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12 de mayo de 2010

Miopía, visión y supervisión


Miércoles, 12 de mayo de 2010

Miopía, visión y supervisión

Matrícula de un coche a 60 metros visto por un miope con 1'5 dioptrías, con gafas

y con supervisión. (C) Pablo Artal

Hay personas que tienen una visión superior a la media, llamada “supervisión.” La figura muestra una comparación entre una persona con 1’5 dioptrías de miopía, dicha persona con gafas correctoras y una persona con “supervisión.” Las personas con “supervisión” tienen ojos que son ópticamente normales (como descubrieron investigadores del Laboratorio de Óptica en la Universidad de Murcia) por lo que se cree que tienen un sistema retiniano y neuronal mejor que la media, capaz de corregir las pequeñas aberraciones ópticas que puedan presentar los ojos. Pablo Artal, el “jefe” de este grupo de investigadores tiene un blog, Optics Confidential, algunas de cuyas entradas traduce al español en Optica Confidencial. La figura está extraída de su entrada “¿Cómo vemos? ¿Cómo ven? Simulaciones de la visión en personas miopes, con cataratas…,” 29 septiembre 2009, traducción de ”How we see? How they see? Simulation of vision in persons with myopia, cataracts or supervision…,” September 28, 2009. La entrada incluye un vídeo en inglés que también está disponible en español en youtube (ver más abajo). El vídeo merece la pena.

Para los lectores de este blog, desde:

Francis Science News

Las falacias más repetidas al hablar de Medicina y Pseudomedicina

Miércoles, 12 de mayo de 2010

Las falacias más repetidas al hablar de Medicina y Pseudomedicina

Hace un tiempo me llegó un privado en el foro HomoScience en el que un forero me decía que si la homeopatía y otras pseudociencias no pasaban el filtro de la Ciencia era porque…agárrense, señores…el método científico no es capaz de entenderlas ni calibrarlas bien. Que en un estudio doble ciego no se puede percibir la energía que transmite el curandero, ni el flujo de dicha energía hacia la persona a sanar y que también había que tener en cuenta que en las revistas científicas no se quieren aceptar estudios hechos por homeópatas porque no interesan, no son rentables económicamente. Toma ya. Eso me recordó que tenía pendiente un listado de falacias y dichos repetidos acerca de la Medicina y la pseudomedicina. En fin, iremos por partes, que diría Jack el Destripador…

1. CUANTO MÁS MILENARIA ES UNA MEDICINA, MÁS MOLA

Está claro que si los chinos se aplicaban un emplasto de hojas de bambú hace 5000 años, eso es más eficaz que cualquier pastillita o pomadita actual que ha pasado por miles de ensayos clínicos, estudios y demás zarandajas para asegurarse que funciona y que no tiene demasiados ni muy malos efectos secundarios. Nada de pomada para las hemorroides o de consultar con el médico, señores, aplíquense un emplasto de ésos raros y verán como se sientan más a gusto que un arbusto.

2. LOS MÉDICOS SON MAFIOSOS QUE RECETAN DROGAS

Exacto, hacemos lo mismo que los homeópatas, que por cierto son a la vez prescriptores y dispensadores, qué casualidad. Y claro que no queremos que nadie se cure, por eso está la Medicina Preventiva y somos tan pesados hablando de dieta sana , de no fumar, de beber con moderación,etc. Y no criticamos la Medicina, por supuesto.

3. LOS FÁRMACOS SON PURA QUÍMICA, PURA PORQUERÍA. MEJOR UN REMEDIO NATURAL

Claro que sí, frente a una pastilla en la que sé la dosis exacta de principio activo, preferiré una infusión de hierbas del herbolario, calculando a ojo de buen cubero qué cantidad echar, una cucharaíta má o menoh. Y las píldoras de extracto de ajo, de piña y de vinagre de manzana son supersanas y tienen muchos estudios detrás avalando su eficacia. Ja.

