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6 de julio de 2010

El cerebro es más rápido que el estómago en la percepción del apetito


Martes, 06 de julio de 2010

El cerebro vence al estómago en la percepción del apetito

Los aromas pueden inducir la saciedad al margen de la cantidad de comida ingerida

Las emociones también influyen en gran medida en los patrones alimentario
s

En la mesa, el cerebro es más importante que el estómago. Los aromas de la comida influyen de manera importante en la sensación de saciedad; el cerebro de los obesos recuerda al de los adictos a las drogas; existen factores genéticos que predisponen a ciertas conductas alimentarias, pero un ambiente social que genera ansia y estrés parece ser el factor dominante...

Este es el cuadro dibujado por los participantes en el Quinto Simposio Internacional Percepnet, organizado por la Sociedad Española de Ciencias Sensoriales, que tuvo lugar el pasado viernes en CosmoCaixa, en Barcelona. «El hambre o la saciedad empiezan por los ojos y la nariz, siguen en la boca, bajan por el estómago y llegan al intestino», resume Rianne Ruijschop, experta en tecnologías alimentarias que participó en el congreso.

Ruijschop es una ingeniera que trabaja para Nizo, una empresa holandesa que proporciona servicios de investigación para la industria alimentaria. En los últimos años ha estudiado cómo los aromas «retronasales» contribuyen a determinar la saciedad. «Cuando deglutimos un bocado, una cierta cantidad de aire cargado de aromas sube desde los pulmones hasta la parte posterior de la nariz», explica. El perfil aromático contribuye a generar de manera inconsciente una sensación de saciedad o bien de apetito. Ruijschop está trabajando en añadir perfiles aromáticos saciantes en productos dietéticos o bien perfiles que estimulen el apetito en comidas hospitalarias.

El estómago, más lento

«El estómago y el intestino entran en juego más tarde que los sentidos –argumenta la investigadora–. Su papel es enviar señales al cerebro que nos alejan de los alimentos durante las horas que siguen a una comida. Sin embargo, los ojos, la boca y la nariz son esenciales para estimular o recortar el apetito durante la misma comida».

«Los sentidos no son lo único que afecta al cerebro», comenta Mara Dierssen, investigadora del Centro de Regulación Genómica (CRG) de Barcelona. «También cuentan las emociones, como la ansiedad o el estrés», insiste. En el 2009, la investigadora estudió la adicción al chocolate en ratoncitos de laboratorio: «La comida tiene algunos parecidos con la adicción. Necesitamos asumirla de manera repetida y cuando nos falta nos ponemos nerviosos». A nivel cerebral, la comida actúa en los circuitos de recompensa, los mismos en los que actúan las drogas.

«La comida es necesaria para vivir, mientras que las drogas pueden hacernos daño», puntualiza Dierssen. Pero a veces la comida se convierte en droga. «Nos acostumbramos a comer exageradamente por la disponibilidad de grandes raciones de comida apetitosa a todas horas –dice–. O bien, en condiciones de estrés o ansiedad, buscamos compensación en el placer generado por la comida».

Lea el artículo completo en:

El Periódico.com

(el enlace incluye un detallado gráfico en PDF)

La astucia de hacerse el tonto


Martes, 06 de julio de 2010

La astucia de "hacerse el tonto"

Permite eludir conflictos y, de paso, influir en las decisiones que toman los demás, ya que fingir ignorancia hace que los otros no se sientan amenazados, escuchen y hasta cambien de opinión. Los expertos lo consideran un procedimiento con raíces evolutivas, que también usan los primates.

Aunque en principio no lo parezca, parece ser una buena forma de sobrevivir. No sólo porque reduce la posibilidad de que estallen conflictos entre las personas, sino porque protege los lazos afectivos y mantiene la cohesión: en la pareja, la familia y la sociedad.

Por eso "hacerse el tonto" es un recurso de uso universal. Todas las sociedades, históricamente, lo han empleado y lo emplean aunque en distinto grado. En las más avanzadas, como las nórdicas -Suecia, Noruega o Finlandia-, es una conducta más sutil o en franca extinción.

En Europa o Estados Unidos, en cambio, todavía están en la etapa de combatirla con normativas para transparentar lo que opina cada cual, sin temor a represalias. Y en América Latina y el resto del tercer mundo, con sociedades más jerarquizadas y paternalistas es algo a lo que se echa mano de manera habitual. Esto, porque son pocos los que se arriesgarían a decir lo que piensan ante un jefe o a discrepar y mostrarse contrarios a lo que opina la mayoría.

