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22 de octubre de 2007

50 ideas sencillas para salvar el planeta (II)



11. Conducir menos

La regla más importante para hacer más habitable nuestro entorno urbano: conducir menos. El transporte público en España consume seis veces menos energía, por cada viajero, que el privado, según datos del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE). Los coches consumen ahora un 20% menos que hace 20 años, pero aun así, el transporte es responsable en España de un tercio de las emisiones de CO2. Los datos cantan: está comprobado que uno de cada diez viajes que se realizan en coche en la ciudad es para moverse menos de 500 metros, una distancia que prácticamente todos podemos cubrir saludablemente caminando. Si fuéramos a pie en todos los desplazamientos de menos de dos kilómetros, podríamos ahorrar a España casi 1.000 millones de litros de combustible al año.

12. Eco-coches

Si nuestra única opción es el coche, busquemos uno que consuma lo menos posible. Pensemos en las opciones de modelos híbridos. O en echar al depósito biocarburante. En www.idae.es podemos encontrar una base de datos con el consumo de cada modelo. No olvidar que los vehículos más grandes gastan más que los pequeños. Y buena parte de su consumo dependerá también de la persona que esté al volante. Una conducción eficiente puede reducir el gasto de combustible y la emisión de CO2 un 15%. Primera regla: una velocidad moderada y constante.

13. Ciudad mediterránea

Si está buscando casa para alquilar o comprar, baraje seriamente la posibilidad de vivir en el núcleo de la ciudad, preferentemente en un edificio antiguo rehabilitado. No dejemos morir el modelo de ciudad mediterránea, compacto, tan humano, y lo cambiemos por el de urbe extendida, desperdigada, al estilo de las norteamericanas, una sucesión de urbanizaciones en las que resulta difícil establecer relaciones entre vecinos y que nos obligan a depender del vehículo privado.

14. Más zonas verdes

Reclamemos zonas verdes, pequeños pulmones para nuestra ciudad. Cumplen una importante función psicológica. Está probado que en barrios con zonas de esparcimiento verde, los niveles de conflictividad, estrés y depresión de sus vecinos disminuyen. Son una válvula de descongestión. Y exijamos que no se pierda la tradición del jardín árabe. En vez del uso de césped a diestro y siniestro ?costumbre heredada de los húmedos países anglosajones?, pidamos plantas autóctonas, que requieren menos riego y más imaginación.

15. Menos ruidosos

Un poco de silencio, por favor. Cuidar el medio ambiente no es sólo por la salud del planeta, sino también por la nuestra, por el equilibrio de todos los seres que habitamos la Tierra. Por eso debemos evitar que nuestro comportamiento en la ciudad sea muy ruidoso. Según la OCDE, el 20% de los habitantes de la UE sufren un nivel de ruido por encima del límite establecido por la OMS como aceptable: 65 decibelios. La contaminación acústica deteriora la calidad de vida de una ciudad y tiene además efectos directos sobre la salud; los más claros: nerviosismo, irritabilidad y estrés. Según el Observatorio de la Sostenibilidad en España, el 35% de las quejas por ruido proceden de locales de ocio.

16. Ocio sin consumo

Elija un ocio menos consumista. No deje que la obsesión por comprar le condicione y se convierta en el protagonista de su tiempo libre.

17. Más bicicletas

Muévase en bicicleta, si la orografía, clima y tráfico de su ciudad lo permiten. Y si ve que no es seguro desplazarse sobre dos ruedas, exija a su Ayuntamiento carriles bici.

18. Escapes

Avise a averías de los servicios municipales en cuanto detecte un escape de agua en la red de distribución.

19. El brillo de las estrellas

Pida a su Ayuntamiento que la iluminación de las calles sea eficiente y de bajo consumo, que no despilfarre luz hacia el cielo, que, además, contamina las estrellas.

20. Más participativos

El 80% de la población europea y el 60% de la mundial viven en ciudades. El ritmo de concentración urbana continúa a un ritmo cada vez más acelerado. No adopte una actitud pasiva. Movilícese. La ciudad la hacemos entre todos. Participe en movimientos y plataformas vecinales, y tenga en cuenta los compromisos ambientales de verdad cuando vote.

