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30 de enero de 2011

El lenguaje informático Cobol revive medio siglo después

Mientras aumentan los idiomas binarios disminuyen los hablados - El código reservó dos dígitos para las fechas, lo que causó la alarma de 2000.

Cobol revive medio siglo después de su nacimiento. Se acaba de actualizar con Visual Cobol. Nacido en 1960, Cobol fue el primer lenguaje informático pensado para empresas.


Cuando se plantea la necesidad de desarrollar una nueva aplicación informática, una de las primeras decisiones críticas se refiere al lenguaje de programación que se va a utilizar. Y no es una decisión fácil. Existen nada menos que casi un millar de lenguajes diferentes (según Wikipedia, 769, más unas cuantas docenas de opciones, extintas o simplemente olvidadas).

Como comparación, el número de lenguas habladas es en torno a 6.900, según Ethnologue, pero en alarmante disminución. Los lingüistas más optimistas opinan que a final de siglo quedarán la mitad; según los pesimistas, apenas serán 600.

Los nombres de algunos lenguajes informáticos resultan incluso más familiares que los humanos. Alguien ha oído hablar de Basic o Java, pero nadie del bikya, idioma que habla -o hablaba- una persona de Camerún.

Cierto es que otras lenguas informáticas son ensaladas de siglas: SNUSP, Occam-Pi, Not Quite C... Y alguno hay que cuya sola mención -y no digamos su sintaxis- denota cierto nivel de freakismo. Por ejemplo, un invento angloaustraliano llamado SPL (Shakespeare Programing Language), que se caracteriza por manejar código fuente "hermoso". Parece el texto de una obra de teatro recién salido de la pluma del propio William.

Pero la mayor parte del trabajo comercial se desarrolla utilizando un puñado de lenguajes, establecidos como estándares. De un tiempo a esta parte han proliferado aquellos cuyo nombre empieza por "Visual...": Visual Basic, Visual C, Visual Java, Visual Objects... Curiosamente, entre ellos no figuraba ningún Visual Cobol. Hasta ahora en que se anuncia una nueva reencarnación de este producto (www.microfocus.com).

Las nuevas generaciones de programadores pueden considerar al Cobol una rareza arqueológica, puesto que su aparición se remonta a 1960. Fotran y Cobol fueron los primeros lenguajes de programación disponibles en lo que entonces era el exclusivo mundo de las grandes máquinas. Fotran iba dirigido a la comunidad de científicos y matemáticos; Cobol (Common Bussiness Oriented Language) estaba orientado a aplicaciones financieras y empresariales: nóminas, cálculos actuariales, gestión de ventas y aprovisionamientos, por ejemplo.

Estos lenguajes -y todos los que les siguieron- tenían el objetivo de simplificar las tareas de programación. Hasta entonces, ese era un trabajo lento, tedioso y muy propenso a errores, puesto que los programadores debían escribir en el único dialecto que la máquina comprendía: abreviaturas crípticas o interminables ristras de números.

Ha pasado medio siglo. Docenas de nuevos lenguajes han nacido y desaparecido, pero Cobol sigue presente, sobre todo en los sistemas informáticos de las grandes corporaciones. Se estima que en todo el mundo hay escritos unos 300.000 millones de líneas de código Cobol. Si las imprimiésemos producirían una montaña de papel de más de 600 kilómetros de altura.

Los programas Cobol están presentes de alguna manera en el 80% de sistemas empresariales. Gestionan cajas registradoras, contabilidades bancarias, nóminas de multinacionales, hospitales, sistemas logísticos o simples llamadas de telefonía celular. No hay actividad económica de cierto volumen que no dependa de estas aplicaciones.

Basta recordar la ola de aprensión que desencadenó hace años el famoso Efecto 2000. Tenía su causa en que el Cobol original, avaro con la escasa memoria disponible en los primeros equipos, había reservado sólo dos dígitos para guardar el año en todas las fechas.