4. LA HOMEOPATÍA RECETA COSAS NATURALES. LA MEDICINA, NO.

¿Es más natural un frasco de agua con memoria que un paracetamol sintetizado con cariño y esmero? ¿Es más natural una infusión de sauce blanco cuya cantidad exacta de principio activo desconoces que una pastilla de aspirina que ha pasado por miles de pruebas? Hombre, si hablamos de lo que es natural y lo que no…no veo muy natural que uses móvil e ilumines tu casa con bombillas…

5. LOS MÉTODOS CIENTÍFICOS NO SON BUENOS PARA EXPLICAR LA HOMEOPATÍA NI LA IMPOSICIÓN DE MANOS

Claro que no, el método científico no puede explicar lo que no existe, es falso o fraudulento.

6. TÚ DEFIENDES LOS FÁRMACOS PORQUE ERES MÉDICO

Sí, lo hago porque soy médico y porque he probado diversos remedios homeopáticos sin resultado alguno. Como os molan tanto los testimonios, os doy el mío: no me gusta gastar tiempo ni dinero en pamplinas que no me resuelven mi problema de salud. Ni los remedios homeopáticos me solucionaron una faringitis brutal de una semana de evolución ni las píldoras de aceite de onagra me regularon la regla ni la infusión de tila alpina consiguió que moderara mis nervios el día que me examiné de la última asignatura de la carrera ni el spray de hierbas silvestres logró que se le fuera a una amiga mía el dolor de un esguince de muñeca.

7. EN LOS PERIÓDICOS SURGEN CADA VEZ VOCES MÁS LIBRES, DISCORDANTES CON LA MAFIA MÉDICA

Ya lo dijo Rinze: periodismo diluido.

Anda, no quiero cansar al personal, otro día seguimos con otras falacias y las acusaciones más frecuentes.

Fuente:

Mondo Médico

¿Ciéntíficos chiflados?


Miércoles. 12 de mayo de 2010

¿Ciéntíficos chiflados?

Dos deliciosas anécdotas... nuca tenga a apasionados por la ciencia como padrinos de boda...


Quizás el título no se corresponda con lo que os quiero contar en nuestra historia de hoy. Por un lado, quiero explicar a las mujeres lo peligroso que puede ser tener un novio biólogo apasionado y a los hombres los peligros de tener como padrino de bodas a un paleontólogo igual de apasionado.

Empezamos por el biólogo.

Estamos en la década de los años 1940, en la sala de actos de la Universidad de Cornell, en una clase de biología. Son las ocho de la mañana y los alumnos tratan de concentrarse. A la mayoría de los estudiantes la introducción a la genética de la mosca de la fruta se les hace muy cuesta arriba. Hay una alumna llamada Lotte Sielman que está lo suficientemente despierta como para oír al profesor que dice:

- Tenemos un alumno que ya ha publicado algunos estudios al respecto: George Streisinger. ¿Dónde está?

Y nadie contesta. Strisinger estaba todavía en la cama. La segunda vez que oyó el apellido, Lotte lo recordó al instante. Era el compañero de piso de su novio. Se lo había descrito como a un “chiflado” y probablemente, según decía el mismo novio, a Lotte le caería muy bien. Tan bien le cayó que acabó casándose con aquel chiflado (después de dejar al novio, claro está). Años antes, Strisinger había aprobado una prueba excepcionalmente dura para entrar en el Bronx High Scool of Science, que cuenta entre sus exalumnos con nada menos que seis Premios Nobel.

Strisinger era un naturalista nato. De niño, en Budapest, pasaba las tardes cazando mariposas o cuidando las palomas que su padre criaba en la azotea de su edificio. Tuvo que abandonarlas en 1939, pues el gobierno húngaro había aprobado las leyes antisemitas. Su futura esposa había hecho lo propio de Munich un año antes.