21. La bolsa o la vida

Cuando vayamos a la compra, no olvidemos llevar nuestra propia bolsa, cesta o carrito. Las bolsas de plástico suponen un coste ambiental demasiado elevado para utilizarse en un único trayecto del mercado a casa. Pueden tardar cientos de años en descomponerse; en sus poco más de 25 años de historia se han convertido en una plaga. La web www.reusablebags.com asegura que cada minuto se fabrica en el mundo cerca de un millón de bolsas de plástico. En España se estima que se reparten al año 10.500 millones de estas bolsas, lo que equivale a más de 230 por persona. Ahorre al planeta sus 230 usando la cabeza. También puede pedir a su establecimiento habitual que faciliten otro tipo de bolsas reutilizables.

22. Apueste por lo biológico

Apúntese a los alimentos ecológicos, también denominados biológicos o bio. Provienen de una agricultura y una ganadería extensivas que no usan productos químicos sintéticos para aumentar su rendimiento o para luchar contra las plagas. España es uno de los mayores productores de alimentos biológicos, pero la gran mayoría de lo obtenido se dedica a la exportación. ¿Es que no sabemos apreciarlo nosotros? Apoye el esfuerzo de estos agricultores y ganaderos que han decidido cambiar por el medio ambiente.

23. El vidrio se recicla bien

¿Vidrio, tetrabrik, plástico o lata de aluminio? ¿Cuál escoger cuando un mismo producto se puede encontrar en diferentes envases? "Lo mejor es el cristal", opina Juan López de Uralde, director de Greenpeace España, que asegura que no sale a la compra sin su cesto o su bolsa de tela. ¿Y después del vidrio? Según dice, el plástico que no sea PVC y la lata resultan más fáciles de reciclar que el tetrabrik. "De todas formas, ante la duda, yo cojo el que ofrezca menos envase por más contenido".

24. Un respeto a los peces

En la pescadería, debemos leer la etiqueta identificativa de cada pescado. En ella ha de figurar el tipo de aparejo utilizado en su pesca. Cuanto más selectivo, más sostenible (mejor con anzuelos o palangres que con redes). Y recuerde: "Pezqueñines, no". La talla mínima de una sardina debe ser de 11 centímetros. Y la del boquerón, de 9 en el caladero mediterráneo y 12 en el cantábrico, noroeste y golfo de Cádiz. Podemos consultar las tallas mínimas en la web del Ministerio de Agricultura.

25. Menos carnívoros

Para producir un kilo de trigo se necesitan unos 1.000 litros de agua, y para un kilo de arroz, 1.400 litros, según el Consejo Mundial del Agua. En cambio, para un kilo de ternera se requieren 13.000 litros. ¡Vaya con la carne! Reduzcamos su consumo. No hace falta comer tanta; con dos o tres raciones semanales es suficiente. Con la comida, pensemos ante todo en la salud. También suele ser lo más ecológico. Hagamos caso a los expertos en nutrición y sigamos una dieta equilibrada con mucha fruta y verdura.

26. Cercanías

Compre productos locales, ya que para llegar hasta el mostrador del mercado habrán requerido menores desplazamientos y, por tanto, menos gasto energético.

27. Agua del grifo

Piense bien si merece la pena comprar agua embotellada cuando se puede beber la del grifo. Incrementa el gasto en energía y creará un futuro residuo.

28. Sin bandeja

Compre alimentos naturales a granel siempre que sea posible. Reducirá envoltorios y ganará calidad. Evite llevarse a casa esas bandejas blancas cada vez más habituales en el súper.

29. Alerta: transgénicos

Uno de los enemigos número uno de los ecologistas son los transgénicos. Recomiendan no consumirlos porque, dicen, todavía faltan pruebas que demuestren su inocuidad para la salud y el medio ambiente. Su presencia debe ir notificada en la etiqueta del producto.

30. El pequeño comercio

Evitemos ir en coche a un establecimiento lejano si podemos realizar la compra caminando sin salir del barrio. Apoye el pequeño comercio, savia del modelo mediterráneo de ciudad.

