Latest Posts:

15 de julio de 2010

Argentina debate la protección de sus glaciares

Jueves, 15 de julio de 2010

Argentina debate la protección de sus glaciares

La cámara de Diputados del Congreso argentino aprobó la madrugada de este jueves una iniciativa de ley para proteger los glaciares.

La ley prevé sanciones para quienes generen daños al medio ambiente en zonas glaciares. También contempla la realización de un inventario nacional de hielos, que permitiría delimitar qué zonas deben ser protegidas.

Parque Nacional Los Glaciares, en Patagonia, Argentina

El Congreso argentino aprobó la Ley de Protección de los Glaciares.

La ley básicamente retoma un texto que fue vetado en el 2008 por el Ejecutivo, pero incorpora elementos de una propuesta paralela presentada por un senador del partido de gobierno.

Los cambios, sin embargo, no fueron suficientes para conseguir el apoyo del oficialismo, lo que hizo que los debates sobre la ley se extendieran por más de 8 horas.

Al final, la iniciativa fue aprobada con 129 votos a favor y 86 en contra. Ahora tendrá que ser discutida por el Senado.

Según la periodista de BBC Mundo en Argentina Verónica Smink, las discusiones sobre la ley se dan en medio de una polémica por el comienzo de un proyecto minero en la frontera con Chile.

El ambientalista Javier Rodríguez Pardo, de la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC), le dijo a BBC Mundo que, en su opinión, la nueva ley no podrá evitar que las grandes mineras continúen haciendo daño.

"En tanto siga rigiendo el actual Código de Minería, quienes deberán determinar si se están cometiendo abusos son las autoridades provinciales, y ellos tienen convenios con las propias mineras", acusó.

clic Vea también: El Perito Moreno, un gigante desconocido

Viejo debate

El proyecto de ley fue impulsado por el diputado Miguel Bonasso, titular de la Comisión de Recursos Naturales y Conservación del Ambiente Humano de la Cámara baja.

Un vocero de Bonasso le dijo a BBC Mundo que el nuevo proyecto de ley presentado por el legislador es una versión "ampliada y mejorada" de una propuesta que el Congreso aprobó por unanimidad en 2008.

Pero, tras su aprobación legislativa, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner la vetó, afirmando que debía votarse una nueva ley "superadora" de aquella sancionada.

Para la oposición el motivo de la decisión presidencial fue claro: apodaron la medida el "veto Barrick", en referencia a la minera canadiense Barrick Gold, que había firmado un contrato con el gobierno argentino en 2006 para instalar la mina Pascua Lama en la cordillera de los Andes.

El proyecto, compartido con Chile, prevé una inversión de US$2.400 millones y consiste en una explotación de oro, plata y cobre a cielo abierto sobre el límite binacional, a la altura del Valle del Huasco en Chile y la provincia argentina de San Juan.

Según Rodríguez Pardo, el proyecto afectará cuatro importantes glaciares de superficie del lado chileno, y unos 40 glaciares de roca, además de otras formaciones de agua, del lado argentino.

Por su parte, Karina Quispe, de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), advirtió sobre los riesgos de la explotación minera en una zona de glaciares.

"Cualquier alteración al ecosistema podría poner en peligro la fuente de agua dulce en la región", señaló a BBC Mundo.

Intereses mineros

Según los impulsores de la ley, algunos gobernadores de provincias mineras son dueños de empresas que abastecen a las mineras multinacionales.

Glaciar

Los glaciares también son amenazados por el calentamiento global.

Hace unos días, Bonasso junto con otras dos diputadas de la opositora Coalición Cívica solicitaron a la Justicia que investigue un posible "tráfico de influencias" entre la presidenta Fernández y Barrick Gold.

El pedido se formuló luego de que la mandataria se reuniera en la cumbre del G-20 en Toronto, Canadá, con los máximos ejecutivos de la empresa.

La foto de Fernández junto a Peter Munk, cabeza de Barrick, generó enorme repudio entre los opositores del gobierno y los ambientalistas.