Por eso, algo tan extendido y universal como hacerse el ingenuo, despertó en los investigadores la curiosidad por averiguar si era algo exclusivamente humano o tenía raíces evolutivas que involucraban a nuestros antepasados.

El caso de los macacos

Con esta idea en mente, en 1999, los doctores Christine Drea y Kim Wallen, de la Universidad de Emory, Atlanta, se dedicaron a estudiar la conducta social de los monos macaco rhesus, usando 55 ejemplares. Al someterlos a pruebas de aprendizaje, todos lograron sus metas, sin mayores problemas.

Luego, al tener que demostrar su nuevo conocimiento, cuando los monos se encontraban entre pares, todo andaba bien. Pero cuando había un mono de jerarquía superior presente, los de nivel inferior actuaban como si estuvieran desorientados, sin demostrar lo que sabían. Según los investigadores, como se trataba de una situación en que no había conductas agresivas, ellos creen que se produce una inhibición voluntaria, por el hecho de que están en presencia de un caudillo.

Esto sería una prueba de que fingir ignorancia o inocencia es un arma de sobrevivencia con una larga historia evolutiva, que es usada en forma transversal.

Y aunque todos jugamos el papel de ingenuos en determinadas circunstancias, las mujeres tienen la impresión de que los hombres la usan mucho en su vida de pareja.

Los sicólogos, en tanto, aseguran que las mujeres son más experimentadas con esta táctica, ya que han estado subordinadas socialmente por mucho tiempo.

Esta es la manera con que ellas han logrado que se las considere en las decisiones que toman los hombres. "Debido a los estereotipos sobre mujeres y hombres, ellas están en desventaja cuando intentan influir en los demás", dijo a La Tercera la sicóloga social Linda Carli, del Wellesley College, en Massachusetts, y autoridad en el tema de influencia social.

Según afirma, varios estudios internacionales demuestran que en sus trabajos las mujeres son vistas como menos competentes y todos esperan que ellas, además, sean cálidas, acogedoras y agradables. Por esto, "hacerse la tonta les permite mostrarse débiles, poco capaces y así no representan ninguna amenaza para los hombres. Cuando ellos las ven así, están más dispuestos a escucharlas y cambiar de opinión", explica Carli.

Por el contrario, cuando la mujer se muestra capaz y asertiva es casi seguro que será rechazada por los hombres. En cambio, las demás mujeres confiarán en ella y no así en la que se hace la ingenua, que es dejada a un lado porque la ven como una simple manipuladora.

Lea el artículo completo en:

La Tercera

(El enlace incluye sugerencias para hacerse el tonto)

Cómo recordar la fórmula para las tres raíces de un polinomio cúbico

Martes, 06 de julio de 2010

Cómo recordar la fórmula para las tres raíces de un polinomio cúbico

Todo el mundo conoce la fórmula para las dos raíces de un polinomio cuadrático. Casi todo el mundo ignora la fórmula para las tres raíces de un polinomio cúbico. Hace años, yo adjuntaba ciertos exámenes con dicha fórmula (y la del polinomio cuártico) para que los alumnos pudieran usarla, caso necesario, sin recordarla de memoria. Pocos alumnos se atrevían con el problema (si lo había) que requería su uso. Obviamente, ya dejé de hacerlo hace años. Hoy en día cualquiera puede recurrir a Mathematica, Maple, Matlab, etc. que la recuerda por nosotros.

Ahora bien, también hay frikis (o geeks) a los que les gustaría presumir de que recuerdan dicha fórmula. Hay varias reglas nemotécnicas, pero quizás la mejor que yo conozco ha sido obtenida por Andreas Caicedo. Una regla nemotécnica que desarrollada conduce a la fórmula usual que aparece en todos los libros de tablas matemáticas. La he visto en Alexandre Borovik, “Andreas Caicedo: the best way of remembering the cubic formula,” Mathematics under the Microscope, May 4, 2010.

Al grano que estarás impaciente (si no has abandonado el blog o has pasado a otra entrada).

Mediante una traslación el polinomio

a_3 y^3 + a_2 y^2 + a_1 y + a_0 = 0,

se puede transformar en el polinomio

x^3 + a x^2 + b = 0,

que podemos reescalar para que tome la forma

x^3 - \frac{3}{4} x - \frac{c}{4} = 0,

que será verdad cuando

x=\cos (\theta)

si y sólo si

c=\cos (3\theta).