Fuente:

El País (España)

21 de octubre de 2007

50 ideas sencillas para salvar el planeta (I)



Wangari Maathai, Nobel de la Paz en 2004: "No son las cosas grandes las que marcarán la diferencia, sino más bien los pequeños pasos que demos cada uno cada día". Es nuestra apuesta en esta nueva andadura. Cambiemos el rumbo. Está a nuestro alcance. Cada uno de nosotros, cada lector, cada periodista tiene en su mano más poder del que se imagina. Con sus pequeñas decisiones diarias -qué compra, dónde, cómo va a trabajar, cómo es su casa, a quién vota, dónde ahorra, qué come...- puede lograr que el planeta se recomponga.

Seguramente haya escuchado (probablemente también lo haya pensado): "¿Para qué cambiar nuestros pequeños hábitos de consumo, si quienes realmente ostentan el poder siguen comportándose igual?". Nos minusvaloramos. Si nosotros exigimos otros productos, otras actitudes, Gobiernos y empresas deberán adoptar otros registros. Confianza y optimismo. Otro Nobel de la Paz, Martin Luther King: "Si supiera que el mundo se ha de acabar mañana, yo hoy aún plantaría un árbol". No se piden grandes esfuerzos, ni siquiera renunciar a la comodidad. La misma recomendación sirve para las compras que para nuestra vida: rechace el exceso de envoltorios, el empaquetado superfluo; lo único que hace es complicar nuestra bolsa de la basura. E. F. Schumacher, economista: "Debemos vivir con sencillez para que otros, sencillamente, puedan vivir".


1. Otras bombillas

Cambie las bombillas incandescentes por otras de bajo consumo. Son más caras, pero duran hasta diez veces más, y gastan entre cuatro y cinco veces menos. Éste era el primer consejo de la campaña de promoción de la película Una verdad incómoda, de Al Gore. El Gobierno australiano obligó a comienzos de año a acometer ese cambio en todo el país, toda una revolución de bombillas. En España, cada hogar es responsable de producir hasta cinco toneladas anuales de CO2, principal causante del efecto invernadero. Tenemos que disminuir el consumo de energía. Nuestro comportamiento es decisivo para frenar el cambio climático, que, según los expertos, provocará este siglo un aumento de las temperaturas medias de dos a cuatro grados, una subida de las aguas de los mares de 28 a 43 centímetros y la extinción del 20% de las especies.

2. Demasiada basura

Las bolsas de basura de nuestras casas no paran de engordar. Otro síntoma más de la sociedad de consumo. En 1990, un español generaba una media de 323 kilos de residuos domésticos al año; en 2004, esta cantidad había aumentado a 524 kilos, según el Observatorio de la Sostenibilidad en España. Recuerde la triple regla de oro para gestionar bien los residuos: reducir, reutilizar y reciclar. La sociedad avanza en el reciclaje, pero no en las dos primeras opciones. Del cerca de kilo y medio de residuos que generamos cada uno al día en casa, casi medio kilo corresponde a envases y envoltorios. Estos materiales son muy voluminosos, y a menudo también superfluos e incluso complicados de reciclar. Debemos evitar comprar productos con exceso de embalaje. Si seguimos esta sencilla regla, nuestras bolsas de basura habrán solucionado buena parte de su sobrepeso.

3. El sol en casa

Las energías renovables se están implantando rápidamente. Los paisajes se han llenado de aerogeneradores (en algunas zonas hasta en exceso, con un impacto visual y auditivo sin calibrar). En poco tiempo se instalarán también en plataformas marinas. Y, según las nuevas normas de edificación, toda vivienda de nueva construcción debe incorporar unas superficies mínimas de colectores solares. Además, existen subvenciones para instalar placas fotovoltaicas; las compañías eléctricas están obligadas a comprar la energía que se genere con ellas a un precio con incentivo. A pesar de ser un país privilegiado en este sentido, a pesar del extraordinario potencial de sol con que contamos, España está muy por detrás en instalación de paneles en casas respecto a otros países, como Alemania y Austria, que soportan muchos más días nublados.