"Pascua Lama utiliza 1.000 litros de agua por segundo para realizar su explotación. Es imposible que acceda a este caudal de agua sin derretir los glaciares", insistió Rodríguez Pardo.

"No es sólo el uso del agua dulce. La empresa también utiliza sustancias peligrosas, que dejan residuos en la parte alta de la cuenca", consideró por su parte Quispe, quien recordó que se trata de una región desértica.

Lea el artículo completo en:

BBC Ciencia

Un primate árabe, nueva pieza clave en el 'rompecabezas' de la evolución humana

Jueves, 15 de julio de 2010

Un primate árabe, nueva pieza clave en el 'rompecabezas' de la evolución humana


Restos del nuevo primate hallado en Arabia Saudí. | Nature

Restos del nuevo primate hallado en Arabia Saudí. | Nature

El descubrimiento de los restos fosilizados de un primate previamente desconocido en Arabia Saudí podría ser clave para saber el momento en el que los monos del Viejo Mundo y los hominoides, entre los que se encuentra el ser humano, tomaron caminos distintos.

Científicos de varias universidades americanas analizan esta semana en la revista Nature el hallazgo del cráneo de una especie de simio, a la que han bautizado como 'Saadanius hijazansis', que vivió hace entre 29 y 24 millones de años, durante el Oloceno tardío, en Arabia Saudí, donde se han encontrado sus restos.

Los investigadores señalan en su trabajo, liderado por Lyad S. Zalmout, de la Universidad de Michigan, que este primate, que pesó entre 15 y 20 kilos, tiene unas características que retrasan el momento de la divergencia entre la rama de los grandes primates (gorilas, chimpancés, humanos, orangutanes y gibones) y de los monos cercopitecoideos (macacos, papiones, etcétera), que proceden de un antepasado común.

Las estimaciones que se habían realizado con el genoma indicaban que esa división se produjo hace aproximadamente entre 35 y 30 millones de años, pero realmente se carecían de huesos fosilizados que pudieran apoyar estas conclusiones genéticas sobre la divergencia entre ambas ramas.

Este vacío ha sido cubierto ahora por el hallazgo de un cráneo, logrado en el yacimiento árabe de Harrat Al Ujayfa y datado hace cerca de 29 millones de años. Este fósil presenta, según afirman, unas características de los catarrinos, el antepasado común de los monos del Viejo Mundo y hominoides, lo que supone que esa divergencia tuvo lugar más tarde de lo que se creía hasta ahora.

Los autores sugieren que los resultados aportan una pieza crucial para ampliar nuestra comprensión de la naturaleza y de la sincronización de los acontecimientos filogenéticos importantes para los orígenes humanos.

Para el experto español Salvador Moyá-Solá, del Instituto Crusafont de Barcelona, realmente se tiene muy poco material, sólo el cráneo, como para poder saber si este primate derivó hacia la línea evolutiva de los humanos o hacia la de los cercopitecoideos. En todo caso, asegura que «es un ejemplar a tener en cuenta en la reconstrucción del árbol evolutivo de los primates africanos y asiáticos».

Fuente:

El Mundo Ciencia

La memoria femenina es mejor que la masculina

Jueves, 15 de julio de 2010

La memoria femenina es mejor que la masculina


Científicos británicos volvieron a demostrar que las mujeres tienen una memoria mejor que los hombres. Por eso las damas nunca se olvidan de las efemérides y gustan de recordar tanto a sus maridos una disputa de hace tres meses, escribió The Daily Mail.

Durante la investigación fueron obtenidas pruebas convincentes de que el cerebro femenino es capaz de grabar mejor la información que el masculino, además a todas las edades.

Los científicos de la Universidad de Cambridge chequearon la retentiva de 4.500 británicos de 49 a 90 años de edad, averiguando que las mujeres superan a los hombres en la capacidad de retener la información. Esa misma conclusión resultó ser cierta también para la joven generación: las alumnas de la primaria recuerdan mejor la lección recibida que sus coetáneos machos.

La causa de ese fenómeno radica probablemente en las hormonas o los principios de funcionamiento de los cerebros femenino y masculino, dicen lo científicos.