Lo divertido de la historia es la relación que hubo entre ambos, en la que su trabajo como investigador interaccionaba con sus vidas. Cuando Lotte se fue a Colorado para pasar las vacaciones con su familia, Strisinger le envió unos plátanos y unas probetas para que le cazara moscas de la fruta. Cuando acababan de conocerse solían asistir a conciertos de música de cámara o dar paseos para observar pájaros. Lotte recuerda que sus citas a menudo terminaban en un entorno muy romántico: en una charca del lugar a la que “George me llevaba para que observara los rituales de apareamiento de ranas y salamandras”. ¿Os imagináis la situación?

George se trasladó a Indiana para trabajar con Salvador Luria mientras que Lotte se quedó en Ithaca terminando su maestría. Siempre que podía, nuestro hombre recorría en autoestop más de 220 kilómetros (mitad de ida y mitad de vuelta) para ir a verla.

La pregunta es: ¿quién es el chiflado, él por ser como era o ella por aguantarlo?

Vamos a la otra historia. En los momentos de descubrimiento los científicos olvidan las convenciones sociales. Una pareja se iba a casar en 1924. La boda no es en sí lo importante, sino lo que sucedió con el padrino mientras se estaba vistiendo. Antes de presentároslo, he de poneros en precedentes.

Por aquella época era de sobras conocido que Darwin había conjeturado en su libro “El origen del hombre” que nuestra especie se había originado en África. La razón era porque nuestros parientes más próximos, los gorilas y los chimpancés, se encontraban allí. Pero no era más que un presentimiento y no había fósiles que lo respaldaran. Entre nosotros y el antepasado común que debíamos haber compartido con los grandes simios, un ancestro con más aspecto de simio que de humano, se abría una gran brecha.

Por otro lado, es fácil admitir la evolución en las diferentes especies, pero no en nosotros. Hay quienes admiten tranquilamente que los mamíferos evolucionaron a partir de los reptiles, pero todavía hoy les cuesta aceptar que nosotros hayamos evolucionado desde otra especie. Animados por la creencia religiosa de que el ser humano es un objeto especial de la creación, se resisten a aceptar que somos un producto del proceso ciego y mecánico de la selección natural. Si eso es así hoy día, imaginad por aquella época. Así mismo, he de recordar que un año después del que hablo, en 1925, el profesor John Scopes fue juzgado y hallado culpable de violar la Ley Butler del estado de Tenesee, donde enseñaba. Curiosamente, aquella ley prohibía ya no enseñar la evolución en general, sin la sola idea de que los humanos habían evolucionado.

Pues bien, el padrino de la boda era un joven profesor de anatomía de la Universidad de Witwatersrand llamado Raymon Dart. Poco antes, un antropólogo aficionado había hecho correr la voz de que estaba buscando “hallazgos interesantes” para llenar un nuevo museo de anatomía. Mientras se estaba vistiendo para el evento, el cartero le trajo dos cajas de rocas que contenían huesos excavados en una cantera de caliza cercana a Taung. Él mismo nos explica qué pasó:

Tan pronto levanté la tapa, un escalofrío de excitación me recorrió el cuerpo. En la parte superior de la roca había lo que sin duda era el molde superior de un cráneo. Si hubiera sido el molde endocraneal fosilizado de cualquier especie de simio, hubiera sido un gran descubrimiento, pues nunca antes se había hallado tal cosa. Pero supe desde el primer momento que lo que tenía en mis manos no era un cerebro antropoide normal y corriente. Lo que tenía, en arena consolidada con caliza, era la réplica de un cerebro tres veces más grande que el de un babuino y considerablemente mayor que el de un chimpancé adulto. Podía apreciarse con claridad la singular imagen de las circunvoluciones y surcos del cerebro y los vasos sanguíneos del cráneo.

No era bastante grande para un hombre primitivo, pero incluso para un simio era un cerebro grande y abultado y, lo que era más importante, el prosoencéfalo era tan grande y había crecido tanto hacia atrás que cubría casi completamente el romboencéfalo.