4. Un jersey y un toldo

Si tiene calefacción individualizada, instale un termostato para controlar el gasto. Antes de subir la temperatura o recurrir al aire acondicionado, probemos otras opciones que no requieran energía, como ponerse un jersey en invierno o generar corrientes cruzadas de aire en verano. Echemos mano también de toldos, persianas y ventiladores en época de calor. Y vigilemos a qué hora ventilamos las estancias. Si al final no son suficientes estas medidas, al menos habremos reducido las necesidades de calor o frío de la situación inicial. Recuerde, además, que las mejoras en el aislamiento de la vivienda permiten obtener ahorros energéticos y económicos de hasta un 30% en calefacción y aire acondicionado.

5. Desechos tecnológicos

Cuidado con la basura tecnológica; los aparatos electrónicos contienen sustancias peligrosas. Una batería de cadmio del móvil puede contaminar 600.000 litros de agua. No tire estos residuos a la basura. Llévelos a un punto limpio. Y piense dos veces antes de cambiar de aparato. Para fabricar un ordenador se han necesitado 240 kilos de combustibles fósiles, 22 kilos de productos químicos y 1.500 litros de agua. Fabricar un teléfono supone generar hasta 75 kilos de residuos contaminantes, aunque luego nos vendan como un gran adelanto su pequeñísimo tamaño.

6. Grifos en buen estado

Ojo con el agua. Revise todos los grifos de la casa. Que no goteen. Una forma de reducir el consumo es colocar difusores de caudal.

7. Vigile las facturas

Compruebe cada mes las facturas de agua y energía para llevar el control del consumo. Es más, propóngase bajarlo. Márquese un reto, un objetivo. Si lo logra, doble satisfacción.

8. Al mercadillo

Compremos muebles duraderos. Esto no quiere decir que tengan que ser nuevos, también podemos reciclar alguno o acudir a tiendas de segunda mano.

9. Gota a gota

Si tiene jardín, instale riego por goteo. Elabore su propio abono (compost) con los restos orgánicos. Y cuide mucho el uso de plaguicidas y fertilizantes químicos.

10. Cartas sin papel

Pidamos que las facturas y extractos mensuales lleguen a nuestro correo electrónico en lugar de al buzón de cartas de casa. Menos papel que tirar.

Fuente:

Diario El País

20 de octubre de 2007

Mitos sobre los alimentos (IV)

Kati Konersman -

Finalizamos con los mitos y creencias que muchos compartimos y lo que la ciencia ha podido demostrar.



36.— Cuando se tiene un ataque de hígado, nada mejor que un té con limón. Sí, pero es aún mejor cuando es un té de limón (trozos de limón cortados y hervidos en agua), porque mejora el funcionamiento vesicular.

37.— Tomar vitamina C de noche puede provocar insomnio. Falso. La vitamina C es antioxidante, favorece la cicatrización de heridas y es útil en el tratamiento de infecciones respiratorias. No presenta ningún efecto secundario de insomnio.

38.— Las sodas de lima-limón ayudan a combatir la fiebre. No es exacto. Los médicos acostumbran recetarlas para compensar la deshidratación en lugar de las colas que, por su alto contenido de cafeína, pueden producir ansiedad en el paciente.



39.— Una copa de vino diaria disminuye el riesgo de un infarto. Es posible, en tanto el vino tiene un pigmento (las antocianinas) que eleva el colesterol bueno, pero hay que tener presente que el máximo de vino recomendable son dos copas diarias (28 gramos de etanol) para los hombres, y una copa al día (14 gramos) para las mujeres. Pasado ese límite, el exceso de alcohol es dañino para el hígado.

40.— La cerveza produce hinchazón, pero no engorda. No. Está científicamente comprobado que la cerveza no hincha, pero sí engorda, porque se fermenta y tiene tenor alcohólico (5g cada 100 cc) además de carbohidratos por la malta.

41.— La gelatina no engorda. Depende. Si es sugar free, prácticamente no tiene calorías, pero si es común, con sabor, tiene 60 calorías por taza.



42.— El azúcar mascabada engorda menos que la blanca. No hay diferencias significativas. El azúcar mascabada (no refinada) tiene apenas un poco menos de calorías que la blanca (carbohidratos puros), pero aporta algo más de vitaminas y minerales.