Los factores que determinan la capacidad de los seres humanos de memorizar quedan por aclarar todavía.

Fuente:

RIA Novosti

Jueves, 15 de julio de 2010

La niña que regresó del frío

(O cómo regresar de la muerte por bajas temperaturas)

En el invierno de 2001, siendo 24 de febrero, una bebé canadiense de trece meses llamada Erika Nordby cometió la mayor travesura de su corta vida; la clase de trastada infantil que debería haberla matado sin remisión. Mientras su madre dormía, Erika se escapó de la cuna y de la casa por la puerta trasera. Fuera, hacían veinticuatro grados bajo cero y ella ya no fue capaz de encontrar el camino de regreso al calor del hogar. Sólo llevaba puesto su pañal por toda protección.

La encontraron cuatro horas después convertida en un minúsculo montoncito de carne azul en medio de la nieve y el hielo, con una temperatura corporal de 16 ºC. Estaba, por supuesto, clínicamente muerta; llevaba al menos dos horas en parada cardiorrespiratoria. Pero como un intento in extremis de resucitación cardiopulmonar obtuvo algún resultado, la enviaron con la máxima urgencia al Hospital Universitario de Alberta en Edmonton. Allí, con técnicas de medicina intensiva avanzada y amplia experiencia en casos de hipotermia, consiguieron sacarla adelante.

Hoy en día, Erika tiene diez años y no recuerda nada, pues era demasiado pequeña para recordar; pero está bien, no le falta ninguna extremidad y no le han quedado secuelas. Como siempre en estos casos se habló de milagro (entonces, ¿estos otros qué fueron?) y hasta le dedicaron una canción. Erika gateó al frío, murió y regresó de entre los muertos agarrada a la mano de la ciencia. Y ella, a cambio, le hizo un regalo a la ciencia: la demostración palmaria de que es posible morir de frío y retornar sin daños significativos. De que, en último término, la animación suspendida podría tener alguna posibilidad más allá de la pura ciencia-ficción.

Morir y no-morir de frío


Por supuesto, el caso de Erika no es único; pero sí, con mucha probabilidad, el mejor documentado y más extremo. En 2006, por ejemplo, un funcionario japonés llamado Mitsutaka Uchikoshi se fue con unos colegas a hacer una barbacoa en lo alto de los Montes Rokkō –un destino habitual para excursionistas–. Cuando llegó la hora de bajar los demás lo hicieron en teleférico, pero él decidió darse un paseo por la nieve hasta el valle. Uno podría pensar que el señor Uchikoshi, de 35 años de edad, se había pasado un pelín con el sake; aunque según los médicos sólo consumió agua mineral junto con el resto de productos propios de una barbacoa. El caso es que se perdió, resbaló sobre el hielo y se partió la pelvis. Lo encontraría un montañero veinticuatro días después, ensangrentado y medio sepultado por la nieve.

Sin embargo, Mitsutaka no estaba muerto. Debería haber muerto por al menos media docena de razones –entre ellas hipotermia, deshidratación, hemorragia interna, embolismo graso e inanición– pero presentaba algo de pulso, muy débil, y una temperatura corporal de 22 ºC. Trasladado a un hospital de Kobe, se repuso también por completo de sus lesiones y de haber estado expuesto a la intemperie con temperaturas tan bajas. En su caso no llegó a morir como la pequeña Erika –mantenía la actividad cardiopulmonar, aunque reducida a un mínimo–; lo cual es, si nos ponemos, casi aún más asombroso. Según sus declaraciones, "al segundo día, el sol se había ido... Estaba en un campo, y me sentía muy bien. Eso es lo último que recuerdo."

Los casos de Erika y Mitsutaka son excepcionales. Lo normal en semejantes circunstancias es morir definitivamente: la exposición al frío extremo puede acabar con una persona incluso en pocos minutos. Al menos hasta hace algún tiempo, los procedimientos operacionales de la OTAN para tiempos de guerra sólo contemplaban la búsqueda de un piloto derribado sobre el Atlántico Norte en invierno durante un máximo de una hora; prolongarla más sería una pérdida inútil de tiempo y recursos muy necesarios durante un gran conflicto, pues sin duda el pobre tipo estaría ya pajarito, sumergido en agua a cerca de 0 ºC.

