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3 de agosto de 2010

Como hacer un decantador casero

Ahora crearemos un decantador casero con materiales desechables. Vía Full Experimentos...

Objetivo:

Separar el agua del aceite, los cuales no se encuentran mezclados

Materiales:

  • Una madera de 10cm x 10cm
  • dos soportes verticales de 15 x 3cm
  • un triplay de 15 x 10cm
  • Una botella de plástico
  • Una jeringa

Fundamento teórico

ver ¿Que es la Decantación?

Procedimiento

1) Clava a los costados de la base de madera los soportes de madera

2) Haga un agujero sobre el centro de la base de triplay de un diámetro igual al cuello de la botella

3) Fija el triplay sobre los soportes verticales

4) Corte la botella de plásticos en dos partes: la base de la botella servirá como desaguadero donde se recibirá el liquido decantado. La otra parte de la botella servirá como recipiente decantador, para ello fíjalo a presión sobre el agujero practicado en el triplay.

5) En la tapa de la botella practícale un agujero del diámetro de la jeringa, de tal modo quela jeringa pueda atravesar y sostenerse sobre la tapa.

Funcionamiento:

1) prepara en un vaso una mezcla de agua y aceite y agítala bien

2) vierte la mezcla en la botella invertida y espera hasta que las dos partes estén separadas una de la otra.

3) El agua empezara a gotear, mas o menos lentamente en función del tamaño de la aguja hipodérmica.

4) Cuando acabe de caer el agua cambia de recipiente y así podrás a recoger el segundo liquido del recipiente, que en este caso seria el aceite.

Cómo una hambruna puede heredarse durante generaciones

Todos sabemos que, por mucho que nos pasemos el día en la sala de musculación del gimnasio, no por ello nuestros hijos heredarán músculos más grandes. Sin embargo, hay aspectos de la realidad que pueden influir tanto en nuestro ADN que finalmente nuestra descendencia, durante generaciones, quedará marcada por ello.

Aspectos como una hambruna severa.

La teoría del “fenotipo ahorrador” nació a partir de un estudio de 1989 realizado por un médico investigador llamado David Barker, que analizó el destino de más de 5.600 hombres nacidos entre 1911 y 1930 en seis distritos de Hertfordshire, en el sur de Inglaterra. Los individuos que, durante el parto y al año de vida, tuvieron un peso más bajo, de adultos tenían una tasa de mortalidad por cardiopatía isquémica más elevada.

Es decir, que parecía importar tanto o más tus condiciones al nacer que tu estilo de vida.

Lo que descubrió Barker fue la posibilidad de adaptación a la hambruna.

El cuerpo de un bebé malnutrido, que tiene la impronta de una experiencia prenatal, nace “esperando” un estado de carencia alimenticia a lo largo de su vida. El metabolismo del bebé se orienta a ser bajo, a ahorrar calorías y a evitar el ejercicio excesivo. Cuando, sin embargo, el bebé se encuentra con un periodo de abundancia, lo compensa creciendo con rapidez, pero de tal forma que supone un esfuerzo excesivo para su corazón.

Otro experimento accidental sobre este tema se produjo en la hambruna devastadoras de siete meses de duración que se produjo en Holanda durante la Segunda Guerra Mundial: se llamó el invierno del hambre. Más de 10.000 personas murieron de hambre.

Años después lo que más llamó la atención de los investigadores médicos fue el efecto que esa hambruna inesperada tuvo sobre los nonatos. Durante ese periodo de hambruna, unas 40.000 personas se encontraban en el seno materno, y todos los datos respecto al peso que tuvieron al nacer y a su salud posterior están registrados.

Los datos registrados fueron estudiados por investigadores de la Universidad de Columbia. Los únicos bebés que tuvieron bajo peso al nacer fueron los bebés que durante la hambruna se hallaban en el tercer trimestre de la gestación.

Esos bebés crecieron con normalidad pero más tarde padecieron diabetes, seguramente debida al desajuste producido entre su fenotipo ahorrador y la abundante y sabrosa comida del mundo de la posguerra. (…) Tuvieron a su vez bebés inusualmente pequeños.

Es decir, que lo que podría explicar que la tasa de mortalidad por enfermedad cardiaca es casi cuatro veces más alta en Finlandia que en Francia es que a los seres humanos les cuesta varias generaciones pasar del fenotipo ahorrador al opulento. En la década de 1870, el gobierno francés empezó a suplementar las raciones de las embarazadas después de la Guerra Franco-Prusiana.

En comparación, los finlandeses vivieron en la pobreza hasta hace cincuenta años. Quizá sean las dos primeras generaciones que experimentan la abundancia las que padecen enfermedades cardiacas.