43.— El consumo de sacarina produce cáncer. No. Todos los edulcorantes autorizados que se venden son seguros para el ser humano en las dosis recomendadas por la Oficina de Alimentos y Medicinas (FDA). Para que las ratitas de los experimentos pudieran desarrollar el cáncer de vejiga que se le atribuye, ingirieron el equivalente a un tazón diario de edulcorante artificial, cantidad exorbitante para el consumo humano.



44.— Después de comer sandía no se debe beber vino. No es cierto. Su mezcla no tiene efectos adversos.

45.— El líquido debe beberse entre comidas. Eso depende de las personas. Si se trata de un niño inapetente, es mejor no ocupar su volumen gástrico con bebidas o si se trata de una persona mayor (que cuenta con menor cantidad de jugos digestivos), no hay que darle sopa o caldo antes de la comida porque va a diluirle los jugos gástricos y dificultaría su digestión. En adultos sin patologías, beber y comer al mismo tiempo favorece la digestión y la acción de las fibras.

Si tiene preguntas, sugerencias o comentarios para la autora de esta columna, escriba a: szamoska@usc.edu.

Fuente:

La Opinión Digital

19 de octubre de 2007

Mitos sobre los alimentos (III)

En "Conocer Ciencia" continuamos con mitos y creencias, sobre los alimentos, que muchos compartimos y lo que la ciencia ha podido demostrar.



25.— Es bueno consumir yogur cuando se toma antibióticos. Sí. Los antibióticos destruyen la flora intestinal y los lactobacilos del yogur la reconstituyen. También son buenas las leches fermentadas o los probióticos.

26.— La pimienta es mejor que la sal. Si bien no aumenta la presión arterial, por su alta propiedad irritante no es recomendable en personas con problemas gástricos, hemorroidales o cuando se tienen divertículos en los intestinos.



27.— La sal engorda. La sal no engorda, porque, al igual que las vitaminas y los minerales, no aporta calorías. Pero sí favorece la retención de líquidos.

28.— La fruta engorda más si se come como postre. No. Como cualquier otro alimento, la fruta engorda sólo si se come en exceso. Por lo tanto, puede comerse en cualquier momento del día. Es más, hoy sabemos que la vitamina C que contiene la fruta permite, al ser consumida como postre, una mayor absorción del hierro si en la comida se comió carne.

29.— Las galletitas de agua tienen menos calorías que el pan blanco. No, las galletitas tienen grasa, por lo tanto, a igual cantidad, el valor calórico es mucho mayor. El pan blanco tiene de 70 a 120 calorías por rebanada y 10 galletitas saladas contiene la misma cantidad de calorías.

30.— El queso mozarella engorda más que el panela. Depende de qué mozarella y de qué tipo de queso panela. Lo importante está en poner atención a siempre comprar las variedades que están elaboradas con leche descremada, no entera.

31.— El té y el mate son digestivos. No está demostrado. Hay, sí, tés de hierbas que colaboran en la digestión, como son los de hierbabuena y manzanilla, así como los de jengibre.



32.— La margarina engorda menos que la manteca. No. La margarina y la manteca tienen prácticamente las mismas calorías. Cuando se trate de margarinas, las ligeras (light) tienen menos calorías.

33.— El pan tostado engorda menos que el pan fresco. No. Una rebanada de pan de 50 calorías va a seguir teniendo 50 calorías aunque se tueste. La diferencia es que va a pesar menos por la evaporación de agua. El tostado tiene además la ventaja de hacer más digestivo el almidón del pan.

34.— La compota de ciruelas pasas es laxante. Sí. Las ciruelas, ya sean en compota, frescas o secas, tienen una sustancia que contribuye a la contracción del músculo intestinal y, por lo tanto, alivian el estreñimiento.

35.— El té de tila es sedante. Sí, al igual que la hierba llamada pasiflora o valeriana produce un efecto relajante, aplaca y disminuye la angustia.

Si tiene preguntas, sugerencias o comentarios para la autora de esta columna, escriba a: szamoska@usc.edu.

Cortesía de:

Opinión Digital

17 de octubre de 2007

Mitos sobre los alimentos (II)

Kati Konersman -
26 de septiembre de 2007 -



16) Para broncearse hay que comer zanahorias. En parte sí, porque tiene betacaroteno (un pigmento que hay en las verduras de color amarillo, rojo o anaranjado y en los vegetales de hoja verde), que favorece una asoleada más intensa.