¿Había allí, en aquel montón de rocas, alguna cara que correspondiese al cerebro? Rebusqué febrilmente en las cajas. Mi afán se vio recompensado, pues encontré una gran piedra con una depresión en la que el molde encajaba a la perfección. Vagamente visible en la piedra había el perfil de un trozo de cráneo e incluso la parte posterior de la mandíbula inferior y un alvéolo de un diente que me decía que el rostro debía hallarse por algún lado del bosque (…)

Permanecí en la sombra sosteniendo el cerebro con la misma codicia que un avaro abraza su oro, mientras mi mente se dispersaba. Tenía, de eso estaba seguro, uno de los hallazgos más importantes jamás realizados en la historia de la antropología. La desacreditada teoría de Darwin de que los antiguos progenitores del hombre probablemente habían vivido en África me vino a la mente. ¿Iba a ser yo el instrumento del hallazgo de su “eslabón perdido”?

Lo que había encontrado Raymon Dart era el primer especimen de lo que hoy conocemos como Australopithecus africanus. Durante los tres meses siguientes, Dart realizó una meticulosa disección de la roca con la ayuda de unas agujas de calceta afiladas que tomó prestadas de su mujer consiguiendo revelar el rostro completo. Era la cara de un niño conocido hoy como el niño de Taung en que podían verse los dientes de leche, incluso algunos molares que empezaban a salir. Lo interesante era la mezcla de caracteres de simio y de humano que le convencieron totalmente de que había tropezado con los albores de la ascendencia humana.

Pero bueno, volvamos al momento. En esos pensamientos estaba cuando…

Estas agradables ensoñaciones fueron interrumpidas por el novio, que me tiraba de la manga. “Por Dios, Ray”, me dijo, intentando reprimir la urgencia nerviosa de su voz. “Tienes que acabar de vestirte inmediatamente, o tendré que buscarme otro padrino. El coche nupcial llegará en cualquier momento”.

Fuentes:
“Una historia de la biología según el conejillo de indias”, Jim Endersby
“Por qué la teoría de la evolución es verdadera”, Jerry A. Coyne

Fuente:

Historias de la Ciencia

10 de mayo de 2010

Cuando los astronautas quieren ir al baño


Lunes, 10 de mayo de 2010

Cuando los astronautas quieren ir al baño

Por supuesto, no estamos hablando de la materia oscura ni de la existencia de vida extraterrestre. Eso son nimiedades. Se trata de la respuesta a la pregunta que se han hecho millones de personas desde los orígenes de la conquista espacial: ¿cómo es el retrete de una nave espacial?

Ahora, gracias al astronauta Mike Massimino podemos ver no sólo cómo es el retrete del transbordador espacial, sino además cómo se usa y, lo mejor, cómo es el entrenamiento. Les dejo con el vídeo. Disfrútenlo:




El retrete recibe el nombre de Waste Collection System (WCS) en la terminología de la NASA y no es un mero receptáculo de desechos humanos, sino que tiene un complejo sistema de ventiladores y filtros para secar las heces mediante exposición al vacío y almacenarlas en una bolsa sin que aparezcan fugas de olores o de "otro tipo", además de mantener a raya a las bacterias. El mecanismo de recogida de la orina es más simple: una manguera con un flujo de aire hacia dentro que se "une" a las partes íntimas del astronauta mediante un embudo personal desechable de plástico. Este embudo viene en dos versiones, una para hombres y otra para mujeres. Para evitar que el astronauta salga volando justo en el momento más delicado de la operación, el WCS incorpora una serie de soportes, barras y mecanismos de sujeción con velcro.



El WCS, retrete del shuttle (NASA).



Panel de control del WCS (NASA).


Embudo personal desechable para la orina: esta es una versión masculina (NASA).


Esquema del WCS (NASA).


Versión original del WCS del shuttle (LIFE Magazine).