Esto también explicaría que en Gran Bretaña, bien alimentada desde hace menos tiempo que EEUU, tenga tasas mortalidad por enfermedades cardiacas elevadas cuando en EEUU están disminuyendo.

Fuente:

Gen Ciencia

La verdad sobre el caso Roswell

Imagen de la película 'Alien Autopsy' | Ealing Studios

A veces, cuando desconfías de un hecho científico, vale la pena saber cómo empezó, de dónde salió y el tipo de pruebas y experimentos que tuvo que superar para llegar a ser aceptado por la comunidad científica. Y cuando lo recuerdas, te das cuenta de la lógica, de la evidencia y de la rigurosa puesta a prueba. Bien, ¿por qué los científicos no han (hemos, si me permitís) aceptado la existencia de los OVNIs? Hoy día, en la era de Internet y la telefonía móvil, hay gente con un desconocimiento casi total de la ciencia pero que sabe perfectamente lo que son los OVNIs. Incluso serían capaces de dibujarnos uno. No fallaría: con forma de “platillo”. Y si queremos saber cuándo fue la primera vez que se habló de forma seria de platillos volantes hemos de ir al 14 de junio de 1947, cerca de Roswell, Nuevo México.

Aquel día, el capataz del Rancho Forrester, situado a unos 120 kilómetros al norte de Roswell, observó una amplia zona llena de escombros a unos 11 kilómetros de la vivienda del rancho. Eran tiras de neopreno, cinta, láminas metálicas, cartón y pedazos de madera. No le dio importancia, pero unas semanas después oyó hablar de los primeros informes sobre paltillos volantes y se preguntó si aquello podía guardar alguna relación.

Regresó al lugar acompañado de su esposa y recogió unas cuantas de aquellas piezas. Al día siguiente le dijo en tono confidencial al sheriff de Lincoln County que era posible que hubiera encontrado piezas de algunos de aquellos “discos voladores” de los que hablaba la gente. El sheriff, a su vez, lo comunicó a la base aérea de Roswell y enviaron a un oficial de inteligencia, llamado Jesse Marcel, para que lo comprobara. El oficial consideró que los escombros parecían piezas de un globo sonda o de un reflector de radar. Metió todo aquello dentro del maletero de su coche y se lo llevó.

Supuesto platillo volante sobre Nueva Jersey en 1952

El asunto podía haber acabado aquí, pero al día siguiente la oficina de relaciones públicas del Campo de Aviación del Ejército de Roswell envió un informe a la prensa diciendo que el ejército se había apoderado de un disco volante gracias a la cooperación de un ranchero local y la oficina del sheriff. Inmediatamente, publicaron una rectificación describiendo los escombros como pertenecientes a un receptor radar estándar. Demasiado tarde. La noticia se había publicado en el Roswell Daily Record. Había nacido el “incidente Roswell“. A medida que pasaron los años, aquella rectificación acabaría pareciendo una tapadera.

No fue hasta 1978, unos treinta años después, cuando en el relato del incidente empezaron a aparecer “cuerpos extraterrestres” con grandes cabezas. Incluso uno había sobrevivido y el gobierno lo había mantenido oculto. La historia del comandante Marcel, de poner las piezas en el maletero de su coche, se había convertido en una importante operación secreta de del ejército para recuperar la presunta nave. Además, no había habido un incidente, sino tres.

Varios “investigadores” sobre OVNIs juntaron informes de uno y otro lado para crear el mito de un encuentro con extraterrestres. Según ellos, la verdad era demasiado espantosa como para divulgarla. Si las historias no encajaban, se retocaban; y si no se podía, se omitían. Al final, la línea entre hecho y especulación desapareció, el negocio editorial se puso en marcha y empezaron a aparecer programas de TV que se emitían como documentales de diversas cadenas como la NBC, CBS, CNN, etc. Ya se sabe que la pseudociencia siempre vende más que la ciencia.

El punto culminante llegó en 1995, cuando la cadena Fox TV emitió una película en blanco y negro de lo que se suponía era la autopsia realizada por el gobierno a uno de los extraterrestres. A pesar de que fue denunciada inmediatamente por los expertos como un evidente montaje, se dispararon los niveles de audiencia. Sólo tres años después, cuando los niveles de audiencia empezaron a descender, la Fox anunció que habían contratado a unos expertos para que la examinaran. Utilizando sistemas de ampliación de vídeo, llegaron a una terrible conclusión: la película era una estafa. ¿Creéis que los de la Fox se disgustaron por haber sido engañados? ¡En absoluto! Se jactaron y vanagloriaron de haber descubierto “uno de los mayores montajes de todos los tiempos”.

Lo que de verdad sucedió...

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Amazing (en español)

Dime qué idioma hablas y te diré cómo eres

Uno de los avances clave en años recientes ha sido precisamente la demostración de este enlace causal. Resulta que si se cambia la forma en que la gente habla, también cambia cómo piensa.