17) No hay que cocinar con vino. No es así. La cocción con vino tiene sus ventajas: permite utilizar una menor cantidad de sal porque resalta el sabor original de las comidas sin alterar su contenido calórico. Además, la graduación alcohólica desaparece con la cocción y muchas veces suaviza el alimento cocinado.



18) La lechuga previene el cáncer. Sí. Las diferentes clases de lechuga y verduras de hojas verdes contribuyen a disminuir el riesgo de cáncer y puede reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, el infarto y las cataratas por su contenido de vitaminas C, E y carotenos.

19) La espinaca da fuerza. Sí, pero no tanto como se cree. Su consumo se popularizó a partir de la década de 1950, porque una mala transcripción de un informe científico le adjudicó 10 veces más hierro del que en realidad contiene (23 mg por una taza) y Popeye hizo el resto.

Sin embargo, pocos saben que supera a la zanahoria en betacaroteno, y que 3/4 de taza de espinacas cocidas proveen el 100% de nuestros requerimientos de vitamina B6, el 50% de la vitamina C, el 25% de ácido fólico y un sorprendente 300% de vitamina K. También provee hierro y potasio, es 100% dietética, libre de grasa, y sólo contiene 23 calorías por taza.

20) Hay que tomar por lo menos dos litros de agua por día. Sí, es fundamental. Cuando aumenta la proporción de agua en el organismo mejora el funcionamiento de los riñones y se incrementa la capacidad de desintoxicación y de defensa.

21) La lenteja es la carne de los pobres. Sí, es tan nutritiva como la carne, pero sólo cuando se la combina con arroz, cebada o trigo. De esta forma, todas las legumbres (lentejas, garbanzos, frijoles) son buenas fuentes de proteína y energía.

22) El potasio es bueno para la presión arterial alta. Así es, porque regula los niveles de líquido en el organismo y ayuda a eliminar el exceso de sodio, evitando que suba la presión arterial. El potasio está en las frutas secas, chabacanos, plátano y vegetales de hoja, preferentemente crudos, y en la papa cocinada con su cáscara.




23) La papa no tiene valor nutritivo. No es verdad. La papa es riquísima en potasio, almidón y vitamina C.

24) Un jugo de naranja al día evita los resfríos. No los evita, pero aumenta las defensas por las propiedades antiinfecciosas que posee la vitamina C.

Si tiene preguntas, sugerencias o comentarios para la autora de esta columna, escriba a: szamoska@usc.edu.

Fuente:

La Opinioón Digital

16 de octubre de 2007

Mitos sobre los alimentos (I)

Kati Konersman -

Todo hemos escuchado historias acerca del valor de los alimentos. Hemos oído que algunos nos dan la fuerza de Superman, que otros ayudan a que no se caiga el cabello, etc. Los mitos de los alimentos son persistentes porque cuentan con la fuerza de la tradición y se alimentan de la nostalgia por las voces, los olores y los sabores de la infancia.

Tampoco podemos decir que son del todo falsos, están elaborados con partes iguales de fantasía, creencias y cultura. Pero, aunque parezcan inofensivos, pueden ser peligrosos en materia de alimentación porque se vinculan directamente con la salud.

Le cabe a la ciencia ir revisando estas creencias para ubicarlas en su lugar, porque ya desde la antigua civilización china se equipara alimentación con remedios: "La salud y la enfermedad —decían— entran por la boca".

Hoy se sabe que sin sopa hubiésemos crecido igual de sanos, que no es importante en toda dieta el plato de fideos y que un vaso de jugo de toronja puede engordar más que comer una plátano si éste es enorme; pero también se sabe que toda dieta saludable dependerá de cada persona, de si se es hombre o mujer y del momento de la vida en que se encuentre.

Aquí revisaremos algunos mitos a la luz de los más recientes investigaciones de la ciencia.