La fórmula de Euler permite obtener la solución ya que

y=e^{\mbox{i}\cdot {3\theta}}, con \mbox{i}=\sqrt{-1},

es raíz de la ecuación cuadrática

y^2 - 2 c y +1 = 0,

por lo que

e^{i \theta}

es la raíz cúbica

z = \sqrt[3]{y},

y finalmente

x=\cos (\theta) = (z+1/z)/2.

That’s all folks!

Fuente:

Francies (e) Mule Science News

El ácido más ácido de todos los ácidos


Martes, 06 de julio de 2010

El ácido más ácido de todos los ácidos


Todos tenemos grabados en la retina aquella escena de la película Alien en la que descubrimos que el extraterrestre tiene ácido en vez de sangre corriendo por sus venas: basta con herirlo de algún modo para que su sangre ácida nos salpique y nos empiece a disolverla carne, y luego las salpicaduras continuarán disolviendo el suelo de metal que pisamos, y llegarán al piso inferior, donde también continuarán disolviendo todo lo que se ponga a su paso.

¿Existe algo parecido en nuestro mundo?

Lo cierto es que no, pero casi.

El ácido más temido de uso corriente en los laboratorios es el ácido fluorhídrico (HF), que se utiliza para limpiar metales. Las soluciones de HF son transparentes e incoloras con una densidad similar a la del agua. La propiedad más extensamente conocida del HF es la de atacar el vidrio. También atacará esmaltes, cemento, caucho, cuero, metales (especialmente el hierro), y compuestos orgánicos.

En un accidente, a un técnico de laboratorio le cayó en el muslo una tacita llena de HF y, a pesar de que se metió inmediatamente en agua y de que lo llevaron corriendo al hospital, perdió la pierna. Y aun así, la reacción del HF con el calcio de los huesos prosiguió hasta 15 días después.

Resulta curioso que, a pesar de su acción feroz sobre los metales y el tejido vivo, el HF pueda almacenarse en botellas de plástico de ciertas clases.

Existen ácidos todavía más corrosivos, de uno especializado. Al mezclar varias de estas sustancias, los científicos han creado una mezcla de pentafluoruro de antimonio, de ácido fluorosulfónico y de óxido de azufre, cuya acidez es mayor que la de ningún otro compuesto conocido.

Fuente:

Gen Ciencia

Hancock y el niño lanzado al aire


Martes, 06 de julio de 2010

Hancock y el niño lanzado al aire

John Hancock es un paria de la acomodada sociedad de Los Ángeles. Borracho y pendenciero, soporta continuamente la burla y los abucheos constantes de la gente en su cara y hasta la misma policía le considera más una molestia que una ayuda.


Esto podría ser normal, hasta cierto punto, pero en el caso de Hancock resulta cuando menos contradictorio. ¿Por qué? Pues porque John Hancock es un superhéroe. Sí, sí, habéis leído bien, un superhéroe capaz de volar, con una superfuerza digna del mejor Superman, superoído, supervista y toda una serie de extraordinarios superpoderes.


Un día como otro cualquiera, Hancock salva la vida de Ray Embrey, un consultor de relaciones públicas empresariales, cuando su coche había quedado atrapado entre las vías del tren. Pero el precio pagado es enorme y los destrozos causados por nuestro heterodoxo superhéroe en el tren son incalculables. Con su popularidad en el momento más bajo, Ray le propone ser su asesor de imagen para tratar de cambiar ésta de una vez por todas. Hancock acepta de mala gana y, al día siguiente, cuando se dirige a casa de Ray para concretar detalles de la estrategia a seguir, se encuentra con tres niños. Uno de ellos, Michel, criaturita adorable de dorados cabellos se encarga de torturar a diario al hijo de Ray. Y, como podéis ver en el siguiente clip de vídeo extraído de la película Hancock (Hancock, 2008) dirigida por Peter Berg, también exhibe una evidente falta de respeto por el superhéroe. La respuesta de éste no se hace esperar.