Al "dar la vuelta al cuentakilómetros" de los años se corría el riesgo de que el "00" provocase un caos informático puesto que nadie sabía a ciencia cierta cuántos programas ejecutarían cálculos erróneos al confundir el 1900 con el 2000. Eso exigió una masiva campaña mundial de revisión de software (y una nueva versión de Cobol) antes de llegar a la fecha fatídica. Al final, los desastres vaticinados, desde aviones estrellados hasta nucleares fuera de control, nunca llegaron a ocurrir.

Con semejantes antecedentes, es comprensible que uno se lo piense dos veces antes de jubilar una aplicación que funciona sustituyéndola por otra escrita en lenguajes más modernos, por grandes que sean las ventajas que esta ofrezca.

El resultado es que muchas empresas siguen basando el núcleo de sus operaciones en código que fue escrito hace mucho tiempo. Algunos de sus autores llevan ya años jubilados, mientras las nuevas promociones de programadores Cobol -varios cientos de miles en todo el mundo- siguen adaptando esos venerables programas a las nuevas necesidades: entornos gráficos, Internet, almacenamiento en la nube...

Para ser un lenguaje que algunos califican de obsoleto, al año se siguen escribiendo 5.000 millones de líneas en Cobol, una actividad que para sí la quisieran las 500 lenguas en peligro de extinción.

Fuente:

El País Tecnologîa

Las palabras más largas son las más informativas

En cuestión de palabras, el tamaño sí importa. Eso es lo que asegura una investigación del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), en EEUU. El investigador Steven T. Pintadosi y su equipo creen que el factor más importante a la hora de predecir la longitud de una palabra es su carga informativa. Es decir, a mayor cantidad de matices, más sílabas, como por ejemplo en el caso de 'negro' y 'negruzco'. Este estudio supone una firme alternativa a la teoría tradicional, que sostiene que el tamaño de las palabras tiene más que ver con la frecuencia con que las utilizamos.



Hace más de 50 años, el lingüista de Harvard George Kinglsey Zipf argumentó que si una palabra es más corta que otra, lo más probable es que se deba a que también es más habitual. ¿El motivo? La búsqueda de la eficiencia comunicativa: decir más con menos. Sin embargo, la teoría de Zipf no tiene en cuenta el contexto que rodea a las palabras en una frase.

Para intentar suplir esta laguna, los investigadores del MIT han elaborado una teoría alternativa según la cual las palabras está más determinado por la cantidad de información que una palabra aporta dentro de su contexto que por su frecuencia de uso.

La nueva teoría

Los investigadores trabajaron con palabras de 11 idiomas distintos que encontraron en el buscador Google. Las lenguas objeto del estudio fueron inglés, alemán, holandés, checo, francés, italiano, polaco, portugués, rumano, español y sueco.

Como resultado de la investigación -y contradiciendo a Zipf- nuestro léxico no sería el más conciso de los posibles porque no acorta las palabras más informativas (poca eficiencia comunicativa). Asimismo, los investigadores también creen que las sílabas más informativas duran más porque el propio lenguaje se modula para evitar comunicar demasiado en poco tiempo.

Matemáticas para medir palabras

Los investigadores sostienen que la cantidad de información contenida en una palabra depende de su contexto y por eso para elaborar su teoría utilizaron dos variables que llamaron C (contexto) y W (‘word’, palabra en inglés). Esas dos variables se juntan en un punto P. Finalmente, se obtiene una ecuación que serviría para predecir la longitud de cada palabra.

Uno de los problemas metodológicos a los que los expertos tuvieron que hacer frente es que el contexto se compone de muchos factores, pero para acotar el experimento sólo tuvieron en cuenta palabras cercanas en el mismo discurso. Además, también hay diferentes maneras de medir la longitud de una palabra, pero los investigadores se limitaron a su longitud ortográfica porque suele coincidir con la fonética y con el tiempo que tardamos en pronunciarlas. En el caso del inglés, alemán y el holandés tomaron en cuenta el número de fonemas y de sílabas.