1) El apio y las nueces son afrodisiacos. No está comprobado. Numerosas culturas de la antigüedad creyeron ver la causa del deseo sexual en las propiedades de ciertas plantas, frutas secas y raíces que tenían formas similares a los genitales masculinos. De todos modos, hoy se sabe que las frutas secas contienen vitamina E —denominada vitamina de la fecundidad— que a pesar de no ser afrodisiaca actúa como estimulante del sistema reproductor: su falta puede producir esterilidad y problemas para llevar adelante la gestación, tal como se comprobó en animales de laboratorio.

2) Un jugo de toronja en ayunas quema las grasas. No, pero ayuda a eliminarlas. Cualquier fruta cítrica que tenga fibras (kiwi, guayaba, limón, toronja o naranja) ayuda a que la vesícula funcione mejor, y elimine las grasas a través del intestino.

3) Las frituras producen acné. No está comprobado, aunque algunos dermatólogos asocian la aparición del acné con el consumo de frituras, chocolates y carnes con grasa.

4) El jamón crudo es más nutritivo que el cocido. En parte sí, porque es exclusivamente carne de cerdo tratada con sal. Al jamón cocido se le agregan aditivos, como harina que, al hervirlo, absorben más agua aumentando el peso del producto.




5) La manzana limpia los dientes.

La manzana no puede reemplazar la pasta dental, pero al contener poco azúcar no favorece la formación de los microorganismos que provocan las caries.

6) El aceite es más saludable que la manteca. Sí, porque al ser de origen vegetal los aceites no tienen colesterol. La grasa de la manteca, en cambio, es de origen animal y por tanto contiene colesterol.

7) Las aceitunas están prohibidas en las dietas para bajar de peso. No. Contrariamente a lo que se piensa, las aceitunas pueden usarse como equivalentes. Por ejemplo: en lugar de usar en la ensalada una cucharada de aceite (que equivale a calorías) pueden comerse 18 aceitunas. Incluso para quienes quieren limitar el consumo de sal, ya hay aceitunas bajas en sodio.



8) El helado es digestivo. Desde tiempos remotos se sabe que los cítricos, y en especial el limón, son colesistokinéticos (es decir, que ayudan a una mejor función vesicular). Así, un helado de limón después de las comidas ayuda a que la vesícula trabaje mejor.

Pero los otros helados no aportan ningún beneficio digestivo y, en algunos casos, hasta pueden perturbarlo.

9) Los productos light no engordan. No necesariamente. Light o diet significa que el producto está reducido en alguno de sus componentes: grasas, azúcares o sales, lo cual no siempre indica que aporten menos calorías. De cualquier forma, por más light que sea el producto, si se consume en abundancia, engorda.

10) Comer zanahorias mejora la visión. Sí. La zanahoria, junto con las verduras de hoja, la nectarina y el durazno son ricos en vitamina A. Hoy se sabe que la carencia de vitamina A produce menor visión en la noche (nictalopía).




11) El aguacate engorda las piernas. Ningún alimento puede actuar específicamente sobre alguna zona del cuerpo.

12) No es bueno cenar carne. Las carnes y/ o frituras producen una digestión lenta (de tres a cuatro horas), que perturba el descanso y provoca cansancio y embotamiento por las mañanas. Lo mejor es comer frugalmente por las noches. De allí el refrán: "Desayunar como reyes, almorzar como príncipes y cenar como mendigos".

13) Después de un atracón, un día de ayuno. No. Es mejor hacer por lo menos cuatro comidas, pero más livianas. El cuerpo recibirá así dosis equilibradas de carbohidratos, proteínas, grasas, minerales y vitaminas, y se encontrará en mejores condiciones metabólicas para quemar grasa. Esta es también la mejor forma de no sentir hambre y evitar las tentaciones.

14) La remolacha o betabel engorda porque tiene mucho azúcar. No. El mito se basa en equipararla con la "remolacha azucarera", que no es la comestible. Pero la remolacha sólo contiene 10 gramos de azúcar por cada tres onzas, igual que la calabaza y la zanahoria.

15) Una manzana por día aleja al médico. Sí, porque disminuye los niveles de colesterol sanguíneo y aporta potasio, vitaminas C y E. También, aumenta las defensas del organismo.

Si tiene preguntas, sugerencias o comentarios para la autora de esta columna, escriba a: szamoska@usc.edu.

Fuente:

La Opinión Digital
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