En el interior de la ISS se emplean otros dos retretes, el ASU-8A en el módulo ruso Zvezdá y el Waste and Hygiene Compartment (WHC), situado en el Nodo 3 (Harmony). Aunque situado en el segmento norteamericano, el WCS es en realidad una unidad ASU-8A rusa fabricada por NPP Zvezdá y adquirida por la NASA en 2007. El WHC llegó a la estación durante la misión STS-126 en 2008. La orina recogida en los retretes se emplea para generar agua que puede ser consumida -tras los debidos procesos de purificación, se entiende- o utilizada para generar oxígeno por electrólisis. Las unidades ASU-8A son versiones mejoradas de las empleadas en la estación Mir.





Unidad ASU-8A. El sistema consta de dos sistemas, uno a usar cuando se hacen aguas mayores y otro conectado a una tubería cuando solamente se quiere orinar. Naturalmente, las boquillas de los urinarios son personales y se sustituyen regularmente. La orina recogida se almacena en dos contenedores situados en la parte trasera del ASU. Para residuos de mayor calibre está el depósito situado bajo el hueco principal.


Localización exacta del ASU en el interior del Zvezdá.



WHC en la ISS (NASA).

En la Soyuz, debido a obvias limitaciones de espacio y masa, el "retrete" (ASU, Assenizatsionnaia Ustanovka, "instalación higiénica") es más simple y está localizado en el módulo orbital (BO):


Detalle del retrete (ASU) que se halla instalado en el interior de un BO (Novosti Kosmonavtiki).

Por supuesto, en muchas ocasiones -actividades extravehiculares (EVAs), el lanzamiento o la reentrada- los astronautas no pueden ir al baño, así que hacen uso del sistema de higiene más personal que existe: el pañal.

Fuente:

Eureka (el blog de Daniel Marín)

Hablar solo no es de locos


Lunes, 10 de mayo de 2010

Hablar solo no es de locos

Conversar con uno mismo tiene muchas ventajas, según el psiquiatra Luis Rojas Marcos. Es un desahogo y rebaja la tensión emocional. Poner palabras a los sentimientos, con o sin público, ayuda a sacarlos de la cabeza.


Si a alguien le pillan hablando solo, lo más normal es que se invente una excusa. Por ejemplo, "estaba pensando en voz alta". Es raro que alguna persona reconozca que mantiene encendidos diálogos con el espejo del baño o que consigue resolver importantes cuestiones después de explicarse a sí mismo en voz alta una y otra vez el asunto en cuestión. Socialmente no está aceptado hablar solo. Todavía se asocia con algunos trastornos mentales como la esquizofrenia, patologías en las que los enfermos oyen voces en su cabeza y entablan hipotéticos diálogos con ellas.

Pero la gente sana que habla sola está muy cuerda. Al menos eso dice el psiquiatra Luis Rojas Marcos. En su último libro, Superar la adversidad. El poder de la resiliencia (Espasa Libros, 2010), apunta que "hablar con amigos, con una planta, con un gato o con uno mismo es uno de los factores que ayudan a superar una situación de crisis". Hablar con uno mismo en voz alta también es útil para pensar mejor y tomar decisiones. "Para mucha gente es una forma de rebajar la intensidad emocional, un desahogo. ¿Están locos? No creo, las ventajas son enormes", comenta el psiquiatra.

En foros protegidos por el anonimato como son los grupos de fans que se crean en la red social Facebook, el grupo Hablar Solo consiguió 5.999 seguidores en tiempo récord; el 70% eran mujeres. "¿Es que los hombres no hablan solos?", se preguntaba su creador. La razón más frecuente que aducían los miembros del grupo para juntarse desbordaba sentido común: "Soy la única que me entiendo perfectamente a mí misma". La versión en inglés de este grupo, Just Because I Talk to Myself doesn't Mean I Am Mad" (hablar solo no significa que esté loco), tenía una cantidad similar de seguidores con argumentos de la misma naturaleza.