Partiendo de esta base, los investigadores del MIT calcularon para cada idioma la correlación entre contenido informativo y longitud, así como entre frecuencia y longitud con la ayuda del llamado coeficiente ente de correlación de Spearman -que relaciona dos variables aleatorias continuas-. Para ello, trabajaron con tres bloques de palabras, cada uno con vocablos más largas que el anterior y comprobaron que, a medida que las palabras aumentaban de tamaño, su cantidad de información también.

Para asegurarse de que los resultados del estudio no estaban condicionados por la base de datos de Google, los investigadores volvieron a hacer este estudio –esta vez sólo con el idioma inglés- utilizando el Corpus Nacional Británico (BNC, por sus siglas en inglés

Fuente:

El País Ciencia

28 de enero de 2011

El primo que nunca bajó de los árboles

Hace póco, Conocer Ciencia informó sobre el genoma del orangután. Conzcamos más a estas fascinantes criaturas.



Los malayos que acuñaron la palabra orangután sabían lo que hacían. El vocablo significa hombre del bosque y ahora su genoma casi completo, desvelado hoy, confirma una gran cercanía entre ambas especies.

El humano moderno y su primo más lejano en el selecto club de los homínidos vivos comparten el 97% de su genoma, según la nueva secuencia completa del orangután, en la que se ha analizado a 11 especímenes de las islas de Sumatra y Borneo, los dos únicos reductos en los que aún viven estos simios que antaño se extendían por amplias zonas de Asia.

Los autores que han descifrado su código genético esperan que el trabajo sirva para desvelar qué nos hace humanos, pero también para diseñar planes de protección que no conviertan al orangután en una especie con genoma, pero sin vida. "Es difícil saber si este estudio salvará a los orangutanes que quedan, porque no depende tanto de la ciencia como de decisiones políticas y económicas", explica a Público Arcadi Navarro, investigador del Instituto de Biología Evolutiva (UPF-CSIC) y coautor del trabajo, que publica hoy Nature. Al contrario que los chimpancés o los humanos, el orangután sigue pasando la vida colgado de los árboles, de los que depende para sobrevivir. Su hábitat se ha reducido en ocasiones hasta un 70% debido a la tala de árboles para establecer cultivos. En Sumatra quedan unos 7.000 ejemplares, y en Borneo, unos 40.000. Ambas poblaciones están en peligro de extinción.

Evolución lenta
El nuevo genoma, que ha necesitado el trabajo de 101 científicos durante tres años, aporta un 98,5% del genoma de la especie y ha costado unos 20 millones de dólares (15 millones de euros), explica Devin Locke, investigador de la Universidad de Washington (EEUU) y uno de los coordinadores de este proyecto europeo y estadounidense.

Aunque el perfil genético es aún una maraña de datos casi incomprensible, ya se han detectado diferencias entre orangutanes y humanos. El ADN confirma que estos parientes pelirrojos y de largos brazos se separaron del linaje de chimpancés y humanos hace unos 14 millones de años, según Tomás Marquès-Bonet, genetista del Instituto de Biología Evolutiva de Barcelona (IBE) y coautor del trabajo.

La primera diferencia patente entre orangutanes, chimpancés y humanos, es que el genoma de los primeros es mucho más estable que el de los restantes. Esa diferencia puede ser hasta diez veces mayor en chimpancés y humanos que en orangutanes, apuntaMarquès-Bonet.

Al contrario que chimpancés y humanos, los orangutanes no bajaron de los árboles y se quedaron para siempre en Asia. Tal vez por eso son una especie única dentro de la familia homínida. Entre sus peculiaridades, explica Eudald Carbonell, codirector de Atapuerca, está que las hembras pasan cuidando a sus crías ocho años en exclusiva, sin tener más hijos, mientras los machos se desentienden de sus crías . Esto ralentiza el ritmo reproductivo, cambia la manera de socializar y podría explicar su "parsimonia evolutiva", como lo define el experto, que no ha participado en el estudio.

Lo que queda claro es que el nuevo genoma es un pozo lleno de preguntas, no de respuestas. "Con este trabajo hemos preparado una cartografía del orangután, un mapa para que otros puedan colonizar el territorio", apunta Navarro.

