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20 de julio de 2010

12 mitos sobre el SIDA y los drogadictos

Martes, 20 de julio de 2010

12 mitos sobre el SIDA y los drogadictos




Steffanie Strathdee, de la Universidad de California, Chris Beyrer, de la Escuela Bloomberg de Salud Pública de la Universidad Johns Hopkins, y otros desmontan hoy en la edición digital de la prestigiosa revista médica The Lancet doce mitos asociados al VIH/sida y los toxicómanos. Las falsas ideas son:

1. Los consumidores de drogas no son disciplinados.

2. Los consumidores de drogas no responden tan bien a los antirretrovirales como los no toxicómanos.

3. Los consumidores de drogas son difíciles de estudiar y tienen bajas tasas de permanencia en los proyectos de investigación. La realización de estudios prospectivos con ellos es difícil o imposible.

4. Los consumidores de drogas están más preocupados por colocarse que por la seguridad a la hora de inyectarse.

5. Los consumidores de drogas no practican mucho el sexo; su riesgo de contraer el VIH se debe casi siempre o siempre al uso compartido de agujas.

6. Si los usuarios de drogas siguen siéndolo, es casi inevitable que se infecten por el VIH.

7. A diferencia de homosexuales y los trabajadores sexuales, los usuarios de drogas no tienen comunidades fuertes, por lo que las intervenciones de la comunidad es poco probable que el trabajo.

8. Las tasas de consumo de drogas son, en Estados Unidos y otros países industrializados, más altas entre las minorías.

9. Los programas de intercambio de jeringuillas fomentan el uso de drogas.

10. El tratamiento con metadona sólo supone cambiar una droga por otra.

11. Las personas que usan estimulantes son todos usuarios fuera de control que no van a cambiar sus conductas de riesgo.

12. El miedo es un medio eficaz de disuasión frente al consumo de drogas

Fuente:

Magonia

El parche que reemplazará las inyecciones


Martes. 20 de julio de 2010

El parche que reemplazará las inyecciones

El miedo que la mayoría tiene a las agujas de las inyecciones está a punto de pasar a la historia

Un parche que se coloca en la piel y suministra una vacuna sin necesidad del doloroso pinchazo de una aguja fue desarrollado por científicos en Estados Unidos

Agujas microscópicas del parche (Imagen: Sean Sullivan)

Las agujas miden 650 micrómetros y se disuelven en la piel al hacer contacto.

Según los investigadores, el parche -que cuenta con cientos de agujas microscópicas que se disuelven en la piel- demostró mejorar la efectividad de inmunizaciones como la influenza.

Las pruebas llevadas a cabo con ratones mostraron que la tecnología puede producir una mejor respuesta inmune que una vacuna convencional.

Según los científicos, que publican el avance en la revista Nature Medicine, el parche podría eventualmente permitir que la gente se inocule a sí misma, lo cual podría ayudar a prevenir muchas enfermedades y salvar vidas.

Mejor inmunización

La tecnología, desarrollada por investigadores de la Universidad de Emory y el Instituto de Tecnología de Georgia, contiene 100 "microagujas" que miden solo 650 micrómetros (0.065 milímetros) de largo.

Éstas están diseñadas para penetrar las capas superiores de la piel disolviéndose al hacer contacto.

Para probar la tecnología los investigadores cargaron las agujas con una vacuna de influenza.

Un grupo de ratones recibió la inoculación utilizando agujas hipodérmicas tradicionales y otro grupo fue inoculado con el parche.

Un tercer grupo de animales recibió un parche que no tenía compuesto activo.

Tres meses después, cuando los animales habían sido infectados con el virus de gripe, el equipo descubrió que el parche produjo una respuesta inmune más efectiva que la inoculación estándar.

"La piel es un sitio particularmente atractivo para la inmunización porque contiene una abundancia de tipos celulares que son importantes para generar una respuesta inmune a las vacunas", explica el profesor Richard Compans, de la Universidad de Emory.

Según los científicos, si se demuestra que el parche es efectivo en las pruebas con humanos, esto podría significar el fin de la necesidad de entrenamiento médico para suministrar vacunas.

Además, la tecnología podría convertir a la inmunización en un procedimiento indoloro que la gente podría llevar a cabo sola.

También simplificaría los programas de vacunación a gran escala durante una pandemia y eliminaría los temores del uso estéril aguas hipodérmicas y el problema de su desecho.

Lea el artículo completo en:

BBC Ciencia & Tecnología

¿Qué le ocurre al organismo cuando ni recibe alimento?


Martes, 20 de julio de 2010

¿Qué le ocurre al organismo cuando ni recibe alimento?




Cuando una persona pasa por un estado de ayuno, el organismo pondrá en marcha diferentes mecanismos para seguir suministrando combustible a los órganos a pesar de que desde el intestino no se suministra combustible ¿Cómo son esos mecanismos de respuesta?

