredecible".

Edano informó de que los reactores de las unidades 1 y 3 se han estabilizado gracias a las operaciones de refrigeración sobre los núcleos altamente radiactivos, que están desarrollando los efectivos presentes en la zona.

El agua de mar inyectada a alta presión sobre los reactores no ha impedido, sin embargo, que el reactor 1 presente una fusión parcial de su núcleo. Se teme que el número 3 pueda encontrarse en un estado similar, pero este punto todavía no se ha confirmado, según detalla la agencia de noticias oficial Kiodo.

Fuentes:

Levante EMV (España)


INFOBAE

Europa Press

BBC Mundo

ABC España

18 de marzo de 2011

De Fukushima a Hiroshima en "tren bala"


Una mujer con un niño a cuestas atraviesa un túnel en Kesennuma, en la prefectura de Miyagi.- S. YOKOYAMA (AP)

Mujeres con niños y estudiantes huyen al sur y llenan los trenes de la línea que acaba en la simbólica ciudad.

El miedo a la radiactividad, a los terremotos, a los cortes de luz, a la escasez y, en definitiva, a un mundo distinto del que estaban acostumbrados a vivir, empuja sobre todo a los japoneses que tienen niños pequeños a huir del noreste del país, escenario de la catástrofe que comenzó el viernes pasado con un terremoto, prosiguió con un devastador tsunami y terminó por desatar una catástrofe nuclear en la central de Fukushima, 240 kilómetros al norte de Tokio.

Quien estos días tome alguno de los shinkansen (tren bala), que cada pocos minutos atraviesan Japón del noreste al suroeste, no se creerá que este país tiene uno de los índices de natalidad más bajos del mundo -1,2 hijos por mujer- ni que la población comenzó a decrecer en 2007. Desde entonces se ha reducido en unos 700.000 habitantes, y si no lo ha hecho más es porque la sociedad japonesa es la más longeva del mundo.

Según las autoridades locales, muchos de los 15.000 muertos y desaparecidos por el tsunami que arrasó cientos de kilómetros de la costa japonesa han sido ancianos que vivían solos. En la actualidad, el 21,3% de los japoneses tiene más de 65 años.

"Los niños están muy inquietos. Desde el viernes pasado no dejan de sonar las alarmas de terremoto [en los móviles y en la televisión] y yo estoy preocupada por la radiación. No podía soportar Tokio", dice Mariko, quien con sus dos hijos, el mayor de cuatro años y el pequeño de nueve meses, ha aceptado la invitación de una amiga que vive en Nara, cerca de Osaka. Para Mariko ha sido fácil: no trabaja, lo dejó durante su primer embarazo, y el hijo mayor aún no va al colegio. El marido se ha quedado en Tokio: "Él no tiene miedo y tampoco tiene vacaciones".

El shinkansen es habitualmente muy silencioso, pero ahora, con tanto niño, parecen animarse unos a otros y las risas, los llantos y hasta los gritos -impensables hace unos años- salpican el aire y rompen la tensión que se respira entre los adultos. "Creo que nos quedaremos en Nara dos semanas. Confío en que para entonces no haya radiactividad y disminuya la actividad sísmica", señala.

En un país donde los extranjeros apenas suponen el 2% de la población, también es excepcional la cantidad de europeos, asiáticos y americanos que estos días llenan los trenes. Muchos de los que ayer se bajaron en Osaka, camino del segundo aeropuerto internacional de Japón -el de Tokio está colapsado-, también eran familias con niños.

Muchas multinacionales han instado a sus expatriados a salir de Japón. Francia ha sido el primer país en recomendar a sus ciudadanos que abandonen Tokio. España ha recomendado a los suyos que se alejen 120 kilómetros de Fukushima. Japón, pese a la alta radiactividad que desprende la central, mantiene la exclusión en torno a la central en 20 kilómetros a la redonda.

En el shinkansen viajan también muchos universitarios, como Masako Kato, de 22 años y estudiante de segundo de Derecho en la Universidad tokiota de Chuo. En Japón, las vacaciones de invierno para los universitarios duran dos meses, febrero y marzo, por lo que muchos han aprovechado para escapar al sur. Masako va a visitar a sus abuelos, que viven en Himeji, una ciudad cercana a Kobe.

Aunque es muy joven, Masako ya ha vivido las dos peores experiencias sísmicas de Japón en un siglo: la del viernes pasado y la de 1995. Entonces vivía con toda su familia en Himeji y la tierra tembló en Kobe, en una brutal sacudida telúrica que mató a 6.400 personas y retorció puentes y edificios como si fueran churros. "A mí me da miedo la radiación, pero mucho más los terremotos. Fukushima se encuentra a 240 kilómetros de Tokio y no creo que la radiactividad alcance la capital. Me voy a Himeji porque con todas las alarmas de terremoto de estos días, te ahoga la sensación de que de un momento a otro la tierra va a comenzar a moverse hasta tragarte", dice.