La tarea no será fácil. "Queda saber la lista de genes asociados al proceso cognitivo", opina Josep Call, un investigador español que estudia grandes simios en el Insituto Max Planck de Alemania y que no ha participado en el estudio. "Estamos lejos de establecer una conexión entre genoma y comportamiento", añade.

Una de las cosas que podrán desvelarse es si los cambios detectados entre chimpancés y humanos pertenecen a una u otra especie, o ya estaban presentes en sus ancestros comunes con los orangutanes. "Es la primera vez que podremos saber qué ha pasado en cada linaje", opina Marquès-Bonet. "Ahora empieza lo divertido; buscar lo que hasta ahora ha explicado nuestra humanidad", concluye el experto.

Fuente:

Publico España

Los humanos salieron de África antes de lo que se creía

Los seres humanos modernos podrían haber salido de África hasta unos 50.000 años antes de lo que se pensaba, sugiere un estudio.

Los investigadores descubrieron herramientas de piedra en la península arábiga que aseguran fueron hechas por humanos hace unos 125.000 años.

Las herramientas fueron desenterradas en el sitio de Jebel Faya en los Emiratos Árabes Unidos, según informa un equipo en la revista Science.

Los resultados son controvertidos: los datos genéticos apuntan fuertemente a un éxodo de África hace 60.000-70.000 años.

Simon Armitage, del Royal Holloway de la Universidad de Londres, Hans-Peter Uerpmann, de la Universidad de Tubinga en Alemania y sus colegas, descubrieron herramientas de piedra de 125.000 años de antigüedad en Jebel Faya que se asemejan a las que se encuentran en África oriental prácticamente en el mismo lapso.

Los autores del estudio dicen que la gente que hizo las herramientas eran recién llegados en la zona, originarios del otro lado del Mar Rojo.

Los investigadores fueron capaces de fechar las herramientas utilizando una técnica basada en la luz, que revela a los científicos cuando fueron enterrados los artefactos de piedra.

Genética cuestionada

Se cree que los llamados seres humanos anatómicamente modernos surgieron en algún lugar de África hace unos 200.000 años.

Más tarde se dispersaron migrando a otros continentes en los que desplazaron a los neandertales en Europa y el Denisovans en Asia.

El ADN del centro neurálgico de la célula —o genoma mitocondrial— puede ser utilizado como un "reloj" para reconstruir el calendario de las migraciones humanas.

Esto es porque el ADN mitocondrial (ADNmt) acumula mutaciones, o cambios, a una tasa conocida.

Los estudios de ADN mitocondrial o genoma mitocondrial sugirieron una fecha para el éxodo "Fuera de África" de hace 60-70.000 años.

Pero los científicos detrás del nuevo estudio argumentan que las personas que hicieron las herramientas en Jebel Faya hace 125.000 años son antepasados de los humanos que viven fuera de África en la actualidad.

El profesor Uerpmann dijo que las estimaciones de tiempo a partir de datos genéticos son "muy aproximadas".

"Se decía que el perro doméstico era de hace 120.000 años y ahora que es de hace 20.000. Se pueden imaginar qué tan variable es establecer una fecha genética," explicó.

Comentando sobre los resultados, el profesor Chris Stringer, un paleontólogo del Museo de Historia Natural de Londres, dijo: "Este trabajo arqueológico de Armitage y sus colegas proporciona pistas importantes de que los primeros humanos modernos podrían haberse dispersado desde África, a través de Arabia, hasta el Estrecho de Ormuz hace 120.000 años.

"Esta investigación aumenta la controvertida idea de que esas poblaciones podrían haber migrado aún más a través del sur de Asia, a pesar de que contrasten con los datos genéticos de que esos movimientos sólo se produjeron después de 60.000 años".

Lea el artículo completo en:

BBC Ciencia

Conozca más en: ABC de España

La explicación a la forma del caballito de mar



La extraña y hermosa forma de los caballos de mar ha fascinado al mundo durante siglos.

Ahora los científicos ya entienden porqué este pez inusual evolucionó hasta conseguir su cabeza de caballo y su forma de S.