La primera respuesta del organismo va a ser mantener la glucemia de forma constante. La glucosa es el primer combustible del organismo y sólo el cerebro, consume una cantidad que está sobre los 120 gramos diarios y los debe de recibir de una forma constante, pero sin producirse excesos de glucosa ni ausencia de la misma.

Para intentar mantener esta glucemia, la hormona peptídica glucagón va a estimular la degradación de glucógeno en el hígado y en el músculo (se consumirá en el propio músculo), activando una enzima denominada glucógeno fosforilasa.

¿Por qué el glucógeno? El glucógeno es un polisacárido de reserva energética, que forma cadenas ramificadas de glucosa y que es soluble en agua. Además, tiene una movilización relativamente sencilla, lo que permite que sea el primero en movilizarse y ser asimilado por diferentes tejidos.

De esta forma, la acción del glucagón va a provocar que se sintetice glucosa en el hígado que es enviada a la sangre para que sea exportada a otros órganos donde sea necesaria. Sin embargo, este proceso sólo puede durar entre 12 y 24 horas en función de las reservas de cada persona.

No es suficiente

Cuando se acaban las reservas de glucógeno, el organismo emite una señal, para estimular la formación de glucosa (gluconeogénesis) a partir de precursores no glucídicos como:

- Lactato procedente de la fermentación láctica en el músculo.

En las células musculares, el glucógeno se degrada para producir glucosa y como resultado además de la producción energética se forma Piruvato que mediante una fermentación láctica se transformará en Lactato en las fibras blancas del músculo y por los eritrocitos.

Posteriormente mediante el Ciclo de Cori, el lactato es transportado hasta el hígado dónde se va a convertir a Piruvato, que servirá como sustrato para producir glucosa que es enviada a los tejidos no hepáticos.

- Glicerol y Acetil-CoA procedentes de la degradación de Triacilgliceroles.

Al mismo tiempo que ocurre esto, el glucagón activa un receptor de la Adenilato Ciclasa y producirá una casacada de reacciones para fosforilar una proteína quinasa A. La proteína quinasa A, va a activar una Lipasa Sensible a Hormonas (LSH) que va a catalizar la degradación de triacilgliceroles hasta un glicerol final pero con la producción de 3 ácidos grasos en esa reacción que es ayudada por una monoacilglierol lipasa final.

El glicerol y los ácidos grasos finales, pasarán al hígado dónde van a ser metabolizados y distribuidos en función de las necesidades. Por una parte, van a ser el principal combustible del músculo y por otra parte, van a ser degradados hasta cuerpos cetónicos como combustible energético del cerebro.

Lea el artículo completo en:

Ciencias y Cosas

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John von Neumann, la calculadora humana


Martes, 20 de julio de 2010

John von Neumann, la calculadora humana


Problema de la mosca y los trenes. | Fuente imagen: Revistasacitametan.

John von Neumann (1903-1957) [matemático y científico húngaro, nacionalizado estadounidense] era bien conocido por su asombrosa y casi instantánea capacidad de cálculo. Para que el lector se haga una idea de esta increíble capacidad de von Neumann, expongo una anécdota relacionada con un problema matemático que tiene dos formas de resolverse, una sencilla y otra compleja. Veamos el enunciado:

Dos trenes separados por 200 kilómetros se mueven el uno hacia el otro por la misma vía. La velocidad de ambos trenes es de 50 kmh. En el momento inicial, una mosca situada en el morro de uno de los trenes comienza a volar hacia el otro, en viajes de ida y vuelta, a una velocidad de 75 kmh. Lo hace repetidamente hasta que ambos trenes chocan entre si matando a la mosca. ¿Qué distancia ha recorrido volando el insecto?

En realidad la mosca toca cada tren un número infinito de veces antes de morir aplastada, y uno podría resolver el problema a la manera difícil, usando lápiz y papel para sumar la serie infinita de distancias. Sin embargo el método simple funciona así:

Como los trenes están separados 200 km entre si, y cada uno viaja a 50 kmh, en dos horas cada uno habrá recorrido 100 km chocando en el punto intermedio. Por tanto, la mosca voló durante dos horas. Como sabemos que la mosca volaba a 75 kmh, es sencillo inferir que debió haber volado 150 km. Eso es todo lo que hay que hacer.

Cuando alguien le presentó este problema a John von Neumann, este respondió inmediatamente: “150 kilómetros“.

La persona que le hizo la pregunta, asombrada, respondió: “Es muy extraño, pero casi todo el mundo intenta resolverlo sumando la serie infinita“.

¿Qué quiere decir con extraño?” respondió Von Neumann. “¡Así es como yo lo he hecho!