En general, la hipotermia es un viejo enemigo que se nos lleva con facilidad y una extraña dulzura, esa sensación de bienestar que mencionó nuestro superviviente nipón. Se ha llamado de siempre la muerte dulce, pues al parecer hay un momento en que se deja de sentir el frío atroz y éste se ve reemplazado por una especie de fuerte borrachera muy agradable –señal de que te estás muriendo–. No es raro encontrar a los congelados con una sonrisa en la cara, que muchos creen rictus, pero según quienes han logrado sobrevivir se correspondería más bien a ese singular colocón. Y sin ropa: por algún motivo cerebral desconocido, tendemos a desnudarnos paradójicamente cuando nos estamos muriendo de frío.

Más allá de la muerte clínica –el momento en que se interrumpe la actividad cardiopulmonar– los tejidos congelados tardan bastante en morir del todo. En realidad, lo que ocurre cuando nos congelamos es una progresiva ralentización y finalmente paralización de los procesos metabólicos que nos mantienen vivos pero también de los de la muerte (pues unos y otros no son sino reacciones químicas que sólo pueden ocurrir dentro de un determinado rango de temperaturas, como cualquier otra). Con lo cual estamos ante una especie de parálisis inducida, que permite a algunos animales adaptados evolutivamente congelarse y descongelarse con normalidad.

Lea el artículo completo en:

La Pizarra de Yuri

El precio de ser bípedo y cabezón (II)

Jueves, 15 de julio de 2010

El precio de ser bípedo y cabezón (II)

Se estima que más de 40 millones de abortos, legales e ilegales, ocurren en el mundo cada año; aproximadamente, nos dice la Organización Mundial de la Salud, uno de cada cinco embarazos termina en aborto. Esta cifra, por supuesto, varía enormemente debido a la polémica alrededor del tema pues, aunque el 61% de la población en 54 países puede hacerse un aborto de forma legal, los demás países tienen leyes que penalizan a la mujer por ello, lo que lleva a la ilegalidad de la cirugía que a su vez la capitaliza, convirtiéndola en un riesgo innecesario para las mujeres de bajos recursos, una deuda para la clase media y un procedimiento sin inconveniencias para las que tienen dinero.

Ahora bien, teniendo en cuenta la evolución de la hembra primate y la energía que ésta invierte en el proceso reproductivo, es indudable que la decisión sobre su embarazo debe caer completamente sobre ella. El hombre, que puede o no haber ofrecido su compromiso con la cría y la relación, debe contentarse con el papel que la mujer le otorgue en el asunto ya que, por más que lo desee, su inversión no igualará a la de la mujer, por lo menos, no en los primeros años; ni su vida estará nunca en peligro por traer a nuestro mundo bípedo, un cabezón prematuro a través de un canal de parto estrecho; son las anomalías inherentes de evolucionar en vez de haber sido diseñados.

Estas inconveniencias, sin contar con todo el embrollo reproductivo que nos ata durante la mayor parte de nuestras vidas a irregulares ciclos hormonales que cambian nuestro humor con la frecuencia que llegan las cuentas por pagar, son parte del mundo femenino, y si no hubiésemos sido avasalladas durante tanto tiempo nunca nos hubieran arrebatado nuestros derechos de esa forma. Las mujeres hemos peleado, pataleado y protestado; poco a poco ganamos pequeñas batallas aquí y allá, pero la guerra final está muy lejos de ser conquistada. No mientras aún se nos nieguen las potestades más básicas, como el poder de decidir sobre nuestros propios cuerpos.