Un estudio publicado en la revista científica Nature Communications muestra que, comparado con los peces aguja de cuerpo rectilíneo de los que evolucionaron, los caballitos de mar son capaces de atacar a una presa que se encuentra a una distancia mucho mayor.

La investigación concluye que las delicadas curvas del caballito de mar evolucionaron para ayudarle a cazar y alimentarse.

Tanto el caballo de mar como el pez aguja se alimentan de pequeñas criaturas marinas, atacándolas y absorbiéndolas con sus bocas.

Pero, al contrario que los pez aguja, que nadan al encuentro de su presa, los caballitos de mar se sientan y esperan a que su víctima pase por delante de ellos.

Sentarse y esperar

Sam Van Wassenbergh, de la Universidad de Amberes, en Bélgica, utilizó modelos matemáticos y filmaciones a alta velocidad par determinar que la curva de los cuellos de los caballos de mar les permitía atacar a una presa que estaba mucho más lejos que ellos.

"Rotan sus cabezas hacia arriba para situar su boca cerca de sus presas, pasando por encima", explicó el investigador.

El cuerpo curvado de estas criaturas permite que, cuando hacen esto, sus bocas también se mueven hacia delante lo que les permite alcanzar a pequeños crustáceos que pasan en ese momento a una distancia en la es más fácil absorberlos.

"Mi teoría es que existía este tipo de pez aguja ancestral que evolucionó a una forma de vida más críptica".

Este cambio de comportamiento para convertirse en un comensal que se "sienta y espera" significa que necesita capturar una presa que está mucho más allá.

Por eso se convirtieron en los caballitos de mar de forma de S, para poder hacer un mejor uso de sus cuerpos.

"Se pegan a las praderas marinas para esperar que su comida pase a una distancia en la que sea posibles capturarla", concluye.

Tomado de
BBC Ciencia

El lado oscuro de los antioxidantes


Durante años los medios de comunicación, las etiquetas de los alimentos y bebidas, los dietistas e incluso científicos que no están a la altura de su oficio nos han bombardeado con consejos para que consumamos suplementos de antioxidantes. Estas moléculas se encuentran de forma natural (aunque no sólo) en las frutas y verduras. Eliminan los radicales libres que, a su vez, son fracciones muy reactivas de moléculas que han sido señaladas como las responsables últimas del envejecimiento y de todo un abanico de enfermedades, desde el cáncer a las enfermedades coronarias. Por decirlo de forma contundente, el que les haga caso y consuma suplementos de antioxidantes está poco menos que suicidándose, si entendemos por suicidio cualquier acción realizada por una persona que acorte significativamente su vida. ¿Exagero? Comprobemos los datos.

En los últimos años se habían venido acumulando pruebas de que tomar suplementos de antioxidantes, incluso algunos tan aparentemente inocuos y comunes como las vitaminas C y E o el beta-caroteno, no es que no fuese beneficioso para la salud, sino que incluso podía ser perjudicial, aunque la causa tras la frase “parece incrementar la mortalidad” no estaba clara

Pero, ¿por qué los antioxidantes pueden ser tan peligrosos cuando se ingieren como suplemento? Una hipótesis es que, a altas dosis, los antioxidantes pasan a ser oxidantes creando los efectos sobre el ADN y las células en general que se supone que deberían evitar. Otra hipótesis, seguramente más probable, es que estaríamos ante la versión humana de lo que se está encontrando en los ratones de laboratorio, esto es, los antioxidantes interferirían en la acción de las células del sistema inmunitario que combaten el cáncer y la infección. Efectivamente, los enemigos, los pérfidos radicales libres, realizan funciones muy importantes en el organismo. La principal, luchar contra las toxinas (los leucocitos de la sangre segregan cantidades muy grandes de radicales libres para combatir las infecciones bacterianas) y luchar contra las células cancerosas.

Cuanto más avanza la investigación más dudas aparecen sobre los beneficios de los antioxidantes, y cada vez más concretas. Veamos unos ejemplos, sin ánimo de ser exhaustivos.

Lea el artículo completo en:

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