Rojas Marcos afirma que "es bueno antropomorfizar a los animales y a las plantas, los efectos son similares a comunicarte con un ser humano". Para el psiquiatra, la gran ventaja de hablar, solo o con público, es que "al poner palabras a los sentimientos, los sacas de tu cabeza, haces tu versión de los hechos y cuentas tu historia". Este experto en estrés postraumático cree que es importante "teorizar" sobre lo que nos pasa. "Los sentimientos que no tienen palabras se acumulan en la memoria emocional. Por ejemplo, las imágenes y los olores de una situación de terror se quedan en la memoria emocional y sólo convirtiéndolas en palabras pasan a la memoria verbal. Lo más sano es pasar lo que se acumula de la memoria emocional a la verbal".

Hablar solo tampoco es un síntoma de soledad o de no tener amigos. Para mucha gente es una manera de organizar o aclarar las ideas. Cuanta más extravertida es la personalidad, los diálogos internos en voz alta son más frecuentes. En opinión de la psicóloga Isabel Larraburu, las personas que exteriorizan mucho sus ideas y estados de ánimo necesitan mayor cantidad de estímulos sensoriales para conseguir el equilibrio personal. "Si se ven forzados al aislamiento o la soledad, pueden llegar a construirse un ambiente a su medida hablando solos, con los animales o con las plantas". Todo lo contrario les pasa a los tímidos. "Un exceso de estímulos externos puede llegar a descompensarles. Están más a gusto con el silencio", explica la psicóloga.

La otra cara del diálogo sin fin con uno mismo es menos amable. "Es beneficioso hablar de cosas que han ocurrido en el presente, pero hablar compulsivamente y sin control de algo pasado no ayuda a pasar página", dice Rojas Marcos, que cuenta que a su consulta llegan pacientes con problemas de ansiedad cuyo origen está en un trauma de la infancia. Estos casos lo ponen en la disyuntiva de si es conveniente o no hablar del pasado para ayudar al paciente. "Remover o no remover, esa es la cuestión", ilustra el psiquiatra, y añade que hay que hablar del pasado sólo cuando es útil.

El psiquiatra Jesús de la Gándara también opina que no parar de hablar de algo pasado "aumenta la permanencia de los problemas en la conciencia, causa fatiga emocional e impide avanzar". La cháchara compulsiva sobre un tema contribuye al fenómeno que los psiquiatras llaman mood amplification, es decir, la amplificación de los estados de ánimo negativos. Una de las terapias psicológicas más de moda en Occidente, el mindfulness, que consiste en eliminar la dispersión mental y concentrarse en disfrutar el presente, aboga por poner en práctica "el olvido voluntario". Isabel Larraburu dice cómo hacerlo en su libro Atención plena (Temas de Hoy, 2009). Para conseguirlo conviene "dejar de recrear los malos recuerdos mediante conversaciones (...) de modo que vayan cayendo en desuso, y no rememorar los detalles para que no se fijen en la memoria a largo plazo". Esta terapeuta opina que "hablar no es terapéutico, reivindico el silencio para utilizar las palabras de forma más sabia. Esto implica equivocarse menos, y no soltar la palabrería para esconder sentimientos u ocupar los momentos de incomodidad".

Sin embargo, la gente sigue con necesidad de contar su vida. "Probablemente se hable mucho, pero no lo suficiente, de las cosas importantes", opina Rojas Marcos. En su web (www.luisrojasmarcos.com), personas desconocidas le dejan testimonios "desgarradores", le piden opinión sobre "intimidades y cosas serias". "Me sorprende que la gente tenga tanta necesidad de desahogo a través de un medio por el que sólo puedo dar consejos muy generales. Es como llamar al teléfono de la esperanza".

De niños o de adultos, todos tenemos soliloquios. Se estima que estas reflexiones en voz alta sin interlocutor suponen entre el 20% y el 60% de los comentarios que hacen los niños entre los cuatro y los 10 años. Cuando nos hacemos mayores, seguimos contándonos una receta mientras cocinamos, repetimos un número de teléfono para memorizarlo o nos animamos frente al espejo con esa conversación/discusión que tenemos que tener de una vez con el jefe.