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De cómo un joven de 17 construyó un colisionador en su garaje

Martes, 20 de julio de 2010

De cómo un joven de 17 construyó un colisionador en su garaje


Michio Kaku | Imagen: Skeptic cards

A la tierna edad de 17 años, y como proyecto de ciencias para su instituto, el popular físico y divulgador Michio Kaku construyó un colisionador de átomos en el garaje de sus padres con la intención de crear antimateria (ahí es nada). Los que somos seguidores de Kaku, le hemos leído la anécdota en más de una ocasión, la última en el prefacio de su libro “Física de lo imposible:

“Fui a la compañía Westinghouse y reuní 200 kilogramos de chatarra procedente de un transformador. Durante las navidades bobiné 35 kilómetros de cable de cobre en el campo de fútbol del instituto. Finalmente construí un betatrón de 2,5 millones de electronvoltios que consumía 6 kilovatios (toda la potencia eléctrica de mi casa) y generaba un campo magnético 20.000 veces mayor que el campo magnético de la Tierra. El objetivo era generar un haz de rayos gamma suficientemente potente para crear antimateria”.

La hazaña la explica con algo más de detalle en la introducción de su libro más conocido, Hiperespacio, donde aporta algunos datos muy interesantes. Para la construcción del betatrón pasó semanas documentándose y leyendo sobre los fundamentos de la máquina. Una vez convencido de que podía hacerlo, compró una pequeña cantidad de sodio -22, construyó una cámara de niebla y revolvió las basuras de los grandes almacenes de electrónica de la zona hasta reunir varias toneladas del material necesario.

A continuación, comenzó a construir el betatrón en el garaje y convenció a sus padres para que le ayudaran a enrollar las gigantescas bobinas que necesitaba para el experimento en el campo de fútbol del instituto. Según dice, pasaron las vacaciones de Navidad en la línea de 50 yardas, hasta enrollar 35 kilómetros de cable y poner a punto el invento.

Cuando finalmente quedó construido, el betatrón de 150 kilogramos y 6 kilovatios consumía toda la potencia eléctrica de mi casa. Cuando lo conectaba, saltaban todos los fusibles y la casa se quedaba repentinamente a oscuras. Con la casa sumida periódicamente en la oscuridad, mi madre solía darse golpes en la cabeza. (Yo imaginaba que ella probablemente se preguntaba por qué no podía tener un hijo que jugase al béisbol o al baloncesto, en lugar de construir estas enormes máquinas eléctricas en el garaje).

El resultado, como ya hemos dicho, fue una máquina que produjo “un campo magnético 20.000 veces más potente que el campo magnético de la Tierra”, y que por supuesto llamó la atención en el mundo científico. Gracias a aquel despliegue de talento e insolencia juvenil, se fijó en él el físico Edward Teller, que le consiguió una beca de cuatro años para estudiar en Harvard. Y, sobre todo, Michio Kaku pudo cumplir sus sueños.

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¿Quieres saber porque lloras con las películas?

Martes, 20 de julio de 2010

¿Quieres saber porque lloras con las películas?


Tengo que reconocer que suelo ser de lágrima fácil cuando veo películas, ni si quiera es necesario que sea un drama muy duro, basta con que salga una escena algo sentimental y normalmente alguna lagrimilla se me escapa. Es obvio que no a todo el mundo le pasa lo mismo, la cuestión, claro está, es ¿por qué algunos somos de lágrima más fácil que otros? La respuesta parece hallarse en los niveles de serotonina que tengamos en nuestro cerebro.

Descubro a través de NewScientist, que un equipo de científicos del Erasmus Medical Centre en Rotterdam, Holanda, ha realizado un estudio sobre la influencia de la serotonina en la capacidad de llorar de las personas. Los resultados han sido presentados en Forum of European Neuroscience.

El estudio se ha realizado con mujeres voluntarias a las que les suministro o un placebo o paroxetina que es un fármaco antidepresivo el cual hace que aumenten los niveles de serotonina en el cerebro, al poco rato de haberle suministrado la dosis (la del fármaco o la del placebo) a las voluntarias se les proyectaron una de dos posibles películas, siendo ambas dramáticas. Días después se volvió a repetir la prueba pero intercambiando el tratamiento, es decir, a las que se les había suministrado un placebo en esta ocasión se les suministro paroxetina, y a las que recibieron el fármaco se les suministro el placebo, por último todas vieron la película que no habían visto anteriormente, los resultados parecen ser claros, niveles mayores de serotonina hace que uno llore menos.

Así que la próxima vez que estés con tus palomitas en el cine y una lágrima empiece a resbalar por tu mejilla mientras tu acompañante parece impertérrito, ya sabrás que la culpa es de la diferencia en los niveles de serotonina en vuestros cerebros.

Fuente:

Homínidos
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