El papel de la religión en la esclavitud femenina es relevante y ya hemos escrito de ello profusamente aquí. La ilegalidad del aborto pertenece a los residuos de esa esclavitud. Es el cinturón de castidad de antaño, ese deseo de gobernarnos y de negarnos el derecho a resolver nuestras vidas como si fuéramos niñas incapaces de tomar una decisión madura e informada sobre nosotras mismas. Hillary Clinton dijo una vez que en todos sus viajes por el mundo, jamás conoció una mujer que fuera pro aborto. Todas las que desean su legalización lo único que ansían es el poder de tomar una decisión. La idea no es obligar a abortar, no somos fanáticos dementes como tantos creyentes. Si usted desea tener once hijitos, pues está en todo su derecho si puede usted sostenerlos, si no es el caso, entonces es una muy cruel e ignorante libertad, la misma que tiene para usar un sinnúmero de tratamientos anticonceptivos, incluyendo el aborto, para cuando todo lo demás falla; si es que desea sacar la cabeza de la arena religiosa y usar la razón.

Por ello insto a leer de nuevo la faena de la hembra primate Homo sapiens. Considere bien toda la energía, las limitaciones y el riesgo de su propia vida que ella invierte en una cría, las transformaciones a las que la selección natural la ha sometido y las muchas formas en que puede quedarse sola criando a sus hijos. Si ha entendido bien la magnitud de la labor de estas primates femeninas, entonces le dará usted el derecho a elegir sobre su cuerpo. Eso es, en mi opinión, ser una persona racional y darle uso a ese enorme cerebro que hemos desarrollado y que tanto le ha costado a mamá traer al mundo y cuidar, desde que se enderezó e, irreversiblemente, se apeó de las ramas.

Fuente:

Sin Dioses

El precio de ser bípedos y cabezones (I)

Jueves, 15 de julio de 2010

El precio de ser bípedos y cabezones (I)

Hay que pagar un precio...


Bajar de las ramas complicó todo el asunto reproductivo para la especie. La hazaña de perpetuar nuestros genes, el impulso básico de evolución sobre el planeta, alcanzó entonces una nueva dimensión con el Homo sapiens. El baile de seducción se diversifica y nuestras complejas culturas otorgan cualidades características al cortejo y al emparejamiento entre personas que parece ser una constante entre humanos. Pongamos el caso del casamiento, por ejemplo; en cada cultura estudiada en el récord antropológico, esta unión entre parejas existe y la familia es el bloque básico que conforma todas nuestras sociedades. Puede que el maridaje sea distinto para cada población: algunos monógamos, otros polígamos, algunos para siempre, otros de forma temporal; sin embargo, la idea es básica y primordial entre nosotros.

Sobre el planeta, cada especie ha desarrollado diversas estrategias de supervivencia y reproducción. Estas estrategias nacen y son moldeadas por variables características para cada grupo y una de estas variables es la energía que cada cual invierte en la reproducción y la crianza; sin olvidar que este costo de energía tendrá su origen en la absoluta e innegable interacción entre la biología del animal y el hábitat en el que se desarrolle. No obstante, para comprender nuestro comportamiento actual no sólo es necesario conocer sobre nuestra biología y culturas sino también rastrear el camino por donde dimos nuestros primeros pasos bípedos y hacerlo desenterrando y estudiando fósiles, escudriñando más los genomas y observando a los demás miembros primates, buscando allí los orígenes de nuestra conducta.

Pues bien, en cuestiones de romance, la situación es la misma, es imprescindible que tomemos en cuenta el camino que nos trajo aquí y la conducta de los demás animales de nuestra familia. Observar y estudiar estas conductas no sólo conciernen a la ciencia sino a las ideologías y filosofías más relevantes de nuestros tiempos, como el conflicto inagotable entre los sexos. De hecho, el biólogo evolucionista Robert Trivers escribió en 1972 que “uno puede, en efecto, tratar a los sexos como si fueran especies distintas, el sexo opuesto siendo siempre una fuente relevante para producir el máximo de crías que sobrevivan”. Cabe, pues, recordar que los movimientos se deben a sus tiempos y a las culturas que los desarrollan, por ello, necesitan constantemente de actualización. Mientras más información adquirimos sobre lo que somos, mejor preparados estaremos para enfrentar los cambios requeridos de una especie como la nuestra que ha redactado sus propios derechos.