¿Cuándo empieza a ser un problema?

Las fases agudas de algunas enfermedades mentales como las psicosis, la esquizofrenia y el trastorno bipolar se caracterizan por las alucinaciones auditivas. Los enfermos escuchan voces y contestan. Estas "voces" pueden transmitir ideas y pensamientos delirantes u órdenes absurdas o peligrosas.

Cuando no exista una explicación coherente al soliloquio o vaya acompañado de conductas extrañas, hay que empezar a sospechar. También debe consultarse al médico cuando hablar solo sea una conducta excesivamente frecuente que ocurra fuera de un contexto lógico.

Fuente:

El País Ciencia

6 de mayo de 2010

Matemáticas aplicadas a la vida real: Probabilidades


Jueves, 06 de mayo de 2010

Matemáticas aplicadas a la vida real: Probabilidades


Y, además, una gran sorpresa: se estrena MUY TV, con videos de ciencia. aquí les dejo uno d elos videos que trata, obviamente, sobre probabilidades:

Hace unos cuantos años estuve en un congreso en Odessa, una hermosa ciudad ucraniana a las orillas del mar Negro. El clima era agradable, había edificios preciosos y salvo los científicos con los que hablaba el resto de la gente no entendía casi nada el inglés. Y yo el ruso, mejor dicho el ucraniano, nada de nada.

No sé si le habrá pasado, pero resulta duro eso de ir por la calle y no tener ni idea de lo que ponen los letreros de las calles. Cuando quería comprar algo, ponía cara de interrogante, hacía el símbolo universal del cuánto cuesta con el dedo pulgar y el índice y les pasaba un papel y un boli para que apuntaran el precio. Una comida decente costaba unos 150.000 cupones ucranianos, unas 400 pesetas de entonces. La moraleja de esta anécdota es que aunque no sepamos muchos idiomas, hay uno que es universal: las matemáticas. Todo el mundo entiende los números. Las matemáticas son universales.

Con respecto a esto, hay una curiosa anécdota referida a uno de los químicos más importantes de este siglo: Josiah Willard Gibbs. Gibbs era un silencioso y retraído miembro de la comunidad universitaria de la prestigiosa universidad de Yale. Sobre él se dice que durante los treinta años que estuvo allí sólo pronunció un discurso. Cuentan que su impenitente silencio lo rompió durante una acalorada discusión de café acerca de qué disciplina, las lenguas clásicas, las lenguas modernas o la ciencia, entrenaba mejor a la mente. Gibbs, con su habitual parsimonia, se levantó y dijo:

- Señores, las matemáticas son un lenguaje.

Y volvió a sentarse.

Ciertamente las matemáticas son un lenguaje. Y un lenguaje universal. Por eso los científicos son capaces de comunicarse unos a otros aunque no comprendan el idioma con quien comparten su información. Pero lo más misterioso de todo es que las matemáticas son el único medio que tenemos para entender el mundo que nos rodea. El lenguaje con el que se expresa la naturaleza es el de las matemáticas y quien quiera leer ese libro debe aprenderlas. No sabemos muy bien por qué esto es así. Es más, tampoco tenemos claro que la Naturaleza sepa matemáticas. Quizá es el medio que nosotros usamos para interpretar los hechos del mundo.

Ahora bien, no es difícil escuchar todos los días frases como «las matemáticas nunca fueron mi fuerte» o «no me hables de matemáticas; yo soy de letras». Incluso a veces podemos escuchar a nuestro interlocutor vanagloriarse de que no tiene ni idea de matemáticas, que a él le basta con sumar y restar. Este comportamiento forma parte de cierta corriente social donde está bien visto declararse analfabeto en cualquier cuestión relacionada con las ciencias. Algo sorprendente, pues a nadie se le ocurriría sentirse orgulloso de no saber quién era Cervantes.