Por Lera Boroditsky, Dow Jones

Los idiomas que hablamos moldean nuestra manera de pensar? ¿Simplemente expresan nuestros pensamientos, o las estructuras de las lenguas (sin nuestro conocimiento ni consentimiento) dan forma a los mismos pensamientos que deseamos expresar?

Por ejemplo, en el poema infantil de Rafael Pombo La pobre viejecita, una parte dice: "Nunca tuvo en qué sentarse…". Esta pequeña frase deja ver cuán diferente es un idioma del otro. En español e inglés tenemos que indicar el tiempo del verbo. En este caso decimos "tuvo" en lugar de "tiene". En indonesio no hay necesidad (de hecho, no se puede) cambiar el verbo para marcar el tiempo.

En ruso se tiene que señalar el tiempo y el género; en turco tendría que incluir en el verbo la forma en que adquirió la información. Por ejemplo, si vio a la viejecita con sus propios ojos, usaría una forma de verbo, pero si sólo leyó o escuchó sobre ella, usaría otra forma.

La pregunta es si quienes hablan español, inglés, ruso, indonesio y turco ponen atención, entienden y recuerdan sus experiencias de forma diferente simplemente porque hablan un idioma distinto.

Estas preguntas abordan todas las principales controversias en el estudio de la mente, con implicaciones importantes para la política, las leyes y la religión. Aun así, hasta hace poco no se habían hecho muchos trabajos empíricos al respecto. La idea de que el idioma puede moldear el pensamiento fue considerada por mucho tiempo algo que no se podía probar y a menudo simplemente loca y errónea. Ahora, una ola de nuevas investigaciones científicas del conocimiento muestra que, de hecho, el idioma influye profundamente en cómo vemos el mundo.

Claro, no sólo porque las personas hablen diferente, piensan diferente. En la última década, los científicos han empezado a medir no sólo cómo habla la gente, sino cómo piensa, preguntando si nuestra comprensión de incluso dominios de experiencias fundamentales como espacio, tiempo y causalidad puede ser construida por el idioma.

Por ejemplo, los lenguajes indígenas en Pormpuraaw, una comunidad remota en Australia, no tienen términos como "izquierda" o "derecha". En cambio, utilizan los puntos cardinales absolutos, lo que significa que alguien puede decir "tiene una hormiga en su pierna sudoeste".

Casi un tercio de los idiomas del mundo (unos 7,000) depende de direcciones absolutas para espacio. Como resultado, los que hablan estas lenguas son asombrosamente buenos en orientarse y ubicarse, incluso en lugares poco familiares. Realizan hazañas de navegación que los científicos pensaban estaban por encima de las capacidades humanas. Esta es una manera fundamentalmente distinta de conceptualizar espacio según el idioma.

Las diferencias en la forma en que la gente piensa sobre espacio no terminan allí. Las personas dependen del conocimiento espacial para construir muchas otras representaciones complejas o abstractas, incluyendo tiempo, cantidad, tono musical, relaciones familiares, moralidad y emociones. Así que si los habitantes de Pormpuraaw piensan diferente sobre el espacio, ¿también lo hacen sobre otras cosas, como el tiempo?

Para descubrirlo, mi colega Alice Gaby y yo viajamos a Pormpuraaw y les dimos a los residentes un juego de imágenes que mostraba progresiones temporales (por ejemplo, fotos de un hombre en diferentes edades, o una banana que está siendo comida). Su trabajo era arreglar en el piso las fotos en el orden temporal correcto. Cada persona repitió el ejercicio desde un punto cardinal diferente. Cuando se hizo la prueba con personas que hablan inglés, ordenaron las imágenes de izquierda a derecha. Los que hablan hebreo lo hicieron de derecha a izquierda (el hebreo se escribe de derecha a izquierda).

En Pormpuraaw, las personas arreglaron las imágenes según el punto cardinal que estaban mirando. Por ejemplo, si miraban al sur las ordenaron de oriente a occidente (izquierda a derecha). Cuando miraban hacia el norte, las imágenes quedaron de derecha a izquierda. Mirando al oriente, las fotos quedaron ordenadas hacia su cuerpo, y así sucesivamente. Nunca les dijimos hacia qué dirección estaban mirando, pero no sólo ya lo sabían, sino que usaron espontáneamente esa orientación espacial para construir su representación del tiempo. Y en los idiomas del mundo existen muchas otras formas de organizar el tiempo. En mandarín, el futuro puede estar debajo y el pasado arriba. En el aimara, que se habla en los Andes, el futuro está atrás y el pasado al frente.