Pero regresemos a nuestro planteamiento principal. Sobre el planeta, no sólo el medio moldea al animal, el animal también modela al medio de acuerdo a los genes que lo conforman. Uno de los grandes ejemplos sobre esta dinámica ha sido el efecto del bipedalismo y el aumento del tamaño del cerebro humano sobre la mujer. El bipedalismo cambió nuestra anatomía, la pelvis y el canal de parto se estrecharon para facilitar la locomoción y el balance, pero estos cambios complicaron el nacimiento; especialmente en humanos que ahora venían con grandes cabezotas para acomodar las complejas computadoras que eran ahora sus cerebros. Esos bebés cabezones que tanto nos gustan nacen prematuramente, en comparación con otros primates, precisamente para que sus cabezas quepan por el ahora estrecho canal de su madre bípeda. Esta limitación origina a bebés humanos completamente indefensos; “carnada de leones”, los llama Robert Wright en su interesante libro El animal moral.

Las transformaciones, a su vez, dieron paso a otras más que han moldeado durante millones de años la danza humana hacia la reproducción de la especie. Nuestros recién nacidos arriban con sólo el 25% del cerebro de un adulto, en comparación con otros primates que nacen con el 35 y hasta el 61% de la capacidad cerebral adulta, algo que los provee con ciertas habilidades motoras que los bebés humanos no tienen.

Repasemos pues esta dura faena: embarazo se acorta para dar paso a un bebé indefenso y prematuro pero con un potencial cerebrazo en la cabeza; el recién nacido necesitará de más ayuda, lo que restará tiempo a la madre para otras cosas vitales, como buscar comida. La poca habilidad motora del bebé también la limita frente a predadores ya que tendrá las manos ocupadas con un bebé que no puede aferrarse a su espalda y que necesita de cuidados especiales. Es aquí donde entra el conocido ‘contrato sexual’ del que habla Helen Fisher, y ese agridulce efecto de lo que en zoología se llama la ‘inversión paternal masculina’ (MPI, male paternal investment), una variable con enormes efectos en la evolución de la conducta humana.

Los biólogos y zoólogos nos explican que en especies donde el MPI es bajo, es decir, que los padres sólo ponen el semen y desaparecen, la dinámica es la siguiente: los machos siempre quieren sexo mientras que las hembras no están seguras; ellas quieren evaluar la capacidad genética del animal que las dejará con un hijo para criar. El procedimiento cambia cuando la especie se caracteriza por un alto MPI, como en la humana. “De alguna forma, una alta inversión del padre hace que la dinámica básica subyacente entre el hombre y la mujer sea la explotación mutua”, escribe Wright.

Como dijimos antes, el hecho de que la cría sea completamente inútil e indefensa durante los primeros años de vida, obliga a que el macho se responsabilice de su supervivencia. Son conductas que observamos en las aves, si el compañero se va, otros animales se comerán los huevos o polluelos mientras la hembra busca comida, es mucho más sensible, en términos reproductivos, que el varón vele por ellos también. En los humanos ocurre lo mismo, aunque con sus connotaciones primates, por supuesto. El varón de la especie va a querer siempre sexo, la hembra no va a estar muy segura, sin embargo, para ambos ya hay mucho más en juego. La mujer ya está biológicamente esclavizada a alojar y alimentar a la cría durante nueve meses, a tener un parto doloroso y largo de un bebé indefenso durante varios años; la energía a invertir ya es suficiente como para que piense bien con quién tendrá sexo; más aún, con un alto MPI, ella también tendrá en cuenta lo que él puede ofrecerle más allá del semen: si va a invertir en el bebé y en la relación, ¿qué tanto tiene para dar? y ¿qué otras posibilidades tiene ella en el mercado?