Por desgracia, las consecuencias del anumerismo matemático son graves. La vida cotidiana está repleta de situaciones donde un conocimiento elemental de matemáticas resulta fundamental para tomar una decisión adecuada. Esto es especialmente exagerado en nuestra percepción de la probabilidad. Un ejemplo lo tenemos en la llamada «falacia del jugador». Supongamos que en la ruleta de un casino ha salido seis veces seguidas el color rojo. Los jugadores suelen pensar que en la partida siguiente hay más posibilidades de que salga negro cuando en realidad hay la misma que antes, un 50%.

La probabilidad

Esta ceguera ante las probabilidades es aún más marcada cuando queremos analizar situaciones de riesgo. Sabemos distinguir entre lo que no comporta ningún riesgo y lo que sí lo tiene. Sin embargo, somos incapaces de diferenciar entre un acto que tiene, por ejemplo, un 1/10.000 de riesgo de otro con un 1/100. Lo que nos preocupa no es si el riesgo es alto o bajo, sino que existe riesgo. Y aún más grave: mientras desechamos realizar ciertos actos porque comportan riesgo, asumimos otros donde el porcentaje de riesgo es mayor. Un ejemplo está en el caso de los accidentes de avión. Dejando a un lado las fobias, algunas personas no quieren volar por el temor a un accidente. Pero eso no les impide coger el coche cuando la probabilidad de morir en accidente de circulación es mucho mayor. La máxima ironía aparece cuando, para justificarse, dicen eso «bueno, sí, pero si te toca… te toca», como si eso no sucediese con los coches. Estos ejemplos nos demuestran que el ser humano no sabe estimar probabilidades de manera intuitiva; necesitamos aprender a hacerlo. Nuestro cerebro tiene la manía de hacernos creer que un acontecimiento es muy probable de que ocurra, no basándose en pulcros cálculos probabilísticos, sino por un motivo mucho más mundano: cuanto más fácil nos resulte imaginarlo mentalmente y cuanto más nos impresione emotivamente.

Alguien dijo una vez que en esta vida sólo hay dos cosas ciertas: la muerte y los impuestos. Y es verdad. El resto de las cosas nos pueden o no nos pueden suceder. En fin, que nuestra vida está gobernada por la probabilidad.

Sabido esto, lo que resulta más chocante es que no nos preocupemos realmente por entender lo que es la probabilidad. Ni tan siquiera sintamos la más mínima necesidad de saber estimarla, y eso teniendo en cuenta que el ser humano posee una innata incapacidad para interpretarla. A veces pienso que se trata de algo genético. Si no, les reto a que hagan el siguiente experimento con sus amigos.

A un grupo de ellos propóngale el siguiente problema. Imaginen que el gobierno está preparando un remedio para la famosa gripe A. Sus amigos forman parte del equipo que debe decidir entre dos tratamientos. De 600 personas, el tratamiento A salvará con certeza a 200. Del B hay una probabilidad de un tercio de que se salven las 600 y, por tanto, dos tercios de que no se salve ninguna. Ahora elijan qué tratamiento escogerían. Si se cumple el promedio, cuando esta pregunta se hizo a un grupo de personas el 72% escogió el programa A. Ahora plantee este problema, pero con otro enfoque, a otro grupo de amigos. Dígales que con el programa A morirán con toda certeza 400 personas y con el programa B no morirá ninguna con un tercio de posibilidades y morirán las 600 con dos tercios. De nuevo, si se cumple el promedio, el 78% de las personas a quien les hizo esta pregunta escogió el programa B.

¿Cómo es posible que, siendo el problema idéntico, se opten por dos programas diferentes simplemente porque se ha presentado de manera distinta?

Aún peor. A largo plazo ambos programas tienen el mismo resultado: se salvan 200 y mueren 400, luego resulta indiferente decantarse por uno o por otro.

Fuente:

Muy Interesante

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