A 300 kilómetros por hora, el shinkansen atraviesa túneles, valles y puentes y ha dejado a la gran mayoría de sus pasajeros antes de llegar a la estación final: Hiroshima (Hirodennishihiroshima o estación de Hiroshima), una ciudad de más de un millón de habitantes marcada por la tragedia de haber sido la primera en experimentar el horror de una bomba atómica, en 1945.

En Hiroshima murieron unas 140.000 personas y otras 300.000 resultaron heridas o fueron víctimas posteriores de un veneno desconocido hasta entonces: la radiación.

Fuente:

El País Internacional

Lea también:

Veteranos de Hiroshima ven horror situación de Fukushima

Radiactividad: El enemigo invisible




La radiactividad

La radiactividad puede considerarse un fenómeno físico natural por el cual algunos cuerpos o elementos químicos, llamados radiactivos, emiten radiaciones que tienen la propiedad de impresionar placas fotográficas, ionizar gases, producir fluorescencia, atravesar cuerpos opacos a la luz ordinaria, etc. Debido a esa capacidad, se les suele denominar radiaciones ionizantes (en contraste con las no ionizantes). Las radiaciones emitidas pueden ser electromagnéticas, en forma de rayos X o rayos gamma, o bien corpusculares, como pueden ser núcleos de helio, electrones o positrones, protones u otras. En resumen, es un fenómeno que ocurre en los núcleos de ciertos elementos, que son capaces de transformarse en núcleos de átomos de otros elementos.

La radiactividad se aprovecha para la obtención de energía nuclear, se usa en medicina (radioterapia y radiodiagnóstico) y en aplicaciones industriales (medidas de espesores y densidades, entre otras).

La radiactividad puede ser:

  • Natural: manifestada por los isótopos que se encuentran en la naturaleza.
  • Artificial o inducida: manifestada por los radioisótopos producidos en transformaciones artificiales.

Contaminación radiactiva

Se denomina contaminación radiactiva o contaminación radioactiva a la presencia no deseada de sustancias radiactivas en el entorno. Esta contaminación puede proceder de radioisótopos naturales o artificiales.

La exposición de radiaciones ionizantes en el aire se mide en roentgen. Esta unidad se define

como la cantidad de radiación capaz de producir un número dado de iones o átomos cargados eléctricamente en una cantidad determinada de aire bajo condiciones fijas.

El rad es la unidad de medida depósito de energía por la radiación en una cantidad de masa y equivale a 100 ergios por gramo. El equivalente biológico rem es la radiación que produce sobre el ser humano el mismo daño que un rad de rayos X y se utiliza como medida de los efectos biológicos de la radiactividad.

Los límites de aceptación de radiactividad por el cuerpo humano sin daño se sitúan en torno al medio rem por semana. La tolerancia de radiactividad varía levemente entre distintos organismos, aunque una dosis generalizada de cientos de rem ocasionan siempre graves lesiones e incluso la muerte.

Esta breve reseña apareció en el diariom ABC de España:

No se ve como las balas en medio de una batalla ni se huele como un escape de gas. Tampoco se siente como la venenosa picadura de una serpiente. Pero su daño se mantiene durante años... si no llega a ser letal. Usted puede pasearse por una zona altamente radiactiva como la central japonesa de Fukushima y el cuerpo no se inmuta en ese momento. Ni un mínimo cosquilleo, una erupción cutánea o una señal de que algo va mal. Hasta que unos días después, o quizás años, salta la voz de alarma que confirma que se había topado de lleno con la silenciosa amenaza.

"Siempre te das cuenta en diferido", detalla Eduardo Rodríguez-Farré, radiobiólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), quien estos días mira con preocupación hacia Japón y las posibles consecuencias que el escape nuclear tendrá en la población. "Todo esto puede ser peor o igual que Chernóbil, pero tardaremos meses en saberlo al estar minimizándose los datos. Aun así, seguro que en unos años se seguirá hablando de esto", matiza el experto.

Él lo tiene claro: "Si estuviera allí, me iría". Autor de varios estudios sobre los efectos del desastre ucraniano y del de Palomares, el científico entiende perfectamente la postura tomada por parte de los corresponsales de la prensa extranjera pese a que la población nipona respire tranquilidad. Algunos periodistas han optado por evitar el riesgo de acercar sus micros y cámaras a la central nuclear, donde ya dos fotógrafos se expusieron a niveles de radiación superiores a los normales, aunque aseguran que no fueron perjudiciales para la salud.