El macho, por su parte, que puede repartir sus genes más libremente que la hembra, cuyas limitaciones la dejan a tener una cría por año, debe tener en cuenta otras estrategias; sabe que debe invertir energía en sus hijos si quiere garantizar su supervivencia, de hecho, estos grupos surgen precisamente porque los genes de padres que invirtieron en sus hijos tendían a sobrevivir pues la inversión daba frutos positivos. La baja inversión del macho, por su parte, resultaba en una alta mortandad de su descendencia. Por eso, la evolución de cualquier cualidad genética que cemente el amor del hombre por la mujer y por su cría, garantizará la supervivencia de esta descendencia y, a su vez, se mantendrá popularmente en los genomas de la especie. Así, entre Homo sapiens, el hombre vela por sus hijos pero tiende, si no ha sido moldeado de otra forma por su hábitat, a buscar medios para embarazar a otras.

Por su parte, la hembra buscará maneras diversas de evaluar qué tan comprometida está la pareja en mantener el contrato con ella, por lo menos hasta que la descendencia pueda mantenerse sola, y este conflicto entre ambos la hará también mucho más competitiva con otros animales de su mismo sexo, algo que no se observa entre grupos primates donde el MPI es bajo. Es decir, el objetivo femenino es monopolizar al padre para garantizar su inversión lo que incrementa la competencia. Para ello, los genes que promueven el amor romántico fueron favorecidos pues la atracción entre parejas consolida la transacción y aumenta las probabilidades de supervivencia de la cría. Esta dinámica entre el recorrido evolutivo de nuestra biología en las distintas sociedades humanas ha creado todo tipo de variantes amorosas, pero todas son guiadas por los mismos conceptos básicos que impulsan a los primates y que han estampado al Homo sapiens durante su paso por el mundo.

“En cualquier evento, la evaluación del compromiso del hombre es parte de la psicología femenina y la psicología masculina se inclina muchas veces a promover una lectura falsa sobre dicho compromiso”, escribe Wright.

Esta distinción entre los sexos es ilustrada en un estudio realizado en 1990 por Kenrick, Buss y Schmitt, donde obtuvieron evidencias de que los hombres son menos selectivos que las mujeres al elegir personas para relaciones sexuales cortas. En la investigación, hombres y mujeres fueron interrogados sobre el nivel de inteligencia mínimo que aceptarían en una persona con la que estuvieran saliendo románticamente. La mayoría dijo que la persona tendría que por lo menos poseer una inteligencia promedio. Ahora bien, cuando se les preguntó qué tan inteligente debería ser la persona antes de que consintieran tener sexo con ella, la diferencia entre hombres y mujeres fue esperadamente marcada. Mientras las féminas aseguraban que en ese caso el hombre debía estar por encima del promedio en inteligencia, los hombres aseveraron que, en ese caso, la mujer podía estar por debajo del promedio.

Por supuesto, estamos hablando de medias y de generalizaciones y también me he trasladado al pasado para conocer un poco el origen de nuestro comportamiento lo que no quiere decir que nuestros impulsos primates no hayan variado con el tiempo; de hecho, más que variar se han diversificado. Como primates, a veces nos comportamos como orangutanes, otras más como chimpancés, algunas más actuamos como los monógamos gibones mientras que en otras ocasiones nos desplazamos por los territorios pacifistas y sexuales del simpático bonobo. Pero al ser humanos, como bien sabemos, tenemos la dicha de contar con un interesante y capaz cerebro que nos ofrece estrategias para cambiar lo que nos daña.

El pensamiento racional no ha sido lo primero que hemos desarrollado; ha tomado millones de años para llegar donde estamos, que no es precisamente el epítome del racionalismo. A veces nos comportamos como animales porque somos animales; y aunque es fácil dejarse llevar por los impulsos, debemos reconocer que las consecuencias no han sido las mejores y que las conductas irracionales son venenosas para toda la especie.

No seamos holgazanes a la hora de pensar, que mucho nos ha costado a todos cargar con estos pesados y grandes cerebros como para desperdiciarlos ahora. Gracias a lo que conocemos somos capaces hoy, no sólo de caminar erguidos sino de poder elegir, si así nos parece, no reproducir y dedicarnos simplemente a disfrutar como queramos de nuestro singular paso por este espectacular Universo.

Tomado de:

Sin Dioses

google.com, pub-7451761037085740, DIRECT, f08c47fec0942fa0