Además de espacio y tiempo, los idiomas también configuran cómo entendemos la causalidad. Por ejemplo, en inglés, los eventos son descritos en términos de agentes haciendo cosas "John rompió el florero", incluso para describir accidentes. Los que hablan español o japonés seguro dirán "se rompió el florero". Diferencias como estas tienen consecuencias profundas en la forma de entender los hechos, construir nociones de causalidad y agente, en los recuerdos como testigos y en la forma de culpar y castigar a otros.

Los patrones idiomáticos también configuran muchos otros dominios del pensamiento. Quienes hablan ruso, que hace una distinción adicional entre el azul claro y el oscuro, tienden a visualizar mejor los tonos de azul. La tribu Piraha en el Amazonas brasileño, cuya lengua evita palabras para expresar números a cambio de términos como "poco" o "mucho", no puede registrar cantidades exactas.

Claro, los idiomas son creaciones humanas, herramientas que inventamos y afinamos para que se ajusten a nuestras necesidades. Mostrar simplemente que quienes hablan idiomas diferentes piensan diferente no nos dice si es el idioma el que moldea el pensamiento o a la inversa. Para demostrar el papel causal del idioma, se necesitan estudios que manipulen directamente el lenguaje y busquen sus efectos en la cognición.

Uno de los avances clave en años recientes ha sido precisamente la demostración de este enlace causal. Resulta que si se cambia la forma en que la gente habla, también cambia cómo piensa. Si una persona aprende otro idioma, también aprende una forma nueva de ver el mundo. Cuando alguien bilingüe cambia de un idioma a otro, empieza a pensar diferente. Y si quita la habilidad de las personas de usar el lenguaje en lo que podría ser una tarea simple no lingüística, su desempeño puede cambiar radicalmente, algunas veces haciendo que parezcan tan inteligentes como un bebé.

Las nuevas investigaciones indican que los idiomas que hablamos no sólo reflejan o expresan nuestros pensamientos, sino que también configuran las ideas que deseamos expresar. Las estructuras que existen en nuestros idiomas marcan profundamente la forma en la que construimos la realidad.

Fuente:

El Períódico

Identifican los restos más antiguos conocidos de un perro doméstico

Un portavoz de la citada universidad informó hoy de que se trata concretamente de parte de la mandíbula superior de un can que fue encontrado en una cueva de Kesslerloch, en el cantón suizo de Schaffhausen.

El hallazgo paleontológico fue realizado en 1873, pero ha sido ahora cuando los arqueólogos y paleontólogos alemanes Hannes Napierala y Hans-Peter Uerpmann han identificado los restos como del perro más antiguo del mundo.

Según los análisis, la mandíbula tiene una antigüedad de entre 14.100 y 14.600 años, un tiempo en el que los hombres primitivos eran cazadores y recolectores.

Los dos expertos basan su análisis a la hora de identificar los restos del animal como los de un perro en el hecho de que sus colmillos son apreciablemente más pequeños que los de los lobos primitivos, hallados también en la misma cueva.

Diferencias apreciables se pueden observar también en el resto de los dientes y la forma de la mandíbula, señalaron desde la universidad alemana, cuyos expertos subrayaron que sigue abierta la cuestión sobre el momento en el que el hombre domesticó por primera vez un lobo.

Napierala y Uerpmann consideran que el hallazgo confirma que la domesticación del perro se encontraba ya muy avanzada hace 14.000 años.

Ambos señalaron, según la universidad, que, aunque los estudios genéticos de restos paleontológicos conducen a pensar que el origen del perro pudo estar en China, no es descartable que su domesticación tuviera lugar en distintos puntos del planeta con independencia unos de otros.

Fuente:

ABC

¿Cómo usarías una bomba atómica contra Japón?

A través de Ptak Science Books me entero de que hace 65 años a los científicos que trabajaban en el Proyecto Manhattan les preguntaron por cómo deberían usarse las armas atómicas en la guerra contra Japón. ¿Tu qué hubieras contestado?

¿Cuál de estas cinco opciones es la más similar a su elección de uso de algún arma nuclear en la guerra contra Japón?

Consulta los resultados

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¿Cómo usarías una bomba atómica contra Japón?Publicados los resultados por Alice Kimball Smith en el número de octubre de 1958 de la revista Bulletin of the Atomic Scientists, podemos ahora comparar cómo se ven las cosas 65 años y 220.00 muertos después:

  • Usarla al mínimo coste de vidas estadounidenses: 15%.
  • Demostración en Japón: 46%.
  • Demostración en EE.UU.: 26%.
  • Avisar a Japón sin usarla militarmente: 11%.
  • Ni usarla ni contarlo: 2%.

¿Ha cambiado nuestra visión de las cosas?, ¿qué os parece?

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Fuente:

Cuánta Ciencia!

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