"Ni encerrado te libras"

Curtidos en guerras, conflictos y desastres naturales, para los reporteros la crisis nuclear está siendo más dura de capear de lo esperado. ¿Cómo informar con un peligro que no sienten y del que no se pueden camuflar? Es el pánico a lo invisible. La única ayuda: aparatos para medir la radiactividad y fármacos para contrarrestar sus efectos. Pero ni por esas. "Encerrado durante días en una habitación no te vas a librar de la amenaza", matiza el científico del CSIC. Los radioelementos se dispersan por el ambiente en función de la climatología, de ahí que puedan llegar muy lejos. A muchos kilómetros. Muchos más del cerco fijado en 80 kilómetros o de los 400 donde se ha atrincherado buena parte de la prensa internacional. "Chernóbil llegó hasta el Ártico por un lado y al borde de España por otro", recuerda Rodríguez-Farré casi 25 años después de aquella tragedia.

Por eso la histeria se ha extendido a los Estados Unidos. "En los últimos tres días hemos vendido más pastillas de yodo que en los últimos tres años", comenta Jim Small, presidente de Recipharm, compañía sueca que es la mayor distribuidora de yoduro potásico en América, fármaco que ayuda a evitar los daños en el tiroides. En España también hay un buen aprovisionamiento de este medicamento debido a las centrales nucleares existentes: 862.339 cápsulas de tabletas de yodo y 17.480 dosis infantiles, según el Gobierno. Aunque los especialistas recalcan que los efectos de la radiactividad de Fukushima no llegarán a nuestro país, muy pocos se atreven a vaticinar cuál será el saldo final de este enemigo invisible.

Fuente:

ABC España

Claro que el japonés llora (pero no en público)

Hace un par de días publicamos en Conocer Ciencia un artículo que, originamente apareció en el diario El Mundo (España) y cuyo título era ¿Por qué lo japoneses no lloran? El autor de la nota extiende su artículo para superar algunos pobles malos entendidos.


Una mujer japonesa, ante la tragedia.| Asahi Shimbun/Reuters

Una mujer japonesa, ante la tragedia.| Asahi Shimbun/Reuters


Claro que el japonés llora (pero no en público)

Miguel A. Cristóbal Carle (*) | Madrid

Aunque pocas, he recibido algunas criticas a mi artículo '¿Por qué no lloran los japoneses?'. En todos los casos, creo que se han malinterpretado mis palabras y quisiera pedir perdón a aquellas personas que se han sentido ofendidas ya que pienso que no me han entendido.

En primer lugar, pienso que ninguna cultura es mejor que otra. Las culturas son diferentes, las mamamos desde que somos pequeños y asumimos sus reglas como parte de nosotros mismos. Por ello, porque nos parece lo "normal" dije en mi artículo que se esconden de uno mismo y a veces, los que vienen de fuera nos hacen notar cosas que para ellos resultan extrañas y que para los miembros de esa cultura no lo son. No es la población la que se esconde, como alguien ha malinterpretado, sino la cultura la que se esconde de uno mismo.

Quiero expresar también mi más sentida preocupación ante la situación en Japón. No creo que nadie en su sano juicio no esté horrorizado ante los acontecimientos. En ningún momento he dicho que "la situación sea esperable" como se me crítica. Lo que es esperable es que culturalmente no se enseñe la desgracia ni el dolor porque eso sólo perjudica a los que nos rodean. Creí haberlo dejado claro. Lo que estamos observando es un ejemplo de civismo y solidaridad de una cultura admirable.

Creo haber dejado claro que el japonés siente. El sentimiento claro que está presente. El japonés es cálido como el español, pero mucho más respetuoso hacia quienes le rodean. Mi afirmación se refiere a qué siente por dentro. Claro que llora pero no en público, no para la televisión. Eso sólo como dice algún critico por respeto al otro.

Estoy totalmente de acuerdo con que los japoneses están dando una lección de cómo se deben aceptar las desgracias y reponerse a ellas con entereza. Es admirable y muy distinto al comportamiento que han mostrado otras culturas o personas en momentos difíciles.

Por último, si alguien se ha sentido ofendido, mis más sentidas disculpas. Nada más lejos de mis intenciones que faltar el respeto a cualquier cultura.

(*) Miguel A. Cristóbal Carle es psicólogo y experto en formación cross-cultural con más de 20 años de experiencia. Es también socio fundador de Healthy Work.

Fuente:

El Mundo Ciencia

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