Reflexionemos científicamente sobre lo que acabamos de ver y no podemos creer. En lugar de avisar a los papás del nene y recomendarles un buen colegio religioso, Hancock le atiza un buen empujón y lo manda a tomar el aire allende las nubes. Y pensamos, y pensamos y nos preguntamos: ¿podría hacer eso yo con mi hijo cuando se pone gilí…? Bien, ante todo apliquemos las leyes básicas de la física conocida. La trayectoria que describe un cuerpo que se lanza desde la superficie terrestre es siempre una parábola simétrica, mientras se desprecie el rozamiento con el aire y el viento (cosa que haré para no complicar excesivamente la vida de Michel, la mía y la vuestra). Se pueden determinar todos los parámetros involucrados en la descripción de esta parábola sin más que poner un poco de atención a la escena. Michel deambula por la atmósfera durante 24 segundos y Hancock recorre unos 20 metros aproximadamente por la calle, desde el punto de lanzamiento hasta el punto de aterrizaje forzoso.

Con los datos anteriores y realizando unos sencillos cálculos que cualquiera puede llevar a cabo con una preparación mínima a nivel de bachillerato se encuentra rápidamente que el odioso niñito debe abandonar las manos de Hancock nada menos que a una velocidad de 423 km/h y casi en vertical, pues el ángulo de inclinación con respecto a la horizontal debe ser de 89,6 º. La altura máxima que alcanzará antes de regresar y caer en brazos de su insultado es de algo más de 700 metros. Para que estas hazañas sean así de aterradoras y suponiendo que Michel pesa aproximadamente unos 45 kg, la fuerza que tendrá que realizar Hancock con sus brazos para detenerle supera holgadamente el medio millón de newtons, provocando en la criatura una desaceleración superior a las 1200 g’s.

La consecuencia es que no notará ninguna diferencia entre caer rendido en sus brazos o quedar estampado contra un muro de acero, convirtiéndose en Michel-mermelada.



Para finalizar, si de todas formas, todo lo anterior resultase posible, resta aún una duda por solucionar. ¿Cómo es que Michel desaparece tras las nubes, al cabo de no más de un segundo después de salir de los brazos de Hancock? ¿Se avecina tormenta?…

Fuente: Cinema and Science

Tomado de:

Amazing.es

Las canciones de amor de los peces pueden determinar los impactos del derrame del Golfo

Martes, 06 de julio de 2010

Las canciones de amor de los peces pueden determinar los impactos del derrame del Golfo

Cientifico trabaja con un hidrófono a bordo de un barco Si los peces entonan sus canciones de amor, todo marcha bien: el agua es de buena calidad, hay lugares de desove que premiten la reproducción de la especie… Lo sabemos gracias a los expertos en tan curiosas melodías, una ciencia que ahora ha puesto sus conocimientos al servicio de la recuperación medioambiental del Golfo de México.

La primavera y el verano es la temporada de estos recitales, y los conocimientos obtenidos gracias a su estudio podría ayudar a determinar los impactos del derrame de petróleo de BP en las criaturas marinas. Porque, tal y como explica Grant Gilmore, un experto en estas grabaciones, “el desove es la cosa más importante que un pez puede hacer’, sin lugares de desove no habrá peces”.

¿Pero, cómo se las apañan los peces para cantar? Tal y como han averiguado los científicos, en su mayoría son peces macho, que para atraer a sus parejas producen sonidos con sus vejigas, haciendo vibrar de forma sonora sus músculos. Cada especie tiene su propia frecuencia, es decir, su particular ritmo, y las hembras se aparean con los machos que les parece que cantan más bonito.

Una vez se ha producido la conquista, ocurre lo que está mandado por la naturaleza: se expulsan miles de huevos y se libera el esperma… En fin, todo esto es lo que sucede en las zonas de desove, donde las especies vuelven cada año para desovar, siempre por la noche.

Pero este proceso puede verse perturbado por la contaminación, en este caso por el desastre ecológico en el Golfo. Así, sólo con escuchar las canciones de los peces podemos estudiar el impacto del derrame en el ecosistema. Se trata de aplicar la ciencia de los sonidos de los peces para evaluar los daños de la propagación del crudo.

El proyecto que pretende llevar a cabo esta idea es de la Universidad del Sur de Florida, al mando del científico Locascio Jim. En estos momentos, Locascio está elaborando una propuesta para el Instituto de Oceanografía de la Florida que planea colocar una red de hidrófonos en los puertos, bahías, canales, y los bordes de praderas de pastos marinos, siguiendo la ruta derrame del Golfo, con fondos de la BP.

Según Locascio, “los datos acústicos demostrarán si el hábitat es lo suficientemente saludable para el desove de los peces, un punto de partida para sacar muchas conclusiones”.

Vía | www.miamiherald.com
Fotografía | The Official CBCTO

Fuente:

Ecología Blog

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